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Colegio Claret. Año 2008.

Asignatura: Sociología Argentina I


Curso: 4º año Económicas
Profesor: Ignacio Iturralde

UNIDAD II. Regularidades de la vida social

Estudio de caso:
La anomia en la Argentina
1. Leer los seis textos propuestos en la presente guía.
2. Seleccionar al menos dos de ellos y analizarlos a la luz del capítulo 2 del libro
de texto, elaborando alguna reflexión en torno al concepto de ANOMIA.
3. Luego deberán:
• Formular el diagnóstico de algún aspecto de la realidad nacional que les
llame la atención en tanto quiebre sistemático de las normas, como pauta
cultural que atenta contra el desarrollo.
• Elaborar propuestas de solución o de intervención sobre la realidad, ya sea
asumiendo el rol de alguna Organización de la Sociedad Civil, del Estado,
etc.
• Armar una campaña de concientización/sensibilización sobre el problema, ya
sea mediante posters, tarjetas, una presentación multimedia, etc.

Se sugieren posibles temas:

• La inseguridad. Ver:
 http://e-civica3.blogspot.com/2006/11/un-panorama-general-de-la-
inseguridad.html
 “Asesinan a un joven por día en el país” (La Nación):
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=797968&high=asesinan%20joven
%20d%EDa%20pa%EDs
 “Violencia y delincuencia juvenil, un fracaso de la socialización” (La Nación):
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=48534&high=violencia%20delinc
uencia%20juvenil
• Los piquetes y las carpas en las plazas: ¿protesta justa u ocupación ilegítima del
espacio público? Ver:
http://www.lanacion.com.ar/opinion/nota.asp?nota_id=1021009
• Las normas de convivencia en la clase. Ver http://aainfancia.org.ar/leer.php/19
• El diálogo en la clase. Ver: http://nuvol.uji.es/~pinazo/2001Tema 5.htm
• La “viveza criolla”. Ver:
http://jm.blog.arnet.com.ar/media/00/00/8c0395b0e3eb1f4dfb0cf4c73b91d959.pps
• Los accidentes de tránsito / las picadas en la calle. Ver:
 http://www.luchemos.org.ar/
 http://www.clarin.com/diario/2008/06/01/sociedad/s-03815.htm
• La corrupción. Ver http://www.clarin.com/suplementos/economico/2007/05/06/n-
01101.htm

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Texto N° 1: Finlandia y Argentina
Contrastes

A Minna-Marja Keränen, de 38 años, nacida en Helsinki, licenciada en administración de


empresas, le costó bastante tiempo y hasta algunas lágrimas entender a la Argentina y a los
argentinos. Y no porque su actual esposo, Miguel Angel Papaianni, de 32 años, porteño,
contador y especialista en turismo, le haya retaceado información cuando se conocieron en un
viaje de estudios, en Estados Unidos. La relación se inició en 1993, avanzó en noviazgo y se
consolidó en 1997, cuando Minna-Marja y Miguel Angel decidieron vivir juntos en Buenos
Aires, para terminar casándose en 2000. Hoy tienen dos hijos: Matías Mercurio, de 4 años, y
Laura Anneli, de uno.

"Un poco antes de casarnos la llevé a Mar del Plata. El inicio de ese viaje fue como la clase
práctica que a ella le faltaba: nunca me voy a olvidar de la tristeza que brotaba de sus ojos
cuando, a poco de andar, veía la villa miseria que se levanta sobre uno de los costados de la
autopista Buenos Aires-La Plata", recuerda Miguel Angel.

"Mi acercamiento a la pobreza siempre fue a través de la televisión y de los diarios, tanto en mi
país como en otros lugares de Europa y Estados Unidos -dice Minna-Marja-. Nunca vi tan de
cerca la miseria como en la Argentina. En ese viaje lloré muchísimo; no podía creer que en un
país con estas características hubiera gente viviendo de ese modo. Y le preguntaba a mi esposo
qué habían hecho con la Argentina, cómo pudieron llevar este hermoso país al fondo del
infierno, quién tenía la culpa... Hace siete años que vivo acá y sigo preguntándome lo mismo."

"Yo sabía tanto de Finlandia como mi esposa de la Argentina, o sea, nada -dice Miguel Angel-.
Cuando visité su país por primera vez, en 1996, lo que más me golpeó fue que allá funciona
absolutamente todo, desde los servicios públicos, aun cuando la temperatura alcanza los 20
grados bajo cero, hasta el cumplimiento de las leyes y la cobertura social de todos sus
habitantes."

Reglas de convivencia

"Lo que más me cuesta entender de este país es la falta de respeto por las reglas, desde las más elementales,
como las de tránsito, hasta las leyes -cuenta Minna-Marja-. En Finlandia, si tirás un papel a la calle y te ve
un policía, te hace una multa de 50 euros. Yo no me imagino una vida sin reglas. En la Argentina, que es
un país con enormes posibilidades, la corrupción destruye todo y el incumplimiento de las reglas anula la
visión de un futuro mejor. El mayor problema es que la corrupción no está instalada sólo en los políticos,
sino en la sociedad misma. Creo que es parte de la cultura de esta sociedad."

