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María Esther García Arzeno Nuevas aportaciones al psicodiagnóstico clínico Ediciones Nueva Visión Buenos Aires
María Esther García Arzeno
Nuevas aportaciones
al psicodiagnóstico clínico
Ediciones Nueva Visión
Buenos Aires
1. EL rSIC{)I)IA(;N()STIC( ) CLÍNIC O KN LA ACTUALIDAD lU psicodiagiKisiieo se eslá recuperando dc
1. EL
rSIC{)I)IA(;N()STIC( )
CLÍNIC O
KN LA
ACTUALIDAD
lU psicodiagiKisiieo se eslá recuperando dc una época dc crisis
diiranie la cual podiíainos decir que había caído cii ci descrédit o para
la niayoiía de los proíesioiíales úc la salud menial .
Considero iinprcseindibie rcvaíori/.ar la clapa diai-iióslica en cl
irabajo clínico y soslengo que un buen diagnóstico el' >ico csIá en la
bas e de la orieniaeiií n voeaciona l y profesional . (Je írabaj o com o
peritos ("orenscs o laborales, etcétera.
SI nos consultan es porque hay un problema y alguien sulrc o está
molesto y delieinos indajiar la verdadera causa de ello.
No siempre liaeri un diagni'islieo psieobigieo sigiiil'ica'-lo misino
que realizar nn psieodiagni')slieo. Este termino ai; íimálicamcntc
implica administrar tests y no siempre son ncecs r.ios ni conve-
nientes.
Pero un diagmisiico jisieológico lo más preciso pe ble es imprcs-
enulible pin diveisas la/.imes:
1. Para saber qué es lo que pasa y sus causas, de manera dc
lesponder al pedido eiu) que se iniciti la consulta.
2. Portpie eomen/a r un Iralaniiento sin habers e dclcnid o a iiula-
jiar lo que realmenle [)asa es un riesgo muy grande. Implica, para cl
paeienle . la segurida d de que io podremo s "curar " (utilizando térmi-
nos ebisicos). ; Que ociiire si luego aparecen patologías o situaciones
engorrosas q\ie no sabemos manejar, que nos exceden más allií dc lo
que podemos absoiber. supervisiimes y análisis mc(iiaiiíc7 Buscare-
mos 1,1 lorina de interrumpir (ccnisciciitc o inconscicntenicnlc) cl
tratan\icnto con la consiguiente hostilidad o dcsilu; -.ni del paciente .
(|uien dudar;i mucho antes dc volver a pedir ayud-;
3. Para proteger al psicólogo, quien al comenzar un tratamiento automáticamente contrae un compromiso con
3. Para proteger al psicólogo, quien al comenzar un tratamiento
automáticamente contrae un compromiso con una doble vertiente:
clínica y ética. Desde el punto de vista clínico debe asegurarse de
poder ser idóneo para el caso sin caer en posturas ingenuas ni
omnipotentes. Desde el punto de vista etico debe prolegcrse de
situaciones en las que implícitamente está compronictiéndose a algo
que no sabe muy bien qué es. Sin embargo, la consecuencia de un
contrato terapéutico no cumplido es, en algunos países, el retiro de la
licencia profesional.
Por esas razones insisto en la importancia de la etapa diagnóstica,
sean cuales fueren los instrumentos científicos que se utilicen en ella.
En "la iniciación del tratamiento"' Freud habla de la importancia de
esta etapa a la que él dedicaba los primeros meses del tratamiento.
Plantea ya que es ventajoso para el paciente y para el profesional que
evalúa así si podrá llegar a buen puerto o no.
No soy partidaria de dedicar tanto tiempo al diagnóstico, porque se
instala una relación transferencial muy difícil de disolver si la deci-
sión es la de no seguir. Además, containos en la actualidad con lodos
los recursos descriptos en este libro (y muchísimos más) como para
salir de dudas en menos tiepipo.
Veamos ahora COM qué fines puede utilizarse el psicodiagnóstico.
I) Dieiüiuísiica. Pcir lo que expuse más arril>a es obvio (pie la
primera y principal finalidad de un estudio psicodiagnóstico es la de
establecer un diagnóstico. Y cabe destacar que esto no equivale a
"poner un rótulo" sino a explicar lo que sucede más allá de lo que el
.sujeto puede describir conscientemente.
Durante la primera entrevista elaboramos ciertas hipótesis
presuntivas. Pero la entrevista proyceliva, si bien es imprescindible,
no basta por sí sola para un diagnóstico cieniíficnmcntc funda-
mentado.
Recordemos lo que dice Karl Meninger, quien fuera director de la
Menninger Clinic (EE.UU.) en el prefacio del libro de David
Rapaport:^
'Sigmund Freud, "La iniciación del tratamiento", 'Obnix cmiijileUi^. Madrid.
[biblioteca Nueva, 194S. t. II.
'David Rapaport, Tesis de ttianniislico psicohíaicn, Buenos Aires. Haidós, IV^'J.
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Durante siglos el diagnóstico psiquiátrico dependió fundamentalmen- te de la observación clínica. Todas las grandes
Durante siglos el diagnóstico psiquiátrico dependió fundamentalmen-
te de la observación clínica. Todas las grandes obras maestras de la
nosología psiquiátrica [
]
se realizaron sin el auxilio de las técnicas
de laboratorio ni de ninguno de los instrumentos de precisión que en
el prcseiuc vinculamos al desarrollo de la ciencia moderna. Tanto la
psiquiatría del siglo xix como la de la primera parte del siglo xx, era
una psiquiatría de impresiones clínicas, de impresiones recogidas en
virtud de una situación de privilegio: la del médico capacitado para
someter a examen al paciente. Pero ese examen a su disposición de
ningún modo era uniíorme o estable; y tampoco podría habérselo
estandarizado de manera que fuese posible comparar los distintos
datos recogidos [
).
Con el advenimiento de los modernos métodos de
examen psicológico mediante tests, la psiquiatría alcanzó la edad
adulta dentro del mundo científico [
].
Sin temor a exagerar puede
afirmarse que es la parte de la ciencia mental que ha hecho mayor
progreso relativo en los líliimos años.
Mcninger fue, durante muchos años Jefe de la clínica que lleva su
nombre y apoyó y alentó la creación y el desarrollo de los tests tanto
proyccii vos como objetivos. Cada paciento que ingresaba a la clínica
era sometido a una batería completa de tests (T.A.T., Rorschach,
Wcschlcr y otros).
Yo comparto aún hoy esc modelo de trabajo, porque pienso que la
entrevista clínica no es una herramienta infalible, salvo en manos de
cxjicrtos maestros y, a veces, ni para ellos mismos.
1,os tesis tampoc o lo
son. Pero si utilizamos ambos instrumentos en
forma complementaria hay un mayor margen de seguridad para llegar
a tin cliagnóslicü cierto, especialmente si incluimos tests estanda-
ri/ados.
Además, la titili/ación de distintos instrumentos diagnósticos per-
mite estudiar al paciente a través de todas las vías de comunicación:
puede hablar libremente, decirnos qué ve en una lámina, dibujar,
imaginar lo que le gustaría ser, armar rompecabezas, copiar algo,
cicciera.Si por algún motivo no se ha alcanzado el dominio del
lenguaje verbal (edad, sordomudez, enfermedad, etc.), los tests grá-
ficos y lúdicos facilitan la comunicación.
La balería de tests utilizada debe incluir instrumentos que permitan
recoger la proyección del sí mismo al máximo.
Por eso si pedimos al sujeto que dibuje una figura humana, sabe-
mos que habrá proyección, pero mucho más si le pedimos que dibuje
una casa o un árbol, ya que él no puede controlar totalmente lo que
proyecta.
II
Como dije antes, es imporlanic incluir icsts cslandari/.ados porque nos dan un mayor margen do
Como dije antes, es imporlanic incluir icsts cslandari/.ados porque
nos dan un mayor margen do seguridad diagnósíica.
Recuerdo el caso de una jovcnciía que con su 11<) por I rae a so escolar,
imposibilidad de conccnlrarsc en el esludio y dilicullades de com-
prensión. Se consideraba de bajó nivel inlclcctual. Luego de pedirle
un Dibujo Libre y el H.T.P. le di el cuadernillo del Test de Matrices
Progresivas de Raven. El mismo otorga al sujeto ircinla minutos para
TcñTTzáTTor Eliü lo hi/o en quince. Yo observaba sus anolacinncs-y~
advertí su excelente resultado. Por eso. una vez concluida la tarea le
entregué la rejilla de evaluación para que ella misma lo corrigiera.
Hicimos el cómputo correspondicnle y buscamos hicilracncl baremo
nuis apropiado. El resultado final indicaba un C-1. superior al
termino medio. Ella quedó azorada c incrédula, pero los resultados
eran irrclutablcs. Volvió a su casa muy contenta. Claro está que esa
no era la solución final del problema. Habíamos desarticulado un
mecanismo por el cual ella jugaba de "'niña boba". Ahora había que
estudiar el porqué. Apareció entonces (sobre todo por la rcitcracitin
de respuestas de "una figura y la otra es el reflejo en un espejo", en
el Rorschach) su tremendo narcisismo y su nivel de aspiración de ser
!a número uno en lodo. La herida narcisíslica al no lograrlo era tan
terrible que. inconscientemente, prefería ser "la burra" para no
exponerse.
Otro elemento importante cpie nos brinda el psicodiagnóstico se
refiere a la relación Iranslcrcncia-coniralranslcrencia.
A lo largo de un proceso que dura entre tres y cinco entrevistas
aproximadamente, y observando cómo el sujeto reacciona ante cada
propuesta y qué sentimos nosotros en cada momento, podemos
extraer conclusiones muy útiles para prever cómo será el vínculo
terapéutico (si hay terapia futura), cuáles serán los momentos más
duros del tratamiento, los riesgos de deserción, etcetera.
Pero no lodos ios psiquiatras, psicoanalistas y psicólogos clínicos
comparlen este punto de vista. Algunos reservan la utilización del
psicodiagnóstico para casos en los que se presentan dudas diagnósticas
o en los que quieren obtener una información más precisa ante, por
cjcniplo, una presunción de riesgo de suicidio, drogadicción.
descslruciuración psicólica, eiccicra. Otras veces lo piden porque
están ante la duda de si lo más aconsejable es un psicoanálisis o una
psicoterapia individual o vincnlar. Finalmente, hay otro grupo de
profesionales que no comparten en absoluto este punto de vista y
prescinden totalmente del psicodiagnóstico. Más aún, no asignan
ningún valor científico a los tests proycctivos. Algunos llegan a decir
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c|ue dc ninguna manera es importante hacer un diagnóstico ini- cial, que eso llega con
c|ue dc ninguna manera es importante hacer un diagnóstico ini-
cial, que eso llega con cl tiempo, a lo largo del tratamiento. Escuché
csio en boca dc un panclista extranjero en un congre.<;o internacional
a !o que otro espccialisia replicó: "('.Así que u.stcd conicnzaríii con
antibióticos o iranslusioncs dc sangre antes dc saber que tiene el
paciente?"
Piens o cpic todas las posiciones son respetables, pero i'Ue deben ser
fundamentadas
cientílicaincnie
y, hasta el momento, no he
hallado
a
nidic
que
mc-^deíiñicstrc
desde
la
teoría
dc
la
proyección
y
la
psicología
dc
la personalidad
que
los tests
proyectivos
carecen
de
va I i tic/.
2) Evaliiaciáii del tiaiarnieiuo. Otra maner a d utiliza r ai
psicodiagnóstico es como un medio para evaluar la marcha del
liatamicnto. Es lo que sc denomina "re-tests'" y consisi • en adminis-
trar nuevament e la misma balería dc tests (juc en la prÍ!¡.:ra oportuni-
dad .
,Si s e presum e
qu e cl sujet o recuerd a perfcctamcni c loqu e hiz o
la primera ve / y sc desea variar, sc puedo idear una batería paralela
seleccionando tests equivalentes como por ejemplo, cl "Z" test dc
Zulligcr en lugar del Rorschach.
A veces esto sc hace para apreciar los avances tcmpculicos con
mayor objetividad y también para pianiiicar un alta. Otras es para
indagar cl IIIOIÍNO dc un "impasse"" en cl tratamiento y ^ ara que tanto
cl paciente como cl terapeuta puedan hablar de esto y. quizás,
establecer un nuevo contrato sobre bases actualizadas. i:n otros casos
es porque hay disparidad de opiniones entre ellos. Uno opina que
puctlcn terminar y cl otro sc opone.
Estos casos representan un trabajo difícil para cl ps
pasa a ocupar cl lugar dc un arbitro que dará la razón :
ólogo, ya que
no dc los dos.
Es
conveniente entonces aclarar al paciente que cl p- codiagnóstico
no
sc realizará para dcniostraric que estaba equivocado, sino, al estilo
del
fotcigrafo. para registrar cómo están las cosas y decírselo después.
Al
terapeuta hay que aclararle lo mismo. La entrevista íic devolución.
obviamente, es conveniente (lue la haga cl que realizó cl estudio,
cuidando muy cspccialmcnlc demostrar una actitud dc imparcialidad
y iundamcntando las afirmaciones en el iiialcriul que ha dado cl
paciente.
En los Iralamicnlos particulares es cl terapeuta cjuien decide cl
monienlo adecuado para un nuevo psicodiagnóstico (o quizá pa-
ra
cl primero). En cambio, en Iñs tratamientos que sc üevan a cabo en
cl
marco dc instituciones públicas o privadas, s; estas las que
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fijan los criterios a lomar en cuenta. Algunas dejan esto librado a la decisión de
fijan los criterios a lomar en cuenta. Algunas dejan esto librado a la
decisión de los terapeutas. Otras deciden pautarlo considerando
tanto la necesidad de evaluar la eficiencia de sus profesionales como
la de contar con un banco de datos útiles, por ejemplo, a los fines de
investigación. Entonces es posible que indiquen la administración
del primer psicodiagnóstico cuando el paciente ingresa y otro a los
seis u ocho meses, según cuál sea el lapso que se destina a cada sujeto.
3) Como medio de comunicación. Hay pacientes reacios a conver-
sar espontáneamente acerca de su vida y sus problemas. Otros, como
en el caso de niilos muy pequeños, no pueden. Otros quedan mudos
y sólo dan lacónicas y esporádicas respuestas. Con adolescentes y
niños podemos introducir algunas modificaciones que muchas veces
despertarán su entusiasmo. Apenas se lo sugerimos, los niños co-
mienzan a modelar o a dibujar; la técnica del garabato de Winnicotl
entusiasma a todos especialmente porque rompe la asimetría del
vínculo.
Favorecer la comunicación es favorecer la toma de "insight", es
decir, contribuirá que el que consulta adquiera la suficiente concien-
cia de sufrimiento como para aceptar colaborar en la consulta.
También significa que pierda ciertas inhibiciones para mostrarse con
mayor naturalidad.
No se trata de caer en actitudes complacientes, sino de realizar la
larca en un clima óptimo de comunicación, dentro de lo posible.
También se trata de respetar el liming del sujeto, es decir, su tiempo.
Algunos establecen rapport de inmediato, mientras que otros pueden
tomarse bastante tiempo.
Por eso sería grotesco quedarse largo tiempo en silencio bajo la
consigna de que la entrevista es libre y es el consultante quien debe
hablar, como sería también grotesco interrumpirlo mientras está
relatando algo importante para imponerle la tarca de dibujar.
El psicodiagnóstico tiene un fin en sí mismo, pero también es un
medio para otro fin: conocer a esta persona que llega porque necesita
de nosotros. El fin es conocerla lo más a fondo posible. Para ello el
buen rappori es imprescindible.
4) En ¡a investigación. Debemos distinguir aquí dos objetivos ci\
lo que a investigación se refiere: uno, es el de la creación de nuevos
instrumentos de exploración de la personalidad que pueden ser
incluidos en la tarca psicodiagnóslica. Otro; el de planificar la
investigación para el estudio de una delerniinada i)al()l()gía, o algún
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problema laboral o educacional o forense, etcétera. En este caso se utiliza al psicodiagnóstico como
problema laboral o educacional o forense, etcétera. En este caso se
utiliza al psicodiagnóstico como una de las herramientas útiles para
llegar a conclusiones confiables y, por lo tanto, válidas.
Un ejemplo de lo primero es lo que hizo el propio Hermann
Rorschach cuando ideó las manchas y scleccionáenlre miles de ellas
las que resultaban más estimulantes para los sujetos.
Para validar esta prueba mostró las láminas a un grupo de sujetos
tomados al azar y luego a otro previamente diagnosticado con el
mciodo de entrevista clínica (esquizofrénicos, fóbicos, etcétera)
De
este modo pudo establecer las respuestas populares (propias de la
mayoría estadística tomada al azar) y los distintos "síndromes" o
perfil de respuestas típico de cada cuadro patológico.'
De la misma manera procedió Murray, creador del T.A.T.
(Themathic Apperception Test). Las respuestas estadísticamente
más frecuente fueron denominadas "clissc". Los desvíos de estos
clisscs eran considerados significativos sea hacia lo enriquecedor y
creativo, sea hacia el polo opuesto, es decir, lo patológico, pudiendo
proceder del mismo modo que hizo Rorschach.
La creación de un test no es una tarea fácil. No se puede recoger
algunos protocolos y extraer de ellos conclusiones con la pretensión
de que sean válidas para todos. Es necesario respetar lo que la
psicocsladística indica como modelo de investigación para que
sus conclusiones sean aceptables. También es necesario tener am-
plios conocimientos y trabajar en equipo para la correcta interpreta-
ción de los resultados. Así, por ejemplo, si se quiere crear un test que
niitla la inteligencia en niños sordomudos, será imprescindible la
presencia de un especialista en ese terreno. Si se quiere idear un test
para investigar determinados conflictos emocionales en niños peque-
ños, es imprescindible que alguien conozca perfectamente cómo es el
desarrollo normal del niño a cada edad y del niño del grupo étnico al
que el investigador pertenece ya que, de lo contrario, si se tratara por
ejemplo de investigar lo mismo, pero en los niños suecos o japone-
ses, sin un antropólogo y un psicólogo expertos en esos temas como
integrantes del equipo investigador, se pueden extraer conclusio-
nes incorrectas. Con respecto al segundo objetivo, se trata en primer
término de definir claramente lo que se desea investigar. Suponga-
mos que se quiere averiguar si hay un perfil psicológico típico de los
homosexuales o drogadictos o claustrofóbicos. Lo primero que debe-
^llcrnuiiin Koscliauh, rsicodiav^nóstico,
lincnos Aires, l^aiüós, 2a. edición.
1955.
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mos hacer es seleccionar adecuadaiiicnlc los in.slruiiiciUos a utilizar, el orden en que se van
mos hacer es seleccionar adecuadaiiicnlc los in.slruiiiciUos a utilizar,
el orden en que se van a administrar, las consignas a dar, el material
(tamaño del papel, N" de lápiz, etc.) y los líinilcs dentro de los cuales
podemos admitir variantes individuales (por ejemplo, podemos admi-
tir que dibuje c! Bender en más de una hoja, que quiera usar el reverso,
que agregue detalles a las figuras, pero no que use goma de horrar,
para que lodo quede registrado). Esto es lo que se llama estandarizar
la forma de administración del psicodiagnóstico. Si cada examinado r
trabaja a su manera los protócoTbirf^eo'gfdos"serían imposibles de.
comparar y, por lo lanío, no podríamos pretender extraer conclusio-
nes científicamente válidas.
Luego administraremos este psicodiagnóstico así planilicado, por
una parle, a una muestra de homosexuales, drogadiclos, etc., y, por
otra, el misino psicodiagnóstico a una muestra llamada de control que
no registra la rnisma patología que la del grupo que se está investigan-
do. En una tercera etapa se buscarán las rccurrcncias y convergencias
en ambos grupos para poder llegar a conclusiones válidas, ['or ejem-
plo es significativo que los homosexuales dibujen primero la figura
del sexo opuesto ya que en la muestra de control
el sujeto dibuja
primero la del propio sexo en el Test de las Dos personas.
Estoy
utilizando un ejemplo de pcrogruUo a los fines de transmitir clara-
mente en qué consiste la larca. La utilidad de estas investigaciones
varía en grado sumo. Las más interesantes son las que permiten
extraer indicadores que nos sirvan para la detección precoz de pro-
blemas clínicos, laborales, educacionales, etc., con cl coiisceucnlc
ahorro de sufrimiento, erogaciones y hasta complicaciones
institucionales.
5) Método para que cl consiiliantc avcpic mejor las rcciiiiH'iuld-
cío/ie5.EI psicodiagnóstico incluye, además de las entrevistas inicia-
les, la loma de tests, hora de juego en niños, entrevistas familiares,
vinculares, etcétera. Las conclusiones de lodo el material obtenido
son conversadas con el interesado, con sus padres, o con la familia
completa, según cl caso y la modalidad del profesional.
Los tests tomados en forma individual se reservan, en general, para
la entrevista individual con esa persona para darle los resultados.
Pero lo que se ha hecho y hablado entre lodos, puede ser mostrado o
señalado para ejemplificar algiín conflicto que los consultantes
minimizan o niegan,
Por ejemplo, un muchacho de alrededor de 25 años que consultó
por sentirse demasiad o atado por la novia y la madre, dijo en c!
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Cuestionario Desidcrativo que le gustaría ser c! viento porque es ubre y lanihién un perro
Cuestionario Desidcrativo que le gustaría ser c! viento porque es ubre
y lanihién un perro porque es una fiel compañía. Además del resto del
protocolo, csias dos calcxias sirvieron para enfrentarlo con su propia
coniradiceiiín: tjuercr ser libre como el viento y ni mismo ticnipo
necesitar de la compañía de alguien que le i!-cra afecto. Acept ó
enseguida que esto le creaba una situación interna difícil y que no
¡lodía pensar que el problema se solucionaba ca.nbiando de novia y
alejándose de la madre.
En otra opurtutüdad, con padres dc^un^niño ;ic doce años que se
icsislían a aceptar la .seriedad de la enfermedad üéT mismo , utilicé™
oir o recurso . Les mostré la lámina III del Rorsciac h dicicndole s que
lio les estaba lomando el test a ellos, pero que la observaran un
instante en silencio y luego cada uno dijera lo que había visto
sinceramente. Ambos dijeron algo parecido a la respuesta popular:
"Hos personas haciendo algo". Entonces les dije que e! niño había
lespontlido: "Dos cscpiclelos". Ambos quedaron muy impresionados
y comenzaron a tomar más en serio mis advcríencias.
í'odría haberme llevaiio el chasco de que ellos también dieran
respuestas muy palidi'igicas. Un tal caso habría comentad o lo que vio
el hijo como al pasar y desviado la alcnción hacia otro material.
Cuando las distorsiones son compartidas porpadres e hijos la conclu-
siiui inevitable es que lo urgente es una terapin familiar.
Otro caso es el de una muchacha de unos vci -te años que liega a un
.Servicio lie I'sicopatología de un Hospital pidiendo un estudio voca-
cioiíal. Toda su conducta en la sala de espera y al pedir las entrevistas
hablaba a las claras de una grave patología. La ansiedad la desborda-
ba, se estrujaba las manos, se sentaba y so levantaba continuamente.
clcetera. Quería que se le hiciera exclusivamente "el test" vocacional.
A duras penas aceptó responder al Desidcrativo. Sus respuestas
fueron; 1 +, "M e gustarí a ser una paloma , que t-s gracios a y alegre " y
en I -, "No me gustaría ser una hiena porque vive alimentándose de
desperdicios". 2 - "Un gladiolo porque me recuerda los velorios";
.^ - "Algo mineral, el carbón. No me pregunte por que".
Lnirc la apariencia alegre e inocente de la paloma inevitablemente
asociada a la vida v a la pa/,, y la hiena que vive de cadáveres, hay una
(.lisociación abismal. Las tres calcxias negativas están relacionadas
con la nuicrle: el gladiolo con velorios y ! carbón es un vegetal
sepultado bajo tierra por milenios. Esto facilitó comenzar a hablar
con ella acerca de cuánto le preocupaba el tema de la muerte y cuan
ansiosa la ponía. Ella dejó de insistir en el test vocacional y comenzó
a relatar hechos de su vida, especialmente acerca de la pérdida de
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varios seres queridos. De todas maneras se le dieron algunas sugeren- cias vocacionales, pero aceptó
varios seres queridos. De todas maneras se le dieron algunas sugeren-
cias vocacionales, pero aceptó acudir al Servicio una vez por semana
para seguir hablando de esas cosas que perturbaban tanto su vida
diaria.
6} Elección de la estrategia terapéutica más adecuada.Un
psicodiagnóstico completo y correctamente administrado nos permi-
te estimar el pronóstico del caso y la estrategia más adecuada para
ayudar al consultante: entrevistas de esclarecimiento, de apoyo,
terapia breve, psicoanálisis, terapia de grupo, familiar o vincular,
sistémica o estructural; análisis transaccional, gestáltico, etcétera.
Así, por ejemplo, un paciente trabajará muy bien con psicoanálisis
si acepta su responsabilidad en el conflicto, si se muestra colaborador
para hacer asociaciones, comunicar recuerdos, incursionar en su vida
privada, en su pasado. Ante la consigna del Dibujo Libre acepta
gustoso y responde con buen nivel de simbolización y riqueza en sus
asociaciones. Las láminas menos estructuradas como las del Rorschach
no lo impactan. La lámina en blanco del Phillipson lo estimula
favorablemente. La entrevista final resulta agradable en el sentido de
enfrentarnos con escasas resistencias. El diálogo es fluido. Aparece
la posibilidad de preocuparse, llorar, o al menos deprimirse en cierta
medida como para emprender la tarea psicoanalítica con una buena
motivación.
Muy distinto sería el caso de otra persona que no tolera la entrevis-
ta abierta y prefiere un interrogatorio paulado, que se bliuiuea cu el
Dibujo Libre, el Rorscliaci» y la lámina blanca del l'liillipson. Pregun-
ta "¿Que hago, qué dibujo?" y se alivia si nosotros le damos una
consigna más precisa, por ejemplo "Bueno: dibuje una casa, un árbol
y una persona". La serie A del Phillipson lo pone muy ansioso y le
agrada más la B que. es más definida y menos difusa. Esta persona
trabajará mejor en una terapia cara a cara en la i|ue se coiiihiiicn
interpretaciones cautelosas con sugerencias y ciertas directivas. La
situación de soledad y rcgrcsivantc del diván le resultaría por ahora
insoportable y podría acceder a ella luego de una primera etapa con
las características descritas.
Las entrevistas diagnósticas vinculares y familiares son de gran
utilidad para decidir entre la recomendación de un tratamiento indi-
vidual, vincular o familiar.
Existen algunas técnicas proycctivas ideadas para ser administra-
das simultáneamente a una pareja o a un grupo (filial, familiar,
laboral, etcétera).
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Entre ellas puedo citar el Test de la Pareja en Interacción (TPI) del psicólogo rosarino
Entre ellas puedo citar el Test de la Pareja en Interacción (TPI) del
psicólogo rosarino Luis Juri, el Test de la Familia Kinética de Renata
Frank de Vcrlhclyi (adaptación) en sus formas actual y prospectiva;
también el Test de Rorscbach con la técnica de consenso.
Estos tesis son muy útiles para decidir la agrupabilidad o no de un
individuo o para hacer un diagnóstico acerca de cómo funcionará un
grupo en formación. Los terapeutas de grupo han utilizado mucho
para esto el test de las bolitas del Dr. Usandivaras. Actualmente,
Ester Romano ha presentado su ME? (Modelo Experimental Percep=
tivo) ante la Asociación Argentina de Psicoanálisis, ideado sobre la
base de estímulos gráficos al estilo del Wartegg e inestructurados al
estilo del Rorschach.
En el psicüdiagnóstico individual, el motivo de consulta manifies-
to y latente nos dan una pauta para recomendar o no terapia grupal.
Cuando las dificultades están centradas en la relación del individuo
con los demás (pares, superiores o subalternos), lo más acertado es
indicar terapia grupal. Si, en cambio, el conflicto está centrado más
en lo intrapsíquico, lo más adecuado sería terapia individuaL
El Test de Phillipson (especialmente las láminas grupales AG, BG
y CG) nos brinda una información muy útil al respecto ya que, si en
ellas la producción es buena, corroboraría nuestra presunción de lo
adecuado de una terapia grupal; mientras que si en ellas se desarticu-
la, lo inipactan, las niega o distorsiona la producción, habría que
pensar c)ue, lejos de ser una ayuda, la terapia grupal aumentaría su
aii¡;uslia. De manera iiue. indcpendienlemcnlc del motivo de consulta
cstu constituiría un elemento |)ara contraindicarla.
En síntesis, he tratado de resumir las distintas aplicaciones que
puede tener el psicodiagnóstico y seguramente se abrirán nuevos
caminos más, aún no explorados.
U.OU.IKTIVOS Y ETAPAS I)F:L PROCKSO PSICOOIAGNOSTICO El iisicodiagiióstico es un estudio profundo de la personalidad
U.OU.IKTIVOS Y ETAPAS
I)F:L PROCKSO PSICOOIAGNOSTICO
El iisicodiagiióstico es un estudio profundo de la personalidad desde
el punió de vista fundantenlalmenic clínico.
Cuando el objetivo del estudio es oiro (laboral, educacional,
forense, ele.) el psicodiagnóslico clínico os previo y sirve do base
para las conclusiones necesarias en esas otras áreas.
La concepción de la personalidad utilizada parle de la base de que
la personalidad tiene un aspecto consciente y cfro inconsciente, que
licnc una dinámica interna que el psicoanálisis ha dcscriplo tíiuy
bien; que hay ansiedades básicas que movilizan defensas más primi-
tivas y otras más cvt)lucionad;is (como lo han pianlcndo Mclanie
Klein y Anna Freud, rcspcciivamenic); que cada individuo tiene una
configuración de personalidad única e inconfundible, algo así como
una pcslalt personal; que tiene un nivel y un liro de inteligencia que
puede ¡loncr de nianificslo o no según cxislan ' 'crferencias emocio-
nales o no; que hay emociones c impulso^ lás intensos o más
mesurados que el sujeto puede controlar adccur< a o inadecuadamente,
que hay deseos, envidia y celos cnlrelcjidos conslanlemcnte con lodo
el resto de la personalidad; que las pulsiones libidinalcs y tanalicas
pugnan por ganar primacía a lo largo de la vida; que el sadismo y el
niasoí|uism() están siempre presentes en mayor o menor medida; que
el índice de narcisismo puede ser demasiado bajo, adecuado o
demasiado alto y cslo incide en el grado de sometimiento, madurez
u omnipotencia que demuestre; que la cualidad depresiva o esquizoide
que predomine como ba.sc de la personalidad pueden ser razonable o
incrementarse hasta transformarse en un conflicto que entorpece o
altera el desarrollo del sujeto; que las dcfcnsr ue ha instrumcnlado
un sujeto a lo largo de la vida pueden ser bcn; iciosas o no según su
conlexlo, sin que lo sean en sí mismas; que sobre la estructura de base de
conlexlo, sin que lo sean en sí mismas; que sobre la estructura de base
de predominio esquizoide o depresivo se instauran otras estructuras
defensivas de tipo obsesivo, fóbico o histérico; que los factores
hereditarios y constitucionales desempeñan un papel muy importan-
te, por lo que no es recomendable trabajar exclusivamente con la
historia del sujeto y el factor dcscncadcnanie de la consulta, sino
estar abiertos a la posibilidad de incluir otros estudios complemen-
tarios (médico-clínicos, neuroldgicos, cndocrinológicos, etcétera).
