Sei sulla pagina 1di 5

CRISIS DEL ANTIGUO RÉGIMEN EN ESPAÑA.

DE LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA A LA CONSOLIDACIÓN


DEL ESTADO LIBERAL.

La crisis del Antiguo Régimen marca el inicio de un cambio profundo en las


estructuras política, social, económica y cultural. La revolución liberal-burguesa dio
fin a todos los presupuestos considerados, hasta entonces, como inamovibles y
sagrados, sustituyéndolos por unas nuevas bases: estado liberal-constitucional,
sociedad clasista y economía capitalista, con nuevos valores socio-culturales.
La sociedad burguesa transformó el régimen de propiedad de la tierra,
instituyendo la propiedad privada, identificándola con los demás derechos
inalienables del hombre. Esta sociedad difundió la igualdad jurídica y política. Todos
estos cambios se produjeron en España a lo largo del siglo XIX, teniendo una fase
crucial y decisiva en el reinado de Fernando VII. La invasión supuso la coyuntura
favorable para que buena parte del país tomara conciencia de la necesidad de
aplicar reformas.
Durante el período de 1780-1808 hubo una grave crisis económica, social y
política, dando lugar a malas cosechas, motines antinobiliarios, críticas a las
amortizaciones y vinculaciones, dificultades de la Hacienda y agravamiento de la
situación internacional, que incidieron en la producción manufacturera y comercio
ultramarino. La tierra era cara y las vinculaciones y monopolio de la tierra por parte
de la nobleza e Iglesia impedía los arrendamientos a largo plazo, ello suponía pocas
inversiones en el sector agrario e industrial, debido a la escasa acumulación de
capital y la carencia de un mercado interior articulado. La crisis se acentuó con el
freno del sector algodonero catalán y, a partir de 1808 con la pérdida de las
colonias americanas. Los conflictos internacionales y la crisis económica
empeoraron las finanzas produciendo problemas para pagar la deuda y los
intereses. Esta situación llevó a Godoy a adoptar las primeras medidas
desamortizadoras que afectaron a los bienes eclesiásticos. Durante el reinado de
Carlos IV, la política interior y exterior en España estuvo condicionada por la
Revolución Francesa que llevó al fin de la etapa reformista. Godoy, a favor de salvar
a Luis XVI en la guerra de 1793, firma los Tratados de San Ildefonso y de
Fontainebleau (1807), lo que lleva a la crisis de la monarquía española.

1. Motín de Aranjuez. Al final del reinado de Carlos IV fueron ocasionados


enfrentamientos militares dando lugar a la formación de un “partido fernandino”,
formado por miembros influyentes, enemigos de Godoy. En octubre de 1807
aparecen publicaciones de panfletos en contra de la reina y Godoy (Conjura del
Escorial), por ello se producen encarcelamientos, pero los detenidos son declarados
inocentes por el Consejo de Castilla en el juicio. En marzo de 1808, miembros de la
nobleza opuestos a Godoy y apoyados por el príncipe de Asturias se vengan de lo
sucedido y se produce el Motín de Aranjuez, protagonizado por la nobleza, el clero y
la camarilla del príncipe. La excusa la retirada a Andalucía de la Familia Real, para
evitar que cayese en manos de Napoleón. Las consecuencias fueron la caída y
prisión de Godoy y la abdicación de Carlos IV en su hijo Fernando (19 de marzo
1808).

2. Abdicaciones de Bayona. Acto del 6 de mayo 1808 por el que Fernando VII
es obligado a devolver la corona a Carlos IV, quien ya la había traspasado
anteriormente a Napoleón. Éste la otorgó a su hermano José Bonaparte el 4 de
junio. Carlos IV puso dos condiciones: la unidad de los dominios españoles y el
respeto a la religión católica. Este hecho es consecuencia directa y nefasta del
Motín de Aranjuez, que supuso la liquidación de la monarquía española como
entidad independiente.

