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EL MODELO PULSIONAL Oscar Masotta Catélogos Editora INDICE Primera edicion: Ediciones Altazor, 1980 SEGUNDA EDICION Catélogos Editora, 1986 TERCERA EDICION 1990 Germén L. Gareia Oscar Masotta y el anilisis laico Oscar Masotta | El modelo pulsional Cop. 1 Gran modelo pulsional, Autoconservacion yx Sexualidad, 1911: pulsiones yoicas 1914: narcisismo. La libido. La “lamelle” y los fndsticos. El caso Jung: Ia sublimacin automética. at . Cop. 1 fo genitalizads. 1914: un convidado de piedra, le ulsion de destruccion. Pulsion y sus destinos: el “‘trazado” de fn pulsion. Yo de placer y odio. El cadaver téctico. El odio y el resto. r Narcisismo de las pequedias diferencias. La palabra “Agaresion 61 4 Cap. 1 Ubicuidad de las tendencias destructivas, Agresién y masculinidad. ' ‘Ambivalencia en la mujer. El chiste. Frustracion y agresividad, Bediirfuise y Not. Impulsos agresivos y super-yo. Colera infantil y ordculo peternal, Judith, Cortadores de trenzas, Agresividad y narci ‘ siemo, EI Moisés de Miguel Angel. 13 ISBN: 950-9914.15-3, Cap.1V 1. Bi odio precede ul amos, Une quichra del terreno geologic. © 1986 por Catélogos Edttora amnor genital Induecion negative dea idea de amor, El amor in: Riise deta 1800; Bic hist Sie dealt ‘Amos primero como etary experienc Bl sco. 5p Queda hecho deposit que mae ey 11728 2.—De la observacion a la expeculacion, No hay muerte natural. Bl ' impreso en le Argentina - Printed in Argentina padre muesto ¥ la blologis. The turn of the screw: el sujet se cons Btuye « partir del otro, Cuatro hipotesis sobre Ms allé del principio del placer. Placer funcional segin Penichel. 99 ' ADVERTENCIA EDITORIAL Et contenido de este libro lleva en si el espiritu que animo a su autor en las Leccioncs de introduceién al psicoandli El original mecanografiado ha quedado inconclusd como consecuencia det fallecimiento de Oscar Masotta. Por tanto, su publicacién se lleva a cabo respetando todas las caracte- risticas de una obra euyo autor no alcanzé a revisar y darle término. Las notas manuscritas que Masotta agregara posterior- mente en el margen izquierdo de algunas paginas del origi- nal, se reproducen aqui como notas al pie. La paginacién de las citas de Freud se establecié de acuerdo con la edicién de las Obras completas, Biblioteca Nueva, Madrid, 1973. Las citas alemanas corresponden a las Gesammelte Werke, Imago Publishing, Londres. La revision y ordenamiento del material original para ta Bresente edicién estuvo a cargo de Gustavo Dessal, — OSCAR MASOTTA Y EL ANALISIS LAICO Germén L, Garefa ‘iQuién le puede tener miedo a Philip Greenacre? Masotta es cien veces mis peligroso. Emilio Rodrigué® i Histoire de la psychanalyse (Tomo I y Il, Hachette, Paris, 1982) tiene un capitulo sobre el psicoandlisis en la Argentina, redactado por Antonio Cucurullo, Haydée Faimberg y Leonar- do Wender. Los autores replican, sin una referencia explicita, a un libro mio donde subrayaba la historia anterior a la fun- dacion de la AP.A., operando en la trama de otros discursos sociales, Para comprobar esta afirmacién basta confrontar la actual version con la aparecida en 1967 bajo el titulo Historia, ensefianza y ejercicio legal del psicoandlisi® (Ed. Bibliografica Omeba, Bs. As.). Los autores argentinos hablan ahora de Ger- man Greve, James Mapelli, Anfbal Ponce, José Ingenieros, eteétera. Sorprenden también por sus alusiones a Jorge Luis Borges, Macedonio Fernandez, Oliverio Girondo y Felisberto Hernéndez. La presente histoire esté dirigida por Roland Jaccard y expone, con variantes, la perspectiva del psicoanlisis inter- nacional frente a lo que se ha propagado en nombre de Jacques Lacan (el capitulo dedicado a Francia y escrito por Alain de Mijolla es bastante explicito, incluso en sus omisiones). Y las preguntas ciguen ahi, cuando se trata de la formacién: a) ,C8- mo se puede analizat y seleccionar a la vez, en lo que se lama didéctico, cuando la funcién del analista supone la suspension 1 Emilio Rodtrigué: El paciente de las 50.000 horas, Ed, Fundamento, 2 Germén I. Garefa: La entrada del psicoanslisis en la Argentina, Ed, Altezor, 1978. | | | | | 2 GERMAN LEOPOLDO GARCIA del juicio?; b) {Cémo es posible reglamentar el control, una vez que se escucha allf que se trata de una demanda quiz pasa- Jera referida a la angustia producida por la propia funcién del analista?; c) wducida por las cambiantes situaciones politicas, o Sinead Po a ae otc {ue los profesores en la universidad. Carlos Astradas ¥ 1s J"Guerzero habfan sido radiados de la Facultad de Filosofia *; que habjan sido los mejores y no haba otros”. ylo male Semis “un pais sin tradicion cultural asentada ¥ tuna capital sobresofisticada, pero sin defensa contra la entra- informacion... i ging forse el ber floien: os grupos eran’ pagos) fue Sail Kartz, quien pronto dejaria. en grab Buenos Aires por Paris donde se entregaria a los estu- anos. Con los afios todo el mundo haba term ar la nueva instituciOn (grupos de estudios pagos), nado Pejaron entonoes algunos notables del género.”” Nombra Peal Sciarreta, Gregorio Klimosvky, Leon Rozichtner. ‘En el momento en que se funda la Escuela Freudiana tiene unos trescientos olumnos en grupos privados ¥ ensehe Jacques Lacan desde hace més de cinco afios. Los altumnos de ‘Oseer Masotta conocen bien a Sigmund Freud y avanzan hasta macion en 18 calle ¥ or en ln logitimidad mica y en la ae ia clinica), Al revés de lo que se dice, es la “experien- eer elinica” de los lacanianos lo que molesta a los de la A.P.A- (cobran menos, hacen ences por semana y tienen a ye cmsr en ia vanguard. prestigio de eins Guu en ix presentacion frente ala E.P.P.: 4. “La discusion dentro de la A.P.A. habia obedecido a ipa ieia Nl 20 GERMAN LEOPOLDO GARCIA reproches con respecto a la ideologfa politica de la institucion en su conjunto y la de sus analistas, a la posicién de privilegio del psicoanalista en el interior de las instituciones y las clases sociales, al mandarinismo burocritico de su régimen interno y el anilisis didéctico, a la lamentable pobreza tedrica de los se- “Comienza entonces.con un pacto de estudio el tramo que conducirfa fundamentalmente a la Escuela Freudiana de Buenos Aires. Dos jévenes psicdlogos y un flamante socidlogo @ quien no interesaba la sociologia, acuden a verme para pro- ponerme un grupo sobre los textos de Lacan", El grupo no habria de ser pago. Ellos eran Arturo Lépez Guerrero, Jorge Jinkis y Mario Levin, Mas tarde se nos unirfa Juan David Na- sio, un miembro actual de la Ecole Freudienne de Paris, quien me reconocia entonces el mérito de haber introducido la peste en Buenos Aires (...) Si es que un psicoanalista se debe a si mis- mo —habjamos entendido— es a él a quien corresponde deter- minar lo que eso quiere decir. En abril de 1969 parodiamos (sic) los encuentros de Freud y Fliess (...) se unfa al grupo otro grupo de médicos, psicoanalistas independientes ya que deten- taban en comin, en algin momento de sus vidas, haber decidi- do no ingresar en la asociacién oficial. En un tiempo habian in- tentado unir la prictica politica a la psicoterapia, pero varia- ban ahora sus modelos y comprendfan que no habia otra psi- eoterapia que la psicoanalitica..”. Oscar Masotta se habia alejado de la politica, éste grupo de médicos buscaba una distancia de la misma. No hubo una “forclusion” de la politica: una nota al pie de pagina, en la ver- sign francesa de la presentacién de Masotta frente a la E.F-P.. explicita este punto a propésito de la posicion de Héctor Jan. Kelevich (véase Ornicar? No. 20/21, Paris, 1980). Se decidié, mediante una discusion explfcita, excluirse de una guerra de declaraciones de cuyas consecuencias nadie podia defenderse. Ta posicién politica de cada miembro de la Escucla Freudia- na no quedaria “reflejada”” en las publicaciones y actividades de la misma. Oscar Masotta dice frente a la B.F.P.: “Como a interpretar el término historia en un momento en que en la * Incégnita. Ninguno de los nombrados aval6 con su firma la Escuela Freudiana fundada por Oscar Masotta en 1974, (Nota 1986.) MASOTTA Y EL ANALISIS LAICO a ‘Argentina ella no se piensa sino que se hace, a empellones san- grientos?” Intelectuales excluidos de la Universidad (Masotta es uno de ellos), psicdlogos excluidos del psicoanilisis y médicos sin didactico, sobre la base de una economia asentada en los gru- pos de estudios y/o la derivacion surgida de los mismos, fun- dan la Escuela Freudiana. ‘Al fondo, la violencia politica. En las jornadas de 1974, aludiendo a la muerte de Salvador Allende, Oscar Masotta dice: “Pero la historia es algo mas que el relato del pasado y lo negro de nuestro texto se tifie con la sangre de un presidente muerto. Se lo ve: hay aqui uria convergencia de azares cuya necesidad pareciera medirse en términos de tiempo y de san- gre” (Cuadernos Sigmund Freud, No. 4, 1975). s La alternativa tiempo o sangre habfa sido enunciada por Perén, defendido por Masotta en 1956: “Tal coyuntura —co finite es un nido de viboras (...). Bajo la sombra de la anée- dota historica como fantasma inmundo corterd por suerte el agua de las fundaciones legitimas”. Decir supone el derecho de enunciacion sobre lo que se dice, de ahi que el primer punto del acta de fundacién de la Escuela Freudiana sea realizativo: “Como el psicoanalista, la reunién en grupos de psicoanalistas para instituir el grupo, s6lo depende de si misma. Cuando el grupo, ademés, se nombra, fa saber, que se otorga nombre a sf mismo, entonces se funda. Esta reflexion, la presente, sobre lo que ‘ciertas fundaciones son en esencia, funda la Escuela Freudiana de Buenos Aires”.” ‘Al fin, el problema de legitimidad se resuelve en una parodia, enunciada en el nombre, que debe dar lugar a un trabajo que, retroactivamente, la convierta en verdadera: “Los abajo nom- brados instituyen, con la tinica solvencia del reconocimiento del futuro trabajo reciproco, un proyecto abierto de investiga cién y practica precisa, el psicoandlisis”” é Si en 1071 Oscar Masotta se atreve a proponer tn “psico- andlisis de Rodrigué” que opera como superyé, en tanto legiti- midad imperativa, en 1974 recupera el valor realizativo de