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entre cllos Gilles Chatelet, Pierre Macherey, Emmanuel ‘Terray, Dominique Lecourt y Frangoise Proust que en gran medida habjan permanccido en silencio, se habian limitado a su campo académico 0 se habiaa reservado de alguna otra manera hasta ese momento. Al mismo tiempo, ua grupo de investigndores jévenes como Isabelle Sommiet y Michelle ‘Zancarini-Fournel comenz6 a dedicat sus esfuerzos a realizar tun estudio mis serio de los sesent Cada una de estas personas y movimientos se han manifes- tado de forma independiente, pero han logtado crear un espa- cio de simultancidad y han puesto en marcha un trabajo que erosiona ~de manera cada vez més sdlida~ el punto y final de Ia historia y el pensamiento que con tanta fanfarria anuncié el mundo liberal en 1989, Cada una de estas formas de expresién representa una exigencia de saldar cuentas con el pasado y, en concreto, con el 68. Es probable qui los historiadores jévenes sigan las exigencias cronolégicas de su ofic trayectoria profesional que hasta ahora nos ha dado, después de la dedicacién a Vichy, abundantes investigaciones de los afos de Argelia y el comienzo de una nueva interpretacin de los sesenta en Francia, Este proyecto se entiende en gran parte por el concepto, propio de Ia historiografia, de que los hechos de los sesenta, baa “entrado en la historia” finalmente; es decir, nos encontramos a la suficiente distancia temporal para que prevalezca cierta objetividad profesional. El proyecto del historiador se solapa con el de los intelectuales de mayor edad que vivieron los acontecimientos, pero existen diferencias notables, pues estos tiltimos, que han suftido durante treinta aiios cl secuestzo y la distorsién de su propia experiencia, rei- vindican un papel en el anilisis de su propio pasado y el de En cuanto a Bové y Confédération Paysanne, nos encontramos con un vinculo ininterrumpido, de “tarea inaca- bada’, que une el activismo de este grupo de contestacién ag cola a los afios del 68. Esta continuidad se aprecia en el hecho de que sus formas de politica agricola se originan no tanto en el gauchisre urbvano del 68 como ea las organizaciones radicales de trabajadores /campesinos de Bernard Lambert en Bretatia a principios de los sesenta, Las huelgas de 1995, los disturbios de Seattle y otras manifestaciones politicas recientes cuya afinidad se define por el cteciente rechazo, a gran escala, del nuevo orden mu liberal estructurado por cl mercado, han generado y siguen generando una nueva visibn del 68, Estos mavimientos, con In ayuda de los intelectuales y las actividades politicas en otras esferas, amplfan el marco de nuestra visiGn de Mayo al tiem- po que enfocan la imagen, de modo que las figuras perdidas de Mayo, el sujeto colonizado y el obrero, vuelven a ganar en Gracias a la recuperacién de estas figuras, vuelve lucha de € en torno a Mayo del 68, desde la guerra de Argelia hasta las huelgas de Lip a mediados de los setcnta, En la Francia de 1998, el rechazo masivo de los obre sy otros grupos a la determinacién de su furuco por parte ‘os que saben” tenfa también repercusiones sobre el pas do; ormaba los hechos del 68 en una fuerza que ahora podia moverse con libertad y regresar con formas distintas pero vineuladas, Se trataba de un rechazo que desacreditaba la representacién de Mayo como una gran reforma cultural, tua encuentro con la modetnidad o el nacimiento del nuevo individualism, Es deci, ponia fin al fin de Mayo al ofrecer Je una nueva vida, una vida postetior, cuyos ritmos y contor- ‘nos atin estan por inventar, 405