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Héctor Ruiz Núñez

La Cara Oculta de la
Iglesia

Héctor Ruiz Núñez es licenciado en administración de © Ediciones de la Urraca S.A.


empresas y master en economía de la Universidad de Venezuela 842
Harvard. Casi todos sus estudios de promoción los Buenos Aires – Argentina
realizó en institutos católicos de enseñanza. Diseño de tapa e interior e ilustración de tapa: Andrés
Contratado como consultor financiero por una Cascioli
empresa internacional, en 1978 se radicó en Brasil. En Cuidado de la edición: Ricardo Comogli
junio de 1979 publicó el libro “A mentira do milagro Composición tipográfica: Super Type S.A.
argentino” donde anticipó el fracaso del plan Martínez Distribuidores en Capital Federal: Macchi y Cía.
de Hoz. Regresó a Argentina en 1983. Distribuidores en el interior: SADIE S.A.C.I.D.
Desde 1984 se dedica al periodismo político y de Belgrano 355, Capital Federal
investigación. Publica en distintos medios nacionales y Impreso en Imprenta Rosgal S.A.
extranjeros y, en carácter de redactor especial Mariano Moreno 2712
permanente, en la revista Humor. Montevideo, Uruguay en abril de 1990
Se desempeñó como columnísta en las radios Edición Nº1
Universidad de La Plata, Belgrano y Splendid. Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723
Actualmente en Radio Del Plata. I.S.B.N. 950-9265-07-1
Es autor del libro “La noche de los lápices”, junto con
María Seoane.
Dirige el Centro de Estudios Superiores de Periodismo
de Investigación (CESPI).
Ediciones de la Urraca
LOS LIBROS DE HUMOR

Mi reconocimiento a Vicente Bañista.


Alejandro Lamothe, Alba Palavecino,
Alberto Ronzoni, Mariano Volcovich,
Ariel Ferrari, Flavio Maddalena,
Javier Tisera, Augusto Cornejo,
Gastón Blaquier, y a los estudiantes del Centro de
Estudios Superiores de Periodismo
de Investigación (CESPI)
Prólogo
Sin interpretar nada y aun sin creer en nada, en todos los países, gentes que se pretenden
cristianas tratan de acomodarse al sistema eclesiástico de su comunidad, de su familia, de su
infancia; a lo que llaman "su tradición". Argentina es una de las naciones con mayor proporción
de católicos nominales. De personas que acostumbran acercarse al culto solamente para los tres
sacramentos blancos: bautismos, comuniones y matrimonios.
La explicación más generalizada de esta distanciada relación entre fieles y clero, ya figura
incorporada al acervo popular: "Yo creo en Dios pero no en la Iglesia". He escrito las notas que
componen este libro desde la postura exactamente inversa: no creo en un dios normativista, pero
sí en la institución Iglesia Católica.
La existencia de una divinidad que dicta mandamientos a los hombres, que premia y castiga, no
puede sujetarse a discusiones, absurdas por la imposibilidad de su demostración dentro de los
límites de la racionalidad humana. Se cree o no se cree; o, como afirman los creyentes, algunos
"elegidos" creen, porque "la fe es una gracia divina".
Pero no puede dudarse de la existencia e influencia terrena de la Iglesia Católica, una de las
organizaciones más antiguas del mundo y, tal vez, la más perfecta.
La característica que se ha mantenido constante en la historia de la Iglesia ha sido su alianza con
los poderosos, con aquellos que establecen las reglas de juego dentro de las sociedades.
Desde que a mediados del siglo V, los papas enhebraron relaciones amistosas con algunos jefes
bárbaros, cristianizaron Irlanda y, en el año 496, obtuvieron la conversión de Clodoveo, el jefe
de los francos, la influencia de la Iglesia se extendió hasta el hombre común, aunque sin
descender a su nivel. Mientras el mensaje cristiano era trasmitido por monjes y peregrinos, la
jerarquía eclesiástica se transformaba en una aristocracia ad hoc, análoga y paralela a la de
monarcas y nobles. Cuando en el año 800 se fundó el Imperio Occidental, y el papa León III
coronó a Carlomagno como emperador, el pacto político-militar-eclesiástico quedó anudado y
ha perdurado por doce siglos.
Sin coincidir con muchas de las tesis del teólogo brasileño Leonardo Boff-que con su Teología
de la Liberación realiza conmovedores esfuerzos para presentar como liberadora a la filosofía de
la resignación y la parusía rescato como materia de debate la conclusión que incluyó en su libro
"E a Igreja se fez póvo", sobre que "la Iglesia como institución no figuraba en el proyecto de
Jesús".
Al menos, si Jesús decidió confiar a unos pocos hombres rústicos, pero puros de corazón, la
difusión de su doctrina y la conformación de una estructura que la mantuviera, resulta legítimo
sospechar que no debe sentirse conforme con el resultado. El pacto con los poderosos, el boato
y los artilugios de la diplomacia resultan antagónicos con la religión de los humildes y el amor.
Obispos, cardenales y papas, y algunas órdenes religiosas, que conforman esa Iglesia del "A
Dios invocando y con el César negociando", son los protagonistas de este libro. Con algunos
apuntes específicos sobre el episcopado argentino, que disputa con el polaco el primer puesto
del conservadurismo eclesiástico mundial.
Por supuesto, han existido (y existen) religiosos que han sabido cuál era el lugar que les
señalaba el mandato evangélico. Que han dado ejemplo de solidaridad y sencillez. Que han
escapado de la política y los honores. De ellos también se ocupa este trabajo; por contraste o
particularmente, como en .el caso de los palotinos asesinados.
Cada capítulo corresponde a una investigación publicada en las revistas Humor o El Periodista,
que ha sido ampliada y actualizada para esta edición. La compilación no pretende abarcar todos
los aspectos y sutilezas del tema, casi inagotables, pero sí ofrecer una casuística razonablemente
equilibrada, que permita delinear el perfil aproximado de la verdadera Iglesia Católica.

Héctor Ruiz Núñez


Capítulo I

EL PODER ECONÓMICO
Los primeros cristianos tenían un concepto comunitario de los bienes materiales; probablemente
porque poseían muy pocos. Hasta discutían la legitimidad de la posesión particular. A medida
que el tiempo y la riqueza establecieron una relación directa a su favor, esa postura fue variando
sustancialmente hasta desembocar en la declaración de que la propiedad privada era un
principio de derecho natural.
Cuando en el año 754, Pipino el Breve donó al papa Esteban II los territorios italianos
conquistados, fundó el Estado pontificio y dio origen al poder temporal de la Iglesia. Desde ese
episodio fue creciendo el patrimonio eclesiástico hasta alcanzar magnitudes que apabullaron a
los propios reyes. EL poder fuertemente centralizado y una administración sabia para su tiempo,
produjeron una de las potencias económicas más formidables que ha conocido la historia.
La filosofía romana del derecho de propiedad: "ius utendi et abutendi" (derecho a usar y
abusar), fue incorporada a la doctrina religiosa.
La riqueza de los obispos y los papas llegó a su máximo nivel en el Renacimiento, pero el costo
de las campañas bélicas y los cuantiosos regalos que hacían a sus parientes - especialmente
sobrinos e hijos bastardos- fueron sangrando y agotando paulatinamente las arcas religiosas, si
bien se resguardaron las propiedades y las obras de arte. El negocio conocido como simonía -la
venta de títulos y cargos eclesiásticos- se constituyó en la principal fuente de recursos y,
también, en la manifestación más cabal de la degradación de la jerarquía eclesiástica y en
argumento básico de la escisión luterana.
La administración desaprensiva de los fondos eclesiásticos, especialmente desde el siglo XIV,
originó la necesidad de solicitar préstamos. La propia Iglesia forzó a príncipes y nobles
cristianos a acudir en su auxilio financiero y los acostumbró a percibir intereses. Las deudas del
papado crecieron aceleradamente; desde el año 1587 (7.500.000 escudos), pasando por 1592
(12.242.620 escudos), hasta el año 1635: casi 30.000.000 de escudos. Mientras los intereses
saltaban de 715.913 escudos en 1587, a 2.950.000 escudos en 1635.
Las rentas de las colonias de América, que comenzaron a ingresar desde los primeros años del
siglo XVI y resultaban enormes a mediados del XVIII, restauraron la solidez económica de la
Iglesia. Los papas, incluso, se impusieron una mayor austeridad y lograron constituir reservas,
que destinaron -previo convenio de intereses- a conceder préstamos a reyes y nobles
necesitados. La doctrina bíblica de la inmoralidad de los intereses fue desechada, dando origen,
probablemente, al capitalismo moderno.
En el Nuevo Mundo, la Iglesia era propietaria, hacia el año 1800, del 68% de las tierras; en
México, de los cuatro quintos de la propiedad rural.
Actualmente, los negocios financieros son comunes para las órdenes religiosas y los obispados
de todo el mundo. La Santa Sede realiza operaciones de inversión y especulación bursátil por
intermedio de bancos en los que tiene participación y, principalmente, a través del IOR
(Instituto para Obras Religiosas). El IOR fue la entidad financiera comprometida, bajo la
dirección de monseñor Marcinkus, en la quiebra del Banco Ambrosiano. En 1984, bajo presión
del gobierno italiano, el Vaticano debió comprometerse a afrontar el pago de 230 millones de
dólares, reconociendo su vinculación y responsabilidad en ese escándalo bancario.
Negociaciones posteriores redujeron el monto a 165 millones de dólares.
Sin amilanarse ante cifras tan impresionantes y una situación que aparece como irreversible,
subsisten grupos tradicionalistas católicos que consideran pecaminosos la acumulación de
bienes y el negocio del dinero. No se sabe de obispos y cardenales que compartan ese criterio.

DE QUE VIVE LA IGLESIA


ARGENTINA
Si los bienes de la Iglesia Católica argentina figuraran centralizados, representarían el mayor
patrimonio privado del país. Y si los ingresos eclesiásticos tributaran impuestos, la Conferencia
Episcopal encabezaría la lista de contribuyentes. La estimación es válida, a pesar de que los
numerosos organismos y entidades católicos conforman una intrincada red de propietarios que
dificulta una valuación precisa. En Argentina actúan 5.307 sacerdotes y 10.964 religiosas
distribuidos en 5.493 parroquias, iglesias, capillas y santuarios, según informa la Guía
Eclesiástica de AICA, edición vigente en marzo de 1990. Esos hombres y mujeres son los que
se encargan de administrar los recursos de la Iglesia, de cuidar sus obras de arte y de mantener
miles de inmuebles diseminados por todo el país.
Dentro de la estructura jerárquica de la Iglesia Católica cada obispado constituye una unidad
autónoma y autárquica. Como verdaderos señores del medioevo, los obispos titulares de las 44
diócesis argentinas gozan de una amplia independencia, incluso respecto a la Santa Sede.
También el Papa es uno de ellos, obispo de Roma, aunque "primus ínter pares" en cuestiones de
doctrina. Los 44 obispos son los administradores de los bienes eclesiásticos de sus respectivas
diócesis. Algunas muy ricas, como las de Buenos Aires y Córdoba.
El capital de las órdenes religiosas, que se ha multiplicado desde la época de la colonia, está
excluido de esa autoridad episcopal. Actualmente, cu Argentina desarrollan actividades 187
congregaciones religiosas, 59 de varones y I2X de mujeres. El poderío económico de algunas de
ellas, como la salesiana, supera al de muchas diócesis. En todos los casos, el mayor ingreso
deriva de la enseñanza.
Aunque no aparece formalmente como congregación religiosa, sino como Prelatura, el Opus
Dei es la organización católica que más ha crecido en el país en los últimos veinte años.
Dirigido al sector socioeconómico más elevado, el discurso de "la obra" conquistó
simultáneamente adhesiones y donaciones. Más de cincuenta propiedades, muchas de ellas
suntuosas, reflejan el éxito, no exclusivamente religioso, de la propuesta.
Desde la promulgación de la ley Domingorena, en 1958, la Iglesia Católica ha establecido
nueve universidades. Dos en la Capital (Universidad Católica Argentina y Universidad del
Salvador), y en Córdoba, San Juan, La Plata, Santa Fe, Salta, Santiago del Estero y Tucumán.
La paulatina apertura de nuevas facultades significó un correlativo crecimiento de edificios
propios.
Pero si los inmuebles universitarios fueron adquiridos con el producto de la actividad
educativa, otras propiedades eclesiásticas tienen origen en donaciones efectuadas por los
gobiernos de las últimas décadas. La actual sede de la Conferencia Episcopal, en Suipacha
1032, fue cedida por la llamada Revolución Libertadora al Arzobispado de Buenos Aires para
que estableciera la administración de la curia metropolitana. El edificio de la calle Rivadavia
había sido incendiado durante el conflicto entre Perón y la Iglesia. Cuando hace algunos años
la curia se reinstaló en el antiguo predio, convertido en moderno complejo de oficinas, la
mansión de Suipacha 1032 no fue devuelta al Estado.

Riqueza y expropiación
La mayor parte de los bienes de la Iglesia argentina tienen su génesis en la época colonial. En
los siglos XVI y XVII la corona española cedió cientos de miles de hectáreas a los obispados y
a los conventos que se establecieron en el nuevo mundo. En el siglo XVIII, en cambio, el
crecimiento de la fortuna eclesiástica derivó de donaciones y herencias. Hacia 1780, la Iglesia
Católica era propietaria del 65% de las tierras de los virreinatos del Perú y Río de la Plata.
Esos bienes provocaron pocas objeciones en una sociedad de sólidas costumbres religiosas.
"Para Dios todo es poco", se consolidó como un argumento inapelable. Esta concepción perduró
en el tiempo, especialmente dentro del propio clero. En la Pastoral Colectiva del Episcopado, de
1902, el arzobispo de Buenos Aires afirmaba: "En las sociedades bien ordenadas, el lujo es un
signo natural de jerarquía social. Contenido en sus razonables límites completa el orden en vez
destruirlo. La Iglesia le da una consagración religiosa, haciendo de sus templos espléndidos y
de sus radiantes santuarios un reflejo de la belleza de los cielos".
Bernardino Rivadavia, siendo ministro de Gobierno de Martín Rodríguez, produjo un hecho que
durante 150 años fue motivo de debates y reclamaciones entre la jerarquía eclesiástica y el
gobierno: expropió numerosos inmuebles de la Iglesia "no necesarios para el culto”. Los
sucesivos decretos no se limitaron sólo a los bienes, también reglamentaron distintos aspectos
de la actividad religiosa, dentro de un proyecto conocido como Reforma Eclesiástica. La
iniciativa de Rivadavia conquistó partidarios dentro del propio clero, pero también una airada
reacción de los obispos que derivó en la ruptura de relaciones con la Santa Sede.
La actitud del episcopado de la época no debe sorprender, si se tiene en cuenta la magnitud de
los bienes que habían sido confiscados. En el perímetro de la ciudad de Buenos Aires, la
decisión de Rivadavia alcanzó, entre otros, a los terrenos circundantes de las actuales Carlos
Pellegrini y Corrientes, incluyendo el sitio en donde está emplazado el obelisco; a la manzana
de la plaza Roberto Arlt, Esmeralda entre Rivadavia y. Mitre; a la manzana de la basílica de San
Francisco, Alsina y Balcarce; a la manzana de la basílica de Santo Domingo, Belgrano y
Defensa; a la manzana del Colegio Nacional Buenos Aires, Bolívar y Moreno. En la provincia
de Buenos Aires fueron expropiadas las tierras que hoy conforman los partidos de Lujan, Merlo,
Avellaneda, San Pedro, Arrecifes, Moreno, Quilmes, Magdalena y Tres de Febrero. El
constitucionalista Pedro Frías sostenía, todavía en 1986, que el financiamiento del culto
constituía "una compensación por el patrimonio inmobiliario confiscado a la Iglesia por
Rivadavia en 1822" (La Nación, 8 de octubre).
El otro gran argumento histórico que se esgrime para defender la contribución estatal a la
religión católica está próximo a cumplir cinco siglos. El Patronato fue una institución jurídico-
eclesiástica, otorgada por los papas a los Reyes Católicos de España y heredada por sus
sucesores. El pontífice confió a los monarcas españoles la fundación de diócesis, el
nombramiento de obispos y el cobro de diezmos en el territorio de las Indias, a cambio de
cristianizar y civilizar a los indígenas. El privilegio fue formalizado a través de distintas bulas:
ínter Caetera, de 1493, y Eximia Devotionis, de 1501, de Alejandro VI, y Universalis
Eclesiae, de 1508, de Julio II. Como contrapartida, el rey debía sustentar al clero y facilitar los
viajes de los misioneros. Los privilegios del Patrono fueron transferidos a los gobiernos argen-
tinos y también la obligación de sostener a los miembros de la Iglesia. La institución fue
decayendo, hasta que Arturo Frondizi, en 1961, firmó un tratado con la Santa Sede renunciando
a la atribución del gobierno argentino de proponer los candidatos a ocupar las vacantes
episcopales.

Los aportes del Estado


Para los constituyentes de 1853 la cuestión económica religiosa fue un tema trascendente: en el
articuló 2do. de la Constitución Nacional dejaron establecido que "El gobierno federal sostiene
el culto católico apostólico romano”. Algunas cartas provinciales reprodujeron esa decisión,
incluso en años recientes. En San Luis, el 8 de marzo de 1987, la convención constituyente
incorporó el sostenimiento del culto, con los 32 votos del peronismo y la oposición de los 21
representantes de la UCR. Un año más tarde, Catamarca imitó esa actitud. Distinto criterio
primó en la asamblea constituyente de Jujuy: por el voto de los convencionales radicales y de
tres justicialistas, que votaron en disidencia con su propio bloque, el culto fue excluido del
sostenimiento estatal.
En la reunión ordinaria de la Conferencia Episcopal, realizada en noviembre de 1986, se lanzó
la sugerencia de renunciar a los montos que el Estado entrega a los obispos, pero no hubo
consenso para su consideración. La propuesta fue presentada por el obispo de Posadas, Carmelo
Giaquinta, y apoyada por otros purpurados, que la consideraron "un testimonio de humildad y
pobreza". La contribución oficial al sostenimiento de la Iglesia Católica se ha mantenido, en los
últimos años, entre el 0,04% y el 0,09% del presupuesto nacional; en 1988 representaba
aproximadamente 4,2 millones de dólares.
Pero son los fondos que reciben del Estado en concepto de subsidio para sus establecimientos
educativos, los que concentran el interés de los obispos. La participación de la Iglesia Católica
en la enseñanza surgió como una decisión política elaborada a partir de un análisis de la
situación del país a fines del siglo XIX. Desde Roma se incentivó el establecimiento en
Argentina de congregaciones religiosas dedicadas a la educación. El propósito era formar una
élite católica capacitada para enfrentar a la élite liberal.
En la actualidad, la contribución del Estado a los colegios y universidades católicos representa
el mayor ingreso que recibe la Iglesia argentina de fuente oficial. Si bien las partidas no están
centralizadas y no puede establecerse el monto preciso, un cómputo de diversas fuentes
proporciona estas cifras: para establecimientos primarios y preprimarios, 19,9 millones de
dólares; para secundarios y terciarios, 82,3 millones y para las universidades, 11,4 millones.
Esto significa un total superior a los 113 millones de dólares, que procede exclusivamente del
presupuesto nacional; o sea, sin considerar las asignaciones provinciales y municipales.

Recursos locales e internacionales


Las colectas en los templos constituyen uno de los ingresos tradicionales de la Iglesia Católica,
aunque su monto no es significativo. El "diezmo bíblico" no se exige a los fieles, como sucede
en algunas iglesias protestantes y sectas electrónicas. Cada obispo confecciona un calendario de
colectas, con el fin de determinar qué destino tendrán las recaudaciones que se obtengan en las
iglesias de su diócesis los 52 domingos del año. Las ofrendas de un domingo de cada mes, son
dedicadas al sostenimiento del Obispado. Las de uno de los domingos de octubre, al
mantenimiento de los seminarios diocesanos. Otro domingo del año, simultáneamente con
diferentes países, se realiza la colecta para las misiones. En 1987, en Argentina se recaudaron
75.000 dólares para las obras misioneras'; al país le correspondieron 100.000 dólares cuando se
operó la redistribución mundial de las contribuciones. La colecta "Más por Menos", destinada a
las diócesis más necesitadas, recaudó 370.000 dólares, en 1989. El domingo más cercano al 29
de junio, día de San Pedro, la recaudación de todas las iglesias del mundo es destinada al
Vaticano. Un aporte internacional para la Santa Sede, que varía entre 23 y 30 millones de
dólares.
Otro recurso de las parroquias es el cobro de los servicios religiosos, una costumbre que ha
motivado permanentes debates y críticas. Las misas, bautismos y casamientos aparecen
tarifados con precios más que dispares, relacionados generalmente con el supuesto status de
cada iglesia. Casarse en un templo de barrio puede significar una modesta o nula erogación; en
cambio, en San Nicolás de Barí o en la aristocrática Parroquia del Socorro (Juncal y Suipacha),
implica unos 100 dólares, más las flores. En la intimidad, algunos sacerdotes reconocen que el
ser designado párroco de una i-glesia con prestigio social e importantes recaudaciones se
considera un ascenso en la carrera eclesiástica y un escalón hacia el obispado.
Los aportes de la clase adinerada han sido fundamentales para el funcionamiento y desarrollo
del culto católico. Desde hace algunas décadas, los grandes empresarios de la industria, de
ascendencia mayoritariamente italiana, han superado por la magnitud de las donaciones, a la
aristocracia vernácula, terrateniente e hispánica. La Asociación Cristiana de Dirigentes de
Empresa funciona como un eficaz organismo de recaudación.
En los últimos años, distintas fundaciones católicas extranjeras se han constituido en sostén de
múltiples programas de instituciones integrantes o vinculadas a la Iglesia argentina. La mayor
ayuda proviene de Alemania, a través de Adveniat (con sede central en Essen), Kirche in Not
(Koningstein), Misereor (Aachen) y Missio (Munich). También llegan fondos de Italia: Caritas
Internacionalis; de Suiza: Fastenopper Der Schweizer Katholiken, y de Estados Unidos:
Secretariat for Latín America.

Impuesto para el culto


En setiembre de 1986 los integrantes de la Comisión Justicia y Paz, dependiente de la
Conferencia Episcopal Argentina, se reunieron con algunos miembros del Consejo para la
Consolidación de la Democracia y les transmitieron la iniciativa de establecer un "impuesto
para el culto" y suprimir el actual aporte estatal a la Iglesia.
La propuesta de un gravamen destinado a sostener la religión reconoce antecedentes
internacionales. La Iglesia Católica alemana, en cuanto a recursos financieros probablemente la
más rica del mundo, recibe por año aproximadamente 5.900 millones de marcos (unos 3.300
millones de dólares) por las contribuciones de 27,5 millones de católicos que pagan el impuesto
para el culto, legislado en Alemania. El aporte destinado a las religiones consiste en el 10% de
las declaraciones impositivas de particulares y empresas. Por el servicio de recaudación, la
Iglesia Católica reconoce al Ministerio de Hacienda alemán alrededor de 100 millones de
dólares.
Como consecuencia de los acuerdos firmados en 1979 entre el Vaticano y España, en setiembre
de 1987 el gobierno socialista español dispuso un "impuesto religioso facultativo" mediante el
cual los contribuyentes pueden destinar el 0,5% del importe de su impuesto sobre la renta al
mantenimiento de la Iglesia. Se estima que los ingresos eclesiásticos aumentaron mediante este
sistema en casi 100 millones de dólares.
Cuando cabía esperar alguna diferencia por motivos económicos entre la Iglesia y los
funcionarios de la pasada administración radica}, el conflicto se produjo con el gobernador
justicialista Antonio Cafiero. El 9 de abril de 1988, 300 familias provenientes de zonas
inundadas por el río Reconquista ocuparon 40 hectáreas pertenecientes al Arzobispado de
Buenos Aires, en los partidos de General Sarmiento y Moreno. La intrusión provocó un notorio
malestar en la curia metropolitana, que se tradujo en una inmediata denuncia penal por
usurpación ante un juzgado de San Martín. En círculos eclesiásticos se masculló que el gobierno
peronista bonaerense favorecía los asentamientos ilegales. El episodio se cerró con la compra de
las tierras por la provincia, después de agotadoras negociaciones con el vicario general de la
diócesis, obispo Arnaldo Gánale, y sus asesores laicos, que sólo hablaban "en dólares y
calculadora en mano".
En lo que se interpretó como una respuesta a esa actitud poco cristiana de la jerarquía,
aproximadamente treinta sacerdotes de la arquidiócesis decidieron vender objetos y bienes
personales, incluso vasos sagrados recibidos en ocasión de su ordenación sacerdotal. La
finalidad fue entregar el 1 de Mayo, día de San José Obrero, el monto de esas ventas al
movimiento villero. Los curas hicieron propia una revolucionaria sugerencia que Juan Pablo II
había incluido en su encíclica Solicitudo Reí Socialis de febrero de 1988: "Ante casos de
necesidad no se puede dar preferencia a superfluos ornamentos eclesiásticos y costosos
muebles para la adoración divina. Por el contrario, podría ser obligatorio vender esos
elementos para proveer alimento, bebida, ropa y vivienda a quienes carecen de ellos".
Contrastando con la postura del Arzobispado de Buenos Aires, la Iglesia Católica brasileña
colocó sus tierras a disposición de la comisión gubernamental para la reforma agraria. Según
datos de 1988, las diócesis y órdenes religiosas eran propietarias de 179.299 hectáreas, un
0,38% del área total de los latifundios existentes en el Brasil.

Las picardías de Picchi


Los escándalos públicos provocan espanto a las autoridades eclesiásticas. Especialmente los que
involucran al sexo y los económicos. Pueden presumirse los debates internos que habrán
precedido a la destitución del obispo de Venado Tuerto, Mario Picchi. El hecho se conoció
públicamente el 3 de noviembre de 1988, cuando los entuertos del purpurado habían alcanzado
una magnitud inocultable. Picchi estaba involucrado en el caso Manubens Calvet, en
defraudaciones con una mesa de dinero y en las liquidaciones del Banco Sidesa y la financiera
Garfiña.
Junto con José Luis Cora, hombre de frondoso prontuario y titular del Partido Unión Popular, el
obispo respaldó las pretensiones de una supuesta heredera del multimillonario Juan Feliciano
Manubens Calvet. La muerte del hacendado, el 5 de marzo de 1981, desató una feroz disputa
por su herencia de 150 millones de dólares, entre 33 primos, sobrinos y nietos, y su concubina
Margarita Woodhouse. Apenas un mes más tarde apareció una mujer paraguaya, de 29 años,
que declaró llamarse Dolores Manubens Calvet, afirmó ser hija natural del millonario y reclamó
la fabulosa herencia. Por intermedio de José Luis Cora, la paraguaya recibió el activo apoyo del
obispo Picchi. La pretensión hereditaria pasó a la órbita policial, cuando un juez dispuso el
procesamiento de la mujer por intento de estafa, al descubrir que su nombre real era Juana
Carmen González Cibila de Carrera.
Con la representación del Obispado de Venado Tuerto, el hermano del obispo, Luis Pedro
Picchi, y su socio, José Enrique Cardozo, establecieron en Buenos Aires una mesa de dinero que
comenzó a operar en el mercado interempresario a mediados de 1984. Como garantía de los
depósitos de los inversores se entregaban cheques de la cuenta Nro. 2141/0 "Obispado de
Venado Tuerto" del Banco Financiero Argentino. La financiera fue desactivada en julio de
1985, dejando un tendal de víctimas por cientos de miles de dólares. Quienes iniciaron
demandas contra el Obispado se encontraron con una desalentadora limitación: los bienes
eclesiásticos destinados al culto son inembargables.
En marzo de 1987 se produjo un caso de características similares, que envolvió a la Iglesia
colombiana. Se declaró en quiebra la financiera Caja Vocacional, dependiente de la Conferencia
Episcopal y dirigida por monseñor Abraham Gitan Mahecha. Los bienes de la Caja no
alcanzaron para devolver el 50% de los ahorros a los depositantes.
El 16 de febrero de 1989, un juez federal de Córdoba, Gustavo Becerra Ferrer, prohibió la salida
del país de Mario Picchi, procesado por fraude en la causa vinculada con la herencia Manubens
Calvet. Pocos meses después, en julio, el papa Juan Pablo II nombró como nuevo obispo de
Venado Tuerto a monseñor Paulino Reale y concedió a Picchi el título honorífico de obispo de
Tunicia y Numidia, un lugar ya inexistente del norte de África.
Muchas veces, las maniobras económicas ilícitas que involucran a miembros de la Iglesia son
favorecidas por esa condición. La exención de impuestos que gozan las entidades católicas en
Argentina ha facilitado los comportamientos irregulares. En la city se comenta que en la agenda
de los principales asesores impositivos figuran entidades religiosas que, a cambio de un
pequeño porcentaje del impuesto evadido, aceptan firmar recibos por donaciones empresarias
simuladas. En el marco del operativo Tierra del Fuego de 1988; la DGI investigó al sacerdote
salesiano Juan Corti que dirigía algunas entidades católicas dependientes del obispado de
Comodoro Rivadavia, y que apareció vinculado a los fraudes con el régimen de promoción,
mediante la utilización de esas instituciones religiosas para extender facturas por ventas
inexistentes. El juez federal Martín Suárez Araujo procesó a Corti y a su colaborador Nadim
Jalef Flores por defraudación al fisco y falsedad de documentos públicos y privados. El
magistrado aceptó varios terrenos de propiedad del obispado de Comodoro Rivadavia como
caución real para conceder la eximición de prisión al sacerdote.
Pero estas travesuras de algunos miembros de la Iglesia representan sólo anécdotas en el juego
de los grandes intereses económicos que preocupan a los cardenales y obispos argentinos. Sus
expectativas, en el futuro inmediato, se concentran en los aportes estatales para los
establecimientos privados de educación y en el proyecto de impuesto para el culto.

Capítulo II

EL OPUS DEI
Opus Dei (I)

¿SANTA MAFIA O CATOLICISMO


MODERNO?
Una sociedad muy especial
La página 1029 del Annuario Pontificio Anno 1986, editado por la Librería Editrice Vaticana,
está dedicada a la organización más dinámica surgida dentro de la Iglesia Católica, desde la
aparición de los jesuítas en el año 1534: "Opus Del (28 nov. 1982), Sanctae Crucis et Operis
Dei-Indirizzo: Curia Prelatizia, Víale Bruno Buozzi 73, 00197 Roma, Italia - Tel. (06)
87.87.41". La guía vaticana informa que pertenecen al Opus (en todo el mundo) 1273 sacerdotes
y 352 seminaristas.
El Opus Dei constituye la única Prelatura Personal que existe en la I-glesia Católica. La
Prelatura Personal -una novedosa y extraña estructura jurisdiccional religiosa- fue instituida por
el papa Paulo VI recogiendo una propuesta del Concilio Vaticano II. Hasta para los eclesiólogos
es difícil de explicar qué motivos, criterios o ventajas han sustentado la creación de las
prelaturas personales, pero todos coinciden en que "calza como un guante" a los fines del Opus
Dei. Es legítimo presumir que fueron los "operadores" del Opus en el Concilio y en la corte
papal quienes impulsaron y lograron su institución.
El pontífice Juan Pablo II le dio carácter formal a la Prelatura del Opus Dei 1982 (fecha que
figura para los obispos en el Annuario) después de que la Sagrada Congregación, presidida por
el cardenal Sebastiano Biaggio, y la Sagrada Congregación para los Religiosos e Institutos
Seculares, presidida por el cardenal argentino Eduardo Pironio, aprobaron los estatutos de la
organización. Los estatutos que el Opus utilizaba desde 1947 habían concitado numerosas
objeciones de Pironio y debieron ser modificados.
Las sospechas, denuncias y escándalos que enmarcaron los 60 años de existencia del Opus han
tenido como causa principal las normas misteriosas ("Constituciones") que rigen o regían su
actividad y la de sus miembros.
En una verdadera competencia de denuestos y elogios, todo ha sido dicho, escrito o sugerido
acerca del Opus. Lo excitante es descubrir cuánto es mito y cuánto realidad. Se lo ha
denominado "santa mafia", "religiosos sin hábito", "neocatolicismo", "élite intelectual",
"masonería teotecnócrata", "el poder detrás del trono de Pedro". Sin duda, la deliberada ambi-
güedad con que el Opus elude las respuestas concretas a sus censores y críticos, e incluso a los
especialistas en temas religiosos, colabora para sustentar los misterios y fábulas.
Este sospechoso ocultamiento de información -característico de logias, sociedades secretas y
sectas- resiste las desmentidas que intentan las autoridades del Opus. Lo corroboran demasiados
episodios de las pasadas décadas en todas las geografías. La política de "transparencia
informativa" perceptible desde 1982 parece dirigida a blanquear la imagen, con una táctica
gatopardista: ofrecer abultada información secundaria para ocultar la principal. En Argentina, es
notoria la hábil actividad de la Oficina de Información de la Prelatura Opus Dei.
Tal vez se intentan evitar los análisis profundos y las reflexiones. Como el siguiente: la
expansión del Opus -en recursos e influencia- ha sido a-sombrosa, se ha asentado en 42 países;
¿qué explicación tiene que sus miembros sean apenas 74.000? Si se restan los de España,
México e Italia, da una cifra promedio de 500 miembros por país. Natural, matemáticamente,
surge la evidencia de que se trata de una cofradía selecta, una secta-élite, cuyos adeptos
pertenecen por regla general a una clase social, reclutados entre "los que mandan" y los
destinados a mandar.

Nacido para triunfar


La historia oficial del Opus Dei es bastante conocida. Valga recordarla sintéticamente al solo
efecto de contar con un marco referencial.
Fue fundado en 1928 por el sacerdote español y doctor en Derecho, Josemaría Escrivá de
Balaguer. En un principio limitada a varones, en 1930 se decidió agregar la Sección Femenina.
El 14 de febrero de 1943, Escrivá creó la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz. En ese año la
Obra salió de España. Se abrió una filial en Italia, punto inicial de un avance ininterrumpido y
espectacular hacia todos los continentes.
En junio de 1944 fueron ordenados los tres primeros sacerdotes del O-pus, entre ellos su
autoridad máxima actual, Alvaro del Portillo y Diez de Sollano.
Finalizada la guerra civil, los ataques contra el Opus se intensificaron por toda España. No sólo
se lo atacaba desde la prensa, sino también desde los pulpitos y en la intimidad de los
confesionarios. Se enviaban a estudiantes a los centros del Opus, para espiar y denunciar las
supuestas herejías. En un colegio de monjas de Barcelona se quemaron públicamente 150 ejem-
plares de Camino, el libro más conocido de Escrivá. El Opus fue denunciado, ante el tribunal
vaticano de represión a la masonería, como "rama judaica de la francmasonería". Se
consideraba que la "libertad de conciencias", defendida por la Obra, tenía concomitancias con
el protestantismo. Escrivá, por su parte, acusaba de mesianismo a muchos teólogos y obispos,
atacando "la mentalidad pseudo espiritual de partido único". Mientras, el catedrático José Luis
Aranguren, activo antifranquista, lanzaba duros conceptos sobre Camino: "El libro es la
expresión de un 'catolicismo de cruzada', de lucha y de exterminio, de exaltación de la voluntad
confines belicistas".
El Concilio Vaticano II, que deliberó entre 1962 y 1965, recogió buena parte del criterio del
Opus Dei en algunos de sus documentos: "Lumen gentium" (sobre los laicos), "Apostolicam
actuositatem" (sobre el apostolado), "Gaudium et spes" (sobre la libertad del cristiano),
"Presbyterorum ordinis" (sobre el sacerdocio). La institución había adquirido espacio político
en el seno de la Iglesia.
Para ese tiempo, era notable la presencia del Opus en todos los estamentos del poder español.
Miembros de la Obra ocupaban varios lugares en el gabinete ministerial franquista. Los
opusdeístas eran favorecidos con la adjudicación de obras públicas y la institución recibía su
parte.
El 26 de junio de 1975, pocos días después de haber celebrado sus bodas de oro sacerdotales,
murió Josemaría Escrivá de Balaguer; lo sucedió Alvaro de Portillo. En 1981 se inició en Roma
el proceso de su beatificación y canonización.
No era un secreto que el papa Wojtyla, electo en 1978, simpatizaba con el Opus. La influencia
de la institución en el Vaticano se hizo conspicua hasta desplazar a la del tradicional "papa
negro", el superior de los jesuitas.
En 1985, el Vaticano fue conminado por el gobierno italiano a compensar el descalabro
producido por monseñor Paul Marcinkus con su turbio manejo del IOR (Instituto para Obras
Religiosas) y el Banco Ambrosiano. Cuando el Papa desesperaba, 140 millones de dólares
salieron de los bancos del Opus Dei para satisfacer las exigencias italianas. El dominio de "la
obra" se afianzó definitivamente; comenzó a hablarse de "el poder detrás del trono de Pedro".

La aventura argentina
El Opus Dei llegó a Argentina en 1950. El entonces obispo de Rosario, Antonio Caggiano,
invitó a la Obra a instalarse en esa diócesis. Con ese propósito llegaron los pioneros: el
sacerdote-arquitecto Ricardo Fernández Vallespín, el historiador Ismael Sánchez Bella y el
médico Francisco Pons. En 1951, pusieron pie en Buenos Aires. Posteriormente, los españoles
parecieron encontrar resistencia y tuvieron dificultades para extenderse, excepto en el sector de
profesionales, donde la propuesta encontró un terreno más propicio. Recién después de 1971 el
Opus logró instalarse en Mendoza, Tucumán, Santa Fe y La Plata.
En 1974, Escrivá de Balaguer visitó Argentina, como parte de una gira que incluyó Brasil,
Chile, Perú, Ecuador, Venezuela y Guatemala.
La prensa nacional apenas se ocupó, durante esos años, de las actividades de la Obra. En
contadas ocasiones La Nación y La Prensa incluyeron notas elogiosas, con datos obviamente
suministrados por el Opus. En marzo de 1970, la revista Extra, de Bernardo Neustadt, cubrió
tres páginas con otro de sus habituales "artículos por encargo": una publicidad del Opus Dei
disfrazada de informe periodístico.
En marzo de 1986, el papa Juan Pablo II nombró obispo de Santo Tomé (Corrientes) a Alfonso
Delgado. El primer obispo del Opus Dei. De ese modo se reconocía la importancia que la Obra
había adquirido en la Argentina.