Esto significa tener en cuenta la hipótesis de las series complemen-
tarias de Freud.
Además, a la luz de las últimas investigaciones, el contexto
sociocultural y familiar debe ocupar un lugar importante en el
estudio de la personalidad de un individuo, ya que es de allí de donde
proviene. Por lo tanto, el estudio de la personalidad es, en realidad,
el estudio de tres generaciones al menos, que se han desarrollado en
un determinado contexto étnico-socio-cultural.
Hasta hace poco tiempo este enfoque se utilizaba casi exclusiva-
mente para el estudio de las psicosis. Actualmente se utiliza para el
estudio de todas las patologías, ya que de lo contrario estaríamos
haciendo un recorte artificial de la historia del individuo.
Es muy importante tener bien en claro cuál es el objetivo del
psicodiagnóstico que estamos por realizar.
novia que me va a hacer bien
Cuando el consultante llega diciendo: "Me mandaron
"
"
"Dice mi
"Es por curiosidad a ver que sale
",
sabemos en primer lugar que lo dicho no es cierto ya que nadie acude
exclusivamente por esas razones. En algún rincón de sí mismo el
desea hacer la consulla. En segundo lugar, la motivación es muy
incon.scicnte y no la advierte, por eso el planteo suena a muy
superficial.
De manera que, antes de comenzar la tarca, el psicólogo debe
aclarar con el consultante cuál es el motivo ntanificsio y más
consciente del estudio a intuir cuál sería el molivo latente' c incons-
ciente del mismo. Es importante detenerse en esto lodo el tiempo que
sea necesario y no comenzar la tarca si el consultante insiste en
que lo hace por mera curiosidad, ya que cslo incidirá negalivamente
en el momento de la devolución de información.
'Motivo manifieslo y tálente de consulta es una temiirtología introducida por María
S. L. de Ocampo, María E. García Arzcno, E. Orassano y col., en: Las técnicas
proyccíivas y el proceso psiroJiagnóslico, ob. cil., cap. II.
22
Veamos ahora algo sobre las etapasdc] proceso psicodiagnósfico.^ El ¡¡rimer paso tiene lugar desde que
Veamos ahora algo sobre las etapasdc]
proceso psicodiagnósfico.^
El ¡¡rimer paso
tiene lugar desde que se produce el pedido del
consulianie hasta c! encuentro personal con el profesional.
El sfí^iindo píisí>co})s'\slc en la olas primeras entrevistas en lasque
se trata de esclarecer el motivo latente y el manifiesto de la consulta,
las ansiedades y tlcfensas que muestra la persona que consulla (y sus
padres o el resto de la familia), la fantasía de enfermedadrcuración-
y análisis que cada uno trae' y la construcción de la historia del
individuo y la familia en cuestión.
Ya se ha desechado complclamentc el estilo de interrogatorio
exhaustivo y tedioso, tanto para el profesional como para los
consultantes y, como veremos en el desarrollo detallado de este paso
más adelante, nos guiamos más por lo que va surgiendo según el
motivo central de la consulta.
El tercer mámenlo es el que dedicamos a reflexionar sobre el
material antes recogido y sobre nuestras hipótesis presuntivas para
planificar los pasos a seguir y los instrumentos diagnósticos a
utilizar: hora de juego individual con niños y púberes, entrevistas
familiares diagnósticas, tests gráficos, verbales, lúdicros, etcétera.
En algunos casos es imprescindible incluir entrevistas vinculares
con los miembros niás implicados en la patología del grupo familiar.
El (¡tarto nionu'iito consiste en la realización de la estrategia
diagnóstica planificada. Muchas veces puede hacerse de acuerdo con
lo planeado. Otras, en cambio, hay que introducir modificaciones
sobre la marcha. Por eso insistimos en que no puede haber un modelo
rígido de psicodiagnóstico que se pueda utilizar en todos los casos y
la experiencia clínica y el nivel de análisis ¡icrsonal del profesional
es lo (|ue mejor le orienta en cada caso.
El quinio móntenlo es el dedicado al estudio de lodo el material
recogido para obtener un cuadro lo más claro posible acerca del caso
'Kcfonmilación y acíu.ilización Je lo pLinleado en: Ocampo, García Arzcno.Grassano,
y col., ob. cil-, cap. I.
*panlasía Je enfcrmcdaj y curación es un lérmino inlroJuciJo por A. Aberaslury en
Teoría y técnica del psicoanálisis de niños, í3ucnos Aires, Paidós. y "fantasia úe
an.llisis". por M. Rarauger en "l-anlasía Je enfermedad y desarrollo del insight en el
¡in;il¡,si\ Je un niru>"'. Ht-vísíit llrít^iiaya tic psicoíínálisi.\, t. 1, n" 2, 1956.
23
en cueslión. Es un trabajo arduo que a menudo despierta resistencias, aun en profesionales bien
en cueslión. Es un trabajo arduo que a menudo despierta resistencias,
aun en profesionales bien formados y que trabajan con seriedad. Hay
que buscar recunencias y convergencias dentro del niatcrial, hallar
ci significado de puntos oscuros o producciones estrafalarias,
correlacionar los distintos instrumentos utilizados entre sí y con la
historia del sujeto y la familia. Si se han administrado tests hay ipie
tabularlos correctamente e interpretar estos resuttailos ¡lara integrar-
tos al resto del maicxial.
No se trata de un trabajo mecánico de armar tin rompecabezas,
aunque alguna semejanza tenga con esa tarea. Es más bien una
búsqueda scnicjanlc a la del antropólogo y el arqueólogo (como muy
bien comparó Frcud la larca del psicoanalista) o la de un inlcrprele
de un idioma que el individuo o la familia desconocen y cuya
traducción ayuda a develar un misterio y reconstruir una parte de la
historia que desconocen a nivel consciente, y que es cuando se ha
gestado la patología.
Lo más difícil en este momento del estudio es comprender el
sentido de la presencia de algunas incongruencias o contradicciones
y aceptarlas como tales, es decir, renunciar a la omnipotencia de
poder entender todo. Juslamcnle la presencia de elementos ininteli-
gibles nos alerta acerca de algo que se cnicnder.í mucho más adelan-
te, en el curso del tratamiento, cuando la comunicación entre el sis-
tema consciente y el inconsciente se haya tornado más porosa y el
sujeto esté, entonces, en mejores condiciones para tolerar los conte-
nidos que emerjan. Estos elementos no deberán ser desechados, ¡lor
el contrario deberán ser consignados en el informe que enviemos a
quien solicitó el estudio para ponerlo sobre aviso. En cambio puede
ser imprudente incluirlos en la devolución al sujeto porcjiíc [uic-
dc angustiar muclto y provocar una crisis, un ataque ai psictiiogo o
una deserción.
Así llegamos al sc.xlo momento del proceso psicodiagnóslico: la
entrevista de devolución de información. Puede ser una sola o vririas.
Generalmente se hace por separado: por un lado con el individuo a
quien se ha traído como principal protagonista de la consulta y, por
otro, con los padres o el resto de la familia. Si la consulta comenzó
como familiar, la devolución de nuestras conclusiones se hará tam-
bién a toda la familia.
Esla última cnircvi.sla está impregnada por la ansiedad del sujeto,
de su familia y. por que no, muchas veces por la nuestra también,
cspccialincnlc en los casos más complejos.
24
En primera instancia cabe destacar que se mantiene vigente todo lo que expusimos al respecto
En primera instancia cabe destacar que se mantiene vigente todo
lo que expusimos al respecto Ocampo. García Arzcno, Grassano y
colaboradores en el libro ya citado.
F'cro deseo hacer algunos agregados y subrayai algunos puntos. En
primer tcriiiino deseo cníali/.ar que el psicólogo no debe asumir la
posición del que "sabe "
frente a k)S que "no saben" .
En primera instancia porque no es así. En segunda, porque esa
-posición entraña mucha omnipatcricinyda lugnr a reacciones que-
cnlorpcccn la labor. Es insostenible afirmar c|ue en unas cuantas
entrevistas hemos agotado el conocimiento de UÜ individuo y, menos
aun, de una pareja o una familia. Pero sí que hciios logrado develar
con la mayor cerle/.a posible, aquello que pro- oca el síntoma que
origina la consulta.
Algunas veces el mismo individuo o sus padres pueden adoptar c!
rol del ipie pregunta y espera que todas sus duü;;s sean respondidas,
como si el prolesional tuviera la "bola de cristal". En tal caso es
necesario rcldrmular los roles respectivos, especialmente el del
prolesional. que no es preeisamcnle un vidente.
El profesional irá aventurando gradualmente sus conclusiones y
observando la reacción que produce en el o los entrevistados. La
dinámica utilizada debe dar lugar a la emcrgeivcia de nuevos malc-
ríales. Así como evitamos el icdio.so inicrrogatorio en la primera
entrevista, también evitaremos ahora transformar la transmisión de
nucsiras eoiieliisiones en un discurso que no da espacio al inlerloculor
para incluir sus reacciones: por cl contrario, 'as mismas serán de
gran utilidad para con validar o no nuestras c one í sioncs diagnósticas.
El sujeto o sus padres pueden haber callado ligo que emerge en cl
material registrado y aprovecharemos esta entrevista para preguntar:
un pariente fallecido, una operación seria de uno de los integrantes,
una mudan/a que s\icedió en un momento clav una crisis depresiva
de algún pariente significativo, un aborto, c! ctcra. Muchas veces
esta inform;ición puede hacer cambiar radic.ilmentc las hipótesis
barajadas por cl profesional y su presencia es una buena señal en
tanto aumenta el grado de sinceramiento del consultante.
Además, en ciertos casos específicos, especialmente cti una fami-
lia con niños, coníorme a lo que hayamos advertido en la o las en-
trevistas familiares diagnósticas, puede ser adecuado realizar la
entrevista de devolución con una técnica lúdicra que alterne con
la verbal, en especial cuando advertimos que cl individuo o la familia
se manejan con códigos de acción más que de vcrbalización.
Al respecto recuerdo la utilidad que m: • !icne cl concepto de
2.";
"inlcrprctaciónlúdicra"plantcadoporEmilio Rodrigué en su valioso libro El contexto del proceso
"inlcrprctaciónlúdicra"plantcadoporEmilio Rodrigué en su valioso
libro El contexto del proceso psicoanalílico. Con algunas modifica-
ciones el capítulo "La interpretación lúdicra: una actitud hacia el
juego" es el que me brindó medios para proceder a transmitir
conclusiones no sólo a nivel verbal sino dramaii/.ándolas para que
sean mejor incorporadas por los interesados.
En el capituló dedicado a esto paso del proceso psicodíagnóstico
se darán más detalles.
Finalmente, el séptimo paso del proceso consiste en la confección
del informe psicológico, si es que se nos lo lia solicitado, y paradl o
remito al lector al capítulo correspondiente.
26
i n . EL ENCllADRK EN EL PROCESO PSICODIAGNOSTICO Como en loila tarea clínica, y
i n . EL ENCllADRK EN EL PROCESO
PSICODIAGNOSTICO
Como en loila tarea clínica, y el psicodiagnoslico lo es. es necesario
partir de un encuadre.
El encuadre puede ser más estricto, más amplio, más permeable o
más plástico, según las distintas modalidades del trabajo individual
o según las normas de la institución en la que se trabaje. Varía segiín
el enfoque teórico que predominantemente sirva al profesional de
marco rcfcrencial, según su formación (sus antecedentes genealógicos,
decía Heinrich Racker), su modalidad personal y también según las
características del consultante.
Algunos afirman que trabajan sin encuadre. Esta afirmación
entraña una falacia, porque esa posición de no-cncuadre es en sí
misma una forma de encuadre, en todo caso del tipo de laissez-faire.
Caila profesional incorpora una modalidad de trabajo que lo ca-
racteriza, más allá de las variantes que introduzca en cada caso.
La calidad y el grado de la patología del consultante nos obliga a
adaptar el encuadre a ello. No es lo mismo trabajar con un paciente
neurótico que con un psicótico o un psicópata grave. Cada caso
implica distintos grados de plasticidad. Una persona absolutamente
dependiente querrá que le aclaremos a cada paso lo que debe o no
debe hacer, mientras que otros sentirán nuestras intervenciones
como interferencias desagradables. A un psicópata hay que ponerle
límites constantemente. El psicótico nos exige una concentración
total, hay que limitarlo, pero también cuidarlo, protegerlo
y pro-
tegernos.
La edad del consultante también influye en el encuadre elegido.
Con un niño pc(|ueño nos sentaremos a jugar con el en el piso si nos
lo solicita; no así con un adulto. Con adolescentes sabemos que
27
deberemos ser más lolcranles en cuanto a su asistencia, su puntuali- dad y sus resistencias
deberemos ser más lolcranles en cuanto a su asistencia, su puntuali-
dad y sus resistencias a realizar ciertos Icsts si "no les gustan". Qui/.á
primer o quier e termina r de escucha r una canció n con su grabador . L;i
cscucharcmo5 hasta que el diga que quiere cn\pe/ar. Quizá lo mismo
haríamos con un niño o con un adulto psic(')lico.
En conclusión: es imposible trabajar sin un encuatlre. pero no
existe rl encuadre.
SJ-ACjiasJntcrjoga acerca del encuadre que utilizamos, muchas
veces sucederá que la reflexión viene a JTostcrioií de la práctica
clínica. Primero procedemos y después reflexionamos acerca del
cómo y por qué trabajamos así. Bion recomienda trabajar con abso-
luta atención flotante y libertad y después de que la sesión ha
terminado tomar notas y pensar acerca de lo sucedido. En el
psicodiagnósticocsio vale sobre todo para la entrevista inicial. En las
siguicnics ya hay que proceder de olra manera para lograr nuestro
objetivo.
Sea con un adolescente, un adulto o los padres de un niño, la
primera entrevista nos da pautas acerca del encuadre a elegir. Su
comporlamienlo, su discurso, sus reacciones, son indicadoics que
nos ayudan a decidirnos por un encuadre más estricto o más permisivo.
El encuadre incluye no solamente la modalidad de trabajo sino
también el objetivo del mismo, las veces que nos veremos, el lugar,
los horarios, los honorarios y, por sobre todo, el rol que le comi'cie
a cada uno.
El rol del psicólogo no es el del que .siihc mieiilras el del eoiL^íultanie
es cTdcl que no sabe. Ambos saben algo y ambos desconocen muclias
cosas que irán descubriendo juntos. Lo que marca la ;isimetría de
rotes es que el psicólogo dispone de conocimientos e instrumentos de
trabajo para ayudar al otro a descifrar sus problemas, a encimlrar una
explicación a sus cotiíliclos y [)ara recomendarle la ayuda rnás
efectiva para resolverlos.
Cuando llega alguien por primera vez le pregunto. "/En qué puedo
ay;ud;irlo7" y la respuesta obtenida me da la primera clave acerca de
cómo encarar el caso. Si la respuesta es: "Vengo porque estoy
preocupado, porque estoy muy nervioso, no puetlo dormir, no mc
puedo concentrar en el trabajo y no sé por qué me pasa esto", no
despierta en nosotros lo mismo que si responde. "No sé; a mi me
mandó el médico porque tengo úlcera y dice que es psicokigico". Le
preguntaríamos. "Pero.usted ¿qué piensa? ¿Le parece que el médico
tiene razón?" Su respuesta puede ser afirmativa, lo cual abre un
paí!orai7ia un poco fiiás favorable o puede responder. "No, yo no creo
2K
en estas cosas". Esln respuesta deja muy poco margen para encarar cualquier lipo de trabajo.
en estas cosas". Esln respuesta deja muy poco margen para encarar
cualquier lipo de trabajo. Si el medico nos ha remitido a su paciente
y espera de nosotros un informe psicológico deberemos explicarle
que, aunque no crea, haremos algunos tests par;! poder responder a
su médico conlornic a lo que él espera de nosotros.
De no ser así es muy difícil realizar cl psicod igiióstico y casi es
conveniente plantearle que lo postergaremos h,<sta que él sienta la
necesidad de hacerlo Jiasla que esté más copycnc do de que el médico
tiene razón. De lo contrario, aunque ponga .ucna voluntad en
realizar lo que le [lidamós, las conclusiones que btcngamos carece-
rán lolalnicntc de valor para 61 y la entrevista d devolución podría
llegar a transformarse en una especie de desafíe en el que nosotros
queremos convencerlo de algo que el se resiste i aceptar.
Sobre cl tema del encuadre cabe recordar a un distinguido y
prestigioso psicoanalista argentino, José Blcgcr quien en su artículo
titulado '"El psicoanálisis del encuadre psicoanauíico". publicado en
la RCVÍMÍI /\ií;iiiiin(i ÍIC r.siroanáUsi.s, nos dice que hay cicrto.s
aspectos del encuadre que permanecen "mudos" hasta que alguna
circunstancia nos obliga a romperlo y aparecen con claridad.
Supongamos que cl terapeuta ha sido puntual hasta que un proble-
ma de tránsito lo obliga a llegar veinte minutos í rdc. El paciente está
esperando furioso,-casi lo insulta y le grita "pi; ¡tic usted debe estar
ar:i cuando yo llego". De no haber surgido esa •'riiiitura"dcl encuadre
esta reaccicín habría quedado siempre cncubicría por la seriedad del
comportamiento del terapeuta.
Tanto Blcgcr como Donald Mcltx.er. en u obra El proceso
l>siri)íin<ilíi¡ro (I'aidós). coinciden en que tan',-
cl consultante aportan al encontrarse un aspes.
cl profesional como
) más infantil y otro
más maduro. Si cl contrato analítico (y e! cl psicodiagnóstico
también) se hace sobre la base de los aspectos iiiantilcs de ambos, los
resultados serán negativos y peligrosos. Por ejemplo, la avidez de un
profesional puede llevarlo a aceptar un encuadre que fijan los padres,
como pueden ser llorarlos exóticos, o menos veces por semana de lo
aconsejable, a cambio de poder percibir suculentos honorarios. Los
mismo puede ocurrir entre cl niño o cl adolescente y el profesional
si este acepta condiciones de trabajo que aquellos imponen capricho-
samente. Supongamos que cl niño propone jugar a quién escribe más
rápido la mayor cantidad de palabras que comienzan con determina-
da letra. Es obvio que ganará el terapeuta. Salvo en casos en que sea
terapéutico hacer pasar al niño por esta prueba de realidad, aceptar
29
el desafío es ponerse a la altura del niño omnipotente que puede vencer en todo
el desafío es ponerse a la altura del niño omnipotente que puede
vencer en todo al adulto.
En La entrevista psicológica (publicación interna de la Facultad
de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires), dice Blcgcr:
Para obtener el campo particular de la entrevista que hemos reseñado,
debemos contar con un encuadre fijo que consiste en una Irausfornia-
ción de cierto conjunto de variables en constantes. Dentro de este
encuadre se incluyen no sólo la actitud técnica y el rol del entrcvis-
tador lal como lo hemos reseñado sino también los objetivos y el lugar
y el tiempo de la entrevista. El encuadre funciona como una especie
de estandarización de la situación estímulo que ofrecemos al entre-
vistado, y con ello no pretendemos que deje de actuar como estímulo
para él sino que deje de oscilar como variable para el entrcvistador.
' Si el encuadre se modifica (por ejemplo porque la entrevista se realiza
en un lugar diferente) esta modificación tiene que ser considerada
como una variable sujeta a la observación tanto como lo es el mismo
entrevistado. Cada entrevista tiene un contexto definido (conjunto de
constantes y variables) en función del cual se dan los emergentes y
estos últimos sólo tienen sentido y significación en relación y en
función de dicho contexto. El campo de la entrevista tampoco es fijo,
sino dinSinicQ, queriendo significar con ello cl hecho de que está
sujeto a un perm'anentc cambio y lu ob.servación se debe extender del
campo específico existente en cada momento a la continuidad y
sentido de estos ca/nbios
Cada situación humana es siempre origi-
nal y única, y, por lo tanto, la enlrevisla también lo es, pero csio no
sólo rige en los fenómenos humanos sino también en k)s fenómenos
de la naturaleza, cosa que ya sabía Heráclilo. Esla originalidad de
cada suceso no impide el establecimiento de constantes generales, es
decir, de las condiciones que se repiten con mñs frecuencia. Lo
individual no excluye lo general ni la posibilidad de introducir la
abstracción y categorías de análisis
la forma de ol)servar bien es
la de ir formulando hipótesis mientras se observa y en el curso de la
entrevista verificar y rectificar las liipótesis durante su tran.scurso
mismo en función de las observaciones subsiguieiucs que a su vez se
enriquecen con las hipótesis previas. Observar, pensar c imaginar
coinciden lotalmenie y forman parle de un solo y único proceso
dialéctico.
Como vemos, Blcgcr cnfaliza la importancia del encuadre para
mantener el campo de la entrevista de manera tal que una serie de
variables (las que dependen del entrcvistador) se mantengan cons-
tantes. Esto lo ayuda a observar mejor.
Meltzer, de formación netamente klciniana, enfatizó la importan-
30
cía del respeto al encuadre, pero su idea de encuadre incluía una actitud del terapeuta
cía del respeto al encuadre, pero su idea de encuadre incluía una
actitud del terapeuta como la de una pantalla de proyección (concepto
de Paula Hcimann) o un espejo mudo, lo cual llevó a exageraciones
ridícula.s y aclualmcnle perimidas.
Según Blcgcr, el encuadre vendría a ser el fondo y e! proceso
analíiico (nosolros diríamos el proceso psicodiagnóslico), la figura
de lo que englobando ambos conceptos (encuadre y proceso) configu-
rarían la situación analítica. El encuadre sería lo constante, lo que no
es proceso. El proceso sería lo variable; lo que cambia. Esto es lo que
nos da la paula de cómo se va desarrollando el proceso terapéutico.
En el caso de un psicodiagnóstico podemos utilizar estos conceptos.
La situación no es la analítica. Pero de la misma manera necesitamos
observar al sujeto para diagnosticarlo correctamente. Debemos ase-
gurarnos de que lo que surja sea material del paciente (variables
introducida s por 61) y no nuestro .
Como hemos señalado, Bleger y Mcllzcr coinciden en afirmar que
terapeuta y paciente aportan cada uno un aspecto infantil y otro más
maduro. El encuadre, punto de arranque de importancia decisiva
para el proceso psicodiagnóstico, tanto como para el terapéutico, se
complica aun más cuando consideramos que cada uno de los padres
y de sus hijos aportan igualmente ambos aspectos. Por eso advertimos
acerca del peligro de que se establezcan situaciones en las que se
ponen en juego las partes infantiles (primitivas y omnipotentes) de
cada uno, inclusive las del propio profesional.
Veamos un ejemplo. Una señora me pidió una hora para consultar
por una niña de seis años. Me llamó la atención que me tuteara desde
el principio. Aclualmcnle esto ya es muy frecuente pero quince años
atrás, no. Yo me mantuve tratándola de usted y le dije que debía
concurrir con su esposo a la primera entrevista. Se negó terminante-
mcnic p()r<iuc el viajaba conslanlcmcnlc y no se ocupaba de la niña.
Agregó que él "no cree en estas cosas", y que la deja decidir a ella.
Esta señora se ubicó en el rol de "dueña de casa" y me adjudicó algo
así como el rol de una macstrita para la nena que tenía problemas en
el colegio. Su manera autoritaria de disponer lo contrario de lo que
yo solicitaba ya me daba la pauta de problemas agregados a los
que ella invocaba. Le explique, siempre por telefono, que me intere-
saba escuchar la opinión del padre y que todo lo que se resolviera
también debía ser responsabilidad del padre y no solamente de la
madre. De todas maneras a la hora que le di asistió ella sola y trató
constantemente de establecer una alianza conmigo en contra del
marido, a quien, al mismo tiempo, utilizaba disponiendo por él en sus
31
decisiones yen su economía. Eslo podía ser produelo del despecho de ser una esposa abandonada,
decisiones yen su economía. Eslo podía ser produelo del despecho de
ser una esposa abandonada, pero de hecho me imponía a mí excluir
al marido.
Además me aclaró que la niña era hija adoptiva y que no lo sabía
ni debía saberlo nunca. Eslo maree') dificiillades insalvables jiara
Irabajar, ya que no sólo excluía al marido sino también a la ¡iropia
hija. Dada mi insislcncia, el esposo asistió ;i la segunda enlrevisla y
pudimes trabajar sobre la relación de los problemas de aprendizaji:„
con los dcsenlendimicntos de la pareja y el ocullamicnto de la verdad
acerca de su origen. El esposo era evasivo y rcsislenle. en efecto, pero
no tanto como ella lo pintaba desde su rencor de esposa y madre
frustrada. Yo insistí en la necesidad de decir la verdad a la niña
acerca de la adopción y no acepte verla hasta que ellos decidieran
encarar la situación sin más mentiras. No volví a saber de ellos.
En otro caso similar el resultado fue positivo, pues la consulta
quedó centrada en la necesidad de ellos de una ayuda exlerna para
encarar el difícil momento de decir la verdad.
Hacia el Cinal de la primera entrevista explicamos al sujeto (o a sus
padres) que deberá hacer algunos dibujos, inventar aIguna.s historias,
etc
y que luego nos reuniremos para conversar sobre los resultados.
Si
está prevista una entrevista familiar Umibien debemos advertirlo
con tiempo. En general, esto no despierta resistencia si se dice que
deseamos conocer cómo es la familia cuando csl;in lodos junios.
Durante la hora de juego diagnóstica y las entrevistas familiares
diagnósticas, nuestro rol será el de un observador no participante. Lo
mismo sucede al administrar los tesis. Sólo después de recoger la
producción espontánea del sujeto deberemos intervenir más al hacer
algún interrogatorio (como en el Rorschach. TAT, CAT o Phillipson)
c inclusive algún examen de límilcs.
Nuestro rol es mucho más activo en la entrevista final, en la que
lo que se espera de nosotros es justamente que demos una opinión
acerca de lo que sucede. En cuanto a la recomendación de la
estrategia terapéutica más adecuada, la debe formular el profesional
desde la autoridad que le confiere su rol y dcbidamcnle fundamenta-
da. Cuando al sujeto le resulta muy difícil asimilar toda la informa-
ción que debemos transmitirle es aconsejable destinar una o dos
entrevistas más.
E.s mu y difíci l defini r el ro l d e psicólog o en el moincnl o d e la
devolución de información.-Con algunos adultos o adolescentes
podremos Irabajar con distensión y plasticidad, mientras que con
otros deberemos ser más drásticos.
32
Recuerdo un caso muy serio de una jovencila de catorce ailos que ya tenía en
Recuerdo un caso muy serio de una jovencila de catorce ailos que
ya tenía en su haber un aborto y dos fugas dei hogar con sus novios.
Cada ve/, que yo inlcnlaba mostrar la gravedad de estos hechos, los
padres, cspccialnicnlc la madre, descalificaban mi opinión diciendo
que eran cosas habituales cnire los adolescentes. Tuve entonces que
adoptar un rofmas cerrado y definido. Esa scilor.i era una iin|)ortanlc
ejecutiva y no soltó su portafolio durante toda la entrevista, como si
ello definiera su rol; una ejecutiva. Tomando tsa Iónica seguí esa
línea trazada por ella y le dije: "SciTora,'CTs-tcd ralrc-más que yo de
dirigir empresas pero yp s6 más que usted de lo que es un adolescente
y le puedo asegurar que lo de su hija no son cosas habituales ni
inlrasccndeiiles. F'cro es su hija y no la mía. De manera que usted
puede creerme o no. Haga de cuentas que yo ¡c hice un análisis de
sangre y le digo que tiene anemia y usted me responde que es habitual
en la adolescencia, /.que le parece?, ¿quien de his dos está más cerca
de la verdad?"
No es mi modo habitual de trabajar, pero la etica profesional nos
iiulica decir la verdad, porque para eso se nos consulla y si, llegado
el caso, hay (|ue apelar a inlervcncioncs tan dráslica.s. es imprescin-
dible li.icerlo. por los padres, por la hija y por nosotros mismos.
Muchas veces el proceso psicodiagnóslico no termina cotija fácil
aceplaciíin de nuestras conclusiones. Los co tsuüanícs necesitan
tiempo para pensar, para melaboli/.ar loque les hemos dicho. Muchas
veces nosotros también necesitamos ese tic;: po para ratificar o
rectificar nuestras hipótesis. De manera que aíj.unas veces es nece-
sario modificar el encuadre inicial en cuanío a la cantidad de
entrevistas y dejar más espacio para concluir ci proceso con mayor
claridad.
Me he referido hasta aquí al trabajo par, ular. Quiero ahora
dedicar un breve espacio al encuadre en el ámbito institucional.
Cada institución puede (y debe) fijarlas pautas dentro de las cuales
se va a desarrollar la labor del psicólogo. Por ejemplo la cantidad de
tiempo dedicado a cada entrevistado, el tipo uc diagnóstico que se
desea obtener, el modo de dejar asentado y archivado el material, el
tipo de informe final, etcétera.
(\'ro el tipo de balería que se ulili/.ará y su secuencia es de
exclusiva incumbencia de los psicólogos. Ellos son los que decidirán
de mutuo acuerdo el modus operandi. De lo contrario se pueden dar
situaciones ridiculas, ialrogénicas y hasta Icgalmenle objetables.
Recuerdo por ejemplo el caso de un grupo de psicólogos que me
pidió una supervisión. En ese caso el Cucs'ionario Desiderativo
33
resultaba imprescindible para redondear el diagnóstico, pero los psicólogos me contestaron que en esa institución
resultaba imprescindible para redondear el diagnóstico, pero los
psicólogos me contestaron que en esa institución no se tomaba ese
test: así lo había dispuesto el Jefe de! Servicio, médico psiquiatra. En
otra oportunidad me enteré de que en otro Servicio de Psicopalología
estaba prohibido tomar tests "porque eso ya pasó de moda y se pierde
tiempo".
¿Cómo puede pretenderse que el profesional arriesgue un diagnós-
tico y realice una psicoterapia si al mismo tiempo no se le da la
libertad de utilizar las herramientas científicas que necesita para
tal fin?
Los jóvenes psicólogos, ávidos de experiencia clínica no advierten
esas trampas y caen víctimas de ellas cuando deben recurrir a la
supervisión para satisfacer las demandas de la institución.
34
IV. VA. PRIMKR CONTACTO EN LA CONSULTA Aunque hablemos de que el proceso psicodiagnóslico consta
IV. VA. PRIMKR CONTACTO EN LA CONSULTA
Aunque hablemos de que el proceso psicodiagnóslico consta de una
serie de pasos (y estos de iicclio se realizan), nunca se puede afirmar
qnc uno va primero y otro va después de una manera mecánica, fija
c inamovible. Todo depende de muchas razones.
Ya me he referido brevemente a estos distintos pasos.