En Finlandia, el último asesinato de un policía ocurrió en 1997. Y el anterior a ese episodio fue en 1975.
(...)

FUENTE: La Nación Revista, 20/3/2005.


Nota: Finlandia, el país más transparente.

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Texto N° 2: No era un terrorista, era un argentino
El avión está por despegar. Todos los pasajeros se encuentran sentados menos uno, que sigue de
pie charlando con otro. Con muy buenos modos la azafata le dice varias veces que se siente, pero
él no le presta atención. Después de algunas advertencias la mujer llama al comisario de a bordo
para instarlo a ocupar su lugar y abrocharse el cinturón de seguridad. Con gesto de fastidio, el
pasajero obedece.

Un turista extranjero, temeroso de la situación, pregunta por el incidente. Quiere saber si no


estará ante un posible terrorista. Con una sonrisa, alguien le responde: "No es un terrorista, es un
argentino".

FUENTE: ABADI, José Eduardo y Diego MILEO (2004),


Hecha la ley, hecha la trampa. Sudamericana, Buenos Aires. Prefacio.

Texto N° 3: Violencia, normas y desarrollo


Los costos de la violencia

En América latina, de acuerdo con un informe del Banco Mundial, hay 30 mil asesinatos cada
cien mil habitantes. El crimen, la violencia y los actos de crueldad impiden, según los
especialistas, el crecimiento económico y la reducción de la pobreza. En los últimos quince
años del siglo XX, el continente perdió, por estas causas, 200 mil millones de dólares. En ese
mismo lapso, el 75 por ciento de las mujeres de las ciudades y el 44 por ciento de las del campo
se quejaron de algún tipo de acto de crueldad interpersonal.

Al volante, conductores crueles

La Argentina supera a Suecia, Holanda, Estados Unidos, España y Japón, y encabeza las
estadísticas mundiales en materia de víctimas fatales de accidentes de tránsito. Es el
resultado de la crueldad urbana, cotidiana y callejera, que parece muy enraizada en la cultura
nacional. Ya el 25 de septiembre de 1899, un editorial de LA NACION la describía así: "Al
carrero de chata no le importa atropellar nada, no teme por su gran vehículo acorazado, quien
sufre es quien se tope con él; que se cuiden entonces. El tranvía confía en que los carruajes se
cuidarán por la mayor robustez de su vagón; el coche se ríe del ciclista, quien llevará la peor
parte, y el ciclista se ríe del peatón. Cada uno piensa que el otro es el que debe cuidarse y los
accidentes son múltiples". Quizá baste comparar la palabra "crueldad" con la definición
convencionalmente aceptada de la violencia como una respuesta emocional de indiferencia o de
placer ante el sufrimiento o el dolor de los otros, y también como el impulso a actuar causando
un dolor o un sufrimiento innecesarios.

FUENTE: La Nación Revista, 4/9/2005.


Nota: Crueldad, ¿el mayor de los pecados?

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Texto N° 4: Ley, libertad y cultura
En la Argentina, la subjetividad y la ley atraviesan hoy una relación difícil. La emoción
individual e intrasubjetiva, ¿ha desplazado a la fuerza de la instancia suprapersonal? ¿Estamos
frente a una coyuntura que le otorga al sujeto una serie de justificaciones para burlar la ley? (...)
¿A qué llamamos ley?

La ley habilita la convivencia desde lo familiar hasta lo macrosocial, para posibilitar entonces la
realización plena de potencialidades y proyectos del individuo o el grupo. Permite adueñarse de
un espacio que defina la propia identidad sin inhibir la de los otros. Por eso es indispensable
corno regulador del funcionamiento de una sociedad. (...)

La ley define manifestaciones lícitas frente a otras ilícitas. Esto significa el establecimiento de
límites, que dibujan una arquitectura de alternativas posibles. A veces dichos bordes son
identificados apresuradamente con la renuncia a las posibilidades creativas y con la inhibición o
represión de la libertad, cuando en realidad lo que hacen es señalar consensos y permisos y, por
lo tanto, son sinónimo de libertad. Lo opuesto no es el orden, sino el instinto.

Ley y libertad conforman los dos pilares de la cultura.

(...)

La ley establece la diferencia entre el reino animal y el humano. Entre el instinto y la cultura.
Vivir sin ley conduce a una guerra tribal de todos contra todos en virtud de límites difusos y del
predominio de pactos circunstanciales y coyunturales entre determinados sectores poderosos. La
ausencia de esta instancia objetiva lleva a las personas a sufrir ansiedad, desesperación y
sensación de fatalismo pesimista, todo lo cual quita el sentido esperanzador de la vida e inhibe
todo proyecto futuro.