Poderoso caballero…
La sede central del Opus Dei en Buenos Aires está ubicada en el aristocrático barrio de
Recoleta. Emilio Bonell, el Vicario para la Argentina, tiene su despacho en Vicente López
1950.
Instalado en la manzana comprendida por las calles Junín, Las Heras y Ayacucho, el cuartel del
Opus constituye, probablemente, la construcción más imponente de la Iglesia Católica en el
país. En el lugar funciona el CU-DES (Centro Universitario de Estudios), una residencia para
estudiantes. Es, también, el centro principal de la realización de todo tipo de actividades de los
miembros de la Obra: espirituales, científicas, culturales, sociales y deportivas.
El edificio ocupa un terreno de 2.043 m2, donde fueron construidos 7.120 m2 con un diseño de
verdadera fortaleza o bunker. Un proyecto de los arquitectos Mujía, Arias y Scasserra, autores
de otros inmuebles del Opus. Inaugurado en el año 1983, consta de dos subsuelos, planta baja y
ocho pisos. Cuatro oratorios, el principal para 100 personas y tres para 50. Con un presupuesto
de obra de 7 millones de dólares, la inversión final ascendió a 14,5 millones de dólares. Sólo en
el oratorio principal fueron colocados numerosos vitraux en el frente y en ocho ventanas,
encargados al artista Antonio Estruch a un costo de 3.000 dólares el m2.
Una de las actividades más importantes del Opus en Argentina, como en el resto del mundo, es
captar y capacitar a quienes ocuparán puestos de mando en el futuro próximo. Así como en
Nairobi (Kenya) dirige el Strathmore College, en Montreal (Canadá) el Centre Culturelle
Hudson y en San Pablo (Brasil) el Centro Universitario de Pacaembú, en Argentina ha fundado
el Instituto de Altos Estudios Empresariales (IAE) dirigido a formar directivos y a otorgar el
Master Profesional en Dirección de Empresas.
El IAE fue estructurado a imagen y semejanza del IESE, Instituto de Estudios Superiores de la
Empresa, de Barcelona, que depende de la Universidad de Navarra y también pertenece al Opus
Dei. El IESE está asociado con la Universidad de Harvard y ha adquirido reputación mundial
Igual que Harvard, utiliza como sistema de enseñanza el denominado Método del Caso.
En la Argentina, el IAE, en su condición de escuela de post-grado de Administración y
Finanzas, representa el más alto nivel que puede encontrarse en el país. Si bien cuenta con
profesores locales, integran su cuerpo académico prestigiosos docentes de la Harvard Business
School, de la Universidad Central de Madrid, de IMIDE (Lausanne), del IESE de Barcelona y
del MIT (Massachussets Institute Technology).
Considerando este grado de excelencia no corresponde considerar excesivo el importe a pagar
por matricularse en los cursos del IAE correspondientes al año lectivo 1990. Programa de Alta
Dirección: 5.000 dólares, cinco meses, dos días por semana. Programa de Desarrollo Directivo:
4.000 dólares, seis meses, dos días por semana. Programa de Dirección para la Pequeña y
Mediana Empresa: 3.500 dólares, cinco meses, dos días por semana. Programa Master
Profesional en Dirección de Empresas: 500 dólares mensuales, dos años de duración. Un
profesional sin recursos podrá ser católico practicante y honrado (incluso brillante) pero no
conseguirá ingresar al IAE: becas no se otorgan.

La escuela de monjas geishas


El Opus Dei no se ocupa exclusivamente de formar dirigentes de empresas, también cuenta con
una escuela que prepara sirvientas para esos dirigentes. En Bella Vista, oeste del Gran Buenos
Aires, se encuentra otro centro de capacitación de la Obra: en la calle Corrientes 1098, de esa
localidad, funciona el Instituto de Capacitación Integral en Estudios Domésticos (ICIED).
Todos los años, de veinte a treinta chiquillas, con edades entre 13 y 17 años, llegan desde
diferentes provincias, para estudiar un secundario de cuatro años en el ICIED.
Con ese tiempo de instrucción, parece atinado pensar que las alumnas egresarán, por ejemplo,
como técnicas, dactilógrafas, programadoras de computación, empleadas administrativas o
secretarias. De ninguna manera: se las capacita para sirvientas; las mejores sirvientas del país.
Hace años las autoridades del Opus percibieron que las actividades de la organización
dependían en gran medida del comportamiento eficaz del personal auxiliar. Comprendieron
que las buenas mucamas, cocineras, gobernantas, planchadoras, no abundan, son
imprevisibles y suelen presentar demandas económicas. Ante ese análisis, surgió una idea que
solucionaría definitivamente la problemática del personal de servicio y permitiría a los
miembros de la Obra dedicarse a sus asuntos y estudios: contar con un centro propio de
capacitación de sirvientas para cubrir las necesidades de las residencias universitarias y de las
casas de las familias más destacadas del Opus.
Como lo importante es lograr una fidelidad vitalicia, la cuestión fundamental consiste en
producir un verdadero lavado de cerebro, convenciendo a las jovencitas de que "se santificarán
por su trabajo". Seleccionadas las postulantes entre familias muy humildes, generalmente
campesinas, las hábiles manos de las instructoras consiguen transformarlas en dóciles esclavas,
en mujeres con un conocimiento preciso de las necesidades de los hombres que deberán servir,
en verdaderas monjas-geishas.
En el año 1989, en las dos manzanas del ICIED de Bella Vista, se entrenaba para sirvientas, en
el curso de cuatro años (tres en el lugar y uno de práctica), a 38 pobres chiquillas: 20 estaban
cursando primer año; 10 segundo; y 8, tercero. Todas eran del interior del país: 9 de Salta, 7 de
Tucumán, 5 de Entre Ríos, 4 de Corrientes, 2 de Jujuy.
Las clases son "teóricas" durante la mañana -literatura, biología, inglés, historia, religión- y
"prácticas" durante la tarde -taller y artes del hogar; siete horas diarias de lunes a sábados. Así
aprenden a distinguir las diferentes telas de las camisas masculinas, o a saber cómo se deben
alcanzar las pantuflas y llenar una pipa.
Las alumnas viven en el lugar todo el año. Como en una prisión, las ventanas están enrejadas y
las puertas exteriores se manejan por un sistema electrónico. Usan, para acostumbrarse,
delantales de mucamas: color rosa, las del primer curso; celeste, las demás.
Cuentan con 20 días de vacaciones por año, para visitar a sus familias, pero la mayoría de las
chicas prescinde de esas visitas: no tienen dinero suficiente para el pasaje o prefieren participar
de un tour con sus compañeras, que las autoridades del ICIED ¡qué casualidad! organizan para
esos mismos días de vacaciones.
En un folleto que se envía a los padres de las chicas interesadas, puede leerse: "El fin principal
del ICIED es: Dignificar el trabajo de la empleada doméstica, revalorizando las tareas que le
son propias, dándole la categoría de auténtica profesión".
Quien se sienta indignado por la existencia de esta escuela, se avergonzará cuando complete su
información: el ICIED es un instituto incorporado a la enseñanza oficial, registro B-741,
dependiente de la Superintendencia Nacional de Enseñanza Privada (SNEP). El Estado financia
el 80% de los gastos del ICIED. El pueblo argentino, por lo tanto, tiene el orgullo de colaborar
en la capacitación de las sirvientas-esclavas o monjas-geishas del Opus Dei.

La conquista del mundo


Después de actuar exclusivamente en España durante 15 años, las huestes del Opus comenzaron
a ocupar territorios extranjeros cumpliendo un programa cuidadoso e inexorable. En 1987, la
bandera del Opus Dei ondeaba en 42 países.

1928 España
1943 Italia
1945 Portugal
1946 Inglaterra
1947 Irlanda - Francia
1949 Estados Unidos - México
1950 Argentina-Chile
1951 Colombia - Venezuela
1952 Alemania
1953 Guatemala-Perú
1954 Ecuador
1956 Uruguay
1957 Canadá - Brasil - Suiza - Austria
1958 El Salvador - Kenya - Japón
1959 Costa Rica
1960 Holanda
1961 Paraguay
1963 Australia
1964 Filipinas
1965 Bélgica-Nigeria
1969 Puerto Rico
1977 Bolivia
1980 Honduras - Costa de Marfil - Zaire
1981 HongKong
1982 Singapur
1983 Trinidad y Tobago
1984 Suecia
1985 Taiwan
1987 Finlandia

Opus Dei (II)

LOS ESTATUTOS SECRETOS


Sucedió en otras partes del mundo, pero fue en tres países de Europa donde la cuestión adquirió
características de escándalo nacional. En cada caso, por obra de una publicación periodística.
El semanario alemán Der Spiegel fue quien comenzó la serie, cuando denunció al Opus Dei
como una verdadera secta, con objetivos de poder y sujeta a reglas misteriosas.
A mediados de 1986, la revista italiana L'Espresso produjo una conmoción en la península al
entregar, junto con su edición habitual, un ejemplar de "Los estatutos secretos del Opus Dei": el
código que regía a la Obra desde 1950, con 419 artículos en latín que, según L'Espresso,
desconocían los propios adeptos y hasta el Vaticano.
Las autoridades del Opus Dei negaron enfáticamente "la vigencia" (no la existencia) de tales
estatutos, pero el asunto no concluyó fácilmente. En su número siguiente, L'Espresso entregó a
sus lectores un segundo código; esta vez, la versión año 1982, autorizada por el Vaticano.
Así quedó planteada la polémica: ¿El Opus Dei respetaba todavía los estatutos de 1950? Y
aunque hubiesen sido desechados en 1982, ¿qué tipo de organización había quedado
estructurada obedeciendo aquellas reglas?
El 25 de febrero de 1986 varios diputados de la izquierda independiente solicitaron al
Parlamento italiano la investigación del Opus Dei, bajo el régimen establecido en la ley 17/82
sobre sociedades secretas. La misma ley que se utilizó para liquidar las actividades de la logia
P2. Varias docenas de diputados demócratas-cristianos reaccionaron airadamente, pero fue en
vano: el debate ya había alcanzado la calle y el Gobierno debió enfrentarlo. Pasaron diez meses,
recién el 24 de noviembre el ministro del Interior, Osear Luigi Scalfaro, leyó su informe al
Parlamento. Durante ese lapso, se habían cruzado numerosas y crípticas comunicaciones entre
la Cancillería italiana y la Secretaría de Estado del Vaticano. El ministro produjo una respuesta
de compromiso: el Opus no era una sociedad secreta puesto que su código había sido autorizado
por el Vaticano en noviembre de 1982. Nada dijo Scalfaro, ni podía decir, sobre qué misteriosos
estatutos habían regido la Obra hasta esa fecha.
El semanario Tiempo fue el responsable del alboroto en España. Siguiendo el camino de su
colega italiano, el 11 de agosto de 1986, Tiempo entregó a sus lectores un librito con los
controvertidos "estatutos secretos" de 1950, completos, en latín y castellano. La publicación
agotó su tirada de 250.000 ejemplares.
Con su número del 18 de agosto, Tiempo "obsequió" un segundo librito con los estatutos de
1982, también en ambas lenguas.
Valga anotar que no hubo una sola aclaración formal del Opus Dei acerca del carácter genuino o
apócrifo de esos "estatutos secretos". Ni en Alemania, ni en Italia, ni en España. A lo sumo,
algún comentario, como: "Están mal traducidos del latín..."
La pregunta esencial sigue en pie: ¿continúan vigentes los "estatutos secretos" de 1950 o fueron
anulados por los de 1982? Hay una respuesta. En las disposiciones finales del nuevo código
puede leerse: "Este Codex (...) comienza a tener vigencia desde el día 8 de diciembre de 1982.
Todos están obligados con las mismas obligaciones y guardan los mismos derechos que tenían
en el régimen jurídico precedente, a no ser que los preceptos de este códice establezcan otra
cosa expresamente". Con esta hábil estratagema jurídica, el Opus ha logrado que las reglas de
1950, jamás aprobadas por las autoridades de la Iglesia, mantengan todo su valor.
Algunas de esas "normas secretas" proporcionan claves decisivas para delinear el verdadero
perfil de la Obra.
El capítulo dedicado a la estructura y finalidad del Instituto del Opus Dei consta de 12 artículos;
el 6 revela el cultivo del misterio por parte de la Obra:
El Opus Dei profesa la humildad colectiva, por la que no le es lícito editar papeles ni
publicaciones del género que sea con el nombre de la Obra, a no ser internamente para uso de
los compañeros: sus miembros no llevan ningún signo distintivo: con los extraños hablan con
cautela del Opus Dei, pues la actuación ha de ser callada y no evidente.
Los integrantes del Opus están contemplados en 18 artículos; el 31.3 se refiere a la rígida
estructura jerárquica de la organización:
Donde quiera que haya dos miembros del Instituto, a fin de no verse privados del mérito de la
obediencia, ha de quedarse siempre una cierta subordinación, por la cual el uno quede
sometido al otro según orden de precedencia.
Los Numerarios, o laicos solteros que hacen votos de castidad y viven en las residencias de la
Obra, son seleccionados con especial cuidado:

39 - Antes de admitir un Numerario, el Consiliario no omitirá allegar por mediación del


Director Local, noticias -incluso secretas, si así lo estima oportuno- acerca de la índole del
aspirante, de su talento, de su cultura, de su piedad, de su familia, de sus estudios y de todo lo
que pueda suponer aportación al más íntimo conocimiento de su personalidad.
Los castigos a quienes intentan separarse de la organización, después de su ingreso definitivo,
suelen ser rigurosos. Estos son algunos de los artículos referidos a ese tema:

102.1 - El miembro Numerario u Oblato (...) que sin licencia legítima de los Superiores
abandona la casa a la que está por obediencia destinado o que a ella no regresare sin justa
causa, ha de ser considerado fugitivo.

103.1 - Al miembro que, después de pronunciada la Fidelidad, se separa ilegítimamente del


Centro al que pertenece, con el ánimo de sustraerse a la obediencia, se lo llamará Apóstata.

103.2 - El socio Apóstata queda por ello mismo privado de todos los privilegios del Instituto; y
si volviere, carece, según arbitrio del Padre, de voz activa y pasiva, y además debe ser
castigado por los Superiores con otras penas según la gravedad de la culpa.
El voto de castidad, que pronuncian Oblatos y Numerarios, es motive de preocupación para las
autoridades de la Obra; algunos artículos ofrecer consejos:

159 - Para defensa del tesoro de la castidad, que se transporta en vasijas de barro, muchísimo
contribuye la huida de las ocasiones, la moderación, la templanza, la disciplina del cuerpo, la
frecuente recepción de la Santísima Eucaristía, el recurso asiduo y filial ante la Virgen Madre.
El artículo 172 tal vez sea la respuesta precisa y contundente pan quienes se preguntan si estos
"estatutos secretos" están aún en vigencia. Dice:

172 - Estas Constituciones son el cimiento de nuestro Instituto: por tanto, téngase por santas,
inviolables y perpetuas.
En ningún otro capítulo de los "estatutos secretos" como el III, titulado "del espíritu del
Instituto", resultan tan manifiestos los objetivos e intenciones del Opus Dei. Se transcriben siete
artículos de ese capítulo:

172 - Aun cuando los miembros del Opus Dei profesen plenamente la perfección evangélica
sujetándose por una perpetua y definitiva entrega a servidumbre de Cristo Nuestro Señor, sin
embargo el Instituto externamente no presenta en sus casas propias ningún signo que huela a
casa religiosa Sólo se permiten signos que huelan a sociedad anónima.

186 - Los miembros del Instituto, que deben ser los mejores dentro de su propia clase social,
ejercen su apostolado entre sus iguales valiéndose de la amistad y confianza mutua.

189 - Para conseguir más fácilmente la finalidad, el Instituto quiere vivir oculto como tal, por
lo cual se abstiene de actos colectivos y no tiene nombre o denominación común por el que sus
miembros puedan ser llamados. Dada la índole del Instituto, que externamente no es
conveniente que aparezca, los socios del mismo no intervendrán colectivamente en ciertas
manifestaciones del culto, como las procesiones.

191 - La falta de discreción podría constituir un grave obstáculo para el ejercicio de la labor
apostólica (...) Por lo cual los socios Numerarios y Supernumerarios sepan bien que van a
guardar siempre un prudente silencio respecto a los nombres de los otros miembros: y que a
nadie van a revelar nunca que ellos mismos pertenecen al Opus Dei. El Instituto y algunos de
sus miembros, por el contrario, deben ser conocidos, ya que todas nuestras labores apostólicas
se desarrollan y cumplen siempre dentro del ámbito de las leyes civiles. Si esto no es una
sociedad secreta, la sociedad secreta dónde está…

192 - No se permite, ninguna insignia propia del Instituto, por la que sus miembros, sean
clérigos o laicos, puedan distinguirse de los demás.

202 - Medio de apostolado peculiar de la Institución son los cargos públicos, en especial de
aquellos que implican el ejercicio de una dirección. Si los cargos públicos importantes son
objetivos de la apetencia del Opus Dei, ¿cuántos secretarios de Estado, jueces y militares
argentinos contabilizará la Obra en sus registros?

228 - La pobreza amémosla hasta lo más posible: que ella sin embargo no aparezca en nuestro
hábito externo, el cual conviene que sea adecuado al cargo social que desempeñamos.
Si bien la pobreza es una cualidad muy promocionada dentro de la Obra, el desprendimiento
deberá tener un destinatario preciso. A esto se refieren los siguientes artículos:

257 - Para demostrar el empeño en la pobreza, cada año, en la fiesta de San Francisco de Asís,
todos los socios Numerarios han de abandonar patentemente todas las cosas que están en su
usufructo, para que el Director de la Casa o del Centro tome de ellas lo que le pareciere.

253 - Para mejor adquirir el espíritu de pobreza, cada mes los socios han de rendir al Director
del Centro o Residencia cuentas de lo recibido y lo gastado.

260 - Conserven fielmente la piadosa costumbre, para castigar el cuerpo y reducirlo a


servidumbre, dé llevar al menos durante dos horas cada día un pequeño cilicio, de recibir las
disciplinas una vez por semana y dormir en el suelo, con tal que tengan en cuenta la salud. Este
artículo 260 no parece coherente con otros preceptos del Opus Dei. El mantenimiento de
prácticas medievales no se condice con computadoras y siglo XXI, pero seguramente cumple
alguna oculta función dentro de este esquema meticuloso.

437 - Para que mejor y más abundantemente pueda el Instituto desarrollar su actividad propia,
tiene también una Sección de Mujeres, radicalmente separada de la Sección de Hombres. Si
muchas de las características del Opus Dei lo señalan como el proyectó moderno para la
recuperación de la influencia de la Iglesia Católica en los círculos del intelecto, hay una
cuestión en la que la Obra -como prácticamente toda la estructura eclesiástica- no ha avanzado
un grado: la incorporación de la mujer y la sexualidad humana natural. El Opus mantiene
"radicalmente" separadas a las mujeres, tal vez porque opina, como el Concilio de Tiro del-año
353: "La mujer es la puerta del infierno, la mordedura del escorpión, un espécimen nocivo".

Opus Dei (III)

LOS BIENES
La pista más difícil de seguir es la del dinero. En cualquier lugar del mundo, salta fronteras con
suma facilidad, evade registros, se mimetiza, parece evaporarse para reaparecer disfrazado.
Aunque las propiedades inmuebles son más tangibles y fijas, hay muchos individuos y empresas
que se han convertido en verdaderos virtuosos en la técnica de encubrir la identidad de los
propietarios reales, generalmente a través de falsas transferencias o constituyendo una
intrincada red de sociedades.
A pesar de esas dificultades, una paciente y rigurosa investigación periodística logró completar
la primera evaluación realizada en el país sobre los bienes del Opus Dei.

¿El dinero es para Dios?


Quien analice las "Constituciones" del Opus Dei (estatutos secretos de noviembre de 1950)
percibirá una sensación sobrecogedora de estructura jerarquizada, podría decirse militar. Sin
embargo, la analogía más precisa es la de una sociedad anónima, una empresa privada de
gestión.
El Opus Dei es una organización original, que se diferencia en numerosos aspectos de las demás
instituciones de la Iglesia Católica. Entre ellos, el relacionado a la propiedad y administración
de bienes. Podrá resultar increíble en una primera lectura, pero el Opus Dei -como Prelatura
Opus Dei, institución religiosa dependiente del Vaticano- prácticamente no posee bienes.
La Obra ha montado un esquema patrimonial basado en la distinción entre "bienes
eclesiásticos" y "bienes civiles". Sus bienes eclesiásticos son escasos pero, a través de cientos de
aparentes sociedades de bien público (a las que denomina internamente "Sociedades
Auxiliares") que ha constituido en todo el mundo, el Opus Dei domina un poderoso imperio
económico.
En sus estatutos secretos puede leerse (art. 101): "El Opus Dei acepta legados de cualquier
género (...) pero ordinariamente no posee por sí mismo bienes inmuebles". La acotación "por sí
mismo" es sumamente reveladora.
El art. 368 (inc. 1 y 2) refirma el concepto: "De todos los bienes que pueden adscribirse al
Opus Dei sólo han de ser considerados como verdaderamente eclesiásticos los que hubiesen
sido adscriptos legítimamente por el Presidente General. Todos los demás bienes, ya sean
poseídos por las Sociedades Auxiliares, ya adquiridos por los miembros por sus industrias o
trabajos, se cuentan como profanos".
¿Cómo se construyó la fortuna del Opus Dei? Esencialmente por donaciones. La Obra utiliza un
eficaz mecanismo para obtener fondos de sus socios y de los "cooperadores". Casi todos los
"numerarios" (integrantes masculinos célibes), que pertenecen generalmente a familias de
sólida posición, donan al ingresar todos sus bienes al Opus. Luego, le entregarán los honorarios
que perciban como profesionales. Por supuesto, también están las propiedades que la Obra
recibe por legados testamentarios.
Con esa afluencia permanente de fondos y bienes, no es de extrañar la sensación de lujo sobrio
que transmiten todos los centros del Opus, ya desde su sede central en el número 73 de la Vía
Bruno Buossi, en Roma, cercana a Villa Borghese y Via Véneto.
Esa fortaleza económica, construida con un criterio nada ortodoxo, le permitió socorrer
financieramente al Vaticano, afectado por el affaire Marcinkus-Banco Ambrosiano, pero
también le significó críticas ininterrumpidas desde la década del '30.
Durante el gobierno del dictador Francisco Franco, se acusó al Opus Dei de haber sido el
principal puntal y beneficiario del régimen. Los hombres de la Obra fueron llamados por el
Generalísimo para orientar la economía española y, presuntamente, aprovecharon para urdir
negociados con el Estado, en beneficio propio y del Opus Dei.
Ya en el gobierno de Felipe González, el Opus no pudo sustraerse del escándalo que rodeó el
derrumbe del gigante de la industria española, la empresa Rumasa. Especialmente porque el
dueño y señor de Rumasa, José María Ruiz Mateos, era un conocido miembro de la Obra.
Cuando el Opus informó que había separado de sus filas a Ruiz Mateos, el empresario contestó:
"Si yo estoy procesado por un delito monetario también deben estarlo los directores del Opus
Dei, Juan Francisco Montuenga y Alejandro Cantero, para quienes transferí a un banco suizo
mil millones de pesetas" (siete millones de dólares).

Los argentinos son generosos y humanos


En la Argentina los bienes del Opus Dei están distribuidos y registrados en aproximadamente
una docena de "Sociedades Auxiliares", constituidas como entidades sin fines de lucro. Las más
utilizadas para figurar como propietarias de estos "bienes civiles" son dos: la Asociación para
el Fomento de la Cultura (AFC), constituida el 14 de junio de 1961, y la Asociación de
Intercambio Cultural (AIC), formada el 28 de marzo de 1983.
Cabe destacar un aspecto que pocos -incluyendo a los miembros y a las autoridades
gubernamentales de control- parecen haber observado: quienes entregan sus contribuciones,
donaciones y herencias, entienden hacerlo al Opus Dei, una institución religiosa; sin embargo,
los recibe y los contabiliza una entidad civil. ¿Quién quedará con esas propiedades si las
personas que las constituyeron deciden disolver la AFC o la AIC? En los estatutos de esas
entidades está determinado que -en ese extremo- "los bienes se destinarán a otra institución sin
fines de lucro". En ningún lugar figura que los bienes serán derivados a la Iglesia Católica.
En general, las propiedades del Opus Dei son destinadas a servir como centros de estudio,
residencias para universitarios y profesionales o casas de retiros. Resulta claro que su principal
objetivo son los intelectuales y dirigentes, aunque como actividad secundaria pueda ocuparse de
otros sectores; como en el caso de la Escuela Rural de General Rodríguez, que funciona en un
campo de la Fundación PADELAI.
La recolección de contribuciones para el Opus Dei se realiza en Argentina como en los demás
países. Los fondos más importantes provienen de los "cooperadores", generalmente exitosos
profesionales, empresarios y militares.
En la AFC existe un registro donde cada "cooperador" tiene asignado un número.
Mensualmente se recaudan los aportes fijos y voluntarios. Los simpatizantes del Opus suelen
recibir una pequeña esquela, que reza: "Amado Hermano en la Fe: Tu diezmo de hoy te será
devuelto mañana al ciento por uno. Que Dios todopoderoso te santifique a través del trabajo"
Tal vez porque estas generosas donaciones no han alcanzado para completar el espectacular
programa del Opus Dei de compra y construcción de inmuebles (el mayor crecimiento
patrimonial de los últimos años entre todas las instituciones católicas en Argentina), la AFC
debió recurrir a préstamos bancarios. Durante la dictadura obtuvo créditos de los bancos
Nación, Social de Córdoba y Provincia de Buenos Aires. Y casi un millón de dólares le llegaron
desde el Credit Comercial (Francia), del Nederlandsche Middenstandsbank y del Imefbank
(ambos de Suiza).

El Opus juega al tenis


Pero la Obra no sólo atiende "bienes" culturales; también el deporte ocupa su atención: en el
cruce de Panamericana y Camino Real, Partido de San Isidro, se levantó uno de los countries
más exclusivos del país. Su nombre, obvio y aristocrático: Camino Real Tenis Club. Sólo
fueron admitidos 1.250 socios-activos, y para los amantes del tenis es un verdadero paraíso: 19
canchas, 12 de ellas iluminadas; 3 canchas de paddle-tenis y 2 de squash.
Una gran parte de las 14 hectáreas del club ha sido fraccionada en 180 terrenos, donde muchos
socios ya han construido sus casas de week-end "dentro de la línea arquitectónica Camino
Real". El edificio que funciona como club house dispone de magníficos vestuarios, confitería
con vista a las canchas y sala de descanso. Todo a un nivel propio de sibaritas.
Y si alguien dudase de la excelencia de la propuesta, bastaría mencionar el nombre de los
vecinos del Camino Real Tenis Club: a un lado, el Boulogne Golf Club; al otro, el SIC (San
Isidro Club).
Todo se presenta tan perfecto que cuesta aceptar que en la Fiscalía Nacional de Investigaciones
Administrativas se haya tramitado la causa número 5061, donde se investigaron supuestas
anomalías imputadas a los responsables del proyecto Camino Real Tenis Club.
El organismo que dirige Ricardo Molinas determinó que como responsables del Camino Real
Tenis Club figuran asociadas las empresas Analfe S.A. y Liamet S.A. que, a la vez, eran
copropietarias de los terrenos en un 74% y 26% respectivamente; que un 98% de Analfe S.A.
pertenece a la compañía española Riviera Internacional S.A., cuyo dueño es Antonio Miguel
Gamiz Maristany. Este ciudadano español, residente en Barcelona, sería (según testimonio en la
FNIA) "la cabeza visible de las finanzas de la logia Opus Dei" en España. Como derivación
lógica, podría presumirse que fueron fondos del Opus los que financiaron el Camino Real
Tenis Club.
Otro elemento de juicio para tener en cuenta es que el presidente de Analfe S.A. es el contador
José Luis Gómez López Egea, uno de los miembros más conspicuos del Opus Dei en Argentina,
tesorero de la AFC, Asociación para el Fomento de la Cultura y director del IAE, Instituto de
Altos Estudios Empresariales. Otros "nombres Opus Dei" figuran entre los propulsores del"
Camino Real Tenis Club, incluso el de Hernán Seeber presidente de la AFC.
La investigación de la Fiscalía estuvo dirigida a determinar si había existido -como algunos
indicios parecían señalar- un ingreso ilegal de divisas al país, vulnerando las reglamentaciones
sobre radicación de capitales y del Banco Central. En las primeras observaciones se pudo
apreciar que en lugar de las sumas cuantiosas, que requirieron las obras de infraestructura del
club, se contabilizaron cantidades insignificantes.
Algunos dicen que es persecución, otros opinan que es simple resultado de sus prácticas, lo
cierto es que el escándalo sigue siendo compañía inseparable del Opus Dei.

Inmuebles del Opus Dei


Vicente López 1950 (Buenos Aires) - Sede Central del Opus Dei en Argentina - Centro
Universitario de Estudios (CUDES) - Residencia universitaria para varones - Sup. terreno 2.043
m2, sup. cubierta 7.120 m2 (Propiedad de AFC)
Agüero 2038 (Buenos Aires) - Residencia Los Arrayanes - Club juvenil para mujeres - Sup.
terreno 685 fn2; sup. cubierta 940 m2 (Propiedad de la AFC, figura registrada a nombre de
Mauricia Capurro y Avila)
Superí 1636 (Buenos Aires) - Residencia Superí - Centro universitario para varones - Sup.
terreno 1175 m2, sup. cubierta 400 m2 (Propiedad de la AFC)
Amenábar 1495 (Buenos Aires) - Residencia universitaria para varones "Los Aleros" - Sup.
terreno 821 m2, sup. cubierta 1.032 m2 (Propiedad de la AFC)
Conde 1624 (Buenos Aires) - Residencia universitaria para mujeres "Delta" - Sup. terreno
1.748,78 m2, sup. cubierta 1.150 m2 (Propiedad de la AFC)
Conde 1612 (Buenos Aires) - Residencia universitaria para mujeres "Sur" - Sup. terreno 237
m2, sup. cubierta 350 m2 (Propiedad de la AFC)
Conde 1620 (Buenos Aires) - Centro universitario de mujeres "Ailen" - Superficie terreno 310
m2, sup. cubierta 1.055 m2 (Propiedad de la AFC)
Guido 1724 (Buenos Aires) - Residencia para universitarias y profesionales - Sup. cubierta 800
m2 (Propiedad de la AIC)
Montevideo 1550 (Buenos Aires) - Centro de Extensión Cultural -Oficina de información del
Opus Dei - Sup. del terreno 496 m2, sup. cubierta 700 m2 (Propiedad de la AFC)
Santa Fe 825 (Buenos Aires) - Residencia para universitarias "Esmeralda" - Sup. cubierta
1.428 m2 (Propiedad de la AIC)
Rodríguez Peña 1489 (Buenos Aires) - Residencia para mujeres "La Ciudadela" - Sup. terreno
471,54 m2, sup. cubierta 1.097 m2 (Propiedad de la AFC)
Conde 1632 (Buenos Aires) Residencia universitaria para mujeres -Sup. terreno 1.000 m2
(Propiedad de la AFC)
Zabala 2161 (Buenos Aires) Residencia Ralbar - Centro universitario para mujeres - Sup.
cubierta 1.900 m2 (Propiedad de la AIC)
Teodoro García 2040 (Buenos Aires) Club Caldén para jóvenes (varones) - Sup. terreno 914
m2, Sup. cubierta 1.185 m2 (Propiedad de la AIC)
Tres de Febrero 2030 (Buenos Aires) Residencia para mujeres (Propiedad del ICIED)
Paraguay 1114 (Buenos Aires) Piso 1, unidad 2, y piso 2, unidad 6 -Centro Cultural Cerrito -
Residencia universitaria para mujeres - sup. cubierta 1.013,54 m2 (Propiedad de la AIC, por
donación de la AFC).
Agüero 2373 (Buenos Aires) Sede del IAE, Instituto de Altos Estudios Empresariales
(Propiedad de la ACES)
Callao 1647 (Buenos Aires) - Residencia Callao
Paraguay 1545, 3ro. piso (Buenos Aires) - Residencia Paraná
Rodríguez Peña 1676 (Buenos Aires) - Oficina de Administración -Sup. del terreno 94 m2,
sup. propia 43 m2 (Propiedad de la AFC)
Clay 3082, primer piso (Buenos Aires) - Residencia para universitarias y profesionales
(Propiedad de la AIC)
French 2272, 4to. piso, Ap. 10 (Buenos Aires) - Residencia Universitaria (Propiedad de la
AIC)
Paraná 762 (Buenos Aires) - Sup. propia 40,64 m2 (Propiedad de AIC)
Montevideo 1558 (Buenos Aires) - Anexo a Residencia de Montevideo 1550 - Sup. propia
31,44 m2 (Propiedad de la AFC)
Arenales 1556, ler. piso (Buenos Aires) - Residencia Arenales
Juan Díaz 716 (San Isidro, Pcia. de Bs. As.) - Residencia Acenia -Sup. del terreno 1.350 m2
(Propiedad de la AFC)
Blanco Encalada 1039 (San Isidro, Pcia. de Bs. As.) - Residencia Pacheco
Cementerio de Vicente López, bóveda, sección 3ra. tablón 30, lote 8 - Sup. terreno 6,87 m2
(Propiedad de la AFC, indivisa)
Pardo 951 (Bella Vista, Pcia. Bs. As.) - Casa de retiros y convivencia "La Chacra" - Sup.
terreno 93.333,84 m2, Sup. cubierta (incluye edificio escuela de ICIED) 4.692 m2 (propiedad de
la AFC)
Calle 56, número 704 (La Plata) - Residencia Ciudad Nueva
9 de Julio 293 (Rosario, Pcia. de Santa Fe) - Residencia El Litoral -Centro Universitario
(Propiedad de la AFC)
Boquerón 7134 (Buenos Aires) - matrícula 1-66365 (Propiedad de la AIC)
Francisco Acuña de Figueroa 151 (Buenos Aires) Matrícula 7-4353 (Propiedad de la AIC)
Mendoza 1265 (Rosario - Pcia. de Santa Fe) - Cento Universitario -Sup. del terreno 450 m2,
sup. cubierta 679 m2, (Propiedad de la AFC)
Santa Fe 2044 (Rosario, Pcia. de Santa Fe) - Residencia Cheroga -Centro Universitario - Sup.
terreno 538 m2 , sup. cubierta 930 m2 . (Propiedad de la AFC)
Emilio Civit 405 (Mendoza) - Residencia Universitaria Los Portones
Gutiérrez 361 (Mendoza) - Residencia Universitaria Carrizal
María Asunta 480, Villa Piaggio (San Martín, Pcia. de Bs. As.) -Centro Cultural Oeste
Crisol 384 (Córdoba) - Residencia El Parque - Centro Universitario -Sup. terreno 283 m2, sup.
cubierta 760 m2 (Propiedad de la AFC)
Chacabuco 762 (Córdoba) - Residencia El Solar - Centro Universitario - sup. terreno 726 m2,
sup. cubierta 780 m2 (Propiedad de la AFC)
Ituzaingó 771 (Córdoba) - Tres departamentos / Oficinas Sup. terreno 340,44 m2, sup. cubierta
313,35 m2,(Propiedad de la AFC)
Thays esq. Irigoyen (Córdoba) - Centro Universitario - Sup. terreno 477,50 m2 (Propiedad de
la AFC)
Campo en La Cumbre (Pcia. de Córdoba) - Casa de Retiros y Convivencia - Sup. terreno
120.000 m2, sup. cubierta 1.000 m2 (Propiedad de la AFC)
Terreno en Thea (Valle de Punilla, Pcia. de Córdoba) - Sup. 1.000 m2 (Propiedad de la AFC)
Terreno en Villa Allende (Pcia de Córdoba) - Sup. 2.606 m2 (Propiedad de la AFC)
Terreno (Lote número 2) en Cosquín (Pcia. de Córdoba) - Sup. 1 Ha.
Campo en Trenque Lauquen (Pcia. de Bs. As.) - Destino: Cursos de verano, campamentos,
retiros, convivencias - Sup. terreno 60 Has., sup cubierta 1.200 m2 (Propiedad de la AFC)
Campo San Aquiles, en Bolívar (Pcia. de Bs. As.) - Sup. 1.294,93 Has. - Establecimiento
agropecuario (Propiedad de la AFC)
Campo en Uyamampa (Pcia. de Santiago del Estero) - Sup. 3508,55 Has.. establecimiento
agropecuario (Propiedad de la AFC)
Nunfu Fe 348 (Cosquín, Pcia. de Córdoba) - Casa de retiros y convivencias - Sup. terreno
2.500 m2, sup. cubierta 291,84 m2, (Propiedad de la AFC)

Opus Dei (IV)

MIEMBROS Y SOCIEDADES
La estrategia del misterio
Cuando los investigadores, intelectuales o periodistas informan o se pronuncian críticamente
sobre algunas organizaciones civiles y religiosas que actúan dentro de la sociedad, suelen
recoger acusaciones de participar en supuestas campañas difamatorias. Esta reacción se basa,
generalmente, en considerar invadido por observadores extraños un pretendido derecho de
privacidad. Se trata de un argumento remanido que históricamente ha protegido procederes
reprochables y contrarios al bien común, cuando no delictivos.
En el caso del Opus Dei, ese esquema parece destinado a repetirse interminablemente. Apenas
un investigador o un periodista escribe sobre aspectos poco claros de la Obra, se esgrime la
acostumbrada queja de "persecución". Nunca recibirá una respuesta puntual e información
abierta.
"Una de las normas del Opus Dei en sus 'relaciones exteriores' es la de eludir siempre las
respuestas concretas a las acusaciones de sus censores o críticos por muy fundadas e
irrefutables que resulten ser" (Jesús Ynfante, "La prodigiosa aventura del Opus Dei.
Génesis y desarrollo de la Santa María", Editions Ruedo Ibérico, París , 1971).
Desde hace años, la prensa de todo el mundo ha podido constatar esta estrategia. "En el Opus
Dei se llama 'discreción' a la estudiada ambigüedad en materia de nombres de sus autoridades
y componentes de cada país, naturaleza de sus actividades religiosas, institutos que regentean,
fondos que manejan y, en general, todo cuanto pueda dar idea de su poder" (Jorge Pérez
Rocco, en Inédito, México, enero de 1971).
Si en el caso de Pérez Rocco se adujera que el énfasis de su afirmación está acentuado por
animosidad ideológica, abundan otros ejemplos. "La estructura interna del Opus Dei,
públicamente poco clara, ha despertado sospechas en muchas oportunidades pese a la
reiterada insistencia de sus dirigentes por demostrar lo contrario" (agencia AFP, 4-6-86).
Este concepto se ha repetido invariablemente en las notas sobre el Opus Dei aparecidas en las
más importantes publicaciones de Europa: Le Monde (Francia), L'Expresso y Panorama
(Italia), Der Spiegel (Alemania). "Decía Mao Tse Tung que una de las formas de engañar al
enemigo y ganar una batalla es darle pistas falsas. El viejo líder de la revolución china se
quedaría asombrado si descubriera que el Opus Dei es su fiel seguidor" (Tiempo, 11-8-86).
Por si no fuera suficiente, esa opinión también es compartida por medios periodísticos
insospechables de simpatías izquierdistas. Por ejemplo, The New York Time: "El Opus Dei no
es partidario de que personas ajenas a su organización escriban acerca de ella; no obstante,
niega que actúe con sigilo". En abril de 1986, el influyente semanario norteamericano
Newsweek presentaba una nota sobre la Obra utilizando un título claramente sugestivo: "Opus
Dei, sociedad detrás del escenario".
Como era previsible, el Opus elaboró una táctica para contrarrestar la prensa adversa del
periodismo independiente. En su Universidad de Navarra creó una escuela de periodismo con el
propósito de formar profesionales que promovieran sus ideas.
Primero en España, luego en el resto del mundo, sus hombres ocuparon espacios en los medios
de prensa. Artículos favorables al Opus -todos de similar estructura- comenzaron a aparecer con
frecuencia. En la península, el diario madrileño ABC tiene como accionista a Juan María Fanjul
Sedeño, y como jefe de política a Enrique de Diego, ambos del Opus. Por su parte, José Antonio
Abad ocupó el Diario de Burgos, y Diego Contre-ras, Europa Press.