El primero consiste en la primera toma de contacto. Esto significa
que en esta primera etapa habremos recibido el llamado del paciente
o el pedido de un profesional para realizar el estudio de un determl-
n;\do paciente. Si es el terapeuta que se va a hacer cargo del trata-
n)icnlo el iiiic nos solicita el estudio, nuestro rol va a estar casi ex-
chisivaniciilc ccnlr;uk) en administrar los tests pertinentes. En estos
casos es necesario tomar recaudos para no influir demasiado en la
relación iransfcrcncial que el paciente ya hubiera establecido con su
lerapcula. En una consulta de esta naturaleza trataremos de reducir
la entrevista inicial al mínimo posible. En algunos casos, prefiero
trabajar prácticamente a ciegas con los dalos mínimos de identidad
del grupo familiar, motivo de consulta y, muy específicamente, el
motivo por el cual el terapeuta ha solicitado el estudio. Sería pre-
ferible que la devolución (que es uno de los pasos finales del proceso)
la llevara a cabo el propio terapeuta en la medida y en el momento que
considere adecuados, y solamente podría hacerlo el profesional
(|ue ha hecho el psicodiagnóstico si aquél lo considera más conve-
niente, explicitando la razón. El informe que enviemos a ese profe-
sional cobra especial relevancia porque allídcbc cslarcontcnida toda
la información que necesita. Debemos entonces hacerlo con especial
(lc(licac¡(')n [)ara p<)dcrcum()lirc()n la finalidad para lacualcl estudio
se lia realizado.
35
Si no hemos logrado cubrir nuestros objetivos, será menester conlinuar con otra entrevista más. Esto
Si no hemos logrado cubrir nuestros objetivos, será menester
conlinuar con otra entrevista más. Esto sucede a menudo con los
padres de un niño , ya que cinevicnla minutos p\iciien ser escasos p;ira
toda esa labor. Entonces podemos prolongarla o hacer m;ís de una
entrevista inicial.
Si el nivel de ansiedad (¡icrsecutoria, depresiva o coníusional) lie
los padres es tal que resulta difícil mantener un clima lipliino resulta
aconsejable citarlos nucv;nnentc, porque por lo general en la segunda
entrevista están más tranquilos, menos tensos, menos ~ahrxlcfctv-
siva,más repuestos o mejor ubicados.
En caso contrario, el panorama es poco alentador y habría que
pensar que la terapia individua l del hij o cxclusivamcni c no es lo m;is
adecuado. Deberá complementarse con orientaeicín a los padres, o
indicar terapia de la pareja, familiar, vincular, etcétera.
De todo esto concluimos que "primera entrevista" es un concciMo
rcspcclo de la primera ctaiKi diagnóstica que tiene un objetivo
específico , pero no implica ijuc debe ser
una sola ni que deben
realizarse indcfccíiblcmcntc al comienzo del proceso psicodiag-
nóstico. Por circunstancias especiales podemos recabar datos des-
pués de hacer los tesis y no al [irincipio de la consulla.
Motiv o
de
con.sulta
En la primer a entrevist a el pacienie tiebe exiioner cpié le [lasa (o sus
padres o familiares), aclarar por qué desea hacer esta consulta. El
motivo aducido es lo que llamamos motivo manifiesto, por cuanto por
lo común el o los primeros motivos que emergen en una entrevista no
son los más auténticos. No siempre es así, y a lo largo del prt)ceso se
pueden descubrir otros motivos subyacenles que son latentes y a
menudo inconscientes, de los cuales habrá que hablar lo más amplia-
mente que sea posibl e y recomendable .
A veces son solamenlc comunicados al terapeuta que va a atender a
esc paciente en el informe correspondiente, explicitando la conve-
niencia de no hablar de esto al paciente hasta que emerja en su propio
Iralamiento. Eslc es uno de los aspectos más valiosos de un
psicodiagnóslico, en tanto alerta al terapeuta a no proceder de una
maner a abrupta , o sea, no obliga r al pacient e a hacer insighi fuera de
¡iniinp,.
Por otra parte , tambié n adviert e al terapeuta acerca de qué
M^
tipo de conflictos puede encontrar a lo largo de la terapia de un paciente que.
tipo de conflictos puede encontrar a lo largo de la terapia de un
paciente que. quizás, ha pedido Irntamicnlo por un motivo mucho
menos Irascciuicnle del que advertimos en lo más profundo.
r.l sínlonuí
Llamaremos provisoriamente "síntoma" aquello que el consultante
trac como motivo manifiesto de la consulta.
A medida que se desarrolla la primera entrcvisl;! podremos adver-
tir si se trata realmente de un síntoma desde el punió de vista clínico
o no. o si cncuhre otros. Lo más común es que e! motivo latente no
aflore al principio porque, generalmente, angustia mucho y perma-
nece en el inconsciente.
Cuando el jiiotivo manifiesto nos parece denu, iado triviaj^como
para justificar lifconsulia es ciíando con riKiytii'scgüFídacTsospecha-
nios la presencia de un motivo latente de ma or envergadura y
deberemos prolongar la entrevista inicial o real ;r otra hasta tener
más claro el panorama. Dentro de lo posible dcb mos acercarnos al
motivo latente o "síntoma ' real de la consulta, sobre todo teniendo
en cucnia que deberemos retomar desde allí el diá'ogocn la entrevis-
ta final.
.Supongamos ipic una mujer de treinta aHos t nsulta porque está
muy deprimida y se siente muy sola. Ciertas preguntas acerca de su
forma de vida, sus amistades, sus experiencias amorosas, nos irán
llevando hacia la hipótesis de una homoscxuaL Jad descompensada
por el abandono de su pareja. El verdadero proíicma es la homose-
xualidad. Habrá que ver hasta que punto la p;; ¡ente acepta hablar
francamente de esto o prefiere detenernos en el ;:rnbral del problema
para que la ayudemos a ser una homosexual fciiz.
Para hablar de síntoma debemos tomar en cuenta la etapa del
desarrollo en que se encuentra la persona que consulta.
Anna Frcud,' en su trabajo titulado Neurosis y Sintomalología en
líi //;/íJ/jr;(7 clasifica, los motivos de consulta comenzando con las
reacciones absolutamente apropiadas a la edad cronológica, conti-
nuando con conductas reaclivas a conductas inadecuadas de los
.A
Ircui.! .
,Vrííffiu. \
\
^inín>^\.Uolo^íií
en
la
infaruin.
•'
:no«;
Aircí .
í*aidó^ .
1977 .
37
padres, siguiendo con.crisis evolutivas y regresiones al servicio del "clcsarroUo, detenciones del desarrollo, para
padres, siguiendo con.crisis evolutivas y regresiones al servicio del
"clcsarroUo, detenciones del desarrollo, para luego llegar a las neuro-
sis, psicosis, etcétera. Esto es importante porque a veces la consulta
culmina con una breve orienlación a los padres sin necesidad de
tratamiento para el hijo.
Otro elemento a tomar en cuenta es por qué ese símoma preocupa
;i| pacicnlc_o.a los padres, o a ambos, o bien que sinionuuología
preocupa a cada uno de los interesados en la consulla. Puede ser que
a la maestra le preocupe la mala conducta, que a la madre no le
preocupa y en cambio sí el hecho de que sea dcsprolijo. Al padre no
le gusta que si lo agreden no sepa defenderse. La maestra dice que
molesta a los demás sin mostrar su agresión; es el inductor de
reacciones agresivas en otros chicos. El niño en cuestión puede venir
preocupado porque tiene pesadillas.
Así tendríamos jJistinlos motivos de consulta manifiestos en un
mismo caso. La sintomalología descrita por cada uno de los inlcrc-
"sados en el proceso de estudio psicológico puede diferir notablemen-
te, pero la contradicción es sólo aparente. En tal caso, digamos que
a cada parte interesada le preocupa un aspecto de la problemática
que a menos que se deba a proyecciones personales de cada uno de los
interesados, puede ser la descripción de una faceta de los coiifliclos
del niño.
Es probable que cada uno haya observado con n\ás dctciumicnlo
aquel aspecto de la conducta del sujeto que más coincide con la cjuc
le resulta conflictiva para sí mismo. Entonces enire la maesira. los
padres y el niño Icndríainos la (lcscrii)ci(')ii de una conduela en
realidad no conlradicioria sino coherente. Sería larca luicslia inte-
grar estas imágenes cu una sola personalidad, discriminar lo que
realmente le pasa a ese niño de las proyecciones de los demás y
decidir el orden de relevancia de lan frondosa siniomaiología.
Otra pregunta a formularnos cs,por qué el simonía preocupa ahor.i
en casos en que lia/sinlomatologíaque puede tener bástanle aniigile-
dad. Por ejemplo enuresis desde siempre en un niño de ocho o nueve
años, lies que datan de dos o tres ailos atrás, o problemas crónicos de
aprendizaje en un niño que ya está en lercer grado y ha re[)eiido
varias veces. Cuanto más tiempo haya iranscurrido desde que apare-
ció la sintomalología hasta el momento en que se concrcla la
consulla, más podemos sospechar que hay otro motivo latente que ha
sido al desencadenante para realizar la consulta. Seguramente hasta
ahora han negado la seriedad del problema, pero algo ha ocurrido que
les ha hecho tomar la decisión de consultar. Es probable ciuc resultara
38
egosintónico para la familia, pero que algo ha determinado laruptyi de esc "equilibrio". Por ejemplo
egosintónico para la familia, pero que algo ha determinado laruptyi
de esc "equilibrio". Por ejemplo que ahora el niño ha empezada
robar o se niega a comer o que a los 10 años vuelve a chuparse*
pulgar.
Fantasías de enfermedad
y curación
Otro concepto importante a tomar en consideración, desde el pulj
d e vist a
teórico , e s qu e en una consult a dond e
el interesad o del
plantear su preocupación, el motivo por el cual consulta, lo que
considera el síntoma preocupante, hay implícita una fantasía i
enfermedad y de curación que guarda estrecha relación conel moVr
latente de consulta.
Hay una fantasía de enfermedad en cada uno de los padres, en
paciente y en el profesional que está escuchando lo que le relata
Estas fantasías no siempre coinciden. Así a veces para la madre tO(
la
patología del hijo se debe a que ella ha sido dcmasiadcL&íandat
la
educación del niño desde el comienzo. El padre puede pensar
mismo y decirnos que en realidad para 61 todo se va a arreglarcuant
el niño tenga más ex|)cricncia en la calle o a medida quc.crezc
porque todo puede corregirse con la experiencia exclusivamente;
decir, que la vida le enseña a uno cómo corregir los problemas,
niño puede tener a su ve/, la fantasía de que su problema sea incurab
y tiene mucho miedo de no poder ser ayudado. Delectar esto
im|)ortanle i)or{|iie nos informa que las resistencias son múltiples. I
fantasía de curación en la madre es el rigor impuesto desde afuera
deja escaso margen a la reparación del daño en lanío el acento es
puesto en un pasado que no puede modificarse. ¿Qué puede hab
detrás de esta actitud? Podría ser algo sí: "Yo soy con mi hijo con
mi madre fue con migo". La fantasía del papá es que el hombre se hai
a golpes, descarta la posibilidad de ayudar al hijo y, más aú
descalifica toda intervención reparadora. La fantasía del niño acen
de
que lo que tiene es algo incurable y puede haber surgido en su ho
de
juego.
Supongamos que dice que no puede jugar porque nc.hay^jUloqi
él
desea, que lo que tiene delante no le sirve, y que finalmente op
por romper algo que ni el ni el psicólogo pueden arreglar, por ejcmp
un lápiz. Está transmitiendo su drama de no poder aprovechar lo q\
licnc de posilivo ni la ayuda que se le ofrece, y quedar a merced de
licnc de posilivo ni la ayuda que se le ofrece, y quedar a merced de
circunslancias lan adversas sin recursos rcparalorios.
Todo eslo aleñará al terapeuta respecto del encuadre de su larca
y a ser muy cauteloso cu la entrevista final para ayudar a los- padres
a-que replanteen su conccpcicHi de la vida, la enfermedad y la
curación.
Es probable que la madre recono/ca que no es justo hacer lo mismo
que hicieron con ella y que clj).ajJj"C^Vílcscubra" su r¡v;djdad
frenlc_a
esc hijo por quien su mujer está la/i preocupada y que eslo se
relaciona con su sentimiento de quedar des()la/atio (arreglarse solo)
por un hermanito menor asmfilico que atraía toda la alencicHi mater-
na. Trabajando sobre ello probablemente podremos modificar sus
fantasías respecto de la necesidad de ayuda y de qué índole. La fan-
tasía subyacente en este caso sería la necesidad de los padies de
revisar viejas cuentas con sus respectivas familias de la infancia [)ara
percibir más correctamente lo que le sucede al hijo. A partir de esta
perspectiva cl psicólogo puede descubrir que. lejos de ser imposible
ayudarlos, hay un dramático pedido de ayuda por parte de los tres.
Lp-fantasía de enfermedad y curación es un concepto desarrollado
desde el punto de vista teórico por Arminda Abcrastury-. Ella lo
señala como algo muy importante a lomar en cuenta en la primera
hora de juego diagnóstica.
Desde esta perspectiva recomendamos incluir y correlacionar:
• En niños pcqueílos: boras de juego, dibujo libre, respuestas a las
láminas del Rorschach, si ya habla, y a la N" 9 del CAT.
• En niños mayores de diez años, adolescentes y adultos: entrevista
proyccliva, dibujo libre, el Test de Ríuschach y las catcxias del
Desiderativ o (especialment e l-t-y 1-) y lámina s 1, ."^ y blanc a del Test
de Phillipson.
La hipótesis propuesta es que hallaremos resultados coincidcnles
(recurrentes o convergentes).
Madeleine Barangcr' enfati/.ó cl concepto de fantasía de análisis
que se va desarrollando a lo largo del tratamiento. Este conce|)to es
importante porque habla de la fantasía de enfermedad con un núcleo
cnquislado con el cual la persona m;intieiic un determinado tipo de
^Arniintl.! At^craslury, Teoría
y íccnira
del
pMríHináli.\ix
Je
niño.-!,
l^lidós
^M .
Barangcr .
ob>.
cit .
40
relación; es algo que está allí, dentro de uno: es algo distinto de uno tnismo:
relación; es algo que está allí, dentro de uno: es algo distinto de uno
tnismo: es algo que se siente como cgodistónico (de lo contrario
no es fantasía de enfermedad) y que ejerce una enorme influencia
ncgaiivii sobre uno mismo {self) y con el cual hay un determinado tipo
de vínculo. Esto es io que se va niodificaiuld ! medida que progresa
el irataniicnto |isicoanalíi ico íiasta llegar al j Mito en que esa especie
(le niiclco enquislado deja de serlo. Se transforma en el punto central
del análisis, pero, aunque se suavice y pierda peligrosidad, siempre
quedará un resto irreductible al anáfisis^^rigonsí como un punto
ciego), con el cualmantendremos relaciones más permeables y
niailuras. Es decir que ese núcleo se tornará cada vez menos patoló-
gico en sí mismo, en el víi\culo que el self mantiene con 61 y en los
efectos (de su presencia y de esc vínculo) en el resto de la persona-
lidad. Es muy importante estudiar el male lal de los tests, y las
entrevistas, tratando de hallar estas fantasía Por ejemplo, el dibujo
libre, el Cuestionario Dcsidcrativo y tambi •\ las láminas I. V. VI,
XII y blanca del Test de Pliillipson. Más adelante al dedicarnos al
estudio de cada uno de los tests intentaremos hacerlo sobre base de
ejemplos.
Es importante que durante la primera cntrcvis\a, adcmáSLdc
ex[)liciiar el sínloina que Irac el pacicnic y $••$ fanla.sías de cnfcrrne-
dad
y curación, tratemos de obtener una his,orKí_o novelajanriilj^.
Los
datos cronológicos exactos son importantes, pero más aún Ío es
la vcrsitin que los padres o el paciente traen acerca.de esa historia.
fisto significa rastrear la historia del síntoma alrededor de la cual
se va enlretejiendo la historia del sujeto y su familia. Así, por
ejemplo, al rclalar que el hijo siempre moj !a cama y que entonces
los padres lo llevaban a la suya para cvitai iolcslias en horas de la
noche, [lodcmos indagar en qué medida re; rcutió esto en la pareja.
1'oi.lía funcionar como una interferencia par sus relaciones sexuales
o. por el contrario, en una presencia anhcl; A para llenar un vacío en
la pareja o para eximir a la madre de lencr relaciones, o para tapar
la impotencia sexual del papá. Esto explicaría que no consultaran
antes y que sólo io hicieran ahora que el hijo está en edad de ir de
campamento o a dormir en casa de amigos y tiene vergüenza de que
se descubra su problema. La vergüenza del niño sería el motivo
manifiesto de la consulla. Subyacentemente existe otro: la angustia
de la [lareja que no podrá ya negar sus conflictos y que debe asumir
que el niño está pidiendo que lo dejen crecer y seguir su propio
rumbo.
El o los síntomas traídos con motivo de consulla deben ubicarse
dentro de un contexto evolutivo para que no resulten sobrcdimen- sionado y para prever su
dentro de un contexto evolutivo para que no resulten sobrcdimen-
sionado y para prever su remisión con o sin terapia mediante.
El síntoma presenta:
l¡Un aspecto fenomenológico.
Por ejemplo, el miedo a la oscuri-
dad: el niíío evita ir a habitaciones oscuras y pide dormir con luz.
^X^n
aspecto dinámico. Muestra y oculta a la vez un deseo inconsciente
que entra en oposición con una prohibición superyoica. El yo se siente
entonces ante un conflicto que resuelve parcialmente evitando fóbicamcntc
la situación angustiante. El deseo inconsciente es el de espiar a los padres
en su escena primaria, acaparar a la mamá y alejar al papá. El supcryó lo
prohibe. Surge la fobiacomo enfermedad y como solución transaccional. El
niño no satisface su deseo (que en el fondo es un deseo cdípico que provoca
angustia de castración proyectada en la oscuridad) y paga un precio por él:
vive angustiado, no duerme tranquilo, está sometido a auiorrestriccioncs y
a las burlas de los otros.
' Pero en todo síntoma hay un ¿e/ic/írio secundario: a través de sus
miedos exige luz y compaiíía, que pueden funcionar como interferencia
para la intimidad de los padres.
("ZpNEstc análisis, realizado a nivel individual, debe extenderse a nivel
familiar. El síntoma está expresando algo (algo no dicho, diría M. Mannoni)''
gcntro del contexto familiar. Supongamos que la fohia de este niño .se lia
constituido en una época en que el papá debía viajar constaMlcinenle
dejándolo solo con la mamá. La aparición de la fohia a la oscuridad se
explicaría por la inccntivación del deseo cdípico del niño, la percepción de
la deprivación sexual de la madre y la facilitación paterna (por sus au.scncias)
a la realización de su deseo inconsciente. La angustia de castración se
inlcnsinca y surge la fobia. En oü"os ca.sos el motivo de consulla es el apego
de una niña de ocho o nueve afíos a su madre. Pero observamos en la
entrevista familiar que el papá no se ocupa para nada de el la ni de su cspo.sa,
que los hermanos varones hacen "rancho aparte" y que las mujeres no tienen
más salida que aliarse entre ellas.
Esteenfoquedel síntoma dentro del contexto de la situación familiar hace
que en algunos ca.sos se opte por una terapia vincular o familiar o, por lo
menos, por una orientación psicológica a los padres, paralela al tratamiento
individual del hijo para que supere su problema.
'Maud Mannoni. L'enfant,
sa "malaJie"
et les aiiircs.
París, Senil, l'>67.
42
5. Todo síntoma implica el fracaso o ruptura del equijil)nQ_pr£yÍQ erttrc las series complementarias. Siempre
5. Todo síntoma implica el fracaso o ruptura del equijil)nQ_pr£yÍQ
erttrc las series complementarias. Siempre es útil recordar este
conocido esquema freudiano:
I
Herencia
Historia previa
Situación
conflicto
+
real o fanta-
seada
descnca-
interno
denanle
ciMiililucion
angustia
ft
defensas
•a
neurosis
-0.
síntoma
En El niño, su enfermedad y los olios, M. Mannoni dice:
El síntoma, como nos lo ha mostrado Freud, incluye siempre el sujeto
y el otro. |
)
El síntoma está en lugar de una palabra que falla.
[
]
El síntoma viene como máscara o palabra disfrazada. La madre, en esc
síntoma, es participante. 1
otro y para un otro.
]
El síntoma se desarrolla pues con un
En el segundo capítulo de esa obra, dice:
Concluyamos: los padres están siempre implicados de una cierta
manera en el síntoma aportado por el niño. Esto no debe ser perdido
de vista, porque locamos los resortes mismos de la resistencia: el
anhelo inconsciente de que "nada cambie" debe ser a veces hallado en
los padres paló¡>enos. El niíio pudo así responder por el deseo de "que
nada se mueva" perpetuando su síntoma para esconder sus fantasías
de destrucción relativas a su madre. |
|
Enelanálisisdeuna neurosis
nosotros i\os referimos igualmente a un discurso colectivo que apare-
ce en la palabra del niño. El nos torna presente la sombra de los pa-
dres, inclusive si en lo real no queremos referirnos a ellos. Sólo la
distinción introducida por Lacan entre el deseo, la demanda y la ne-
cesidad, así coino la introducción del registro de lo imaginario, lo rea!
y lo simbólico, permiten siiuar la noción de transferencia a un nivel
desde el cual uno puede ayudar al sujeto a develar un sentido en eso
que sus demandas ponen en juego
Anles de que un análisis comien-
ce, los intücíos de ¡runsferencia pueden ya hallarse presentes y,
por consiguiente, el análisis no hace más que reemplazar lo que ha
sido previsto por él en la fanlasniática fundamental del sujeto; la
partida está jugada, en algún sentido, desde el comienzo
La cucs-
43
lión es llegar a sacar a! niño de un cierto juego de engaños que trae
lión es llegar a sacar a! niño de un cierto juego
de engaños que trae
con la complicidad de los padres. Esto no puede hacerse a menos que
comprendamos que el discurso es un discurso colectivo: la experien
cia de la transferencia se liace entre el aiuiüsla, el niño y los ¡ladve-.;
El niño no es una entidad en sí. Nosolros lo adordaiiios desde el
comienzo a través de la re|)reseiilacióii que de O! liene el atlullo.
[Subrayado mío).
"Creo Oportuno incluir c.sl;n:xlciisa cila de Mantioni, pues lo que
ella dice a propósito de la psicoterapia puede aplicarse pericctamciite
al proceso psicodiagnóslico.
Efectivamente, antes de que comience, ya podemos hallar los
indicios de esas transferencias cru/.adas y complicadas que ella
describe. La vía a través de la cual nos llega la consulta, la vo/ que
nos llega a través del telefono, el modo de hablar, etc., ya suscitan en
nosolros cierta reacción que liene que ver con la relacicui transfcrcn-
cia-conlratransfercncia. A la primera enlrevisla los padres, el ado-
lescente, el nii'io o el adulto, cada uno llega con una ex|)ectaliva,
porque íambicn la vía a Iravc.s de la cual les llcg(') iiuoslro tionibrc, el
tono de nuestra voz, el modo de hablarles, etc., ha ya suscitado algo
que tiene que ver cori la transferencia. Desde el esquema rcfcrcncial
no se puede hablar de la transferencia sino de las iransfcrcncias. Tan
cierto es esto que a veces hemos escuchado el comentario de que lodo
anduvo bien y que la jovcncila estaba muy entusiasmada en comcn/ar
el tratamiento sugerido luego del psicodiagnóslico. pero ()uc tic
repente, antes de la primera sesión, los padres llamaron diciendo que
por el momento no iban a comenzarlo. Es decir, que la relación
Iransferencial de la niiTa puede haber sido positiva pero no así la de
los padres que preferían que por ahora "nuda c.inibiara". Claro esl;i
que podemos pensar que la joven estaba tan bien i)rcdispucsta ¡lortpie
de todas maneras sabía inconscientcmcnlc que los patlres no acepta-
rían, de modo que la suya haya sido una salida elegante.
Si bien no en todos los casos es tan claro entender el síntoma como
una palabra no dicha por los padres, hay algunos en los que esto es
muy cierto y por eso es que en el trabajo diagnóstico debemos estar
abiertos a lodos los enfoques teóricos seriamente desarrollados, pues
cada caso nos resulla más inteligible si lo enfocamos desde determi-
nada teoría.
Si el llamado lo hacen los padres de un niiTo, c! primer contacto
será con ellos. En el caso de ade)lescenles tempranos es diferente. A
veces es el mismo adolescente quien llama, y enlonces las primeras
enlrcvistns se realizan con c!. S(Jlo a posicriori, gcncralmcnic anics
44
de decidir si va a ser necesario o no un Irnlamicnlo y de qué naturaleza,
de decidir si va a ser necesario o no un Irnlamicnlo y de qué
naturaleza, será imprescindible incluir la entrcvisla con los padres,
no sólo para lomar esa decisión, sino también para recabar datos de
la historia del paciente.
Es diferente el caso de! adolescente tardío, pücs probablemente ya
tiene independencia económica y mayoría de cciad como para poder
afrontar la responsabilidad de un contrato terapéutico por sí mismo.
La opinión de los padres puede aún influir pero no tanto. Quizá ya no
influya. Pero Iralándosc dcntños y adolesccnlcs tempranos es-im-
prescindible contar con la presencia y la colaboración de los padres.
Con psicólicos puede ocurrir lo mismo, y aclualmenle no se
rcclia/.a la [jrcsencia de familiares que los acompañan a las cnlrcvis-
las. Por el contrario, se parte de la base de la necesidad de una inves-
tigación en el nivel del contexto familiar.
En general, el paciente psicólico no consulta a un psicólogo sino
a un medico psiquiatra y éste, a su vez, solicita el estudio y decide la
posibilidad de internarlo, medicarlo o trabajare?, "usiva o complemen-
tariamente con psicoterapia.
No se trata de que un psicólogo no pueda atender a un psicótico
niño, adolescente o adulto; es una cuestión práctica: tratándose de
pacientes adultos psicóticos la consulta la inicia un familiar que se
dirige m:is a menudo a un psiquiatra, o lo lleva a una institución a tal
efecto.
Hsia primera loma de contacto así iniciada nos da una imagen de
los padres del j)acicnle, o del paciente mismo, según cómo nos lo han
remitido, por cjuc motivo y según las modalidades de su primera
vinculación con nosotros. Así, por ejemplo, respetar el horario que
le hemos dado, llamarnos en el momento c¡ que han prometido
Ihunar, o en que le hemos pedido que llamen implica desde el co-
micn/.o una actitud de respeto al profesional, .a s citas canceladas a
repetición no hablan en favor del paciente o des que consulta, puesto
que la acdlud evidentemente es bastante fóbic.i. No sólo los fóbicos
pueden (cncr este comportamiento; también puede ser psicopático o
hasta podría llegar a ser una actitud inconscic: ;c de preservación, si
el [i.icicnle prevé que iniciar una consulta va a ser sumamente
movilizante y quizá desestrucluranle. De manera que al profesional
le quedaría la duda de si la consulla no se concretó porque el paciente
proyectij en él lo temido y evitó encontrarse con el (o sea que es una
conducta fóbico-cviíativa), si canceló la enirevisla porque por el
momento prefiere mantener el .uatti quo y no movilizar nada o si,
finalmente, se trata de una conduela psicopática en la que dejar
45
esperando es la tarjeta de presentación del paciente. Indudablemen- te, la respuesta se halla muchas
esperando es la tarjeta de presentación del paciente. Indudablemen-
te, la respuesta se halla muchas veces en el tipo de contralransfercncia
que moviliza en nosotros. Así, al fóbico se lo nota inseguro, temero-
so, quizás habla de una manera peculiar y se muestra más bien
dependiente. Inspira deseos de tranquilizarlo. El psicópata moviliza
sentimientos agresivos o al menos de impaciencia; generalmente son
casos que no avisan con la debida antelación y esc "dejar esperando"
provoca rechazo y una actitud en contra de atenderlo si vuelve a
llamar. En el tercer caso, el de los que llamaremos prcpsicóiicos, no
se da esto sino más bien una reacción de espera paciente hasta que
llegue el momento apropiado para concretar la consulta.
Relataré a continuación un caso en que el diagnóstico se basó en
lo que el paciente no pudo hacer. Se trataba de una pareja que
consultó por la única hija que tenían, de alrededor de doce años. Esa
niña padecía seriamente por la problemática de su desarrollo sexual.
Aún no había tenido su menstruación, pero era inminente. Las
reacciones de celos por parte de esta niña hacia el papá eran
tremendas y similares a las que, en lodo caso, hubiese podido tener
una esposa. Esta jovencita se negó terminantemente a entrar. A
posteriori intentaron traerla entre los dos, el padre y la madre. Al
principio no pudieron. Finalmente, el padre se impuso con más
firmeza y la entraron prácticamente a la fuerza. Se acomotló en un
rincón no dándome la cara en ningún momento. De espaldas a mí
estuvo descascarando la pared y paleando el zócalo. Lo que describo
com o proces o diagnóstic o es atípic o per o no excepcional
.
desde el comienzo una actitud Iransfcrcncial negativa masiva de la
niña conmigo al mismo tiempo que una actitud manejadora de ella
hacia los padres. También se notaba la falta de continencia que tenía
esta niña en su mamá y la necesidad del padre de icncr que intervenir
constantemente para poner un poco de límites entre madre e hija.
.Se instal ó
No tuve ningún contacto a solas con la niña, cuya cara no pude ver.
Pero estas dos entrevistas (la primera, en la que no entró, y la segunda
en la que entró a la fuerza por presión de los padres, especialmenlc
del papá, y quedó en silencio) fueron elocuentes. No lengo la menor
duda de que escuchaba todo lo que se dijo aunque lo negaba con la
cabeza y se tapaba los oídos. Decidí transformar esia entrevista en
diagnóstica y verbalizar mis conclusiones a modo de ilcvolución.
Inlentaba así aliviar la culpa de la niña, de tipo persecutt)rio, que
traería aparejado el hecho de no poder recibir ninguna información
y haberse ido en pleno triunfo maníaco. En segundo lérmino quise
46
evitar la sensación del fracaso mío y de sus padres. Le dije a la niña
evitar la sensación del fracaso mío y de sus padres. Le dije a la niña
que en situaciones comunes acostumbraba a tener una entrevista a
solas, para ver que podía hacer con un material que le hubiera
ofrecido, observar sus dibujos realizados con determinadas consig-
nas o csciicliar sus lii.slorias ante algunas láminas, pero que así como
estaban las cosas era imposible trabajar de esa manera con ella, de
modo que me limitaría a sacar conclusiones de lo que sí había podido
observar. Le dije que ¡lensaba que ella debía estar muy asustada por
cosas terribles, cosas que prefería no mirar (no dar la cara), que
seguramente estaban relacionadas con sentirse sumamente culpable
y tener miedo a cpie la quisieran meter en una cámara de tortura. Que
a mí no me quería mirar porque ella pensaba que yo debía ser la
torturadora cruel y sádica; que de esa situación papá y mamá no
podían ayudarla a salir, y que era imprescindible que alguien la
ayudase, pero no yo sino otra psicóloga. Que yo quedaba con el rótulo
de "la mala" y que seguramente esto era necesario porque así hubiese
sucedido con cuakiuiera otra psicóloga que hubiese visto primero. De
manera que aconsejaba consultar a otra profesional a quien ella vería
menos mala, más buena y seguramente se animaría a entrar y pedirle
que la ayudase. Así sucedió. Efectivamente pudo comenzar un
tratamiento sin tantas resistencias y evolucionó favorablemente
hasta ser dada ser dada de alta.
