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12.3.

ISABEL II: REINADO EFECTIVO (1843-1868)

El 8 de noviembre de 1843 Isabel II fue proclamada reina y el general Narváez se


convertirá en el político más influyente del momento. Así, en mayo de 1844 la reina
decidió nombrarlo presidente del gobierno. Se iniciaba un período político conocido
como La Década Moderada. Este periodo de gobierno de Isabel II se conoce también
como “parlamentarismo pretoriano” o “régimen de los generales”, ya que aunque
nominalmente estamos ante un régimen político liberal, los militares tenían un papel
fundamental, sofocando cualquier tipo de levantamiento radical.

Los primeros meses del gobierno se caracterizaron por la persecución de los


progresistas y se convocaron nuevas elecciones a Cortes. Asimismo se aprobó una
nueva Constitución más acorde con la nueva mayoría moderada. Esta Constitución
de 1845 estuvo en vigor hasta 1869 y, en esencia, establecía la soberanía compartida
entre las Cortes y el Rey. Además, la cámara legislativa más importante pasó a ser el
senado, compuesto por las grandes fortunas del país, así como por aquellos que
designaba el monarca. Éste, además, nombraría a los alcaldes de ciudades mayores
de 2000 habitantes.

Durante la Década Moderada los gobernantes hicieron lo posible por desbaratar todo
lo que habían hecho anteriormente los progresistas. Además, la Ley de Imprenta,
restringió la libertad de publicar y estableció la censura... También se fundó la Guardia
Civil, con unos seis mil efectivos, cuya máxima finalidad sería la de velar por la
salvaguarda del orden y de la propiedad, así como para labores de socorro, ayuda y
policía (1844).

En 1851 se aprobó el nuevo Código Penal, estableciendo el Tribunal Supremo como


cúspide de la Administración de Justicia, y fortaleciendo el papel de los gobernadores
civiles y militares y de las Diputaciones Provinciales. Igualmente se reformó la
Hacienda, reduciendo los tributos esenciales a dos (una contribución territorial,
aplicada a cada persona según su propiedad, y otra “de consumos”, que encarecían el
precio de los productos de consumo diario).

También se restablecieron las relaciones con el Vaticano mediante el Concordato de


1851. Por éste Roma reconoce la venta de los bienes desamortizados hasta entonces
y se comprometía a mantener al clero y cedía a éste la supervisión de la enseñanza y
la vigilancia y censura en materia doctrinal.

EL BIENIO PROGRESISTA (1854-1856)

El Bienio Progresista comenzó con la Revolución de 1854. El inicial pronunciamiento


de O’Donnell fracasó tras un encuentro con las tropas del gobierno en Vicálvaro
(“Vicalvarada”); pero los rebeldes se reagruparon y publicaron un manifiesto llamado
“Manifiesto de Manzanares”, de carácter progresista, que consiguió un respaldo
masivo. El golpe triunfó e Isabel II encargó el 26 de Julio formar gobierno a Espartero,
con O’Donnell como ministro de la guerra.

La tarea del Bienio Progresista se centró en la defensa de los intereses de la


burguesía urbana y de las clases medias, pero sus reformas fueron muy limitadas y
acabaron chocando con las reivindicaciones de los movimientos obreros y con los
moderados. Sus principales logros fueron:

• Constitución “non nata” de 1856, que devolvía el principio de soberanía


nacional, afirmaba el control del Congreso sobre la acción del monarca y ampliaba
el cuerpo electoral.
• Ley de Desamortización General de 1 de Mayo de 1855, dirigida por Pascual
Madoz, ministro de Hacienda- Se declaraba en venta pública toda clase de
propiedades rústicas y urbanas pertenecientes al Estado, a la Iglesia, a los propios
y baldíos de los Ayuntamientos.
• Ley General de Ferrocarriles, de junio de 1855, cuyo objetivo era promover el
ferrocarril en España
• Se intentó aplicar una Ley del Trabajo, por la que se reducía la jornada laboral de
los niños a diez horas diarias, se permitían asociaciones obreras de hasta 500
afiliados.

No obstante, el Bienio no pudo hacer frente a la conflictividad originada por el alza de


los precios agrícolas causados por la Guerra de Crimea, las malas cosechas, las
tensiones entre obreros y patronos en las fábricas... de manera que los primeros
meses de 1856 conocieron violentos movimientos de protesta en el campo castellano
y en las principales ciudades del país, reprimidos con dureza por el ejército y la
Guardia Civil.

LA UNIÓN LIBERAL (1856-1863)

1856 y 1857 fueron años de malas cosechas y de recesión financiera e industrial. El


gobierno reprimía con dureza las protestas y prohibía cualquier intento de asociación
obrera. No obstante se aprobó la Ley de Instrucción Pública de Claudio Moyano y se
organizó la estadística del Estado, pero en 1858, perdida la confianza de la reina esta
decidió que O’Donnell fuera de nuevo Presidente del Gobierno, con lo que se inició el
“Gobierno Largo” de la Unión Liberal. O’Donnell sería el nuevo hombre fuerte del
régimen hasta su muerte en 1867. No tuvo una línea política clara y su labor consistió
en velar por el orden y la seguridad y hacer más eficaz el funcionamiento de la
Administración. Con todo, hubo estabilidad política y se pudieron acometer obras
públicas, se construyeron ferrocarriles y la industrial textil y siderúrgica conoció una
época de expansión.

CRISIS FINAL (1863-1868)

Tras la estabilidad política de O’Donnell, se volvió a una sucesión de gobiernos poco


duraderos. Además, los progresistas se habían retirado de la vida parlamentaria, y la
reina no parecía tener otra solución que la de llamar a Narváez para formar gobierno.
Pero la deriva autoritaria del general era insoportable para sectores cada vez más
amplios de la población. Por ejemplo, los estudiantes, que protestaron en 1865 para
pedir la vuelta de profesores expulsados de la Universidad Central por criticar a Isabel
II. Dicha protesta terminó con la llamada Matanza de la Noche de San Daniel, el 10 de
abril. Intelectuales y clases medias abandonaron a la reina.

Narváez sería sustituido nuevamente por O’Donnell, que intentó algunas reformas
aperturistas. Pero en enero de 1866 se sublevaba el general Prim en Villarejo de
Salvanés, fracasando en el intento, y más tarde el Cuartel de San Gil, que fue tomado
al asalto trás dejar decenas de muertos y heridos. Además 66 oficiales y suboficiales
fueron fusilados. El ejército también abandonaba a la monarquía, mientras que la
burguesía financiera desconfiaba absolutamente del régimen de gobierno, incapaz de
hacer frente a la situación económica.

El resultado final no se hizo esperar: la oposición se reunía en el extranjero y se puso


de acuerdo (Pacto de Ostende) para formar una Asamblea Constituyente elegida por
sufragio universal y destronar a la reina.

O’Donnell moría en 1867 y la reina se quedaba sin su principal apoyo. Por otro lado,
Narváez era sustituido por González Bravo, que llevó la represión hasta la familia real.
Pero nada podía detener la conspiración, que finalmente tuvo éxito en la llamada
“Revolución Gloriosa”, que pondrá fin al reinado de Isabel II e inaugurará un nuevo
período político de la Historia de España conocido como “Sexenio Democrático”.