la primera topica de Freud. La lectura de Jacques Lacan es pivo- ‘Acta de Fundacion de la Ezcuela Freudiana (Argentina). Cuadernos Sigmund Freud, No. 4, 1975. PN Tn TC ES RR RTT ee tS eTW Lea Tr ere ree re eae 2 GERMAN LEOPOLDO GARCIA te de Ia realizacién de un acto de fundacién i a ti cuya retroactivi- dad articula el nombre de Sigmund Freud como legitimidad de un pacto que excluye la gene ion Psi shal ine ue exclave Ia genealogia de la Asociacion Peico- Iv Mais le temps rend maniteste—et cela danse com le distoltion de 'EFP— ce qui wart cose dinate les Aivergences ecouverts para efrenee& Macatee (G.Gallano-Pet et J. Salimn Orica? (35) Hay diferentes versiones de las di i i ivergencias surgidas en la Ar- gemtina, desde que Oscar Masotta comienza la propagacion de Hees Lacan. Una habla de precipitacin, otra de ralidades persor reera, que citamos aqui, Beionales ¥ lt tacer, g 108 aqui, de un efecto de la Por nuestra parte, quisiéramos precisar: = 1s precipliacion es constitutive del acto, ‘Las Dersonas son sujetos de enunciacién “transindivi ~ La Escuela Freudiana (Argentina) se escindié sult Escuela Freudiana (Paris). oe ame _ Sin contar con el andlisis laico que se enfrenta al anélis oficial, en una alianza con médicos sin didéctico, en la dsputa de una clientela de psicSlogos, se lega a la estupider por evitar El matrimonio Lemoine declara en Buer 2 s nos Ai aquellos dist a muerte de Jacques Lacan, el asombro que le que alguien cite un semi : maces minario de éste diltimo que per- 0s seminarios inéditos fueron, desde el comienzo, el Soporte de los lacos y es allf donde Oscar Masotta legitiz ou posicion excéntrica (era una referenci paced tae a ia cuya referencia fue el «Como llega Oscar Masotta, que nunca estudié en Part: ¥ eshivo uns sola vez con Jacques Lacan, «situates eh ese leone? La respuesta es retroactiva a lo dicho por Jaeques Lacan en Caracas: fue un lector, no un clumno. Un lector pare el que los textos de Jacques Lacan eran mandutos, imperatives cate. ‘MASOTTA Y¥ EL ANALISIS LAICO 23 goricos: “Jacques Lacan atrae, intriga, y hay quienes —y no son los peores— esperan bastante de su pensamiento, y ello mucho antes, muchas veces, de conocer una sola de sus ideas. Impasse significative que debe ser imputado sin duda a la vi- sin hist6rica del mismo, Lacan me diria: si la audiencia espera ‘es porque tiene poco en las manos” (Oscar Masotta, 1969). La transferencia de esta espera, su falta de andlisis y la resolucién por el acting no autoriza a cerrar la pagina sobre el dictamen cinico de un diagnéstico (que, sin duda, hay que sa- ber... suspender). ‘Oscar Masotta sabfa que se juega a la politica, pero tam- bien habia leido en Za caria robada que el final del juego esté ya decidido en otro lado. Por lo tanto, s6lo queda esperar lo que uno desea y dejarse llevar por lo que dicta (puesto que la, voluntad de no ceder frente al goce es un suefio del deseo que regula los fracasos del placer). ‘Antes de la fundacién de la Escuela Freudiana Oscar Ma- sotta habia publicado dos nimeros de Cuadernos de Sigmund Freud (el primero en junio de 1971 bajo el titulo ‘temas de Jacques Lacan” y el segundo —con niimero 2/3— bajo el titu- Jo “Maud y Octave Mannoni, el estallido de las instituciones”, fechado en febrero de 1973 y que contiene el material surgido de la visita que el matrimonio francés habia realizado a Bue- nos Aires. ‘Ausente Oscar Masotta se publica el nimero 4, bajo el titulo “Jomadas Sigmund Freud”, con el material expuesto en la Facultad de Medicina de Buenos Aires entre el 28 de setiem- bre y el 13 de octubre de 1973. El niimero siguiende de Cuadernos de Sigmund Freud (5/6), fechado en mara8 de 1978 recoge bajo el titulo “Escue- Ia Freudiana; el discurso y la fundacién”, los problemas surgi- dos de aquel acto (la institucién psicoanalitica, el andlisis di- dactico, la ensefianza del psicoandlisis, la supervision, teorfa de la entrada, grados y jerarquias). Si las primeras revistas se plantean problemas de la “‘teo- ria”, aqui es la escuela como problema lo que aparece. Bs ob- vio que la EFP era el modelo, era obvio que el funcionamiento instaurado se convertia en obstaculo. EI nuimero 7 de Cuadernos de Sigmund Freud (el iiitimo en aparecer antes de la division de la Escuela Freudiana en ju- oy GERMAN LEOPOLDO GARCIA nio de 1979) intenta retomar los problemas del discurso anali- tico bajo el titulo “Los limites de la interpretacion”. Si la adopcion del modelo francés habia llevado a dejar de lado otros problemas, allf se intentaba por la publicacion bilin- site de un texto de Freud tomar distancia por el castellano y el aleman. Era tarde, porque la produccion de ese mismo niimero de la revista estaba dentro de lo que se queria soslayar. ;Como se podia instaurar los grados, si faltaba el pase? Oscar Masotta Propuso un procedimiento particular: aquel de los fundadores que deseara ser nominado como Analista de la Escuela (AB) le escribiria explicitando su pedido. Si la respuesta era negativa, podria volver a escribir, si ‘era negativa por segunda vez, un jurado ad hoe decidiria sobre el problema. El paso previo era que los fundadores reconocie- ran a Osear Masotta como A.E. Se hizo de esa manera y el resultado mostré los limites: ‘res médicos y tres analistas laicos (incluyendoa Oscar Masotta). A la inversa de la “‘garantfa ironica” propuesta por Jac- ques Lacan para los Analistas Miembros de la Escuela (AME), el funcionamiento ideado por Oscar Masotta convertia a los que no eran AE en AME. {No era el problema entre el andli- sis médico y el laico lo que estaba insistiendo? Uno de los seis, AE era un médico designado (sic) por el Centro de Medicina de Buenos Aires. En conclusion, quedaban allf dos AE laicos y dos AE mé- dicos, con sus respectivos mds uno (Oscar Masotta y el médico extradesignado). En lugar de AME ocupado por médicos y psicélogos y ‘marcado por la negacion del lugar de AE, produce efectos: los. psicélogos se dividen entre los que reconocen el andlisis laico de Oscar Masotta y los que se reconocen en el psicoanélisis mé- dico. Lo explicito en una discusion entre los que “len, saben hablar y ensofian” y los que “‘practican, tienen experiencia y callan”. Dos de los tres médicos designados como AE rompen con el Centro de Medicina y deciden impugnar la autoridad de Os- car Masotta mediante la promocién de asambleas para decidir otto tipo de autoridad. Oscar Masotta, en sucesivas cartas pii- blicas, se niega a este recurso y exhorta a quienes siguen de acuerdo con él a no participar en asamblea alguna. Esto hace MASOTTA ¥ EL ANALISIS LAICO 25 que las asambleas tengan “‘mayorfa”” opuesta a Oscar Masotta. Por iltimo, envia un telegrama: “La EFBA fundada 28 junio 11974 para resguardar fines, reconoce su despliegue campo del psicoanilisis y como efecto de discurso no tergiversado en su seno continiia hoy bajo nombre de Escuela Freudiana de la Argentina, La integran quienes agregan su firma a mi firma”. Oscar Masotta.* ‘Algo menos de la mitad de los miembros firmaron este te- legrama: los meses siguientes fue la basqueda de un local, la organizacion de una nueva biblioteca —puesto que los bienes, ‘comunes habfan quedado del otro lado— y la programacién de las actividades. Cuadernos de Sigmund Freud, a pesar de ser anterior a la fundacion de la Escuela Freudiana y estar dirigida or los que segufan con Oscar Masotta, quedo “iegalmente” en manos de los otros. Oscar Masotta no habfa calculado la posibilidad de que esto fuera llevado hasta este limite. En una de sus cartas pabli- cas dice: “‘Con respecto a la Comisién Directiva: desconocerla. Hacerlo en primer lugar como saboteo y abiertamente. No creo que la situacién dure mucho, No teman que por algiin artificio legal puedan ellos quedarse con el nombre de la Escuela Freu- diana de Buenos Aires. Ese nombre, que nosotros instituimos con nuestra histo- ria y nuestro trabajo, esté ligado a mi nombre (...) Lejos irfan ‘con un significante asi de marcado” (8/5/79). Fueron, unos meses después, hasta Caracas. Alli, por su parte, se abrié una nueva grieta. Los que segufan en el Centro de Medicina de Buenos Aires invocaron el nombre de Oscar Masotta —con raz6n, puesto que ellos habjan seguido en la nueva escuela hasta la muerte de éste— marcando la incision del grupo de los médicos, Es obvio que la confusion pertenencia y referencia es constante y produce, desde el comienzo, efectos incalculabes. 4Cémo no confundirse con la referencia a Paris, sin definir las, coordenadas de la propia pertenencia? Los que imaginan que pertenecen a Paris tienen como referencia a los poderes facti- ‘cos que operan en el campo (Universidad, Hospital, etoétera). ® Escuela Freudiana de la Argentina (Homenaje a Oscar Masotta). Bd. Paradiso, 1979. 