¿Falsos progresistas?
Es justo reconocer que el Opus Dei ha logrado transmitir una imagen moderna, dinámica, hasta
progresista. En muchos países, incluso en EE.UU., su relación con los protestantes es fluida:
"El Opus Dei es lo más cercano al protestantismo dentro de la Iglesia Católica". Especialmente
por la valoración de los logros profesionales, las realizaciones terrenales y el respeto al dinero.
No obstante, dos sombras fundamentales oscurecen ese supuesto perfil. La primera, que los
sectores donde actúa, sus secretos, su acumulación de bienes y espacios de influencia, desnudan
un proyecto de poder sumamente peligroso; con mayor razón, tratándose de una institución
dogmática. La segunda, que sus estatutos y prácticas internas revelan una rígida estructura
autoritaria, muy alejada de la declamada libertad intelectual y del modernismo.
"Hasta hace poco, los jesuítas eran el foco de polémicas más evidente dentro de la Iglesia
Católica Romana. Juan Pablo II, un Papa tradicionalista, no ocultaba su inquietud ante el
liberalismo de los jesuítas, a su juicio excesivo. Ahora, la discrepancia aparece resuelta. En
cambio, todavía perdura la controversia -menos conocida, pero no por ello menos intensa- en
torno del Opus Dei" (Henry Kamm, The New York Time Magazine).
Al Opus Dei se lo respeta dentro y fuera de la Iglesia, porque es una institución acaudalada. Y
porque cuenta con la protección del papa Wojtyla. La creencia de que la organización es más
poderosa bajo Juan Pablo II que durante los papados anteriores obedece al sentimiento de que
ha concluido una época y se está transitando una nueva era conservadora.
La Obra supo adecuar su lenguaje al discurso actual; eso no está en discusión. Hasta la
tradicional terminología religiosa ha tomado, en manos del Opus Dei, un sesgo más técnico o
neutro. No se habla de "superiores", "abad", "postulante", "noviciado", "hermana", "reverenda
madre", "religioso", "capilla"; se ha cambiado por "presidente", "responsables", "directores",
"maestros de aprobación" o "monitores", "oratoria", "centros de recepción", "residencias". La
Prelatura se divide en "grupos" o "equipos" asentados en "regiones".
Así como ha adoptado nuevos términos y denominaciones, el Opus Dei ha organizado a sus
cuadros internos con estricto criterio de funcionalidad y eficiencia. Existen cuatro categorías de
miembros:
1) Numerarios: (hombres y mujeres) celibatarios. Suelen vivir en centros y residencias del
Opus. Su misión es ocuparse de los demás fieles y de la dirección de sus obras. Estudian seis
años de filosofía y teología. En general, obtienen un grado doctoral; como mínimo, un título
académico de orden civil: abogado, ingeniero, médico. Algunos "numerarios" varones añaden
la carrera sacerdotal y constituyen el clero del Opus.
2) Agregados: (hombres y mujeres) celibatarios. Son similares a los anteriores, pero por
cuestiones de orden personal, familiar o profesional suelen vivir con sus familias de sangre. No
tienen necesidad de título universitario. A esta división pertenece todo el personal secundario de
la Obra: auxiliares de cualquier tipo, administrativos, jardineros, mucamas. Más que "hermanos-
obreros" son una especie de "obreros-hermanos" u "obreras-monjas".
3) Supernumerarios: laicos, solteros o casados. Participan de la Obra desde su casa o trabajo.
Consideran su actividad privada o familiar como un medio de santificación y apostolado.
4) Cooperadores: sin ser miembros del Opus, colaboran en sus actividades mediante todo tipo
de apoyo, especialmente económico. Se admiten no católicos e incluso no cristianos. Pueden ser
sacerdotes; el Opus ha formado una red formidable de cooperadores laicos y religiosos, que
incluye obispos y cardenales.
Las habitaciones de las residencias del Opus para universitarios cuentan, en general, con tres
camas. Las ocupan un residente antiguo, uno medio y un novato. A la pregunta sobre el porqué
de esa distribución, contestan:
"Para enseñar a los recién ingresados cosas que pueden parecer tontas: que deben lustrarse
los zapatos, respetar los horarios de limpieza, hacer correctamente la cama".
Los jóvenes que habitan esos centros Universitarios reciben periódica instrucción ideológico-
religiosa. Pero los temas tratados en los "círculos" nunca dan lugar a debate; las afirmaciones de
los expositores son inapelables: "Esto no es un comité".
El clero del Opus Dei en Argentina está conformado aproximadamente por 50 sacerdotes, todos
doctorados en alguna disciplina académica. Una característica única, no reproducida en ninguna
otra orden religiosa o sector de la Iglesia Católica. La mitad se desempeña en la ciudad de
Buenos Aires, donde está concentrado el grueso de los miembros de la Obra, unos 5.000 en todo
el país.

Las sociedades de cobertura


También en su organización jurídica y operativa el Opus Dei presenta una estructura exclusiva y
novedosa dentro de la Iglesia Católica. Para facilitar la dinámica de sus actividades, la Obra ha
conformado un verdadero mosaico de "sociedades de bien público" integradas por miembros
laicos. Algunas se utilizan para contabilizar y administrar bienes del Opus, que así escapan a la
supervisión de los obispos y del Vaticano.
Por otra parte, hay un sinnúmero de empresas que pertenecen a miembros "supernumerarios" de
la Obra y que se transforman -cuando conviene- en un conglomerado económico-financiero al
servicio de los intereses del Opus. Aunque las autoridades y voceros del Opus Dei aseguran
incansablemente que las actividades empresarias y profesionales de sus miembros son ajenas a
la institución, hay antecedentes que demuestran lo contrario.
Cuando en los meses de mayo y julio de 1986 se abatió sobre la población argentina una costosa
campaña publicitaria contra el divorcio, miembros y equipos del Opus Dei participaron
coordinadamente. Desde la organización denominada La Familia Argentina hasta el Estudio
D'Aiello/Diez (Guillermo D'Aiello-Daniel Diez, miembros del Opus), que fue responsable del
diseño gráfico de la publicidad, incluyendo la gestión de Gabriel Sánchez Zinny -alto ejecutivo
de la firma Alpargatas y miembro de la Obra- para que la agencia Colonnese y Asociados
aceptara dirigir la campaña.
Entre las decenas de denominaciones o "sociedades de bien público" que utiliza el Opus Dei, y
empresas vinculadas a la Obra, pueden mencionarse:
-Asociación para el Fomento de la Cultura (AFC), constituida el 14 de junio de 1961 como
"entidad de bien público". Es la sociedad que aparece como propietaria y administradora de la
mayor parte de los bienes del Opus Dei. Sus ingresos provienen de las siguientes fuentes: 88%
donativos, 6% cuotas socios, 6% subvención estatal (destinada al ICIED). Algunos nombres de
quienes aparecen como directivos y fundadores: Hernán Seeber, Rodolfo Caputo, Rómulo
Naón, Marta Bustillo, Jorge Pedernera, Marco Ronchino, José Luis Gómez López-Egea,
Patricio Petersen.
-Asociación de Intercambio Cultural (AIC), formada el 28 de marzo de 1963 como "entidad
de bien público". Sus fines y actividades son similares a los de la AFC. Aparece como
propietaria de otra parte de los bienes del Opus. Sus recursos provienen: 99,8% de donativos,
0,2% de cuotas socios. Algunos de sus directivos: Hugo Petit, Juan Pablo Madgaleno, Juan
Guillermo de Nevares, Federico Johansen, Juan Lescano, Francisco Gánale, Diego Ponnelly.
-Asociación Civil de Estudios Superiores (ACES). Autorizada como "entidad de bien público"
para dirigir institutos de enseñanza y organizar cursos de capacitación. Algunos directivps: José
Luis Gómez López-Egea, Mario Baro, Femando Curat, Enrique Delger, Leopoldo Ferraris,
Rodolfo Lanusse, Marcelo Lanús, Mario Moroni, Juan Martín Pueyrredón, Mauricio Wyler.
-Instituto de Altos Estudios Superiores (IAES). Asociado a la Universidad de Navarra, del
Opus, otorga el Master Profesional en Dirección de Empresas. El costo de sus matrículas es el
más elevado del país. Depende de la ACES, antes mencionada.
-Editorial 5to. Centenario S.A. Distribuye unos 500 títulos bibliográficos, casi todos
vinculados al Opus Dei.
-Centro Universitario de Estudios (CUDES). La residencia universitaria más importante del
Opus en Argentina. Funciona en el cuartel general de la institución.
-Instituto de Capacitación Integral en Estudios Domésticos (ICIED). Escuela de sirvientas,
para dirigentes y residencias del Opus.
-Tenis Club Camino Real - Analfe S.A. - Llarnet S.A. Complejo deportivo exclusivo.
-ACSA. Estudio de los arquitectos Fernando Mujía, Fernando Arias y Alejandro Scasserra,
constituido como sociedad anónima el 29 de abril de 1979. Se ocupa del proyecto y la
construcción de la mayoría de los edificios del Opus y de miembros de la Obra.

Los miembros argentinos


En más de una oportunidad surgieron especulaciones y hasta afirmaciones acerca de la identidad
de los miembros del Opus Dei en Argentina. Una de las más reiteradas ha sido la de sostener
que el ex presidente de facto Onganía y ciertos miembros de su gabinete, pertenecían a la Obra.
Aun admitiendo la posibilidad de que algunos de quienes actuaron en esa etapa de gobierno
militar pertenecieran al Opus, corresponde señalar que se trata de una aseveración errada propia
de quienes desconocen las pequeñas diferencias -a veces sutiles- que separan a los diversos
grupos católicos. Como Juan Carlos Onganía es un conocido "cursillista", se entendió que
asistía a los "cursos" del Opus Dei.
En verdad, los denominados Cursillos de la Cristiandad poco tienen que ver con la Obra,
excepto por su origen, también español. Nacieron en la isla de Mallorca, y su génesis puede
remontarse hasta el siglo XVIII, como una propuesta de algunos judíos conversos: Juan Bonnin,
Tomás Aguiló, Tomás Cortés, Francisco Forteza.
Fue el obispo Javier Hervás -a quien muchos reconocen como fundador del movimiento- quien
reactualizó los Cursillos y les dio enfoque definitivo. Desde el año 1947, los cursillistas se
extendieron fácilmente por el mundo entero. En la década del '60 eran una verdadera moda en el
nivel alto del catolicismo argentino.
Más que Onganía, es probable que Alejandro Agustín Lanusse sea (o haya sido) socio
"cooperador" del Opus Dei. En una de las listas que utilizaba en 1985 la AFC (sociedad
recaudadora del Opus) para sus colectas periódicas, se detalla el número interno y las iniciales
de 102 contribuyentes: 46 militares, 51 "doctores", 5 "señores". Se transcribe una parte de esa
lista. 007321 Cnel. N. T. D. 043561 Dr. L. R. 005102 Gral. F. N. R. 012009 Brig. A. T. 001486
Dr. J. P. R, 006612 Gral. A. A. L. (¿Alejandro Agustín Lanusse?), 006613 Sr. R. I. A., 006116
Gral. N. T. A., 014532 Sr. J. H., 004451 Dr. A. A. R., 014588 Arq. F. S. H. 007533 Dr. A. F.,
019978 Dr. J. M.
Guillermo Lanusse y Rodolfo Lanusse también son miembros de la Obra, igual que Alfredo y
Ricardo Dodds, parientes políticos del general Onganía.
El Opus Dei ha corrido suerte dispar entre los militares. En el Ejército y en la Fuerza Aérea su
inserción ha sido buena, pero en la Armada no logró adhesiones importantes. Incluso se asegura
que algunos marinos vieron trabados sus ascensos por el solo hecho de pertenecer a la Obra.
En el campo de los profesionales es donde el Opus ha logrado mayor penetración. Y también en
el de los jóvenes. A menudo los reclutadores no se identifican como miembros de la
organización, y se los ha acusado de adoctrinar a los muchachos sin el consentimiento de sus
familias. "Cuando usted encuentra una novia no se lo cuenta inmediatamente a sus padres",
argumentan.
También en el sector empresario el Opus Dei ha logrado importantes conquistas. Dos de las más
notorias, sin embargo, fueron protagonistas de detonantes derrumbes financieros. En un caso, el
Opus admitió que revistaba en sus filas Ángel Rafael Trozzo, presidente del BIR (Banco de
Intercambio Regional) y el responsable del sonado escándalo de marzo de 1980. El otro nombre
permaneció rigurosamente silenciado hasta su publicación en la revista Humor, en diciembre de
1987. Se trata de Juan Ángel Rómulo Seitún, asociado a la Obra y uno de los tres socios de
Sasetru (Salimei-Seitún-Trucco), la empresa que registra la quiebra más importante en la
historia económica argentina. Junto a Seitún trabajaban en Sasetru varios profesionales de la
Obra. Acaso no haya sido su responsabilidad, pero también en al affaire Sasetru estuvo presente
el Opus.
Como ventajosa compensación por la pérdida del BIR y de Sasetru, la Obra consolidó su
vinculación con el poderoso empresario Antonio Macri (Sevel, Manliba, Demaco). El estudio de
los arquitectos del Opus "Mujía, Arias y Scassera" (que ya le había construido a Trozzo un
oratorio para 70 personas) fue designado para proyectar la espectacular quinta "Los Cedros",
que Macri posee en Campo de Mayo. Entre otras comodidades, esta residencia de "fin de
semana" cuenta con un "sencillo" quincho de 141,75 m2 y una parrilla de 1,36 m de
profundidad y 3,30 m de ancho.
También en el sector de los políticos el Opus ha logrado una excelente inserción. Es frecuente
que entre sus conferencistas figuren embajadores y altos dirigentes partidarios. A finales de
1987, en su sede central de Vicente López 1950 (CUDES), expusieron -entre otros- los radicales
Juan Carlos Palmero, Carlos Niño (entonces asesor presidencial), Pedro Trueco (ex ministro de
Obras y Servicios Públicos) y Facundo Suárez (entonces titular de la SIDE), y el desarrollista y
ex canciller Osear Camilión.
A pesar de su vinculación con numerosas personalidades del radicalismo, el Opus sabe repartir
sus apuestas. Nada menos que Antonio Cafiero realiza sus retiros espirituales en la quinta "La
Chacra", que la organización posee en Bella Vista. Y para demostrar que el Opus incluso sabe
ganar amigos en la izquierda, en los retiros de "La Chacra" también suele verse al dirigente del
PI y ex coronel Jaime Cesio.

Periodistas con antifaz


Pocas notas sobre el Opus Dei se han publicado en el país, producidas por periodistas
independientes. Como reverso, desde hace veinte años están apareciendo artículos favorables a
la Obra que tienen una característica común: están firmados por miembros del Opus Dei que no
se identifican como tales. Para ilustrar esta hábil estratagema se pueden rescatar algunos
ejemplos:
Revista Extra, marzo 1970 nota de tres páginas firmadas por José Luís Atienza (miembro del
Opus), La Capital de Rosario, nota del 13-9-70, de Jorge Rouillon (Opus); La Prensa, del 30-
11-78, de Manuel Malbrán (Opus); Gente, nota de cinco páginas del 28-12-78, de Antonio Brin
(Opus, España); La Prensa, del 14-2-80, de Gustavo Frías (Opus); La Prensa, del 27-8-82 de
José Luis Atienza (Opus); La Prensa, del 26-6-85, de Enrique Loncán (Opus).
Esta producción de artículos laudatorios sobre el Opus Dei -que se completa con uno del obispo
"progresista" Adolfo Tórtolo (La Nación, 1-7-76) y del más "progresista" monseñor Octavio
Derisi (La Nación, 2-10-80)- no sería objetable si hubieran aparecido notas (especialmente en
los diarios) de periodistas no embanderados; pero eso no ha sucedido. Prácticamente todos los
"informes" que la sociedad argentina ha consumido sobre el Opus Dei, han sido elaborados por
el Opus Dei; así de simple.
Y si alguien exigiera un ejemplo más, puede remitirse al “Informador”, de Iglesias Rouco,
número 63, del 11-12-87. Ahí se incluye una nota de cuatro columnas, bajo el título "El Opus
Dei logró 'institucionalizarse' y hoy influye en la marcha del catolicismo", con una firma de
"Ramón Vázquez", que lleva la inconfundible "impresión digital" del abogado Gonzalo Peltzer,
eficiente director de la Oficina de Información de la Prelatura Opus Dei en Argentina.
Del 15 al 18 de setiembre de 1988 se llevó a cabo el "Tercer Encuentro de Periodistas
Latinoamericanos". Declarado de interés nacional e inaugurado por el presidente Raúl Alfonsín,
fue el seminario de periodismo más importante realizado en Argentina en los últimos años,
especialmente por la calidad de los disertantes: profesores de las universidades de Navarra,
París y Harvard. Lo organizó el Opus Dei, con el auspicio, entre otros, del Banco de Boston,
Ducilo, Pérez Companc, Massalín, Editorial Atlántida, La Nación y Bunge y Born. Frente a 450
periodistas locales que se apresuraron a pagar los 50 dólares de inscripción y atestar los salones
del Plaza Hotel, la Obra exhibió todo el esplendor de su éxito en el país.

Capítulo III

LA ORDEN DE MALTA

UNA EMBAJADA SIN PAÍS


La cruz guerrera
La Orden de Malta (Caballeros de San Juan de Jerusalén) ya existía cuando la Primera Cruzada
cristiana a Tierra Santa (1096-1099). Sus reglas fueron aprobadas por el papa Pascual II en
1113. En ese mismo año, se impuso el servicio militar a sus miembros para proteger a los
cristianos de los musulmanes. El llamado a reclutamiento tuvo eco entre la aristocracia europea,
quien participó militarmente en las cruzadas junto a los Caballeros Templarios y los Teutones.
En 1308 la Orden de Malta ocupó y se estableció en la isla de Rodas.
Entre 1307 y 1315, por cuestiones políticas, la Orden impulsó los juicios contra los Caballeros
Templarios, el escándalo homosexual más resonante de la historia de la Iglesia. Cuando el 11 de
marzo de 1314 fue ejecutado el Gran Maestre Jacques de Molay, los Caballeros de San Juan
conformaban la orden religiosa de mayor poder de la cristiandad.
En 1530 fueron desalojados de Rodas por los turcos, pero el emperador Carlos V les cedió la
isla de Malta, situada en el Mediterráneo meridional, al sur de Sicilia y al este de Túnez. Allí
tomaron su nombre definitivo: Soberana Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén
de Rodas y Malta, simplificado como Soberana Orden Militar de Malta (SMOM). La isla,
fortificada por el Gran Mestre La Vállete (1557-1568), resistió los ataques turcos. La Orden
colaboró en la batalla de Lepanto (1571). En el siglo XVII, el archipiélago de Malta se había
convertido en un nido de corsarios cristianos. Un siglo más tarde sería el centro del comercio
francés del Mediterráneo a Oriente. La Orden, ya en decadencia, permitió que Napoleón
ocupara la isla (1798). Tras un asedio de dos años, Gran Bretaña arrebató el archipiélago a
Francia (setiembre de 1800). Nunca lo devolvería, hasta la independencia de Malta en 1974.
Los Caballeros de Malta, desalojados por los ingleses, fueron recogidos por el pontífice Pío VII
que los instaló en Italia.

¿Estado soberano?
En su belicoso trayecto histórico, la Orden de Malta ha proporcionado sucesivamente las tropas
selectas para las confrontaciones con el Islam, con los rebeldes protestantes y con el
comunismo.
'La derecha católica y los Caballeros de Malta desempeñaron un rol determinante para la
llegada de Hitler al poder y en la convocatoria a la Cruzada del Siglo XX del Tercer Reich"
(Françoise Hervet).
Con mayor suerte que Hitler, la SMOM sobrevivió intacta a la Segunda Guerra Mundial. El 17
de noviembre de 1948 concedió una de sus más altas condecoraciones -la Gran Cruz del Mérito-
a Reinhart Gehlen, uno de los jefes del espionaje nazi.
Con varios millares de miembros selectos (Caballeros), especialmente en Europa y toda
América, es probable que la Orden de Malta sea una de las colectividades más poderosas y
reaccionarias del mundo actual. Habrían ingresado a sus filas William Casey (ex director de la
CÍA), James Buckley, Lee lacocca, Alexander Haig, Otto von Hapsburg, según 'información de
Cuadernos del Tercer Mundo (abril de 1986).
Nadie ha explicado por qué extraña vinculación la SMOM -una orden religiosa católica- tenía
inscriptos en sus registros a varios líderes de la logia masónica P2.
Esgrimiendo glorias remotas y posesiones perdidas, la Orden jamás resignó su condición de
"Estado soberano". Aun cuando todo su territorio ha quedado reducido a una mansión, en el
número 68 de la Vía Condotti, en Roma. Esa pretensión de "Estado" -que sería rechazada como
delirio si la intentara alguna organización similar- ha merecido un tratamiento formal por parte
de las naciones occidentales, como consecuencia de la influencia de los miembros locales de la
Orden en cada país. Sin embargo, no todo es opereta: sólo los países católicos subdesarrollados
le han reconocido status como Estado. Inglaterra, Estados Unidos, Francia y las demás naciones
principales (excepto Italia) han rechazado la solicitud.

El príncipe embajador
La Argentina transitó una etapa adecuada para que la SMOM coronara con éxito sus
pretensiones. Durante la dictadura de Onganía -cursillista católico y "cholulo" de la nobleza- la
cancillería acreditó al embajador de la Orden de Malta (Resol, numero 337, del 13-5-69). El
príncipe Carlos Radziwill presentó sus cartas credenciales al general-presidente el 21 de mayo
de 1969.
Nadie podía afirmar que el nuevo embajador reuniese las condiciones mínimas para la función
diplomática, pero -a cambio- podía exhibir un árbol genealógico deslumbrante. Nacido en 1912
en Cracovia, Polonia, Carlos Radziwill tuvo como padre al príncipe Gerónimo Radziwill y
como madre a la archiduquesa de Austria, Renata Habsburgo Lorena. Se graduó de ingeniero en
Zurich y fue piloto en la Segunda Guerra Mundial. En 1949 se instaló en la Argentina, se casó
con María Luisa de Alvear y se naturalizó argentino. (¿Argentino y embajador de otro país en
Argentina...?). Por el casamiento de su hermano con Lee Bouvier, fue concuñado de Jacqueline
y John Kennedy.
Lamentablemente, se carece de información acerca de las difíciles negociaciones que debe
haber tenido el embajador Radziwill con funcionarios de la cancillería local, para tratar tantos
asuntos trascendentes entre las dos naciones. En las dos décadas, los archivos sólo rescatan una
memorable actuación del embajador Radziwill: el 18 de mayo de 1974 le impuso la Gran Cruz
con Banda "Pro Mérito Melitensi" al ministro del Interior peronista, Benito Llambí.
Mientras el príncipe Radziwill se dedicaba a su intensa vida social, la Orden de Malta era
acusada desde diversos sectores y países de utilizar su condición de Estado para concretar
negociados e hilvanar una extensa red de información al servicio de la CÍA, que financiaría sus
actividades. El fanatismo anticomunista del Gran Maestre Fray Angelo de Mojana di Cologna
-cabeza de la orden- y de sus acólitos, los convertían en elementos útiles para la confrontación
Este-Oeste.

Malta y la P2
Fue ese odio feroz al comunismo el que unió la SMOM con la masonería. Una alianza que, de
haberse hecho pública, hubiera provocado un escándalo mayúsculo dentro de la Iglesia Católica.
A partir de ese acuerdo, las relaciones de la Orden con el cappo Licio Gelli se fueron
estrechando. Su lugarteniente, el conde Umberto Ortolani -de frondosos antecedentes penales-
fue nombrado embajador en Uruguay, donde se había radicado. La embajada de la SMOM en
Montevideo se convirtió en un centro de tráfico de divisas y otras actividades delictivas, facili-
tadas por la inmunidad diplomática.
Por su parte, Licio Gelli se ocupó de gestionar ante las autoridades del "proceso" la firma de un
convenio postal entre ENCOTel y la Orden, de trascendente importancia política y económica
para la SMOM. El factótum de la logia P2 logró que se tramitara en un término inusualmente
breve y se firmara el 14 de diciembre de 1979. Pocos días más tarde, Gelli escribía a la Orden
recordándole "el reconocimiento prometido" a los funcionarios argentinos que habían agilizado
el tratado: el capitán de navío Carlos Alberto Corti, el coronel Silvio Yorio y Francisco
Pleguezuelos. Pero el objetivo de Gelli con la SMOM iba más allá de un simple convenio
postal. En su carta del 21 de setiembre de 1978, le había confesado a uno de los dirigentes de la
Orden sus intenciones de radicarse "definitivamente en Buenos Aires". Y le hacía un
ofrecimiento: una mansión de su propiedad situada en Rodríguez Peña 1736, "sería oportuno
que la Orden dispusiese en la capital argentina de una sede adecuada...". La propuesta
establecía condiciones: "...si la SMOM quisiera concederme el honor y privilegio de dirigir esa
Embajada". Algún presentimiento habrá protegido a los aristócratas de Malta: ese
nombramiento nunca se concretó y así evitaron el bochorno de que el principal implicado en el
escándalo de las P2 fuese, además, embajador de la SMOM.

Ruptura diplomática
A fines del mes de junio de 1986, la Orden nombró a otro argentino como embajador en
Uruguay: Raymundo Podestá. Un empresario vinculado a los supermercados Disco, Cambio
Velox, Estancias Santa Rosa y otras firmas en las que participan capitales orientales. Podestá se
había desempeñado como secretario de Desarrollo Industrial durante la dictadura de Videla.
La designación provocó críticas y rechazos en Montevideo, hasta hubo presentaciones y pedidos
de informes en el Senado. El famoso jurista Eduardo Jiménez de Aréchaga, ex-presidente de la
Corte Internacional de La Haya, produjo un dictamen donde calificó de "ficción política" la
pretendida soberanía de la Orden de Malta.
El embajador argentino en el Vaticano debe cumplir funciones complementarias como
embajador ante la Soberana Orden Militar de Malta, el "país" que funciona en la mansión de
Vía Condotti. El príncipe Radziwill, por su parte, goza de un status que no se compadece con
los sentimientos democráticos y la austeridad de la coyuntura argentina; tampoco con el derecho
internacional y mucho menos con el sentido común.

Capítulo IV

LOS MILAGROS
Sucesos asombrosos e inexplicables para los hombres han sido atribuidos a la divinidad, en
todas las épocas. Con el nombre de milagros, señales o signos se los encuentra en todas las
religiones, aunque sólo la Iglesia Católica Romana los ha sistematizado e incorporado a su
patrimonio doctrinario.
A pesar de ese status, el concepto de milagro que aparece en los últimos escritos eclesiásticos es
sustancialmente distinto al de los primeros siglos. El avance científico ha sido el responsable de
esa evolución, al proporcionar explicaciones naturales para hechos aparentemente extraordina-
rios. Por esta razón, en las últimas décadas del siglo XX la Iglesia no ha admitido hechos
milagrosos, mientras que en la Edad Media los anunciaba por centenares.
Las definiciones y procedimientos para el reconocimiento formal de milagros por parte de la
Iglesia Católica se fueron ajustando a través de los tiempos. San Agustín los admitía "cuando se
produce un efecto con independencia de la causa, de la cual quiso Dios que dependiera, según la
común y ordinaria condición de las cosas". Con la coincidencia de Santo Tomás: "Id quod fit
praeter ordinem naturae".
En los procesos de beatificación y santificación, los milagros constituyeron durante siglos un
elemento esencial. "Para decretar la beatificación de un siervo de Dios no basta que consten sus
virtudes o martirio, sino que son indispensables los milagros. Comúnmente se exigen dos
milagros, de los cuales uno haya sido hecho después de la muerte del siervo de Dios. Por
decreto de Benedicto XIV, del 23 de abril de 1741, se exigen cuatro" (Instituciones de Derecho
Canónico Americano, tomo I, pág. 217, del reverendo José Donoso - editado por Imprenta del
Mercurio, Valparaíso, mayo de 1848).
Todavía en el Código de Derecho Canónico aprobado por el papa Benedicto XV en 1917, se
establece que los milagros son requisito indispensable para la beatificación y la canonización,
excepto para los mártires (cánones 2116.1 y 2138). En el libro Comentarios al Código de
Derecho Canónico, de Tomás García Barberena, se mencionan algunos ejemplos de hechos
aceptados como milagrosos en algunas causas de beatificación y santificación:
"1) Ulcera varicosa, grande, antigua, incurable: curación instantánea y perfecta (milagro
atribuido a Conrado de Porzham). 2) Cáncer de un ventrículo: curación instantánea y perfecta
(Margarita María Alacoque). 3) Niña de cinco años, caída de gran altura, fractura mortal de
cráneo: curación instantánea y perfecta (María Magdalena Postel). 4) Fístula del recto, antigua,
incurable: curación instantánea y sin que dejara cicatriz (Bernardino Ralino)" (tomo IV, pág. 88
- Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1964).
El Concilio Vaticano II permitió que los teólogos discutieran la cuestión de los milagros y, si
bien no existió un pronunciamiento expreso, la mayoría coincidió en aconsejar la sigilosa
sepultura de las definiciones de San Agustín y Santo Tomás. La ciencia moderna era un escollo
insalvable para la superstición que tiene como único sustento a la ignorancia.
Los obispos de Holanda publicaron en 1968 el Nuevo Catecismo para Adultos, conocido como
"catecismo holandés", donde tuvieron la valentía de reconocer que los hechos que hasta
entonces la Iglesia y los fieles habían considerado sobrenaturales, podían ser producto del
desconocimiento científico. "Es natural que el hombre moderno, que sabe más de la naturaleza y
de sus leyes, se plantee la cuestión de si estos hechos (milagros, signos) suceden 'fuera de las
leyes de la naturaleza'. Esta interrogación tío es bíblica. También para nosotros va perdiendo
sentido poco a poco (...) Nada nos obliga a considerar los milagros como una intervención
arbitraria y extraña de Dios, como si Dios impidiera el curso de su propia creación (pág.
108/109 - Editorial Herder, Barcelona, 1969).
Y los obispos holandeses proponían una nueva definición de milagro, suficientemente imprecisa
como para perdurar: "Lo más propio, es decir que el milagro hace al hombre consciente de que
ignora lo que puede pasar en él mismo y en el mundo".
El paño denominado Santo Sudario, venerado durante más de 600 años como la mortaja de
Cristo, fue declarado falso en octubre de 1988, después de un estudio triple con el método del
carbono-14, realizado simultáneamente en los laboratorios de la Universidad de Atizona,
Estados Unidos, de la Universidad de Oxford, Gran Bretaña, y del Instituto Federal Suizo de
Tecnología, en Zurich. Se determinó que el impactante "milagro" había sido fabricado por un
talentoso picaro en la Edad Media, entre los años 1260 y 1390.
El 25 de enero de 1983, Juan Pablo II promulgó el vigente Código de Derecho Canónico, donde
toda referencia a milagros fue suprimida.

LA VIRGEN QUE SE APARECE EN


SAN NICOLÁS
Se dice que cuando una civilización se ufana de no creer en nada es señal de que ha comenzado
a creer en todo. Esto parece suceder en la actualidad. A la vez que el hombre moderno se
declara agnóstico, libre de toda irracionalidad, florecen el tarot, la macumba, la astrología, el
horóscopo chino y todo tipo de sectas.
Afirman que la Virgen María se le presenta, casi todos los días, a una vecina de la ciudad de
"San Nicolás. Le deja mensajes donde exige que el pueblo empobrecido, ya despojado, le eleve
un costoso santuario.
En este caso, el espectáculo montado sobre las supuestas apariciones, la credulidad de los fieles
y el manejo del clero católico, no presenta diferencia alguna con los shows de Jimmy Swaggart
o del pastor Giménez. También para la Iglesia Católica, "Dios es un buen negocio".

Un ama de casa con visiones


Gladys Quiroga de Motta tiene dos hijas y un marido, operario de Somisa. Es una mujer
sencilla, sólo pudo cursar hasta el cuarto grado primario. Con ese perfil de ama de casa común,
sin calificaciones especiales, Gladys parece haber sido elegida por Dios como receptora de
mensajes sobrenaturales. Desde 1983 mantiene contactos casi diarios con la Virgen María. El
extraordinario suceso ha colocado a la ciudad bonaerense de San Nicolás en el mapa mundial de
las localidades privilegiadas por apariciones celestes.
Aunque hay quienes afirman que Gladys Motta ya habría intentado hace años relacionarse con
espíritus, participando en reuniones de la Escuela Científica Basilio, y que durante 1981 y 1982
insistió en que le ocurrían hechos extraordinarios (como que su rosario se iluminaba), esta
historia comienza el 25 de setiembre de 1983.
Ese día, asegura Gladys, recibió la visita de la Virgen María. Una de las figuras más importantes
de la religión católica no descendía de su trono en el paraíso para alguna revelación
trascendental; más bien su preocupación estaba dirigida a cuestiones de culto, casi domésticas.
La Virgen declaró su interés en ser considerada "Patraña" de San Nicolás y su zona. Pidió que
se venerara especialmente una imagen suya -como Nuestra Señora del Rosario- que se guardaba
en la catedral. Y, lo esencial de la visita, ordenó que se le construyera un santuario.
Desde ese episodio de setiembre de 1983, hasta hoy, la Virgen siguió apareciéndose a Gladys
Motta casi diariamente. Esta característica ha convertido al Caso San Nicolás en una de las
visitas celestiales más prolongadas en los anales de la Iglesia Católica. Al punto que tiene
sumamente nerviosos (y fastidiados) a algunos funcionarios del Vaticano. Lo habitual es que las
apariciones se limiten a una, dos, o varias concentradas dentro de un corto período, como las de
Fátima o Lourdes.
Hace pocos años en El Escorial, pueblo de la provincia de Madrid, España, se difundió un hecho
similar al de San Nicolás. Pero la jerarquía española actuó con la prudencia y seriedad que se
requieren en estos casos. A los miembros del clero -sacerdotes y monjas- que querían visitar el
lugar se les ordenó que no utilizaran el hábito religioso. De ese modo, hasta que se investigara
en profundidad y se comprobara el supuesto milagro, la Iglesia no aparecería respaldando lo que
podría ser una superchería. ¿Cómo se comportó la Iglesia argentina o, al menos, la de San
Nicolás? En forma totalmente opuesta; nunca admitió oficialmente el suceso milagroso, pero se
dedicó a explotar vorazmente la oportunidad que se le ofrecía. ¿Por qué no? Una aparición de
la Virgen representa poder político, religioso, y, especialmente, plata, mucha plata.
La teología que sustenta a la religión católica enseña que la "revelación divina" concluyó con
San Pablo. Es decir, que todo el mensaje que Dios trasmitió a los hombres, a través de
diferentes personas elegidas y de su propio hijo Jesucristo, tuvo su the end cuando murió Pablo
en el año 67 de nuestra era. La Iglesia Católica deja en libertad a sus fieles para creer o no en
supuestas apariciones posteriores, incluidas las de Lourdes y Fátima.
A través de los siglos, un sinnúmero de visitas, revelaciones y mensajes divinos fueron
reivindicados por muchos "elegidos", en distintos países. Como invariablemente sucede con este
tipo de hechos, ninguno puede comprobarse. Pero una buena cantidad, la mayoría, se
descubrieron como toscas defraudaciones, o como producto de perturbaciones psíquico-místicas
de los "elegidos de Dios".

