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MORAL RELIGIOSA Y ÉTICA CIVIL

Hugo Alejandro Oliveros Charris.


Esp. Doctrina Social de la Iglesia.
Sena - Universidad Pontificia Bolivariana
hugo.oliveros@upb.edu.co

El término moral (del latín mos, mores: costumbre) se refiere a la vida moral y el
término ética (del griego ethos: costumbre) alude a la reflexión sobre esta vida
moral. “Aunque esta distinción terminológica es igual, sin embargo el uso ordinario
da el mismo significado a ética y a moral. Por el contexto hay que determinar si se
trata de vida o de reflexión” 1

Desde el nacimiento de la filosofía se ha delineado paulatinamente una distinción


entre dos niveles lógicos: el de la moral y el de la filosofía moral, que en muchas
ocasiones recibe el nombre de ética. A la moral corresponde aquellos códigos y
juicios que pretenden regular las acciones concretas de los hombres a partir de un
credo religioso. La ética realiza una reflexión de los juicios, códigos y acciones
morales ya existentes, se centra mucho más en un discurso filosófico, que intenta
dar razón de dichas órdenes, Pretende responder a la preguntas formuladas sobre
la bondad de un acto o acción (Moral) o sino utiliza categorías racionales (ética).

En el pasado, la religión y la ética iban de la mano y, prácticamente, ésta se


fundamentaba o se inspiraba en aquella. Toda religión lleva aparejada una moral,
unas orientaciones éticas que forjan un carácter, una manera de comportarse de
sus adeptos, es decir, todo credo religioso conlleva un credo ético. El hecho de
aceptar unas verdades de orden religioso implica, como una consecuencia normal,
aceptar unos principios de orden moral que guían la conducta de los adherentes a
dichas creencias religiosas, es decir aunque la fundamentación de la moral y la
ética estén estrechamente conectadas, no se identifican.

Toda religión además de sus ritos, actos confesionales contiene en el Libro


Sagrado una propuesta de vida determinada en normas, principios, costumbres y
valores, lo cual permite interpretar y deducir que una religión es un proyecto de
vida que propone al hombre un estilo de vida desde sus comportamientos, a esto
comúnmente se le denomina moral religiosa.

Hasta el terminar la Edad Media, casi todos los enfoques éticos habían tenido un
carácter marcadamente confesional y religioso. Al iniciar la Modernidad y debido al
fenómeno artístico y cultural del Renacimiento se da inicio a un forma de pensar
fundamentada en la razón y poco en la fe, lo que permitió al hombre continuar
pensado cómo lograr que el hombre cada día encontrara la forma de comportarse
según sus propias decisiones, lo que permitió desligarse de la fe y darle mayor
énfasis a la razón, y es allí donde surge la ética civil.

1
VIDAL, Marciano. La ética civil y la moral cristiana. Edit San Pablo. Madrid, 1995. P 11
La ética civil es el conjunto moral de mínimos aceptado por una determinada
sociedad donde se salvaguarde el pluralismo de proyectos humanos, la no
confesionalidad de la vida social y la posibilidad de una reflexión ética
racional. Así entendida, la ética civil se señala una instancia normativa social,
más allá o por encima de los usos convencionales.2

Sin embargo, es de anotar que el contexto actual donde se percibe producto de la


multiculturalidad con tantos credos religiosos, se ha perdido la unicidad en las
creencias religiosas, y se ha dado más peso a una ética civil.

En occidente, sobre todo a partir de la Ilustración y de la Revolución francesa, la


moral fue independizándose de la religión, basándose en la sola razón.
Convencidos que la razón y el saber científico tienen su propia autonomía y que
éstos poco a poco han venido desplazando a la religión, muchas personas
piensan que deben buscar otro fundamento, algo distinto al referente religioso,
para justificar su comportamiento moral. Además, reconocen que en las
sociedades plurales conviven creyentes, agnósticos y ateos de toda índole, y
dentro de cada uno de esos grupos coexisten códigos morales muy distintos.

Lo anterior no quiere decir que no pueda darse un acuerdo moral sobre unos
mínimos axiológicos y normativos aceptables y exigibles a todos, lo cual constituye
el núcleo de una ética cívica o secular.

Es difícil negar razonablemente la existencia de una instancia moral al interior de


las realizaciones humanas.

El hecho moral se impone como un dato espontáneo de la objetividad. El sentido


moral es un fenómeno con el que se topa de una forma inmediata al analizar la
existencia humana, el análisis del hecho desde el sentido ético da lugar al hecho
moral.

La moralidad forma parte de la vida, constituyéndose así en una de las


dimensiones del ser humano. Es importante entender que el hombre es un ser
integral que posee estas dimensiones: biológica, espiritual, psicológica, social y
cultural, y una dimensión ética y/o moral que va unida al comportamiento, dónde
se le pregunta por la forma de actuar, cuestión que se puede responder desde una
“doble vertiente: ¿Qué es lo bueno (polaridad subjetiva) y qué debo hacer
(polaridad subjetiva) para realizar la bondad objetiva?”3

Para explicar mejor lo anterior, Marciano Vidal nos dice:

Cuando la ética insiste preferentemente en el polo subjetivo de la dimensión


moral, entonces surge un discurso ético de signo:

2
MARDONES, José M. Ética civil y religión. En: Isegoría. Madrid. Nº 10, (octubre 1994). p. 133
3
VIDAL, M. Op cit. P 15
• INDIVIDUALISTA: Se mide sobre todo la responsabilidad de los
sujetos individuales, sin tener en cuenta el carácter colectivo de las decisiones
responsables;

• ACTUALISTA O VOLUNTARISTA: El discurso ético se fija en la


dimensión moral de los actos o de las voluntades (intenciones) de los sujetos,
sin tener en cuenta las implicaciones morales las implicaciones morales de
las instituciones y de las estructuras.