Ohjelivos y requisitos de la primera
entrevista
En el caso de ser la primera consulta que los padres (o el paciente
ailulto) hacen, la primera entrevista es el primer paso del proceso
l)sicodiagnóslico y debe reunir ciertos requisitos para cubrir sus
ohjelivos, tales ci)mo: al principio ser muy libre, no dirigida, lanío
como para poder investigar el rol que desempeña cada uno de los
padres, entre ellos y con nosotros; el rol que cada uno parece
dcscmiieñar con el hijo, la fantasía que cada uno aporta acerca del
niño, la fantasía de enfermedad y curación que cada uno tiene, la
distancia entre el nuMivo manifiesto y latente de la consulta, el grado
de colaboración o de resistencia con el profesional, etcétera. Para
esto tomaremos en cuenta tanto elementos verbales como no verbales
do la cnlrcvisia. el comporlamicnlo gcsiual de los padres, sus lapsus,
sus acciones, por ejcmiilo, ir al baño, olvidar algo al irse, aferrarse
47
lodo el tiempo a una cartera o a un portafolio, hacer comentarios acerca del consultorio
lodo el tiempo a una cartera o a un portafolio, hacer comentarios
acerca del consultorio (agradables o desagradables) o acerca de
nosotros como profesionales, quejarse de algo (aunque parc/.ca just i-
íicablc puedo estar encubriendo una queja de olra índole), ilcseii-
conlrarsc la pareja al llegar a la primera entrevista, equivocarse en
el horario, traer una lista de datos obsesivamente detallados por
escrito, mirar el lecho lodo el tiempo, pedir rápidamente un consejo.
<;tcclcra.
Contratransfcrcncialmcntc deberemos auscultar de manera cons-
tante lo que sentimos y lo que hemos asociado a medida que ellos nos
han ido contando su versión de lo que sucede. Así quedaremos con
una imagen acerca de ese hijo, la imagen que ellos han transmitido,
cada uno la suya, y la que nos queda a nosolro.s. que no siempre es el
fiel reflejo de lo que los padres nos han Iralado de inducir.
Cuando conozcamos al hijo, en el paso siguiente tlcl proceso, ya
podremos cotejar esta imagen que quedó de el con la que realmente
recibimos.
Dije más arriba que el primer re(|uisilo de la cnirevi.sta proycciiv.i
es que sea libre. Un segundo requisito es que en otro monienlo,
cuando sea apropiado, según cómo lo juzgue el prolcsiimal que csi:i
haciendo ci trabajo, sea lo bastante dirigida como para poder confec-
cionar una historia clínica complela del paciente. Hay que preguntar
datos", hay que recabar información exhaustiva acerca de la hisloria
del síntoma; también bay que dejar establecido un conlralo i)ara esla
etapa de trabajo diagnóstico. Por ejemplo, cuántas cntrcvislas se van
a hacer, quiénes deberán concurrir, en que horario, que consigna se
dará al hijo, cuáles son los honorarios, cuál es el objetivo de lodo este
estudio, en que lo vamos a centrar, cuál es el motivo más profuntlo,
que destino va a tener la información que obtengamos (si la Iransmi-
tiremos a ellos y al niño o, además, al pediatra, a la maestra, a un
juez, etcétera).
Es importante detectar en la primera entrevista, sea con los pa-
dres, con el niño, con el adolescente o con el adulto que llegan por
primera vez, el nivel de angustia, el nivel de preocupación que
les provoca lo que les está pasando. Es necesario y saludable que se
produzca en determinado momento de la entrevista, cuando el pa-
ciente o sus padres lomen insií;hl de que lo que ocurre es triste,
despierta preocupación o asusta, notar que surja en ellos algún
indicio de tales scnlimicnios, puesto que de olra manera puede
predominar un clima de negación parcial de la verdadera imporlan-
48
cia del conflicto, o un clinia maníaco do negación lolal y proyección, como cuando lodo
cia del conflicto, o un clinia maníaco do negación lolal y proyección,
como cuando lodo parece ser preocupación de la macsira o del
pctlialra. pero no de los padres.
Este pumo no licnc nada de original, pero ¡lo puedo dejar de
incluirlo thula su impiirtancia clínica. En un proceso psicodiagnóslico
lo fundamenlal es trabajar con un nivel de ansiedad instrumental o
sea saludable. Esto es imporlanl c porque el nive l de ansiedad y el
TnoxltrconHTsc tas arregla d paciente, k)S padres o los familiares , para
contenerla o inancjarla.es un dato diagnóstico y pronóstico muy
significativo.
No es lo misino que los padres del niño entren en una crisis de
angustia de la cual nosotros difícilmente podaiT¡os sacarlos, que si
vemos (.|ue ellos mismos pueden eonlcncr la propia angustia o uno de
ambos es el continente de la angustia del otro, o reaccionan positi-
vamciile a la aclilud conlincnle del psicólogo.
Si es así. ese niño tiene un respaldo, un cof.:incnl c mucho más
(ucrte que el que ofrecen los padres negadorcs o ios que están
atravesando su projiia crisis de angustia. Cn estos casos, ellos
también deberán recibir una ayuda pertinente, porque no hay quien
rescate al grupo familiar de la siliiacióii nngusliaflc. Pero si bien h.ny
un nivel de angustia o de ansiedad que es saludable que aparezca,
también es cierto que su exacerbación es negativa, porque el paciente
cnira en una crisis de .ingiislia de la cual no piic(.'' .salir, y de ningun.i
manera podemos pensar cn administrarle ningú;. test; puede incluso
cslo ser una conducta inhumíina, absurda e iatrugcnica. A menudo
sucede ante determinada consigna, o en determinada lámina de algún
test (especialmente me ha ocurrido con alguna? láminas del test de
Pliilli¡isoii) que el paciente las asocia automálicamcnle con alguna
muerte o con algún otro acontecimiento que ha desencadenado su
confliclo. Esio es lo que el autor del Test de relaciones objétales, H.
Pliillipson, denomina "encaje" de la lámina. En esos casos se puede
¡iroducir un bloqueo lotal, una crisis de llanto o un rechazo violento,
qiii/.á con oposición a coniinuar la larca. Totlas estas reacciones
tienen importancia diagnóslica. porque nos indican cómo reacciona
el paciente cuando tocamos sus puntos más vulnerables o dolorosos.
En estos casos es probable que tengamos que suspender la larca,
escuchar lo que necesita contar, lo que ha recordado o lo que asoció,
de manera que cn esc momento tendremos una nueva etapa de
cnircvisl a abierta , a pesar de que ya estábamos CÍ¡ la fase de adminis -
tración de algún tcsl.
49
Cabe aquí hacer una recomendación. No debemos olvidar que trabajando con un enfoque psicoanalítico estamos
Cabe aquí hacer una recomendación. No debemos olvidar que
trabajando con un enfoque psicoanalítico estamos desde el comienzo
incluyendo aspectos iransferencialcs de la relación del paciente o de
ios padres con nosotros, y también (aunque no lo verbalicemos)
contratransferencialcs. Tampoco debemos olvidar que lo que se
reestructura, siguiendo la teoría de la Gestalt. es un campo en el que
cada uno de los integrantes (y nosotros estamos incluidos) va a tener
una constante movilidad dinámica, de modo tal que lo que sucederá
es algo masque la mera sumatoria de conductas individuales. Si los
padres son una pareja bien constituida sentiremos la pareja bien
unida y una distancia óptima entre ellos y nosotros. Si la pareja no
está bien unida podríamos notar que alguno de ellos quiere hacer
alianza con nosotros y dejar al otro excluido. O bien que uno de ellos
se excluye desde el comienzo, no concurriendo a la entrevista, o que
trata de ser una presencia ausente (por ejemplo, mirando al techo
lodo el tiempo), por lo cual el otro miembro de la pareja no tiene más
remedio que dirigirse a nosotros en forma permanente. También
puede suceder que no quieran venir juntos. En el caso de estar ya
separados deberemos atender esta situación, pero conviene hacer
todo lo posible para que asistan juntos a la entrevista final para co-
municarles a ambos los resultados y para que tomen una decisión
conjunta, ya que se trata do comprcnilcr lo que le pas;i al hijo y decidir
su futuro. En otros casos, la pareja ofrece una especie de frente unido
en contra del profesional. Parecen hacer la consulla no buscando su
ayuda, sino para descalificarlo reiteradamente.
Recuerdo un caso que me resultó especialmente difícil ya que la
indiferencia de los padres hacia el sufrimiento del hijo era de tal
magnitud que me resultaba extremadamente complicado mantener la
debida objetividad.
Por de pronto me hicieron todo tipo de preguntas acerca de cómo
trabaja un psicólogo, qué efectos producen sus interpretaciones,
cómo trabajo yo, etc., las cuales contesté lo más clara y cscuclamcnic
que pude. Evidentemente, a pesar de estar ambos en análisis, venían
hacia mí con una gran desconfianza que luego pudieron verbalizar
claramente: el temor de que el psicólogo se adueñara de la voluntad
del hijo y ellos perdieran su rol de padres. Quedó perfectamente claro
que no es así y si ello sucede alguna vez será porque el psicólogo se
confunde de roles y los padres no defienden los suyos. Luego pasaron
a contarme que estaban muy preocupados porque al hijo le iba mal en
el colegio. Había comenzado primer año del segundario y le iba muy
mal. Tenía un hermano mayor que era brillante y había comenzado
50
en la Universidad la misma carrera de sus padres, que tenía que ver con administración
en la Universidad la misma carrera de sus padres, que tenía que ver
con administración de empresas.
Al mismo tiempo me lo pintaban como un genio con la computadora,
que le habían prohibido utilizar como castigo por las malas notas. Me
advirtieron que hasta había hecho un programa incluyendo las
láminas del Rorschasch y que en la oficina los técnicos en computa-
ción le consultaban a él porque en un segundo liallaba la falla.
Confieso que mientras esperaba la llegada de este muchacho sentía
que no disponía de ningún test que me pudiera servir con él a quien
imaginaba "de vuelta de todo". Cuando llegó, su aspecto era el de un
pobre pibe menudo, tristón, muy suave en su conducta y con una
mirada muy cálida. El dibujo libre es un auto desvencijado, maltrecho,
de trazo inseguro y del que dice que es un coche viejo. El Rosachsch
no era "pan comido", como los padres me transmitieron y sus res-
puestas eran banales, alternando con algunas patológicas. En la
lámina blanca del Phillipson dice que ve un helicóptero que se viene
abajo porque está hecho de material que no sirve. En resumen, este
muchacho está pidiendo ayuda, se siente muy mal y su yo está muy
debilitado. Su propio pronóstico es de peligro de derrumbe.
En la entrevista de devolución comencé por los aspectos positivos
como su dulzura, su colaboración para hacer todo lo que le pedí, su
puntualidad, etc., y paulalinamenle me acerque a lo más patológico.
La madre contó como al pasar que después de un día de gran fracaso
en la escuela se acostó con lodos los muñecos de su infancia y arrulló
a su osito mientras se hamacaba. Esta regresión hasta un estado
claranicnle aulisla me liabía dado la pauta de un diagnóstico de
segura patología. A.los padres les explique que en el hijo había dos
aspectos: uno, el intelectual brillante con las computadoras; otro: el
pequeño, casi bebé, que necesitaba mucho cariño y mimos. Les dije
que si lo liacían atender ahora cslo podía arreglarse ya que se trataba
de hacer madurar sus aspectos emocionales y nivelarlos con el resto
de su personalidad. Los padres insistieron en preguntas que me
hicieron sentir como si yo les quisiera vender un aparato y ellos
quisieran conocer liasla el último detalle de su funcionamiento. No
demostraron el menor registro entocional ante lo que yo decía. Fue
de tal magnitud la insistencia en pedir garantías de que el hijo
tiucdaría perfecto, conforme al criterio de ellos, que les aclaré que yo
no me haría cargo del tratamiento que estaba recomendando para le
niño: psicoanálisis de tres veces por semana por lo menos y con una
mujer, para qucauincntarasu confianza, en mi opinión. Quedaron en
pensarlo. Me volvieron a llamar luego de un mes c insistieron en sus
51
preguntas aceren de la metodología psicoanalítica. De pronto, la madre me dice ijuc ellos pensaban
preguntas aceren de la metodología psicoanalítica. De pronto, la
madre me dice ijuc ellos pensaban que hasta que una persona no icnua
18 años no debe anali/.arse porque así es menos inlluible. IAS
compare la siluaeicíii con una cnrermcdad lugfmica y les prc<iuiué s:
no llamarían al médico hasta que sus lujos tuvieran IH años. No
respondieron. En esc momento comprendí que debía decir elaramcn-
le que se trataba de un peligro de brote cscpii/ofrénieo al eiUrar de
lleno enJa adolGScct^cia. porque sentí que no aceptarían e-Liratamien-
to pero que debían entender su responsabilidad anic los episodios
graves que se avecinaban. De todas maneras quedaron en scuuir
pensándolo. Nü luvc n)ás noticias de ellos. En lotlas las inslaneias
deberemos auscultar nuestra reacción conlratrausfercncial y a través
de ella, nielabolizada, imaginarnos el lugar que ocupa el hijo en la
pareja de los padres, según cómo nos estamos sintiendo cu esc
momento. El enfoque con que se trabaja ya desde la primera entre-
vista inicial es, de acuerdo con el modelo projnicsto, fundamenial-
mciilc psicoanalílico. En esc sentido, es muy recomendable seguir los
señalamientos que ha hecho José Bleger en su trabajo "La ciiirevisla
psicológica", aunque también deberíamos incluir a todos los autores
de orientación psicoanalítica cpie se han ocupado del lema.
La diferencia entre una cnircvisla clínica habilual y la (luc es
punió de partida de un estudio psicod¡agnóstico con tests iiroyeetivos
es que deberemos mantener un doble rol: al principio, un rol ile
abstención en cuanio a intervenir aclivamenle, iimiliinilonos más
bien a ser un observador de la siiuaciiui c|ue se va desarrollando en
el campo en el cual estamos ¡lariicipando. Trataremos de mantener-
nos en el rol de observador escucha y registrador (y a través tiel
material del paciente y de los efectos coniratrauslcreneiales). A
pn.sicrimi y paulatinamente, iremos inlcrcalamlo preguntas o Iralan-
do de dirigir el diálogo, por ejemplo,"ustedes me han hablado mucho
acerca de cómo está su hijo actualmente: que me pueden contar de
cuando era más chiqtiilo". En otros casos sucede lo contrario: los
padres se preocupan mucho por describir ciimo era de bebiio y nos
faltan datos de cómo es en la actualidad, o nos han contado algo
exclusivamcnlc en cuanto a un área de su vida y nada respecto de
(¡Iras. Entonces debemos lomar esto en cuenta y en el momenlo más
oportuno adoptaremos un rol activo, tal como intervenir, investigar
c incluso enfrentar a los pailres con sus propias coniradicciones.
carencia de recuerdos o falla de sensibilidad para registrar la serie-
dad de la siniomalología y los riesgos que el hijo corre. En la
cnircvisla con un adulto sucedería lo mismo. Técnicamente esio
52
puede hacerse en base a simples señalamientos sin entrar n hacer iiiicrprctacioncs. cosa que no
puede hacerse en base a simples señalamientos sin entrar n hacer
iiiicrprctacioncs. cosa que no es recomendable y menos en una
primera entrevista. Pero el grado de permeabilidad es muy variable.
.Mginios padres (o adolescentes o adultos) vienen quizá con mucho
í/i,\/.i,'/)í y nos pcrmiien trabajar desde el primer contado de una
manera mucho más ágil y terapéutica. No es lo usual y a veces sucede
((ido lo cnnlrario.
En esta entrevista inicial, trabajando con un ¡- ;()uema refcrencial
psicoanaiílico, rcccTiiTcirüáiños uliii/.ar el encua'i " de una entrevista
abierta proycctiva, fundamentalmente al princij :0, pero luego debe
ser dirigida para recabar todos los datos necesarios o enfrentar a los
|iadres señalándoles situaciones que hemos observado que están muy
negadas, desplazadas o disociadas.Con niños el equivalente de la
entrevista proycctiva inicial es la hora de juego diígnóslica. Tanto en
ellos como con adolescentes y adultos continuaicmos luego con los
tesis y en la mayoría de ellos tendremos que hacer iiilcrrogalorios. Lo
espcrable es que el mismo modelo se repila: al principio recogeremos
la protlueciiín cs|)oniánca del paciente y luego debemos hacer un
inlerrogalorio para es|)cciriear detalles de las respuestas (solucionar
ambigüedades o contradicciones, completar, isclarar, ele.) y eso
exige de parte nuestra una actitud abicrlamcnlc dirigida. Más aiín en
el caso del Test de Rorschach o de Phillipson en los que se hace
examen de límites, el cual consislc en poner al sujclo nnlc una
siinaei(')n concreta que el ha estado tratando de cSudir. A su vez. este
exaineii de líiniícs se li.icc con técnicas cad;i ve • m;is dirigidas hasta
que liegíin a hacerse preguntas directas. Por ejemplo, mostrándole
todas las láminas, si no ha dado ninguna respuesta de color se le
puede pedir que elija una en la que el color influye sobre lo que ve.
Si no se decide por ninguna avanzamos un paso más: le mostramos
la him i na X y le decimos: "Acá trate de ver algo n donde el color que
tiene la lámina coincida con el color de los que usted vea", y más
dirigid o aú n serí a mostrarl e po r ejempl o l a lámin a 111 y decirle :
"Mir e aquí, algunas personas ven un moño rojo, ¿ustcd lo ve?" puede
decir por ejemplo, "yo veo el moño pero quesea rojo me da lo mismo,
podría ser de otro color y lo vería igual" . Eso es diferente de que diga:
"Sí . lo vi , pero el color no me importo en absoluto; me importó más
decirle que es un moño, la forma es lo que importa más. pero sí lo
puedo ver rojo". O bien: "Ahora que usted me lo muestra sí lo veo".
Cada una de estas reacciones implica una difcrenle conclusión
diagnóstica. La correlación estaría, por ejemplo, en que la negación
de la percepción del color rectifica lo observado en la primera
53
entrevista en cuanto a falla de registro emocional de ios conflictos que ha planteado. Los
entrevista en cuanto a falla de registro emocional de ios conflictos
que ha planteado. Los que enriquecen la producciiín en el interro-
gatorio pueden ser los mismos que en la entrevista responden mejor
si los guiamos con nuestras preguntas.
Por este motivo decimos que la actitud del profesional que iiace el
estudio de la personalidad con tests proycciivos es combinada: no es
totalmente de luissez faire. ni tampoco una aclilud ahsoiiiUmientc
cerrada o rígidamente directiva. Y es bastante difícil agotar todas las
posibilidaclcs porquc~cada caso es un psicodiagnóstico único e
irrepetible, dado que, como ya dije, no puede existir un único y rígido
modelo. La actitud del psicólogo debe ser al mismo tiempo plástica,
abierta, permeable y concretamente precisa y centrada en un objetivo
que no debemos perder de vista en ningún momento. Quedarnos con
una respuesta ambigua significa no poder luego llegar a las conclu-
siones que necesitamos para realizar nuestro diagnóstico y pronós-
tico, y tomar una decisión o dar sugerencias en cuanto a la estrategia
terapéutica, y confeccionar un buen informe.
Por esta razón, si un paciente se resiste a realizar determinada
tarea, podemos cambiarla por otra equivalente, pero no omitirla.
Podemos encontrar algún test paralelo o proponerle alguna otra
actividad. Podemos incluso decidir no tomar ningún test en ese
momento, simplemente dedicar horas de juego a un niño o realizar
entrevistas con un adolescente o adulto, pero eso no quita cjue lo
intentemos más adelante en el momento en el que esté más colabo-
rador o más tranquilo.
En los casos, en que estemos haciendo algún psicodiagiuisiico
grupal, no hay una primera entrevista inicial individual o. si la hay,
es muy breve. En esos casos puede comenzarse citando al grupo para
administrarle una serie de pruebas colectivas (osea cada uno hará su
trabajo simultáneamente con los otros) o grujíales (en las cpie entre
todos van a elaborar una respuesta a un pedido nuestro). En esos
casos, la información que vamos a obtener es algo así como una
somera discriminación entre los que sí y los que no reúnen determi-
nado requisito. Supongamos que se trata de un grupo en el ijuc hay
que evaluar la capacidad de concentración de la atención, porque son
muchachos que van a ser seleccionados para una tarea laboral en la
que se requiere quesean observadores, detallistas y con capacidad de
concentración constante. Entonces atlministraremos algunos tests
que se nos ocurran que son fundamentales para poder observar cuán-
tos detalles han tomado en cuenta y durante cuánto tiempo, y cuántos
errores u omisiones ha tenido cada uno. Esto se coteja con el nivel
54
promedio de errores espcrablcs para un grupo de la edad y condición socioeuluiral de estos
promedio de errores espcrablcs para un grupo de la edad y condición
socioeuluiral de estos muchachos. Los que estén por encima de esa
cifra serán los seleccionados en el orden de méritos. Quizás allí
termine nuestra larca, a menos que haya que seguir eligiendo confor-
me a otros requisitos. Entonces, por ejemplo, entre los quince
mejores linalistas buscaremos el que se adapte mejor al grupo laboral
en el t|ue lieherá trabajar y el que exhiba mejores rasgos obsesivos en
general. Es posible que sólo entonces tengamos una entrevista con
cada uno.
En estos casos puetle sticeilcr que no se incluya el contacto
imlividual ni la relación translereneia-contr;itrausfcrcncia, o sea, el
campo dinámico que se crea en una entrevista individual. Todo esto
se excluye a expensas de lograr una información referente a un grupo
mucho más numeroso en el menor tiempo posible. Si estamos traba-
jando en escuelas, por ejemplo, es muy importante detectar patolo-
gías serias. Se puede lograren breve tiempo, proyectando las láminas
del "Z" Test t|ue es una adaptación que hizo Zulligcr dei test de
Rorschach. Esas tres láminas pueden ser proyectadas a lo sumo en
diez minutos. Cada sujeto debe responder porescrito quécs lo que ve,
díMide lo ve, [lor i|uc le parece eso. Para ello recibe un protocolo de
localizaeicin. Esto implica poder detectar patologías serias en breve
tiempo, en el sentido de que están estipuladas las respuestas norma-
les y las patológicas. Se puede hacer lo mismo con el Rorschach si no
se maneja el "7." test. El peditlo del dibujo tic una casa, un árbol y una
persona podría completar esta especie de minibalería. En la segunda
etapa de este trabajo, se citaría a los sujetos cuyo n)atcrial présenla
lo que llamamos indiciidores de conflicto o de patología. Entonces
habrá t|ue entrevistar a los padres y, realizar un estudio más minu-
cioso c individual con estos sujetos. No olvidemos (|ue el objetivo de
una investigación así es ayuílar a un gran i\ún\cro de personas
tletectaiido la patología precozmente y esta es una técnica sumamente
útil. Supongamos cjuc frente a la lámina 1 del Roschach en donde lo
común y por lo tanto lo normal estadísticamente hablando es ver un
aniuAal alado, un niño me dice que ve una calavera o un monstruo
deforme o una hoja de un árbol rota como comida por los bichos.
Estas respuestas son patológicas sin ninguna duda, y desde luego que
no se puede arriesgar un diagnóstico a partir de una respuesta, pero
esto sería algo así como un indicador, una señal de alarma. Con csie
niño ipic ha respondido así hay que hacer un estudio más profundo
e individual, para comprobar la presunción de patología y darle la
ayuda necesaria o descartarla llegado el caso, habiendo reunido más
55
malcrial proycctivo profundo y luego de haber entrevistado a los padres. Si la primera entrevista
malcrial proycctivo profundo y luego de haber entrevistado a los
padres.
Si la primera entrevista ha cumplido su cometido, finalizaremos
la misma con:
una imagen del conflicto central y sus derivados;
una historia de la vida del paciente y de la situación
desencadenante;
alguna hipótesis presuntiva acerca de! motivo profundo del
conflicto, la cual será rectificada o modificada, según el mate-
rial proycctivo de los tests y la entrevista de devolución;
una estrategia para utilizar determinados instrumentos diag-
nósticos en un determinado orden de modo tal que nos sirvan
para ratificar y ampliar nuestras hipótesis previas o para recti-
ficarlas.
55
VI. LA HORA DE .lUEdO DIAGNOSTICA INDIVIDUAL. ENFOQUE ACTUAL Y E.IEMPLOS CLÍNICOS Los psicólogos clínicos
VI. LA HORA DE .lUEdO DIAGNOSTICA INDIVIDUAL.
ENFOQUE ACTUAL Y E.IEMPLOS CLÍNICOS
Los psicólogos clínicos que trabajan con niños .saben que la primera
cnirevisla que hacemos con un adullo halla su cquivalcnic ca la
¡)rimcr;i hora de conlaclo con un niño o un ptJhcr.
Esta primera cnlrcvisla es libre, al igual q: c la que leñemos con
un adullo. sólo que el adullo habla, gencralnic; Ic.dc .sus problemas.
y si guarda silencio lo lolera mejor que el niño quien, además, no.sabe
decir más que algunas breves palabras, en c! mejor de los casos,
acerca de lo que le sucede.
En la entrevista previa que hemos Icnido con sus padres hemos
convenido que le digan por que lo traen, sin i sitara la verdad, pero
tampoco sin llegar a ser lapidarios.
Esc es el punto en el que empieza nuestro di ¡logo con ellos "Sabes
por qué te han traído tus padres?". Si responde que sí, nos da una
paula por dónde comenzar un diálogo. Si su respuesta es negativa,
significa que deberemos resumirle lo que hablamos con los padres y
lu que convinimos con ellos que le dirían. A'gunas veces los niilos
responden negativamente para comprobar si o que, efectivamente,
les han dicho sus padres, coincide con lo qu: nosotros les estamos
diciendo.
['crsonalmcnic prefiero decirles: "Bueno. : i ellos no le han dicho
nada, dccimc vos. si qucrcs que te ayude, cu que puedo ayudarle."
Algunos insisten en su: "No se". Otros, en cambio, utilizan esta
puerta abierta para entablar un diálogo que puede ser inesperada-
mente rico. Quizá nos lleveiTios la sorpresa de que el niño incluya
motivos de preocupación que sus padres no n -ncionaron. Por ejem-
plo, los padres están preocupados porque h:¡ caído en el colegio y
el nos relata su preocupación porque sus padres discuten mucho y
7.1
hablan de separarse. Este diálogo así iniciado da oportunidad para continuar la conversación hasta un
hablan de separarse. Este diálogo así iniciado da oportunidad para
continuar la conversación hasta un punto en que las palabras se
acaban, y, cuando eso sucede, debemos apelar a otros recursos, a
otras formas de lenguaje muy apropiados al nivel del niño o del
púber: el lenguaje lúdicro y gráfico.
Voy a referirme especialmente al lenguaje lúdicro para responder
a! título de este capítulo.
En la historia del psicoanálisis resultó motivo de serias conirover-
sias la legitimidad ó no de equiparar el juego del niño con la
asociación libre y los sueños del adulto. Anna Freud afirmó que no,
mientras otras psicoanalistas de niños, con Mclanie Klein a la
cabeza, sostenían que sí y cada posición daba sus razones.
Para la primera, el juego es una forma de "acting" para nada
equiparable con el sueño y con las asociaciones libres de! adulto. Para
Klein, pionera en utilizarlo como técnica psicoanalílica y en escribir
los desarrollos teóricos que avalaban tal posición, es la vía regia al
inconsciente, como los sueiios en los adultos.
Para la primera el análisis de niños difería notablemente del de los
adultos por una serie de razones. El niño carece de conciencia de
enfermedad, está aún fijado a sus objetos originales, no le proporcio-
na ningún placer, las resistencias son intensas y explicables, etc.'
Para Klein, por el contrario, el juego es el lenguaje típico del niño.
Cuando falta la palabra el juego lo expresa todo y, aunque la palabra
ya haya sido incorporada, el lenguaje lúdicro es más expresivo que
el verbal o, en todo caso, su complemento infallabic.- Afirma que no
hay más diferencia entre el análisis de adultos y el de niños cpic
algunas cuestiones técnicas como ésta de jugar e interpretar su juego
más que sus palabras.
Arminda Abcraslury desarrolló ampliamente en nuestro medio la
posición klciniana'y afirma que en la primera horade juego, que ella
por primera vez llamó hora de juego diagnóstica, el niño expresa sus
fantasías de enfermedad y curación. No siempre esto se nos hace
claro en una hora; a veces descubrir tales fantasías puede llevarnos
dos o tres; pero lo que es indudable es que están presentes. Más
adelante daré algunos ejemplos.
" Anua Frciid, NormaliJaJ y patología en
la niñez,
líiicnos AÍTL-S, l'nidós.
i')75.
^Metallic Klein, "La técnica psicoanalílica del juego: su lii^loria y su sigiiific.ido",
en Coníribuciones
al psicoanálisis,
Uuenos Aires, l'aidós, 1961.
' Aniiinda Abcraslury, Teoría y técnica en psicoanálisis Je niños, Huciios AirLi.
PaiJós. 1977.
74
Otra autora argentina, M. Baranger publicó un artículo^ en el qi agrega otro concepto: el
Otra autora argentina, M. Baranger publicó un artículo^ en el qi
agrega otro concepto: el de fantasía de análisis. De manera que en 1
O las boras de juego diagníSsticas esperamos hallar las fantasías qu
el niño nos transmite: (1) acerca de lo que le está haciendo mal; (í
acerca de lo que le liaría bien para mejorar; (3) acerca de lo que !
vamos a hacer o el quiere o teme que le hagamos.
También nos transmite su vivencia acerca de lo que le pasa en s
relación con hermanos, compañeros del colegio, con su desarrol!
físico, etcétera. Es decir, no lodo el material recogido en una horac
juego es lomado exclusivamente como expresión de fantasías incon;
cientes así como, en la actualidad, no lodo el material de un pacienl
adulto es interpretado desde y en la transferencia, aunque teng
relación con ella.
Si comparo mi propia actitud con la que observaba en una hora d
juego hace veinte o veinticinco años y ahora, noto unadifcrcnciamu
grande: no estoy esperando que aparezca lo que decía Klein
Aberasiury o Baranger. Estoy observando lo que veo. Ya no soy un
principiante y ya no estamos en la época de la idealización cas
dogmática de la teoría y técnicas kleinianas.
La escuela francesa ha brindado también sus aportes. Frangois
Dolió no utiliza el juego sino tan sólo el modelado y el dibujo.' Mau
Mannoni incorpora material de juego a la entrevista diagnóstica co
los padres en la que el niño se halla presente y cslá atenta al Juego de
niño paralelamente al diálogo con los padres.'' Otro tanto hac
Winnicoil liesde un estpicma refcrencial muy distinto, distinto tam
bien al klciiiiano.'
De manera que el crecimiento del psicoanálisis de niños y I
aparición de diversas escuelas han provocado en el profesional ui
efecto positivo: puede observar con atención más flotante, tal comí
lo recomendara Freud, para registrar el mensaje del niño, sea ést
cual fuere, sin encasillarse en que lo que aparecerá será su faniasí
de enfermedad, por ejemplo.
Otro concepto de Klein'es el deque toda hora dejuego expresa un
fantasía masliirbaloria. Ella se refiere a cpie el juego transmite algí
' M. Haran¡;cr, oh.
cil.
Mi.iiivoi.vc Oiillo. /•;/ cii.ui P,•mini,¡lie, líilil. Siylo XXI . 8.1. cJic . 1986
"Mau d Maiinoiü . Lu
puniera
ciUrcvi^tit
con
el
p:itcoíinaHsía,
Buenos
AireJ
Clranic;!,
I'H.Í.
' li.iviil VV. Winnicoil . Hi-iiluJ<iil y JIICÍ;<'. llarLcloiia. (icJisa . 1979.