¡Quiero mi santuario!
Durante el año 1984 se extendió la noticia del excepcional suceso que tenía por escenario a San
Nicolás. En esa publicidad tuvo principal y eficaz desempeño el padre Carlos Pérez, párroco de
la catedral de la ciudad. Este sacerdote fue el depositario de las primeras confidencias de Gladys
y se convirtió en su protector y único vínculo con la sociedad. Por consejo del religioso, la
mujer se recluyó en su casa de la cortada Figari y evitó cualquier contacto con otras personas,
especialmente con la prensa.
El cura Pérez se convirtió en vocero exclusivo de las supuestas indicaciones que recibía Gladys.
Con autorización del obispo de San Nicolás, Domingo Castagna, esos mensajes de la Virgen
María se comenzaron a publicar y pudo evaluarse su intención e importancia. Para fines de
1987 eran tan numerosos los mensajes que, para contenerlos, no alcanzó un libro de regulares
dimensiones y debió editarse otro como "anexo".
Lo primero que surge de las frases reunidas por orden cronológico, es su manifiesta banalidad.
No se trata de consejos, indicaciones o revelaciones importantes expresadas en el lenguaje llano
de la gente común. Es, sencillamente, una cadena de simplezas, que pueden encontrarse en
cualquier libro religioso para chicos. Por ejemplo: "El Señor hará grandes cosas, pero vosotros
haced algo por El, que no es otra cosa que buscar vuestra salvación" (mensaje del 5 de febrero
de 1984).
Hay dos temas, sin embargo, que se reiteran en estos mensajes. Uno es el pedido constante de la
Virgen de que se la festeje, se la honre y se la venere, a ella y a Jesucristo. Como si los reyes del
cielo transitaran una crisis de autoestima y requirieran un aumento de los rezos y las
adulaciones. El otro, el principal, es la permanente exigencia de que se construya el templo.
El pedido de una nueva iglesia se reveló como la causa principal de las apariciones de María. A,
través de los años de visita a Gladys Motta, la Virgen no ha cesado de exigirlo. Muchos
profetizan que cuando la Iglesia esté terminada y decorada las apariciones concluirán; ya no se
necesitará estimular las contribuciones con una presencia celestial.
El 9 de noviembre de 1983 la Virgen la decía a Gladys: "Me harán un santuario". El 5 de
febrero de 1984: "Hay urgencia de oración, mas también tengo urgencia de mi casa". El 19 de
ese mismo mes: "Hacedme mi casa". El 22 de abril: "Vuestra madre os pide su morada". El 25
de setiembre: ''No olvides el santuario". El 11 de noviembre se percibía en la Virgen cierta
impaciencia: "¡Quiero mi casa!". Doce días más tarde, el 23, el fastidio era claro: "Debéis pedir
con firmeza, dad importancia a mi petición, mi casa tiene que construirse. Hijos míos, dad a
vuestra madre lo que os pide”. (Nadie ha sabido explicar por qué la Virgen se expresa en un
castellano fuera de uso en Argentina. Probablemente porque su dominio de las lenguas no
incluye los localismos.)
Las autoridades eclesiásticas no podían hacer oídos sordos a tanta insistencia. El 21 de
diciembre de 1984 el padre Carlos Pérez -con el aval del obispo Castagna- se dirigió al
intendente municipal de San Nicolás para solicitarle la donación de un amplio terreno conocido
como el "Compito". Casi dos manzanas y una franja vecina con límite en las barrancas del Para-
ná. El lugar había sido indicado especialmente por Gladys, o sea por la Virgen. En una parte del
pedido, Pérez expresaba: "Frente a las chimeneas del progreso material, levantaremos el
campanario de la fe, a cuyas sombras (sic) nace el agua viva de la Caridad y la Justicia, cuyo
fruto es la paz".
La construcción del templo, por otra parte, no iba a ser cosa sencilla, puesto que la Virgen -a
través de Gladys- había impuesto una cantidad de requisitos. "Quiero una casa espaciosa, debe
medir no menos de 25 metros de largo, desde el primer banco hasta el altar". Una iglesia con
cúpula redonda y cuatro columnas al frente. Las columnas debían ser de mármol rosado así
como el altar.
En diciembre de 1985, Gladys dijo haber exhibido a la Virgen uno de los anteproyectos del
templo, con este resultado: "Sí, hija mía, este proyecto me agrada, ya que el santuario será
amplio como lo pedí". El arquitecto favorecido por la excelsa dienta fue Mario Magni, un
profesional muy vinculado a la Iglesia.
Con el proyecto y la cesión de tierra, se aceleró la convocatoria de los fieles para los aportes
"pro-templo". La Virgen lo urgía y había que cumplir. Nadie pareció reparar en que ya existía
una amplia catedral y que con los fondos destinados al santuario podrían construirse 500
viviendas para familias de escasos recursos.

El negocio de la Virgen
Para 1986 las peregrinaciones hacia San Nicolás eran multitudinarias, y aumentó su número en
los años siguientes. Los días 25 de cada mes llegan a congregarse más de cien mil personas. Se
montó una adecuada organización -dirigida por la Iglesia- para atender las necesidades de los
fieles. El negocio de Nuestra Señora del Rosario de San Nicolás se demostró brillante.
Nada fue dejado al azar. A los vendedores callejeros de bijouterie de la Virgen (estampas,
figuras de plástico, adornos, rosarios, medallitas) se los obligó a ofrecer mercadería de un único
proveedor, designado por la Iglesia. En esa fecha clave -día 25 de cada mes- los hombres y
mujeres que se dedican a este negocio callejero pueden ganar hasta 150 dólares; una suma
similar a la que recibirían como operarios en Somisa, sumando las dos quincenas, después de 22
días de trabajo. Por eso en la Municipalidad hay inscriptos doscientos vendedores ambulantes y
se calcula que llegan a mil los que trafican sin autorización. Una verdadera feria conforman los
puestos de estos comerciantes de baratijas religiosas, que se instalan cerca de la catedral y en las
calles adyacentes al "Compito".
Las donaciones, en tanto, se solicitan en todos los puntos del circuito de los peregrinos: la
iglesia catedral, el Centro de Difusión Mariano, la Casa del Peregrino y en el mismo "Compito".
A los fieles que viven en otros puntos del país, se les proporciona un listado de bancos donde
efectuar depósitos a la orden de: "Comisión pro-templo Nuestra Señora del Rosario". Se los
invita a convertirse en "contribuyentes" con un aporte mensual no menor de dos dólares.
Como sucede en estos casos, es imposible establecer un mecanismo de control sobre los fondos
que maneja el clero de San Nicolás, originados por la vinculación Virgen María-Gladys Motta.
Aunque pudieran supervisarse los gastos invertidos en la construcción del templo, jamás podría
confirmarse fehacientemente la cifra de los ingresos. Se calcula que el imponente santuario, con
su revestimiento y equipado, ya ha demandado -como mínimo- diez millones de dólares. ¿Se
recaudaron esos diez millones, o quince o veinte...?
Los vecinos de San Nicolás asisten a este fenómeno que afecta a su ciudad desde distintas
posturas. Algunos, los más religiosos, participan del culto que se ha desarrollado. Otro sector,
probablemente mayoritario, no oculta su escepticismo. Conocen a Gladys desde antes, y al
padre Carlos Pérez... Comentan que el cura ya había demostrado sus intenciones de notoriedad,
hace algunos años, cuando pretendió impulsar la canonización de una tía suya, vecina de
Pergamino. Sin embargo, nadie se atrevería a encabezar cualquier camparla denunciando como
fraude las apariciones. Todos tienen conciencia de que el futuro de la ciudad está enlazado a
este hecho singular. Ningún nicoleño querría ser protagonista de una versión real de El enemigo
del pueblo, de Ibsen.
Una consulta entre los comerciantes locales arroja un rotundo saldo de descreimiento. Los
negocios establecidos no se benefician especialmente con el fenómeno, excepto los bares,
restaurantes y heladerías situados alrededor de la plaza principal. Los hoteles reciben alguna
afluencia durante los días previos al 25, pero las agencias de turismo de San Nicolás no han lo-
grado engancharse en el negocio.
Los grupos de peregrinos llegan desde muchas zonas, incluso distantes, como Mar del Plata y
Tucumán. Y hasta arriban contingentes de otros países: Uruguay, Brasil, Paraguay, Chile, Perú
y Venezuela. Esos tours los organizan las parroquias y empresas de transporte de los lugares de
origen.
El acontecimiento religioso y la perspectiva del nuevo templo produjeron el encarecimiento de
los terrenos y viviendas ubicados en la zona aledaña al "Compito". De acuerdo con la
estimación de algunas inmobiliarias, los precios se incrementaron del 50% al 80%, a valor
constante.
En tanto, la prensa de San Nicolás ha intentado mantener una actitud prescindente respecto del
supuesto milagro. Los periodistas sonríen socarronamente toda vez que se les pide una opinión,
algunos se burlan abiertamente. No obstante, los días 25 la radio de la ciudad cede su
transmisión para el rezo del rosario y el diario El Norte -un medio gráfico de rescatable nivel—
edita suplementos sobre la Virgen y sus apariciones.
El detalle que más molesta a los hombres de prensa es el cerrojo que el cura Carlos Pérez ha
establecido sobre Gladys Motta. Nadie puede verla, y menos, hablar con ella.
Este proceder de la Iglesia, que podría encuadrarse en una atípica privación ilegal de la libertad,
da lugar a la más obvia de las sospechas: los mensajes de la Virgen María los inventa el padre
Pérez.
El 25 de junio de 1985, el periodista César Mascetti, transmitiendo desde San Nicolás el
programa "El Espejo", logró una comunicación telefónica con Gladys Motta. Mientras estaba en
cámara, con el aparato listo para iniciar la conversación, apareció como una tromba el padre
Carlos Pérez y cortó la llamada.
Solamente la revista Gente pudo acceder a la "mujer elegida". Un fotógrafo de esa publicación
obtuvo una foto de Gladys, después de un acuerdo con Pérez.

Enfermos y carenciados
Los peregrinos que viajan a San Nicolás suelen ser católicos practicantes, especialmente
mujeres, que buscan fortaleza espiritual en este hecho extraordinario y en esta nueva Virgen que
promete tanta ayuda. Hay muchos, también, que acuden al lugar buscando soluciones
milagrosas para situaciones urgentes. Los que padecen carencias económicas, los que están sin
trabajo, los enfermos, o quienes piden por ellos. Las necesidades de estas personas se perfilan
patéticas, como contracara de este show poco creíble de apariciones y revelaciones.
En el llamado Centro de Ayuda Espiritual, ubicado en un local de la calle Francia 308, se recibe
a los enfermos y un disertante da una charla que se repite a diario. Se reúnen 20 personas por
vez. El hombre no es médico, pero se permite observaciones asombrosas: "El cáncer es más
frecuente entre los divorciados. La depresión reconoce cuatro orígenes: ansiedad, culpa, enojo,
temor. El Padrenuestro da respuesta a cada uno y cura la depresión". "Hay que rezar el
rosario, el revólver de 50 balas."
El comentario popular es que la "La Virgen del Rosario es muy milagrosa", aunque no se
recogen testimonios de esa cualidad.
El médico Jorge Telechea es el encargado de controlar las mejorías milagrosas que se atribuyen
a la Virgen. Según sus palabras, a toda persona que informa una curación extraordinaria se le
confecciona una historia clínica y se le piden antecedentes para determinar cuál fue su
enfermedad y su estado actual. "Se han presentado algunos con mejorías, pero faltan esos
datos. Hay varios casos interesantes." En 1985 se habló de un chico de Pergamino que
presentaba un tumor cerebral; luego de la visita a la Virgen el tumor habría desaparecido. Pero
Telechea no tiene cómo sustentar el supuesto milagro. "Los antecedentes no los tenemos, fueron
remitidos al Obispado."
Mientras tanto, la gente desvalida sigue anotando sus penurias y ruegos y los deposita dentro de
la vivienda de Gladys Motta. El pequeño porche de la casa -que siempre permanece cerrada-
está repleto de papeles con pedidos que manos esperanzadas arrojan por entre los barrotes:
"Virgen, paz para mí"; "Gladys pedile a la Virgen que se mejore el Carlos, porque se peleó con
la Inés. Que se lleven bien y cuiden al Martincito"; "Virgen Santa, concededme la merced de
dominar la ira, tener salud, por ejemplo al bajar del colectivo, y sanarme de las rodillas".
Cuando se evalúa la dimensión de la necesidad de ayuda y consuelo que revelan estos mensajes,
se explica la facilidad con que algunas personas son presas de estafadores religiosos. Del mismo
plato, engordan con la credulidad, la superstición y las penurias: la macumba, iglesias
electrónicas, sanitaristas pentecostales, apariciones católicas.
Es tanta la indignación que un observador sensible pero no crédulo puede acumular cualquier
día 25 en San Nicolás, que la propia ciudad se ocupa de aliviar esa carga anímica con algo de
humor, antes de la despedida. En una pared de la costanera del Paraná puede leerse un
gigantesco graffiti: "Mejor que decir es hacer, María". Un poco más adelante, otro: "Gracias,
Virgen del Rosario, Antón Turismo". Y antes de llegar a la ruta, el último: "Queremos a las
vírgenes de San Nicolás". Así sea.

LA VIRGEN QUE LLORO EN


SOLANO
De Monte Chiaro a Solano
El milagro sucedió en el dormitorio. Una intimidad con lo sobrenatural que supone un
privilegio, pero también cierta incomodidad. Doña Lala tiene que levantarse, hacer la cama,
ordenar la pieza y dar paso al desfile incesante de los fieles, que esperan ahí desde la madrugada
y quieren acercarse a esa imagen de la Virgen de María Rosa Mística, que lloró sangre.
El barrio es muy humilde, del tipo de "emergencia", y la casita de Elena Rodríguez (doña Lala)
una construcción precaria. Se afirma que el extraordinario acontecimiento ocurrió entre el 22 y
el 25 de julio de 1988, cuando la mujer y su nieto Roque, de 19 años, observaron que por el
rostro de la estatuita corrían "lágrimas rojo-oscuras". El muchacho mojó un dedo en el líquido
y afirmó que era sangre "aunque no tenía sabor".
Canal 9 se ocupó de la promoción, y la localidad de Solano, en el Gran Buenos Aires, se
convirtió en un nuevo centro de peregrinación. En esta oportunidad, de personas modestas con
todo tipo de necesidades, especialmente económicas y de salud. Los salarios magros que no
alcanzan, el desempleo, las enfermedades propias y la de los seres queridos.
Uno de los aspectos más interesantes de este caso es la procedencia de la Rosa Mística, una
virgen ya considerada milagrosa en su tierra de origen, el poblado italiano de Monte Chiaro.
Allí la octogenaria Pierina Cilli asegura tener visiones de la "madonna" mientras reza. En
Argentina, el culto de la Rosa Mística apareció a mediados de 1983, cuando Virginio
Fernández, un empleado público y sindicalista de La Plata, proclamó que había sido favorecido
por un milagro espectacular. De acuerdo al relato de Fernández, los médicos lo habían
desahuciado: tenía un cáncer de garganta.
"Yo estaba desesperado. Un día fui a rezar a la iglesia de San Ponciano, en diagonal 80
esquina 6. Estaba en el último banco pidiéndole a Dios que me ayudara, cuando de improviso
veo a mi lado a un sacerdote... Bueno, yo creí que era un sacerdote, después supe que era una
visión. Tenía sotana blanca y el pelo largo y muy rubio. Parecía de otro mundo, era hermoso...:
me llamó muchísimo la atención el brillo de su mirada." Virginio evita cuidadosamente
expresar que la aparición era de Jesucristo, aunque el identikit es preciso. "Me tomó del brazo,
me llevó hasta la salida y me dijo: 'Vos sos un hijo muy querido de María. Ella te está
esperando, pero no en esta iglesia, en otra iglesia. Te está esperando en la iglesia de 54 y 23.
Se llama Rosa Mística. Anda para allá, hijo mío, que te va a curar'. Yo me tomé un taxi y me fui
allí de inmediato." Resulta bastante difícil explicar por qué causa una aparición, presuntamente
divina, se ocuparía en restar fieles a San Ponciano en beneficio de otra iglesia. "Tal vez, ironizan
los incrédulos de siempre, porque San Ponciano no tiene Servicio de Oncología o no atiende
obras sociales."
Según Virginio Fernández, cuando volvió a su casa, después de rezar a la Rosa Mística, sufrió
un fuerte ataque de tos, que pareció ahogarlo. Al final, con ayuda de Paula, su mujer, que le
golpeaba la espalda, logró despedir "una especie de huevo marrón, redondito, perfecto, con
unos puntitos rojos... Era como si me hubiese operado la Virgen. Los médicos que me
examinaron no podían creerlo, me preguntaban cómo me había curado, si había hecho un
tratamiento en los Estados Unidos..."
La noticia de la curación de Virginio Fernández provocó un culto extraordinario a la Virgen de
la Rosa Mística. La modesta imagen que existía en la Iglesia de Nuestra Señora de la Victoria
(donde había rezado Virginio) fue reemplazada por una importante estatua fabricada en
Alemania. El párroco Ángel D'Auro instaló una santería donde se podía comprar todo tipo de
réplica de la Rosa Mística. Con los fondos así recaudados, más las ofrendas en efectivo, se
construyó un elegante "camarín" para la Virgen, sobre el ala izquierda de la iglesia.
Los devotos se multiplicaron por miles, llegaron a sumar cuarenta mil los 13 de cada mes, día
de peregrinación. El entonces arzobispo de La Plata, Antonio Plaza, dio su apoyo al padre
D'Auro. Aunque no comprometió la opinión oficial de la Iglesia, asistió a las misas de los días
13, avalando con su presencia la condición "milagrosa" de la Virgen.
En 1986, monseñor Antonio Quarracino, que había sucedido a Plaza, le pidió a D'Auro que
renunciara a la parroquia. Muchos fieles habían denunciado que el cura usaba los fondos de la
iglesia en su provecho. Tiempo después, Ángel D'Auro se procuró un puesto eclesiástico en
Italia y se marchó definitivamente de La Plata.
Quarracino colocó al frente de la iglesia de Nuestra Señora de la Victoria a dos jóvenes
sacerdotes, "muy instruidos, muy inteligentes, y sobre todo, muy prudentes". Al mismo tiempo,
ordenó el cierre de la santería y la celebración de una única misa, los días 13, en lugar de las
seis que celebraba D'Auro. El protagonismo y la influencia de Virginio Fernández, "padrino del
camarín de la Rosa Mística" se esfumaron.

La guerra de las imágenes


De las religiones provenientes del tronco judío, la católica es la única que incorporó el culto a
las imágenes, tradicionalmente reservado a los ritos paganos. A partir del siglo II, la influencia
de la cultura griega facilitó la introducción de esta práctica entre los cristianos. A lo largo de la
historia de la Iglesia, la difusión de la costumbre de honrar imágenes fue causa de acaloradas
polémicas entre los teólogos, y aún perduran. Adorar las imágenes figura en la Biblia como una
de las prohibiciones categóricas impuesta por Dios a los hombres: "No harás esculturas ni
imagen alguna de lo que hay arriba en el cielo o aquí abajo en la tierra, o en el agua bajo
tierra. Ni te postrarás ante ella" (Éxodo, XX, 4-5).
En el siglo VIII surgió un movimiento conocido como de los "iconoclastas" (destruidores de
imágenes) que intentó reimplantar esa prohibición dentro de la iglesia cristiana. A la cabeza de
los iconoclastas se colocaron los emperadores de Oriente, desde León III, el Isáurico. En el año
754 los iconoclastas convocaron el Sínodo de Constantinopla, que condenó el culto a las
imágenes. Los ortodoxos contestaron con los Concilios de Letrán (769) y Ecuménico Niceno II
(787), en donde se dictaminó lo contrario. Fuera de los sínodos y concilios, el debate se dirimía
con asesinatos y persecuciones entre los adherentes de uno y otro bando. En el año 842, los or-
todoxos celebraron la derrota de los iconoclastas pero en los pliegues más profundos de la
Iglesia la impugnación a las imágenes perduró.
Siete siglos más tarde, en 1517, el tema de las imágenes sería uno de los motivos de la escisión
protestante que originó Martín Lulero. Aunque los papas no parecieron preocuparse por la
controversia: abrieron sus cofres y sus templos a la magia de los artistas del Renacimiento; por
todas partes florecieron las pinturas y las esculturas: dioses, vírgenes, santos. Favorecido por
este alud iconográfico, el culto a las imágenes se extendió, especialmente el de la Virgen María.
La naturaleza del hombre requiere presencias tangibles, dioses corporizados.
En el inmenso palacio del Vaticano hay una gran sala denominada Cuarto de las Reliquias o
Lipsanoteca. Las paredes, de casi nueve metros de altura, están cubiertas hasta el techo de
estanterías y cajones de roble oscuro. Tres galerías de madera superpuestas, permiten el acceso
a los sitios más altos. Allí se guardan los despojos de miles de santos, que. esperan ser dis-
tribuidos a iglesias de todo el mundo. En enormes registros están asentados, con obsesiva
minuciosidad, cenizas, pedazos de piel, de uñas, tejidos resecos, dientes, fragmentos de huesos
numerados. Los minutanti (jóvenes sacerdotes que se inician como auxiliares administrativos
dentro de la burocracia vaticana) han bautizado a la Lipsanoteca como "la tienda de los feti-
ches" . Y cuando algún minutante se cruza con otro que lleva esa dirección, la broma es
inevitable: "¿Vas a buscar un amuleto?"

La Virgen de los 2.850 rostros


La configuración fetichista se detecta con claridad en el culto a la Virgen María. La Santa Sede
tiene registrados 2.850 nombres, que corresponden a otras tantas imágenes, y que representan a
la madre de Jesucristo en distintas partes del mundo. Desde vírgenes negras a rubias nórdicas,
desde figuras ascéticas a suntuosas, desde recatadas a sensuales.
El culto a la Virgen ha provocado un fenómeno absolutamente singular: una especie de
competencia entre los devotos de una y otra denominación, como si en realidad se tratara de
distintos personajes religiosos.
Las dos vírgenes más famosas de Sevilla, la de la Macarena y la del Rocío, son el motivo de
duros enfrentamientos entre sus respectivos partidarios, especialmente en Semana Santa, si las
procesiones que llevan sus estatuas se encuentran en una bocacalle.
En el caso de La Plata, la patraña de la iglesia, Nuestra Señora de la Victoria, con una prosapia
que se remonta a la batalla de Lepante, en 1571, debió resignarse a un segundo plano frente a la
capacidad de convocatoria de su invitada, la Rosa Mística.
Las apariciones milagrosas provocan envidias entre las comunidades favorecidas y las
comunidades olvidadas. Los españoles, con su historia de "católicas majestades" y de bastión de
la ortodoxia religiosa, no alcanzan a entender cómo la Virgen pudo haberlos omitido, para
privilegiar, en cambio, a sus dos vecinos; a los portugueses en Fátima (1917) y a los franceses
en Lourdes (1858).
La historia eclesiástica está jalonada de supuestas apariciones o hechos milagrosos atribuidos a
la Virgen María. Cada episodio ha originado un nuevo nombre, una nueva imagen y un nuevo
culto. Una característica común a las vírgenes "nuevas" es su condición milagrosa. En la
correspondencia popular es como si hubiera dos clases de vírgenes: las que nadie discute, que
están consolidadas (Virgen de Lujan, María Auxiliadora, Fátima) y otras, las nuevas, que deben
hacer méritos: acceden a la popularidad y al culto propio a través de milagros (Nuestra Señora
del Rosario de San Nicolás, la Rosa Mística).
Los hechos demuestran que, actualmente, un gran sector de la sociedad argentina está
predispuesto a relacionarse o a admitir, con asombrosa facilidad, mensajes y propuestas mágicas
o metafísicas. Las angustias que provocan las dificultades preparan el terreno para la siembra
del Sai Baba, del Pastor Giménez y de la Virgen que llora sangre. En esta feroz competencia, la
Iglesia Católica no desprecia ningún adepto, ya sea conquistado desde el pulpito o por los
"milagros" que descubre Canal 9. El manejo especulativo de estos episodios por parte de la
jerarquía eclesiástica, deriva en un aumento de la superstición y el fetichismo pagano, y de la
búsqueda pasiva de ayuda sobrenatural.

Lágrimas y sangre de vaca


Fecha: 13 de agosto de 1988, día de la Rosa Mística, en la Iglesia de Nuestra Señora de la
Victoria, en La Plata. Es sábado y, aunque llueva casi permanentemente, hay dos cuadras de
cola de peregrinos. Los vendedores ambulantes coinciden en que años atrás las ventas eran
mejores, aunque reconocen que, con el "milagro de las lágrimas de sangre", han subido un
poco. Algunos cuentan que quisieron establecer sus puestos en Solano, pero los vendedores
locales se lo impidieron. Pepe no se conforma: "Yo voy a volver allá, éste es mi negocio. Acá,
en San Nicolás, en San Cayetano, o en Solano. Nadie me puede prohibir trabajar".
Virginio Fernández opina que lo de Solano es una mentira. No puede creer que "su" Rosa
Mística se establezca en otra parte. "Creo que lo están haciendo para tapar algo. María Rosa
Mística es alegría, yo no me puedo imaginar a la Virgen llorando... Y llorando sangre. Se
acabaría el mundo. Creo que lo de Solano es monstruoso".
Ese mismo día 13, en Solano, la cola era de ocho cuadras. Un equipo de Canal 9 elegía a los
peregrinos más próximos a la histeria mística, para lograr los usuales "testimonios
conmovedores". Doña Lala permitió que la imagen llorosa saliera de su dormitorio, protegida en
una urna de vidrio. Bajo la lluvia y en medio del barro, miles de personas humildes asistieron a
la misa y clamaron por los favores divinos. De devoto a devoto, la versión sobre los milagros se
multiplicaba y enriquecía: la nena con leucemia, el hombre cardíaco, el joven lisiado. A doña
Lala no le importan los comentarios de Virginio Fernández: "La Virgen ahora es ésta, la de
Solano. Lo que dijo él me tiene sin cuidado. Lo que pasa es que la envidia reina en todas
partes. A mí, lo que diga él..." Ya estaba funcionando una Comisión Vecinal para "Construir
una capilla para la Virgen" y también una "Comisión de Comercio", para regular la actividad de
los puestos de choripán, de velas y de souvenirs de la Rosa Mística.
El 12 de agosto de 1988, el diario Nuevo Día, de Coronel Suárez, publicó que varias alumnas
del Colegio San José, de esa ciudad, habían visto "sonreír y llorar" a la Virgen de la Inmaculada
Concepción, en la capilla del colegio. Aunque el hecho extraordinario no se repitió, parece
ajustado a este programa de apariciones y milagros de los últimos años. La Plata, San Nicolás,
Solano, Coronel Suárez: la provincia de Buenos Aires en la mira divina.
El 8 de mayo de 1988, varios diarios metropolitanos informaron sobre un hecho asombroso: en
la casa de la calle Miller 2138, barrio de Belgrano, habían aparecido "restos de sangre
humana". En los pisos del baño, del comedor, del patio, y en las cortinas y sábanas. Las dos
hermanas que vivían en la casa, María Julia y Julia Angélica Fraiz, atribuyeron el fenómeno a
una imagen que les habían regalado de Nuestra Señora del Rosario de San Nicolás: "No
tenemos dudas de que éste es un milagro de la Virgen en el día de la festividad de Nuestra
Señora de Lujan". De acuerdo a estas respetables señoras, la Virgen de San Nicolás saludaba a
la de Lujan desparramando sangre por todas partes. En una nota de tres columnas sobre el tema,
el diario La Razón aseguraba, en cuatro oportunidades, que la sustancia era sangre humana:
"Las pericias policiales garantizaron que se trataba de sangre humana", apuntaba el diario.
Una falacia. De acuerdo a los informes N 3412/88 (12-5-88) y 3571/88 (20-5-88) de la División
Laboratorio Químico de la Policía Federal, el material retirado del "comedor, baño y patio
techado" y de "dos sábanas color verde claro" de la vivienda de Miller 2138 era sangre,
efectivamente, pero de vaca: "especie: vacunal bovina".
Tal vez para acallar a los incrédulos o como producto espontáneo de la fantasía popular, entre
los fieles de Solano circulaba esta versión: "El médico y la bioquímica que nombró el obispo ya
entregaron el resultado del análisis de la sangre que lloró la Rosa Mística. Es grupo O
(universal), pero no tiene factor RH. Claro, la sangre de la Virgen no puede ser como la de
cualquiera".

Capítulo V

LA POLÍTICA Y EL CRIMEN
La actividad política y los asesinatos figuran en múltiples páginas del historial de la Iglesia
Católica. No sería un exceso literario escribir que el reinado de muchos sucesores de Pedro
estuvo jalonado de intrigas palaciegas y sangre.
Mientras en el transcurrir de los siglos las prácticas violentas fueron abandonadas, la actuación
política se amplió, perfeccionándose. Las alianzas con gobernantes poderosos, y el apoyo a
sistemas políticos determinados, fue dotando a la Iglesia de una habilidad del más alto nivel,
reconocida mundialmente, para las negociaciones y la diplomacia.
Esos compromisos, anudados muchas veces con regímenes perversos y dictadores, inhibieron a
la jerarquía eclesiástica para enfrentar persecuciones políticas y denunciar crímenes. Como
sucedió en Argentina, entre 1976 y 1983.
Pero junto al episcopado que se hizo cómplice, al menos por silencio, de las atrocidades de la
dictadura militar, coexistieron religiosos que levantaron la voz contra los atropellos. Con
admirable valor, se expusieron a las represalias armados exclusivamente con el respeto por la
justicia y su fe. Muchos fueron secuestrados y desaparecidos. Muchos fueron torturados.
Muchos asesinados. Algunas de sus historias, todas conmovedoras y patéticas, presentan
enigmas y derivaciones que perduran en el tiempo.
El miércoles 4 de agosto de 1976 fue asesinado en la ruta que une El Chamical con La Rioja el
obispo Enrique Angelelli. Las autoridades militares informaron la muerte como "accidente de
tránsito", pero el atentado había sido tan grosero que la versión no pudo ser sostenida. Desde su
asunción como obispo en 1968, Angelelli se había ocupado de denunciar los vejámenes que
sufrían los campesinos por parte de los terratenientes y la explotación de los trabajadores
urbanos. Un motivo determinante para que las autoridades del "proceso" lo consideraran
peligroso e impulsaran contra él una campaña sistemática de difamación, acusándolo de
politiquero y marxista. El 21 de julio de 1976 fueron asesinados los sacerdotes Gabriel
Longville (francés) y Carlos Muriat, muy cercanos al pensamiento y al corazón de Angelelli.
Era una advertencia que el obispo rechazó: "Buscan que yo me vaya para que se cumpla lo del
Evangelio: 'Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas', pero no me pienso mover de La Rioja,
ni callarme". Diez mil riojanos acompañaron su entierro.
En 1949 y en 1966, respectivamente, llegaron "a Argentina las monjas francesas Leonie Duquet
y Alice Domon. En conjunto o individualmente trabajaron en barrios obreros, en una escuelita
para indios mapuches en la precordillera, como peones de campo en Corrientes y, por último, en
villas miseria, donde habitaban mientras servían como empleadas domésticas en casas
particulares. El 8 y 10 de diciembre de 1977 fueron secuestradas, salvajemente torturadas y
asesinadas por el régimen militar. Sus vidas habían tenido el nítido marco del evangelio de
Jesucristo. Sin embargo, desde el crimen, los documentos de la jerarquía eclesiástica han
evitado cuidadosamente no ya el merecido homenaje sino la simple mención de sus nombres.
El 16 de noviembre de 1989, un escuadrón de la muerte integrado por miembros del ejército
salvadoreño asesinó a seis sacerdotes jesuítas en El Salvador. El hecho terrorista provocó el
repudio internacional unánime, por la calidad de las víctimas y su número. No obstante, ni este
sangriento episodio ni otros similares que sufrió la Iglesia Católica, han logrado emular la
perversidad que rodeó, en 1976 y en Buenos Aires, la ejecución de los cinco religiosos
palotinos.

EL ASESINATO DE LOS PALOTINOS


Las misas de los domingos a las 8 son poco concurridas. También en San Patricio, una iglesia
situada en el sector más aristocrático y tradicional del barrio de Belgrano R. Ese domingo 4 de
julio de 1976 no sería una excepción. A pesar del cielo sin nubes, la baja temperatura -2,4
grados a las 8,10, la mínima del día- incitó a muchos a prolongar el romance con sus camas
cálidas. Apenas una treintena de madrugadores había optado por asistir al culto en ese horario.
Sufriendo el frío, acentuado por un molesto viento del sudoeste, Rolando Savino apresuró el
paso hacia la parroquia: llevaba cierto retraso, llegaría casi a las 8,15. Hacía ya cinco años,
desde sus doce, que el adolescente había hecho de San Patricio su refugio habitual. Primero
como monaguillo y asistente, luego como organista. Su relación con los religiosos era afectuosa
y permanente.
Frente a la iglesia, Rolando se sorprendió. Los fieles esperaban congregados ante las puertas,
que no habían sido abiertas. También la contigua casa parroquial estaba cerrada. Fueron vanos
golpes y timbrazos. Con alguna ayuda, el muchacho consiguió deslizarse a la casa por una
banderola. En tanto subía la escalera interior hacia los dormitorios de los religiosos, se
anunciaba con un cantito irónico: "Acá se durmieron... acá se durmieron...".
El Rolando Savino que regresó a los pocos minutos para informar a los feligreses que
esperaban, nunca sería el mismo. Cuentan que durante los siguientes dos o tres años sus ojos
desmentirían sus sonrisas. Sólo atinó a balbucear una incoherencia: "Me parece que no están,
tal vez los asaltaron" . Pero el joven mentía, impelido por un sentimiento de pudor protector
hacia sus seres queridos. "Estaba desesperado para que nadie los viera", rememora. Que nadie
viera, que nadie tuviera la visión que él había tenido: porque no era humana.
En la sala de estar de la casa parroquial yacían muertos tres sacerdotes y dos seminaristas.
Golpeados y luego ametrallados con extrema ferocidad. Las balas, más de sesenta, habían
marcado los muebles, el piso y la chimenea. La abundancia de sangre sobre la alfombra era un
indicio claro de que casi todas habían llegado a sus blancos. Sobre la mesita, los documentos de
los religiosos, apilados, denunciaban la confrontación previa de sus nombres con los que
portaban los asesinos. En las paredes -también salpicadas de sangre- en grandes letras, el
mensaje: "Por envenenar las mentes vírgenes de nuestros jóvenes" - "Por los policías
dinamitados en Coordinación". Y en el pasillo, con tiza y como despedida: "Curas hijos de
puta".
Una página del "Caso de los cinco palotinos asesinados" quedaba escrita. La más brutal, la más
grave; pero no la única, ni siquiera la primera.
* Tal vez por esos contrasentidos comunes a los humanos, el padre Kelly no extendía a los
animales su firme convicción sobre la igualdad de las personas. Imperturbable frente a las
chanzas, colocó el certificado del "pedigree" de su perrita Inca -de cuyo rancio linaje se
ufanaba- en la cartelera de la casa parroquial.
Alfredo Kelly no había llegado al mundo para pasar inadvertido. Su temperamento, unido a una
mente lúcida, lo predestinaba a impulsar grandes proyectos. Cuando en 1973 fue designado
párroco de San Patricio, en Belgrano R, ya había alcanzado la madurez evolutiva: sus conceptos
eran muy claros.
En un barrio donde la pobreza pasa inadvertida bajo los uniformes de las mucamas, el padre
Kelly se impuso denunciar las injusticias sociales. Su voz encendida era un tábano permanente.
Sus sermones de las misas de 11 y de 8 de la tarde se hacían, domingo a domingo, más
polémicos.
Pero si la defensa de los humildes era su lucha, su corazón lo entregaba a los jóvenes. Aunque a
veces escucharan sus gritos, ellos sabían -los ya mayores y los adolescentes- que él acertaría
siempre, en los temas más diversos, con el enfoque adecuado.
Para julio de 1976, el apasionado cura párroco de San Patricio, "el cabezón" era -por su oratoria
y su carisma- la "estrella" del barrio.
"Alfredo (Alfie) Kelly - 43 años - argentino de ascendencia irlandesa - sacerdote - vestía ropa
de dormir - el occiso presenta contusiones y numerosos impactos de bala, especialmente en el
pecho, formando una línea vertical."
* Dos tíos sacerdotes, tres tías monjas, un hermano que sería obispo, sugieren el marco
armónico para una vocación religiosa que Alfredo Lea-den asumió desde chico.
Llevaba 30 años de sacerdocio, cuando en 1972 se lo designó Superior de la orden de la
provincia irlandesa de los palotinos en la Argentina.
Su grueso breviario (libro de rezos sacerdotales), que lo acompañaba permanentemente, invitó
al sobrenombre: sería "Petete" -por el Libro Gordo-para los ocurrentes seminaristas.
Los testimonios coinciden en que el padre Leaden fue experimentando durante su vida una
transformación, que minimizó sus manifestaciones físicas para dar paso a un estado casi
espiritual. "No parecía humano, parecía un enviado", dicen. "No caminaba, se deslizaba. Era
un hombre de raro magnetismo, que transmitía una paz sobrenatural."
"Era 'amable' en el sentido sustantivo de esa palabra: no solamente digno de amor, sino fácil
de amar" (Padre Kevin O'Neill).
Pero cuando se trataba de condenar la injusticia, el Superior palotino también podía exhibir -con
exquisita dulzura- la firmeza de un roble.
"El padre Leaden era un santo", es el resumen de una opinión unánime. Tal vez era el santo
resistiéndose a abandonar sus raíces terrenas quien -solitario en la amplia iglesia- ejecutaba en
el órgano antiguas baladas irlandesas.
"Alfredo Leaden - 57 años - argentino de ascendencia irlandesa - sacerdote - vestía ropa de
dormir - el occiso presenta contusiones y varios impactos de balas: uno en la zona buco-nasal."
* Después de una vida dedicada a su ministerio sacerdotal, el padre Pedro Dufau había llegado
al verdadero estado de la sabiduría: el reencuentro con los placeres sencillos. Por eso, sus
desayunos se extendían -interminables- con la compañía del periódico, donde era de inevitable
lectura el horóscopo de Libra.
Su humor, impasible y socarrón, revelaba su origen latino junto a su convivencia con irlandeses:
"Veamos quiénes dejaron de fumar", anunciaba aprestándose a recorrer los avisos de
defunciones. Y encendía su enésimo cigarrillo.
Atendía a los adultos, amando a los chicos; se interesaba especialmente por su educación. Tenía
la rara virtud de culminar cualquier compromiso que asumiera: "Lento pero indefectible".
El padre Dufau no parecía tan brillante como Kelly, ni daba esa imagen tan espiritual de
Leaden, pero la sensatez de su criterio se imponía, innumerables veces, a la hora de las
decisiones. Seguramente por eso, para ellos, era "el jefe".
"Pedro Dufau - 67 años - argentino de ascendencia francesa - sacerdote - vestía pantalón sport
y chomba - el occiso se encontraba maniatado: presenta contusiones y varios impactos de
bala."
* En algunos momentos de su vida, Salvador Barbeito pudo dudar de su vocación sacerdotal.
Jamás de que debía ser educador. Hablar de los niños, de los adolescentes y de la educación,
producían un cambio en su habitual formalidad: la pasión se delataba en sus ojos y en el tono de
su voz.
Había nacido en España, en Pontevedra, y pese a que había llegado al país cuando sólo contaba
3 años de edad y que se había ciudadanizado, el apelativo resultó inevitable: era el "gallego"
Barbeito.
Profesor de psicología y filosofía, sus condiciones para la docencia y los jóvenes le procuraron
una responsabilidad temprana: apenas de 28 años, fue nombrado rector del tradicional colegio
San Marón.
Un sacerdocio próximo, nuevos estudios, sus grupos juveniles. La impaciencia de tantos
proyectos por concretar.
"Salvador Barbeito - 29 años - español nacionalizado argentino -profesor y seminarista - vestía
ropa de calle - se le encontró sobre el cuerpo un cartel satírico - el occiso presenta varios
impactos de bala: uno determinante en la zona cráneo-frontal."
* Había nacido en San Antonio de Areco. Probablemente ese origen, alejado de la metrópoli,
haya contribuido a resaltar dos características fundamentales de Emilio Barletti: su entrega sin
especulaciones y su -casi compulsiva- generosidad.
Candidato natural en las elecciones del "mejor compañero". Despistado antológico, la
desesperación y la ternura del padre Kelly.
Su omnisciencia juvenil dividió al mundo entre opresores y oprimidos. Con o sin "marchita
peronista" sabía con cuáles les correspondía estar.
Pareció conocer su fin, alertado por extraña premonición. Entre sus papeles se encontró una
última carta para su madre, expresiva de amor y gratitud: era una carta de despedida.
"Emilio Barletti - 23 años - argentino - seminarista - vestía ropa de calle - el occiso presenta
varios impactos de bala: no hay signos de contusiones."