3. 2 de mayo. Los sucesos del 2 de mayo se iniciaron cuando Francisco de


Paula fue obligado a trasladarse a Francia, éste fue un movimiento espontáneo. El
levantamiento suponía que, ante el fracaso de las instituciones del Antiguo
Régimen, existían otras fuerzas capaces de sustituirlas: el pueblo. Ante la pasiva
actitud de las autoridades españolas, la Junta de Gobierno y el Consejo de Castilla,
Murat se autodesigna presidente de la Junta, depositaria de la soberanía; ello
desencadena la resistencia del pueblo español a la ocupación. Gran parte del
ejército permaneció al margen, excepto Daoiz y Velarde, quienes sublevaron el
Parque de la Artillería. La reacción de Murat será la represión, dando lugar a los
fusilamientos del 3 de mayo. Por otro lado, se dio un vacío de poder que será
asumido por autoridades de rango inferior y las nuevas instituciones: Juntas
Provinciales, Locales y la Junta Suprema Central.

LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA

Además del carácter de lucha patriótica, algunos pasajes tuvieron un carácter


liberal y reformista, ya que los ilustrados hispanos aprovecharon la ocasión para
realizar cambios. El origen de la guerra hay que buscarlo a partir de diciembre de
1806, cuando Napoleón inicia el bloqueo continental contra Inglaterra, pero Portugal
seguía comerciando; se firma el tratado de Fontainebleau para unir a España al
bloqueo; Napoleón prepara la invasión debido a que España aparecía como un país
atrasado con un ejército incapaz de resistir, los sucesos del Escorial y el Motín de
Aranjuez, junto con la violación del bloqueo por parte de algunos puertos españoles.
Las fases de la guerra vienen caracterizadas por los diferentes planteamientos
bélicos y distintas formas de resistencia.

1. Primera fase (2 mayo-noviembre 1808). Se inicia con el levantamiento de


Madrid y al no responder las autoridades provinciales a las peticiones de los
sublevados, se recurrió a constituir instituciones antiguas: Juntas Supremas que
asumieron el ejército de la soberanía en nombre del rey por su ausencia y
declararon la guerra. Estas juntas estaban integradas por notables del clero,
ejército y nobleza, y tenían una localización provincial y regional. Desde el principio
hubo interés por centralizar el gobierno y la Junta Suprema de Sevilla, entre otras,
se atribuyó la totalidad de la representación de la monarquía. La victoria en Bailén,
el abandono en Madrid por parte de los franceses y la necesidad inglesa de tratar
con un único interlocutor llevó a favorecer la creación de un organismo político
unitario: la Junta Suprema Central, compuesta por miembros de otras juntas
supremas; el 25 de septiembre pasa a ser la Junta Central Suprema y Gubernativa
del Reino, con sede en Aranjuez. Ésta dictaba sus decisiones en nombre del rey y se
mantuvo hasta febrero de 1810. Algunas de sus decisiones fueron la alianza con
Gran Bretaña, la creación de una contribución extraordinaria de guerra, la
formación de un nuevo ejército y organizar la resistencia. En 1808, los franceses
actuaron con cinco ejércitos desplegados en abanico a partir de la frontera francesa
occidental. El plan francés era ocupar los principales puertos peninsulares, pero se
producen varios hechos: la resistencia de Zaragoza en junio; la derrota española en
Medina de Rioseco en junio, conservando la línea de comunicación con Francia; la
derrota francesa en Bailén frente al general Castaños en julio, formando un
semicírculo en torno a Bilbao y Pamplona; al mismo tiempo, se da la derrota
francesa en Portugal.

2. Segunda fase (noviembre 1808). Nueva ofensiva de Napoleón al frente de


la Grande Armée, que destruye los cuerpos del ejército levantados por la Junta
Central. En noviembre los franceses ocupan Burgos después de la derrota española
de Gamonal, derrotas de Blake en Espinosa y Castaños en Tudela. En diciembre
Napoleón llega de nuevo a Madrid, lo que inicia una guerra de desgaste. El 4 de
diciembre Madrid se rinde y Napoleón se presenta como benefactor. En enero de
1809 derrotas en Galicia, el ejército del centro es derrotado en Uclés, y Zaragoza y
Gerona finalmente caen.