26 GERMAN LEOPOLDO GARCIA A 1a inversa, cuando se intenta instaurar un nuevo espacio de pertenencia se choca con las referencias facticas (converti- das en pertenencia legitimadas por la referencia a Paris). De qué se trata, entonces? Una referencia de alguien que siguié con Oscar Masotta y otra de un “homenaje” péstumo de quienes lo habian rechazado. Dice Sara Glasman: “En el transcurso del afio 1973 se corganizaron en la Facultad de Medicina de Buenos Aires unas jornadas similares a las hoy realizadas (Biblioteca Freudiana de Barcelona). Fue un instante fugaz que permitio el acceso de cierto tipo de discurso, el acceso de un Decir, al templo del su- puesto saber médico que lo habia refractado desde siempre y que volvié a reprimirlo, a borrar sus huellas, apoyandose en el oscurantismo desatado por la posterior dictadura militar” (Di- wan, 2/3, septiembre de 1978). A pesar de su declaracién de principio, la frase identifica las “Luces” con el mbito de la Facultad de Medicina. Fue des- pués de esas Jomadas del 73 que se fund6 le Escuela Freudiana y fue después del golpe militar que el “‘oscurantismo” de algu- nos médicos amantes de las luces apel6 contra Oscar Masotta ‘en nombre de la nueva verticalidad restituida. (Por supuesto, esos médicos eran de “ideologia progresista” y su interés por apropiarse en exclusiva del psicoandlisis era ajeno al proyecto “criminal de los militares. Contrario a lo que dice Sara Glasman, el discurso anali- tico conocid y conoce un auige especial en tanto pudo escapar de la abolicién impuesta a otros discursos (e! fréudomarxismo, cierta psiquiatria social, etcétera). Si bien esto no dice nada de la verdad de cierto discurso, sf habla de un discurso que no puede eludir esta verdad: el psicoandlisis no puede ser un bien, tampoco el defensor de un progreso. Lo que se gana por un lado —dice Jacques Lacan— se pierde por el otro y suponer que se gana es olvidar que se pier- de. {Puede decirse, también, que algunas veces se habla de pér- dida para resguardar mejor lo que se gana? As{ parece mostrar- lo cierta retorica de la “‘carencia” instaurada en medio de un horror demasiado rea! —as{ le parecfa, al menos, a Daniel Sibo- ny cuando lo invitamos suponiendo que podfa estar al margen de ciertas presencias que querfamos evitar— La otra referencia miente: “Es desde su implicacion con ‘MASOTTA Y EL ANALISIS LAICO 2 Pichén Riviére, con Arminda Aberastury, con Rodrigé y atin ‘con Garma que la insercion de Masotta con el psicoanilisis tie- ne que ver con lo mas real de éste: el acto analitico. No es pues tampoco azaroso que la Facultad de Medicina fuera el lugar de Jas primeras jomadas piblicas, con motivo de un homenaje a Freud. La clinica estaba en su mira” (Notas de la Escuela Freu- diana de Buenos Aires, diciembre de 1979). La clinica es el 4mbito “territorial” de la Facultad de Medicina y el hecho de ‘que Pichon-Riviére le prestara algunas revistas (con articulos de Jacques Lacan) a Oscar Masotta, se convierte en esta afirma- ‘cidn: “Son las vicisitudes de la trasferencia que se anudan on 4, desde Otro lugar y a la que Pichon Riviére puso cuerpo para anudar un hallazgo que hizo de Masotta no un filésofo, no un ensefiante, sino un psicoanalista. Su encuentro con Pichon Ri- viére, lo liga a una historia que no es sélo la de la cultura gené- rica sino a una historia que se remonta a la Apa, ala fundacion del psicoanélisis: cura (sic) tealizada por un psicoanalista”” (idem). Pichén Riviére, que se fue de la APA para fundar su Es- cuela de Psicologia Social, es devuelto a la misma para que Masotta pueda estar en la “fundacion” del psicoandlisis. ;Ast que la filial argentina de la LP.A. fundo el psicoandlisis? Estos médicos que no hicieron el didéctico encontraron en el “‘me- didor” Oscar Masotta el discurso de Jacques Lacan que les per- i i in Psico- ‘analitica Argentina como ‘“vanguardia” del psicoandlisis. Si- guendo una sutil cadena metonfmica de nombres y de cuerpos se puede legar desde el presidente de la LP.A. hasta cualquiera de estos “lacanianos”, sin que sea necesario dar un solo salto y tampoco encontrarse con algiin sobresalto. Despues de todo, no serd la primera vez que un movimiento concluye en el mo- ‘mento en que sus dirigentes pasan a ser parte del poder esta- blecido. ‘Una de las consecuencias del golpe militar de 1976 sera la desaparicion progresiva de los espacios intersticiales y la recu- peracién del discurso del psicoandlisis —del que habfa sobrevi- vido por su distancia con la politica explicita— por las institu- ciones oficiales y por los que se apresuran a oficializar sus ins- tituciones. Un ejemplo: “Grupo o instituci6n, el Circulo Freu- diano desarrolla hoy una activa vida cientifica. Todo comenz6 ie da) 28 GERMAN LEOPOLDO GARCIA (sic) en 1976, en las clases de Psicopatologia que un grupo de profesionales dictéramos en la carrera de psicologia (UNBA). En un momento fue necesario que docentes y alumnos forja- ran un dmbito que consintiera (sic) el estudio y la discusion de la Obra de Freud” (Letra Freudiana, No, 1, Bs. As., 1978). v Nous ajouterons en 1982: pas besoin d’étre psychologue non plus, psychologue des facultés, et & eet égard tendre 4 uniformiser le non-médicin sous une catégorie professio- nelle se raménerait a un rejet de la Laienanalyse. J.P, Colombier, Littoral No. 5, Paris, 1982. Mis laicos no existen todavia —dice Freud a Pfister, en una carta de 1928. Es decir la palabra ‘‘Laien” (laicos) designa Por aproximacién una figura que se parecia al seglar, al hijo del siglo que se sustrae a una tradicion. Una funcién nueva, un nuevo discurso: el analitico. Freud defiende el andlisis laico en un trabajo de 1926 titulado Die Frage der Laienanalyse (tradu- cido por Lopez Ballesteros como Andlisis Profano). Freud no isa “profan” (profano), tampoco “Entweihen" (profanidad), sino “‘Laien” (laicos). En 1910 el problema era otro: Uber “wilde” Psychoanalyse (El psicoandlisis silvestre). Por otra par- te, The Wild Analyst (Ia biografia de Groddeck escrita por Carl y Sylvia Grossman) es traducida como El psicoandlisis pro- fano (F.C.E., 1967). En inglés el viento puede ser “wild” (Ii- bre) sin profanar nada. :Por qué traducir “wilde”, sin las comi- las de Freud, por “silvestre”? ,Por qué traducit el “wild” in- slés por profano? Los traductores también son Laien, hijos del siglo, que captan ciertos campos semainticos constituidos. En 1910 existe la desviacién “wilde” (el que va por la libre) y en 1926 no se ha podido definir el estatuto de aquellos “Laien” y el psicoandlisis queda sumido en la legitimidad médica. E| anillisis laico plantea el proglema de una cofradfa —con Jas connotaciones de secta, sea religiosa o de rufianes— que MASOTTA Y EL ANALISIS LAICO 29 Puede llegar a responder en espejo a la impostura que dice combatir. ;No es el problema de las “escuelas” que no llegan a instaurar la transmision explicita del legado que dicen trans- rmitir? La cofradia es también cota (malla defensiva, fortifica- ci6n, eteétera) que defiende un cuerpo instituido excluyendo el discurso instituyente (es el efecto de grupo borrando el efec. to del discurso), 4Por qué resulta imposible el estatuto laico del psicoané- lisis? Si bien Sigmund Freud sabia que la medicina poco tenia que decir del hecho de que el cuerpo goza de si mismo, es ver- dad como garantia de la propagacion de su discurso. Pero, qué ocurre en la actualidad, cuando la medicina descubre los hdbitos de esa figura como un obstaculo para su propia realiza- cién? “EI analista tiene horror de su acto” —dice Jacques La. can. {Se encontrard en esta afirmacion la respuesta a esa ten. dencia a buscar un plus como soporte de la prictica? Es cono- cida la funcién falica de los ‘titulos” (sean profesionales, de nobleza, de libros publicados) y su relacién con cierta falla en Ja funcién del nombre Qué fonemas imposibles de escuchar gritarian alli don- de esta equivalencia dejaria hablar ese agujero que el nombre cubre? Deixis en fantasma que multiplica el “alli” (tanto vale la otra escena como Paris). La funcién de los analistas laicos nunca fue estudiada de manera particular, quizés por quedar borrada dentro de una historia general: la del psicoandlisis en los USA. En efecto, en un articulo de John A. P. Millet sobre el psicoandlisis en’ los Estados Unidos, podemos leer: “‘La politica de Freud habia sido siempre aceptar a los legos dotados para la ensefianza, con la vista puesta en su transformacion en terapeutas”. “Este punto de vista se oponia a un arraigado prejuicio de los norteamerieanos (...) En 1927, esta controversia aleanz’ su cumbre en las deliberaciones de la New York Society a American Psychoanalytic Association. Los legos habj a Europa para analizarse con Freud y sus colegas, y habia su. Puesto que a su regreso serian bienvenidos en la fa) Cuando esto demostré no ser asi, se produjo una cion. Freud estaba furioso, Brill fue inexorable” (Histo Psicoandlisis, VII, Ed. Paidés, 1968). 30 GERMAN LEOPOLDO GARCIA Otto Rank (1884/1939) fue el primer analista laico que practicé el psicoandlisis. Emst Kris (1900/1957) dejé la carrera de medicina a pedido de Sigmund Freud, para hacerse cargo de la direccién de la revista Imago. Hanns Sachs (1881/1947) se convirtié en 1920 en “didacta” del Instituto Psicoanalitico de Berlin, siendo un analista laico. En Francia, un caso similar es el de Marie Bonaparte (1882/1962), mientras que Geza Roheim (1891/1958) sufre un doble rechazo, como antropélogo y como analista, por su condicién profesional “‘defectuosa”. Dos laicos estaban en el Comité de los siete anillos (Hanns Sachs y Otto Rank), més él fundador Sigmund Freud y cuatro médicos (Sandor Ferenczi, Ernest. Jones, Max Eitingon y Karl Abraham). ‘Otros Iaicos se “aplicaron” a la educacién (como en el caso de Oskar Pfister y Siegfried Bernfeld) o fueron integrados como Ella Freeman Sharpe en Londres. ‘La exclusion de los analistas laicos, contra la posicion de Sigmund Freud, se realiza en los USA y Paul Schilder juega un papel fundamental. Incluso los que escapan del nazismo en- cuentran problemas y, cuando es el caso, los médicos formados en Viena tienen que revalidar sus titulos para ser aceptados. En 1927 Sigmund Freud no puede ineidir sobre estos “‘prejuicios” locales y la expansién del psicoanélisis comienza a producir diferencias institucionales que luego serén también divergen- cias en le doctrina y su prictica. Por supuesto que también los laicos plantean disidencias, pero son los médicos los que argu- mentan la exclusién en nombre de una transmision seria y rigurosa. Los laicos que estaban con Sigmund Freud eran activos en las publicaciones y también intransigentes en la polémica, por lo que cumplian una funcion instituyente en la propaga- cién de la ‘‘causa”, Es también en 1927 que Freud debe tomar osicion frente al problema, pero calla la disidencia con los norteamericanos (diez afios después, atacando justamente a un laico, se burla del modo de vida americano). ‘Jacques Lacan, en el momento instituyente, también recurre a los laicos y alguno de ellos supo responder hasta la actualidad, ‘Aludiendo a los que imitan el estilo equivoco de Jacques MASOTTA Y EL ANALISIS LAICO a1 Lacan, en algin lugar Jacques-Alain Miller afirma “la univoci- dad es mi Otro”. Paul Roazen (Freud y sus discfpulos, A.U., 1978) habla de “‘profetas” y describe los problemas del laico Theodor Reik (1888/1969) con los analistas de Nueva York, problemas que Jo Hevaron a fundar su propio grupo de formacién (quizé el si- lencio de Freud frente al rechazo de los “oficiales” estuvo en el alejamiento final). ‘Paul Roazen comenta, a propésito de Hanns Sachs: ‘abandoné el derecho totalmente y decidié ejercer como ana- lista profano (no médico). Freud daba buena acogida a perso- nas procedentes de otros campos, pues podrian aplicar su obra 1a las humanidades y a las ciencias sociales. Deseaba que ejercie- ran el andlisis, para que pudieran entenderlo plenamente; pero tenjan que abandonar sus carreras anteriores, pues Freud no erefa que se pudiera ser snalista correcto, a no ser que se prac- tique el andlisis permanentemente”. Es decir, que Sigmund Freud no exclufa a los que elegia para propagar el andlisis en otros campos, de la practica del mismo —puesto que dicha préctica le parecia parte de la for- macién de lo que alguna vez llamé “certeza del inconsciente”—. vi En la Argentina, al igual que en Espafia, el psicoandlisis cono- cio una primera difusiOn entre la década del veinte y la del treinta. Bn Espafia, como intentamos demostrar en otra par- ‘e,? los psiquiatras y los fildsofos se despreocuparon de la for- macién de analistas y de la practica del psicoandlisis, puesto que buscaban en Freud argumentos contra la “moral religosa” imperante. Luego, se puede conjeturar que fue resultado de la Guerra Civil (Angel Garma se forma en Berlin y se exilia en Buenos Aires) lo que excluyé al psicoandlisis. 