Los palotinos y un proyecto


Hace 100 años llegaban los sacerdotes palotinos a América latina, y a la Argentina, con una
misión principal: acompañar a los inmigrantes irlandeses. Eso explica que los primeros
palotinos fuesen de ese origen y que se constituyera en el país una delegación dependiente de la
"provincia" de Irlanda de los palotinos. En una época posterior se produciría una situación
semejante con la inmigración de alemanes y el establecimiento de una delegación de la
provincia palotina de Alemania, hoy ya denominada -por su importante desarrollo- " región
argentina".
La delegación irlandesa cosechó éxitos notorios entre su propia comunidad étnica y entre los
mismos argentinos, pero no fue afortunada en echar raíces independientes en el país: padecía
una endémica escasez de vocaciones sacerdotales.
Hacia 1973, habían transcurrido 18 años sin que un solo argentino se hubiera unido a las filas
palotinas. Cualquier necesidad debía ser cubierta por la Orden, desde Dublín, con el envío de
nuevos religiosos irlandeses. En ese año se conjugaron afortunadas circunstancias para que esa
situación pudiera revertirse. Alfredo Kelly -un sacerdote de singular prestigio entre los
estudiantes- había sido nombrado párroco de San Patricio (Belgrano R), instalándose junto al
padre Alfredo Leaden -superior de la Delegación Irlandesa- y al anterior párroco Pedro Dufau.
Como atraídos por un imán irresistible, diversos jóvenes fueron decidiendo su ingreso como
aspirantes a palotinos. A dos seminaristas iniciales se agregaron otros cuatro. A principios de
1976, Roberto Killmeate, Jorge Kelly, Salvador Barbeito, Emilio Barletti, Rodolfo Capalozza,
Miguel Robledo, en diferentes etapas de un sacerdocio próximo, integraban -con los tres
sacerdotes- la comunidad de San Patricio; nueve argentinos. La utopía parecía cercana, tangible:
con la ordenación de jóvenes sacerdotes argentinos, los palotinos irlandeses quedarían
definitivamente afianzados en el país.
Pero la experiencia comunitaria de San Patricio no se agotaba con la producción de nuevos
sacerdotes.
En 1968, la Conferencia Episcopal de Medellín había provocado una verdadera revolución en la
iglesia latinoamericana. La reunión determinó expresamente que la acción del clero debía partir
de la "opción por los pobres". El principio básico del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer
Mundo.
Impulsado por el entusiasmo juvenil de los seminaristas, la postura progresista del padre Kelly y
el apoyo del superior Leaden, en la iglesia de San Patricio se respiraba el espíritu de Medellín.
Un revulsivo dentro de la propia Orden Palotina. Un verdadero escándalo para el sector
tradicionalista de la feligresía de Belgrano R. "En aquel momento -de acuerdo a la perspectiva
de algunos- si se hablaba de pobres se estaba realizando un análisis marxista y proponiendo la
lucha de clases. Decir 'pobres' equivalía a ser tercermundista, que equivalía a comunista"
(padre Juan Mannion).
En distinto grado, los seminaristas admiraban al padre Carlos Mujica; algunos se adscribían al
proyecto peronista de 1973. Coincidían en un punto: el verdadero trabajo pastoral se encontraba
fuera de los límites de la zona burguesa de la parroquia.
Las manifestaciones externas de tal filosofía eran claras. Los seminaristas habían decidido que
-además de estudiar- debían trabajar; todos lo hacían: como profesores, empleados
administrativos y hasta como cadetes. En el aspecto de la extensión religiosa, se dedicaban
especialmente a los jóvenes, que -atraídos por el clima anticonvencional de San Patricio- se
acercaban en cantidad inusitada desde todos los barrios de Buenos Aires. Algunos seminaristas
(como Barletti) ayudaban en villas de emergencia.
La encendida oratoria del padre Kelly, en tanto, se tornaba más incisiva cada domingo; exigía el
final de la violencia y las desapariciones y reiteraba: "M las limosnas a la iglesia, ni la
beneficencia snob disculpan la injusticia social".
El padre Kelly no predicaba precisamente en una zona obrera; sabía quiénes recibían sus
palabras. Sus escuchas se llamaban Alsogaray, Gómez Morales, Salvatori, Moyano Llerena,
Frigerio, Alemann. Altos jefes militares asistían al culto en San Patricio, incluido el jefe de
custodia del presidente Videla, y hasta miembros de la Corte Suprema. En las reuniones de las
"señoras gordas", las posturas de los seminaristas y los planteos "subversivos" del padre Kelly
eran un lugar común de las conversaciones. El sector maniqueo de la feligresía de San Patricio
coincidía con el vicecomodoro Barcena -cuya vivienda colindaba con la casa parroquial- que un
día declararía en Tribunales: "En aquellos tiempos se veía en la iglesia gente joven que no era
del barrio y había un cura que era comunista".
En 1976, se buscaron adhesiones para una nota dirigida al cardenal Aramburu, pidiendo la
remoción del padre Kelly. Los propulsores de esa iniciativa, que podrían estar vinculados
-directa o indirectamente- al sangriento desenlace, nunca fueron identificados. Una monja de la
Orden de San Pedro Claver, Theresita Várela, muy conocida en el barrio, y que solía participar
en el programa radial del procesista Carlos Burone, comentó en 1985 al superior de los
palotinos, Cornelio Ryan, que conocía a algunas personas invitadas -en aquel entonces- a firmar
la famosa nota. Sin embargo, escudándose en supuestas instrucciones de su Orden, la religiosa
no quiso concurrir a Tribunales para proporcionar la información al juez de la causa.
Con toda certeza, antes del hecho sedicioso del 24 de marzo de 1976, la comunidad palotina de
San Patricio ya había sido juzgada y condenada por "los poderosos" de Belgrano R. La
sentencia se dictó en otro lugar.

Sangre por sangre


"BUENOS AIRES. Una poderosa bomba explotó hoy, a las 13,20, en el comedor del edificio de
la Superintendencia de Seguridad de la Policía Federal (Moreno 1417). El primer comunicado
oficial informa de 18 muertos y 66 heridos, 11 de gravedad." Viernes 2 de julio de 1976.
Si el terrorismo de izquierda apuntó a producir un golpe espectacular, el sangriento objetivo
había sido logrado. De la misma magnitud sería la respuesta. A partir de ese atentado, una
verdadera "semana negra" comenzó en el país.
Pasados los primeros momentos de estupor, un sentimiento se impuso dentro de las filas
militares y policiales: la revancha. Los altos mandos -que compartían el sentimiento- apenas
podían imponerse al impulso enceguecido. Las correas estaban tensas, conteniendo a chacales
ávidos de sangre. Y algunos se soltaron.
En la madrugada del sábado 3 de julio, los cadáveres de ocho jóvenes, cinco hombres y tres
mujeres, fueron descubiertos en una playa de estacionamiento del barrio de San Telmo
(Chacabuco 629). Los cuerpos se encontraban atados, con marcas de golpes y numerosos
impactos de bala.
Poco después, dos hombres y dos mujeres aparecieron maniatados y acribillados a balazos,
dentro de un Peugeot 404 estacionado en Rivadavia, entre Callao y Riobamba (frente al
Congreso).
Simultáneamente, se informaba de otro hallazgo macabro: siete cadáveres, también de jóvenes.
En este caso, en un descampado de Villa Lugano. Se había tratado de un verdadero
fusilamiento. Durante ese sábado, las reuniones de jefes militares y policiales se sucedieron sin
interrupción. El ministro del Interior, general Albano Harguindeguy se concentró todo el día con
el jefe de la Policía Federal, general Arturo Corbetta, y el subjefe, comisario Francisco
Laguarda. Al mismo tiempo, en el Salón Colonial del Departamento Central deliberaban
comisarios generales y mayores.
Alrededor de las 21, el general Corbetta -conocido por su respeto a la legalidad, que había
expresado: "La lucha anti-subversiva debe estar centralizada y controlada"- se retiró de la
jefatura; la reunión prosiguió entre el titular del Interior y el subjefe policial. Corbetta
renunciaría inmediatamente. La interpretación era clara: en el gobierno se había impuesto la
línea dura que propulsaba la Armada.
Esa misma noche, un hecho estremecedor revelaría el grado de permisividad. A las 5,30 -ya
domingo- varios individuos colocaron a un joven (casi un adolescente) contra una de las paredes
del obelisco. Allí, a la vista de los transeúntes, maniatado y amordazado, lo fusilaron. Luz verde
para la represión salvaje.
La comunidad de San Patricio vivía ajena a estos acontecimientos. En esos días el grupo se
había reducido a seis miembros. Un seminarista, Roberto Killmeate, se encontraba en Medellín
(Colombia) realizando un curso. Otros dos, Jorge Kelly y Miguel Robledo, estaban participando
de un retiro espiritual en otro lugar de Buenos Aires.
Ese sábado por la noche, los tres seminaristas restantes decidieron ir al cine: "Veredicto", con
Sofía Loren y Jean Gabin. A la salida, Rodolfo Capalozza resolvió pernoctar en casa de sus
padres, en Barracas: siempre compartía con ellos el almuerzo del domingo. Salvador Barbeito y
Emilio Barletti regresaron a la casa parroquial. Serían los únicos que acompañarían esa noche a
los padres Kelly, Leaden y Dufau.

A reventar zurdos
Eran las dos de la mañana, ya entrado el domingo, cuando Guillermo Silva y Luis Pinasco, dos
adolescentes vecinos de la iglesia de San Patricio, regresaban de su salida de sábado a la noche.
Tal vez considerando que aún era temprano para el sueño, se detuvieron en la casa de un amigo,
situada en la esquina de Sucre y Estomba, apenas a media cuadra de la casa parroquial. Estaban
entretenidos dentro de la casa, acompañados por el policía que realizaba la custodia del general
Martínez Waldner -gobernador de Neuquén, que vivía en la esquina enfrentada- cuando se
escucharon bocinazos; era un coche patrullero: querían alertar al custodia. Los jóvenes, que
habían salido a la calle junto al policía, pudieron escuchar con claridad las instrucciones: "Si
escuchas cohetazos no salgas, que van a reventar una casa de zurdos".
Apenas retirado el patrullero, se acercaron dos chicos amigos, también vecinos: Julio, el hijo del
gobernador neuquino, y Federico Arguello. Ellos completaron la información. Habían
observado un Peugeot rojo, de aspecto deportivo, con varios hombres en su interior, que desde
hacía largo rato estaba estacionado frente a la casa parroquial y decidieron avisar a la policía.
En la comisaría 37 no les prestaron atención, hasta que Julio se dio a conocer como hijo del alto
militar. Regresaron a tiempo para observar la llegada de un patrullero, que identificó a los
ocupantes del Peugeot y conversó con ellos. Era el mismo patrullero que había prevenido al
custodia. Los ocupantes del Peugeot habían obtenido "zona liberada".
Alberto Zubizarreta, un vecino de Belgrano R, que se presentaba como ferviente interesado en
el esclarecimiento del crimen de los palotinos, declaró en una entrevista periodística grabada:
"Por una circunstancia especial conozco a un oficial principal de la policía, una persona a la
que admiro mucho. Este hombre me contó (dos veces) que por un error de coordinación
operativa, la comisaría no sabía que había que dejar zona libre. Cuando Julio Martínez
Waldner los denunció, llegó el patrullero y se paró junto a ellos. Desde el Peugeot ordenaron:
'Estamos en un operativo, ¡fuera!'. Pero se reconocieron mutuamente. A los pocos días,
amenazaron de muerte a quienes viajaban en el patrullero. Entonces, el comisario de la 37,
confeccionó una lista de los que estaban en el Peugeot y la distribuyó a seis o siete personas. Y
declaró: 'Si tocan un pelo a los del patrullero, la lista será dada a publicidad'. Quiere decir que
el comisario de aquel momento está en conocimiento de los nombres. Y esta información es
cierta, porque este principal trabajó en la comisaría 37".
Ya descubierto el asesinato, mientras en otras dependencias de San Patricio se encontraban el
nuncio Pío Laghi y el cardenal Aramburu, el sacerdote Efraín Sueldo Luque escribía las
declaraciones de Guillermo Silva y Luis Pinasco respecto del Peugeot rojo y del patrullero. Los
dos jóvenes restantes, Julio Martínez Waldner y Federico Arguello prefirieron olvidar. El
testimonio se confeccionó en tres copias: una para el Vaticano, otra para el Ministerio del
Interior, la tercera para la policía. De las dos últimas se retiró -por precaución- el borde inferior,
donde figuraban los nombres y las firmas de los muchachos.
Las caras de la prensa y la CIA
El asesinato de los cinco religiosos palotinos fue descubierto, aquel domingo 4 de julio de 1976,
cerca de las 8,30 de la mañana. A las 11, no había pulpito en Buenos Aires donde no se clamara
por el crimen. Mediante un improvisado sistema de postas, iglesia por iglesia había sido
informada. El sentimiento de horror se transmitió -instantáneamente-desde el clero a los fieles.
El tenor de la declaración oficial podía anticiparse. En un comunicado del Comando de la Zona
I, firmado por el general Carlos Suárez Masón, se acusó: "Elementos subversivos asesinaron
cobardemente a los sacerdotes" . Nadie medianamente informado creería tal aseveración;
menos aun la propia Iglesia.
La prensa se dividió en tres sectores. Cautamente, Clarín y La Nación omitieron cualquier
comentario o editorial. Los turiferarios del régimen militar se encolumnaron tras la declaración
de Suárez Masón. La Prensa editorializó el 8 de julio exigiendo endurecer la represión: "La vio-
lencia asume así formas hasta ahora desconocidas, al haber elegido esta vez a sus víctimas, no
ya como era habitual entre los integrantes de la policía y las fuerzas armadas, sino entre
quienes voluntariamente habían escogido una de las vocaciones más humildes y sacrificadas en
una comunidad, cual es la del sacerdocio". La revista Gente mintió con absoluto descaro: "Las
leyendas (de las paredes) estaban firmadas por un grupo extremista". Pero el premio lo llevó el
entonces procesista diario La Razón en su edición del mismo día domingo, aportando la
supuesta declaración de una monja llorosa: "¿Qué quieren ahora, traernos la bandera roja?"
El Buenos Aires Herald y La Opinión (éste en su medida) formaron el tercer grupo. El 7 de
julio el Herald publicó un editorial donde insinuó claramente que los asesinatos de esos días,
incluyendo el de los palotinos, respondían a represalias por la bomba en la policía. La Opinión
se atrevió, al día siguiente, a reproducir el editorial completo. El valiente semanario de la
comunidad irlandesa The Southern Cross, dirigido por el padre Federico Richards, señalaba el
9 de julio: "Los argentinos están siendo raptados, torturados y asesinados sin que muchísimas
veces podamos saber quién maneja y quién arma la mano de los delincuentes. La ciudadanía de
todo el país está perfectamente consciente de que ante sus ojos azorados se está desarrollando
una guerra clandestina e ilegal".
En el exterior no hubo dudas. The Irish Press, dé Dublín, informó en primera página a tres
columnas: "Un comando derechista asesinó a tres sacerdotes y dos seminaristas en la casa
parroquial de la iglesia de San Patricio, en Buenos Aires, en un suburbio llamado Belgrano".
La cadena televisiva norteamericana CBS envió un equipo de filmación a los funerales. La nota
fue transmitida mientras una voz en off aseguraba que los uniformes habían estado detrás del
crimen.
A pesar de todas las evidencias, el más cauto para reclamar al gobierno fue el episcopado. Y eso
que poseía datos exclusivos. El padre Kevin O'Neill, que fuera nombrado superior de los
palotinos posteriormente al crimen, recuerda así una reveladora conversación mantenida con el
nuncio apostólico Pío Laghi: "La tarde posterior de haber sepultado a los padres -el martes 6
los sepultamos- fuimos otra vez a hablar con el nuncio Pío Laghi. El nos comentó que al volver
de la iglesia de San Patricio el 4 de julio, había hecho averiguaciones en una embajada
extranjera. Le preguntamos si era la embajada de los Estados Unidos. El no contestó ni sí ni
no. Dijo que allí le informaron que habían sido fuerzas paramilitares las que lo habían hecho.
La única que podía tener esa información, por supuesto, era la CÍA. Ellos le habrán pasado el
dato".

En la Iglesia: política y miedo


El crimen de los palotinos resultó un asunto incómodo para la jerarquía eclesiástica. Se había
tratado de una comunidad difícil, enfrentada a las pautas conservadoras de los obispos. Por otra
parte, la Iglesia estaba consolidando un formidable compromiso con el régimen militar. "Esos
religiosos fueron imprudentes", se comenzó a decir.
Pero se guardaron las formas. La Conferencia Episcopal Argentina, con las firmas de
Primatesta, Aramburu y Jazpe, el 7 de julio dirigió una nota al Gobierno, que no fue publicada
por los diarios ni leída en las iglesias. Después de referirse al Incalificable asesinato de una
comunidad religiosa en la parroquia de San Patricio en Buenos Aires", proseguía: "Sabemos
(...) cómo el gobierno y las fuerzas armadas participan de nuestro dolor". Para terminar:
"Hemos querido hacer estas líneas seguros de la comprensión de Vuestras Excelencias, de
quienes conocemos los altos ideales y la generosa actitud para con la patria, sus instituciones y
ciudadanos".
En la misa de exequias del 5 de julio ningún obispo pronunció una palabra por los religiosos
asesinados. La única voz provino del padre Roberto Favre, representando a la Conferencia
Argentina de Religiosos -en ese tiempo presidida por el obispo Novak- que señaló
valientemente: "Estas muertes vienen a sumarse a otras de todos los días, y a los innumerables
desaparecidos de los que nadie sabe dar razón. Son hechos que constituyen una injuria a Dios
y a la humanidad". Menos de 48 horas después de pronunciadas estas palabras, era allanada la
basílica de Lourdes, en Santos Lugares, sede del padre Favre.
Tanto cuidado ponían las autoridades eclesiásticas para no molestar a los militares, que el
superior de los palotinos irlandeses Patrick Dwyer -llegado desde Dublín después del asesinato-
se apresuró a desmentir un cable mediante el cual la central palotina de Roma informaba que los
religiosos habían sido asesinados por ser considerados simpatizantes de un movimiento de
izquierda. El padre Dwyer intentaba impedir el razonamiento obvio: si eran de izquierda los
mataron los de derecha, y el gobierno miente. A pocas horas del desmentido, el cable era
confirmado por la Associated Press desde la oficina de prensa del Vaticano.
A pesar de la prudencia de la Iglesia, la virulencia del crimen había convulsionado al gobierno.
La línea "moderada", la que prefería una represión controlada por los mandos, y que
aparentemente respondía a Videla, se impuso a la totalmente irracional, impulsada desde la
ESMA.
El conocimiento de este movimiento en las líneas internas de la dictadura, aparece como la
única explicación para las palabras del nuncio Pío Laghi, pronunciadas en otra reunión con los
palotinos Dwyer, Kessler y O'Neill: "Ya se verá con el tiempo que la muerte de los padres, esa
noche, salvó miles de vidas".
El objetivo de los criminales, en tanto, había sido logrado. Al sentimiento inicial de horror le
sucedió -dentro del clero- el del miedo. "Si se atrevieron en Belgrano R, nadie está a salvo".
Muchos que denunciaban atropellos se volvieron precavidos, los tibios se callaron para siempre.
Algunos hasta evitaron el contacto con los palotinos: una Orden intachable se había vuelto
"contaminante". Hubo quienes les reprocharon que hubieran dejado avanzar esa experiencia
comunitaria en San Patricio, como admitiendo algún justificativo para los asesinatos.
Dentro de los propios palotinos el ambiente era difícil. En algunos miembros, el miedo era
pánico. De los cuatro seminaristas que habían sobrevivido por afortunadas coincidencias, dos
decidieron abandonar sus estudios sacerdotales. Otro -Rodolfo Capalozza- solicitó ser
transferido a la delegación alemana. El cuarto -Roberto Killmeate- discutido por sus posiciones
progresistas, fue enviado a Europa. El proyecto de los palotinos irlandeses en Argentina había
sido abortado.
El padre Kevin O'Neill, superior en ese tiempo, debió enfrentar la maledicencia de otros
sacerdotes y los problemas de su propia Orden desmembrada. Para él, había un objetivo
indeclinable: exhibir públicamente, con orgullo, la vida límpida y ejemplar de los religiosos
asesinados. Pero reivindicar esos muertos era una inconveniencia política. En diciembre de
1976, el padre O'Neill fue relevado; lo reemplazaría Cornelio Ryan, un sacerdote irlandés
conservador, alejado emocionalmente del drama. El crimen de los cinco palotino era condenado
al silencio.

Los años del olvido


"Por favor, no olvide escribir que con nosotros los funcionarios del Proceso se portaron muy
bien. También los señores obispos." Cornelio Ryan -superior de los palotinos y párroco de San
Patricio- reitera por cuarta o quinta vez la indicación. El periodista lo observa, tratando de
descubrir si es muy ingenuo o lo simula; probablemente esto último. La legendaria habilidad
diplomática de los religiosos. "Perdón, padre, ¿no importa que esos militares sean
responsables de las muertes de miembros de su congregación, de miles de torturados y
desaparecidos?". La respuesta soslayada se intuye: lo importante es conservar la mejor relación
con los poderosos, o con quienes pueden volver a serlo. Para más, una gran parte de sus fieles
-los que más contribuyen económicamente- integran ese sector que sigue celebrando la victoria
en la "guerra sucia".
Después de la sorpresa, la ansiosa preocupación del sacerdote para obtener la publicación de
esas declaraciones provoca una divertida simpatía (un cura extranjero desconcertado ante la
perspectiva de que un tema tan delicado para la interna eclesiástica resurja públicamente).
"Escriba, sí, escriba que el coronel David Ruiz Palacios es un hombre de una sola pieza." José
David Alberto Ruiz Palacios fue subsecretario del Interior y era quien atendía a Ryan cuando
éste requería información sobre el avance de la investigación del crimen.
Varias fueron las visitas al Ministerio del interior durante los años 1977 y 1978. El Superior
palotino las cita como testimonio frente a quienes le imputan haber desatendido el caso. "El
coronel Ruiz Palacios me informó que la SIDE no tenía acusación alguna contra nuestros
religiosos asesinados. " De acuerdo a datos conocidos posteriormente, Cornelio Ryan visitaba al
lobo preguntando quién había despanzurrado a las ovejas.
En tanto realizaban estas únicas y formales gestiones ante el Gobierno, los palotinos
enfrentaban otro problema: la situación del seminarista Roberto Killmeate, uno de los cuatro
sobrevivientes de la malograda comunidad de San Patricio, el único que había decidido
permanecer dentro de la delegación irlandesa de la Orden.
Se lo consideraba demasiado comprometido con posiciones teológicas avanzadas. Un factor
irritativo para los militares, la excusa para un segundo atentado. Pero -especialmente- una figura
antipática para los obispos porteños.
El intento de sugerirle que abandonara la Orden, se frustró ante el embarazoso planteo del
joven: "Indiquen por cuál de mis acciones se me condena".
Al final, se resolvió enviarlo a Europa, a Roma y a Dublín, hasta que el tiempo -elemento de
permanente utilización eclesiástica- modificara las condiciones.
La ordenación de Killmeate como sacerdote, que debía realizarse en 1976, fue demorada. Se
comenta que el obispo de Mercedes, Luis Tomé, y el de Belgrano, Guillermo Leaden -hermano
del asesinado padre Alfredo Leaden- fueron alertados por un alto militar: esa ordenación
produciría represalias contra los palotinos.
Recién el 21 de mayo de 1978, en Mercedes, por indicación expresa del cardenal Pironio desde
Roma, Roberto Killmeate fue ordenado sacerdote.
Como indicando que no tenían motivos para avergonzarse de la experiencia realizada por el
grupo del padre Kelly, los palotinos destinaron a Killmeate a la propia iglesia de San Patricio.
Eso sí, para atender exclusivamente a los niños y con prohibición de pronunciar sermones.
El sacerdote se convirtió en el popular "padre Roberto" para los pequeños. Y en eficaz propulsor
de una cooperativa (CAVE) para la autoconstrucción de viviendas. Era previsible, sin embargo,
que su relación con algunos feligreses bordearía el conflicto.
Cuándo en 1982 quedó vacante la paupérrima misión palotina de Los Juríes (Santiago del
Estero), Roberto Killmeate se ofreció como voluntario. Fue un alivio para muchos en Belgrano
R (y también para algunos dentro de su Orden).
En tanto, la estricta formalidad era el único manto para la trágica muerte de los cinco religiosos.
Apenas la recordación en las iglesias palotinas el día aniversario, y las notas del perseverante
padre Kevin O'Neill, preciso historiador, en The Southern Cross y en Encuentro, la revista de la
Orden.
En su edición del 9 de setiembre de 1979, la revista española Cambio 16 se ocupaba de aquel
insólito decreto de la Junta Militar que declaró muertos a los desaparecidos. "Algo huele a
podrido en Argentina", señalaba la nota. Una parte importante del artículo estaba dedicada a
recordar "La masacre en la iglesia de San Patricio, en un barrio residencial de Buenos Aires,
en la madrugada del domingo 4 de julio de 1976". En Argentina, el olvido premeditado.
Recién el 4 de junio de 1981, la Conferencia Episcopal Argentina, en una nota firmada por el
cardenal Primatesta, se dirigió -por primera vez- a los palotinos para "llevar a esa familia
religiosa la expresión de nuestro dolor por la injusta violencia cometida". Cinco años habían
sido necesarios, y los signos manifiestos de la decadencia de la dictadura, para que entre los
obispos se lograra el consenso interno -dos tercios del cuerpo-^ para este pronunciamiento. Una
especie de redención para la sufrida Orden.
Durante el último año del régimen militar se conocieron las declaraciones del ex oficial de la
Policía Federal Rodolfo Peregrino Fernández ante la Comisión de Derechos Humanos de las
Naciones Unidas, en Ginebra. Las informaciones del ex policía -en su momento, ayudante
directo del general Harguindeguy- representaron las primeras novedades en mucho tiempo y,
por supuesto, confirmaron la participación del régimen militar en el suceso: "Agrega el
declarante que entre la actividad ejercida por el Ministerio del Interior, estaba la vigilancia
sobre aquellos sacerdotes denominados 'tercermundistas', existiendo un archivo de 300
nombres con informaciones detalladas sobre la actividad de cada uno de ellos. En referencia al
caso de los Padres palatinos, el declarante posee en su poder una agenda telefónica de uno de
los sacerdotes, que guardó como prueba de que dicha documentación se encontraba en
dependencias del Ministerio del Interior en la época de referencia". Peregrino Fernández
agregó, además, que estos datos los comunicó oportunamente, en Buenos Aires, a monseñor
Manuel Moledo -asesor de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa-quien le habría
dicho: "Estas cosas ya han pasado. Trate de olvidarlas para lograr su propia tranquilidad
espiritual".

La sombra de los muertos


Con los cambios de la democracia, el juez federal Néstor Blondi recibió el caso del asesinato de
los palotinos del ex juez Guillermo Rivarola; en el juzgado se percibió su interés por reactivarlo.
No obstante, los años pasados y la resistencia de los testigos conspiraron contra esa intención.
Hasta los mismos palotinos habrían eludido presentar -en la investigación judicial- el diario
personal del padre Alfredo Kelly, que fuera llevado a Irlanda luego del crimen,
presumiblemente intentando resguardar información reservada de la Orden.
El testimonio a la CONADEP de Graciela Daleo y Andrés Castillo, sobrevivientes de la ESMA,
aportó otra versión sobre la autoría del asesinato múltiple. "A mediados de 1976 fueron
asesinados tres sacerdotes y dos seminaristas de la Orden de los palotinos, que vivían en una
parroquia de Buenos Aires. El teniente de navio Pernía participó en esta operación, según sus
propios dichos jactanciosos".
Cuando el teniente Antonio Pernía (alias Trueno, Duque, Martín) fue citado a un careo con
Graciela Daleo por el juez Blondi, una verdadera patota muñida de aparatos "walkie-talkies" lo
acompañó hasta las mismas puertas del despacho del juez. Allí declaró, simplemente: "A esta
señora no la conozco".
Además de un nuevo juez y nuevos testimonios, la democracia permitió que emergiera el
descontento latente en parte de los fieles de San Patricio. Los muchos que habían estimado a los
religiosos asesinados, reprocharon la vergonzosa "diplomacia" con los militares, y reclamaron
un homenaje público y un nuevo impulso a la investigación del crimen.
Alberto Zubizarreta y Eduardo Del Cerro se convirtieron en los propulsores más visibles de ese
movimiento. En la revista Encuentro, de mayo/julio de 1984 denunció Del Cerro: "El
asesinato tuvo sus ideólogos, inspiradores y ejecutores. Muchos de ellos son conocidos por
todos: han ocupado los cargos más altos de gobierno hasta el 10 de diciembre de Pero el
asesinato también ha tenido sus cómplices. Y esto nos toca muy de cerca. Porque no podemos
negar que dentro de la propia Iglesia se llamó al silencio y al olvido. Se ha confundido,
trágicamente, miedo con discreción, cobardía con prudencia".
En los días previos al octavo aniversario del crimen, 4 de julio de 1984, se gestionó el permiso
para un acto público de homenaje en la propia iglesia de San Patricio. La autorización fue
negada, con razones que aparecen confusas. El párroco Ryan argumentó que era inaceptable un
acto con notorias intenciones políticas. Según los organizadores, se les habría mencionado:
"Monseñor Leaden no considera oportuno el acto". Esta postura sería coherente con la
mantenida por el obispo Guillermo Leaden, conservador, auxiliar de la diócesis de Buenos Aires
y vicario de Belgrano, en relación al asesinato de los religiosos palotinos.
Ante la negativa de la Iglesia, la iniciativa fue retomada por Humanismo y Liberación, sector
interno de la Democracia Cristiana, y el acto se organizó en otro lugar. A ocho años del
sangriento suceso, los apacibles residentes del barrio se encontraron con grandes pintadas
reactualizando el tema y convocando a la reunión.
El 7 de julio de 1984, Eduardo del Cerro, Graciela Fernández Meijide, y el Premio Nobel
Adolfo Pérez Esquivel recordaron a los religiosos sacrificados, inaugurando una nueva era: la
del merecido tributo público. Por la Iglesia, sólo asistieron -y expusieron- los palotinos Kevin
O'Neill y Rodolfo Capalozza.
Como si faltaran elementos para tornar sumamente complejo el caso de los palotinos, se sumó
un hecho realmente singular. Según una importante fuente religiosa, dos personas encumbradas
de Belgrano, pertenecientes a la feligresía de San Patricio, habrían tramitado ante la Santa Sede
el levantamiento de sus respectivas excomuniones, motivadas por haber propulsado -en 1976- el
asesinato de los religiosos. El Código de Derecho Canónico vigente en ese tiempo (canon
2343-4) decía: "El que pusiere las manos en la persona de clérigos o religiosos, de uno u otro
sexo, cae 'ipso facto' en excomunión" (subiacet ipso facto excommunicationi)".
De ser exacta esta información, se estaría frente a una paradoja digna de la tradición florentina
de la Iglesia: mientras en Argentina los palotinos intentaban impulsar la investigación para
determinar quiénes eran los culpables del crimen, una oficina del Vaticano (que opera bajo
absoluta reserva) conocía sus nombres perfectamente.
Como en varios otros asuntos durante los últimos años, el episcopado se equivocó en el
tratamiento del tema de los religiosos palotinos. Sería una tarea fantástica -e inútil- intentar
acallar el crimen más horrendo de la historia de la Iglesia en la Argentina.
En una carta del 15 de enero de 1984, Raúl Berretta Lynch -sobrino del asesinado padre Alfredo
Kelly- señaló a Adolfo Pérez Esquivel: "Aquellos que entraron esa noche a la parroquia de San
Patricio, no cumplieron con lo que les habían ordenado: ellos están vivos para siempre jamás".
Es cierto: su historia ha invadido la plástica y la literatura. El holocausto de los palotinos ya es
leyenda.

Capítulo VI

EL SEXO De acuerdo con Freud, la historia


del hombre es la historia de su
represión
(Herbert Marcase -"Eros y
civilización")

Iglesia y sexo (I)

DESDE ADÁN Y EVA HASTA EL


AÑO 1000
Y Dios creó el sexo...
En los anales de la represión sexual en Occidente, la Iglesia Católica ocupa -sin competencia
cercana- el rol protagónico. No obstante, ese sitial no supone que haya sido la primera
institución, ni siquiera la primera religión, en exhibir una actitud crítica o restrictiva en relación
al sexo. El judaísmo antiguo -estructura base del cristianismo- supo acumular numerosos
antecedentes en esa dirección.
Correspondió al propio Dios judeo-cristiano producir el hecho inicial y básico de la
controversia. En tiempos de la creación del universo, consideró: "No es bueno que el hombre
esté solo" (Génesis, II, 18), y creó -juntamente con la mujer- la atracción sexual natural.
Las manipulaciones eclesiásticas se remontaron hasta ese mismo período. El "pecado original"
de Adán y Eva fue señalado como producto de las relaciones sexuales, a partir de los símbolos
fijados en la Biblia para describir la transgresión (Génesis, III). El sistema -apuntado a
desexualizar el cuerpo humano y social- se instrumentó, de esta manera, sobre una supuesta
culpa ancestral y eterna imputada a todo hombre y a toda mujer.
Fue Moisés, el gran caudillo, el responsable de las referencias más concretas al sexo que
contienen los antiguos libros santos. Conduciendo a los hebreos hacia la tierra prometida -un
viaje de varios años- tuvo necesidad de producir un verdadero código penal para contener los
excesos morales que deshonraban al pueblo elegido. Desde la cumbre del Sinaí, en medio de
relámpagos y truenos le impuso severas normativas de continencia: "No cometerás adulterio"
(Éxodo, XX, 14). Luego, paradójicamente, no tuvo escrúpulos en regularé! mismo las normas
de la prostitución de esclavas.
Como en un reglamento policial, en el Levítico precisó con minuciosidad las prohibiciones
sexuales en cuanto a circunstancias y personas. El capítulo XV no omite la referencia implícita
a la sífilis, mientras el XVIII prohíbe "descubrir" la desnudez de los parientes próximos,
especialmente de las mujeres.
Sobre el sexo forzado, el criterio de Moisés fue singular y práctico: entendía que la violación
había sido consentida -excepto que se hubiera consumado en despoblado- si la mujer no había
gritado o había gritado poco.
Años más tarde, los judíos tuvieron un rey que dio al sexo un tratamiento diametralmente
opuesto. Según la historia, Salomón se entregaba a excesos de increíble incontinencia ("His
itaque copulatus est ardentíssimo amare"). Llegó a tener una cifra incontable de mujeres:
"Sesenta son las reinas, y ochenta las concubinas, y las doncellas sin cuento" (Cantares, VI,
8). Además de la hija de un faraón de Egipto con quien se desposó, amó a una infinidad de
extranjeras: moabitas, ammonitas, idumeas, sidonias, egipcias.
Su fama de romántico fue otro motivo para que se lo considerara el autor del libro más polémico
de la Biblia: El cantar de los cantares. Durante varios siglos los teólogos cristianos discutieron
si este poema de 117 versículos debía integrar las Sagradas Escrituras; fray Luis de León fue
procesado por la Santa Inquisición por traducirlo del hebreo. Finalmente, fue aceptado por el
Concilio de Trento (siglo XVI) alegándose que debía ser interpretado en un sentido alegórico,
como una boda mística del alma con Dios.
El cantar de los cantares, sin embargo, un himno brillante y erótico, parece más apropiado
para expresar un apasionado amor humano. "¡Qué bella eres, amada mía! Tus pechos, como
dos crías mellizos de gacelas que pacen entre los lirios" (IV, 1 y 5) "Séanme tus pechos como
racimos de uva y tu aliento como perfume de manzanas! Tu boca como vino exquisito que fluye
suavemente hacia mi amor, deslizándose entre los labios que se adormecen" (VII, 9-10). "Mi
amado es fresco y rubio, distinguido entre millares. Sus piernas son columnas de alabastro
sobre pedestales de oro puro" (V, 10 y 15).

Paladines de la represión
San Pablo fue el pionero de la doctrina sexofóbica de la Iglesia. El apóstol, que había vivido en
la mayor sensualidad antes de su conversión religiosa, transformó su predicación contra la
"inmoralidad" en una obsesión. Llamó pasiones ignominiosas ("passiones ignominiae") a los
placeres sexuales, y acusó a sus fieles como "horrorosamente manchados de lujuria", un tema
reiterado en sus cartas a los grupos de primeros cristianos, romanos, efesios, tesalonicenses,
colosenses, gálatas, corintios: "Dejad muertos vuestros miembros para las cosas de la tierra: la
fornicación, la lujuria, la concupiscencia" (Colosenses, III, 5), (Gálatas, V, 19). Su fanatismo
llegó al extremo de aconsejar el casamiento exclusivamente como "remedio para la
concupiscencia" y para los "débiles" que no resistían permanecer célibes. "Bien le está al
hombre no tocar mujer. Pero si no pueden guardar continencia que se casen. Es mejor casarse
que abrasarse" (I Corintios, VII, 1 y 9). "¿Estás desligado de mujer? No la busques" (ídem,
27). "Así, pues, el que casa a su hija hace bien y el que no la casa hace mejor" (ídem, 38).
Con el antecedente de esta prédica, no es extraño que el siglo primero del cristianismo
culminara con reglamentos como el siguiente: "Se prohibe a los dos sexos bañarse juntos: allí
es donde el diablo tiende sus redes. Una mujer no irá sino al baño de mujeres: lávese modesta,
púdica y moderada, y jamás inútilmente, jamás demasiado, jamás al mediodía y, si es posible,
no todos los días" (Constitución Apostólica del papa Clemente I).
San Agustín (siglo V) fue un alumno aventajado de San Pablo y el responsable de la
devaluación de la sexualidad en la Iglesia. Con una historia personal especialmente
tempestuosa, una juventud pagana y maniquea, Agustín enseñó -aunque no fue el único en
condenar el placer- que sólo la fecundidad podía excusar el sexo. Esta se convertiría en doctrina
clásica de la teología occidental.