3. Tercera fase (1809-1812). El ataque francés se organiza en tres líneas de


penetración;
• Andalucía. Derrota del ejército español en Ocaña (19/11/1809),
replegándose los ingleses a Portugal. Previamente se había producido la victoria
española de Talavera (28/06).
• Hacia Portugal. Napoleón había intentado ocupar Portugal desde
Galicia en 1809 pero fracasó. En 1810 se produce un nuevo intento francés
protagonizado por Massena, pero la guerrilla diezmó los ejectivos. Los franceses son
derrotados en Torres Vedras.
• Zona oriental. Bajo la dirección del mariscal Suchet, sitios y
resistencia de Zaragoza, Gerona y Tarragona (1812).
Durante esta etapa se desarrolló la guerrilla, grupos civiles armados que
hostigaban continuamente la retaguardia francesa. Este fenómeno más la
intervención inglesa, junto con la resistencia de algunas ciudades importantes
dificultarán el definitivo control peninsular.

4. Cuarta fase (1812-1814). En 1812, debido a la campaña de Rusia,


Napoleón retira efectivos de la Península. En julio se produce la derrota francesa en
los Arapiles por parte de un ejército anglo-portugués, avanzando desde Salamanca
hacia Madrid, al mando de Wellington. Por ello, José I debe huir a Valencia y los
franceses optan por retirarse desde Andalucía hacia el norte. La disminución de las
tropas francesas, como consecuencia del desastre francés en Rusia, ayudó a
Wellington a iniciar una ofensiva más fuerte. En el verano de 1813 se avanza hacia
la frontera francesa, derrotando al ejército francés en Vitoria y San Marcial. De este
modo, los franceses se retiraban quedando en sus manos el este español, que
abandonarán a comienzos de 1814. En diciembre de 1813, por el Tratado de
Valençay, Napoléon restituye la corona a Fernando VII, regresando éste a España; y
con ello se abole toda la obra legislativa de Cádiz.
Las consecuencias de la guerra fueron:
• Demográficas. Se dio un número elevado de muertos en combate y
debido a hambrunas o epidemias.
• Económicas. Abandono de tierras de cultivo, destrucción de caminos
y puentes, deterioro de la industria textil catalana y el mercado colonial,
retrasándose la industrialización en España hasta mediados del siglo XIX. Esto unido
a la crisis financiera que se arrastraba condicionará el futuro económico y político,
como la imposibilidad de recuperar las colonias americanas.
• El patrimonio histórico-artístico, sobre todo el de la Iglesia, sufrió
pérdidas, expolios y destrucciones. Hacia Francia salieron obras de arte,
documentos y manuscritos valiosos.
• Sociales. Exilio de los “afrancesados hasta 1820 y expropiación de
bienes. Con esto, y desde las Cortes de Cádiz, el país se dividirá en dos tendencias:
absolutistas y liberales.

En cuanto a la repercusión internacional de la guerra: en Europa, la victoria de


Bailén extendió la idea de que los franceses no eran invencibles; Inglaterra rompió
el bloqueo y recuperó la iniciativa militar, política y económica; en España la
victoria no se reflejó en el Congreso de Viena, ésta no obtuvo ganancias territoriales
ni apoyos para detener el movimiento independentista americano, la guerra
favoreció que los criollos americanos organizaran juntas y cabildos impulsando la
revolución independentista.