Por el contrario, cuando la ética insiste prevalentemente en el polo objetivo de


la dimensión moral, entonces aparece un discurso ético con tonalidad:

• COLECTIVISTA: La responsabilidad moral se descarga en el colectivo en


cuanto sujeto de decisiones desaparecido así la responsabilidad de los
sujetos singulares;

• INSTITUCINALISTA Y ESTRUCTURALISTA: Se hace descansar la bondad


(o maldad) moral no en las acciones de las personas, sino en la instituciones y
estructuras que conforman la realidad humana.4

Es claro afirmar que la necesidad de una moral religiosa se convierte en un


imperativo radical dentro del buen actuar del hombre sin caer en moralismos 5 o
fundamentalismo6, pero se hace evidente la necesidad de una moral apoyada
en una religión, de allí la urgencia de realizar una relación entre moral y religión:

Tres posturas que fundamentan lo anterior:

1. San Agustín: Según lo humano queda excesivamente supeditado y


absorbido en lo cristiano. El agustinismo es el comienzo de la insistencia en los
derechos de Dios (de la revelación) frente a los derechos del hombre (del orden
natural y de la razón)
2. El voluntarismo: Guillermo de Ockham: la moralidad radica en la voluntad
de Dios; una voluntad incondicionada y absoluta. Bueno es lo que Dios prescribe
malo lo que Dios prohíbe. Y esto lo sabemos fundamentalmente por la
manifestación de la voluntad divina en la revelación.
3. El calvinismo ha ubicado la ética filosófica en la revelación. El contenido
de la moral es determinado perceptivamente por Dios, que nos dice lo que hemos

4
Ibid. P 15
5
«una de las deformaciones más peligrosas de la religión es el moralismo», porque reduce la fe a «portarse
bien» y a «cumplir» determinadas normas. «Todo resulta muy correcto y formal», explicó.
«Suele tener además un aliado implacable: el sentimiento de culpa. Uno debe portarse bien, y tiene que
hacerlo, para no sentirse mal. Agreguemos también que existen moralismos culpabilizantes de varios colores:
de derecha y de izquierda, horizontales y verticales». ARANCIBIA. José. El moralismo deforma la fe
verdadera. En: http://www.rcc.org.ar/index.php?option=com_content&task=view&id=422&Itemid=9 .
Octubre 2009
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Se denomina fundamentalismo a distintas corrientes religiosas que promueven la interpretación literal de
un texto «fundamental» (como por ejemplo el Corán o la Biblia) como autoridad máxima, ante el cual
ninguna otra autoridad puede invocarse, y que debería imponerse sobre las leyes de las sociedades
democráticas. En: http://es.wikipedia.org/wiki/Fundamentalismo Octubre 2009
de hacer y lo que hemos de omitir. Y esto lo encontramos únicamente en la
revelación, en la palabra de Dios.7

Es importante entender que la religión y la moral se convierten en una forma de


vida, “en síntesis la actitud moral se organiza en torno a lo Justo, mientras que la
actitud religiosa se organiza en torno a lo santo”8 o como expresa José Luis
Aranguren “Toda existencia bien compuesta y templada tiene que ser, a la par,
religiosa y moral. El esfuerzo ético, rectamente cumplido, se abre necesariamente
a la religiosidad, termina por desembocar en ella. Y, por su parte, la actitud
religiosa fructifica en acción moral, en buenas obras”9

Para aclarar en qué consiste la diferencia entre ética civil y la ética religiosa, se
utiliza hoy de forma cotidiana las expresiones "ética de máximos" y "ética de
mínimos".

Theodor W. Adorno había escrito un opúsculo titulado "Minima moralia" en el


que abogaba por un nivel mínimo de moralidad, por debajo del cual lo que
reina es la inmoralidad, por más que lo acepte todo el mundo. La moral civil
contendría aquellos mínimos axiológicos y normativos, al menos de justicia,
compartidos entre ciudadanos que tienen distintas concepciones del hombre y
distintos ideales de vida humana. Por tanto, las éticas de mínimos se ocupan
de aquellos deberes de justicia que son exigibles a cualquier ser racional y
que, en definitiva, sólo componen unas exigencias mínimas para lograr una
convivencia pacífica entre los ciudadanos10

En cambio, la "ética de máximos", pertenece a las éticas de las tradiciones


religiosas que están orientadas a la búsqueda de la felicidad y del sentido de la
vida y, por lo mismo, proponen a sus adherentes ideales de vida que no se
pueden imponer a quien no comparte dicho credo religioso. Por ejemplo, en la
propuesta ética de Jesús o ética cristiana, que encontramos sintetizada en el
discurso sobre las bienaventuranzas (carta magna del cristianismo) o sermón de
la montaña y, sobre todo, en las seis famosas antítesis de "habéis oído que se
dijo,… pero yo os digo" ( Mt. 5, 21-45), nos damos cuenta que se trata de una
ética de máximos, que no se contenta con la simple exigencia del cumplimiento de
lo mandado en la ley mosaica, sino de una propuesta que exige a sus seguidores
ir mucho más allá de lo que pide la ley “ No penséis que he venido a abolir la ley y
los profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento” (Mt 5, 17)

7
VIDAL, M. Op cit. P 71
8
Ibid. P 78
9
LÓPEZ ARANGUREN, José L. Ética. Madrid. 1972. P 191
10
CORCHUELO, Faustino O.P. ¿ética civil VS moral religiosa?. En:
http://campus.fortunecity.com/assembley/195/etica.html . Octubre 2009