El juego de los deseos


Entre las principales razones que impelieron a los primeros cristianos a la abstinencia sexual y a
la pureza virginal, debe considerarse la vida en común de los catecúmenos de ambos sexos
-muchas veces en catacumbas y refugios clandestinos-, que los exponía a tentaciones y peligros
diarios y requería un freno para no llegar a desórdenes casi inevitables.
Aunque las manifestaciones sexuales persistieron de diversas maneras, durante los primeros
siglos de la Iglesia: se bautizaba a las mujeres sin velo alguno que les cubriera el sexo, en la
misa los asistentes se besaban en la boca, en las procesiones las vírgenes veladas llevaban
amuletos fálicos. se seguían-horneando los panecillos obscenos de las fiestas del paganismo
(Carta de San Juan Crisóstomo al papa Inocencio I).
La usanza de retirarse al desierto para llevar una vida solitaria dedicada al sacrificio y a la
oración conquistó a muchos entusiastas. Estos ermitaños combatían su sexualidad como
principal enemigo: se creía en un demonio especial que presidía la lujuria.
Pudiera suponerse, leyendo cierta literatura de ese tiempo, que el deseo sexual era más ardiente,
más irresistible que en la actualidad. Acaso el exceso de continencia cristiana producía en
ciertas naturalezas enérgicas una terrible sublevación de los sentidos. "Mi corazón se inflamaba,
se abrasaba, ardía de sensualidad: se dilataba, se desbordaba, se fundía en el fuego de los
deseos" (San Agustín, "Confesiones").
A medida que el sexo se convertía en tema central de expresión religiosa, distintos grupos
extremistas nacidos en la propia iglesia debieron ser declarados herejes: por una parte,
encratitas, marcionitas, valentinianos, valesianos, que predicaban una rigurosa castidad; por la
otra, nicolaítas, fibionitas, estracióticos, levíticos, borboritas, carpocratenses, caimitas y
adamitas, que defendían la satisfacción de los placeres sexuales. Como "moderación" frente a
ambos excesos, algunos religiosos de esa época desaconsejaban las relaciones sexuales: el
jueves, en memoria del arresto de Cristo; el viernes, por su muerte; el sábado, en honor de la
Virgen María; el domingo, por el día de la resurrección, y el lunes, en conmemoración de la
ascensión (D. S. Bailey).

La mujer es Satanás
La mujer no fue especialmente honrada en los libros que conforman el Antiguo Testamento, al
contrario, su mención está vinculada con analogías insultantes y prevenciones.
"Dame cualquier maldad, pero no maldad de mujer./Preferiría morar con un león y un dragón,
que habitar con una mujer malvada./La maldad de una mujer muda su semblante y oscurece su
rostro como el de un oso./Toda maldad es poca comparada con la de la mujer. La suerte del pe-
cador caiga sobre ella./No te dejes seducir ante la belleza de una mujer y no la desees./Por la
mujer comenzó el pecado y por ella morimos todos" (Eclesiástico, XXV, 13/16/17/19/21/24).
"La liviandad de una mujer se muestra al levantar sus ojos y se reconoce en su mirar furtivo./
Con la hija desenvuelta redobla tu vigilancia, no sea que hallando ocasión propicia la
aproveche" (Eclesiástico XXVI, 9/10).
"Una mujer de valor, ¿quién la encontrará?" (Proverbios, XXXI,10).
El triunfo del cristianismo parecía anunciar la rehabilitación de la mujer, pero no fue así.
Escribe el historiador César Cantú: "La suerte de la mujer cambió tan poco que hasta en la
Iglesia se la mantuvo separada del hombre. ¿Por qué esa enemistad de los Apóstoles, de los
Santos Padres y los sacerdotes, autores de mil diatribas contra la mujer?"
Una especial animosidad sentían estos primeros religiosos hacia los cosméticos: "No es lícito
adulterar la obra de Dios y su hechura, añadiéndole color rojo o alcohol negro o arrebol
colorado, o cualquier otra compostura que mude o corrompa las figuras naturales. Por la
alcahuetería de los afeites (de la cosmética) serás con los hombres deshonesta y adúltera,
habiendo corrompido y violado lo que hizo en ti Dios (San Cipriano). "El acicalarse y el
hermosearse hace rameras a las mujeres y a los hombres afeminados; y a ambos, adúlteros"
(San Clemente). "Las mujeres, para agradar a los hombres, se pintan la cara con colores, y en
el adulterio que hacen de su cara, se ensayan para el adulterio que desean hacer de su per-
sona" (San Ambrosio).
En el año 353, el Concilio de Tiro produjo una declaración taxativa, reveladora del concepto
que primaba en el seno de la Iglesia: "La mujer es la puerta del infierno, el camino de la
iniquidad, la mordedura del escorpión, un espécimen nocivo" (Femina janua diaboli, vía
iniquitatis, scorpionis percussio, nocivum genus).

Yo os declaro…
Contando con el fundamental precedente de San Pablo, la Iglesia de los primeros siglos atendió
la institución del matrimonio con reparos y rigurosidad: especialmente en lo relacionado al
placer sexual. Obispos y papas fueron unánimes en condenar -bajo la forma de pecado- los
besos, las palabras amorosas, las caricias entre los cónyuges, cuando tuvieran como único fin
"la satisfacción de la concupiscencia".
"En los lechos de los esposos no deben existir los desórdenes del pecado que ha inventado la
voluptuosidad, porque se les ha permitido casarse, pero no ser voluptuosos" (San Clemente).
Y agregando la prohibición del control de la natalidad: "Aun con la mujer legítima, el acto del
matrimonio se torna ilícito y deshonroso cuando se evita la concepción del hijo" (San
Agustín).
Como un resquicio entre tantas restricciones, San Agustín ("de Bono conjug." - cap. VI) y
Santo Tomás (int. 4 Sent. dist. 31, q.2, art. 2) dictaminaron que el tener cópula con la esposa
preñada era sólo un pecado menor (venial).
La absoluta subordinación de la mujer fue otra característica de la enseñanza religiosa: "Por
más áspero y de más fieras condiciones que el marido sea, es necesario que la mujer lo
soporte. ¿Que es un verdugo...?, pero es tu marido. ¿Un borracho?, el nudo matrimonial lo
hizo contigo. ¿Un desapacible, un violento?, ya es una parte tuya, y principal" (San Basilio).

Las diez mil vírgenes


La razón de la moda de la virginidad entre las cristianas no fue exclusivamente la gloria del
estado de pureza, sino también el gusto mundano de tener cierta superioridad sobre las otras
mujeres, una cualidad inusual.
La castidad -^-esa virtud cuyo monopolio se arrogaban los cristianos-era utilizada como arma
de provocación contra el sensualismo pagano. De ahí la severidad del código de la Iglesia
respecto de los pecados carnales que la ley humana no penaba. San Gregorio de Niza
determinaba nueve años de penitencia para los fornicatarios: tres años excluidos de la oración,
tres años como oyentes y tres años arrodillados. San Basilio, más indulgente, contentábase con
una penitencia de cuatro años por el mismo pecado. En cambio, se acentuaba la severidad contra
el adulterio, el incesto, la sodomía y la bestialidad (zoofilia); quince años con esta distribución:
cuatro años llorando, cinco como oyente, cuatro arrodillado y dos como asistente.
Ciertos obispos de la Iglesia de los primeros tiempos sostenían la inexistencia del sexo
femenino en la otra vida por inútil y peligroso. Orígenes enseñaba que sólo el sexo masculino
resucitaría.
Otros, para asegurar aun más la castidad de los bienaventurados, presumían que los elegidos no
tendrían sexo, pero que los condenados conservarían el suyo con sus miserables pasiones. Esta
hipótesis fue desechada en poco tiempo, por cuanto producía cierta desilusión en muchos
cristianos practicantes.
La violación de las vírgenes fue uno de los tormentos aplicados en las persecuciones a los
cristianos de los primeros siglos. El martirologio cristiano recuerda el caso de siete vírgenes de
Ancira que fueron entregadas a los libertinos de esa ciudad. La historia menciona que una
fuerza milagrosa inhibió a esos hombres de consumar la violación. La historia omite completar
que las siete vírgenes tenían entre setenta y ochenta de edad cada una.
Aunque no virgen -pero con similares connotaciones- Santa María, la Egipcíaca, fue una
famosa prostituta que se convirtió al cristianismo e hizo voto de castidad a los treinta años. Se
marchó al desierto para no ver a ningún hombre; de ese retiro comentaría: "Durante los
diecisiete primeros años de mi vida solitaria, tuve que sufrir grandes tentaciones de la carne
bajo la figura de Satanás, pero con la gracia de Dios pude vencerlas a todas". Es válido
presumir que después de esos diecisiete años, el diablo no encontraría demasiados estímulos
estéticos para seguir tentando a la Egipcíaca.

Los placeres solitarios


"Entonces dijo Judá a Onán: 'Entra a la mujer de tu hermano, cumple con ella tu deber de
cuñado y suscita descendencia a tu hermano. Sabía Onán que los hijos no serían suyos (la ley
judía determina que el primer hijo de esta unión debe considerarse como perteneciente al esposo
muerto, según Deuteronomio, XXV, 6) y cada vez que entraba a la mujer se derramaba en
tierra para no dar hijos a su hermano" (Génesis XXXVIII, 8-9).
El episodio precedente constituye la mención más aproximada que hace la Biblia de la
masturbación y el que origina la acepción "onanismo". El castigo por ese placer sexual no
dirigido a la reproducción es inmediato: "Desagradó a Yavé-Dios lo que hacía (Onán) y lo hizo
morir".
Los cristianos mantuvieron esa condena de la masturbación, aunque su tratamiento aparece
recién en el siglo VI.
El orgasmo nocturno e involuntario, que guarda similitudes con la masturbación, también
mereció la atención eclesiástica. Aunque, en rigor, ambos temas son más del segundo milenio
que del primero. "A lo que el hombre hace en sueños no se le debe imputar pecado mortal,
porque no tiene poder para resistir. Pero podría ser pecado según la causa de aquella
polución... cuando la abundancia del comer o beber sea causa de la polución... si los
pensamientos que tuvo despierto le causó soñar algunos actos feos...; si la polución es causada
por acto del demonio y sin culpa, no es pecado" (Fray Luis de Granada).

¿Sodoma rehabilitada?
"Si un hombre se acuesta con otro hombre, como se hace con una mujer, ambos cometen una
abominación y serán castigados con la muerte; caiga su sangre sobre ellos" (Levítico, XX,
13). Es en esta parte y no en la referida al episodio de Sodoma, donde el Antiguo Testamento
puntualiza el tema de la homosexualidad. Al contrario de la creencia generalizada, el pecado de
los habitantes de Sodoma y Gomorra es su falta de hospitalidad para con los invitados de Lot y
su familia, no su homosexualidad. "La patrística (escritos de los primeros teólogos cristianos)
basándose en pseudoepigráficos judíos, es quien estableció la equivalencia entre el pecado de
Sodoma y la homosexualidad" (D. S. Bailey. "Homosexuality and the Western Christian
Tradition").
El caso de Sodoma: "Dos ángeles fueron a Sodoma y se hospedaron en casa de Lot para pasar
la noche. Los habitantes de la ciudad -desde el más joven hasta el más anciano- rodearon y le
dijeron a Lot: ¿dónde están esos dos mancebos que han venido a visitarte'' Hazles salir porque
queremos 'conocerlos'. Os ruego, hermanos, -contestó Lot- que no les hagáis agravios. Tengo
dos hijas que aún no han conocido varón; os las voy a sacar y haced con ellas lo que queráis,
pero respetad a estos mancebos acogidos en el santuario de mi casa" (Génesis, XIX, 1-8).
Resulta evidente que la preocupación de Lot estaba originada en la lesión que podrían sufrir las
reglas de hospitalidad, antes que en el hecho sexual. Al punto que el ofrecimiento alternativo
introduce en la Biblia la prostitución.
De una manera más precisa, y siguiendo con su prolija enumeración de "crímenes sexuales",
será San Pablo quien se ocupará de la homosexualidad (Romanos, I, 24-27) (I Corintios, VI, 9)
(I Timoteo, I, 10).
Buenas son ovejas
En el Nuevo Testamento no existen menciones a la zoofilia (cópula con animales), tal vez por
haber decrecido esa costumbre en el Israel del tiempo de Cristo.
En el Antiguo Testamento, aparece una sugerida mención en Génesis, XXXVII, 2: "Tenía José
diecisiete años: era, pues, muy joven cuando iba a apacentar el rebaño con sus hermanos, los
hijos de Bala y de Zelfa, mujeres de su padre. Y José hizo saber a su padre la mala fama de
ellos." En Levítico, XVIII, 23, la prohibición: "No te ayuntarás con bestia manchándote con
ella. La mujer no se prostituirá ante una bestia para ayuntarse con ella: es una perversión." Y,
poco más tarde, el castigo: "Si uno se ayunta con una bestia, será cargado con la muerte, y la
bestia será muerta" (Levítico, XX, 15-16).
Se mandaba matar al animal que había sido usado para la zoofilia, temiendo que pudiera
engendrar (por artificio del demonio) una monstruosa mezcla de animal y hombre.
La Iglesia condenó desde los primeros siglos la zoofilia, cuya práctica pareció renacer a partir
del siglo VII y fue importante hasta el fin de la Edad Media.

Escándalo en los conventos


Mientras la Iglesia imponía tan rigurosa conducta sexual a sus fieles, ¿qué acontecía dentro de
sus propias filas?
Después del año 230 se produjo un profundo relajamiento moral. Esta corrupción fermentaba en
un gran número de monasterios de mujeres, incentivada por una multitud de monjes viciosos
que erraban de convento en convento. Mucha literatura posterior, como "El cuento", del conde
Ory, reflejaría las historias escandalosas que se vivían dentro de esos asilos no tan
impenetrables.
Los sínodos y concilios debieron establecer normas para sus propios miembros, algunas de ellas
bastante insólitas: "Un obispo o un clérigo no podrá tener en su casa a mujeres extrañas; sí a
su hermana o a su hija, siempre que sean vírgenes" (canon 27 - Concilio de Elna). También
podían tener a sus madres o a alguna tía, siempre que fueran viejas. Sin explicar el motivo de la
prohibición, se impedía a las mujeres entrar en las iglesias durante la menstruación. "Ne muller
menstruata ingrediatur eclesiam" (canon 29 - Concilio de Nicea).
Para los tiempos merovingios (siglo VIII), la disipación más vergonzosa imperaba en la mayor
parte de los conventos. "Los obispos son casi siempre dominados por clérigos libertinos, y
prevaricadores que los gozan según el mundo. Yo he hallado -entre los que se titulan diáconos-
hombres avezados desde la infancia al estupro, al adulterio, a los vicios más infames; por la
noche tienen cuatro o cinco concubinas y aun más" (carta de San Bonifacio al papa Zacarías,
año 742).
Los escándalos en la vida monástica empezaban siempre por cuestiones sexuales. Ni los
concilios ni los sínodos podían poner freno a las pasiones de los monjes, pasiones tanto más
irresistibles cuanto más contenidas. Como diría San Jerónimo: "diáboli virtus in lumbis" (el
poder del diablo está oculto en los riñones).

Los papas licenciosos


Desde San Pedro, todos los primeros papas fueron santificados. Tuvieron que transcurrir cinco
siglos y medio para que actuara uno que posteriormente no fue declarado santo. El motivo
-siempre recurrente y aparentemente inevitable- fue la acusación de amoríos públicos. El papa
Vigilio reinó entre los años 537 y 555, y su mala fama se sustentó en sus desórdenes sexuales.
El papa Formóse (891-896) reinó en un siglo de rudas y escabrosas costumbres, siendo él
mismo objeto de maledicencias. Su borrascosa relación con la emperatriz longobarda Ageltruda
dio lugar a sospechas de que el príncipe Lamberto fuera hijo de ambos.
El papa Sergio III (904-911) fue acusado de mantener vínculos íntimos con el aristócrata
Teofilacto y su mujer Teodora. Lo cierto es que en homenaje al pontífice la pareja puso a una
hija el nombre de Sergia. El cronista Liutprando, Flodoardo y el catálogo adjunto al "Liber
Pontificalis", mencionan relaciones amorosas entre el papa y Marozia, que habrían dado como
fruto a quien luego sería el papa Juan XI.
Juan XII (-955-964) fue consagrado para cuando apenas tenía 18 años de edad. Su vida
mundana -en compañía de otros jóvenes nobles-, según relata el cronista Liutprando, era
totalmente disipada. Mantuvo una estrecha relación con una concubina de su padre. Con otros
mancebos corrompidos brindaba a Satanás y a Venus. Consagró a un diácono en un establo, y a
un obispo de 10 años de edad, con el que luego intentó mantener relaciones íntimas (Agustín
Saba - "Historia de los Papas", Ed. Labor).
El año 1000 fue considerado por muchos el tiempo de venida del Anticristo. Por ese motivo, los
años previos fueron singulares por la proliferación de predicadores y penitentes públicos. Al
faltar el Anticristo a su cita del año 1000, los sobrevivientes se creyeron autorizados a no temer
los castigos del cielo y "se hundieron en inmundos vicios".

La Iglesia y el sexo (II)

LA EDAD MEDIA
No creo en ninguna filosofía no erótica.
No me fío de ningún pensamiento
desexualizado.
Wiltold Gombrowic

Prostitución y cristianismo
¿Cuál fue la relación entre la nueva Iglesia, paladín de la castidad, y la profesión más
antigua del mundo? Se equivocará quien presuma terribles condenas y apocalípticas
amenazas.
Adhiriendo al alienante concepto moral -luego integrado a la tradición de muchas
sociedades- que admitía la "natural concupiscencia" del varón, mientras condenaba como
pecadora a la mujer que "en el acto conyugal encuentra placer" , la Iglesia primitiva toleró
y hasta alentó, como un remedio indeseado, la prostitución.
Esta postura, clara y formalmente enunciada, no aparece en el texto de un concilio o sínodo,
sino en los escritos del propio San Agustín: ''Suprimid a las prostitutas y lo trastornaréis
todo por el capricho de las pasiones" (Lib. II, cap. 12).
El impuesto que en la antigua Roma debían tributar las prostitutas subsistió durante el
gobierno de varios emperadores cristianos, por lo menos hasta Anastasio I (491-518).
Varios siglos más tarde, el famoso predicador Foulques de Neuilly, cura de Saint Denis,
predicó a las prostitutas de París, quienes se conmovieron, se cortaron el pelo y se
transformaron en las primeras religiosas de la abadía de San Antonio de Campos. Para el
año 1190, el extraño convento cobijaba -además- a hombres de costumbres disolutas
“arrepentidos”. Como es de imaginar, esta mezcla de antiguas prostitutas y libertinos
convertidos no resultó: el obispo de París, Mauricio de Sully, debió clausurarlo en el año 1196.
Al consagrarse a la recuperación de los Santos Lugares, los europeos que participaron en las
Cruzadas no renunciaron a la práctica del sexo. Cuando en Palestina faltaron mujeres, se envió
un contingente de prostitutas cristianas que colaboró -a su manera- en el éxito militar.
Todos los ejércitos cristianos de aquellos tiempos eran seguidos por miles de prostitutas. Tal vez
la excepción fueron los comandados por Juana de Arco, aunque ella misma recibía -por parte de
los ingleses- el calificativo de "Putain des Armignats". El pensamiento eclesiástico acerca de
una prostitución necesaria -no propiciada pero consentida- se extendió en el tiempo. "A fin de
que las prostitutas se distingan de las mujeres honradas, los obispos cuidarán que -para
presentarse en público- se vistan con un traje especial que indique su condición vergonzosa y su
género de vida" (Concilio de Milán - siglo XVI).
"Por Dios y por mi dama"
En el segundo milenio, la mujer siguió concitando el agravio de los Padres y escritores
cristianos. Escribía Fray Luis de León: "La mujer se acicala por amor propio
desordenadísimo, apetito insaciable de vana excelencia, codicia fea, deshonestidad
arraigada en el corazón, adulterio, ramería (...) Si con la tez del afeite (maquillaje) no
descubrís vuestro mal deseo, a lo menos despertáis al ajeno. De manera que con esas
posturas sucias, o publicáis vuestra sucia alma, o ensuciáis las de aquellos que os miran. Y
todo es ofensa a Dios". ("La perfecta casada"). El mismo autor, en otra parte: "La
naturaleza, como dijimos y diremos, hizo a las mujeres para que encerradas guarden la
casa y cierren la boca".
La aparición de la caballería emancipó al sexo femenino de una prostitución que la había
sometido a la más degradante servidumbre. La mujer antes había sido esclava, ahora sería reina
y su soberanía descansaría en el amor. Pero más que el amor carnal, se exaltaría el amor
heroico, nutrido de poéticos sentimientos.
Las primeras lecciones que recibían un paje, un escudero o un doncel, que se destinaba a la
profesión de caballería, concernían únicamente al amor de Dios y a las damas. Las mismas
damas eran ordinariamente quienes tenían a su cargo enseñar a los jóvenes el catecismo y el
amor.
En un muy antiguo libro de caballería se encuentran los consejos de la Dama de Belle
Cousines, de Jehan de Saintré, cuando ingresa a su servicio como paje: "Amigo mío, huye
de la lujuria para no tener un mal nombre; no creas a tu carne, a fin de que no ofendas a
Cristo por el pecado. Hombre aficionado a las malas mujeres pierde seis cosas: el alma, el
ingenio, las buenas costumbres, la fuerza, la razón y la voz. La lujuria, amigo mío, es ardor
al ayuntarse, hedor al separarse, breve deleite del cuerpo y perdición del alma".
La caballería era una especie de sacerdocio. Nada se asemejaba menos al amor material que esta
profunda y delicada devoción amorosa hacia una sola dama, que por lo común ni siquiera
recompensaba con un casto beso un sentimiento tan exaltado.

Las tarifas de los pecados


Cierta anarquía que se producía por el disímil rigor con que los sacerdotes penaban las faltas a
los preceptos cristianos -algunos dictaban penitencias aberrantes, mientras otros eran blandos en
extremo-, impulsó la idea de establecer pautas generales de castigo.
Para el siglo VIII, ya aparecía el tema muy claramente en el Concilio de Chalón sur Saone (647-
653); se había generalizado el uso de las "penitencias tarifadas". Existían guías precisas,
llamadas Penitenciales, originadas en Irlanda, Gran Bretaña y posteriormente en toda Europa,
donde se encontraban "tasados" los pecados con su correspondiente penitencia-castigo. Se
disimulaba, además, un objetivo económico, en la medida que muchos pecados podían
redimirse con la contratación de misas. El sistema se mantuvo hasta el siglo XIII ("Apuntes
sobre Sacramento de la Penitencia" -Facultad de Teología, Univ. Católica Argentina).
Las penas por las "transgresiones" sexuales eran especialmente duras, aunque ninguna se
castigaba con más rigor que la zoofilia: "A quien fornica con perra o con vaca, con burro o con
oveja, ¡que lo maten! A la mujer que fornica con 'cualquier' burro, que la maten... y también al
burro". (Capit. de Baluze, tit. Append. Col., 1378).
"Quien fornica con su madre, 15 años" (Qui cum matre fornicaverit, 15 annis); "con su hija o
su hermana, 12. Un adolescente con su hermana, 5 años; con su madre, 7" (Penitenciales de
Fleury y de Angers). Las penitencias presumían sacrificio, flagelación y continencia
permanente.
"Aquella que mezcle el semen del marido en la comida de otros hombres para conseguir sus
amores, 3 años" (Penitencial de Fleury).
"Sodomía simple, 4 años" (Si quis fornicaverit sicut sodomitae) (Penitencial de Roma).
"Masturbación mutua entre chicos, 40 días" (Penitencial de Angers).
"Mujer que fornica con mujer, 3 años" (Mulier cum altera fornicans. 3 annos). "Monja con
monja, 7 años" (Angers).
"Quien fornica con el hermano, 15 años de continencia" (Fleury).
"Quien eyacula en boca ajena, 7 años" (Si quis semen in os misenet) (Penitencial de Fleury).

Renace Sodoma
En el siglo XI, la homosexualidad -mencionada como sodomía- se había generalizado en todas
las clases sociales. Formaban parte tanto de las costumbres de las gentes groseras, como del
hábito de los exquisitos que compraban muchachos para servidores sexuales.
El cultivo de tan singular servicio de esclavitud se había extendido especialmente entre el clero
que contaba con enormes recursos económicos.
A causa de esa práctica, sacerdotes y laicos fueron reprendidos por el papa León IX en el
concilio de Reims (1049). Enrique, abad de Clairvaux, le escribía en 1177 al papa Alejandro
III: "La antigua sodomía renace de sus cenizas" (Dulaire - "Historia de París", 1837).
Juan, obispo de Orleans, se hacía llamar Flora por sus mancebos (año 1092). Los adolescentes
cantaban por las noches en las esquinas canciones impúdicas compuestas en su honor ("Quídam
enim sui concubíi, appelleant euní Floram") (Guillermo de Nangis).
En el siglo XII, la homosexualidad había alcanzado tal magnitud que los hombres que tenían
una o más concubinas eran tenidos por hombres de costumbres ejemplares. El fenómeno fue
especialmente notorio en Francia e Italia.
En 1307 -las crónicas la imputan a la venganza de una mujer- fue presentada una acusación
infamante contra la Orden de los Templarios, que encendió hogueras por toda Europa. La
cofradía de estos religiosos-caballeros, orgullo de la cristiandad por el valor demostrado por sus
miembros durante las Cruzadas, se vio enfrentada a culpas reales y falsas, en un proceso
impulsado por el rey Felipe el Hermoso. El juicio, que duró tres años (1308-1310), anotó en la
historia de la Iglesia el escándalo homosexual más resonante de todos los tiempos.

El secreto de los Templarios


Así como su heroico valor, también el orgullo, la avaricia, la ambición, la beodez y la maldad de
los Templarios eran proverbiales. Empero, se desconocían las "monstruosas infamias que se
cometían en el seno de la Orden".
En varias ciudades de Europa, los Templarios fueron detenidos, examinados, torturados. En
París, en presencia de los comisarios pontificios, el Gran Maestre Jacques de Molay y
doscientos treinta y un caballeros sufrieron un extenso interrogatorio. A través de ese juicio-
investigación se dictaminó que la Orden de Temple era "una secta consagrada a la prostitución
más innoble".
En los registros del juicio figuran varios testimonios de miembros de la Orden que ilustran sobre
el alcance de las prácticas secretas descubiertas. Huguet de Baris declara que en la ceremonia
de su ingreso se le hizo despojar de sus vestidos; el hermano encargado de recibirlo lo ayudó a
revestir la túnica y el mando de la Orden, levantándole los vestidos por delante y por detrás, y lo
besó en la boca, en el ombligo y en la parte posterior. Mathieu de Tilley, a la inversa, señala que
el hermano que la había recibido le ordenó besarlo en las nalgas y después le dijo (levantándose
la túnica): "¿Y por delante?". Juan de Saint-Just asegura haberse negado a besar el ano del
hermano que lo recibía ("proecepit ei quod escularetur eum in ano"). A Gerardo de Causse
-cuando fue recibido por uno de los hermanos asesores de la Orden- se le indicó: "Si no puedes
resistir los deseos carnales, obrarás mejor -por honra de la Orden- pecando con tus
compañeros que acercándote a las mujeres".
Cientos de Templarios fueron torturados y muertos en la hoguera, bajo la débil protesta del papa
Clemente V y la satisfacción del rey Felipe el Hermoso. El Gran Maestre de la Orden, Jacques
de Molay, fue muerto el 11 de marzo de 1314, protestando hasta último momento por su
inocencia.
La Orden de Temple, abolida y anatematizada, no desapareció completamente: tuvo seguidores
clandestinos por varios siglos. Seguramente sus costumbres sodomíticas se habían consolidado
durante su permanencia en Oriente (cuando las Cruzadas), donde la homosexualidad era
habitual.

Herejías sexuales
Después del siglo XIII se extendieron por Europa nuevas sectas de herejes que se distinguían
por sus extrañas -y generalmente disolutas- prácticas sexuales. La Iglesia persiguió con
tenacidad a estas comunidades que obtenían prosélitos a millares.
Los Búlgaros (bugari, bougueres o bougres) miraban como sacrilegio las relaciones sexuales;
sólo toleraban la conjunción carnal con miras a procreación, aunque a veces también olvidaban
ese destino humano prohibiendo al hombre cualquier contacto con la mujer. La desviación
homosexual consiguiente era previsible. Los Patares, Cathaaes y Jovinianos fueron
desprendimientos de los Búlgaros.
Los Paterini, herejes maniqueos, pretendían que las partes inferior del cuerpo habían sido
creadas por el diablo, no por Dios. En consecuencia no tenían escrúpulos en servirse de ellas
libremente para toda clase de usos sexuales.
Los Disciplinantes iban a las procesiones de dos en dos, precedidos (cruces y banderas.
Desnudos hasta la cintura ("solis pudendis honeste velantis"), se azotaban mutuamente con
correas de cuero. Por la noche se dirigían a los bosques para continuar con la flagelación. Podía
predecirse el desenlace de estas reuniones de hombres y mujeres semidesnudos -animad* por el
espectáculo de esa pantomima en la cual todos eran actores- que 11 gabán al último paroxismo
del éxtasis libidinoso. Se estima que, solamente en Francia, los Disciplinantes sumaron más de
800.000.
Los Stadings, los Fraticelles, los Begghards, tuvieron una breve existencia, tal vez porque sus
prácticas no favorecían tanto la disipación sexual. En todos los casos, estas sectas fueron
creadas y conducidas por religiosos y hasta obispos.
Los Picards o Picardos eran totalmente impúdicos, aunque sus relaciones sexuales sólo les eran
permitidas luego de la venia de su profeta. Llevaban una mujer ante el Maestro y formulaban así
su petición: "Mi espíritu se ha enardecido por ésta". El Maestro contestaba con las palabras de
la Biblia: "Crescite et multiplicamini" (Creced y multiplicaos).
Los Begardos, condenados explícitamente por el Concilio de Raven enseñaban que el hombre es
libre de obedecer todos los instintos de la naturaleza y qué las criaturas deben estar orgullosas
de todo lo que han recibido de Dios; por eso tenían en alta estima el estado de desnudez.
Cuando debían vestirse por causa del frío, ostentaban al desnudo los atributos sexuales, que
consideraban divinos.

Libertinaje en el clero
Durante los siglos X y XI se hizo más marcada la vida disipada del cien La mayor parte de los
monasterios eran verdaderos antros de prostitución ("Scortationes fornices", dice un escritor
monástico del siglo undécimo).
La conducta de sacerdotes y monjes daba tema a los poetas que í burlaban de ellos en sus
cantares satíricos, a los pintores que la ilustraba en sus cuadros y a los escultores que las
reproducían en sus obras de piedra madera o marfil. De ningún modo los clérigos se ofendían o
irritaban: ellos mismos se divertían haciendo reproducir la jocosa vida clerical, en las pinturas
de los misales, en las esculturas de sus iglesias, en las imágenes y en el ornato de los muebles.
De ahí, tantos caprichos sórdidos que se refugiaron en los capiteles, en los frisos, en los
arabescos de la arquitectura religiosa. Figuras de monjes transformados en puercos, falos
saliendo de hábitos de religiosos, grupos confusos de monjas y diablos. En todas esas
reproducciones obscenas, el hábito y la capucha del monje descubrían la intención del artista de
divertirse inmortalizando los vicios de sus patrones.
En Saint Germain-des-Pres existía una escultura que representaba a una monja prostituyéndose
simultáneamente a un monje y a un animal. Una columna en Saint Georges de Boche Ville
(Normandía) llevaba un fuste coronado por una confusión de monjes y monos compitiendo en
audacia sexual (Fierre Dufour - "Historia de la Prostitución", 1875).
El 1704, el papa Gregorio VII intentó poner término a la vida disoluta del clero publicando
severas decretales. El pontífice encontró una cerrada oposición, y recibió todo tipo de ataques e
insultos. "Es un hereje y un insensato -exclamaban los monjes de la diócesis de Mayensa-.
¿Quiere obligar a los hombres a vivir como criaturas celestiales, contrariando a la naturaleza?
Más bien preferimos renunciar al sacerdocio que al matrimonio" ("Crónicas" - Lambert
Schaffn).
Los obispos sobresalían en esta competencia de degradación. Mauger, obispo de Roan,
participaba en orgías que "exhalaban a su alrededor un repugnante olor a vergüenza" (G. de
Poitiers). Enguerrand, obispo de Laon, ponía en ridículo la pureza con "expresiones dignas del
hombre más licencioso" (Guibert de Nogent). Manazes, arzobispo de Reims, era "una bestia
inmunda, un monstruo, cuyos vicios no eran atenuados por virtud alguna" (según el decir de
sus contemporáneos). Hugo, obispo de Langres, manchado de adulterios y sodomías, fue
llevado a juicio y condenado por el Sínodo de Reims.
Casi todos estaban casados o tenían concubinas, queridas, amigas o sirvientas. Además, y casi
sin excepción, practicaban una desembozada homosexualidad manteniendo una corte de jóvenes
disolutos, costumbre que estaba extendida a toda la aristocracia.
En los siglos XIV y XV las costumbres de conventos y monasterios se habían relajado
totalmente. Arcediano de Bayeux ("De corrupto estatu ecclesiae") pregunta: "¿Qué son hoy
día los monasterios de mujeres, sino santuarios consagrados no al culto del verdadero Dios,
sino a Venus? Lo mismo es hacer tomar el velo religioso a una joven que exponerla en un
burdel".
Teodorico de Niem dice: "Cada convento de religiosas era un harén para el uso de obispos y
frailes". Algunas monjas tomaban remedios para abortar, otras mataban a sus hijos. Sobre esto,
exclama Olivier Maillard: "Ojalá no tuviéramos buenos oídos para escuchar los lamentos de
los niños arrojados a las letrinas o a los ríos".

Los papas y la papisa


El pontificado no quedó exento de la sed de placeres y sexo que invadió la Iglesia de la castidad,
y que permaneció por varios siglos. Algunos papas dieron cátedra de sorprendente desenfreno.
Benedicto IX (1033-1048) fue entronizado cuando apenas tenía 12 años de edad. Escribía el
cardenal Hergenroether: "Era un mozo indigno e ignorante que reintrodujo los desórdenes de
la época de Octaviano y aun peores". Voces de lamento resonaban en el mundo católico, cuyo
rey era un
niño.
Uno de sus sucesores, el papa Víctor III, relató que Benedicto llenó a Roma de impudor,
confesando sentirse asustado de pensar cuan obscena y criminal fue su vida.
Junto con sus hermanos Gregorio, Pedro y Octaviano, el papa adolescente escribió las páginas
más completas de las orgías sexuales, donde participaban vírgenes, prostitutas, mancebos,
libertinos y animales.
León IX (1048-1054) fue uno de los escasos papas de la época que combatió las costumbres
sexuales de obispos y monjes. La simonía (venta de títulos religiosos) y el pecado de Sodoma
eran normales en la vida del clero. León visitó monasterios, combatió el concubinato de los
sacerdotes y puntualizó las leyes eclesiásticas sobre el matrimonio que eran violadas por los
nobles y el clero.
Su prédica -que le valdría la santidad cuando muerto- se enfrentó a una tenaz oposición, y
obtuvo magros resultados. Luego de su breve reinado, todo volvió a la "normalidad".
La leyenda de la papisa Juana -que entró a la historia para quedarse-apareció en el siglo XIII.
Según la versión más extendida, Juana fue una muchacha anglosajona de gran belleza y cultura
que comenzó su carrera en un monasterio, disfrazada de monje; luego fue a Roma y la eligieron
papa La minuciosidad del relato incluye la duración del pontificado de Juana dos años, un mes y
cuatro días (entre los años 855 y 858). Como confirmación infalible de la veracidad de la
historia, se adujo que posteriormente se solicitaba a cada papa elegido que se sentara en una
especie de retrete de mármol, para que pudiera examinarse con certeza su condición sexual. En
fecha tan posterior como el año 1600, se aceptó sin discusión un busto de "Johannes VIII-
fémina", en la hilera de bustos papales que resplandece sobre las cabezas de los fieles en la
catedral de Siena (E. R. Chamberlin).
El pontificado de Clemente VI (1342-1352) se desarrolló en el período en que los papas
estuvieron refugiados en Avignon. Según el famoso poeta y clérigo Petrarca ("Lettres sans
titre") Clemente VI, así como su predecesor Benedicto XII, rebosaba de concupiscencia: "La
corte de Avignon era una nueva Babilonia". Clemente no hacía ningún secreto de su afición a
las compañías femeninas. "Cuando era arzobispo no se apartaba de la. mujeres y tampoco de
papa intentó controlarse. Las nobles damas tenían e, mismo acceso a su dormitorio que los
prelados (M. Villani). Según Muratori ("Anales", 1352) Clemente VI "llenó la Iglesia de
cardenales similares a él, reclutándolos tan jóvenes y de vida tan deshonesta y disipada, que
fueron el origen de hechos abominables.
El cardenal Cibo ejercitó su fino sentido de la ironía cuando eligió su nombre pontifical:
Inocencio VIII. Reinaría entre 1484 y 1492. Al principio corrieron algunos rumores equívocos
sobre su sexo, rumores que una de aquellas sátiras ingeniosas de la Roma de entonces se ocupó
de aplastar: "Para qué vas a buscar testigos que prueben si Inocencio es hombre o mujer. Mira
el número de sus hijos, eso es una prueba segura. Por algo Roma llama 'Padre' a este hombre".
Con Inocencio se rasgó el último velo de discreción que cubría al Papado, pues no consintió en
insultar a sus hijos llamándolos sobrinos. "Fue el primer Papa que reconoció abiertamente a
sus hijos ilegítimos y, apartándose de todos los usos establecidos, los colmó de riquezas"
(Volterran - "Innocent VIII").
El año 1492 no solamente asistió al trascendente descubrimiento del Nuevo Mundo y, con ese
acontecimiento, a la despedida de la cautivante Edad Media. El 11 de agosto de 1492, a la salida
del sol, la cristiandad celebraba la elección de un nuevo pontífice: Alejandro VI, el papa
Borgia, padre de César -el Cruel- y de la enigmática Lucrecia. Nacía una época donde la
conjunción de todos los vicios haría peligrar no sólo el trono de Pedro, sino la propia institución
de la Iglesia.