GOBIERNO AFRANCESADO Y LAS CORTES DE CÁDIZ


1. Gobierno de José I. La instauración de este gobierno se plantea sobre unas
bases dirigidas por Napoleón con la promulgación de una “Constitución” semejante
a la del Imperio y reformas que entroncan con el programa ilustrado, lo que da
lugar al Estatuto de Bayona, promulgado el 6 de julio de 1808. Debe calificarse
como “Carta Otorgada”, ya que en Bayona se reunió una Junta de Notables
convocada por Napoleón, que representaba a los tres estamentos. En el estatuto
podemos distinguir tres partes: la invocación a la Divinidad; el Estado confesional;
el reconocimiento de derechos fundamentales como la libertad de imprenta,
inviolabilidad de domicilio y supresión de privilegios; y tres órganos de gobierno:
Senado, Consejo de Estados y Cortes. El primero podía suspender la “Constitución”
y proteger la libertad personal y la de imprenta, el segundo participaba en el
proceso legislativo, aunque la iniciativa legislativa correspondía al gobierno, las
Cortes se encargaban de elaborar leyes, aprobar el presupuesto y velar por su
aplicación; la elaboración del Código Civil y Criminal, la reforma de Hacienda; y la
declaración de la libertad de industria y comercio, suprimiendo privilegios
comerciales.
El reformismo se completó cuando Napoleón decretó en diciembre de 1808 la
abolición de la Inquisición y reducción y supresión de conventos.

2. Las Cortes de Cádiz y la crisis de la sociedad estamental. La abdicación


borbónica produjo un vacío de poder, momento en que gran parte del país se rebeló
contra los franceses cuando se comprobó que el Consejo de Castilla y la Junta de
Gobierno, que ejercía de poder tras la marcha real a Bayona, se pusieron bajo la
autoridad de José Bonaparte.
Tras el levantamiento del 2 de mayo, cuando los españoles asumieron la
soberanía nacional y formaron sus propios órganos de gobierno, surgieron las Juntas
Provinciales, que gobernaron en nombre de Fernando VII. A pesar de la amenaza de
dispersión del poder, las Juntas Provinciales favorecieron la concentración del poder
en un solo órgano directivo: La Junta Central. Todos los miembros de la Junta eran
conscientes de reformar el Antiguo Régimen, llegándose al acuerdo de convocar
Cortes para que éstas decidieran las reformas a emprender. Antes de la
convocatoria, Jovellanos y Quintana sugirieron realizar una consulta al país sobre
las medidas que las Cortes debían adoptar; el resultado fue la limitación del poder
absoluto del rey, el rechazo de estamentos y privilegios, y la división de poderes
junto con el reconocimiento de derechos.
Los miembros coincidieron en que las Cortes tenían que ser constituyentes y los
diputados elegidos por votación, optándose finalmente por el sufragio universal de
varones mayores de 25. A comienzos de 1810 la Junta Central transfiere los poderes
a un Consejo de Regencia. Antes de inaugurarse las Cortes en septiembre,
aparecieron dos posturas: Jovellanistas (dos cámaras) y revolucionarios con una
cámara que asumiera la soberanía nacional. La guerra facilitará el predominio de la
segunda postura ya que, en la periferia, predominaba la burguesía comerciante.
El número de diputados se completó con personas de la misma ciudad de Cádiz,
ello supuso que una gran mayoría de los diputados en Cortes perteneciera a lo que
llamamos “clases medias”. En enero de 1810 se inició el proceso electoral, las
elecciones se convocaron en junio, constituyéndose una sola cámara. La primera
sesión tuvo lugar el 24 de septiembre de 1810, el discurso de apertura lo dio Muñoz
Torrero, anunciando que el objetivo fundamental de la Cámara era constituir un
nuevo régimen político. Él mismo propuso el primer decreto de constitución de
Cortes Generales y Extraordinarias, en el que se contenía que sólo en ellas residía la
soberanía nacional. Esta cuestión dividirá a los diputados en absolutistas y liberales.