" Mclanic
Klein, oh.
iil.
que cslá muy en el fundo del inconsciente del iiiil». que tiene que ver con
que cslá muy en el fundo del inconsciente del iiiil». que tiene que ver
con la escena primaria, y la naturalc/.a de esta depende del nivel de
desarrollo de las relaciones objétales en que el niño haya quedado
fijado.
Fantasía maslurbaloria significa fantasía de que entre alj!0 y al;;»
pasa algo. Si el nivel es muy primitivo , es entre
dos objetos parciales
que sádicamente tratan de chuparse, morderse, aplastarse, aniquilar-
se. Si el nivel es más evolucionado, lípico de la posicjón depresiva (y
no de la csqui/.o-paraiujide como en el ejemplo anterior) son dos
objetos completos y diferentes: mamá y papá, entre los cuales sucede
algo, uno le da o Ic hace algo al otro y viceversa pero con amor
predominantemente y no ya con el máximo sadismo de la temprana
etapa.
Supongamos que un niño de tres años llega, da vueltas el cajiín. lo
vacía, se sient:i dentro de el y desde allí nos mira con cara de
satisfacción. Podremos inferir que nos está diciendo lo contento tpic
estaría si pudiera volver a la panza de la mamá y vivir desde allí Kula
la vida, evitando, además, que aparezcan hermanilos. Lo primero
que se me ocurriri.a es preguntarle a la mamá si está embarazada. La
fantasía de enfermedad de este
niño sería "M e cnlcnnc porque me
sacaron de adentro", la fantasía de curación y análisis sería "Quiero
volver adentro, ¿me ayudas?" y la escena [)rimaria o masturbatoria
sería la de padres en copulaciiin constante, de inoilo que la única
manera de evitar la aiKirici(')n de hcrmanitos sería estar adentro
controlando todo lo que sucede y tratando de impedir la fecundación.
Si en una segunda hora de juego este niño choca dos aulilos
reiteradamente, luego mira atentamente la parte de abajo o de
adentro de cada uno. los llena de plastilina para luego sacársela con
un cuchillo o espátula y finalmente corre al baño a lavarse las manos,
estaría totalmente segura de mis hipótesis de la primera hora. Ahora
se añade la presencia de defensas obsesivas (lavarse) como conqile-
mcnlo de lo que ya había observado antes, lo cual significa que no es
tan fácil ocupar la posición de la primera hora, pues hay que cargar
con culpas que trata de cvil;ir con rituales obsesivos (si los lavados
se repiten a cada rato) lo que pueden ser el motivo de la consulta.
Pongamos otro ejemplo. Es una niña de cinco años que entra, mira
el cajón de juego , no lo loca, se aleja lo más que puede y se ubica
debajo del diván tapándose la cara con los almohadones, pero
dejando un intersticio por el cual me espía. Puedo pensar que el cajón
es la panza de man>á llena de cosas que asustan y que ella debe irse
lo más lejos posible para no recibir los efectos de lo que allí ocurre.
76
pero no lanío (si no. hubiera pedido irse) como para no poder espiar lo que
pero no lanío (si no. hubiera pedido irse) como para no poder espiar
lo que sucede. La escena primaria es sádica, porque su cara es de
susto y porque no puede jugar; la fantasía es que está sucediendo algo
|)c!igroso y sanguinario, por eso hay que alejarse, y la fantasía de
análisis es (|ue yo también puedo ser así de sanguinaria y debe
alejarse, protegerse y espiarme. Por supuesto ha proyectado dentro
del cajón y en mí lo que ella tiene dentro, y esa madre sádica también
es el resultado de sus ataques sádicos a la manní. que tuvo un bebé tan
pronto (ahora licñc"lrcs años y medio) por lo cu,! esconderse también
es una medida de protección, porque ella es la culpable y me espía
porque la puedo castigar, no porque yo sea sádica sino porque ella ha
cometido un crimen y merece que alguien ia v isliguc. Supongamos
que ha estado escuchando que la mamá desea q-cdarcmbarazada otra
ve/, y no puede: esto lo explicaría todo.Estos ccmplos han sido muy
elocuentes y de fácil lectura. No siempre es así. A vécese! niño viene
muy a la dclensiv.i y lodo loque podemos observares justamente eso.
Qui/.ás opta por traer un juguete a pila y juega solo, sin acusar recibo
de nuestra presencia. En tal caso le diremos so y esperaremos su
reacción. Si continúa en la misma tesitura, podremos recordarle ct
motivo por el cual, según papá y mamá, tenía que venir aquí y pedirle
su opinión. Qui/.ás entonces comience a conectarse con nosotros.
Pero si continúa con su juego solitario y nuestro registro conlra-
translcrcncial es que "'nos mata con la indifci cncia". ya podríamos
inlcrprclartc que no siente que tenga ningún problema, que no nos
necesita para nada y que puede arreglarse solo. Pero si nos observa
íuriivamente mientras juega y fugazmente mira el cajón mientras
coíKiiiúa con el juego que el (rajo podremos decirle que prefiere traer
aigo conocido de casa que le sirva de compañia porque no sabía con
qué ni con quién se iba a encontrar, pero uc de a poco se irá
acusuiníbrando y conversaremos. En la priiu :ra situación estamos
vcrbali/and o su resistencia ; en la segunda , SÍ; desconfianza .
Se preguntarán si cabe hacer esas interprcusciones en una primera
hora de juego diagnóstica. Esa era otra premisa sagrada ailos atrás.
Estaba casi prohibido interpretar en una priisicra hora diagnóstica.
Aeiualmcnie nucsiro rol es más elástico, sobre todo en pos de sanear
el vínculo desde el comienzo.
¿Que sucedería si al que nos "mata" con su indiferencia lo
observamos pasivamente hasta que se agola el tiempo? Puede suceder
así y le diremos que la próxima vez le vamos a pedir que haga unos
dibujos y que invente unas historias, para dejar más abierta la
comunicación para el próximo encuentro. Si intervenimos como dije
77
anlcs, cu lealidail le oslamos describiendo lo que vemos y lo que nos ¡larccc cjuc
anlcs, cu lealidail le oslamos describiendo lo que vemos y lo que nos
¡larccc cjuc le pasa. Es casi un señalamiento más que una verdadera
lüicrprcuición. Con nuestras intervenciones podemos aliviar su an-
gustia ante el primer encuentro y quizá más adchintc deje su juguete
y se arrime al cajón para iniciar otro juego.
Creoque estas intervenciones contribuyen a mantener el "rapport",
sobre todo teniendo en cuenta que deberá volver para continuar con
los tests.
No se trata de que "debe" jugar. Esta concepción es-una burda
interpretación de la teoría psicoanalílica del juego como técnica tic
estudio de la personalidad y de terapia. Hay silencios elocuentes
como en los adultos, hay quietud que no es pasividad, así como hay
charlatanería que no es comunicación y actividades cpie tampoco lo
son.
Un paciente puede llegar y comenzar a contarnos todo lo que hizo
en el colegio como si nos pasara un informativo carente de emocio-
nes, Conlrairansfcrcncialmcnie sentiremos aburrimiciilo. Es la señal
de que esa "chachara" no sirve más que para tapar el silencio y
marearnos. Lo más oportuno sería pararlo y decirle: "Bueno, ahora
hablemos del motivo que le trac por acá, ¿qué te parece?".
En alguna oporlunidad alguien me dijo que tenía entendido que en
la primera cnircvista con el paciente que debía ser libre y proycctiva
no debían hablar durante 45 minutos después de los cuales podían
pasar a hacer una entrevista más pautada. Entiendo que si el paciente
habla lodo esc tien\po podemos mantenernos escuchando sin inte-
rrumpirle, pero que si está callado es insostenible tanto para él como
para el profesional. Semejante indicación es una mala interpretación
de lo que sería mantener una actitud no intervencionista, no
inicrfiricnic, para recoger la producción espontánea del pacienic.
Si esa situación es violenta con un adulto, mucho más lo es con un
niño. Su angustia puede llegar a límites intolerables y llorar insis-
tiendo en que quiere irse
y no volver.
El rol del psicólogo en la hora de juego diagnósiica es la de un
observador no participante. Pero esa no participación tiene un límite.
Hay niños que ni bien llegan nos piden que hagamos algo con ellos.
Esto puede ser un manejo para tenernos enlrcicnidos porque temen
que les hagamos daño, una seducción por motivos más o menos
similares, o un verdadero modo de buscar contacto. ¿Cómo negar-
nos? A lo sumo trataremos de que el niño marque el •"libreto" para no
mezclar nuestras proyecciones con las suyas, tal como haríamos en
una hora terapéutica.
78
Isabel Luzunaga^ decía iiiic iialiía decidido no jugar más con sus pacientes, tan sólo hablar.
Isabel Luzunaga^ decía iiiic iialiía decidido no jugar más con sus
pacientes, tan sólo hablar. Pero se referia a casos en los que la
interpretación verbal del analista quedaba anulada por el otro men-
saje, iio-vcrbal, del juego. Esto puede suceder, pero no comparto sus
lajaules conclusiones. En lo que me [¡arecc acertadísimo su trabajo
es en marcar el cuidado que debemos tener de no caer en contradic-
ciones lalcs como decir al niño que está tratando de distraernos y, por
otro lado, quedar atrapados en la curiosidad de hojear largo ralo el
cuaderno de clase que nos ofreció al llegar.
Responder al pedido de juego es funcionar como Yo auxiliar del
niño; es responder en la misma longitud de onda en que nosotros
mismos le hemos propuesto comunicarnos. ¿Para qué, si no, hemos
colocado juguetes a la vista sobre la mesa?
Quiero llamar la atención brevemente sobre algo que generalmen-
te ocurre y que interfiere mucho en la comunicación con el paciente.
Me refiero al hecho de tomar notas mientras transcurre la sesión,
sea diagnóstica o terapéutica. Lo idea! es no hacerlo. En todo caso,
podemos anotar algún ítem, algún detalle, algún croquis que nos
permita después reconstruir la secuencia completa.
El psicólogo anotando minuciosamente todo lo que el nifio hace
resulta persecutorio, distrae tanto al niño como al propio profesional
y provoca oirás reacciones en el pequeño (o adolescente e, inclusive,
en los adultos), como, por ejemplo, rivalidad si ellos no escriben o no
lo hacen tan rápidamente como nosotros, intriga si no nos entienden
la letra, lcnlaci(')n de transformar la sesión ya en una clase escolar,
lavorcciendo así las resistencias, ya en una oficina en la que somos
su secretario y el nos dicta lo que debemos escribir.
Aun en el momento de tomar los tests hay que cuidar este detalle
escribiendo sin dejar de observar al sujeto y sin caer en la exagera-
ción de parecemos a una taquígrafa.
En los tiempos que corren, con tantos avances técnicos, ya no
molesta tanto como años atrás c! uso de un grabador para facilitar
csia larca. Pero en la o las horas de juego diagnóstica individual
prefiero no utilizarlo para no introducir variables interfirientcs del
campo a observar.
Con niños muy pequeños, digamos, menores de tres ailos, es
recomendable no solamente no distraerlos con nuestro papel y
nuestro lápiz sino que deberemos estar dispuestos a jugar con ellos
''tsiilicl
Lit/urriaj:.»,
"t.a
lucluí
contra
la
inlL-rprclación
en
el
análisis
de
niños",
Kixvií i
Aryc'iitncí
Je
I'i,c,H,iu,i¡í,s.
1. XXX ,
n^' i/4 ,
I97J .
79
sentados en su cercanía, quizás en el suelo y sobre una silla pequeña para estar
sentados en su cercanía, quizás en el suelo y sobre una silla pequeña
para estar a su alcance.
Cuando aún no hablan debemos comunicarnos con ellos a través
del juego y de algunas palabras sencillas que puedan captar clara-
mente. En estos casos conviene recordar lo que escribió Emilio
Rodrigué'" acerca de la interpretación lúdicra:
Se podría decir que el niño es más políglota que el adulto
La
comunicación verbal es lineal
La comunicación infantil no es
lineal
suele ocurrir que el niño está hablando y jugando, y además
nos ha asignado una tarca y un rol complementario que de alguna
manera se integran con su propia actividad.
Habla de una atención lúdicra más que flotante en el trabajo con
niños, en el sentido de un estado más activo por parle del analista. Lo
que él llama "interpretación lúdicra" es una original manera de
comunicar al niño lo que pensamos y puede ser muy útil con los
pequeños (o grandes) no parlantes. Dice:
La interpretación lúdicra comienza con una toma de contacto directa
y sensorial con el material
está orientada desde el medio de
expresión no verbal y plástico hacia la comunicación verbal
Consta
de dos tiempos: en el primero el analista remeda el juego del niño y
en cl .segundo Iransmilc vcrbalmcnic lo que ha comprendido, pero
haciendo complementariamente uso de los medios no verbales que cl
niño ha empicado.
Supongamos que cl iiiilo hace una torre, la destruye y nos mira
asustado. Podemos armar nosotros la misma torre y destruirla al
mismo tiempo que le decimos. "Nene se asusta si rompe; cree que es
malo". "Nene bueno no rompe. Nene malo rompe". Pero si repetimos
su juego y nosotros rompemos también y si no le ponemos cara de
malo cuando él rompe, entenderá que le eslatnos interpretando que
su actividad motora no es mala, porque si lui, no la haríamos noso-
tros. Nuestra cara afectuosa corrobora que no nos enojamos. Si cl se
alivia y comienza a reír cuando nos ve jugar, es scilal de que con un
buen ascsoramicnto a sus padres, seguramente muy prolijos y obse-
sivos, será suficiente. Si, en cambio, vemos que se angustia más, llora
y se prende de la madre, indicaremos necesidad de tratamiento
porque hay un conflicto intrapsíquico.
'" tiniilio Rodrigué. "La
intcrprclaciín
lúürica; una .icliluí) liaei.i cl juego".
/;/
cnnlfxio
del proceso
analílicn.
Uucnos Aires, l'aidó'^. 1966.
80
Genevibve Rodrigué escribió un artículo muy interesante homologando cl cajón de juego del niño con
Genevibve Rodrigué escribió un artículo muy interesante
homologando cl cajón de juego del niño con el 'cajón" de fantasías
del adulto" . Ella fue otra de las pioneras del psicoanálisis de niños
en la Argentina, junto con Rebeca V. de Grir.bcrg, Dora Faigón.
Raquel Soifer y tantos otros.
Citaré un artículo de R. Grinberg'^ que puede ser útil para incluir
una actividad lúdicra en cl psicodiagnóstico. Me refiero al juego de
construir casas, también utilizado por Arminda XberaslULy-IEl tipo,
de construcción, así como los comentarios del ¡i .o. son de gran valor
diagnóstico. El matcrial-.consiste en un tablerc con agujeros en los
que se introducen palos de distinta altura con ranuras para colocar
puertas, ventanas y lecho. Este material puede estar integrando el
cajón de juego o ser aportado por cl psicólogo cuando lo crea
oportuno.
Cabe señalar aquí que es conveniente colocir materia! variado al
alcance del niño, sobre una mesa, y dejar el cajón cerca de él, abierto,
con el material restante. Dicho material inclu rá algunos juguetes:
tacitas, plalitos. autilos, indios y soldados, arnmales domésticos y
salvajes, etc., como también material no figurativo lal como carlón,
()apcl, piolín, tclgopor, madcrilas. cubos, gaiu !\itos, clcélcra.
Conloes cl mismo cajón que utilizaremos en :a cnlrcvisla familiar
diagnóstica, todos los miembros del grupo fan; iiiar encontrarán algo
(|uc les interese. La presencia exclusiva de jugiiclcs limita la cxprc-
sitín infantil y la de los padres si consideran que sólo los niños
juegan. Esto ya es de por sí un elemento diagnóstico pero si cl papá
ve que hay elementos como para construir algo y no lo hace,
estaremos más seguros en nuestras conclusion, s: que si lo quccl papá
y la mamá vieron fueron solamente autitos y muñecas. No todos los
adultos accpl;in la regresión implícita en la aciividad lúdicra y lodo
depende de cómo transitó en su infancia por lo que Winnicott llama
"fcninncnos transiói()nalcs""'\
Para facilitar la emergencia de reacciones de todo tipo y nivel
conviene trabajar en una liabitación que no sea cl consultorio de
adultos. Es preferible un lugar con piso y puf des lavables, con una
" (i'cncviiívc KoJripuc, "f;l c.ijrtii de jucgn Jcl nino y cl 'cajón' de fanla.^ías del
adulto", en /:/ t'ítntc.xUt ttrl procedo
onalííico,
'- Rebeca Cirinhcrg, "[ivolucirtn de la fanlaiia de enfermedad a través de. la
cnnvlrucción de ca.'ia.';"". Revista Argcnlina de Vs\coaiiá\i>.h. 1. XV, n ' 1-2. 1958.
'' Arniiiida Aherastury, \'A juego de construir casas, Isidós
"David
D. Winnicoil. oh. oil.
mesa común y otras más bajita, sillas comunes y una o dos más pequeilas y
mesa común y otras más bajita, sillas comunes y una o dos más
pequeilas y un diván o un conjunto de almohadones dispersos.
Algunos profesionales incluyen un pizarrón y tizas que permiicn,
especialmente a los niños que han entrado en el período de la lalcncia
o a los que vienen con dificultades de aprendizaje como motivo
manifiesto de la consulta, expresar fantasías, deseos y temores.
Agua, trapos, un vaso, una toalla, fósforos, y un baño cercano
pueden llegar a ser imprescindibles, de manera que conviene tener
esos elementos a mano y el baño disponible y sin elementos persona-
les niTújósos o frágiles que el niño pueda dañar.
Cuando el niño propone jugar con fuego o cuando quiere ensuciar
O mojar, prefiero proponerle trabajar en la cocina (acondicionada
para ello) o en el baño, dado que allies más fácil limpiar la suciedad
o apagar el fuego que, además, será menos dañino si le indicamos (¡iie
lo haga sobre un piso de mosaicos que sobre uno de madera, o dentro
de la bañera y no sobre la mesa aunque esta sea de fórmica.
En un placard permanecerán guardados los cajones tic los pacien-
tes y nose permitirá al niño ni ala familia disponer libremente de los
mismos. Esto constituye un elemento imporianle del encuadre y
significa que prometemos guardar secreto profesional y no permitir
interferencia de extraños en su individualidad, así como ahora no
permiliinos que loquen lo ajeno.
Al hacer el primer contacto con los padres, o sea en la primera
entrevista con ellos, preguntamos acerca de distintas áreas de la vida
del niño. Una de las áreas a explorar es qué hace en su tiempo libre,
a quó juega, con quién o quiénes. Si hay un material que sea de su
especial preferencia podemos incluirlo en el material del cajón o,
según de qué se trate, pedirle a la madre que lo traiga cuando venga
con el hijo a la hora de juego. Supongamos que se trata de un osito
de pcluche que no abandona nunca o una muñeca que lo acompaña
siempre. Indudablemente este no es un verdadero "juguete". Como
diría Winnicott, es un "objeto transicional" que es el que le va
ayudando a separarse de la madre en su proceso de individuación.
En algunos casos la fijación patológica a esta etapa del desarrollo
transforma este juguete en un objeto conirafóbico, o en un felichc. El
diagnóstico diferencial se hace sobre la base del uso del jugucie y del
rol que el niño le confiere según él nos lo relata, según lo que lian
comentado los padres y según lo que observaremos cuando lo trac a
la hora de juego.
Por ejemplo, si a la segunda entrevista en la que comenzaremos a
lomarle los tests, vuelve con el mismo jugiicle y no lo suclla en
ningún nionienlo, podemos pensar ciue la Inncnín alribuuta es más bien la de un amuleto
ningún nionienlo, podemos pensar ciue la Inncnín alribuuta es más
bien la de un amuleto que mágicamcnle lo protege. Si, en cambio, no
lo trae o lo trac pero lo deja sobre una mesa y se dirige hacia donde
le indicamos que vainos a trabajar, el diagnóstico se inclina más
hacia el de objeto iransicional. E! material de la hora de juego y de
los tesis proycctivos nos dará más paulas para un diagnóstico más
íinn acerca de esta conducta y su relación con c! motivo manifiesto
tic la consulta.
En ciertos casos conviene.incluir clcmenlos que estén relaciona-
dos con el conflicto del niño para ver qué asociaciones surgen. Así,
¡ior ejemplo, si el motivo de consulta es la intensa rivalidad de una
niña con su hermana, incluiremos dos muñecas; o si es el terror de
un varón hacia algún animal, lo incluiremos junto a otros para ver
que hace con el.
Todo lo que suceda en la hora de juego es significalivo. Inclusive
lo que suceda con los padres. Supongamos que se trata de un niño de
cuairo años cjue no ha querido (juc su madre se vaya y ella esiá
esperando en otro cuarto. De repente ella entra adonde estamos con
el hijo para decirle algo, ofrecerle algo o decirnos algo a nosotros. Se
irala de una interferencia, de un "acting", si previamente hemos
aclarado debidamente que ella esperara en otra parte. Pero actual-
mente sabemos que también un "acting" expresa algo y muy impór-
tame, ya que debe ser muy fuerte la pulsicin inconscicnle para que el
control consciente de una persona adulta haya fracasado y se produz-
ca una ruptura de la consigna. Si ella entra a ofrecerle un pañuelo que
no es imprescindible y entonces el niño irrumpe en llanto reclamando
que se (|iicde junto a ól, podemos pensar que es la madre la que no
puede separarse de el (es su prolongación narcisística): el niño capta-
esto y responde aferrándose a ella con mayor intensidad. Si su llanto
es muy angustioso podemos pensar que responde a! temor al abando-
no si se atreve a mantenerse separado de ella; percibe inconsciente-
mente la hostilidad de ella y la propia, y la culpa y el temor a la
retaliación explican su desesperación. En un caso extremo que
recuerdo, sucedió algo así, pero el niño pidió a la madre que lo alzara,
dej() de jugar, se negó a seguir conmigo y pidió irse. Comprendí que
la entrevisia había terminado y mi diagnóstico de una profunda
simbiosis ya oslaba hecho.
En otra oportunidad, con un niño de cinco años, propuse que lo
trajese una vez la matirc y esperara en otro cuarto y una segunda vez
el padre e hiciera otro lanío. El objetivo era observar si se producían
reacciones diferentes según quién estuviera en la otra habitación.
83
Cuando vino la madre, el nifio jugó tranquilo, pero a cada ralo iba a comentarl
Cuando vino la madre, el nifio jugó tranquilo, pero a cada ralo iba a
comentarl e o mo.strarl c algo . Cuand o l o traj o
e l papá , qu e .se qued ó
leyendo el diario que había traído, el nirlo no repitió esa.s .salidas de
consultorio, pero en cierto momento escuché ruidos en la puerta
de entrada al dcparlamcnlo y, bastante preocufiada jior no entender
lo que estaba sucediendo ni a quién le había ahicrlo la |)ucrla d papá
sin mi autorización, me asomé. Para mi sorpresa me enconlrc con que
era la-mamá quc-"pasaba por acá y decidí venir". El niño no pudo
soportar saber que papá y mamá estaban juntos y él solo en otro lugar,
con una extraña. Corri ó
hacia sus padres y decidí dar por terminada
esa entrevista dado que
mi objetiv o había sido frustrado . La nunná
estaba sorprendida por mi enfoque c insistía en la inocencia de su
proceder. Como este niño tenía dos hermanitos cite a toda la familia
para la entrevista siguiente. Durante la misma la tnamá se ubicó en
el piso, delante de mí, pero dándome la espalda, de manera tal cpie
yo no pude ob.scrvar gran parle de la secuencia de juego que enlabió
con los tres chicos, dejando también afuera al papá. Es obvio que esta
señora no dejaba al padre ni a mí establecer un buen vínculo con es-
te hijo , del cual no potlía separarse y al que tenía acaparado, lil pap;i
tampoco hacía demasiado por rccu[)eraral hijo porque h;ibían hecho
un pacto según el cual ella no llamaría por el portero eléctrico para
anunciar su llegada "para no molestar" y combinaron que a tal hora
subiría y el le abriría la puerta. Es decir que yo resulté sabotcaila en
mi intento por ambos y no sólo por la mamá, ['or supuesto fue muy
dilícii transmitir lodo esto cu la entrevista de dcvolueiiin poripie ella
insistía en lo inocente de su conducta y liUlaba mis apreciaciones
como ridigc/
Partieron nada convencido.s.dc mi diagnóstico, piuipie
en realidad buscaban que yo suprimiera el síntoma (fobias) sin tocar
para nada esta dinámica
familiar.
En otras ocasiones nos enfrenl.imos con que un hermano o herma-
na del niño o niña ha venido con ci y llora desesperadamente [lara
entrar también. Nuestra reacción dependerá en cada caso. Si sabemos
por la historia previa que este hermano no tolera que el niño tengn
algo propio y se lo quiere acaparar, trataremos de que comprenda que
esta hora no es para él y que ya vendrá con toda la familia. Si esto nos
toma por sorpresa le preguntaremos por qué desea entrar, cuál es su
problema, porque acá vienen los chicos que tiene alguna dificultad
y te prcgunlarcrnos al niño que esperábamos que opina acerca del
deseo del hermano. Puede ser que se niegue rotundamente o que. por
el contrario, acceda a que el hermano entre. En el prinier caso
respclarcmos la negativa del niño; en c! segundo transformaremos la
M
hora individual en vincular, pero aclarando ai inesperado visitante que la próxima vez queremos ver
hora individual en vincular, pero aclarando ai inesperado visitante
que la próxima vez queremos ver al hermano a solas. Esto permitirá
observar si sc trata dc una simbiosis o dc rivalidad y celos cnlrc
ambos. La insistencia en una prcSxima entrevista a solas sc debe a que
es necesario observar al niño sin su ncoiiipaniuuc conlrafóbico. sin
una mitad dc su '•self' o sin su rival.
Alguna vez nos llevaremos la sorpresa dc que cl inesperado
visitant e no s aporj a UIL materia l importantísim o par a entende r la
situación.
La inmensa gama de posibilidades hace imposible agotar aquí el
comentario de (odas las circuiislaiicias posibles.
En ciertas ocasiones la hora dc juego individual no la ubicamos ni
principio sino más adclanlc dentro del proceso psicodiagnóslico. Por
ejemplo cuando cl niño sc niega a jugar. Esto puede ocurrir con niños
dc toda edad con serias inhibiciones o con púberes que rechazan la
actividad lúdicra como "cosa dc chicos". Ev, estos casos podemos
comenzar con los tests y luego sugerirle volver al cajón a ver si hay
algo con lo cual le interesa hacer algo.
I ambién podemos decidir que luego de la entrevista con los padres
liaretiios la entrevista familiardiagnóstica dej;>.ndo la individual para
después, sobre todo cuando nos quedan serias dudas acerca dc quién
es
cl que vcrdadcramcnle sufre al conflicioy cl rol que juega c! rcslo
dc
la familia en la presunta patología del paciente designado.
El) algun.'i
opo n mi ¡dad decidí hacer cl csiuciio
individual dc dosd c
los nitros de la misma familia aclarando que era necesario para salir
dc dudas. Es imposible suprimir el estudio (íel paciente designado
porque por algo lo ha sido y acepta venir. Pero puede ser necesario
incluir el estudio de otro u otros miembros del grupo familiar para
comprender mejor la situación.
En otros casos, la hora dc juego individual se transforma en una
hora de dibujar exclusivamente. Estos dibujos son esenciales para cl
estudio, pero, si decidimos que es imprescindible ver qué hace si no
dibuja, podemos proponer que la próxima vez le daremos nuevamen-
te cl cajtin de juego eliminando el papel y los lápices, marcadores,
etc
dicicndolc algo así: "Ya vi cómo dibujas y después haremos más
dibujos; ahora me gustaría que intentes hacci otra cosa distinta, ¿qué
tenes ganas dc hacer?".
Es muy importante moderar la movilización dc angustia en la hora
dc juego ya que gcncralmcnle seguimos después con los icsls y
debemos mantener un buen "rapport".
Si llegamos a un punto de gran angustia o ;; un "impasse" podemos
85
buscar una salida diciéndole. "Bueno ¿que te parece si hacemos algo distinto?" Generalmente el niño
buscar una salida diciéndole. "Bueno ¿que te parece si hacemos algo
distinto?" Generalmente el niño accede. A veces decido llevarlo al
consultorio de adultos y comenzar allí con los lesls para disociar
claramente las dos situaciones y para ayudarlo, aceptando que todo
lo que lo angustiaba quedó en el oiro cuarto y que lemporarianicnlc
Irataremos de dejarlo allí.
Recordemos que el registro contratransfcrencial es tan imporiamc
como el simbolismo del material que el niño (púber, adolescenlc o
adulto) produzca. También lo es para decidir una puesta de límites
Al respecto quiero Iracr a colación un artículo de Raquel
Soifer'
15
sobre la puesta de límites, que mantiene total vigencia. Remito a los
lectores a dicho artículo y solamente resumiré algunas de sus ideas:
los psicoanalistas de niños coinciden en que no se debe dejar que el
niño (vale para el adolescente y el adulto psicóiico o psicópata grave)
baga algo dañino que el mismo no pueda solucionar. Por ejemplo,
romper un vidrio, la pata de una mesa, atacarnos íísicamenlc y
dañarnos, dejarnos en condiciones, en suma, de no poder seguir
trabajando. Además no se deben aceptar roles adjudicados por el ni-
ño que impliquen seducción, sometimiento masoquisia, eiccicra.
En una oportunidad se realizó una encuesta sobre ciertos temas y
se consultes a psicoanalistas de niños muy destacados en esc momen-
to," a la que remito a los lectores. Valga resuu\ir lo esencial: no se
permite, siguiendo la regia de abstinencia de S. Freud. asumir roles
que el niño (o adolescente o adulto) nos adjudique y que impliquen
una actuación de la transferencia agresiva o criítica. ya tpie esto
perturba el sentido de la situación analítica. Lo mismo vale para la
situación diagnóstica.
Supongamos que un niño de cuatro años nos pide que le abramos
la bragueta para hacer pis. En general mi respuesta es: ""Hsas son
cosas que hacen las manuis; pcdile a mamá o iraiá de hacerlo vos ".
Solament e s i la mam ñ i>o est á y observ o qu e realmenl e n o pued e y la
angustia es evidente, abro el primer botón y le digo que conlimie el.
que va a poder. Si el niño es mayor de ninguna iuaiier;i accedo al
pedido y en cambio interpreto, aunque sea duranic el psicodiagnósiico,
lauto la dependencia como el deseo de que mcla mi n\auu en sus
"Raquel
Soifer, "I^a puesta de línules en el .in.'iUiis de niñoi" , Revista ¡le ASATPIA
(Asociación Argcnlin.t de l^sicología y rsii|u¡alría de la Infancia y Adolescencia) año
!,n« 1/2. 1970.
Rebeca V. de Grinherg. Delia 1-aigon y Raijuel .Soifer. "Coiiccpios aclualcs sobre
psicoanálisis de niños en el gmp o argcnlino". Rcvi\ut Ari^cníntíi tic Psicoanálisis, t,
XXV. n» 2, 1968
86
gcniiaics. Puede suceder que algunas niamás envían al niño o a la niña con un
gcniiaics. Puede suceder que algunas niamás envían al niño o a la
niña con un a(aeiulo sofisiicado que rcalmcnic excede lo que puede
manejar con sus propias manos. En tal caso realizo la primera
opcraci()n dejando en manos del niño continuar la misma habiendo
salvado el piinci¡ial obstáculo.