DEL RENACIMIENTO A LA
REVOLUCIÓN FRANCESA
Hay una preocupación tan fuertemente sexual en muchas prohibiciones
que se diría que, si no fuera por e1 fanatismo que demostró la Iglesia, uno
podría suponer que lo ha hecho para que la sexualidad aumentara. Hay
una voluntad castradora porque el sexo escapa. El sexo y la muerte son
dos cosas que escapan al control, y por eso se les dedica tanta liturgia y
tantos rituales.
(Fernando Arrabal. "Clarín", 15/12/85)

La Iglesia y el sexo (III)

La era de los Borgia


"Soy Papa, soy Papa", gritó excitado el cardenal Borgia, y corrió a colocarse las lujosas prendas
pontificias. Como la modestia hipócrita le era completamente ajena, desechó nombres como Pío
o Inocencio: sería Alejandro VI, evocando al conquistador pagano más célebre de la
antigüedad.
La compra (al cardenal de Venecia, de noventa y seis años) del voto decisivo para su elección
como Papa, le había significado a Rodrigo Borgia una cantidad ridícula -cinco mil ducados- en
comparación con las cifras astronómicas que le demandaron los tres electores "convencidos"
previamente. El cardenal Ascanio Sforza, por ejemplo, le había exigido que enviara a su palacio
cuatro muías, cargadas con plata según unos, con oro según otros.
Desde su juventud hasta avanzado su cardenalato, Borgia había mantenido relaciones con
Vannozza de Catanei, que le dio cuatro hijos: Juan. César, lofre y Lucrecia. Por lo menos, había
tenido tres anteriormente, con otras mujeres. Poco tiempo antes de ser elegido Papa, tomó como
amante a Giulia Farnese, de dieciséis años, a quien los romanos llamaron "noria de Cristo" (E.
R. Chamberlain).
Era una época en que los vicios no escandalizaban, pues aparecían revestidos de cultura y de
gracia. El adulterio se consideraba una aventura de familia. Las cortes principescas rebosaban
de bastardos y de hijos ilegítimos. César (especialmente) y Lucrecia, los hijos del Papa,
asombraban por la dimensión de su inmoralidad, amparada en la especial debilidad de su padre
para con ellos.
Se ha dicho todo sobre Alejandro VI, excepto que pasó inadvertido. En tiempos de verdadera
competencia de placeres y excesos entre el clero, se lo consideró prototipo de lujuria y bajeza
moral: "Sus virtudes estaban sumergidas en defectos mucho mayores. Su forma de vivir era
disoluta. No conocía ni la vergüenza ni la sinceridad, ni la fe ni la religión. Estaba poseído por
una insaciable codicia, una ambición sin límites y una ardiente pasión por el progreso de sus
muchos hijos" (Francisco Guicciardini -"Storia").
El 21 de julio de 1498, Lucrecia Borgia se casó -en segundo matrimonio- con Alfonso de
Bisciglie, hijo del rey de Nápoles. Una sumisa comisión de cardenales había "comprobado" que
Lucrecia seguía virgen después de más de tres años de matrimonio con Giovanni Sforza. Fue
inútil que el desechado esposo protestara por la farsa: su familia había celebrado un acuerdo
político-económico con el Papa, que incluía la declaración de su incapacidad viril. Furioso y
ultrajado, Giovanni proclamó a los cuatro vientos que la verdadera razón por la que el papa
Alejandro VI impulsaba el divorcio era el deseo de disfrutar libremente de su propia hija. La
acusación fue cultivada amorosamente por los aficionados a la pornografía y los enemigos de
los Borgia, mientras una segunda versión de incesto unía a Lucrecia con su hermano César. Por
escaso fundamento que tuvieran estas imputaciones, el perfil moral de los varones Borgia les
confirió un marco de veracidad que no pudieron contrarrestar.
Alejandro VI murió en Roma, en 1503, víctima de una prosaica fiebre de verano; hasta en este
último trance lo persiguió la suspicacia: se murmuró que había ingerido inadvertidamente un
veneno preparado por su hijo César y destinado a Adrián Corneto, un enemigo de los Borgia.
Dejaba un jugoso material para sus biógrafos y -como legado para la posteridad- la institución
de la primera censura sobre material impreso que ha existido: el "Index", registro de libros
prohibidos "en resguardo de la fe y la moral". A través de los siglos la Iglesia cubriría las
páginas de ese registro "ignominioso" con nombres de escritores tan ilustres, que figurar en él se
convertiría en un privilegio.
La semblanza final de Rodrigo Borgia quedó reservada a los historiadores: "El papa Alejandro
VI fue la encarnación más siniestra del paganismo; sereno y sonriente en medio del fango de
los vicios. Hasta en los hielos de la vejez prolongó el carnaval de una existencia falta en
absoluto del sentido moral" (Godefroi Kurth - "L'Eglise", pág. 137).

"Haz lo que yo digo…”


Algunos sucesores del papa Borgia también supieron alimentar las habladurías. La característica
más notoria de Julio III (1550-1555) -antes cardenal Giovanni María del Monte- fue la marcada
preferencia que demostró por algunos, mancebos. A un sobrino bastardo, Fabiano, lo hizo
adoptar por su hermano y tomar el nombre de Innocenzo del Monte. El 30 de mayo de 1550,
cuando contaba apenas diecisiete años, lo designó cardenal -en consistorio secreto- provocando
las burlas de toda Roma. El joven, de humilde extracción, rompió todos los frenos y llevó una
conducta escandalosa, aunque siempre bajo la amorosa protección del Papa (A. Saba y C.
Castiglione - "Historia de los Papas").
Continuando esta línea de libertinaje familiar, durante el reinado de Paulo IV (1555-1559) los
estados pontificios se vieron saturados por la acción depredadora e inmoral de sus parientes. Su
sobrino Carlos, que había tenido una juventud licenciosa como militar y fue nombrado cardenal,
dirigió las tropelías de la familia. El cardenal de Lorena llegó a acusar a los parientes del Papa
de "aquel pecado que no hace distinción entre el sexo masculino y femenino".
Por su parte, muchos cardenales, obispos y gran parte del clero mantenían costumbres libertinas,
conducta que -al menos desembozadamente- se proyectó hasta el siglo XIX. En su "Historia de
París", Dulaure ha reunido incontestables testimonios sobre la inmoralidad y perversión del
cuerpo eclesiástico, totalmente coincidentes con el capítulo "Poligamia Sagrada" que Nicolás
Bernaud incluyó en su "Gabinete del rey de Francia" (editado en noviembre de 1581). Un
prolijo censo de quienes componían las "cortes alcores" de cada obispo y cardenal. Del de
Lyon, por ejemplo: eclesiásticos y servidores 65.230, mujeres adúlteras 77.888, jóvenes de mala
vida XH.078, bastardos 59.138, sodomitas 2.083.
"En el más grande y profundo burdel no se escuchan las sucias y obscenas conversaciones que
en la casa de un cardenal. En esas casas, lo mismo de día que de noche, no se ve otra cosa que
el consumo de carne fresca (así llaman ellos a las pobres mujeres que prostituyen, para
después recibir sus burlas). No hay hija de pobre artesano, de jornalero, de ganapán, de (quien
esos infames no hagan brecha. Muchas veces por un pedazo de pan desfloran a una doncella."
(Nicolás Bernaud.)
En ciertas diócesis los grandes vicarios obtenían permiso para cometer adulterio por espacio de
un año entero. Podía comprarse el derecho religioso de fornicar impunemente todo el curso de
la vida: el comprador de este derecho no tenía más que pagar cierta cantidad de vino
anualmente. Esta obligación de pago de vino era vitalicia, aunque la avanzada edad del privi-
legiado ya lo hubiera inhabilitado para hacer uso de tan extraña licencia.
En el año 1707 se dispuso el proceso de las monjas de Combas (provincia de Zaragoza) y de
fray Manuel de Val, por sus desórdenes sexuales. Muchas religiosas confesaron haber recibido
lecciones de "amor mundano". Se comprobó que la propia abadesa, Angela de Luna, auxiliada
por los frailes y otras monjas, había tenido siete abortos.
En las cercanías, fray Francisco García Calderón, confesor de las monjas de San Plácido y
señalado como santo, mantenía secretas relaciones con varias de las religiosas. Hizo que lo
llamaran de tú, mientras él las apodaba "mis reinecitas, rosicler, flor de luz" (E. Rodríguez
Solís - Biblioteca Nueva, 1921).
Como estos casos, otros similares -innumerables y en todas las latitudes- tuvieron al clero como
protagonista.

El sexo del diablo


Una de las supersticiones más comunes nacida en la Edad Media y que se desarrolló y
permaneció en tiempos más modernos, fue la creencia de la visita sexual del demonio a
hombres y mujeres. Se llamó íncubo al diablo que tomaba la figura de un hombre para cohabitar
con una mujer (del latín incubare: estar echado sobre otro). El súcubo era otro demonio (menos
frecuente) con figura de mujer, que visitaba a los hombres (de subcubare: estar echado abajo
de otro).
Una mujer de Nantes reveló a su confesor, San Bernardo, que el demonio la sometía
sexualmente todas las noches cuando estaba acostada con su marido, el cual no se despertaba
jamás. Alentada por el religioso, se atrevió a confesárselo a su marido, pero éste la abandonó
inmediatamente:-las "visitas" se habían producido durante seis años. San Bernardo aconsejó a la
mujer hacer la señal de la cruz al acostarse y poner en el lecho un báculo que le dio. "El íncubo
se presentó como habitualmente lo hacía para usurpar los derechos del marido, pero encontró
el báculo de San Bernardo y no pudo hacer más que caminar colérico en torno a la cama: una
barrera insuperable lo separaba de la mujer."
Santo Tomás se ocupó extensamente de estos demonios audaces y libertinos ("Summa
Theologica", q.LI-3). El papa Inocencio VIII, mostrándose tan supersticioso como sus
contemporáneos, admitía en cartas pastorales la existencia de íncubos y súcubos.
Todo el tema de demonios activos y pasivos estaba íntimamente relacionado con el satanismo y
la hechicería, que hacía del sexo una manifestación central. En 1460, el tribunal de Arras
condenó a cinco mujeres y a muchos hombres acusados de "vauderia" o hechicería; entre ellos
un sacerdote de setenta años, el principal autor de los libertinajes juzgados mezclados con
brujería. "Los sábados se frotaban con un ungüento que les había dado el diablo y podían volar
sobre ciudades y bosques. Llegaban a un lugar con la mesa puesta donde había un demonio en
figura de cabrón, de perro, o de mono. Después de adorar lo besaban al diablo por detrás ('c
'ést au cul'), para proceder a tener cohabitación carnal todos juntos, incluyendo la sodomía y
otros actos repugnantes y enormes. El diablo tomaba figura de hombre y mujer" (Santiago
Duclerq - "Memorias").
El lunes 9 de febrero de 1637 se reunió una conferencia de sabios en Física y Ciencias
Naturales, para considerar el tema: "De los íncubos y los súcubos y si los demonios pueden
engendrar" ("Bureau d'Adresse" -Souvron, 1656).
Puede presumirse que la psicosis colectiva de los demonios sexuales nace en los conventos de
ambos sexos, porque la vida ascética predispone el cuerpo a esta prostitución involuntaria, que
el misticismo señala como obra de los diablos nocturnos.
Se cuenta de una joven religiosa llamada Gertrudis, de catorce años, que dormía con Satanás
todas las noches y lo amaba de tal manera que le escribía palabras tiernas y apasionadas. En su
convento de Nazaret (Colonia) se descubrió, el 25 de marzo de 1565, una carta de amor dirigida
a su amante infernal, llena de detalles íntimos sobre los encuentros nocturnos (Juan Wier).
En 1545, la abadesa española Magdalena de la Cruz se echó a los pies del papa Paulo III,
pidiéndole perdón por haber mantenido relaciones con un espíritu diabólico en forma de "negro
moro". En la investigación posterior, la monja confesó que tales visitas satánicas, en la figura
del negro fornido, se habían mantenido por más de treinta años.
Santa Angela de Foligno, que se defendía de permanentes solicitaciones del diablo, declaraba
que la lubricidad infernal le producía un fuego de infierno en el órgano sexual.
Las declaraciones de las visitadas coincidían en señalar "la frialdad del semen de Satanás". La
hechizada de Bievre confesó que Satanás cohabitaba con ella y "su semilla era helada".
Un sacerdote de ochenta años, Benito Berna, declaró haber cohabitado durante más de cuarenta
años con un demonio súcubo con figura de mujer; lo llamaba Hermiona (Pie de Mirándola).
Otro sacerdote, de noventa años, había mantenido relaciones "a manera de mujer" con otro
demonio, por más de cincuenta años.
Dicen las crónicas que Luis Gaufridi, un cura de Marsella, había entregado su alma al diablo a
cambio de adquirir el poder de inspirar pasión a las mujeres con sólo soplar sobre ellas (año
1625). Parece que la cualidad era efectiva y que el cura tuvo relaciones con muchas mujeres,
especialmente niñas. Pero cuando sopló sobre Magdalena -de sólo nueve años, hija del noble
Mandólo de la Palud- selló su sentencia: fue quemado vivo en Aix, en la plaza de los Jacobinos.
En el año 1666, en un monasterio de Colonia, las monjas declararon que un demonio quería
abusar de ellas, encarnado en un perro que tenía por costumbre levantarles las faldas. Bodin, en
su "Demonomanía", opina: "Yo creo que aquél no era demonio sino perro natural. A veces el
apetito bestial de algunas mujeres hace creer que es cosa del demonio".

Desenfado en libros y teatro


Muchos poetas y escritores de los siglos XIV al XVII no entendían que existiera una distinción
entre "lenguajes honestos y deshonestos". Carecían de un sentido de alerta -tan elemental en el
futuro- que les avisara cuando pasaban de un asunto profano a uno sagrado.
En la Biblioteca Nacional de Francia -bajo el número 6.701- se encuentra una Biblia, traducida
para el príncipe de Francia, que fue utilizada por la familia real durante generaciones. Muchas
páginas de ese libro sorprenden por sus vocablos de popular crudeza: "Y en aquel tiempo dijo
Dios a Abraham: 'Todos nuestros varones serán circuncidados y circuncidaréis la carne de
vuestras p... en signo de alianza entre mí y vosotros'. Entonces tomó Abraham a su hijo Ismael
y a todos los varones de su casa y circuncidó la carne de sus p..." "Nuestro Señor se acordó
ciertamente de Raquel y le abrió la c... por donde concibió y parió un hijo" ("Catalogue des
manuscrits français de la Bibliotheque du Roi" - M. Paulin, París). Para cualquier analista
desprevenido, el origen de esta Biblia estaría más cercano a los prostíbulos de Glatigny, Tyrom
o Derisemiche, que a los reyes cristianísimos.
El lenguaje de la prostitución lo había invadido todo; la Iglesia dictaminó prohibir a los fieles la
lectura de los Libros Santos traducidos en estilo vulgar.
Los moralistas y los predicadores que se dirigían al pueblo no más circunspectos en la elección
de sus expresiones. Uno de ellos, en un discurso de humildad hacia Dios, tomó por texto las
palabras del prole 1.1 rey ("Laus mea sordet eo quod sit in ore meo"), traduciéndolas en toda su
gallardía: "Mi alabanza no es más que mierda y basura”.
Varios libros podrían consagrarse a la historia del teatro en su relación con la sexualidad. La
doctrina de la Iglesia condenando esos espectáculos fue invariablemente reiterada por los Papas
y los concilios; se había originado en las presuntas "orgías que señalaron la decadencia del
teatro pagano”. Los actores eran cubiertos de infamia por el solo hecho de ejercer su oficio:
"Las gentes honradas deben estar alejadas de estos infames, y los eclesiásticos deben
guardarse de escuchar sus palabras obscenas y sus gestos impúdicos”. El oficio de cómico
estaba considerado como un tipo de prostitución.
Para evitar las rigurosas prohibiciones fue naciendo una especie de teatro religioso, donde
convivían pretendidas escenas sacras junto al vocabulario habitual. Era costumbre que los
actores no salieran del escenario y esperaran en unas gradas, a la vista, sus turnos de actuación;
excepto cuando alguna representación delicada lo hacía necesario: el parto de Santa Ana, el
parto de Santa Isabel o el de la Virgen.
En una escena de la obra "Misterio de Santa Genoveva", una monja de Bourges que ante la
fama de los milagros de la Santa había ido a visitarla, es interrogada por Santa Genoveva:
"¿Cuál es vuestro estado?”. "Virgen”, contesta a boca llena la monja. “¿Virgen, tu?, ironiza la
Santa. " ¡Puta!, eso es lo que eres”.
En la obra "Vida e historia de Santa Bárbara" la acción comenzaba en un burdel, donde una
prostituta entonaba una canción obscena mientras adoptaba poses sexuales ("signa amoris
illiciti”).
Las mujeres no aparecían en escena, los papeles femeninos eran representados por mancebos.
Este travestismo era un atractivo particular para muchos libertinos, que no disimulaban su
interés por esa ambigüedad sexual.

Todo sexo es lujuria


El siglo XVI fue determinante para la Iglesia de Roma. Se había iniciado cuando el
Renacimiento desplegaba todo su esplendor, junto a toda su corrupción. Cuadros magníficos,
edificios, estatuas, nacían del genio de artistas insuperables. Desde el redescubrimiento del arte
greco-romano, en Italia, Francia, Alemania, Países Bajos, el cuerpo humano volvía a exhibirse
en su natural hermosura. Príncipes advenedizos se precipitaban a la bancarrota por construir
villas al estilo latino. Dios se había convertido en Júpiter, Cristo se había transformado en
Apolo, los santos en dioses y las monjas en vírgenes vestales.
Los excesos del clero, especialmente el desvergonzado comercio de cargos eclesiásticos
(simonía) y de prebendas e indulgencias, impulsaron un hecho de singular importancia: el 31 de
octubre de 1517, Martín Lulero clavó sus noventa y cinco tesis en las puertas de la catedral de
Wittenberg, punto inicial de la escisión protestante.
El tribunal de la Inquisición, en tanto, seguía desarrollando intensa actividad. Dispuesto por
Sixto IV, en 1478, su objetivo principal estaba dirigido a juzgar supuestas desviaciones
heréticas de la doctrina cristiana.
Fueron escasas sus intervenciones relacionadas a "delitos" sexuales, aunque sus anales registran
algunas anécdotas. Una noche, una comisión de la Inquisición española buscaba en Madrid a un
célebre autor, hereje según el tribunal religioso. Llamaron a una casa sospechosa, en la calle de
las Huertas, donde se les aclaró: "Vayan a otro lado, que aquí somos prostitutas pero buenas
cristianas". Ya para entonces se cantaba en Madrid: "Calle de las Huertas más putas que
puertas".
Convocado por Paulo III, el Concilio de Trento celebró su sesión inicial el 13 de diciembre de
1545. La importancia de sus declaraciones teológicas serían fundamentales para la Iglesia y los
creyentes. Las referidas a cuestiones directa e indirectamente vinculadas a la sexualidad, que
aún perduran, han sido -sin duda alguna- las más controvertidas a través de los tiempos.
La patológica declaración principal del concilio -que relega a una condición inferior el ejercicio
de la natural sexualidad humana- expresa: "a) La virginidad es el estado perfecto, b) El celibato
es un estado menos perfecto que el de virginidad, c) El matrimonio de ningún modo es un esta-
do perfecto. Quienquiera que diga que el estado matrimonial debe ubicarse por encima del
estado de virginidad, debe ser separado de la Iglesia".
En su anteúltima sesión -del 11 de noviembre de 1563- el concilio declaró sacramento al
matrimonio y -con un texto ambiguo y político- su carácter indisoluble -sólo para matrimonios
cristianos consumados sexual-mente-, definiendo la confusa doctrina mantenida por la Iglesia
durante dieciséis siglos.
En cumplimiento de un decreto de la última sesión de Trento (4 de diciembre de 1563), el papa
Pío IV mandó retocar desnudos que integraban la obra maestra de Miguel Ángel: El Juicio Final
de la Capilla Sixtina. El artista había muerto tres días antes.
El concilio de Trento y la Contrarreforma, opuesta al movimiento iniciado por Lutero,
impusieron una marcada rigidez en todas las normas eclesiásticas relacionadas con la moral:
todo sería considerado pecado, todo prohibido. "La pasión del cuerpo, el fuego del sexo, deben
ser apagados con violencia" (Expresiones de la mística Contrarreforma).
En España -terreno propicio para estas doctrinas-, desde las pinturas de Zurbarán y el Greco, el
Renacimiento no se presentó en el resurgir del cuerpo humano desnudo (considerado neo-
paganismo) sino en el dolor como prueba de fe, el ascetismo como estilo de vida y –como
ambientación- los tonos oscuros.
Toda relación sexual fue considerada lujuria. El 4 de marzo de 1679, Inocencio XI desestimó
una llamada Proposición 9a, que sugería declarar que el acto sexual de los esposos, no destinado
a la procreación, no conformaba pecado: "Opus coniugii ob solam voluptatem exercitum omni
penitus caret culpa ac defectu veniali". En resumen, el Papa dictaminó: pecado menor, pero
pecado al fin.
Acentuando progresivamente su severidad conceptual, la Iglesia transitó hasta fines del siglo
XVIII. Un mayor control en las propias filas eclesiásticas fue reduciendo los desbordes sexuales
o, al menos, su exteriorización. Las reglas de la Iglesia de Roma imperaban en el mundo.
En 1789, sin embargo, la Revolución Francesa inició a los hombres en una filosofía de libertad
que rechazaba o discutía los tutelajes morales: empezaba la decadencia del poder eclesiástico.

La Iglesia y el sexo (IV)

LA COLONIA Y LOS ÚLTIMOS


SIGLOS
DON DIEGO: esto es lo que se llama criar
bien a una niña: enseñarla a que desmienta y
oculte las pasiones más inocentes con una
pérfida simulación. Las juzgan honestas
luego que las ven instruidas en el arte de
callar y mentir. Todo se les permite, menos la
sinceridad.
Leandro Fernández de Moratín –
'El sí de las niñas" (Acto III. escena VIII)

Desvíos del clero misionero


Omitiendo el análisis de los medios y el costo con el que se obtuvo el "éxito de la misión
evangelizadora", durante la conquista de América por los españoles, esa acción estuvo aún más
oscurecida por la actitud de religiosos que buscaban únicamente atesorar bienes: obispos y
clérigos hinchados de lujuria y avaricia.
A principios del siglo XIX se calculaba que en muchas provincias -por propiedad o por
hipotecas a su favor- cuatro quintos de las tierras se encontraban en manos eclesiásticas
(Humbolt - "Descripción de Nueva España").
Los monasterios que se establecían en el Nuevo Mundo servían principalmente para aumentar el
número de holgazanes improductivos y licenciosos. Gran cantidad de monjes indolentes y
mundanos residían en ellos, especialmente en las grandes ciudades.
Durante la era colonial, "eran habituales las quejas contra la corrupción, mundanidades y
desórdenes morales del clero secular y regular de Hispanoamérica".
Muchos religiosos que fluyeron al nuevo continente buscaban sólo la manera de satisfacer sus
deseos de vida fácil y desenfrenada. Concubinato e inmoralidad eran acusaciones comunes.
"Los sacerdotes de parroquias, alejados de la inspección de sus superiores, a menudo gustaban
de todos los placeres y lujurias en los que obligaban a participar a los simples aborígenes
(Clarence Haring - "The Spanish Empire in América").
En 1790, el arzobispo de México prohibió a los sacerdotes la coleta, el uso de cintas y la
ondulación del cabello (G. Desdevises du Dezert -"Eglise Espagnole des Indes a la fin du
XVIIIe siécle").
Simultáneamente, con total naturalidad, los misioneros producían innumerables divorcios entre
los indígenas. A medida que los iban bautizando, les enseñaban que sus matrimonios como
"idólatras" eran nulos y les exigían contraer enlace por la Iglesia, pudiendo escoger una nueva
mujer. La Iglesia Católica oculta celosamente esta práctica de barbarie religiosa, que contradice
-como muchos otros episodios de su historia- su "permanente" doctrina del matrimonio
indisoluble por ley natural.

La inquisición en América
Al contrario que en Europa, los tribunales de la Inquisición establecidos en las Indias se
ocuparon con frecuencia de juzgar "desórdenes sexuales" de fieles y del clero, aunque
exclusivamente en caso de "excesos extremos" dada su limitada capacidad.
El primer inquisidor general de España fue el dominico fray Tomás de Torquemada. Uno de sus
sucesores -el cardenal Adriano de Utrecht, quien más tarde sería el papa Adriano VI- produjo el
primer nombramiento inquisitorial para América: el dominico fray Pedro de Córdoba.
Uno de los primeros cometidos de la Inquisición fue intentar terminar con las propuestas
sexuales que los sacerdotes de la colonia realizaban a los penitentes durante la confesión. Este
hábito estaba tan arraigado que, antes que eliminarlo, los integrantes de los tribunales de la
Inquisición se contagiaron de él. La pena por tal comportamiento sólo alcanzaba a una mera
prohibición de confesar por un tiempo más o menos prolongado.
En 1582, la Inquisición inició proceso al obispo de Tucumán, el dominico Francisco de
Victoria. Se lo acusaba de mantener relaciones con Ana López de Herrera: "Se echaba con ella
en la sacristía". Según la mujer, el obispo la besó y le propuso amores dentro de la misma
iglesia. También se le imputaba que en la ciudad de Talavera había descasado a una pareja de
indios por pedido de la mujer, e inmediatamente había casado a la india con otro indio.
El jesuita Diego de Torres denunciaba a la Inquisición el 24 de marzo de 1610: "En las
gobernaciones de Tucumán y Paraguay se usa tomar yerba para vomitar frecuentemente.
Aunque parece vicio de poca consideración, es una superstición diabólica que acarrea muchos
daños. Los que en principio la usaron fueron los indios, por pacto y sugestión clara del demo-
nio que se les aparecía en forma de puerco. Sálense con gran ruido de las misas a orinar
frecuentemente. Les da muchos deseos de cosas de la carne y si ven a mujeres u hombres los
incitan a actos escandalosos".
El proceso más célebre de la Inquisición colonial fue desarrollado contra otro obispo de
Tucumán, fray Melchor Maldonado de Saavedra. Su primer acusador fue el jesuita Lope de
Mendoza, en una carta dirigida al tribunal el 20 de enero de 1638: "Estando (el obispo) dando
la Confirmación, llegado a una niña de buen parecer le dijo: 'Mejor es vuestra merced para ser
tomada que para ser confirmada'. En Córdoba, en el año 1631, llegó otra a quien, en presencia
de mucha gente, la alzó la pollera y dijo “Vaya, que no la he de confirmar para abajo sino
para arriba”. También se murmura que violó a doncella honrada y después le consiguió
marido, y tuvo que pagar bastante para que el esposo se conformara por no encontrarla tan
entera como debía. Muchos hombres dicen: que el obispo no ha de entrar a mi casa ni visitar a
mi mujer" (Clarence Haring). Otro testigo de este juicio, Francisco de Córdoba, declaró
(refiriéndose al obispo Maldonado de Saavedra): "Consta en toda la provincia su deshonesta
vida y la de su confesor".
La lejanía de Lima, donde funcionaba el tribunal de la Inquisición, impulsó a muchos a solicitar
al rey la instalación de otro en Buenos Aires. El último pedido se produjo el 17 de diciembre de
1766. Por fortuna, el rey no acogió esas peticiones. El 22 de febrero de 1813 -en pleno
derrumbe del imperio colonial- las cortes españolas abolieron los tribunales de la Inquisición en
todos sus dominios.

Argentina: el tabú sexual


La rigurosa moral española fue trasladada al Nuevo Mundo de la mano de los monjes y de
muchos funcionarios de la corona. Durante el período colonial, todos los placeres fueron
condenados como inmorales. Las enseñanzas del Concilio de Trento eran publicitadas por una
gran cantidad de escritores religiosos, especialmente jesuítas.
El padre de familia concertaba, a su voluntad, el matrimonio de sus hijas. Lo informaba a su
mujer y a la novia tres o cuatro días, antes del casamiento; esta costumbre estaba generalizada
entre la aristocracia local.
Las mujeres de clase alta que no tenían dote eran destinadas a la vida religiosa. Los monasterios
femeninos se convirtieron en lugares de reclusión y control de quienes no reunían las
condiciones económicas para contraer matrimonio.
La independencia de España no modificó estos hábitos, supervisados por el sacerdote de cada
familia, consejero y confesor; las pautas morales seguían estrictamente los dictados de Trento
(siglo XVI). Mientras, en Europa florecían nuevas ideas y un concepto diferente de la moral
humana: el sexo intentaba desembarazarse de su tradición vergonzante.
En 1848, un escándalo conmovió a la sociedad argentina. Camila O'Gorman -jovencita
perteneciente a una encumbrada familia- y el cura católico Wladislao Gutiérrez, enamorados, se
habían escapado para vivir juntos. Perseguidos y encarcelados, fueron condenados a muerte.
Según algunos anales, el obispo de Buenos Aires dispuso que Camila -antes de su ejecución-
ingiriera agua bendita para bautizar al hijo que estaba gestando. Ninguna voz se alzó para
defender a la desgraciada pareja: la condición religiosa de Wladislao había producido menos
escozor que el amor expresado libremente por la muchacha. Recién algunos años más tarde, un
cantar popular aportaría una lastimera evocación: "¡Oh, Camila desgraciada! / Para qué al
mundo viniste / Para ser víctima triste / De una pasión desdichada".
El ahogado Dalmacio Vélez Sarsfield -que había aconsejado a Juan Manuel de Rosas la
ejecución de Camila y Wladislao- fue el responsable de la elaboración del Código Civil
Argentino, aprobado en 1869, y que incluía la regulación de las relaciones entre los cónyuges.
Sobre él opina Ricardo Rodríguez Molas: "Pragmático, católico de formación escolástica y
jurídica, la imaginación y la belleza no tenían lugar en su existencia".
En relación al matrimonio, y a pesar de la oposición que concitaba en los círculos intelectuales,
Vélez Sarsfield logró imponer la legislación (adaptada) del Concilio de Trento. Se trataba de
mantener la familia patriarcal, el dominio del varón sobre la esposa y los hijos. La función de la
mujer se vio reducida a la de ser madre.
A pesar de la estrecha vinculación que los argentinos mantuvieron tradicionalmente con los
centros de cultura que impulsan la evolución humana, la rigidez de esas leyes fue mantenida. La
jerarquía eclesiástica conservadora, aliada con el poder económico y militar, se convirtió en un
formidable grupo de presión política que logró impedir cualquier cambio. Por idéntico motivo,
una serie de prohibiciones relacionadas con cuestiones sexuales convirtió al país en una ínsula,
donde reinaron la censura y los alertas sobre el peligro de la pornografía.

El pensamiento en libertad
Los siglos que sucedieron al Renacimiento mostraron a una Iglesia Católica que imponía su
doctrina -aún después del desgajamiento protestante- en la mayor parte del mundo. Mantenía la
facultad exclusiva de celebrar los matrimonios y conceder los divorcios. Merced a su influencia
sobre reyes y gobernantes convertía en leyes sus normas morales.
No obstante, se preparaba a enfrentar un adversario de temer: el desarrollo del intelecto
humano. Finalizada la Edad Media y el oscurantismo, inventada la imprenta, decenas de
pensadores insignes y combativos emergían sucesivamente ante la inquietud de papas y obispos.
Nacido en 1694, François Marie Arouet haría famoso su sobrenombre Voltaire. Según el
desenfadado escritor francés Roger Peyrefitte, Voltaire habría frecuentado en su adolescencia la
licenciosa Sociedad del Templo -que funcionaba en París, en el barrio del Templo-
experimentando allí .todo, incluso la homosexualidad, junto a su amigo el abate De La Fontaine.
Cualquier desorden de juventud empalidecería, empero, frente a su obra, verdadero sustento de
la Revolución Francesa de 1789.
Voltaire erigió a los cardenales y Papas como blanco preferido de sus sátiras y denuncias contra
la hipocresía y el puritanismo. En 1753, toda su obra fue condenada por la Iglesia. El escritor
contestó en 1756 con su "Essai sur les moeurs" ("Ensayo sobre las costumbres") que
produjo un escándalo. Su campaña "¡écraser l'infame!" ("¡aplastar al infame!", iniciada en
1760, tenía como destinatario el fanatismo clerical. Para la Iglesia sería "el escritor maldito". En
la segunda mitad del siglo XVIII, también en Francia, hizo notar su presencia el libertino más
famoso de todos los tiempos: Donatien Alphonse-François, marqués de Sade. Sus incursiones
por los bajos fondos de París en búsqueda de truculentas experiencias sexuales, se alternarían
con su cargo de "maestro de espectáculos" en la corte de Luis XV.
En su madurez, Sade escribió una cantidad de obras que serían objeto de prohibición, durante
largo tiempo, por parte de todas las censuras. Actualmente, se reconoce su importancia como
símbolo de una rebelión del hombre contra la sociedad y la represión.
En "Les 120 Journées de Sodom, ou l'Ecole du Libertinage" ("Los 120 días de Sodoma")
Sade alerta desde el prólogo: "Y ahora, amigo lector, prepare su corazón y su mente para la
narración más impura hecha desde que nuestro mundo comenzó".
En todos sus libros, el escritor insertó clérigos y obispos encarnando a personajes obscenos y
lujuriosos (en coincidencia con sucesos reales de su época) y acumuló denuestos contra el clero
y la religión. Pero fue especialmente en uno donde agotó su repertorio anticlerical y libertario:
"Dialogue entre un petre et un moribond" ("Diálogo entre un sacerdote y un
moribundo").
Ya en el siglo XIX la Iglesia no siente amenazada su doctrina moral y filosófica por la
"Lógica", de Georg Hegel, a quien puede conceptuar casi como un pensador religioso. Menos
aun por Arthur Schopenhauer, que considera la vida como dolor, lucha y resignación, y la
castidad y el ascetismo como caminos que agotan las pasiones. Hasta el mismo Friedrich
Nietzsche, aunque define al cristianismo como "rebelión de la casta inferior", cosecha
adhesiones dentro de la jerarquía eclesiástica que simpatiza con las ideas aristocráticas del autor
de "Así hablaba Zaratustra".
Serán otros nombres los que conmoverán la milenaria estructura eclesiástica. En el campo
político-económico Karl Marx publica "El Manifiesto Comunista" en 1848 y, en 1867, "El
Capital". Poco tiempo demora la Iglesia para declarar al comunismo como "intrínsecamente
perverso".
En las ciencias Charles Darwin recuerda el caso de Galileo, enfrentando la doctrina religiosa
de la creación del hombre. Su teoría de la evolución, desarrollada en "El origen de las
especies" no sólo presume el poligenismo humano (rechazado por la teología) sino que torna
inverosímil el episodio del pecado original.
En la literatura, muchos escritores se irán apartando de las rígidas normas de la Iglesia,
alimentando sus obras con una nueva ética y enorme libertad. Walt Whitman, por su
portentoso "Leaves of grass" ("Hojas de hierba") publicado en 1855, será acusado de
inmoral.
Baudelaire y "Las flores del mal", Víctor Hugo y "Los miserables", Paul Verlaine, loco de
amor por el adolescente Arthur Rimbaud mientras éste escribe, en 1873, en "Una temporada
en el infierno": "Tengo: la idolatría y el amor para el sacrilegio, ¡oh!, todos los vicios, cólera,
lujuria -magnífica, la lujuria..."
Dostoievski, Mallarmé, Mark Twain con su "Huckleberry Finn", Lautréamont, Tolstoi,
Ibsen.
Es un alud incontenible. El mensaje de tales genios produce perceptibles efectos de evolución
social. La Iglesia opta por una vía sin salida: ignora los cambios y se paraliza en un tozudo
dogmatismo.
Las nuevas ideas originarán una auténtica revolución en la sexología que irá incubándose en
muchas individualidades, luego en grupos, para exhibirse combativa a plena luz, apenas las
circunstancias de cada sociedad lo permiten. En tanto, la Iglesia impone la hipócrita mojigatería
y el acto sexual conyugal independiente del amor.

El puritanismo sexual
Un recato beato y luego Victoriano se vivió en los siglos XVIII y XIX. Las cuestiones sexuales
se ocultaban en el secreto de las familias o más bien se las callaba. Ponerse a hablar habría
parecido, por parte de la Iglesia, una falta de gusto espiritual, una indiscreción clerical, una
intromisión inadmisible e impúdica en el secreto familiar reservado a la conciencia libre de los
esposos y a menudo, a su silencio incómodo (Ande Dumas -"Le controle des naissances").
Puritanismo católico siciliano: el viejo príncipe revela, todo desorientado, a su confesor (por
haber ido a Palermo a consolarse de su esposa, con una prostituta): "Yo soy todavía un hombre
vigoroso, ¿cómo podría conformarme con una mujer que, en la cama, hace el signo de la cruz
antes de cada abrazo y que, en el momento más emocionante, no hace más que decir: '¡Jesús,
María!'? Cuando nos caíamos, cuando ella tenía dieciséis años eso me exaltaba, pero ahora...
he tenido de ella siete hijos, ¡siete, y jamás le he visto el ombligo! ¿Es esto justo? ¡Os lo
pregunto a todos!" (Giuseppe Tomasi di Lampedusa - "La Onza").
La Iglesia alentaba y en muchos casos participaba en los acuerdos matrimoniales sustentados en
intereses sociales o económicos. Por este procedimiento, con gran frecuencia, púberes doncellas
eran sacrificadas a la lascivia de viejos faunos. Los obispos y los Papas consideraban que no
había prostitución u obscenidad en esas cópulas sin amor, por cuanto estaban bendecidas por el
sacramento del matrimonio.
El escritor español Fernández de Moratín intentó interceder en favor del bello sexo, atacando
en su obra inmortal "El sí de las niñas" (año 1806) esa costumbre de prescindir de los deseos
de las jóvenes en cuanto a la elección de sus maridos, habitual en España. Menos afortunado
que Moliere ("La escuela de las mujeres" - "La escuela de los maridos"), la audacia de su
tesis lo hizo blanco de los ataques del clero y de políticos tradicionalistas, hasta ser denunciado
a la Inquisición. Una profunda depresión le impidió por siempre estrenar otra obra.
Libros de buenas costumbres y de moral invadían todos los rincones. Samuel Smiles acarició el
éxito a fines del siglo XIX a través de sus "obras de auxilio moral": "El deber", "El
carácter", "¡Ayúdate!" ("Self-Help").

¿Moral en los colegios?