2Qué paso en la Argentina? He demostrado en otro trabajo que los psiquiatras adscritos a la politica del Partido Comunista Argentino recibie- ron la orden que entonces se lamaba Pavlov. Pizarro Crespo, German L. Garefa: "Psicoandliss, fuera de Espafia!”. En Psicoanéli- sis, dicho de otra manera. Bd. Pre‘Texto, 1983. 32 GERMAN LEOPOLDO GaRcta Comunista, tampoco con la ‘Mira Lopez habla, en 1940, contra la psiquiatria en la Fa- cultad de Medicina. Ya fundada la APA. ba a médicos sin didéctico, quienes legitimaben = sicélogos ue estudiaban con Masotta y se analizaban con ellos iad an a, Argentina de 1982 Pacho O'Donnell defive con cla- Bdad la alianza que comentamos: “Los escindidos de la kp A, Suniados a psicélogos y médicos que se habian mantenide fs. man Scns institucion, en 1972, forman dos grupos, Plstafon, {es cireunstancias politcas del pais, aunque O’Demochobee Be uous! ninguno (haba) adherido'a algun partido politiens ii Suma, eran simpatizantes del peronismo, del tadialies 5 sngencellismo modemo (sic): “recuerdo esos tiempos Lencee MASOTTA Y EL ANALISIS LAICO 33 chos otros psicoanalistas de elevado y reconocido prestigio, como Santiago Dubcovsky, Rafael Paz, Tato Pavlovsky, Hex, nan Kesselman, Armando Bauleo, Horacio Scomik, Hugo Bleichmar, Pancho Bellagamba, Luis Hornstein, Diana Btie ger de Alvarez, los esposos Simoes, Manuel Baslavsky, ete.”, En la “herradura” (para usar’el término de Jean-Pierre Faye) entra de los prestigiosos didactas de la A.P.A. hasta ol “introductor de Jacques Lacan en la Argentina”, sin que se excluyan las pricticas de psicodrama y los “pioneros de la psi. uiatria”. Cuando hice la critica de esto mismo (La entrada del psi- coandlisis en la Argentina, Ed. Altazor, 1978) fui acusado de equivoco politico por sostener el discurso de Jacques Lacan fn esas condiciones. Ahora las cosas cambiaron: “A. pesat de tanta arbitrariedad y a pesar de tanto infortunio el psicoandli, sis continué vivo (...) aunque sabia, tctica y dolorosamente clvidado de sus conexiones con lo social. En estos tltimos ates es cuando se produce el impresionante auge del pensamiente de Lacan, siendo absolutamente infundiosa y falsa la bastante dio se debi, justamente, a su cardcter poco iritativo y eseasa, mente revulsivo”. (Idem.) Las citas anteriores se publicaron en un articule:de Pacho ©Donnell lamado “El psicoandlisis y los afios oscuros” (Cares + Caretas, No, 2192, Bs. As., noviembre de 1982), Lo publicado por Plataforma y Documento, tanto como Jas declaraciones hechas entonces y los programas de ensefen 24 que realizaban, muestran que se planteaban como alternati, Wa al lacanismo” de aquellos que constitufan un polo dirigido Por Oscar Masotta, Didactas disidentes, médicos carentes de didéctico y pai- célogos de inspiracién dindmica —también progresistas—" se Teconocen en esa altemativa. Después de 1976 eve espacio que, fa borTado, como tantos otros, El lacanismo sobrevive por su falta de incidencia social y por la cautela en sus declarasiones ¥ declamaciones pablicas. Después de 1976 lo que queda de quella alternativa borrada se desplaza hacia el discurso “lace, En 1980 Oscar Masotta ya habia muerto, la Escuela Freu- a GERMAN LEOPOLDO GARCIA diana era de los médicos que se habfan librado del ‘‘introduc- tor” unos meses antes y los que venfamos de la vertiente laica carecfamos de legitimidad social y estébamos marginados de Ja “*herradura” formada por aquelios moderados simpatizantes “coneientizados” por las circunstancias, Desde un periddico que (como todos en ese momento) era controlado por el poder militar, uno de estos simpatizantes {insinuaba que mi libro criticaba a los que no podian responder- me (aludiendo a los que citaba con la cautela de valerme sola- mente de libros publicados y en circulacién en la Argentina de 1978). zGdmo decirle que hablabe por ellos desde un periédi- co tan oficial como cualquier otro? La culpa estaba en el aire ¥ cada uno trataba, como bien se dice, de cargarle el muerto al otro. gPor qué no valerse de uno que estaba suelto y no podia ser defendido, uno que representaba a nadie? En la Argentina de 1983, vuelta a organizar la alianza me. dicopsicolégica, los “lacanianos” de ayer pueden compartir la mesa con los didactas de hoy. Por eso O’Donnell di referiré en estas paginas al proceso posterior de que fue democratizéndose bastante hasta sufrir varios afios mds tarde el desprendimiento de sus componentes més tradiciona- Jes que se agruparon en APDEBA”. La A.P.A. se escinde por influencia de Serge Leclaire (con lo que implica Leclaire como recuperacién desplazada de los efectos de mercado del llamado “psicoandlisis francés” frente al desprestigiado “psicoandlisis inglés”), Si volvemos ahora a la Histoire de la psychanalyse dirigida por Roland Jaccard encon- ‘traremos en el capitulo dedicado a la Argentina la misma cons- telacion de nombres, recuperados de manera diferente. La diferencia se encuentra en “el liicido introductor de Jacques Lacan”, incluido en la enumeracién realizada por O° Donnell y borrado de la version oficial. Christian Delacampagne, que hace retornar el nombre de Oscar Masotta desde la “peninsula ibérica” es también quien analiza de manera consistente el juego de la medicina y sus alianzas, as{ como el uso que puede hacerse en este campo del discurso del psicoanélisis (Psiquiatrfa y opresin, Ed. Destino, Barcelona, 1978). Por su parte, los autores argentinos de la histoire intro- ducen el problema del laico en la clisica alianza de “‘médicos MASOTTA Y EL ANALISIS LAICO 35 ‘que practican” y “epistemélogos que formalizan’’. Pero vimos ‘que Sigmund Freud incitaba a quienes se ocupaban del psico- anélisis apticado a practicarlo, como la tnica manera de poner ‘en juego un saber del inconsciente que no puede constituirse ‘como conocimiento, ZA quién le importa, si frente a esta estrategia de la A.P. ‘A. se encuentran aquellos que hacen de la lectura un rito espi- ritista y afirman Lacan nos decia, ya nos dijo Freud, eteétera? El medium ya no es la palabra, porque la palabra es pro- piedad del medium: “De hecho, incluso si se cree fuera, el ad- ermio del discuno peiquftrico se encuentra répidamente dentro... A causa de su hi chazada a la clase de los enfermos. Puesto que pretende atacar a la psiquistria y como no tiene ni el saber ni el poder exigido para hacerlo, debe ser una especie particular de paranoico agresivo” (Chris- tian Delacampagne, {dem). Apenas libre en su téctica, ignorante en su estrategia, la presencia del analista en este mundo muestra de qué manera el sintoma hace politica con aquellos que ignoran la politica Gel deseo*. Se dice que la ama de lave de Valle-Inclén, cuando conocid Venecia, se preguntd azorada: {Como puede esta pobre gente vivir toda su vida en una ciudad inundada? Valle-Inclén nunca olvidé la revelacién de este sintoma que se llama la cultura europea. ;Cémo es posible que los ana- listas defiendan aquello que el discurso que los arrastra de los pelos esta llamado a disolver? Recuerdo uno que, para darse ai- res de estilista, escribi6: “El que mienta Lacan en estas pégi- nas...”. En efecto, Lacan mentfa allf y el constructor del versi- to no lograba mentar a Lacan. Los términos de Jacques Lacan, arrojados por cada uno a la cara de cada otro, invaden el mer- cado de la rivalidad profesional (unos como soporte propagen significantes y los que soportan el ideal tratan de apropiarse de ellos). La incidencia transferencial, que deberfa separar la escoria del resto, no puede analizarse en tanto se eclipsa en la sugestion. Es 10 que O'Donnell no puede leer de lo mismo que escri- be cuando habla de “hicido introductor”, ni cuando convierte *, Jacques Lacan: ‘La direeeién de la cura y los prineipios de su po- der”. (Eseritos, Ed, Siglo XX). 