Con resiiecto a las coniluctas agresivas, tales como ensuciar o
romper, debemos dejar hacer hasta donde luego podemos arreglar por
nosotros mismos cl objeto dañado. Por ejemplo, podemos aceptar que
ensucie una pared de a/ulejos pero no una que no podremos lavar
fácilmente. Podemos aceptar que rompa papeles, tizas, lápices, pero
no la silla en la c|ue luego deberá sentarse otro niño, podemos jugar
a la polola siempre que acepte ijue no puede romper la pantalla de la
luz o el vidrio de la ventana. Ni el ni nosotros podríamos arreglarlo
para continuar nuestra labor. Ese es cl criterio para aceptar o no una
propuesta de trabajo del niño. En estos casos se impone una puesta
de límites severa: su aceptación o rechazo es también un elemento
diagiu')si¡co muy importante. Cuando están presentes los padres y los
niños hacen algo peligroso o dañino, son ellos los que, en primera
instancia, deben poner los límites. Si no lo hacen, ya tenemos una
información muy valiosa. Si lo hacen, veamos quien y cómo lo hace.
En una oportunidad fue la hija mayor la que decidió poner límites
a uno do los hermanos mientras los patires observaban impávidos la
siiuaci(ín. Todo esto constituye una información sumamente valiosa
j)ara nuestras conclusiones. En caso de que ni siquiera uno de los
iiijos ponga un límite necesario, deberá hacerlo el profesional.
A veces sucedo lo contrario: algunos pailres insisten en que no se
pucilc usar ¡ihisticola porque ensucia ni desordenar demasiado cl
c()i\suliorio. Es im|iortantc señalar en esc momento que no importa,
sin insistir demasi;\tlo, porque esa reacción tiemuestra que a ellos les
angustia la conducta tan suelta del o de los hijos. Pero mientras ósta
no llega a los límites intolerables ;intes señalados, deberemos pcrma-
nocer como observadores y ver cómo reaccionan tanto los padres
como los nlñiís.
A voces los padres insisten en ipie tienen c|ue guardar lodo antes
do irse, como si osluvicr;iii en casa o en el colegio. Personalmente
[-rclieroque dejen lodo como está, porque ello me permite reconstruir
mejor la sesi()n.
Veamos ahora ;ilgiinos ejemplos de horas de juego diagnóstica
individual.
Procederé como en la mayoría de los casos que superviso, traba-
jand o ;i ciega s con el material proyecliv o para ir despué s a l:i historia
87
clínica, método que me da mayor seguridad en mis concliisioues porque no trabajo influida por
clínica, método que me da mayor seguridad en mis concliisioues
porque no trabajo influida por hipótesis extraídas de la historia.
Propongo al lector el mismo método pues a los fines del aprendi/ajc
ha demostrado ser también muy útil.
Caso Juan
Tiene cinco años. Entra y se queda solo. La mamá se va según lo
convenido. Entramos al cuarto de juego. Mira los objetos ijue hay
sobre la mesa. Trac en sus manos un cuadernillo. Me mira de reojo
y
abre el cuadernillo. Hay figuras coloreadas. Le pregunto si es de él
y
me dice que no. que es de su hermana mayor, de cuando iba al jardín
de infantes. Tiene tres años más que él. Finalmente deja el cuaderno
y toma una hoja y dibuja una casita con niarcador color celeste. Luego
busca otro de color rosa y lo pasa por encima de los Ira/.os celestes.
Después toma papel glasé brillante y recorta tro/os con sus mai\os y
pega con pegamento haciendo un collage similar a los que hacen los
niños en el jardín de infantes, sin ningún orden en especial. Le aviso
que quedan cinco minutos. Termina el collage y me mira como
diciendo que ha terminado. La madre llega a buscarlo y se van.
Conioiltiriü
Juan ha entrado solo pero en realidad viene ctnno de la mano de su
hermana mayor. Está cursando preeseolar jiero se siente más peipie-
ño (el cuadernillo de jardín y el collage). No manifiesta angusiia,
pero me mir;i con desconfianza. No jugó sino que recurrió a liacer
algo habitual en el colegio, como homologando esta situación a
aquélla más conocida. Hasta aquí no hay nada demasiado significa-
tivo. Pero podemos interpretar que trac algo en la mano que corres-
ponde a una niña, no a otro varón. La casita, símbolo del propio
cuerpo y del "sí mismo", está pintada de celeste, color tradicional-
menle adjudicado a los bebés varones, pero luego él lo anula al
repasarlo con rosa, color de nenas
y me mira. Entiendo que aquí me
cuenta que c! nació como varón pero que se sicnle una nena. Yo
interpretaría c! collage como la confusión que debe tener en su cabc/a
por esta mczxia de identidades. Como el color rosa es el segundo.
88
pienso que el me csiá pidiendo que le ayude a iransformarsc en una nena y
pienso que el me csiá pidiendo que le ayude a iransformarsc en una
nena y salir así de la confusión.
Su hi.slorid
Cuando Juan naei(i la mamá cslaha pasando por un período profun-
danicnlc depresivo. La hija mayor, en cambio, nació en un mejor
moiucnlo. El molivo de consulia era la conducta inquieta del niño.
que revolvía placarcs.-.dcsordenaha lodo y ponía nerviosos a todos.
Esto no se observó en la hora de juego individual, de modo que
poilcmos pensar que liay algo en la dinámica familiar que provoca tal
inc|uiclud. Fue en la cnlrevisla final, cuando encaré el lema de la
idenlidad sexual de Juan, cuando la mamá, b ;stante molesta, contó
i|ue el niño a veces decía '"Cuando sea grande v jy a serpulo" pero que
a
ella eso no le niolcslaba: que lo que quería era que se tranquilizara
y
los dejara a Iodos en paz. Les explique que la inquietud era producto
del conflicto sexual, el cual era. a su vez, províuclo de no saber si era
un hijo amado o no. ya que la depresión de la mamá pudo ser sentida
por el niño como efecto de una desilusión al nacer varón. Juan sentía
que su hermana era inás querida por ser nena. Es decir que nos
hallamos frente a un caso de envidia del varón hacia la mujer, que es
lo que Melanie Kicin denontinó "fase femenina" ci\ el varón, corre-
lativa a la envidia (Vilica o fase masculina en la mujer descripla por
S.
í-'reiid.
l'ero en esie ca-^o la siluaci()n es más grave ; irque el niño viene con
la fantasía de que el terapeuta funcione como un cirujano que cambie
su cuerpo y lo transforme en una mujer con quien, en vez de competir,
se identifica. El color rosa utilizado en segirn !o lugar indica que esc
es su pedido y detrás de lodo esto, que es de mal pronóstico, aparece
una historia en la que comprendemos que lo ;ue el está buscando en
realidad es que mamá lo quiera. En otra entre ista la madre relacionó
su rechazo a cslc inquieto hijo con un hcrm.iiio muy odiado por ella.
Así se hizo evidente que ella, si bien eslaba deprimida previamen-
te, debe haber rechazado al varón recién nacido que reactivaba
sentimientos que no sintió al nacer la nena. Por supuesto el bebé
capia esto con toda claridad. El mayor peligro por esta falta de
libidinización del bebé por parle de la mamá es la psicosis. El co-
llage aparece entonces como significando el peligro: homosexuali-
dad o locura. La fortaleza constitucional de este niño y la presencia
de un padre más bien cariñoso lo hacía luchar por la primera opción.
89
como fantasía patológica de curación, ante la oira, la fragmeniación psicóticacomo fantasía de enfermedad. La
como fantasía patológica de curación, ante la oira, la fragmeniación
psicóticacomo fantasía de enfermedad. La madre me pedía cjue hicie-
ra del niño un "puto tranquilo"; el padre no decía nada como no
pudiendo incluirse en esta relación. El niño, sintiéndose aún muy
pequeño, no renunciaba al amor de su madre y trataba de lograrlo
aunque fuera a costa de su identidad sexual. Es decir que ¿1 quiera ser
puto significa que quiere escapar del lugar de un hombre odiado por
la madre.
Esto permite establecer un pronóstico más benigno, ya que traba-
jando el vínculo con su madre e incluyendo más al padre, el va a
querer su propio cuerpo masculino si su madre llega a aceptarlo así
y amarlo.
Caso Pedro
Tiene seis años y medio. Liega acompañado por la madre quien, de
acuerdo a la consigna, esta vez se retiraría ya que luego vendría con
ella, otra vez con cl papá y finalmente los (res junios. La mamá me
mira al irse como diciéndome "Ahí le dejo al monstruo". Pedro entra
casi sin mirarme y se dirige rápidamente al cuarto que le indiciué. Se
abalanza sobre el malerial de juego. Dibuja una casa clásica pero con
ondas en el lecho y una chimenea de la que sale mucho liuino. Toma
oira hoja y dibuja una figura humana bastante ridicula con un
sombrero de tres picos, caclieles negros y cuerpo casi de animal con
cola y tres patas.
Conversa bastante pero en un monólogo en el que anuncia lo que
va a hacer o describe lo que está haciendo. Luego comien/a una
carrera incongruente porque mezcla coches con lápices, la lijcra,
bloques, goma de borrar. Todos compilen en una carrera rodeando el
borde de la mesa. Se le cae algo, lo levanta y sigue. Se le cae otra cosa
ovarías . Las levanta y sigue. Mientras hace ruidos de carrera ile autos
con la boca.
No me mira ni me incluye para nada. Toma otra hoja de papel y con
marcador verde dibuja a la izquierda un edificio de cuatro pisos
inclinado hacia la izquierda. "Se está incendiando" dice. A la
derecha hace una montaña. "Es un volcán, sale fuego y los tipos
disparan". Hace cinco figuras humanas tipo palotes que descienden
de la montaña. Sale mucho fuego del volcán y como una inn>eusa
90
nube hacia la izquierda cubre al edificio. Toma plasticola amarilla y cubre lodo lo que
nube hacia la izquierda cubre al edificio. Toma plasticola amarilla y
cubre lodo lo que es lava y fuego cnchaslrando bastante el dibujo. Le
aviso que quedan cinco minutos. Juega otra vez a la carrera alocada.
Lición la madre y se van.
II isloria
Pedro tiene dos hermanos de veinte y dieciocho años. Cuando la
mamá pidií) por telefono el lurno me dijo que estaba desesperada, que
no sabía si tenía un hijo o un monstruo. Ella absorbió (oda ia primera
entrevista relatando escenas de violencia entre ella y el niño con
amenazas, insultos y golpes recíprocos. El motivo de consulta es
enuresis. Pero luego relata que los dos mayores también fueron
cnuréticos y que se les pasó de grandes. Nunca insistió en el control
de esfínteres [)or(|ue su madre la torturaba con ese lema. El suyo era
un discurso psiccítico en el cpie no podía discriminarse si hablaba del
hijo o de un objeto interno con el que mantenía una relación
delirante, sado-masoquista y alucinante. Pedro se negaba a levantar-
se para ir al colegio, ella gritaba, ól decía que si le traía el desayuno
a la cama obedecería pero luego seguía allí (la cucheta superior de
tres camas superpuestas): entonces la madre tiró las camas y él rodó
por el suelo amenazándose ambos con matar al otro. En el colegio no
andaba muy bien. La directora me dijo que se sabía cuando iban
llegando al colegio porque se oían los gritos y forcejeos de ambos.
Corucnlíirio
En ningún momento de la hora de juego individual Pedro desplegó
las conductas ijuc tiene con su madre. No tuve necesidad de ponerle
límites. La figura humana extraña que dibujó expresa sus scnlimicn-
los de scralgo raro, un "animal" (termino que seguramente su madre
usa muy a menudo cuando le grita), y que la situación triangular
("sombrero de tres picos") es lo que hay que examinar más a fondo.
La casa con ondas en el tedio y mucho humo en la chimenea indican
toda la turbulencia que hay dentro de su cabeza. Esta turbulencia
qiied;i dramatizada en la desenfrenada carrera de objetos mezclados
sin sentido (¿bizarros?). Hay mucha confusión dentro de él, la an-
siedad es persecutoria y el ritmo, maníaco. En el último dibujo puede
ex|)rcsar simhólicamente cómo es su relación con el pecho-volcán.Es
91
un pecho sádico del cual sale maia-icchc-fucgo y está a punto de sucumbi r (edifici
un pecho sádico del cual sale maia-icchc-fucgo y está a punto de
sucumbi r
(edifici o inclinado) , porque está envuelt o en esa maraña
sadomasoquisla. El hecho de que este inclinado hacia la derecha
indica que el también forma parte del vínculo patoh'igico; tpic el
"engancha", como diríamos en términos populares. A mí no me loma
en cuenta para nada, como si yo representara al padre que no
interviene en la relación madre hijo, confesando su impoleneia. La
plaslicola amarilla cubriendo el área del fuego indica que su enuresis
es una expresión del odio que toda csla situación le [irovoeá y ipic
engloba a toda la familia: cinco figuras humanas que huyen del
volcán. Los hermanos ya son grandes y hacen su vida, l'edro ha
quedado entrampado. Es el tercer hijo igual que su mamá, quien
mantiene una relación psicótica con su propia madre. Resulta enton-
ces evidente que se trata de una psicosis simbiótica , que la mamá no
resolvió con su madre y trasladó a su vínculo con Pedro. El niño
expresa claramcnlc su fantasía de peligro total de destrucción (locu-
ra) si nadie lo salva de csla siluacicui siniestra. Pero no tiene
esperanzas de salida tal
com o se ve en esa carrera sin puni ó de
llegada, como un círculo vicioso: si no se rebela, sucumbe, y si se
rebela, la crueldad aumenta y con ello el |)eIigro de dcsiruccii'in.
En la entrevista con sus padres dibujé) una figur a geométrica
semejante a una telaraña y una figurita humana en el centro. En otra
hoja un crucifij o y a Jesucristo clavado, a pesar de no ser de familia
católica. Esto denioslró a las claras su sentimiento de estar atrapado
y sin salida y
un implícit o
S.O.,S.
Cuando le cst;iba diciendo esto en la entrevista de devolución
dibujó una figura femenina con una corona en la cabe/a y algo que
el denominó como varita mágica, pero que más bien parecía un
garrote con una bola con púas cu la punta en lugar de una estrella.
Entonces pude decirle i|uc tenía muchas esperanzas de que yo fuera
un hada maravillosa que mediante un milagro lo liberase de su
situación, pero que, al mismo tiempo, temía que me transformara en
una torturadora cruel. La coroiKi simbolizaba cuánto me idealizaba.
El garrote, cuánto me temía. Justamente para evitar que las sesiones
se Iransforiuaran en un campo de batalla, prefería indicar terapia
individual para el niño con csporádic;is entrevistas con el pap;i y la
mamá para sondear los cambios que se fueron produciendo y p;ira
tratar que el papá se incluyera más. Los padres se hallaban ya en
terapia individua! y el terapeuta de la madre fue quien había derivado
al niño, por lo cual no insistí en una terapia de pareja paralela a la
terapia del niño.
92
Ell la medida en que Pedro hallara en la terapia un espacio para reencontrarse consigo
Ell la medida en que Pedro hallara en la terapia un espacio para
reencontrarse consigo mismo, sin los embales inoculantes de la
madre, podría ir mejorando su imagen de sí misirso y su relación con
el mundo.
Es decir que el pronóstico con ayuda tcrapcui :a era favorable ya
que si bien se trataba de una psicosis simbiótica,
a psicosis no se ba-
hía instalado aún francamente en ci niño. El rcsi j del psicodiagnós-
tico. espccialmenlc el Rorschach, así lo indical an.
(,'as() Marí a
,Sc trata de una niña de nueve años. Entra muy decidida. Primero elige pa-
pel y marcadores para dibujar y dibuja una pareja de una nena y un nene. La
figura femenina es más importante que la masculin.i. que parece más nene
de la edad cpie le adjudica (doce la nena, trece el nene;. Además la nena lienc
zapatos con tacos y cartera de grande, mientras (|iic cl nene o.slcnla gran
prolusiiín de bolsillos y bolones, símbolos de gran dependencia, qiic ella
adjudica al sexo masculino. Luego, como si fuera ix)r casualidad, mira cl
resto del material y dice que va a jugar a la mamá. Dispone varios rincones.
Uno es cl comedor, otro el dormitorio y otro la cocina. Comienza a jugar
iiablaiulo mucho y moviéndose con un ritmo muy desenfrenado. Habla por
iclclono con sus amigas. Dice ipie está esperando qu<' regrese cl marido. El
nene llora. Quiere !,i mamadera. Se dirige al rinc(3;i cocina y prepara la
mamadera
Se
que ja [xirqueel marido demora. Dala üiamaderaal bebé pero
resulla notorio y significativo que "clava" la mam;iJera hasta el punió de
hundirla en la boca del muñeco-bebe.
Luego dice que lo va a hacer dormir pero en rcalii! ! lo tira sobre el rincón
liormilori o con una expresión como diciendo "de ,i de moleslar". Sigue
arreglando la casa y luego, en el rincón
dormilorio.
.se peina y pinta
es[icraiHÍ() al esjioso retrasado. Le avise que quedabrü. cinco minutos. Siguió
jugando a que se pintaba las uñas, se cambiaba el peinado y el atuendo. "Y a
cslá". dijo, porque la hora había concluido.
Couicnlíirii)
Aunque ella dice t|ue va a jugar a la mamá, juciio bástanle regresivo
si lo liubiera hecho, en realidad su juego es muy dislinlo. Es más
apropiado a su edad cronológica, pero apunta a n conflicto femenino
93
que nada tiene que ver con el deseo de ser una mam;í. Ella desea ser
que nada tiene que ver con el deseo de ser una mam;í. Ella desea ser
su mamá. Su connicto es la rivalidad con su mamá, la rabia que le
produce la desilusión que le provoca su padre y los celos que le
despierta su hermano menor, prueba contundente de la unión sexual
entre sus padres, lo cual la transforma en una amante frustrada. Ella
no quiere saber nada de bebés llorones y molestos como alguna vez
lo fue su hermano, tres años menor.
Su dibujo parece caricaturizar al sexo masculin() y en Cal i/arlos atributos
femeninos bastante fálicosporcierlo. Con una base míircatlamcnienarcisista,
(peinarse, pintarse, vestirse, constantemente), esta niña arrastra un connic-
to cdi'pico para nada solucionado en la fase edípica que se reactiva en los
albores de la llegada de la pubertad y se desata en una lucha. El motivo de
consulta eran miedos nocturnos y fobias tempranas, reactivadas.
Resultó fácil comprender que su fantasía era que yo le permitiera ser
mágicamente ya mismo una mujer-amante atractivu para coiu|uislar ;il
padre. Pero que sus temores tenían como base lo mismo que ella dramatizó
con el bebé: ser una beba odiada por su madre, objeto de malos tratos y de
abandono (como el propio Edipo).Su fantasía de ser ya mujer está destinada
al fracaso. Eso queda demostrado por el final de su hora de juego en la que
acaba "preparada y sin visitas".
Por lo tanto sus miedos no son efecto de la culpa por odiar al hermano si no
a su propia madre que es la que acapara a su amante-amado-padre.
Desde ya que en este caso la recomendación fue de psicoanálisis a la niña,
dado que el conflicto intrapsíquico estaba claramente instalado. Pero
paralelamente recomendé entrevistas de orienlaciíHi a los padres ¡lara ipie
comprendieran mejor a la niña y acompañaran mejor a la terapeuta (era
recomendable que fuera una mujer) en los cambios y crisis que se produ-
cirían.
Bibliografía
Efron, Fainbcrg, Kleiner, Sigal y Woscob(iinik,"L-a hora de juego Uiagnósilca", ea
M.L.S. de Ocampo, M.S. García Arzeno, E. Gra-,saiu) y col. Las ¡¿'¡.nicas
,
Komblil, Analía, "Hacia un modelo eslruclural de la hora de juego tliagnósiica",
en M.L.S. de Ocampo, M.S. García Arzeno, E. Grass ano) cül.,ob. eit.,cap. Vil.
(Consúltese la bibliografía de ese capílulo.)
¡¡royccíivíis
ob. cil., cap. Vil. (Consúltese la liililiogr.ilía ile ese ca]iítulo.)
94
vil. SF.LF.CCION 1)F;L. \ BATER1. \ DE TESTS Y SU SECUENCIA En esie ca[)i'(ulo quiero
vil. SF.LF.CCION 1)F;L. \ BATER1. \ DE TESTS
Y SU SECUENCIA
En esie ca[)i'(ulo quiero Iransiiiilir algunas reflexiones acerca de
cóniü organizar una batería de tests, ccSiiio decidir los que son
perüncnlcs, imprescindibles o accesorios.
No existe un único modelo de balería de tests como no existen dos
individuos iguales. A pesar de que en general tenemos un modelo
básico de trabajo, cada consultante nos obliga a pensar en la estra-
tegia a seguir.
Aunque es imposible agotar todas las situaciones que se nos
pueden presentar tratare de encarar las más comunes.
Factores ((iic debemos tener en cuenta
/
Quien
JOrniiiln
el
¡H'dido
SI la consulta nos llega directamente a nosotros, podemos proceder
con entera libertad y seleccionar los tests conforme a las hipótesis
provisorias surgidas de la primera entrevista y de la historia clínica
del sujeto.
Si, en cambio, el ¡ledido viene de otro profesional (psicoanalista,
abogado, maestro, pediatra, etc.), es imprescindible pedirle que nos
exprese claramente el motivo del pedido del psicodiagnósiico para
seleccionar adecuadamente la batería. A veces ellos envían al sujeto
eon la consigna tic que le lomemos na Rorschach o un Bender. Los
tests no son un objetivo en sí mismos: son un medio para llegar a un
95
fin que es lo que cl sujclo o quien lo envía deben aclarar. Pero el
fin que es lo que cl sujclo o quien lo envía deben aclarar. Pero el Icsl
solicitado no debe ser excluido dc la balería adiiiinislrada.
2. Edad
craiiológica
del
coii.sitliante
Este es un factor muy importante ya que no todos los (esls se ulili/.an
en todas las edades y, además, varía la Iccnica de administración.
Un cajón dc juego es imprescindible si la consulta es por un niño.
En la entrevista familiar también se incluye si hay niños o piíhcrcs.
No siempre cslos se muestran atraídos por c! juego en la enlrevisla
individual, pero a veces lo usan.
Hay edades líinile que ofrecen dudas al respecto. En tal caso hay
(pie tener cuidado de no incluir la palabra "jugar" en la consigna
porque ello está asociado a infancia. Qui/.á si le proponemos que
busque allí algo que le interese para hacer algo, se decida a ulilizarlo.
Las actividades lúdicras no son privativas dc los niños. Muchas
veces utilizo la escala dc ejecución complcla y no del Wcchslcr
cuando advierto que estas variadas actividades van a distender al
sujclo antes de despedirnos. Aunque no estuviera previsto incluir
cslc test, cl hecho dc armar exitosamente rompecabezas y copiar
acertadamente los diseños con cubos puede ser algo útil y complc-
mcnlario en cuanto al esfuerzo del sujclo, a los tests proycciivos.
Cuando los niños son muy pequeños y aiiii no hablan claro ni han
superado la etapa del garabato, deberemos guiarnos exclusivamen-
te con horas dc juego, y cuanto más pequeños sean más convenicnie
es empezar con la entrevista familiar diagnóstica (luego de la
entrevista con los padres) para continuar con una entrevista vincular
mamá-hijo y otra papá-hijo. Es probable que ai ser ya más conocidos
para cl niño, cl acepte quedarse solo en una hora de juego individual
o, al menos, que la m;iniá o el papá esperen en otro cuarto.
Con adolcscenlcs más lardíos sucede lo contrario. Quieren venir
ellos a la primera entrevista y prefieren que los padres vengan
después. Si no han cumplido 18 años, es imprescindible que los
padres asistan aunque sea una vez para conocerlos, conocernos y dar
su consentimiento a lo que haremos.
En cuanto a la administración dc los tests no he encontrado
diferencias sustanciales con respecto a los adultos.
También podemos llevarnos la sorpresa de que cl adolescente o
adulto llega con sus padres, su esposa, un hermano, etcetera.
En lal caso comenzaremos con una enlrevisla con lodos los
96
concurrentes y dejaremos el resto para d final. Eso es ya de por sí un
concurrentes y dejaremos el resto para d final. Eso es ya de por sí un
indicador diagnóstico importante. Puede tratarse de un psicótico o un
fóbico grave, un paranoico, un débil mental, cícétcra.
La importancia de poder administrarle tests proycclivos y objeti -
vos será justanicnlc la de poder liaccr un diagnóstico'diferencial
cutre esos cuadros para ut\a correcta indicación tcrapculica.
Recuerdo un caso en el que la entrevista la piíiióc l hermano de una
muchacha de. 16 años A la primera entrevista vino él, de 26 años, el
mayor de cuatro licrmanos y la joven.
La actitud del muchyclio er;i como la de un pa Ire que traía a su hija
porijue no la veía Icii/ . porque tenía constaiilcs •racasoscn el colegio
(apcii.is [irimcr año aprobado) y coinplel;imeiit( encerrada en la casa
junio a la madre. Insistí en que la próxima ve/ iniera todo el grupo
familiar, pero sólo concurrieron el mayor, otro hermano quclc seguía
y la madre, que se mantuvo en un rol lotalmcntc pasivo.
La joven tenía la apariencia de una nena boba, gordinflona, de pelo
enmarañado, más bien feúcha. Aceptó venir a hacer los IcsLs. Además
de los proycclivos incluido Raven y Wechslcr. Su producción era
aceptable con una inteligencia término medio
como rcndiinicnl o
efectivo. Seguramente podría ser algo superior si no perteneciera a
un grupo familiar en el que las mujeres no sirven más que para
I im [liar, parir hijos y ostentar pieles y joyas par;; demostrare! estatus
del marido.
Cuando insistí en que concurriera el padre, vino con la esposa, el
hijo mayor y otro menor. Mi objetivo era decirles que fcli/nienlc su
hija no era una nena boba que quedaría soliera pegada a la madre.
Pero el padre se adelantó a decirme "Mire ; yo w creo en cslas cosas"
••(.Cuáles cosas?'", le conteste. "Esto que hacen CÁ"—respondió. Le
explique que como el medico explora el cuerpí el psicólogo estudia
la mente y su relación con el cuerpo. Les di someramente los
resultados y el padre dijo que no pensaba hacer nada para ayudar a
una hija que jamás lo había llamado "papá " y que no servía para ser
prcscniada al hij o de ninguno de sus importantes amigos. Quier o
adelantarl e qu e n>i conclusió n fu e que esta muchach a se protegí a así
de ser objclo de un matrimonio de conveniencia concertado por cl
padre sin su consentimiento.
Cuando concurre toda la familia y la actitud es más colaboradora
se puede alternar la entrevista libre con la administración de icsls
proycclivos grupales como los que ya he citado de Juri y de Frank y
dejar los individuales para oira cnlrcvisla poslcrior con cl paciente
"designado".
97
Con personas muy mayores, los tests más difíciles de incluir son los gráficos, ya que
Con personas muy mayores, los tests más difíciles de incluir son
los gráficos, ya que han perdido el hábito de la conducía gráfica y se
sienten ma! al captar su torpeza. Frecuentemente ven menos que
.antes y problemas de artrosis u otros han mermado su capacidad de
expresarse por esa vía. En cambio responden mejor al Philüpson, al
Rorschach al Wcchslcr, si el caso justifica administrarlo, y que nos
informa acerca del deterioro normal por la edad y el que se registra
por la patología.
El Desiderativo es otro test contraindicado, así como Familia
Kinctica Prospectiva (si se-intcntase un gráfico) ya que su avanzada
edad los enfrenta en estos tests con la muerte demasiado próxima.
3. El /live! sociociiltural
del sujeto
y su grupo
étnico
Hay dificultades para administrar ciertos tests y oíros que se refieren
más a la correcta interpretación de los mismos. La selección de una
batería de tests debe tener en cuenta:
—Que la consigna que le da al sujeto va a ser perfectamente
entendida. Que así sucede con una mayoría estadística del grupo de
idéntico nivel sociocultural y del mismo grupo étnico,
—Que la conducta a través de la cual esperamos la respuesta a la
consigna sea habitual para el sujeto común de esc grupo.
—Que lo que se utilice como material estímulo también le resulte
familiar a la mayoría.
Sólo así podremos administrar la batería c interpretarla correcta-
mente en términos de que las respuestas con distorsiones o fracasos
puedan ser adjudicadas a la patología del individuo que estamos
estudiando.
Rcccrdciiíos por cjcntplo la adaptación ipie hi/o Tlion\pson del
TAT de Murray para poder administrarlo en grujjos de negros, ilonde
repitió las mismas situaciones pero con personajes negros y no
blancos como en las láminas originales.
Otro caso especial se plantea cuando se quiere investigar el nivel
mental y se utiliza el WISC o el Wechsler el cual en la escala verbal
consta de subtests en los que el nivel de conocimientos culiurales y
escolares es tan alto que un no-escolarizado resulta diagnosticado
como infradotado. Pongamos la pregunta "¿Por qué es mejor pagara
con cheques que con dinero efectivo?" Cuando en EE.UU. se les hacía
esta pregunta a niños puertorriqueños o mexicanos, se quedaban
98
niiiaiulo sin rcs|)()n(icr. Jamás en su vida habían visto a sus padres pagar con chctjues
niiiaiulo sin rcs|)()n(icr. Jamás en su vida habían visto a sus padres
pagar con chctjues ni sabían dc q\ic se traiaba.
Lo mismo sucede con una gran parte del subtcsi "'Vocabulario", ya
que muchas palabras no son tic uso común en el lenguaje cotidiano
y ya, ni sitjuiera, en las insliluciones escolares o culturales en
yoncral. Se están estudiando adaptaciones a la realidad actual de ese
test ]M)r lo cual hay cpie tener cuidado en cuál es la versión que
elegimos para cada caso.
E:n
lo s
nivele s
socioeconómico s
carenciado s
la producció n
s e
empobrece por la escasa estimulación que los individuos reciben.
Cuando se trata de distintos grupos étnicos, el enlrevistador debe
estar familiarizado con el que se halla en cuestión, o, mejor aún,
pertenecer a el: nueslra mentalidad no es la misma que la dc los
japoneses, africanos, suecos o esquimales. Más aiin, podemos caer en
el error de que interpretemos como pobreza lo que en realidad es
incapacidad nuestra para extraer la riqueza implícita en una produc-
ción que qui/á consta de diez o doce vocablos.
Taníbién cambia lo que nosotros podemos interpretar como melan-
colía tiel ii\dividuo cuando quizás es una cualitlad endcinica.
También podemos interpretar como más patológico de lo que es la
luunosexualidad lemenina o masculina en poblaciones en las que eso
cs común y pasajero como lo era entre los griegos de la antigüedad.
Muchos colegas radicados en distintos puntos del Brasil se cncontra-
r(ui con estas situaciones consideradas por los colegas brasileños
como menos trascendentes que para nosotros.
Comprender cabalmente la hora de juego diagnostico dc un niño
jnjcño, holandés o australiano implica conocer los estándares de
respuestas de cada zona y las características evolutivas de la infancia
en cada societlad.