Dentro del clero y en los colegios católicos coexistían la mojigatería y las prácticas sexuales
ocultas.
Los sacerdotes y obispos que no resistían el celibato tuvieron que esforzarse para disimular sus
aventuras. En muchos casos, la reacción incontrolada ante la castidad antinatural produjo
hechos bochornosos con la corrupción de niños confiados al cuidado de los religiosos.
En muchos colegios católicos -especialmente de varones y de alto nivel socioeconómico- se
impuso una actitud permisiva respecto de las denominadas "relaciones particulares" entre los
alumnos. Numerosos adolescentes mantenían una plena o semiplena relación homosexual con
un compañero menor, con quien se reunían en los recreos o en los paseos al campo. Los
religiosos permitían estas parejas -presumiendo desconocer su aspecto sentimental-
argumentando que producían mejoras en el estudio y la conducta. Fue célebre el caso del
colegio parisiense Louis le Grand, cuando -a principios del corriente siglo- decenas de vástagos
de familias aristocráticas fueron expulsados por causa de un escándalo originado en esta cos-
tumbre.
En los colegios de monjas, el más estricto silencio y repulsión rodeaban los asuntos referidos al
sexo. La enseñanza a las jóvenes sobre el tema se reducía a indicarles que deberían prestarse
sumisamente a sus maridos, en vistas a la procreación, pero pecarían si en ello encontraban
placer.
Dos anécdotas rescatadas del libro de André Chapelet "La Moral en el Nuevo Siglo", ilustran
sobre extremos de esta incultura en colegios religiosos femeninos.
La alumna F. (pupila de 13 años) tiene su primera menstruación. Consultada la hermana
prefecta, ésta la obliga a mantener la misma ropa interior por varios días, "en recuerdo de la
primera visita del demonio".
Las alumnas preguntan en una clase el motivo de tanto amor de Dios por la Virgen María. La
respuesta: "Porque es la madre de Jesús y no se dejó tocar por ningún hombre". Al día
siguiente, un padre enfurecido informa a la monja que su hija ha huido de su abrazo "porque él
es hombre".
Los documentos de los Papas guardaban total coherencia con esa doctrina de pacatería sexual.
"La ligereza de las mujeres y de las niñas, especialmente en el vestir y el danzar, ha pasado los
límites del pudor". (Encíclica "Ubi Arcano" -Pío XI, 1922).
"La libertad falsa e igualdad antinatural de la mujer con el marido se tornará en daño contra
ella misma, si la mujer desciende de la sede verdaderamente regia que, 'dentro de los muros del
hogar', le ha levantado el Evangelio". ("Casti Connubii" - Pío XI, 1930).
"Quien se sometiere a Dios conseguirá refrenar sus pasiones y su concupiscencia." (Id.)
"La penitencia es un arma saludable que va directamente a la raíz de la concupiscencia de los
placeres disolutos de la vida" ("Caritate Christi Compulsi" - Pío XI, 1932).
Han pasado los años y la sociedad actual, con su ritmo vertiginoso y su búsqueda de soluciones
antes que razones, observa a una jerarquía eclesiástica que parece persistir en un discurso
alejado de la realidad. La Iglesia Católica, ¿ofrece caminos sexuales razonables al separado, al
matrimonio que desea evitar los hijos, al homosexual? ¿Qué es pornografía? ¿Podrá mantenerse
el celibato sacerdotal?

La Iglesia y el sexo (V)

LA DOCTRINA ACTUAL
Renunciar al sexo es una de las maneras
de expresarlo y, probablemente, la mayor
de las perversiones.
Willhelm Reich

Anticoncepción: prohibida en sus


variantes
Uno de los fracasos más rotundos de la Iglesia en la imposición de su moral sexual, se evidencia
en el terreno de la regulación de nacimientos. Apenas una ínfima minoría de parejas respeta las
disposiciones eclesiásticas que prohíben todos los métodos anticonceptivos, excepto el llamado
"del ritmo" u "Ogino-Knaus".
Presionado por la conferencia anglicana de Lamberth en 1930, que aprobó lisa y llanamente el
control de nacimiento, el papa Pío XI produjo una precisa definición sobre el tema. En su
encíclica "Casticonnubii" admitió exclusiva, aunque veladamente, el método "Ogino-Knaus"
(relacionado al ciclo menstrual femenino), descubierto por esos años.
En la rigurosa postura aparece prohibido el método denominado de "coitus, interruptus" o
receso, que consiste en retirar el órgano sexual masculino de la vagina justo antes del orgasmo,
eyaculando fuera de la misma. Tal/Vez porque la Biblia ya lo había condenado en Onán
(Génesis, XXXVIII, 8/10).
Incluso fue desechada una proposición para permitir el coito incompleto: "Una conjunción
(cópula) que termine con exclusión*de la emisión seminal y del orgasmo femenino" (Paul
Chanson - "L'entreinte réservée"). Un "monitum" del Santo Oficio (30/6/52) declara que no está
permitido hablar de este método "como si no hubiera nada que objetarle desde el punto de vista
de la ley cristiana".
Las posiciones encontradas aparecen como el único motivo de que el Concilio Vaticano II,
finalizado en diciembre de 1965, no precisara sobre el tema. Apenas un párrafo admonitorio y
una referencia a la encíclica de Pío XI. Este titubeo fue suficiente para que en el famoso y
polémico "Catecismo para Adultos" o "Catecismo Holandés" se interpretara: "El concilio
Vaticano II no se pronunció en concreto sobre ninguno de los métodos de regulación. Podemos
reconocer en esto una evolución evidente en el seno de la Iglesia, evolución que, por lo demás,
se ha cumplido también fuera de la comunidad eclesial". Era más una expresión de deseos que
la realidad: en la Iglesia Vaticana nada había cambiado.
El descubrimiento de las píldoras anticonceptivas (anovulantes) produjo una verdadera
efervescencia eclesiástica. Los teólogos Francis Connell, Gibbons y Burch las condenaron en
1957 y 1958. Mientras Jenssens, en Lovaina (junio de 1958), escribía a favor. El papa Pío XII
debió salir al ruedo, prohibiéndolas, junto con todo tipo de esterilización indirecta.
En 1963 recomienza la polémica: H. Rock, bostoniano, católico y creador de la píldora, publica
"The time has come" defendiendo su uso. Desde su propio país, Ford, Kelly y el cardenal
Cushing se apresuran a rebatirlo.
El 21 de marzo de 1963, a través de la televisión holandesa, el obispo Bekkers insiste en otorgar
a cada pareja la decisión de la regulación. Holanda se convierte en avanzada de la evolución. En
agosto de 1963, los siete obispos holandeses (todo el episcopado) afirman que "la moral
católica discute el problema de saber en qué situaciones especiales puede aceptarse el uso de
la píldora". Tres artículos, de Jenssens, Van der Marck y monseñor Reuss, apoyan
inmediatamente la posición flamenca.
En abril de 1964, monseñor Tomás Robert (ex arzobispo de Bombay) avanza, cuestionando la
racionalidad integral del planteo católico sobre la anticoncepción.
En mayo del mismo año, irrumpe en escena el episcopado inglés para enfrentar a sus pares
holandeses: "La anticoncepción es contraria a la ley de Dios".
En este contexto, el papa Paulo VI anuncia el 23 de junio de 1964 la constitución de una
comisión para estudiar el tema. En 1967, por premeditada indiscreción de algunos integrantes,
se conoce que los miembros de esa comisión no han logrado conclusiones unánimes. Mientras
el dictamen de una minoría condena todo método anticonceptivo no natural, la mayoría ha
opinado que "la facultad sexual no es sólo para la procreación sino también para expresar
amor en el matrimonio". En otra parte: "El hombre es administrador de su facultad sexual y no
se ve por qué sea inmoral hacer colaborar a la técnica para ese cometido". No obstante el
parecer mayoritario, el papa Paulo VI produce la encíclica "Humanae Vitae", reafirmando la
postura tradicional de la Iglesia. Aunque no logra cerrar el debate.
De todas maneras, no se alcanza a vislumbrar a quiénes involucran las prohibiciones: la mayoría
de los católicos en todo el mundo ni repara en la existencia de esa anacrónica doctrina.

Las interpretaciones del celibato


Un asunto que estaba latente en los pliegues más íntimos de la Iglesia ha aflorado con su
discusión pública: el celibato sacerdotal.
Contradiciendo generales creencias, el clero que sucedió a Jesucristo no nació celibatario; hasta
el siglo XIII se conocen casos de sacerdotes casados formal y públicamente. La cuestión se
inició con la resistencia a un nuevo casamiento de los ministros de la Iglesia que quedaban
viudos, para derivar en una afirmación progresiva de la incompatibilidad entre los estados
conyugal y sacerdotal. Las primeras interdicciones se remontan a principios del siglo IV, la
generalización de la regla al siglo XI ("Le controle des naissances", André Dumas).
Es difícil elaborar una explicación consistente para esta imposición de la Iglesia a sus cuadros.
Algunos sexólogos han hablado de una tradición ancestral, nacida de "una repugnancia visceral
al sexo". Filósofos y psicólogos, por su parte, prefieren coincidir con la sutil asociación de
Franz Kafka: "Celibato y suicidio se encuentran en el mismo grado del conocimiento"
(Charles Moeller - "Litératture du XX siécle et Christianisme").
Como producto de esta castidad antinatural, los escándalos sexuales del clero jalonaron la
historia. La progresiva rigurosidad interna impuesta desde el siglo XVIII se hizo notoria en las
penas establecidas en el Código de Derecho Canónico de 1917, para este tipo de delitos
cometidos por religiosos: por concubinato, se los suspendía de su ministerio "a divinis" (canon
2359/1). Por corromper menores de dieciséis años y por adulterio, estupro, sodomía o zoofilia,
se los suspendía y declaraba infames (canon 2359/2).
Sincerando numerosas situaciones internas, el papa Paulo VI optó por conceder autorizaciones
(dispensas) a quienes desearan contraer matrimonio. Aproximadamente 4.800 sacerdotes
dejaron la Iglesia a través de ese permiso.
El acceso al pontificado del rígido y conservador Juan Pablo II abortó la evolución: las
dispensas para matrimonio fueron sistemáticamente negadas. Se prefirió recurrir al método
tradicional: actuar sobre las consecuencias y no sobre las causas. En el nuevo Código de
Derecho Canónico de 1983 aparecieron suavizadas las penas por los delitos sexuales: el
concubinato merece suspensión simple y los demás "deben ser castigados con penas justas".
En los últimos años, las voces solicitando una mudanza al celibato optativo fueron cada vez más
frecuentes y numerosas. El movimiento "Vocatio" de sacerdotes italianos, célibes y casados,
opinó: "El problema del celibato libre y del ministerio de los casados va inserto en la dinámica
del posconcilio". En España, su similar, el Movimiento por el Celibato Opcional, recordaba:
"La ley de celibato data del siglo XII y obedece a un concepto negativo de la sexualidad". (La
Razón, 16/6/85.)
El Episcopado Argentino, aliado a las corrientes más reaccionarias de la Iglesia, emitió su poco
sorpresiva opinión en el aparato de uno de sus documentos: "El celibato no es una creación
puramente jurídica de la Iglesia. El Señor, virgen, nacido de una Virgen, supo rodearse de
varones virginales, aunque (hubiera algunos) unidos en matrimonio". La interpretación se hace
espinosa ante tan disímiles y dogmáticas virginidades...
En la segunda quincena de agosto de 1985, se reunió en Anecia, Italia, el Sínodo de Sacerdotes
Casados y sus Esposas. Ciento cincuenta delegados representando a 15 países y, según sus
declaraciones, con el respaldo de 70.000 religiosos. Por la Argentina concurrió el ex obispo de
Avellaneda, Gerónimo Podestá, y su esposa. El Sínodo intentó remover las disposiciones sobre
el celibato en la Iglesia, considerándolo injusto y teológicamente infundado.

El incómodo tema de la homosexualidad


El tema de 1.a hemofilia u homosexualidad ha sido, históricamente, uno de los más incómodos
para la Iglesia Católica. Aún en la actualidad, transita entre la ortodoxa condena de Juan Pablo
II y la "comprensión" del clero progresista.
Probablemente, el catecismo holandés sea la mejor expresión de la postura más benigna: "No
está en la mano del hombre (o de la mujer) el sentirse o no atraído hacia el otro sexo. La
homosexualidad es de origen desconocido. No hay que sacar falsas conclusiones del rigor con
que la Sagrada Escritura habla contra la práctica de la homosexualidad (Génesis, XIX -
Romanos, I). No lo hace para poner en la picota a hombres que, sin culpa suya, son víctimas
de esa anomalía. La Biblia se refería a gentes que se dejan contagiar de una moda, extendida
incluso entre muchos que podrían tener relaciones normales con el otro sexo".
No obstante, subsiste la angustia de los homosexuales católicos, que carecen de una guía moral
razonable.
En la conocida novela de Carlos Coccioli "Fabrizio Lupo", el protagonista -un homosexual
católico practicante- pregunta a la Iglesia: "Dado que, por una parte, soy irreparablemente
homosexual, y por otra irreparablemente refractario a la vida monástica, ¿en qué orden
humano y espiritual se me concede que viva?" El autor, en el prólogo, analiza así la frase:
"Acerca del 'irreparablemente' de Fabrizio Lupo (el protagonista), no creo que pueda admitirse
discusión alguna: una copiosa literatura médica prueba que no basta no querer ser
homosexual para dejar de serlo, y una secular práctica católica prueba que no se puede
imponer la represión de la carne a quien no ha nacido para santo". Y concluye Cario Coccioli:
"Hay que decir que la pregunta de Fabrizio Lupo ha quedado, hasta hoy, sin respuesta".
La homosexualidad, por otra parte, presenta otras connotaciones para la Iglesia Católica. Es
innegable que la proporción de sujetos con tendencias homosexuales es importante en los
medios eclesiásticos. Ya Santa Catalina de Siena, Savonarola y Rousseau lo afirmaron, al igual
que los psicólogos modernos. "Si se ordena a un hombre así, el obispo cuidará de no darle
lugares donde le sea más difícil su vida: deberá tener un apostolado no exclusivamente de su
propio sexo" ("Apuntes de Teología Moral", Facultad de Teología UCA).

La condena de los placeres solitarios


Aunque puede parecer un asunto menor, los "placeres solitarios" han sido tema de extensos
análisis por parte de los moralistas eclesiásticos.
La masturbación es, según la Iglesia, un pecado contra la naturaleza. La "perversión del acto
respecto al fin" aparece como razón teológica. Todo proviene del rechazo eclesiástico al placer
como objetivo en sí mismo; aunque es revelador consignar que tal prohibición no afecta a otros
casos: la bebida, la comida, o las diversiones.
El único caso de masturbación lícita que admite la doctrina católica es el de la esposa, si no ha
conseguido llegar al orgasmo durante el acto sexual.
La polución involuntaria (ocurre generalmente de noche, durmiendo) representó problemas para
muchos teólogos y autores medievales: se estimaba que podría haber "peccatum in causa" en la
medida de haberla provocado con pensamientos precedentes al sueño, las comidas, o la calidad
de la cama. Para ellos, el esperma era un residuo de la alimentación, cerno la transpiración y la
orina, especialmente relacionado con la carne, los huevos y la leche. En la actualidad, se
reestudia este concepto en base a los descubrimientos que señalan que una alimentación
insuficiente debilita los centros nerviosos que controlan la sexualidad (A. Pie. "La
masturbación", Selecciones de Teología, 1966).
Cabe consignar un dato curioso y poco conocido sobre el criterio católico respecto a la
masturbación. Tal vez para no despertar hilaridad la Iglesia oculta que, según sus disposiciones,
le está prohibido a los católicos la masturbación con fines médicos (análisis seminal). Este
concepto dogmático evoca otra postura semejante: la negativa de los Testigos de Jehová a las
transfusiones sanguíneas.

Pornografía en la Argentina
Mientras en otras naciones occidentales el clero se adaptó a convivir con la pornografía
institucionalizada y pudo asistir a su decadencia, destino fatal de esta distorsión de la sexualidad
cuando se la permite libremente, el episcopado local prefirió imponer la más férrea represión a
cualquier manifestación pública de sexo soft o de simple erotismo, haciendo de los reprimidos
argentinos infaltables clientes de los live-shows y porno-shops internacionales.
La jerarquía clerical se abocó incansablemente a señalar como el germen de extremos
desórdenes a la libertad sexual. Para atemorizar, no vaciló en vincularla con la violencia, los
extremismos políticos y la droga. Curiosamente (o explicablemente) esta preocupación
eclesiástica se manifestó durante los períodos constitucionales y no en los de dictadura, según
surge de los "Documentos del Episcopado Argentino, 1965/1985".
Apenas instalado el gobierno peronista de 1973, en su "Carta sobre matrimonio y familia"
(26/10/73), la Conferencia Episcopal ya denunciaba el reinado de Sodoma y Gomorra: "La
moral sexual está profundamente corrompida. El concubinato cunde; el adulterio,
públicamente tolerado; las relaciones prematrimoniales, justificadas. Las drogas proliferan.
Los esposos, los jóvenes, los niños respiran como normal este ambiente infectado de desorden
moral".
Un año más tarde, los obispos sumarían el alerta por "la proliferación de casas de citas y otros
centros de corrupción" ("Mensaje en el Año Santo", 30/11/74).
El golpe subversivo de "los centuriones de los valores occidentales y cristianos", en marzo de
1976, tranquilizó a la cúpula eclesiástica. Cualquier expresión de sexo fuera del matrimonio fue
severamente prohibida y perseguida. Pasquim, la mordaz publicación brasileña, ironizaba:
"Argentina, paraíso da masturbagao".
Al gobierno del doctor Alfonsín se le concedió apenas un breve respiro; cuando el entonces
secretario de Cultura Carlos Gorostiza anunció que se proyectaba autorizar la exhibición de
películas de sexo explícito en salas especiales, monseñor Di Stéfano, arzobispo de San Juan,
inició la embestida: "La Argentina no se nutrió en el fango de la posguerra europea, sino en la
mística hispano-criolla" (Clarín y Ámbito Financiero, 15 y 16/2/84).
El nuncio Ubaldo Calabresi, con una desconcertante acusación, se unió al ataque
inmediatamente: "La pornografía y la procacidad infectan los medios de comunicación" (La
Razón, 28/2/84).
Desde ese tiempo, en todos los documentos y reuniones del episcopado tuvo su mención la
supuesta pornografía que habría invadido el país. Pornografía con más espacio en las
recurrentes fantasías sexuales de los denunciantes que en el tímido destape local.
Apuntando a la "antipatía por asociación", la Conferencia Episcopal no vaciló en enlazar, con
irresponsable liviandad, el sexo con la violencia y la droga. Es transparente ese objetivo en el
documento ("Construyamos todos la nación") del 10 de noviembre de 1984: "En distintas
oportunidades nos hemos referido a la creciente pornografía que se va difundiendo en el País
de manera alarmante. Podría agregarse que el desorden sexual es, en gran medida, generador
de violencia dentro de la sociedad y destructor de los más altos ideales, incluso el patriotismo,
en los jóvenes. Observamos con temor y gran dolor la difusión entre la juventud, de la droga".
El 25 de marzo de 1985, la diputada Fausta Martínez ofrendó su banca a la Virgen, en una
concentración frente a la catedral metropolitana, convocada por un nucleamiento denominado
"Fuerza Moral", bajo el lema: "Por nuestros hijos, contra la pornografía".
La suma de estos episodios motivó un lúcido análisis de Pablo Giussani: "Hay una difusa y
muy cultivada mentalidad que ve en la pornografía la antesala del marxismo-leninismo. A esta
asociación se viene sumando otra entre democracia y pornografía, con lo que la etapa
institucional abierta el 10 de diciembre de 1983 aparece caracterizada como una generadora
indirecta de bolcheviquismo. ¿Cómo se puede evaluar moralmente el hecho de que en esta
atribulada Argentina, salpicada de fosas comunes, la identificación del horror caiga sobre las
'Memorias de una princesa rusa'?" (La Razón, 27/3/85).
El 16 de noviembre de 1985, la Iglesia solicito la intervención del entonces presidente Alfonsín
ante la posible exhibición del film "Je vous salue, Marie". Los obispos se horrorizaron ante la
simple idea de que el sexo completara la imagen "incontaminada" de la virgen María. La revista
conservadora católica Esquiú tituló en su primera plana del 8 de diciembre de 1985: "La Virgen
María y los pornógrafos". El mismo encabezado que el de un delirante editorial de Luis Luchia-
Puig.
Mientras tanto, en Londres, el obispo de Inglaterra Derrick Childs recriminaba a la editorial
Rescate Emocional por publicar tarjetas pornográficas navideñas con motivos religiosos. En la
más conflictiva, aparecían desnudos en la cama la virgen María y el arcángel Gabriel; en una
viñeta éste preguntaba: "¿A qué hora regresa José de la carpintería?" La editora admitió que la
tarjeta era grosera, pero que no la retiraría de la venta: "Sí hay gente a la que no le agrada, no
tiene por qué comprarla" (La Razón, 9/12/85). Excede la imaginación presumir a qué extremos
hubiera llegado la "Inquisición" vernácula frente a similar situación.

La propuesta: el amor
La investigación "Iglesia y Sexo" ha estado dirigida a recorrer la historia de la Iglesia Católica a
través del comportamiento del clero y sus enseñanzas respecto del sexo.
Es posible resumir el aspecto fundamental de esa doctrina: la jerarquía eclesiástica dictamina
que el sexo es lícito exclusivamente dentro del matrimonio -sin importar si tal relación contiene
o carece de un sentimiento afectivo real-, y es sucio y pecaminoso fuera de él.
Con todo respeto, sea permitido proponer un criterio distinto y largamente más ético: sin
importar la condición de los protagonistas, con amor, el sexo es la expresión más perfecta del
sentimiento humano. Sin amor, se convierte en una manifestación inferior; aunque haya habido
marcha nupcial.
LA IGLESIA Y EL SEXO (HISTORIA) BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:
Le controle des naissances (André Dumas, 1965).
Confesiones (San Agustín - Ed. Poblet, 1941).
Homosexuality and the Westem Christian Tradición (D. S. Bailey).
La Onza (Giuseppe Tomasi di Lampedusa).
Divorcio y Familia Tradicional (Ricardo Rodríguez Mola - Centro Editor).
Prontuario de la Teología Moral (T. Francisco Larraga - Imprenta Benito Cano, Madrid, 1802).
The Spanish Empire in America (Clarence Harding - Ed. Oxford University).
Colección Encíclicas Pontificias (Facultad de Filosofía y Teología de San Miguel -Ed. Guadalupe, 1952).
La Masturbación (A. Pie - Selecciones de Teología, 1966).
Summa Theologica (Santo Tomás de Aquino - París, 1872).
Historia de la Prostitución (Pierre Dufour - Ed. Pons, 1875, dos tomos).
Eglise Espagnole des Indes a la Fin du XVIIIe. Siécle (G. Desdevises du Dezert).
El Matrimonio, ¿Es Indisoluble? (Teólogos Univ. de Nôtre Dame - Ed. Sal Terrae,
La Perfecta Casada (Fray Luis de León).
La Santa Biblia (Ediciones Paulinas, 1966).
Concilio Ecuménico Vaticano II (Editrice Ancora, 1965).
Concilio Vaticano II (Biblioteca Autores Cristianos - Madrid, 1965).
Documentos del Episcopado Argentino, 1965/1981 (Ed. Claretieana, 1982)-
Documentos, 1982/1985 (Conferencia Episcopal Argentina).
Thelogiae Catholicae Schemata (Univ. Gregoriana - Roma, 1963).
Historia de los Papas (Agustín Sabat y Carlos Castiglione - Ed. Labor, 1951 dos tomos)
Historia de los Papas (Ludovico Pastor - Barcelona, 1910) (26 tomos)
Los Malos Papas (E. R. Chamberlin - Aymá Editora, 1972).
Eros y Civilización (Herbert Marcusse - Ed. Sarpe, 1983).
Enchiridion Simbolorum (Henrici Denzinger - Ed. Herder, 1947).
Apuntes Sobre Doctrina Sexual (Facultad de Teología, UCA - 1971).
Compendio Sobre Enfermedades Venéreas (J. F. Fritze - Imprenta Real. Madrid, 1796).
Código de Derecho Canónico (Papa Benedicto XV, 1917).
Comentarios al Código de Derecho Canónico (Varios Autores – Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1963,
4 tomos).
Derecho Canónico Posconciliar (L. Domínguez, C. Alonso Moran, MP Cabreros de Anta - Biblioteca Autores
Cristianos, Madrid, 1967).
Commentaria In lus Canonicum (Facultad de Derecho Canónico, Univ/- Gregoriana -Roma, 1963).
Código de Derecho Canónico (Papa Juan Pablo II, 1983).
Les Garc.ons (Henry de Montherlant - Ed. Gallimard, 1969).
La Inquisición en el Río de la Plata (José T. Medina - Ed. Huarte, 1945).
El Nombre de la Rosa (Umberto Eco, Ed. Lumen, 1984).
Sacramento de la Penitencia (apuntes) (Facultad de Teología, UCA, 1972).
Littérature du XX Siécle et Christianisme (Charles Moeller - Ed. Casterman, París, 3 tomos)
Un Tesoro en Vasijas de Barro (Joyce Ridick S.S.C - Ed Atenas, Madrid. 1983)
Experiencia en Dios y Celibato Creativo (Luis J. González, OCD) – Medellín, vol. 7, México, dic. 1981).
A General Introduction to Psychoanalysis (Sigmund Freud - Garden City Publishing, N. York, 1943).
Historia de la Prostitución en España y América (E. Rodríguez Solís, Biblioteca nueva-Madrid. 1921).
La Papisa (Paul Murphy - Rene Harlington).
Essai sur les Moeurs (Voltaire - Ed. Gallimard, 1970).
Os 120 días de Sodoma (Marqués de Sade - Ed. e Distrib. de Livros Ltda.., Sao Paolo, 1980).
Dialogue entre un Petre et un Moribond (Marqués de Sade - París, 1921).
El Deber (Samuel Smiles - Ed. Garnier Freres, París, 1889)
El Origen de las Especies (Charles Darwin - EDAF, Madrid, 1965).
Nuevo Catecismo para Adultos (Catecismo Holandés - Ed. Heder, 1969).

La Iglesia y el sexo (VI)

EL CARDENAL Y LA CORISTA
"Falleció el cardenal francés Jean Danielou", titulaba en su página 2 el diario Clarín, el 23 de
mayo de 1974. Y así ampliaba la noticia: "PARÍS, 20 (AFP y ANSA) - El cardenal francés Jean
Danielou, una de las figuras más representativas de la Iglesia de su país, falleció hoy
repentinamente, mientras se encontraba en casa de unos amigos. El purpurado, de 69 años, se
sintió súbitamente descompuesto y expiró pocos minutos después, pese a que fuera
inmediatamente socorrido. Los médicos diagnosticaron infarto de miocardio".
Jean Danielou, jesuita, había sido considerado un progresista durante la década del '40, cuando
fue nombrado decano de la Facultad Teológica de París. También, una voz destacada en el
Concilio Vaticano II. Conforme avanzaba en edad habían menguado sus impulsos renovadores
y en sus últimos años se encolumnaba claramente junto al clero tradicionalista.
Dos años antes de su muerte, en abril de 1972, el cardenal francés había visitado Argentina.
Recibido por las más altas autoridades y hasta por el propio general presidente de turno, regresó
a París con varios doctorados Honoris Causa bajo el brazo: entre otros, los de la Universidad
Católica Argentina y de la Universidad del Salvador.
Miembro de la exclusiva Academia Francesa, la muerte de Danielou provocó una competencia
de evocaciones laudatorias. Los dignatarios eclesiásticos y los políticos galos de todo signo
expresaron su inmenso pesar desde las páginas de los periódicos, que se extendían
proporcionando detalles de su vida prolífica y su triste fin. Sobre este último aspecto, para mu-
chos pasó inadvertido o consideraron una confusión informativa la diversidad de sitios donde
cada medio de prensa ubicó el deceso del prelado. Además de situarlo en casa de amigos, se lo
hacía morir en plena calle, subiendo las escaleras del departamento de un enfermo y hasta en la
sacristía de Nôtre Dame.

La bella Mimí
Pero hubo alguien que encontró sospechosa tanta disparidad y consideró oportuno investigar. En
su edición del 29 de mayo, el inefable semanario satírico Le Canard aparecía en las calles de
París con explosivas revelaciones sobre la muerte del cardenal: "Las circunstancias del deceso
de un personaje como el prelado exigen el mayor rigor en la verdad histórica".
Según la publicación, Danielou no había muerto en ninguno de los lugares indicados por la
prensa, sino en el cuarto piso del número 56 de la calle Dulong (París, 17). Exactamente en el
interior del departamento alquilado por la señorita Mimí Santoni, una hermosa rubia de 24 años.
De acuerdo con Le Canard, poco más tarde del imprevisto fallecimiento se precipitaron al
departamento un comisario y varios policías, ante la sorpresa de la gorda portera de la calle
Dulong. Después de interrogar a la joven inquilina, el comisario informó que el cardenal había
entrado y a los pocos minutos cayó fulminado: "Evidentemente, venía a confesar a la señorita",
concluyó.
Detrás de los funcionarios policiales, acudieron al lugar varios religiosos con aire de obispos.
Esa noche, Mimí no dejó de acudir a su trabajo en el cabaret.
Le Canard dejaba expresa constancia de su coincidencia con la policía: "Lo mismo que el
comisario, nos inclinamos por la tesis de la confesión a domicilio. Si la señora Santoni recibió
al purpurado en salida de baño fue, con seguridad, porque consideraba inconvenientes su
ropas habituales”.
También se ocupaba de puntualizar curiosas resonancias en varias oraciones fúnebres dedicadas
al cardenal. Maurice Schumann (Le Fígaro, 24/5/74) había escrito: "¿Por qué Danielou
alimentaba su fiebre? Quien toma a Dios en serio se convierte en un hombre perdido. Perdido
por el amor y sus enormes desarreglos".
Y Xavier Tilliette: "En el éxtasis del apóstol fue al encuentro del Dios viviente". Seguramente
impresionado, Le Canard repetía: "Ah, claro, en el éxtasis".

Sombras de chantaje
Para la edición del 5 de junio de 1974, la columna que Le Canard había dedicado a la muerte
del cardenal se extendió a una página entera, bajo el título: "El affaire Danielou: ¿la verdad es
escandalosa?", explicaba el semanario: "¡Qué revuelo desencadenó nuestra revelación! Cables
a los diarios, mensajes cifrados al Vaticano, investigación paralela encomendada a altos
prelados".
Y se entretenía (con total desenfado) en revelar nuevos secretos del asunto que, a ese tiempo,
apasionaba a toda Francia.
El padre Costa, superior de los jesuítas en París, se había hecho cargo del delicado asunto,
llegando rápidamente al número 56 de la calle Dulong. Pisándole los talones, apareció por el
departamento el nuncio apostólico Egano Righi-Lambertini, representante del Papa en Francia.
Fue él quien notificó al cardenal Villot, secretario de Estado de Paulo VI.
Una vez que el cuerpo del desafortunado Danielou fue trasladado, el padre Costa se apresuró a
telefonear a todas las redacciones, pidiendo suma discreción sobre las circunstancias funestas.
Así quedaban explicadas las distintas versiones periodísticas. Pero se lamentaban desde Le
Canard: "¡Ay! Al buen prelado se le olvidó comunicarnos las consignas".
Cuando el padre Costa se enfrentó con la información publicada por el semanario, procedió
como un jesuita de ley: lanzó una nueva explicación. Según él, el cardenal Danielou acudía
hacia tres meses (un detalle novedoso) a la casa de la joven Santoni para arreglar un chantaje al
que era sometido una alta personalidad amiga suya. En esta última visita, con el fin de poner
punto final a la situación, llevaba encima una elevada cantidad de dinero.
A tono con su estilo, Le Canard no desaprovechó la jugosa tesis del padre Costa. Esa "alta
personalidad amiga" de Danielou, "¿era laica o religiosa?”, se apresuró a preguntar. En cuanto
a la importante suma de dinero, "¿saldría del culto?"
De paso, acercaba otras informaciones a sus lectores y al mismo padre Costa: la policía vigilaba
desde hacía seis años (no tres meses) "las actividades extrasacerdotales de su eminencia". Y
sobre el departamento de la calle Dulong: "El mismo Chirac (más tarde, primer ministro de
Francia) habría sido otro asiduo visitante".

Silencio de obispos
Ciento veintiséis prelados, cardenales, obispos y arzobispos de Francia se reunieron en París a
fines de marzo del 74, preparándose para el sínodo que se realizaría en octubre en el Vaticano.
Lo cierto es que el tema de la convocatoria quedó relegado por un problema candente: ¿cómo
tratar la muerte del cardenal Danielou?
Se debatió si mantener que había muerto "en el éxtasis del apóstol", es decir, por la extrema
tensión en el momento de la unión con Dios. Esa tesis fue desechada por la gran mayoría:
hubiera sido un festín para la mordacidad de la publicación que desvelaba a todos.
Y los santos varones discutieron el delicado punto central: ¿convenía contestar los artículos de
Le Canard publicando una versión oficial, o era mejor callarse?
Navegaron un poco sobre la hipótesis del chantaje a una "alta personalidad". Finalmente se le
sugirió suavemente al padre Costa que renunciara a publicar un "Libro Blanco" sobre el tema.

Así fue como la noble asamblea, que tenía programado rendir homenaje al difunto, se disolvió
sin producirlo. Sí se comprometió a evitar "imprudencias" en el empleo de palabras que podían
prestarse a ironías descorteses.
En el Vaticano, el papa Pablo VI había manifestado una gran tristeza: Danielou era su preferido.
El Superior de los jesuítas y el secretario de Estado vaticano, en cambio, no se veían
compungidos. Seguramente porque el padre Arrupe y el cardenal Villot estaban en
conocimiento de las incursiones extrasacerdotales del cardenal académico, informados por un
alto funcionario de la policía. En Roma no gustaban del éxtasis.
Le Canard, el 12 de junio, desafiaba a la prensa seria: "Entonces, queridos colegas de Fígaro,
LExpress, Le Monde, Parisién Liberé, L´Aurore, ¿les seguimos haciendo creer a los lectores
que el cardenal murió de un ataque cardíaco en la calle? ¿Ahora que conocemos los
pormenores? ¡Qué curioso! La prensa extranjera parece menos preocupada por respetar lo
permitido. El semanario inglés The Sun, del 10 de junio, cuenta cómo Danielou, considerado
'uno de los dignatarios más mojigatos de la Iglesia Católica francesa' murió en el
departamento de la bailarina de strip-tease Mimí, alias señora de Santoni, quien
posteriormente desapareció".

El éxtasis del apóstol


Dos días después de la publicación de Le Canard, el episcopado alumbró un documento sobre
el caso Danielou. Con su milenaria tradición de ambigüedad, la Iglesia de Francia había
producido, según diría Le Canard, "un modelo en el género, que conservaremos
piadosamente".
La jerarquía eclesiástica no podía omitir referirse a las informaciones del semanario: "Graves
insinuaciones respecto de la persona del cardenal Danielou; sobreentendidos infamantes;
acusaciones satíricas", denunciaba, con un destinatario muy claro. La guerra frontal había sido
declarada.
Y Le Canard se relamía en la confrontación. "Ustedes saben muy bien, padres, que nuestra
tarea consiste en desinflar hipocresías. Y es una hipocresía dejar publicar que el cardenal
Danielou había muerto en la calle, afectado de un infarto, cuando ustedes sabían que el santo
varón murió en el departamento de Mimí, en el número 56 de la calle Dulong. En el co-
municado ustedes aseguraron que 'la preocupación por la verdad' es el único determinante de
su conducta. Por el momento, sea dicho sin caer en el pecado de orgullo, los católicos y la
opinión pública, en general, supieron la verdad gracias a nosotros".
El comunicado de los obispos excusaba explícitamente la presencia del cardenal en el lugar de
su muerte: "Su apostolado se extendía a los medios más diversos y a los casos más
desheredados". Y Le Canard celebraba la explicación: "¡Enhorabuena! Cuando el cardenal
encontró el éxtasis del apóstol en casa de la bailarina Mimí, se encontraba en el ejercicio de
sus funciones sacerdotales. Eso aclara todo".
El semanario enfrentó, también, la acusación de que era ruin atacar a un hombre por su vida
privada. "En primer lugar, el cardenal académico Danielou era un hombre público. A menudo
aparecía en TV, se lo consideraba candidato a Papa; era evidente que quería entrar en la
Historia, ¿Están tan resentidos con nosotros por haber querido establecer la verdad histó-
rica?"
Se dice también: "El no está para defenderse". ¿Defenderse de que, padres? No fue él quien
pretendió disfrazar la realidad. Son ustedes los quise defienden. Y entre nosotros, reverendos,
no nos parece escandaloso que haya muerto en los brazos de la bella Mimí. A nuestros ojos,
con o sin éxtasis, es una hermosa muerte. No somos nosotros los que predicamos el celibato
sacerdotal".

¡Adieu, papado francés!


Los últimos disparos los lanzó Le Canard cuando sus adversarios jugaban una silenciosa
retirada. El 26 de junio se ocupaba de contestar ciertas alusiones de los semanarios Le Point,
L'Express, Le Nouvel Observateur.
"Es siempre la misma cantinela: somos unos monstruos que no respetamos la vida privada.
Que quisimos perjudicar la memoria del cardenal. Repetimos, ya que se hace necesario, que
nuestro objetivo fue el de restablecer la verdad acerca de la circunstancia de la muerte de
Danielou, contra la versión publicada oficialmente. Después informamos cómo y por qué
guardó silencio la jerarquía eclesiástica. Nos sorprende, hasta nos aflige, que haya periodistas
que reprochen esta actitud".
En tanto, el embajador francés en el Vaticano, Gerard Amanrich, era convocado por el cardenal
Villot, quien le pidió que solicitara a las autoridades civiles y eclesiásticas de Francia que
callaran en cuanto al asunto Danielou, "para no envenenar las cosas".
El valor de las acciones de la Iglesia francesa bajó en el Vaticano. No a nivel moral sino a nivel
político: Danielou se contaba entre los candidatos al papado. Su travesura barrió por mucho
tiempo la esperanza de ver un Papa francés: "Debió haber sido más prudente", fue el juicio
general de los cardenales de Roma.
Aunque en Argentina nunca se publicaron los entretelones de la muerte del cardenal Danielou,
la prensa local dio pistas suficientes al lector perspicaz. Decía La Nación, el 21 de mayo de
1974: "Como hombre de pensamiento, nunca olvidó su vocación de sacerdote y apóstol de su
fe". Y agregaba: "La muerte lo sorprendió en pleno ejercicio de su incesante trabajo...
SUMARIO
Prólogo
I- EL PODER ECONÓMICO 11
De qué vive la Iglesia argentina 13
II - EL OPUS DEI 21
¿Santa mafia o catolicismo moderno? 23
Los estatutos secretos 31
Los bienes 35
Miembros y sociedades 43
J

III -LA ORDEN DE MALTA 51


IV -LOS MILAGROS 59
La virgen que se aparece en San Nicolás 61
La virgen que lloró en Solano 69
V - LA POLÍTICA Y EL CRIMEN 75
El asesinato de los palotinos 76
VI-EL SEXO 91
Desde Adán y Eva hasta el año 1000 93
La Edad Media 103
Del Renacimiento a la Revolución Francesa 111
La Colonia y los últimos siglos 121
La doctrina actual 129
El cardenal y la corista 139

Impreso en Imprenta Rosgal S.A.


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