36 GERMAN LEOPOLDO GARCIA 8 los “‘conservadores y reaccionarios” de antafio en los “‘com- ponentes tradicionalistas” de hoy que se agrupan en APDEBA, Si se nombra a Oscar Masotta es necesario exponer las conse. ‘uencias, lo que implica exponerse a los efectos de una historia que todavia no concluyé, Podria testimoniar de la calumnia, de Ia falta de generosidad y hasta de la ferocidad, que aparece. en los legitimos representantes del psicoanélisis cuando un lai, co se atreve a decir que el rey esta desnudo. Las razones por las que Oscar Masotta se convierte, para €l caso del psicoandlisis argentino, en el pivote en toro al que se puede plantear el problema dei analista laico, también hay que buscarlas en la exclusion que se hace del psicoandlisis cuando opera como el plus de algunos profesionales de la me. dicina y la psicologf En octubre de 1979 Jacques-Alain Miller afirma en Cara- # (‘La experiencia analitica (hay que pasar por alto muchos de los discursos de los psicoanalistas mismos para darse cuen ta) es profundamente laica”’.” foro ,8OUetdO con esa afirmacion este articulo muestra la diferencia territorial en lo que hace a la declaracion que sigue Un Poco después en la misma conferencia de Jacques-Alain Mi. ler: “Hay, decfa Freud, dos peligros para el psicoanilisis: los sacerdotes y los médicos. Porque desde el origen de los tiem, ma. Por eso Freud libro ese combate, lo que no impidié a los analistas, que se decfan freudianos, echar este texto al olvido © uno de los combates de Lacan, uno de los combates que gx: 29 en Francia, es el combate por el andlisis Iaico. Hoy an dia én todas las sociedades francesas de psicoandlisis, hay no médt Cos aceptados, reconocidos por las asociaciones. Este combate Ro estaba ganado en 1953, y fue una de las causas de la priew, ta escision del movimiento psicoanalitico francés”, Enire nosotros ese combate ni siquiera se ha planteado con claridad, puesto que el pivote eran los psicélogos y éstos jacques-Alain Miller: Cinco conferencias caraquefas sobre Lacan. Ed, Ateneo de Caracas, 1979. MASOTTA Y EL ANALISIS LAICO a7 prefirieron en su mayoria la complicidad con los médicos para excluir a los otros de la practica y en caso necesario incluirlos como ensefiantes. Porque, como dice la cita que hicimos anteriormente de JP. Colombier no se trata de convertir no-médico en sinoni- mo de psicélogo y de esa manera seguir disputando en torno al fracaso de la psicologia, a la vez que se hace participar a sus agentes en un desplazamiento secular de los poderes. Serfa irri- sorio que el “desétre”” médico fuese incluir al psicdlogo conver. tido, por esta operacién, en guardian de los poderes y en desas- tre del psicoandlisis, Por lo tanto, el problema sigue alli. Y si se habla de Freud, recordemos que fue la Iglesia y el Ejército lo que le sir- vio para demostrar algo que esta en ei fundamento de las “cor. Poraciones”. ,No hizo la Iglesia, mediante las “hermandades" entrar la diferencia en la jerarquia més férrea? Por su parte, el Ejército tiene una doble entrada para garantizar el limite en el ascenso de los que pueden legar al mismo desde otra clase, En este sentido, la alianza entre médicos’y psicdlogos [aceptada por la L.P.A, desde hace unos afios, al menos en sus filiales norteamericanas— no resuelve el problema del anilisis laico, La LP.A. cuenta en la actualidad con oficiales y suboficia- les, asi como con sus teéricos oficiosos. Por iiltimo, quisiera que se entienda que si parezco hablar ‘mal de algunas personas es porque nunca promovi la violencia que consiste en resolver —unas veces de hecho, otras de dere- cho— que ellas no existen. En 1973 titulé la presentacion de la revista Literal con esta frase: No matar la palabra, no dejarse matar por ella. Puede leerse de muchas maneras, pero supongo que esta excluida la posibilidad de que se lea como una ofren- daa los Dioses Oscuros. Barcelona, marzo de 1983. Jacques Alain Miller: “Carta sobre el estatuto de los psicoanalstas” (Nota de 1986). Rev. Descartes, No. 1. | EL MODELO PULSIONAL | | Oscar Masotta Seats orca eee La mujer es més reeéndita que el camino por donde fen el agua pasa el per. Voy a continuar con este intento de introducir a ustedes a las ideas de base de la prictica y In teoria psicoanali- ticas. A partir de las ideas enunciadas en las seis reuniones anteriores, y retomando los acentos, muestra conversacién ir& abriendo un sendero cuyo transito volveremos a escalo- nar en otras seis reuniones. Concederé con placer a la audiencia —ya he hablado de ello— que no es ficil adap- tarse al modo en que el psicoanalista ordena y construye las ideas y conceptos que manipula en su préctica, pero me gustaria que ustedes me concedieran al mismo tiempo que esta empresa, a mfa, ir completando estas lecciones de intro- duceién al psicoandlisis, nd carece tampoco de dificultades. Lo menos que habré que pedirle a una introduccién al psicoanilisis, si es que no renuncia a un cierto potencial de originalidad, es que sea capaz de movilizar a Ia_audiencia hacia el verdadero nticleo o nudo de problemas. Nos refe mos a los mismos que muchos de los diseipulos y seguidores de Freud pretendieron corregir, retrotrayendo el pensa- miento a lugares que el maestro habia descartado, quitando ‘8 eus ideas su conviecién subversiva, eu pasién por ponsar objetos te6ricos inquietantes. iSi_pudiéramos comenzar a escuchar la advertencia, cierta sirena inseparable del texto freudiano que pueda introducirnos, asf fuera incipientemente, hasta verlo aso- mar al menos, al duro concepto de pulsién! ;Qué significa la tan vapuleada frase que habla de “relacion de objeto”? 42 OSCAR MASOTTA iHay tal cosa? Pero jel objeto en cuestién es el objeto de_ la_pulsién? ;Tiene la pulsién objeto desde siempre? Pero hablar de la palabra pulsién en los textos freu- dianos acarrea de por sf algunas dificultades, Lo que ocurre es que la pulsién es un coneepto, y como tal exige una defi- nicién univoca, mientras que la palabra que en los textos se refiere al concepto puede cobrar ms dé una significacién: siempre encontraremos en Freud problemas de términos, Di- gamos desde ya que la pulsién en Freud remite a dos sub- campos tedricos que por miotivos heuristicos conviene dis- tinguir. Por una parte remite a lo que podriamos muy bien lamar los avatares y la historia del gran modelo pulsional. Pero simulténeamente, y sin menor precisién, « la doctrina de las pulsiones parciales. Estos dos subeampos, que abor- “atemos por separado, por supuesto, remiten o confluyen en la definicién misma del concepto de pulsién. La pulsién —dice Lacan— es siempre parcial. La expresién de gran modelo pulsional que nosotros introducimos —ya que Freud no la utilizo— nos permite evocar una especie de exigencia epistemolégica a la que el creador del psicoandlisis permanece fiel a lo largo de su obra, Desde muy temprano Freud intentaré siempre hacer depender 1a neurosis y el conflicto psiquico de la teoria de un dualismo pulsional subyacente, o para decirlo mejor, darse a s{ mismo una gufa, un marco de referencia mayor para recoger los datos de la prdctica, observar y modificar las observaciones clinicas. Construye entonces un primer modelo y habla de pulsiones de conservacién y de pulsiones~ Sexuales, 4 saber, que resume y reduce la pluralidad~de ‘tendencias y de los instintos de las teorias psicolégicas y sociologieas de la época. Més tarde, para responder a las dificultades y éxigencias de una teorfa que se iria constru- yendo sobre la marcha, Freud introduce durante el perfodo de eu obra que se llamé “codo de los affos veinte”, uit nuevo modelo de las pulsiones y hablé entonces-de pulsiones de vide y pulsiones de muerte. Seria imposible evocar aqui Jos problemas tanto de orden general como particular, pro- pios del espacio tedrico donde Freud trata de vincular las +hipétesis de trabajo y la observacién clinica, que presiden Jas transformaciones del gran modelo pulsional. Dos cosas EL MODELO PULSIONAL 43 embargo al creador del psicoandlisis: por no escapatmjcpecto, la vocacion altamente especulativa del gran modelo pulsional. Cuando.en Mas alld det principle Get placer introduce la hipétesis, por lo demés nunca del todo’ suficientemente probada, de una pulsién de muerte, sélo puede hacerio eehando mano de analogias més o menos vas con la biologia de su tiempo. frau teoria. del dualismo pulsional Freud habla, 90, at “nuestra mitologia”. Pero a la inversa, tela, 3e jatransigente cuando se intentabe desmantelar ia relaién de una especulaciin juts, con Jos fundamentor @s a i rato de si 6 1a tere Sele cereano 2 2 filosofia sobre la ciencia de Ernst. Mach, ‘parece contradecir el_postulado, que ne ign y observacién. Escribe entonces que capectiativasy tebrieas no son el fundamento en el que deveansa toda la ciencia, que esas ideas “no son la base fino el techo de toda Ia'estructura” y que esas ideas, o- mo” el techo de cualquier etiticio, pueden “reemplazarss se” sin dafiar al edificio mismo. ¥ iGesearintexto Freud denuncia el monismo de Jung. y muestra hasta qué punto el techo de reeambio Jungulang poy Aria aplastar al edificio entero de la teorfa. Kn Pulsién y na destinos, que redactaria poco tiempo después, vuel Freud’ a restituir toda su eomplejidad al diseurso tebrico, a referirse a tna epistemologia de la investigacién en ue la especulacidn recobrarfa todos sus derechos. La palabra pulsién misma (Trieb) aparece por prime- ra ver en 1905 en los Tres ensayos sobre una teoria. sezual, pero la necesidad del concepto habia presadigo a la apericita érmino. Freud entiende eefir, medi a oe tciiad de la sextialidad humana, Pero esa specifi ad exigia desde ef principio un modelo dualista en tectores del nifio sumido en la indefensién biolégica se tor- nan modelos, para In capacidad de amar del sujeto; es_el Ter ae de los antares iogleses. Pero aun, la deler- minacién de las zonas erégenas depende de la Anlehnung, el sujeto erogeniza las partes de su cuerpo que cumplen ua funcién biolbgica. La sextialidad nace apoyada en los bordes exteriores del cuerpo que cumplieron una funcién biolégica {alimentacién, exerecién). Pero lo que hay que retener de la Anlehnung’ freudiana, como lo hemos dicho en otro lado, es que si la sexualidad humana nace as{ de apoyada es por- que se sostione mal. SimultAneamente el primer modelo pulsional permite acentuar la necesidad tedrica fundamental de un dualismo de las pulsiones: es necesario, para otorgar ala sexualidad lo que le es especifico en tant tal, poder distinguirla de un manojo de pulsiones o de un campo ne sexual. ‘ nivel explicito, es decir, en los textos en que Freud OSCAR MASOTTA explicitamente a é] modificado hasta 191 » Trastornos psicogenéticos de la eguera histérica Freud p1 coneepcién pre} se xefiere, el modelo se mantiene_in- ue publica su ensayo sobre visiin. A partir del ejemplo rosigue en este trabajo la po- psicoanalitica (Janet, Breuer, fquica. No se trata de que el ién a causa de una escision mental, o como consécuencia Sobre si mismo, la autosu- ‘ara entender ‘lace; ie Partir del reconoeimiento de la doble uli. n linicamente para perel shjetos del mundo externo, funcién Jos ojos también apresan y vigil propledades.sexuales Ge Tow’ dbfeton a eleccion del objeto erbti dela de diseulparse por un afirma que la patologia psiquica lucha, de la antitesis