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P {THEODOR W. ADORNO, a tne 9 i i eae con fines restaurativos. ae» Ce es ae semejantes abusos. ¥ ln mejor ‘manan de ses Al mo nid ee 0 en todo caso formular lo oe a “a Jos sintomas que los estudios reunides en el present eee sce i OS cite eeu os ee oa Sa ens ech a ee gee Se ee ee fe eee ad orc ea Tae ear enteoms, 1936. 1, SOBRE EL CARACTER FETICHISTA EN LA MUSICA Y LA REGRESION DEL OIDO ‘Las lamentaciones sobre la decadencia del gusto musical son apenas més recientes que la ambivalente experiencia he- cha por la Humanidad en el umbral mismo de los tiempos historicos, a saber: que 1a misica representa aun mismo tiempo la inmediats manifestacién del instinto y la instancia apropiada para su apaciguamiento, Ella despienta la danza de las ménades, ella suena en la Seductora flauta de Pan, pero al misino tiempo resuena también en la lita fica, et tomo a la cual se agrupan, sosegadas y aplncadas, las figuras turbias del impulso. Siempre que su pez parece verve pertur- bbada por tos arrebatos biquicos, se habla de una decadencia del gusto. Peto si ya desde Ia noctica griega, la funcidn dis- Ciptinadora de Ia musica fue aceptada como un supremo bien, hoy todos aspiran, més gue nunce, a poder someterse y adap- ‘arse musicalmente, como en ottos campos, Sin embargo, si Ja conciencia musical actual de Jas masas no puede estimar- 88 en modo alguno como dionisica, tanco menos tienen que 18 ‘HE000R W. ADORNO tee fete ae eee reconocerta. ‘La condueta valorativa Wy ‘ha convertide en Sitwacin especial en In que se escucha, Las categoria del Disovancias #9 las categorias, preciso ser amit Ia objeciin. Por ash dee sitlo, se halla afeetada por 1a mutacin, y ello precisamente porque el entretenimicito, el encanto, el placer que promete los concede pura y simplemente para denegatlos al mismo tiempo. Aldous Huxley se pregunta en un ensayo quién se divierte atin, en realidad, en un local de diversién. Con idén. tico derecho padi. preguntarse a. quien entceticne todavia ta Mamada “misica de entretenimiento”. Antes al contraio, eta ‘misica parece ser complementaria del enmudecimiento del hombre, de la agonia del ienguaje como expresida. de la ine ‘apacidad de comunicarse en general a los demas. Ella habita Jas grietas del silencio que se abrea ene los hombres, asediae dos por el micdo, la angusti, el ajetreo y la docilidad sin ‘rotesta, Ella toma sobre si, por doquiera y sin ser notada, et ‘pope trstsimo que le fue asignado en lt epoca y la determni- nada situacién del cine mudo. Es percibida mera y simple. ‘mente como transfondo. Si nadie, realmente, es capez ya de hablar, entonces nadie puede ya, con toda certera, escuchar Un experto americano em anuncios radiofonicos, que se sieve son predilsccidn del medio musical, se ha expresido en tdr- ‘mics eseépticos sobre el valor de estos anuncios, porque los hombres, segtin él, han aprendido a no prestar atenci¢n a lo sscuchado incluso durante el acto de Ia audicion. Esta ob- setvacidn es impugnable por lo que respects al valor public trio de 1a misica. Pero su tendencia ex certera cuando se trata de la eaptacién de la misica misma. En las tradicionates y usuales lamentaciones sobre el gusto ‘en plena decadencia vuelven una y otra vee, machaconamente, ‘eterminados temss. Tampoco faltan ésios en las sentimenta. les y rancias meditaciones dedicadas a Ja actual masficacién ‘muiical considerando a ésta como una “egeneracidn™ El 2» THEODOR. W. ADORNO Epevogue om sv acta posite hacia st proia de Teplice, a de Pieindane (ena 1920, 298, 2 hae, Disonancras Pr Pala de limpieza, dentro del mas puro estilo espartano, AL ‘mismo género pertenecen otros rastos perennes de Ia. pero ‘ata musical. Los més destacados de entre ellos son el ro- proche de superficialidad y el de “culto a la personalidad”, ‘Todo lo aquf incriminado pertenece en principio al progreso, tanto sociatmente como en et aspecto estético espectice. En los atractivos prohibidos se entremezclan la polieromia senso- al y Ia conciencia dierenciada, La pteponderancia de Ia persona sobre el impulso colectivo, en el seno de la mica, 5 claro indicio del momento de la libertad subjetiva que 1a ‘empapard en fases posteriores, y como superficilidad se pre~ sent realmente aquella peofanidad que la libera de su opre- sién magica, Asi han penetrado los momentos evolutivos ob- jeto de lamentacion en la gran misica occidental: el halago sensorial como puerta de entrada en Ia dimensiga arménica. y finalmente la dimension colorista; la persona libee e indo- ‘mefitda como portadora de la expresién y de la humaniza- cidn de [a misica misma: la “superficialidad” como ertica de la muda objetividad de las formas, en el sentido de la preferencia de Haydn por lo “galante” contra fo docto. Des- de luego, de ta decision de Haydn, y no de la nepligencia de lun cantante con oro en la garganta ode un instrumentador dol sonido bello y relamido. Porque aquellos momentos a «que nos referimos han peneteado en la gran mises y han sido asumidos por ella: I gran musica, por el contrario, no ha sido absorbida por ellos. En la riqueza y variedad del hlago ¥ Ja expresion pénese a prueba su grandeza como fuerza de sintesis. La sinesis musical no conserva meramente la unidad de le apariencia, preservindola al mismo tiempo de la des- composicién en los difusos instantes de lo subroso, sino que en tal unidad, en Ia relacin de los momentos particulares