Con respecto al nivel social, un nitTo muy pobre queda deslumhra-
do anic un caji'ni con muchos juguetes como si lo lleváramos a una
juguetería. Habría que incluir en esc cajíSn materiales que él está
acostumbrado a utilizar a menudo, en especial material dc descarte;
cartón, piolín, corchos, un par de aulilos baratos, y algunos marca-
dores, antes que poner muilecos Playmovil, profusión dc coches,
temperas y pinceles. Y quiero que quede perfectamente claro queesto
no es subestimar al niño sino adaptarnos a él para verlo jugar con lo
que él está habituado a usar y no fascinado con lo que le mostramos
y humillatio porque no lo tiene. Estos niños reaccionan muy bien al
CAT, ¡lor ejemjilo, ya que están más familiarizados con los animales
y la naturaleza que ios niños de "dcparlamenlos" y de ciudad.
99
En muchos Servicios Hospitalarios se acosluinhra actualmente que cada niilo traiga una bolsita con los
En muchos Servicios Hospitalarios se acosluinhra actualmente
que cada niilo traiga una bolsita con los materiales y juguetes que
prefiera de su casa. Esto es por la escasez de recursos de los Hospi-
tales, pero ayuda a que el niño utilice medios habituales de expresión.
4. Casos con dcficíi sensorial o romanicational
El caso de pacientes sordos-,cicgos, incapacitados jiara dibujar o paia
hablar inlcligiblcmcnlc, nos presenta dificultades tanto en lo que se
refiere a que tesis se pueden utili/ar y cuáles no, como en la correcta
inter()relacióii de los mismos. De no hacer una elecci()n adecuada ilc
la balería podríamos equivocarnos seriamente cu el diagnóstico. El
caso de tener que discriminar sordera, aulismo y debilitad mental es
uno de los que ofrece mayores dificultades.
La experiencia clínica resulta más esencial ijue nunca en estos
casos y los Icsts que se puedan administrar son más que nunca un
medio complemeniario. Es muy importante la o las horas de juego
que hagamo.s para observar no siilo si juega y ciínio sino también sus
movimientos , l:i cxpresiiín de su cara , de su
mirada , sus palabras , las
reacciones a ruidos o a nuestra palabra, etcétera.
Los tesis de historias relatadas pueden transformarse en historias
escritas por el propio sujeto si sus dificultades están en el habla.
Hasta el Rorschach puede responder por escrito (si puede escribir).
Si se trata de un sujeto ciego se puede utilizar |)or ejemplo el lesi
de frases incompletas, los Cuestionarios de personalidad, el Cuestio-
nario Desideralivo.
Hay una versión del Raven para niilos pequciTos que es en bloipics
y con sistema de "encaje". í'odría adaptarse el Rorschasch a este
sistema, pero sería objeto de futtiras
investigaciones.
5. El móntenlo vital
Otro elemento a tener en cuenta para seleccionar la balería es el
momento evolutivo en que se halla el sujeto.
El momento ideal es aquel en que puede establecer aunque sea un
mínimo de "rapport" con el psicólogo, o sea de contacto y que
también pueda conectarse con la tarea que la batería proyccliva le
propone. Los test proyectivos exigen un mayor trabajo que los
objetivos en cuanto a trabajo psicológico de introspección y proyec-
ción de lo inconsciente.
100
No me refiero a(|uía momentos rcsislcncialcs. que también se dan. sino a momentos evolutivos en
No me refiero a(|uía momentos rcsislcncialcs. que también se dan.
sino a momentos evolutivos en que necesariamente la capacidad
libidinal del sujeto está vuelta sobre sí misma (introversión) porque
el yo cslá enfrentando situaciones actuales complicadas.
Podríamos afirmar categóricamenic que cslá contraindicado rea-
lizar un psicodiagiuislico cuando el sujeto cslá :!!ravcsando una seria
crisis evolutiva o cxislcncial y que las conclusirjncs a que se llegue.
si se lo liacc. no pueden ser tomadas_como risgos estables de la
personalidad del sujeto.
A veces el psicodiagnóstico se hace para establecer un diagnóstico
dilcrcncial entre ci isis evolutiva y proceso patou')gico y así saber qué
rumbo tcrajiculico seguir.
Cuando hablo de crisis vitales me refiero por ejemplo a la puber-
tad, la franca cclosii'in de la adolescencia, una decisión vocacional
conllictiva, el casamiento, el primer hijo, el casamicnlo de un hijo,
la viudez, la abuclila, etcétera.
Hace
jioco
tiempo
encaré
eslc
lema
en
un
importante
evento
científico' en un work-shop: "/.Son las crisis vitales motivo de
consultas cada vez más Irecucnlcs?". donde el grupo llegó a la
concltisión afirmativa por varias razones.
1. Cada vez más h)s momentos críticos están má.s seguidos unos
de otros como dejando poco tiempo para elaborar las distintas etapas.
2.
Las situaciones patcígcnas están demasiado cerca del indivi-
duo,
(juc
antes
podía
mantener
una
mayor
¡lislancia
o crear
un
"microclima personal más sano.".
3. Cada vez la familia es menos contincnlt
de sus propios con-
fliclos.
4. Cada vez más la sociedad misma se vucS- creadora de conflic-
tos y carcnle de medios o inslilucioTics que prevean a la familia del
"holding" que anlcs hallaban nuestros abuelos en sus padres y los
nuestros en ellos.
.'i. En el seno de la familia hay menos discriminación generacional,
menos espacio para el diálogo y una absoluta invasión de elementos
de consumo que enajenan
al individuo. Por ejemplo a la hora de
cenar, en la que se encuentra toda la familia, lodos miran Icicvisión.
El diagnóstico diferencial propuesto en esa oportunidad fue el
siguiente: realizar entrevistas familiares en las que sería imprcscin-
' U-r. l-.iicviL-iiir<» y ()" Si ni pos i mu tu^.Tiiizndo por la Asn
rsicnUTnpl.T para l'.raduaOi's. Tema: "C'línica rsico.inali^
' ición j-lscucln Arpctiliiin de
a Aclual",
l')SX.
lOl
diblc administrar el Test de la Familia Kinciico actual y prospectivo en sus dos formas:
diblc administrar el Test de la Familia Kinciico actual y prospectivo
en sus dos formas: individual y de consenso, vinculares e individua-
les con el sujeto traído como paciente: estudiar la movilidad de roles
familiares, la permeabilidad de los padres p;>ra absorber una orien-
tación psicológica; indagar la personalidatl jirevia tlel pacienie.
Cuanto mas sana antes de la consulta, más nos inclinaremos ;i favor
de un diagnóstico de crisis evolutiva sobre todo si en el psicotiiag-
nóstico aparecen rasgos patológicos ""puntuales" dentro de un proio-
colo por lo demás aceptablemente sano.
Todas las crisis evolutivas son momentos de duelo, t:il como lo
expresara Grinberg en ¡clenlicJíiíl y cambio. Siguiendo también a
Frciid y a Melanie Klein este autor destaca el trabajo de duelo í|ue
realiza el Yo ante cualquier cambio y las ansiedades (¡ue puede esto
despertar: desde las más atenuadas y lógicas hasta las más primiti-
vas, masivas y psieóiicas. Pctcr Blos habla dc'"rcgresinnc.s al servicio
del desarrollo", expresión también utilizada por Anna Freud, y estas
regresiones se distinguen de las patológicas por la brevedad de su
duración y por el enriquecimiento del Yo cuando logra superarlas.
Por eso es importante en la historia clínica y en el psicodiagnóstico
en general conocer cómo era la personalidad previa del paciente
sobre la cual se asienta esta "patología" actual.
Cuando emergen ansiedades muy primitivas, vemos al sujeto en un
estado agudo de ansiedad paranoide o totalmente confuso o melan-
cólicamente deprimitlo. Junto con esto puede mostrarse colaborador
o desconfiado y resistente.
[ill tales condiciones es conveniente esperar para realizar el
psicodiagnóstico y encarar la situación con los medios deque dispone
e
la psiquiatría dinámica actual (entrevistas, medicación, internación,
etcétera).
Luego de un período de iralamienlo sí sería útil rcaliz;ir el
psicodiagnóstico y, de todos los tests (¡ue mencionamos, el Cues-
tionario Desiderativo y el Pliillipson serían imprescindibles. Í.-.I
Rorschach también lo es. Pero las historias del TRO que piden
expresamente inventar un conflicto y un desenlace dan claros
indicadores en cuanto a la fantasía de enfermedad ipie tiene el
paciente y el pronóstico que el mismo inconscientemente formula.
Por ejemplo: en A 1 ve un hombre en medio de un incendio, que no
va a poder salir de allí y se va a morir; si al final del test le pedimos
la historia alternativa para la misma lámina y no puede dar otra dis-
tinta y todos los finales son pesimistas o sinicsirc^s, \w imlican el
misn^o diagnóstico ni el misn\o proucístico que si en A 1 da esa his-
102
loria, pero en la hislona alteriialiva dice que ve un hombre rodeado tic humo, el
loria, pero en la hislona alteriialiva dice que ve un hombre rodeado
tic humo, el incendióse apagó o él logró apagarlo y se va a ir a su casa.
Lob !ests de figura humana son insustituibles en estos casos, pues la
patología ya instalada, crónica c insalvable sin tratamiento intensivo
y prolongado, se observará en la patología de los rasgos formales del
ilibujo y en la licformación, distorsión o pérdida de la gestait humana,
niiciiiras tjue está conservada en los casos de crisis vitales suscepti-
bles de ser encaradas con psicoterapias más breves. En estos casos,
adcnuis. los rasgos fornialcs tienen características pcsilivas-y no hay
estereotipia ni en lo formal ni en el contenido de las distintas figuras
iJibiijatias.
ó. Conícxto
cspacio-tvmporal
en que
se
realiza
No es lo mismo trabajaren nuestros consultorios particulares que en
insiiluciones hospitalarias o privadas.
No es lo mismo disponer del tiempo que nosotros estipulemos que
tener ijue hacer un psicüdiagnóstico de emergencia, aun particular-
mente, o tener que adaptarse al tiempo que cada institución estipula
para eso.
íin coiuliciíuícs normales realizo una primera entrevista con los
padres, luego veo al paciente en una entrevista libre (hora de juego
si es un niño) en la tpie luego de unos treinta minutos comienzo a
lomar los tests gráficos; en otra entrevista tomo el Desidcraiivo y el
Rorschach y cu una tercera el Phillipson y Bender. Si necesito tomar
el Wis e o Wcchsler lo fracciono entre las tres entrevistas individua-
les, [-inalmcnle rcali/o la entrevista familiar.
Ya aclaré (pie csla no es una secuencia mecánica. Puede ser que la
familiar sea la primera o la segunda; puede ser que dos entrevistas
alcancen p;ira tomar los tests necesarios, puede ser que sea necesario
incluir enlrevislas vinculares. Todo depende del caso. Finalmente
re:ilizo la entrevista de devolución a los padres, al hijo, y a veces a
toda la familia. Difícilmente esto me lleve más de seis entrevistas
como má.ximo ya que a veces, luego de una entrevista familiar, pido
que se ciueden [)or ejemplo la mamá con el hijo y el resto vuelva al
rato, para observar la dinámica vincular.
Este proceso está ubicado en un lapso de una semana o diez días
como máximo. Pero a veces ocurre que el pedido viene de una familia
tjue vive lejos y quieren aprovechar por ejemplo un fin de semana
para hacer la consulta sin perder días de trabajo. En estos casos hay
103
que "comprimir" la.s cnlrcvisla.'?, Icnicndo la precaución dc que las dos (mínimas) destinadas para los
que "comprimir" la.s cnlrcvisla.'?, Icnicndo la precaución dc que las
dos (mínimas) destinadas para los tests sean una por la mañana y oira
por la larde para que el sujeto tenga un espacio para relajarse.
En el caso de las instituciones se dan situaciones muy esjiccialcs,
desde tener que trabajar en cuartos donde se escucha claramenic al
vecino, hasta terminar lomando gráficos en un banco del (lalio
porque faltan consultorios libres.
Otro es el factor tiempo. Lo común es que la institución pida a!
psicólogo un diagnóstico muy preciso y completo, administrado en
coíidicioncs precarias, sin suministrarle el material necesario y en el
mínimo de tiempo.
Cuando hay que elegir una n\inibalcría yo tomo un Dibujo libre.
Dos personas, Desideralivo y Rorschach. En niños el Rorschach rara
VC7, lleva más de diez, minutos. En los más grandes puede tomarse en
quince o veinte miiiulos ulili/ando la Iccnica de limitar a un máximo
dc tres respuestas por lámina. También suelo ulili/.ar el "Z " test dc
Zuiligcr, similar al Ror.schach pero de (res láminas, que sí puede
administrarse en diez minutos en adolcscenies y adultos. En los
gráficos también hay que limitar el tiempo en estas condiciones de
trabajo. Si vcinos que demora mucho debemos decirle: "Me gustaría
que lo terminaras para hacer el resto de nuestra ;arca'.
Esta minibatcría tampoco es iJnica. Depende de la patología a
investigar. Si se sospecha organicitlad puede ser suficiente pedir Dos
personas, Dcsiderativo. Bender y Rorschach o "Z" test.
El Phillipson admite la posibilidad de seleccionar algunas láminas
adccunda,s al conflicto del sujeto y esto permite incluirlo cu una
minibatcría.
Con niños bastan veinte minutos dc hora de juego y otros más para
Dibujo libre. H.T.P. y Rorschach. En una segunda entrevista pode-
mos tomar C.A.T., Dcsiderativo y Familia Kinclica.
Insi.slo cii que lodo depende del motivo de consulta y que, según
el mismo, luego dc los veinte minutos de juego, pediría Familia
Kinctica y C.A.T. únicamente.
Cabe agregar que el psicólogo puede trabajar con balerías menores
cuanto mayores su experiencia clínica y má.s profundos sus conoci-
miento,s, de manera que en estas tarcas una institución debe ubicar
a sus profesionales más avezados.
KM
7. Elementos de la personalidad a investigar Sobre la base dc lo que ya describí
7. Elementos
de la personalidad
a
investigar
Sobre la base dc lo que ya describí como una balería que utilizo en
forma estable, cabe aquí agregar en cuáles icsls pongo el énfasis en
dclcrtniíiados casos y en que secuencia los ordeno.
Gcncralmenlc trato dc que el test que me resultará más importante
no cslc al principio dc la balería, porque el sujeto viene con cierta
dcsconfian/.a lógica ante la tarea y ante nosotros. De este modo, al
ubicarlo en una segunda entrevista, obtengo resuiladosmásconfiables.
Tampoco lo dejo [Vara el final, cuando el ujeto puede estar ya
cansado dc responder a lanías consignas.
Si hay que investigar organicidad, el H.T.P. Cromático, el Rors-
chach y el Bender son imprescindibles.
Si la duda es entre oligofrenia y oligolimia •. i niños incluyo el test
dc
figura humana con la consigna de Koppil/ para evaluarlo según
las
paulas dc Goodcnough (revisado y actualizado por Harris) y las
paulas dc nivel maduracional dc Koppil/
Incluyo el WISC cuando el
nivel dc cscolarización es aceptable y el niñri, aunque sea a duras
penas, ha llegado a un cuarto o quinto grado común. Con los más
pequeños utili/arcmos la última versión del Wcchslcr para ellos.
Conviene allcrnar subtests verbales con los dc ejecución para hacerlo
m;is ameno. Gencraimcnlc los tomo fraccionaílos. alternando con la
hora dc juego, el H.T.P. y el Rorschach. Si el riño ya tiene diez afios
incluyo el Raven dicicndolc (|uc deseo verlo h ibajar en distinto tipo
dc larcas y ésta es distinta dc lo que hizo h;i
a entonces .
Si la misma duda diagnóstica se da con un Mtlolescentc o un adulto,
ulili/.ü el Wcchslcr. Rorschach. Raven para ;; Julios mezclados con
otros gráfici)s y algunas láminas de Phillipsor; ¡ara verificar si puede
ver o lio el clise.
Si la duda cslá entre neurosis y psicos ., en cuadros border
dudosos, lomo loda la balería ctnnplcta de lesi: proycctivos incluyen-
do la escala de ejecución del Wcchslcr para verificar si hay o no un
área del Yo libre dc conflicto que le pcrmila al sujeto operar con
relativo éxito en ci área educacional y/o laboral.
Cuando la investigación debe centrarse en peligro dc actuaciones
(drogadicción, homosexualidad, conductas asocíales, abortos, ele.)
es imprescindible la balería completa dc tests proycctivos y en lo que
resulta importanlísimo detenerse es en las asociaciones verbales (que
cslimularemos al máximo) y en los intcrrogaiorios del Rorschach y
del Phillipson.
Recuerdo un caso que me enviaron para • 'vestigar el riesgo dc
105
recaer en la droga. En el H.T.P. dibujó una casa tipo chalet con una ventanita
recaer en la droga. En el H.T.P. dibujó una casa tipo chalet con una
ventanita en el techo. Pregunté qué había allí. "Nada, csi.á vacía".
Pregunté: "Entonces no sirve para nada?" Dijo: "Bueno, a veces a mí
me gustaría tener una pieza para descansar, no pensar en nada, mirar
el paisaje". Además en el Cuestionario Dcsidcrativo respondió como
primera catexia: "Una vibración" (?) no pudo explicar por qué. En la
lámina CG del Phillipson las figuras de abajo (represcntanics de 1
pulsiones del Ello) las ve como "gente" (?) esperando algo ("¿cómo
las ves?") "Abatidas,cansadas"X"¿qué esperan?") —"No sé, un tren,
van de viaje". ("¿Y esto qué podría ser?" pregunto señalando la
sombra superior). "Alguno que también va a viajar."
La conclusión es obvia; hay un altí.simo riesgo de recaída pues el
Yo es demasiado frágil, el Superyó no impone normas (sombra de
CG) y tiende a evadirse de la realidad más que a enfrentar su lucha
y sus frustraciones (altillo de la casa y otras historias del Phillipson).
106
Vill. Oli.IKTÍVOS, MATERIALES Y CONSÍGNAS lí i lEIZADOS PARA KL PSICODIAGNOSTICO CLÍNICO Esia es una
Vill. Oli.IKTÍVOS, MATERIALES Y CONSÍGNAS
lí i lEIZADOS PARA KL PSICODIAGNOSTICO CLÍNICO
Esia es una si'iilcsis tjiie lealicé en ocasión de diciar un Seminario sobre lesis
proyectivos y sobre psieodiagnóslico clínico en general.
Creo que puede ser de iiliüdad ubicarla aquí para que el lector tenga una
apretada síiilcsis de cada lest y una bibliografía básica para consultar al
rcspeclo.
Dibujo libre
Es útil para explorar la fantasía de enfermedad, curación y análisis que trae
el sujeio. Se le da una hoja en blanco apaisada, un lápiz Fabcr N° 2 y una
goma de borrar lápiz, blanda. "En esta hoja dibuje (dibuja) lo que quiera.
í'icnse algo y h) primero tjiic se le ocurra trale de dibujarlo".
Se registra lo que dibuja, en ciiié secuencia, lo que borra, los gestos y
c (tmcnlarios. Ante cualquier pregunta respondemos, "Como quiera". No se
le permite pintar el dibujo. Los niños, especialmente, tienden a hacerlo.
Puede hacer oiro para pintar. Ninguno de los tests gráficos, excepto el HTP
Cromático, han sido ideados para ser realizados con otra cosa que no sea
hipi/ y esto hace a la comparación de trazos, especialmente.
Una ve/, terminad o .se le pulen asociaciones . "Habíam e d e tu dibujo , ¿qué
es esio? y ¿cslo oiro? ¿c¡ué pasa allí? ¿adonde va esc camino? ¿qué título le
pondrías?", ck'cicra.
¡¡il>lioiii'íifííi:
Vcusc
hi
¡nilillcíuia
al
fin:il
del
libro
de
E.
Hammer,
Los
tests
proycctivd.s
i^ráficos.
Buenos .<\ircs, Paidós, 1969.
107
IX. LOS TESTS PROYECTIVOS GRÁFICOS Antes de entrar de lleno en la materia deseo recordar
IX. LOS TESTS PROYECTIVOS
GRÁFICOS
Antes de entrar de lleno en la materia deseo recordar lo que han dicho
al respecto algunos autores de renombre, verdaderos especialistas en
el lema.
Jaime BerTislein, en el prólogo al libro de E. Hammer' dice:
El inslrumenlo principal de la clínica psicológica es la entrevista; los
tests proycctivos cslán al servicio de ella puc;, en rigor, no son sino
dispositivos para conducir una forma de entrevista.
Más adelante comenta el temprano dcsarrolio de la grafología
dice:
y
Esa temprana preferencia por el examen psicológico a través del
cumportamienlo gráfico implica una precoz, percepción de su valor
coiminicalivo, de su eficiencia para recoger informaciones más vera-
ces, menos trampeadas que las que se oblicncr, por la vía engañosa del
lenguaje. |
|
La cultura alienta y coinpelc al individuo desde el
comicn/.o de su desarrollo para que transmita y reciba casi exclusiva-
mente mensajes vcrhali/.ados y lo lleve a abajidonar antes o después,
lodo liilciilo de comunicarse por oirás vía.s
[pero) el p.sicólogo
clínico sabe que el Ira/.o y las figuras le dan acceso a estratos básicos
y que constituyen expresiones menos coiilroladas de la personalidad
del sujeto. Sabe que puede confiar en ese lenguaje más ingenuo y
espontáneo; más complejo y difícil; en esc idioma extraño que, ya
avanzada su formación humana, debe aprender profesionalmcntc a
desentrañar y para cuyo manejo debe ejercitarse.
'I;. llamnicr. Los (r.x/J prnyrclivos
gráficos,
Hucnos Aires, Taidós. t ' cdic. 1969.
125
iicrnstein recuerda en esa oportunidad a los que fueron pioneros en esta materia: psicoanalistas de
iicrnstein recuerda en esa oportunidad a los que fueron pioneros
en esta materia: psicoanalistas de la talla de Paul Sctiiider. Laurclia
Bender, John Buck, Karen Machover, Abrams y Schwartz,cnirc
otros. También menciona a Harrowcr, autor del test del concepto más
desagradable y a Kingct y su técnica de coniplclamiento de dibujos
y la técnica del garabato libre.
Por su parte, Caligor^ dice que desde los tiempos de las cavernas
el hombre ha utilizado el dibujo como forma de comunicación. Cita
a Paul Schilder para quien los dibujos pueden estudiarse duranie el
tratamiento analítico con adultos, de la misma manera que el mate-
rial brindado por los sueños. Schilder' descubrió la permanencia de
ios esquemas gráficos que podían observarse y describirse. Dedujo
entonces que en los dibujos había aspectos estructurales relaiivamcn-
tc persistentes. Desde entonces, recuerda Caiigor. se han uiiü/ado
extensamente. Caiigor es autor del TD8H, el test de las 8 liojas. por
cierto muy interesante ya que cada hoja modifica el dibujo de la hoja
anterior logrando diferencias significativas entre la primera produc-
ción y la última.
Biedma y D'Alfonso'' trabajaron un test cuyo autor es Wartcgg^
Este psicólogo había escogido temas gráficos según c! poder de
sugestión de cada uno (un punto en el centro, una curva, dos corlas
paralelas, etcétera).Basado en la teoría de la Gestalt, trata de conocer
la orientación dinámica y genética de la personalidad del sujeto y
estudia en distintas etapas el proceso de la estructuración en la
prueba del dibujo. Se basa en la Psicología del carácter y en la Tipo-
logía, muy en auge en aquella época.
Biedma y D'Alfonso agregaron otros ocho temas a los originales
de Wartcgg (WZT8D) para ampliar la información obtenida por la
primera serie. Se prohibe usar goma de borrar y la consigna es:
"Complete el lema".
Como vcmo.s, el inleré.s por las técnicas gráficas lia surgido desde
diferentes fuentes; la grafología, al psicoanálisis, la teoría de la
Gestalt, la Psicología de! carácter y la Tipología.
Deseo mencionar otro autor: Joseph Di Leo' quien quedó impresio-
'L. Caiigor, Nueva inicrprelación psicológica del dibujo ile la fixi'ra hinnana,
Buenos Aires, Kapclusz, 1971,
'P. ScliilJcr,//na^en)'a;)aríf íicia dei cuerpo humano, Rucnoi Aires, Paidós. 1 ')58.
'Biedma y D'Alfonso, El lenguaje del dibujo. Buenos Aires, Kapelusz, 1960.
'Warlcgg. El test de Warteg. fiuenos Aires, Paidós.
*J. Di l-co, El dibujo y el diaí¡nóslico psicológico del niño ticrnujl y anormal Je I
a 6 arlos, tiucnos Aires, Paidós, 1974.
126
nado por algunas semejanzas cnlrc los dibujos de niños contemporá- neos y de egipcios antiguos.
nado por algunas semejanzas cnlrc los dibujos de niños contemporá-
neos y de egipcios antiguos. Por ejemplo el dibujo del cuerpo humano
y las extremidades de frenlc, la cara de perfil y un ojo en la frente.
Recuerda, a! igual que Caligor, que nuestros antepasados recurrieron
al dibujo porque las imágenes eran entendidas por lodos como un
lenguaje universal. A partir de esto plantea la hipótesis de que los
desarrollos de la escritura en la raza son paralelos a los del individuo.
Para ello se apoya en la teoría psicológica de Stanley Hall, discutible
pero atractiva, segiin la cual considera que la historia ancestral de la
ra/a se reproduce en el desarrollo del individuo. "La oniogcnia
recapitula la filogenia" afirma esa teoría.
Di Leo consagra su libro a analizar las similitudes, por cierto
asombrosas, cnlrc las dos series de dibujos (egipcios antiguos y niños
de hoy) y también las que surgen al comparar pinturas de famosos
pintores de siglos pasados y las de niños de nuestros días.
Lauretta Bender' ideó su Test Gcslállico Visomo'or basándose en
la teoría de la gcstalt (tal como su nombre lo indica). Pero como
señala Bernstein al prologar su libro, John Bell y Hutt, de la Uni-
versidad de Michigan (EE.UU.), han podido clasificarlo como un test
proycctivü, agregando al mismo el empleo de la asociación libre
sobre las figuras dibujadas y otros procedimientos semejantes.
Finalmente llegamos a la década del '60-'70, años en que en
nuestro juiís cobra un inusitado auge la escuela inglesa de Melanie
Klein.
l^csdc la cátedra de Técnicas Proycctivas de la Universidad de
Buenos A\ires. tuvimos (jue trabajar arduamente para neutralizar un
cieno furor que instaba a crear técnicas sin la debida convalidación
y con el consecuente ¡leligro de diagnósticos erróneos.
Aciualmcnle hcn]os llegado a demostrar que es imprescindible que
un icsi sea sometido a pruebas de validez y confialibilidad antes de
ser lanzado a su ulili/acion diagnóstica.
Caracteríslicas ¡generales de l(».s le.sts yráfico.s:
— El lenguaje gráfico, al igual que el lúdicro, es lo más cercano al
inconsciente y al Yo corporal.
— Por eso ofrece mayor confiabilidad que el lenguaje verbal, el cual
'l.;uircn a
nciulcr , /:'/ test
i^ticsiúlticn
visi>ni(ttitr,
liiicno.^ Aires , f^aidós,
1964.
127
es un logro m.ls tardío y puede ser mucho más sometido al control consciente del
es un logro m.ls tardío y puede ser mucho más sometido al control
consciente del sujeto.
— Es un instrumento accesible a pcrsona.s de bajo nivel de
escolaridad y/o con dificultades para expresarse oralmente.
— Por la misma razón los test gráficos son muy útiles con niños
pequeños que aún no hablan con claridad, pero que poseen un
excelente grado de simbolización en actividades gráficas y lúdicras.
— Son sencillos y económicos de realizar.
— Es imprescindible tener en cuenta que Iodo tcsl gráfico se
complementa con asociaciones verbales que aseguran una correcta
interpretación de los mismos.
— También hay que tener en cuenta el nivel socio-económico-
cultural del sujeto, su edad cronológica y su nivel madurativo-
evolutivo. Muchos errores de interpretación obedecen al desconoci-
miento de la producción típica de cada edad y cada gru[)o social.
— Los gráficos muestran una producción muy cercana al incons-
ciente. Por lo tanto muestran lo más regresivo y patológico. Por esto
es imprescindible su comparación con el material recogido con otros
tests proycciivos y objetivos de personalidad |)ara comi)Ietar el
panorama y diagnosticar sobre bases más confiables. Así por ejemplo
podemos administrar el TRO de Phillipson y el Rorschach en adultos
y adolescentes y el CAT de Bellak y el Rorschach en niños.
— Cuando se trabaja en instituciones, los tests gráficos son
elegidos por su sencillez de administración y economía de tiempo.
Pero es menester, por lo dicho antes, coiiiplemenlarios con un test
verbal. El Cuestionario Desiderativo resulta fácil de administrar
entonces para así contar con una "mini-balería". Con este material
no podría hacerse un fino y exhaustivo diagnóstico pero sí descartar
patologías graves.
— Es muy útil considerar las paulas formales del gráfico para
efectuar el diagnóstico y, sobre todo, el pronóstico. Ellas están menos
sujetas al control consciente que las pautas de contenido. El sujeto no
sabe lo que indica su trazo débil y entrecortado o pastoso y grueso,
P£ro sí puede acreditar la diferencia entre dibujar un esqueleto o una
persona viva.
— Para hacer un seguimiento de un tralamicnlo psicoterapculico
de un paciente es importante administrar los mismos tests gráficos
y, dentro de lo posible, en el mismo orden, para poder compararlos.
Lo espcrablc es que haya diferencias en las pautas de contenido y en
las formales. Estas últimas son las que deben aparecer favorablemen-
(c cambiadas porque son las que nos informan acerca de los aspectos
128
estructurales de la personalidad. Es interesante correlacionar las paulas formales de los gráficos con los
estructurales de la personalidad. Es interesante correlacionar las
paulas formales de los gráficos con los dos protocolos del Rorschach.
Las pautas formales son las de más difíci! modificación. Las de
contenido, en cambio, son tan variables como el contenido de un
sueño, sus detalles, no su estructura.
— La estereotipia en los gráficos indica una falla en aspectos
estructurales de la personalidad. No indica C5;tabilidad sino rigidez.
La estereotipia puede ser total o parcial. Po; jemplo, dibujar todas
las figuras humanas siguiendo el mismo esqt ma sin discriminación
de edades, sexos, roles, etcétera. O bien puc c ser que incluya estas
discriminaciones pero que siempre omita in rostros o Ic dibuje (res
dedos a las manos de todas las figuras. En ios casos las fallas se
registran a nivel de la propia identidad (sin r stro) ode sentimientos
de castración (tres dedos en dibujos de sujeto mayores de 6 años). Si,
en cambio, dibuja a su familia y omite el rsistro de la madre, está
significando más bien un trastorno en su vínculo con ella, y en osle
caso no hablaríamos de estereotipia.
— La plasticidad en los dibujos es indicadora de mayor fortaleza
del Yo, que puede adaptarse a distintas situaciones.
— Los tests gráficos pueden servir tan^bién como excelentes
recursos para mejorar la comunicación con un sujclo cuando hay
fallasen la posibilidad de comunicación verbal. Esto sucede frecuen-
temente con niños y con adolescentes mt r jóvenes sin que ello
signifitjiic rcsisicnci.'is necesariamente. La j opuesta de dibujaralgo
suele entusiasmarlos. También la de dibuj r algo entro los do.s al
estilo de la técnica del garabato de Winnicnit o de hacer un dibujo
cada uno, rompiendo así una asimetría que ; -día estar molestando al
sujeto. Ofrecernos como centro de sus críti • hacia nuestra produc-
ción puede favorecer la comunicación con ; ijelos que se avergüen-
zan de dibujar "mal" o que por su narcisismo no soportan ser
observados por un pasivo profesional.