entre’ doe ion, divfarios se- sefiala por un la- ero por el otro habla simul- Isiones de conservacién o de 30 se ve Freud funde asf en_aquella terior de Ja defensa con el gran modelo Jémica contra la Bernheim) de | baciente haya perdido la visi automética del funcionamiento de una sugestin que ejerceria gestion de que no puede ver. psiquica hay qu lizacién del ojo. las alteraciones de ios ob; que importa a la vid las caracteristicas y guian y presiden la’ el donde Freud no claridad de la de la vision resulta de la Dulsiones. Tntroduce entonc ‘méntiga,en relacién con pulsiones sexuales, A famente de pls pulsiones yoiens. Com: etapa el modelo ani La vista no sirve de los objetos, ieo. En un texto a clerta falta de el modelo pulsional: endl es la razén de la oj ¥ cual la yazén de que eomo en este caso, sobre el general como particular. psicoandlisis nos remite a sexualidad pasa por una evolucién » Siones parciales, la analidad, la orali @as_por imposicién de la cultura vir parte, que permite a Freud yo. Si el yo debe ser entendido rente de representaciones, es_son el produc el_sistema de valores y signis posicién entre las dos el resultado patolégico | ojo? Estas son tanto En primer lugar el crea- Su trabajo de 1905: la complicada, y las pul- idad deben Ser sojuzga- He aqui la rasén, por hablar de pulsiones det como un conjunto cohe- relacién del indi eaciones sociales. Freud justifi fica asi a menudo la hipotesis EL MODELO PULSIONAL a1 teSrica del modelo pulsional sefialando su utilidad para dar cuenta del conflicto neurético, e insistiendo que tal modelo le ha sido impuesto por la observacién y la clinica del neurético. En segundo lugar tanto las pulsiones del yo o de conserva- ¢ién como las pulsiones sexuales tienen los mismos érganos a su disposicién. “La boca sirve para besar tanto como para. | comer o para la expresiin verbal, y los ojos no perciben tan s6lo las modificaciones del mundo ezterior importantes para la conservacién de la vide, sino aquellas cuatidades de los objetos que los elevan a la categoria de objetos de la eleccién erotica, o sea sus ‘encantos’” (pag. 1683). Do- ble funcién del érgano, entonces, por donde éste se ve obli= gado a servir simulténeamente a “dos sefiores”, y oposi- cién simulténea de las exigencias de la vida (conservacién del individuo biolégico, en este caso el hombre, y por lo mismo un individuo biolégico indiscernible de su medio cul- tural) contra las exigencias de la sexualidad. Nos encon- tramos asf con el punto que habjamos encontrado ya en nuestras conferencias anteriores: de detenernos en 1a opo- sicién cultura/sexo no podriamos sobrepasar la idea de la sexualidadentendida segiin su mero contenido. Es cierto que toda cultura —aun la més “primitiva”— ordena y re- gula el comportamiento sexual de sus miembros. Pero no Techaza en cambio las mismas practicas. Resulta casi evi- dente, por lo demas, que si se intenta explicar el por qué de la’ represin por las imposiciones culturales, se pierde sin duda la probabilidad de acercarse a la dificultad verda- dera. {Qué es lo que obliga, por otra parte, a la cultura fa ejercer stis imposiciones, ordenaciones y regulaciones so- \ bre la sexualidad? ,Qué hay en la sexualidad que la torna Deligrosa para los fines de la cultura? Se contestara que casi no hay cultura que no castigue el adulterio y no regule los casamientos. Pero zbasta con recordar e! hecho, por lo demés nada sorprondente, de quo ol cristianiemo haya podido elevar el casamiento a nivel de sacramento, para dar cuenta del concepto freudiano de represién? Se afiade el hecho, no est mal recordarlo, de que ni el casamiento ni el adulterio definen el todo de la sexualidad humana. No hace mucho un psicoanalista francés pudo informar sobre el caso de ima pareja matrimonial, aparentemente pacifica, que s0- 48 OSCAR MASOTTA brellevaba de comin acuerdo una vida sexual cruel y sfdica que solo finaliza, para dolor del otro, con la muerte de uno de los eényuges. ict, Yolvamos al texto sobre las perturbaciones psi- uicas de la visién, Freud mismo, en efecto, no se muerte satisfecho en el iltimo parrafo en relacién con sus propias razones: “Podemos preguntarnos si el sojusgamiento de las pulsiones sezuales pareiales, impuesto por ifluencias de la vida, es suficiente por st solo para provocar los tras. tornos funcionales de los érganos o si han de preezistir ademas circunstancias constitucionales que impulsen a los Sroanos a exagerar su papel erégenoy provoquen con ello la represin de las pulsiones” (pag. 1635). Pero ,qué hay. que entender por “circunstancias constitucionales”? En el texto Freud cita la leyenda de lady Godiva. {ES que aquel que segiin el mito se queda ciego por haber espiado a través de las maderas de la ventana la belleza desnuda de la dama pasedndose sobre un caballo, era uno que posela una capacidad o una tendencia esc6pica més importante que el restode la poblacién? Tonterfas: cuando Freud habla de constitucional no habla siempre en serio, como creen los serios. No seffala, la mayor parte de las veces, mas. que una dificultad tedrica que, en el momento que se encuentra de la Investigacion, se le vuelve insobrepasable. De otro modo, {c6mo podria afirmar que Ja “neurosis encierra tam- bién la clave de la mitologia” (pag. 1634) ? Por motivos obvios de oportunidad, dificultad y tiempo, estamos lejos de intentar aqui abordar la nocién freudiana de Yo. No es ocioso al revés acentuar esta novedad, seman- tica al menos, del texto de 1911: Freud habla de pulsiones del yo. {Habré que entender que la expresién solo sefala €l nticleo de tendencias e impulsos a la conservacién de la vida, la adaptacién al medio, la homeostasis con los valores de Ia cultura? Més cautelosos, més atentos a la vocacién de la letra freudiana, nosotros nos inclinaremos por la st guiente interpretacién del paso de 1911: cuando Freud habla_de_pulsiones del_yo no lo hace para entronizar las Mamadas “funciones de relacién” del Yo {la atencién, la memioria, el uso sano de los Srganos), sino para arraigar al Yo (el que incluye_esas mismas funciones), en las pulsio- EL MODELO PULSIONAL 49 nes: para convertir a este atado de “funciones” .—si es que-se-me-entiende— en funcién de la libido. No serfa otro el propésito expreso del texto princeps de 1914 sobre el narcisiamo. Digamos al pasar que la traduc- cién espafiola del titulo dejaba escapar un matiz que no carece de interés. Ballesteros tradujo sin mas Introduccién al narcisismo ahi donde el texto alemin anuncia en cambio: Zur Binfithrung des Narzipmus. La preposicion “Zur efecto, indica el cardcter de reflexion del texto que sigue: introduce un complemento de tema. aquello sobre lo cual el discurso va a hablar. La fraduecién inglesa de Strachey s¢ adecua tn poco mejor a la intencién original: On nar- cissism: an introduction. Pero ino resulta raro, y si uste- des me permiten, sospechoso ese aspecto distributivo, divi- dido de un titulo donde la palabra narcisismo aparece de un Indo y la palabra introduccién del otro? En la traduc- cién inglesa, en efecto, el término narcisismo no deja de parecer substantificado, sustancializado se podria decir, Quiere decir que los traductores piensan de alguna manera que Freud va a hablar sobre un tema —escuchen ustedes el acento perentorio: On narcissism... sobre el cual lo sabe todo. En efecto, el titulo aleman anuneia poco menos que lo contrario, se refiere a algo que va en realidad a ocurrir en el texto. Por lo demés es preciso no olvidar la importancia generalmente menospreciada, como dice Lacan, del_narci- sismo_para la teoria de Ia 'libido. Pero adivino ahora la intranquilidad de mi audiencia: usted —se me diré— pro- mete facilitarnos la comprensién, pero por otro lado no hace mAs que entrometer nuevas ‘palabras, nuevos concep- tos, que si es cierto que pertenecen a la doctrina freudia- ha, y mo somos tan virgenes al respecto para ignorar qae son ideas diffciles, muestran en cambio como un lado des- compuesto, atomizado de la teorfa. {Qué debemos entender ahora por libido? Contest entonces: simplemente, pero nada menos, que la energia misma del deseo sexual, Pero coneédanme’ ustedes una buena oreja y escuchen en mi de-_ finicién eso que no hay que dejar de escuchar: que el deseo sexual es enérgico. Pero agregaré aun una salvedad, tautol6gica es cierto, a mi definicién: si la boca puede servir Para otra cosa que para comer (todo el mundo sabe que se 50 OSCAR MASOTTA ‘pueden hacer muchas otras cosas que comer con la boca) y los labios para besar, si como se dice desde Freud la boca es una zona erdgena, a saber, el lugar a donde puede ir a parar la energia del deseo, a saber, la libido, ¢s por- Que hay algo asi como un eireuits en ceuestién. El secreto ese circuito es pues el narcisismo. En Sobre introduccién al narcisismo reflexiona Freud en efecto sobre las dificultades que acarrea a su teoria de las pulsiones, sustentada hasta entonces, la introduccién del nareisismo. Pero ;qué es ol narcisismo? Presionado por los trabajos psiquiatricos de la escuela de Ziirich y por Abraham, Freud se ve levado, a partir de 1208, a transitar las duras aristas del cuadro psieético. La psicosis, la hipocondria, y aun, la enfermedad orgénica, pero también lo que Freud Tama el destino, la vida erdtica de los sexos (a saber, lo que determina la peculiaridad de la sexualidad en el hom- bre y de la sexualidad en la mujer): he ah{ todo un com- plejo de puntos gravosos que indican la necesidad de la noeién de narcisismo, Si bien serfa erréneo buscar en este texto la teoria freudiana completa sobre la psicosis, éste sienta en cambio el fundamento de su definicién psicoana- Iitica. En las parafrenias, dice Freud, se observa una retrac- j6n de la libido hacia el Yo. La psicosis es el caso de la incapacidad_de ocuper libidinalmente los objetos extrafios al Yo. Testimonios de un sujeto atrapado en su libido, en- cerrado en el narcisismo, los grandes sintomas psicdticos como la alticinacién, el delirio y la proyeccién, no son sino intentos fallidos, siempre insuficientes, forzados, de volver 1a ligar Ia libido voica a los objetos. Pero el narcisismo no es el lote del psicdtico, la retraccién de la libido al