La ausencia de ley genera angustia, rencor y resentimiento.

FUENTE: ABADI y MILEO (2004), op cit.


Cap. 5, pp. 37-38, 40

Texto N° 5: Anomia y desconfianza social


El argentino manifiesta un comportamiento (individualista) al burlar la ley en pos de la obtención de
un beneficio personal, o al resolver según su marco organizativo particular sus necesidades y
relaciones de fuerza, lo cual, tarde o temprano, termina perjudicando a toda la sociedad.

El mundo se transforma así en un lugar carente de confianza y, por lo tanto, de acuerdos


duraderos y pactos constructivos. Aparece un sitio generador de sentimientos persecutorios de
ansiedad y tensión brutal, y en el que la corrupción se convierte en un canto de sirenas.

En ese mundo, sólo pueden existir alianzas y pactos coyunturales para beneficio, por breve tiempo, de
núcleos específicos, desconocedores del perjuicio de sus acciones en vistas de la globalidad en la que
se encuentran insertos. Estas corporaciones (...) no tienen leyes, sino que se rigen por reglas propias.

Las leyes implican y contemplan a la sociedad en su conjunto. La regla carece de un elemento


fundamental, que consiste en la exigencia de una renuncia de lo singular para beneficio del conjunto
que termine favoreciendo, en un tercer momento, a todos sus integrantes en forma individual. Se
constituye así en un verdadero ordenador, un regulador para la convivencia. De lo contrario, la
sociedad es una máquina operando al azar, no hay derecho y entonces, todo está permitido.

FUENTE: ABADI y MILEO (2004), op cit.


Cap. 5, pp. 42-43.

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Texto N° 6: Transgredir y criticar las transgresiones, un hábito de los porteños

Reconocen que incumplen las normas, pero condenan que otros


hagan lo mismo.
Exceder los límites de velocidad en la calle, colarse en lugar de esperar el turno, copiarse en un
examen, evadir impuestos, viajar en transporte público sin pagar, quedarse con un vuelto... Todas
éstas son transgresiones que la mayoría de los porteños admite haber cometido alguna vez.

Lo sorprendente es que esas mismas personas rechazan y se manifiestan preocupadas por el grado en
que la sociedad argentina incumple las normas.

Los resultados provienen de un sondeo realizado por el Centro de Opinión Pública de la Universidad
de Belgrano (Copub) entre 611 porteños mayores de 18 años, a los que se les preguntó en qué medida
respetan o no algunas normas cotidianas de convivencia. (...)

Sin beneficio para nadie

"Hay casos en los que las personas se desvían de la norma para obtener un beneficio directo, como
copiarse en un examen o quedarse con un vuelto. Eso es grave, pero más preocupantes son los casos
en los que las consecuencias de transgredir las normas no traen un beneficio para nadie y perjudican a
todos, como no cumplir las normas de tránsito, tirar basura o dejar los baños sucios", analizó Virginia
García Beaudoux, una de los responsables del estudio, en el que participaron también Orlando D'
Adamo, director del Copub, y María Pastore.

Las transgresiones porque sí revelan, también, la idea de un espacio público que se percibe como un
ámbito ajeno. "La inobservancia masiva y general de las normas produce ineficiencia en todo et
conjunto social", reflexionó García Beaudoux.

A este desinterés por lo colectivo se agrega, sin embargo, un discurso que lo condena. (...)

"Los datos reflejan una doble moral: hay una abrumadora conciencia de que estos comportamientos
son muy negativos y dañinos para la sociedad, pero al mismo tiempo se los practica ampliamente",
dicen los investigadores. Hay allí, al mismo tiempo, cierto cinismo. "Todos criticamos a los
representantes porque persiguen el beneficio personal y no les preocupa el bien común, pero nosotros
hacemos lo mismo", dijo García Beaudoux. Según comentaron los investigadores, los encuestados de
mayor edad se mostraban en general más avergonzados al reconocer sus malas costumbres, pero entre
muchos jóvenes se percibía cierto orgullo en la transgresión.

Valores consensuados

Para García Beaudoux, "algo falla en nuestra socialización, porque no podemos internalizar valores
consensuados". Intentó una explicación: “Nuestra socialización no tiene una orientación colectivista
sino individualista. No socializamos a nuestros chicos en la creencia de los beneficios de la
protección y el apego al bien común, sino en la de la salvación individua”, dijo. (...)

Ante el incumplimiento de las normas, la primera reacción social es pedir más control y mayores
castigos. "El desafío no es cómo obligar a cumplir normas, sino cómo construir autoridad legítima en
la Argentina, entender que cumplir las normas está bien y que tenemos mecanismos democráticos
para crearlas y modificarlas", afirmó Bohmer, para quien "hay que lograr la construcción común y
democrática de las normas y de la autoridad. Habrá obediencia legítima cuando pensemos que la
autoridad es legítima", dijo.

FUENTE: Diario La Nación, 15/08/2005.