Encuadre en
gráficos
^ Utilizar hojas de papel blanco tamaño oficio o carta (según la
preferencia de cada uno, pero siempre el mismo) sin renglones ni
otros trazos en el anverso o reverso, pues cHo distorsiona la produc-
ción al presentar parámetros que en cicrtc nodo guían la conducta
129
del sujeto o la perturban. Esto debe ser respetado muy especialmente en el test de
del sujeto o la perturban. Esto debe ser respetado muy especialmente
en el test de Bender. Sucede a veces que se utilizan hojas de descarte
no totalmente en blanco. Los resultados de estos gráficos no serían
descartables, pero no podrán ser incluidos en trabajos de investiga-
ción en los que hay que estandarizar al máximo la administración.
Por ejemplo, si un sujeto dibuja un marciano no importa mucho los
trazos en el reverso de la hoja. Pero no podemos dejar de pensar qué
habría dibujado si le hubiéramos dado una hoja en blanco. Quizás el
marciano esté relacionado con el "otro" desconocido que escribió
antes en la misma hoja. Para evitar estas dudas es preferible lomarnos
el trabajo de utilizar el material adecuado.
— Utilizar siempre el mismo tamaño de hojas está en relación con
el hecho de ofrecerle siempre el mismo espacio psicológico en cuanto
a dedicación. También con el hecho de una constante en el espacio
ante el cual él se debe organizar. Si dibuja figuras más grandes
porque le damos hojas más grandes, no podemos luego interpretar
esas diferencias de tamaño como algo significativo, mientras que si
en hojas del mismo tamaño hace figuras más pequeñas y otras más
grandes, tendremos todo el derecho a hacerlo.
— Utilizar lápiz tipo Fabcr N" 2 (ni pálido ni oscuro). De este
modo sabremos que el trazo pálido es por la poca presión ejercida por
el sujeto.
— Utilizar goma de borrar lápiz, blanda. Para todos ios tests
gráficos proycctivos la goma debe estar a la vista del sujeto. Delicmos
consignar si la usa o no, con qué frecuencia y para borra qué detalles
de qué figura. También consignaremos si debería usarla y no lo hizo.
Al tomar el Bender se retira previamente la goma, ya que es ¡iiipor-
tantc conservar el registro de todos los intentos que lia hecho el
sujeto. Puede hacer todos los intentos que desee y consignaremos su
orden. No son confiables los protocolos que aparecen como excelen-
tes pero por el uso constante de la goma.
— Al lomar el H.T.P. cromático, se retira también el lápiz y se le
entregan crayones, siguiendo las indicaciones del autor. El sujeto
debe dibujar directamente con crayones y así podremos observar no
sólo cómo dibuja y colorea sino cómo reacciona cuando se le quiebran
o el trazo de desvía o se empasta, etcétera.
— Conviene comenzar la batería de test con los gráficos porc(uc
son los más sencillos. A los niños les gusta dibujar. A los adolescen-
tes y adultos también, aunque a veces los rechazan por considerar cjuc
son cosas "de chicos". Si insistir es contraproducente, pocJenios
130
comenzar con un test verbal y achirarles que luego dibujarán porque necesitamos comparar lodo. Así,
comenzar con un test verbal y achirarles que luego dibujarán porque
necesitamos comparar lodo.
Así, por ejemplo, si la persona dice que no sabe qué dibujar e
insiste en que le demos una idea, tomaremos primero Dos personas
y dejaremos e! Dibujo libre para otra oportunidad. Si insiste en que
lo único que sabe hacer es copiar, recurriremos al Bender aunque no
estuviera previsto tomarlo, ya que esta larca le va a encantar y
paulatinamente le daremos ánimo para que intente algo más libre,
por ejemplo. Familia Kinctica y finalmente alguno de los otros más
proycctivos.
— Si trabajamos con niños o adolescentes tempranos puede ser que
dibujen en la Hora de Juego diagnóstica. En tal caso pedir el Dibujo
libre es una redundancia. Lo mismo puede ocurrir con otros dibujos
que coincidan con los que pensábamos pedirle. Si dibujó una casa,
árboles, sol, etc., suprimiremos el HTP a menos que el que hizo antes
lio satisfaga las condiciones requeridas.
En algunos casos el HTP se administra en la misma hoja, en otros,
se le da una hoja para cada concepto porque así evitamos que el sujeto
"encubra" alguno de ellos. Por ejemplo, si dice que la persona está
adentro de la casa y no se va. En ese caso conviene pedirle luego Dos
personas si es que no lo dibujó antes. Algunos psicólogos loman el
HTP en tres hojas pues luego, en una cuarta, solicitan una figura
humana del otro sexo, al estilo del test de Karen Machover.
— fil test de la Familia Kinética en sus formas individual y de
consenso, actual y prospectiva, brinda una información muy rica,
sobre todo para la devolución de los resultados del psicodiagnóslico
y especialmente si se va a trabajar con los padres o con toda la
familia. En algunos casos es casi ialrogónico administrarlo, como
por ejemplo cuando acaba de fallecer uno de los miembros del grupo
familiar, cuando los padres acaban de separarse, cuando ha fallecido
un hijo o se ha ido de la casa por serias desavenencias. La inclusión
de tales miembros es lan angustiosa como su exclusión y perturbaría
el buen rapport de la relación sujeto-psicólogo el insistir en tomarlo.
Otro caso puede ser el de hijos de parejas separadas cada uno con
nuevas parejas c hijos de matrimonios anteriores. Si esto no crea
angustia, al menos ponemos al sujeto en una situación de confusión
y de conflicto de lealtades. En esos casos suelo recurrir a la consigna
de Gorman: "Dibuja una familia como quieras". Así dispone de
libertad para atenerse a la realidad o negarla, idealizarla, etcétera.
-— Con
respecto
al
pedido de
asociaciones
verbales debemos
movernos con absoluta
libertad, dado que son equivalentes a las
131
asociaciones libres que pedimos para interpretar un sueño. Aunque algunos tests tiene una especie de
asociaciones libres que pedimos para interpretar un sueño. Aunque
algunos tests tiene una especie de interrogatorio fijo, es mejor
solicitar toda clase de asociaciones complcmcnlarias. Por ejemplo.
"Este sol ¿está saliendo o es un atardecer?, ¿A dónde va cslc señor'.'.
Sale humo de la chimenea, ¿Por qué? ¿A dónde da esla vcnlani-
la? ¿esta otra? ¿Hacia dónde va este camino? ¿qué pájaros son éslos?
¿Este paisaje te Irac algún recuerdo?", elcétcra.
Interpretación
de los tesis
gráficos
— Visión guesiáltica. Es la primera recomendación de Hammer,
autor del HTP. Observarlo en su totalidad con una actitud de "aten-
ción flotante" y estar atentos a la primera impresión que nos causa
contratransferencialmcnte, lo primero que asociamos con lo que
vemos y el detalle que nos llama más la atención: algún conlrascn-
tido, alguna omisión, alguna distorsión, alguna adición extrafla, el
movimiento, la monotonía, el énfasis en algo en especial, la disper-
sión, la comprensión, etcétera.
— Luego de esta visión global haremos un análisis detallado
siguiendo: (1) pautas formales; (2) pautas de contenido; (3) análisis
de las asociaciones verbales; (4) análisis del conjunto de las anterio-
res.
— Siguiendo el modelo de la inlerpreiarión de los sueños de
Freuc/(1901) podremos desentrañar más eficazmenlc su significado,
especialmente, aunque no exclusivamente, en el Dibujo libre que
resulla tan difícil de estandarizar como una entrevista proyecliva o
una hora de juego.
—• Sobre la base de lodo cslo elaboramos una hipólcsis presuntiva
sobre el diagnóstico y pronóstico que se desprenden de cada dibujo
y de la galería de gráficos en general.
— Luego correlacionaremos los gráficos con las cnircvislas
proyectivas, hora de juego individual y familiar, y con los otros Icsts
administrados (verbales y/o lúdicros).
Con respecto a utilizar el modelo de Frcud querría recordar alguno
de los punios de ese trabajo que resultan perfectamente aplicables a
la interpretación de los gráficos proycclivos, tanto más cuanto más
libres sean.
132
Freud aclara que el sueño tiene un contenido manifiesto y un conlcnido Jálenle. También los
Freud aclara que el sueño tiene un contenido manifiesto y un
conlcnido Jálenle. También los dibujos.
El sueño es la realización de un deseo reprimido del sujeto
sometido a un proceso de elaboración. Yo afirmo que un proceso
similar se realiza en el sujeto cuando le á< la siguiente consigna:
"Dibuje lo que quiera; concéntrese en alj o y trate de dibujar lo
primero que se le ocurrió". "Ahora hábleni; de lo que dibujó".
Frcud dice que un sueño es: (1) la realización disfrazada de un
deseo reprimido; (2) los sueños muestran un deseo no reprimido; (3)
los sueños disfrazan,un deseo reprimido; (4) ios sueños muestran sin
disfraz un deseo reprimido y el soñante despierta angustiado {O.C.
Madrid, Biblioteca Nueva, 1948, t. I, p. 244 y ss.). Pienso que para
la interpretación de los gráficos proyectivo esto se aplica perfecla-
mcnlc. Cada una de esas posibilidades nos proporciona algún criterio
para interpretar un dibujo. Por ejemplo si dibuja la figura hasta la
cintura porque "no le alcanza la hoja" vemos funcionando la repre-
sión de deseos sexuales prohibidos. Si esa misma figura es un hombre
que toca una flauta minuciosamente dibujada de perfil y con énfasis
en el detalle de los dedos correctamente ubicados para (al acción.
observamos funcionando el mecanismo de dcsplazamienlo para dis-
frazar un deseo reprimido (¿felacio?). A! unos gráficos muestran
claramente lo reprimido y el sujeto se afana por borrar todo y se
angustia porque se le arruinó la hoja, o se le rompió. Supongamos que
en la familia Kinclica dibujó a los padres durmiendo y al ponerles el
nombre pone el de ella (/.o él?) en lugar del de la madre o el padre.
También puede suceder que incluya a' amado padre muerto y
dibuje y luego borre a la odiada madre qr; lo ha sobrevivido.
"Por transmutación de los valores psíquicos —dice Freud— le
insignificante puede ser lo esencial" (I. I, pág. 241).
También en los gráficos debemos estar átenlos a esto. Pueder
aparecer elementos muy llamativos que intentan acaparar nueslr:
atención. Sin embargo, un análisis minucioso puede mostrar que ;
una figura le falla curiosamente un dedo, o que cada ojo mira haci:
un lado opuesto en la figura que lo representa dentro de su familia
o que una pequeña transparencia superpone dos figuras sin que c
sujeto lo modifique de manera tal que queda como un corte abruplt
en el discurso gráfico. En ciertos casos esto permite centrar 1;
atención en núcleos psicólicos muy bien "disfrazados" por el reste
del dibujo, que respondía a una buena pscudo-adaptación.
Dice Frcud que el sueño es un proceso de regresión, el material c:
fragmentado, el proceso de compresión '
condensa y el desplaza
13
miento complemenla el trabajo de elaboración onírica para que el verdadero significado no sea evidente.
miento complemenla el trabajo de elaboración onírica para que el
verdadero significado no sea evidente. La elaboración inierprelaliva
hace que el sueño resulte un relato comprensible.
Esto puede observarse en los dibujos de sujetos normales o
neuróticos. Los psicóUcos, en cambio, proyectan sus imágenes y
fantasías inconscientes sin estos "disfraces" y sin que registremos en
ellos angustia o intentos de racionalizar su producción. Por ejemplo
diciendo "Hoy estoy de humor negro" o "Es un hombre que tiene
pajaritos en la cabeza" (el dibujo muestra un hombre cuyo cuello es
el tronco de un árbol y la cabeza es la copa del mismo con un nido y
un pajarito).
Ño con todos los gráficos podremos aplicar este método así como
no todo soñante recuerda todos sus sueños o trae frondosas asociacio-
nes libres.
Freud aconseja dividir el sueño en fragmentos, pedir asociaciones
con cada uno y finalmente llegar a la interpretación completa que nos
revela el deseo reprimido. Dice: "El sueño es semejante a un jeroglí-
fico y éste, a una composición pictórica" (el subrayado es mío) (t. I,
p. 394).
Como lodo análisis de gráficos proyeclivos parte de la primera
captación guestáltica, es imposible establecer reglas de interpreta-
ción idénticas para todos los protocolos. Veamos algunos ejemplos.
Un dibujo libre realizado por una jovencita de 14 años mostraba
una casa bastante austera, un árbol a la izquierda y otro a la derecha
y un sol. Lo primero que se me ocurrió fue reparar en que el árbol de
la izquierda tenía cuatro "frutas" que asocié con una cara por la
distribución de las mismas (agujero de ojos, nariz y boca) con una
cualidad algo siniestra. Entonces doblé la hoja por su eje vertical y
así quedó un fragmento a la izquierda con este árbol lan raro y otro
fragmento a la derecha con la casa, el sol y el otro árbol más
convencional. La izquierda está relacionada con el pasado, con lo
más inconsciente y regresivo, con la madre temprana. La derecha con
el presente, la realidad actual; el sol, con la figura paterna ya que su
rol es fecundante. Pensé que sobre una mala relación temprana con
una madre vivida como siniestra esta joven se había refugiado en ia
figura paterna, más cálida y realista. El tamaño de las figuras era el
normal y el trazo continuado, pero daba la sensación de haber sido
hecho muy "a la ligera", lo cual fue corroborado por la psicóioga que
aportó este material. De este modo quedaba encubierta una gran
dificultad para cerrar las figuras. Todo quedaba sin terminar. Diría-
mos que ese fragmento del pasado de su historia aún no resuello ic
134
impedía seguir un desarrollo normal en la actualidad. La historia clínica reveló que esta niña
impedía seguir un desarrollo normal en la actualidad. La historia
clínica reveló que esta niña había sido criada por nodrizas porque la
madre se desentendió totalmente de ella hasta que cumplió dos años.
El motivo de la consulta eran dificultades para dormir y pesadillas,
lo cual era explicable al ver la cara siniestra de su dibujo libre. Las
asociaciones verbales fueron escasas: "Un árbol frutal, otro cualquie-
ra, en la casa no vive nadie, no me hace acordar a nada". Esto resultó
poco estimulante para la psicóloga, quien optó por no preguntar más.
De acá podemos inferir que, además del real abandono materno, esta
niña no reclamaba su presencia, por ejemplo, con cl llanto, y se
conformaba con cualquier presencia que mecánicamente la supliera
con el consecuente sentimiento final de "casa vacía" como ella por
dentro. La ausencia de camino para entrar o salir de la casa, era otro
detalle coincidcnie con su actitud "cerrada", lo que permitía inferir
que sería una paciente difícil, cosa que estaba sucediendo cuando la
psicóloga pidió una consulta conmigo.
En cl caso del hombre de 35 años que dibujó la figura con un árbol
en el lugar de la cabeza, esta pauta de contenido resultó de lanío peso
que poca importancia le dimos a otras pautas posibles de aplicar.
Pero observando su trazo decidido, continuado, sin cortes, podíamos
agregar al diagnóstico de psicosis, la presencia de una estructura de
base lo suficicnicmenle "fuerte" como para poder sobrellevar los
embales de los brotes que seguramente había sufrido ya que cl dibujo
era, en sí, un intento restilulivo.
En otro caso, una mujer de 28 años dibujó llenando la hoja de
lineasen zig-zag muy apretados y entrecruzados y le puso como título
"Mecanismos". Lo asoció con momentos vitales de mucha movi-
lización y consultaba porque estaba atravesando uno de ellos. El
nivel de abstracción utilizado nos brindaba solamente una pauta
formal para poder interpretarlo: cl trazo. Sin embargo fue más que
elocuente y permitió formular un pronóstico favorable que resultó
confirmado al cabo de tres años de tratamiento.
Veamos ahora el ejemplo del Dibujo libre de un niño de diez años.
Claramente podemos diferenciardos fragmentos como en los sueños.
El superior y el inferior, la superficie de las aguas de un mar dividen
ambos fragmentos. Sobre la superficie hay un barco con cuatro
vcnlanilas redondas (son cuatro en ¡a familia) y una bandcrila sin
ningún detalle idcntificatorio,un sol radiante y sonriente y dos nubes
alargadas en scntiilo horizontal. Por debajo del agua hay un pulpo y
lina [)cz es|)ada. Adcm;ís hay un pecccito por debajo del agua como
observando al pulpo y al pez espada y otro apoyado sobre la línea del
135
agua mirando hacia el barco que está en el centro de la hoja. Dice: "Pececilos,
agua mirando hacia el barco que está en el centro de la hoja. Dice:
"Pececilos, un pez espada y un pulpo. Se pelean y los pccccitos corren
peligro; uno quiere subir a! barco pero un pirata con un cuchillo (no
está en el dibujo) no lo deja". Este niño tenía dilicultadcs en la escuela.
por no poder concentrarse, y para dormir. A partir de este dibujo
podemos interpretar que nos muestra un conllicto cdípico tcm|)rano
(por debajo del agua) sin resolver, sobre el cual se apoya e! COIIHÍCII)
cdípico más tardío rcactuali/.ado por la proximidad de la pubcrtad^Ill
pez espada y el pulpo, siguiendo la eonccpluali/.acicin klciniana.
representan una escena primaria cruel entre una madre prcedípica
tálica, bisexual y agresiva y un padre con un pene terriblemente
castrador, mortífero. La escena primaria que este niño aún retiene en
su inconsciente es, pues, una lucha sin cuartel, entre dos elementos
igualmente peligrosos. Predomina el sadismo. Los pccccitos lo repre-
sentan a él. Por un lado conectado con lo más regresivo, lo (jue no lo
deja concentrarse y dormir. Por otro conectado con lo más actual y
confliclivo: una situación edípica en la que el padre es ambivalente-
mente sentido por una parte como un sol radiante y sonriente y, por
Otra, por efecto de arrastre del edipo temprano no resuello, como un
pirata que no lo deja salvarse y lo arrojará a las aguas pobladas de tan
temibles seres.
Como todos sabemos, el llamado Test del Dibujo libre no es
verdaderamente un test sino una técnica, porque resulta imposible
someterlo a la iccnica de cslaiulari/.ación. a menos (|uc seleccionciiius
cuatro o cinco parámetros que sean recurrentes. De lo contrario, oimo
la consigna es totalmente amplia, cada protocolo es único y la cantidad
de variables, infinita.
Por eso algunos profesionales otorgan más poder de conliahiliilad
a las pautas formales que a las de contenido ya (lue son más lácilmcnie
aislables y clasificables.
Pautas para el análisis formal del Dibujo Libre
En 1933, G. W. Allport y P. E. Vernan publicaron conclusiones acerca
de sus esludios del movimiento expresivo.
Tomaron en cuenta los trabajos de Werner Wolff, entre otros, y se
abocaron a investigar la congruencia intraindividual de los movi-
mientos expresivos. La importancia de demostrar la validez de esta
136
hipótesis residía en que, por carácter transitivo, validaría otra hipó- tesis subyacente, a saber: la
hipótesis residía en que, por carácter transitivo, validaría otra hipó-
tesis subyacente, a saber: la de que estos movius ientos están en íntima
conexión con rasgos interiores de la personalidad, de modo que
(lariicfido de los inoviinicnlos expresivos [uiciic hacerse un diagnós-
tico clínico de la misma.
Los autores expresan:
Los aclns motores no son tan específicos como.para careccrdc .
scnlido. y puesto que son organizados, deben reflejar en alto grado la
organización del
campo total del cerebro
Ciertamente no carece de razón afirmar que en tanto la personalidad
es organizada, el movimiento expresivo es .•(¡•monioso y consccucnle
consigo misino, y en tanto la personalidad es desintegrada, el movi-
miento expresivo es contradictorio'.
Idearon una serie de experimentos cuidadosamente controlados
pero no pudieron avan/ar más allá de la siguiente conclusión: no hay
evidentemente generalidad completa ni completa especificidad.
Pero hay que lomar en cuenta que estos autores concebían los
movimientos como mensajeros portadores de tina información acerca
de la personalidad de cada uno por separado.
Por su parte, Wolff, partió de la misma hipótesis de trabajo, pero
con una concepción más gcstáltica de la personalidad. Más que la
medición objetiva de los movimientos, se iii!creso por apreciar sus
diferencias suponiéndolos íntimamente ligaiios a diferentes formas
de organi/ación de la personalidad. Sus cslu üos se extienden a lo
largo de más de veinte años de labor. Es titi' iranscribir la tabla de
significaciones gráficas para la intcrpretac jn grafológica de un
dibtijo libre, tpic publicó en 1947.'
'W. Allporl y I'. \l. Vcman, Studies in expressive mnvemenl. New York, Me.
Millan. 19.1."!.
'W. Wolff. The persnnaliiy nf the preschool child. 7 >r child's search
New York. I'lrunc and Sirallon. 1947.
of his self.
137
Cualida d d e IOÜ trazo s Pauía Significado Presión fuerte Presión débil Líneas rectas
Cualida d
d e IOÜ trazo s
Pauía
Significado
Presión fuerte
Presión débil
Líneas rectas predominantes
Líneas interrumpidas
Líneas en distintas direcciones
Restricción en las líneas
Curvas, líneas circulares
Regularidad
Movimientos bruscos
Movimientos monótonos
Movimientos grandes y amplios
Movimientos limitados
Fuerza, vitalidad
Debilidad
Rapidez, decisión
Lentitud, indecisión
Impulsividad
Inhibición
Ritmo, balanceo
Rilino
Impulsivid.id
Pasividad,
indifcrcnciación
Expansión
Restricción
Cualidades de las formas
Paula
Significado
Formas a muy temprana edad
Fonnas inventadas (ni azar, ni copia)
Formas consistentes
Formas diferenciadas
Formas indiferenciadas
Ausencia de sentido formal
Buena distribución a edad temprana
Mala distribución a edad tardía
Preferencia por las grande formas
Preferencia por las formas pequeñas
Gran contraste de tamaños
Conexión de formas por
medio de líneas
Inclusión de elementos pequeños
en otros mayores
Libre manejo de las formas
Exactitud
Gran desarrollo
Inventiva
Decisión
Capacidad de adaptación
Falla de orden y nilide/.
Falla de observación o
de imaginación
Habilidad creadora
Perturbación rítmica
Tendencia a la expansión
Tendencia a la restricción
Conflicto
Habilidad para caplar
relaciones
Habilidad para integrar
Formas imaginarias
Eninarcación
Libre acceso a los objclos
Habilidad en la observación
de la realidad
Predominio del minido inlcrior
Diferenciación, protección,
aislamiento.
138
Comparación de !<)S trazos Pauta Significado Líneab déiiiics y vacilantes Líneas dentadas Líneas
Comparación
de !<)S trazos
Pauta
Significado
Líneab
déiiiics y vacilantes
Líneas dentadas
Líneas nítidamente definidas
Preferencia
por el sombreado
Preferencia por las manchas amplias
-
Formas vagas y restringidas Inhibiciones, miedos
Interrupciones Inflcxibilidad, ncgativismo
Limitación a líneas pequeñas Ensoñación
Grandes lincas trazadas impulsivamente Actividad
Preferencia por los contrastes
Vaguedad, pasividad
Irritación
Decisión, determinación
Sensibilidad táctil
Etapa anal, desasco, desorden
Decisión, determinación
Dirección
de los
trazos
Paula
Significado
Preferencia
por las líneas
angulares
Preferencia por los movimientos
circulares
Preferencia por los moviiuieiUos
verticales
Preferencia por los movimientos
horizontales
Dirección precisa
Tensión, reflexión, crítica, duda,
freno (la elección de uno de eslos
términos depende de la relación de
los elementos gráficos cnire sí).
Oscilación, cambios de humor,
elusion de toda decisión,
maní acó-depresivo.
Acción, determinación, actividad
nerviosa, tendencia masculina.
Tranquilidad,
perseverancia,
Dirección
Dirección
a 1.1 base
Dirección
imprecisa
de
la cúspide
debilidad, tendencias femeninas
Determinación, seguridad
Falla de determinación, inseguridad
Introversión, ansiedad, masoquismo,
ensimismamiento, ensoñación
de
la base
a la
cúspide
Dirección de derecha a izquierda
Dirección de izquierda a derecha
Extraversión, dominio, agresión,
curiosidad
Introversión, autodeterminación,
aislamiento, desaiienlo.
Extraversión, tendencia al mando,
conducción, búsqueda de apoyo.
Trazos con interrupciones Cautela, premeditación
Falla de dirección e interrupción
Vaguedad, inseguridad, ausencia
de organización
139
Valor tipológico de las pautas graHcas Tipo realista Paula Significado Rcprcscnlación en forma realista
Valor tipológico de las pautas graHcas
Tipo
realista
Paula
Significado
Rcprcscnlación
en
forma
realista
Tcmpcrainenl o
rni'is
cicloid e
Exactitud
Observación
Preferencia
porJos
conlornos
Tipo
visual
Preferencia
por las
curvas
Tipo
auditivo
Preferencia
por los
contrastes
Tipo
emocional
Movimientos seguros
Movilidad
Presión
ancha
Agresividad
Pronunciado cambio de
movimiento
Humor maníaco-depresivo
Aspecto
sucio
Fase
anal
E;iagcrac¡ón
de
dclallcs
Ausencia de
inlcgración
Tipo
abstracto
Pauta
Significado
Rcprescnlación en forma abstracta
Falta de exactitud
l\crcrencia por pequeños detalles
Preferencia por ángulos
I'referencia por las sombras
Movimicnlos inseguros
Moviinicnlos esqucmali/.ados
Presión aguda
Exactitud extrema
Figuras grotescas
Disolución de formas
Tipo más esquizoide
Más so["iador
Autoconcicncia
Tensión, mundo interior
Tipo táctil, ensoñación
Inestabilidad
Rigidez
Tendencias sádicas
Sumisión
Bkxiuco de las reacciones naturales
Inseguridad, ausencia jjicnJ.il.
Estas pautas deben ser valoradas por tratarse de un trabajo pionero
en este lema y que ya tiene más de treinta ailos de existencia. Si las
analizamos crílicamcnlc veremos que adolecen de algunos errores,
ambigüedades y superposiciones. Por ejemplo, Wolff menciona como
una pauta la presión fuerte o débil del trazo. Esto es una descripción
de un clcmcnlo observable y, por lo tanto, objclivo. Pero cuando
habla de "buena" o "mala" distribución o de "formas consistentes"
o "diferenciadas", remite a una clasificación de lo ob.scrvable que
requiere una clara definición de lo que el aulor entiende por una y
otra cosa. Por lo tanto interviene más la subjetividad del que inter-
preta.
Olra objeción posible es que las paulas que son contradictorias
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entre sí, deberían tener un significado contrario. Sin embargo Wolff dice, por ejemplo, "Formas diferenciadas:
entre sí, deberían tener un significado contrario. Sin embargo Wolff
dice, por ejemplo, "Formas diferenciadas: capacidad de adapta-
ción"
"Formas indifcrcnciada.s: falla de orden y nitidez". Resulta
confuso entonces, si las segundas deben ser interpretadas como
indicadores de incapacidad de adaptación y ias primeras capacidad
de orden y nitidez o si la! procedimiento sería incorrecto.
De todos modos utili/.ándolas con sentido omún, aún siguen sien-
do útiles y bien valdría la pena diseñar una i.ivesligación para vali-
darías o modificarlas.
Por su parte, Paula EIkisch trabajó entre los años '60 y '70 sobre
el mismo lema. Estudió la expresión artística libre y concluyó que
revelan un elemento que se podría denominar inconsciente, instinti-
vo, primitivo, arcaico y que se relaciona con las sensaciones y con la
imagen corporales de una persona.'" Analizó 2.200 gráficos produ-
cidos por niños durante las sesiones individ ales con ella, compara-
dos con otros laníos que podían producir liuranlc su vida escolar.
Ponían de manifiesto el estado yoico de! niño y fijaciones en etapas
previas del desarrollo psicoscxual. Para analizar el material se basó
en (los series de criterios: A y B.
Criterios A
/. Ritmo
versus
regla.
1. Rilmo:
se cxprcs.'i;
a) cxplícilaincnlc a través de cualidades de flexibilidad del (razo.
que rcsulla kincslésicaincnlc de los ínovimicnlos relajados li-
bres;
b) implícilamcnlc, a Iravcs de la distribución placenteramente
proporcionada del objeto rcprcscntaiio dentro del espacio dispo-
nible,
2. Resala: se expresa de dos maneras opuestas entre sí: rigidez c inercia.
a)
la
regla como rigidez se expresa a través de una cualidad rígida
(adormecida) del trazo, kinestcsicamcnte afectado por los movi-
mientos cspasmódicos tensos que a menudo se vuelven automá-
ticos y mecánicos.
b)
la
regla como inercia se expresa a través de la cualidad borronead]
y
dcsproüja del trazo, kinestcsicamcnte afectado por impreci-
sión. La inercia parece escapar por completo al control rector dt
la rigidez.
' T . nikisch, "Paulas para la inlcrprclacKin de los dibujos",
en Rakin A. y Hawonl
M 1 criticas
prnycciivas
para
niñas,
Buenos Aire'. Paidrts, 1966.
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En el ritmo, la expresión gráfica transmite una sensación de continui- dad temporal dentro del
En el ritmo, la expresión gráfica transmite una sensación de continui-
dad temporal dentro del espacio. En la regla no hay un funcionamicnio
dinámico del espacio. Las cosas están detenidas.
El predominio de cada una de estas características sugiere di.slinlas
características yoicas. Así la capacidad do un niño para expresarse
rítmicamente y su respuesta espontánea al ritmo sugieren tlcxibili-
dad. Se puede diagnosticar un Yo que está desarrollando defensas
sanas. En cambio, si predomina la regla, en sus dos modalidades, nos
hallamos ante un Yo débil.
La rigidez indica que las defensas son demasiado fuertes y se han
establecido demasiado temprano. La represión predomina y el -Superyó
es muy severo. Se puede sospechar la exisicncia de rasgos fóhicos y
una neurosis obsesivo-compulsiva. La inercia inilica que las ilcfciisas
no son bastante sólidas y que la represión no se ha establecido en
forma satisfactoria. Si la capacidad de reprimir es un logro esencial
durante la latencia, la inercia en esc período es un síntoma más serio
que la rigidez. Sin rasgos compensatorios, la inercia durante la
latencia podría indicar regresión, límites yoicos defectuosos y posi-
bles tendencias delictivas. Tanto la rigidez como la inercia suponen
perturbaciones en los más tempranos niveles del desarrollo psicosexual.
//. Complejidad
versus
simplicidad
1. La complejidad
se expresa:
a) través de la tendencia a una representación bastante completa
a
y
a veces detallada del objeto, bien individualizado y diferen-
ciado;
b) estructuralmenle, a través de una sensibilidad imaginativa con
respecto u la forma y a los patrones gestálticos.
2. La simplicidad se expresa reduciendo el objeto diferenciado o la
forma estructural a su patrón más simple, a su esquema. Esto revela
un empobrecimiento en la diferenciación formal. La complejidad
indica relaciones objétales poicncialmenle buenas. La simplicidad
sugiere fijación a etapas anteriores del desarrollo.
///. Expansión
versus