yo es una regresién, la vuelta a un estado anterior: hay un nar- cisismo-primario y normal. Havelock Ellis, Paul Nicke, responsables de los extensos catdlogos sexuales de fines de siglo habian deseripto la perversién del individuo que “to. ma_como objeto sexual a su propio cuerpo y lo contempla ‘conzeprado, lo acaricia y lo besa, hasta Uegar a una com- pleta sa¥isfaceién” (pag. 2017). Pero Sadger, un discfpulo Freud) habia ya descubierto que el narcisismo puede yee ponenté, o para hablar mejor, un momento, una ‘esirudtura \propia de la homosexualidad. “En este sentido EL MODELO PULSIONAL 51 —Freud resume su definicién— el narcisismo no seria ya ‘una porversién, sino el complemento libidinoso del egoismo del instinto de conservacién; egoismo que atribuimos justi- ficadamente, en cierta medida, a todo ser vivo” (p. 2017). ‘sta definicién nos devuelve al hilo de nuestras preo- ‘eupaciones: se trata de una definicién de compromiso. Lo fque est en juego es el destino tedrico del gran modelo pulsional, y simulténeamente, con no menor relevancia, la manera de entender la represién. ‘Avancemos con cuidado. El texto esté dividido en tres capitulos: cada uno guarda en lo que toca a los temas ¥ al contenido una cierta autonomfa relativa, pero todos con- vergen hacia un nticleo de dudas y certezas que fue motivo, como dice Jones, de una “cierta consternacién entre sus Giscfpulos” (II, pég. $20). Por lo demés el primer seducido por la importancia del texto habria sido el mismo Freud, Hay en el texto, por ejemplo, un lapsus: le ocurre a Freud ‘afirmar, de pronto, que seria posible entender las neurosis ‘sin referencia al complejo de castracién. Interrogado nueve ‘aflos més tarde por el doctor Weiss (el discfpulo de Federn y el introductor y traductor de las obras de Freud en Ita- lia) sobre el aleance de aquella frase, Freud le contesta disculpandose: le confiesa que no entiende qué tendria en Ia cabeza cuando pudo eseribirla, Jones relata que Freud estaba por lo demas descontento con Ia escritura y el estilo, contrariado con la manera imperfecta de exponer sus ideas. En este “parto dificil”, como él mismo califiea al texto, el ereador del psicoandlisis parece perder el gusto por Ia ex- posicién ordenada, su aparejo retérico, la elegancia, —de la que podia enorgullecerse— en el manejo del arte de convencet. Pero el texto es capital. En el primer capitulo Freud se debate al mismo tiempo contra sus propias posiciones anteriores y con lus recientes, irritantes posiciones de Jung con respecio a la teorfa de Ia libido y las pulsiones. Como se quejé Ernest Jones, los adversarios del psicoandlisis iban a tener razén ahora de criticar y de acusar la exis- tencia del pansexualismo freudiano (II, pég. 821). Hasta ahora el modelo tedrico se basaba en la oposicién de pulsio- nes sexuales y no sexuales, las pulsiones estas wltimas yoi- 52, OSCAR MASOTTA gas 0 de conservacién..Pero al residir, e incluso entronizar, Ia libido en el Yo, no sélo todo quedaria “reducido al sexo” (Jones), sino que trastabillaba el gran modelo _pulsional, No era otro el problema al que Freud se vela confron- tado. Libidinizado el yo, ,qué lugar otorgar ahora a las tendencias y pulsiones no sexuales? Los psicoanalistas, que a menudo escriben para otros psicoanalistas, se pagan a Veces con la utilizacién de los términos técnicos hasta el aburrimiento, y en silencio. Otra vez: {qué es la libido? No erean ustedes que se van a enterar abriendo el Vocabulario de Laplanche y Pontalis. La libido es una laminilla, dice Lacan, inventando un apélogo, dando a su discurso la forma del mito para devolvernos la profundidad del concepto. Una “lamelle”, una_extrafia laminilla que tiene funciones de Srgano viviente, como un animtinculo, un ser muy plano, Una rara ameba que puede ocupar cualquier Iugar, envol. Ver a cualquier objeto, atravesar todas las paredes y que ademas, como la ameba de que hablé Freud, es inmortal sf Se Ta compara con los demés seres sexuados. Algo, ademas, Que ‘no puede dividirse. ;Me siguen ustedes? ;Entrevé algo? Ahora bien, nos dice Lacan, un ser de tales propie- dades no puede ser muy tranquilizador: “Supongan tan que e80 viene a envolverles el rostro, miéntras duermen franquilamente...” (esp. p. 202). Pero sigamos con len- titud. Esa libido, agrega Lacan, es algo asf como un “puro instinto de vida, es decir, de vida inmortal, de vida irre. Primible” (p. 202). Freud viene a decirnos en st texto de 1914 que tal “lamelle” se deposita fundamentalmente sobre el Yo humano, y para Freud ese Yo tiene todo que ver ‘con Io que un dia Merleau-Ponty amé “cuerpo sexuado”. {Por la “lamelle”! Por lo demés, Freud mismo no deja es. capar en su texto las resonancias de la metéfora de la ameba. Pero que tal “lamelle” visite ese cuerpo, :no es tam intranquilizador, o si se me permite, tan obseeno como lo Sugerido por Lacan de la “lamelle” que viene a envolver el ‘rostro durmiente? Con su trabajo sobre el narcisismo, nos dice Jones, Freud inguieté a sus discipulos. Utilizaré un ejemplo més para dejarles entender lo que atin no he terminado de decir. Deberdn ustedes discul- Parme ahora por una breve incursién en la historia de las EL MODELO PULSIONAL 53 religiones, tema sobre el que confieso mi aficién y mi carie- ter de lego. Pero iquién ignora ciertas historias de In apa- sionante historia del eristianismo y sus herejes? Aunque tal ver hayan olvidado que los problemas de la Inquisicién spafia durante la alta Edad Media eran bastante es- cos: ustedes tuvieron el problema de quienes tenfan én y no se querian convertir, y de los conversos insineeros, los marranos. Ya desde los tiempos de los pri- meros padres de la iglesia el cristianismo se 1a tuvo que ver con una multiplicaeién ‘de sectas en su propio seno, mu- chas de las cuales escribfan apécrifos, mientras que todas reivindicaban una teologia que contrariaba radicalmente la reflexién y el trabajo de los apéstoles: se lamé gndsticos ‘a los miembros de estas sectas que afirmaban haber reci- bido por vias secretas la ensefianza de Jesiis, crefan en la salvacién por el conocimiento, en la revelacién secreta, en una iluminacién maravillosa y prestigiosa. Pero lo que los tornaba recalcitrantes era la teologia, la imagen del mundo que ella arrastraba y suscitaba: los gnésticos eran dualis- tas. Seducidos por las diatribas de San Pablo, o simple- mente coineidentes con ellas, con aquella inventiva y los raptus en las epistolas contra las llagas y las maldades de este mundo, sostuvieron una repugnancia coherente res- pecto de la decrepitud, la muerte, la concepcién, el naci- miento, el sexo. Se habian dejado ganar por la ‘intuicién, por decirlo asi, de que Dios no es de este mundo, el cual perteneceria a un demiurgo tal vez tan poderoso, y al que, Por todo éllo, habia que tener estémago para poder soportar. Como se ve, no carecian de razones para querer salvarse. Sostuvieron, mucho antes que el Concilio de Trento lo pro- mulgara, que el matrimonio no era un sacramento. Imbui dos de radical seriedad, sostuvieron que la fornicacién es la fornicacién. Como se ve, parte de los reproches y acusaciones que Ja iglesia oficial haria a estas sectas tenfan que ser infun- dadas. Nadie mejor interesada que aquella gente en alejarse del pecado y los pormenores de la carne. Al revés podria Negar a encontrarse serias conexiones entre los cétaros, una de las sectas gnésticas més brillantes, y la poesia pro- o OSCAR MASOTTA venzal o el amor cortés en la Edad Media occitana, a saber, cierta poética que rechaza el cumplimiento del amor sexual. Pero al revés del revés —y era a este punto al que queriamos llegar— no ignoro que mi audiencia no ignora un {érmino, seguramente no casio, y que la Real Academia ¥ agino que no sin orgullo, recuperar para su espatiol. Me reflero a bujarrén, Dice eon veracidad y lim pieza la entrada que corresponde al término: adj. sodomita. Feo iquiéa podria enterarse que los susodiches eran os PB 8, Una secta neomaniquea de los balkanes, y que la ‘aouscetén de que ae les hizo objeto engendrd el conocido significado de aquella palabra”. Si no todos los gnésti- cos habian sido licenciosos, quienes habian sido ofiola- tras (adoradores de serpientes) y luciferistas, pudieron interpretarse teolégicamente a si mismos en el sentido de tun cierto desenfreno, San Epifanio nos cuenta en su Pana- rion haber observado en una secta de Alejandria cémo “los hombres aprovechan la emisién seminal y las mujeres su flujo menstrual para reunirse y celebrar misterios inmun- dos”. Otras sectas, los fibionistas, los barbeliotas, no s6- Jo promovieron la’ prostitucién sagrada sino el amor car- nal de todos con todos. Los dentnciados por San Epifanio practicaron la espermatofagia y el aborto con fines de la devoracién ritual del feto. Es cierto que se trata de casos extremos, que esas see- tas no hacian sino confirmar los Ifmites de la doctrina adop- tada. Pero zno podriamos decir de ellas, en nuestros térmi- nos, que sélo les ocurrié darse cuenta ‘de cierta peligrosa movilidad y deslizamiento de la “lamelle” y a ella obedecer? Por lo demés ningiin psicoanalista ignora que aquellas ims- genes que ellos practicaron no son distintas del inconsciente Ge todos los dias de quienes se acuesian en su divén. En un ¥ tal vez hermoso, Leciai i hasta qué punto el fantasia’ dean nino asesinade ‘en panacea del inconsciente de cada uno. Pero diré més: tal ver, estos gnésticos extremos de nuestro ejemplo, se vieron confrontados a un monismo semejante al que se vio lleva~ do Freud por sus. investigaciones hacia 1914. Ven ustedes que la palabra “pansexualismo” puede evocar realidades efectivamente inquietantes. Cuando las propiedades de la “la- EL MODELO PULSIONAL 55 melle” (esas de que habla Lacan: la inmortalidad, la indi- visibilidad {pero no son los términos mayores de la querella religiosa?) visita las realidades del mundo, y ello le ocurre @ cada uno ¥ todos los dias, las llamas del deseo pueden encender muchas cosas. La Inguisicion, es interesante, no es mAs que un ejemplo, El término libido, tal como fue gestado por Freud, remite a un cierto principio que esté en la base del goce v de la tujuria humanos. : ‘Si el Yo esta