Obra legislativa. Decreto de 24/09/1810: declaración de la soberanía nacional,


separación de poderes y no acatar las abdicaciones de Bayona. Decreto de
6/08/1811: Se abolen los señoríos jurisdiccionales, de modo que todos los
ciudadanos pasaban a la jurisdicción común del Estado. El Decreto también abole
los señoríos territoriales. Éste no destruyó el dominio territorial y se suprimieron las
vinculaciones y los mayorazgos.
CONSTITUCIÓN DE 1812. Ya en diciembre de 1810 se decidió formar una comisión
encargada de redactar el nuevo texto. Éste fue aprobado el 19 de marzo de 1812,
posee un carácter liberal y revolucionario y en ella destacamos los siguientes
aspectos:
• Reconocimiento de la soberanía nacional y derechos individuales como
libertad civil, derecho a la propiedad, prensa, etc. Es decir, “la soberanía reside en
la Nación”, entendiéndose por tal el conjunto de ciudadanos iguales en derechos,
sujetos a las mismas leyes y desprovistos de cualquier privilegio.
• División de poderes. Legislativo (Cortes con el rey, quien puede promulgar,
sancionar y vetar leyes); Ejecutivo (recae en el rey, el cual nombra a sus
secretarios, no hay control parlamentario del gobierno); Judicial (tribunales
independientes: fuero eclesiástico y militar).
• Monarquía hereditaria pero no absoluta. La Constitución limita sus
poderes.
• Reconocimiento oficial de la religión católica como única de la nación
española. Es decir, el Estado se declara confesional católico.
• Sistema de representatividad en proporción a la población de cada
provincia y no por estamentos, aunque se establecía un mínimo de renta para elegir
y ser elegido. Es decir, la representatividad nacional recaía en las Cortes
unicamerales que habían sido elegidas por sufragio universal masculino directo. Los
diputados debían ser españoles y de elegibilidad censitaria, así como inviolables.
• Creación de la milicia nacional, cuerpo armado para la defensa interior del
régimen. Se organizaba en cada provincia y dependía de las Cortes y del rey.
• Se inicia la democratización de la vida municipal. Sus regidores serán
elegidos por la población de los municipios y se establecen las Diputaciones.

Este texto inicia la Historia del Constitucionalismo español, que llega hasta 1978.
Estuvo vigente de marzo de 1812 a junio de 1837. La obra desamortizadora estuvo
supeditada a la deuda pública. Así los decretos de junio de 1812 y enero de 1813
iniciaron una tímida desamortización eclesiástica y civil que provocó la reacción de
los más exaltados, conscientes de que los poderosos serían los más beneficiados.
Estos decretos establecían la enajenación de los bienes de las comunidades
religiosas extinguidas o reformadas por José I; bienes de la abolida Inquisición,
jesuitas y ordenes militares. También la mitad de los bienes de los ayuntamientos y
propiedades de realengo. Supresión de los gremios en junio de 1813: libertad de
producción, contratación y comercio, así como derecho a disponer del propio
trabajo. Libertad de imprenta (noviembre 1810): se concebía como función al
servicio de la opinión pública y se exceptuaban las cuestiones religiosas que serían
supervisadas por Juntas provinciales de censura. La legislación religiosa fue
abundante con la apropiación de bienes de obras de beneficencia y órdenes
militares, la supresión de la Santa Inquisición y la incautación de monasterios.

Las Cortes de Cádiz efectuaron transformaciones liberales y la Constitución de


1812 sentará las primeras bases del liberalismo en España: se establecía un
principio de legitimidad, asentado en la Nación; las Cortes confirmaban el principio
de que los diputados eran los representantes de la Nación; por todo ello, la
legitimidad de las Cortes se basaba en la Nación y no en el mandato regio.la
división de poderes significaba el rechazo a las instituciones absolutistas. El regreso
de Fernando VII llevó a negarse a jurar la Constitución, en función de los principios
del absolutismo, rechazando la soberanía nacional y la división de poderes. Así, por
el Decreto del 4 de mayo de 1814, derogaba la Constitución. A partir de aquí, el
Manifiesto de los Persas y las tropas del General Elío serán el apoyo del rey para
acabar con el régimen liberal.