también libidinizado, no hay ya lugar para las pulsiones no sexuales. Se ve sin embargo que Freud prosigue testarudamente a lo largo de toda la primera parte el texto su defensa del dualismo del gran modelo pulsional. Defensa atenuada, es cierto: admite su debilidad, pero nos advierte que no ha de abandonarlo hasta que no encuentre otro mejor. Freud tenfa exactamente para aquella fecha el problema de Jung, ‘De su parte, Jung habia hecho ya el gesto definitive de su separacién’ del maestro. Freud por la suya, renuncié fa la ilusién, que habia levado casi hasta los extremos de “su propia neurosis, de ver a Carl Jung convertido en la cabeza del movimiento psicoanalitico, Cada cual conocia ya su tajada: para Freud se trataba ahora de poner a salvo el alcance, la signifieacién correcta de la teoria. Recomien- do a ustedes que revisen un texto de Jung y traducido al espaiiol bajo el titulo de Teoria del psicoandlisis (1912): el estilo rumiante, cada vez que aborda un tema tedrico vuelve a lo que podriamos llamar los puntos muertos de la teoria de Freud. A saber, los puntos de auténtica rele- vancia teérica, los que sin’ més no puede pasar al sentido comin. Este espiritu religioso, trabajado por un sincretis- ‘mo que lo hace simpatico a la filosofia del espiritismo y las ciencias de lo oculto, tacha a Freud de mistico. Este espi- itu eritico que descubre en Freud una psicologia de las facultades, defiende en su teorfa de los tipos psicolégicos tuna clasifieacién segin predomine el pensamiento, el senti- miento, la sensibilidad 0 la intuicién. Este epistemélogo que se habia formado una vez en las disciplinas de la natu- Faleza en la Universidad de Basilea, entiende que nadie més lejos que él de las doctrinas del vitalismo, pero concibe la sexualidad humana sobre un continuo que no la distingue de 86 OSCAR MASOTTA los animales y de las plantas, e insiste en que la vida mental podria ser mejor comprendida si se le insertraa un factor teleolégico. Reprocha Freud el reduccionismo edipico, LY no sostiene en efecto el carécter prospectivo (creative y espiritual) de las fantasfas oniricas? Como recuerda 8. T. Selesnick, un afio después de su primer encuentro con Freud pronuncia Jung una conferencia sobre la teoria freudiana de la histeria ante el Congreso de Psiquiatria y Neuro- logia, donde se nota la preocupacién de disculpar la_doc- trina’ de la sexualidad infantil. Por aquella época, afirmé luna vez que no conocia ninguna refutacién valedera de las teorias de Freud. sabemos lo que quiso decir: que todavia no habia iniciado él, y como si se tratara de un tiro al blanco, de bajar una a una las proposiciones freudianas sobre pulsiones, energia psiquiea, libido, sexuali- dad infantil, Edipo, etiologia de las neurosis, suefio, transfe- rencia. En medio de la hazafia se le ocurre alguna vez su- gerir la inclinacién de Freud por ideas viejas; adopté y mejoré entonces una y otra vez la idea de Janet de que la funcién de lo real (a saber, Ia normalidad), se puede ver perturbada por un “debilitamiento” de la conciencia o aun (repasen ustedes el ejemplo de las dos hermanas casa deras) por una “sensibilidad congénita” Las divergencias con Freud se hicieron abiertamente manifiestas en sus famosas Wandlungen und Symbole der Libido que publica entre 1911 y 1912, a las que contestan de inmediato Abraham y Ferenczi, en sendas resefias pu- blicadas en la Zeitschrift. Para una critica de Jung pueden ustedes consultar un libro correcto en sus grandes lineas, donde la meneién llega a la evolucién ulterior de Jung, publicado en inglés en 1950 y del que hay traduceién espa fiola, me refiero a Freud o Jung de Edward Glover. Para nuestros propésitos del momento nos basta simplemente con l libro del mismo Jung que cité al principio. Con dialéctiea implacable Jung comienza alli con una referencia a su “venerado maestro Freud”, y advirtiendo que entre psicoanalistas no existen disensiones sino tinica- mente una cabal discusién “eientifica”. Después de refe- rirse a la primera teoria freudiana del trauma y de recha- zarla (advirtiendo que Freud mismo la habia abandonado), EL MODELO PULSIONAL 87 sefiala en seguida la idea que le resulta insoportable y que percibe como oscura: que la referencia traumética en Freud remite a la sexualidad infantil. “Para esto, se han remontado la cadena de los sintomas histéricos, eslabén por eslabén, hasta. legar a reminiscencias infantiles. EL comien- zo de Ia cadena amenazé con perderse por completo en la niebla de la primera infancia” (p. 24). Le lega el turno entonces a los Tres ensavos sobre wna teoria sexual. Con una argumentacién impagable, refiere emo el libro habia aler- tado la susceptibilidad moral de los contempordneos, pero indica de inmediato que los argumentos del escndalo moral sélo convienen al moralista, Paulatinamente se pone a mos- trar como hay otras razones para rechazar los mismos argu- mentos freudianos: {las sensatas reflexiones de la Ciencia! Esgrime también desde el comienzo el argumento que, in- vertido y simétrico, constituiré desde entonces todo lo que queda de la sexualidad en su teoria de la neurosis. No hay ninguna razén, dice Jung, de lamar sexuales, a partir de la masturbacién, a los “malos habitos” (entre comillas en el texto) infantiles que en el tiempo preceden a aquella: el chupeteo, el chuparse los dedos, morderse las ufias, po- nerse la mano en la nariz, en la oreja (sie). Se sabe que la inversa es cierta para Jung: es el adulto quien proyecta, a partir de sus conflictos actuales (los que no son deter- minados por la sexualidad pero comprometen la experien- cia sexual de la persona mayor) esa sexualidad en la ino- eente pantalla de la infancia, No hay razén de hablar de placer sexual en la primera infancia, la distincién entre hambre y amor es engafiosa, heuristicamente peligrosa —re- flexiona Jung— puesto que si, “excediéndonos de los limites conceptuales”, interpretamos como placer sexual lo que tie- ne que ver con la alimentacién, “concederiamos entonces al adversario et permiso de aplicar Ia terminologia det hambre a la seruntidad” (p, 40). Tal es el camino que sigue Tung: como le parece excesivo calificar de sexual al chupe- teo infantil, le parece correcto hablar de “placer alimenti- cio”, Se ve en fin cémo el vuelo de los argumentos no so- brepasa Ja altura del de las aves de corral. El mismo Jung no podria dejar de pereibirlo. Una vez burladas las bases de la teorfa de la sexualidad infantil, Jung aborda Ia cues- bg OSCAR MASOTTA tin de la libido. Diseute ento i tion de . e entonces —si bien adoptando una ferminclogia sui generis— el dualismo del modelo” pul- La hipétesis —dice Jung “paraleli p g— del “paralelismo i tomas de impulsos separados”, es contradictoria Fe menzar a entenderio hay que volverse a la teoria freudiana de las zonas erégenas, expresién que le recuerda la de tonas espasmégenas. “Fn realidad, el simil que eeté detrds de estos términos, es el mismo: de ta. misma. mancra ta zona espasmédica es el ugar del que arranca e ‘spasno, ambién la zona erégena seria el punto determinado en al ue ta afluencia de ta sezualidad tendria eu origen. Sepin i modelo basico del éroano genital como origen anatémico de ta sezuatidad, seria preciso concebir Ine zonos erégenas come otros tantos anos geniales, partendo de lo cuales confluira ta seaualidad” (p, 41). Obsérvese la frase sobre el genital como bisico y la imagen medusente de la mull licaeion del pene. Por una parte, se sabe, Jung no podia oneeix a sexualidad sino como genialidady ero area se percibe la necesidad de\una visién unifcada de la su- rficie de , de una ontologia eapaz di i chlo anita, aun, tien neuen su evolu a ior, tedlo lo Uno. Para evitar la multipli- caclén de los principios de explicacién, Jung Weiethcts pris sunt mulipucande’= Pero sari crrSrco seer aoe i mitre d nda”. ia erréneo creer que | un pruto de Hilee retodlie, va ue no le preocuna: 1 ica el Edipo en Complejo de Edipo y Com- Plejo de. Incesto, sino que procura encontrarle 21s brdo una protolibide y por lo mismo a la sexualidad una. pro- fosexualidad, Tampoco habria que pensar que se propusiera fentar un invariante epistemolégieo que le permitiera forzar P.igndeax la estructura de, los hechos. Jung. consideré como relacién de identidad entre lac imagenes Jos suelos y Ia materia de los mitos colectivos. Pare, Gia ign pensaba que hechos eran el easo de una muchacha ue habla Fechazado une proposicién matrimonial donde desmesuradas de la sexualidad, las ce Geeta suede cn selst 5 , las que decia medi - cin eon la condueta sexual thedia’y normal, Su: concepto EL MODELO PULSIONAL 59 Ge libido es en primer lugar un unifieador metafisieo que afirma la precedencia de lo uno y Ta unidad a sus mani- festaciones miltiples: No hubo ‘experiencia clinica alguna que indujera sus ‘especulaciones: en este sentido, la distan- cia entre Jung y Freud fue desde temprano bastante gran- Ge “El concepto de libido sustituye, pues, a wna sesualidad en un principio miiltiple y fragmentaria, oriunda de nume- ‘rosas raices” (p. 46). Mediante una analogia con la fisi- ca de Robert Mayer dice explicitamente que Ja libido es una especie de energia de las que jas “fuerzas” no son més que distintas formas de su ‘manifestacién, Tales “fuerzas” son jas pulsiones de conservacién y Jas pulsiones sexuales de Freud: la teoria freudiana quedaba definitivame contro- vertida. Tres palabras idénticas: hambre, sexo y libido. La relacién era bien distinta: Jung ponia patas para abajo lo que Freud habia puesto ‘cabeza abajo: la libido no era como: ‘en Freud propiedad de lo sexual; el sexo y_ las “necesidades: alimenticias” eran manifestacién de Ja libido, La sexualidad que para Jung mai taba a la libido era la genitalidad del adulto; la libido se manifestaba en el nifio de una manera ajena a toda erogeneidad corporal. Lejos de mi querer Mle- varlos a ustedes hoy a conclusiones ingeniosas, pero se entiende tal vez la razén por la cual un dia Jung en su Sind adulta se puso a estudiar los gnésticos. Para Jung, en efecto, un nifio es un nifio. Para Freud, afirmar el monismo significa 1a sexualiza- in’ del campo de la teoria, para Jung en cambioel-mo- nismo era la condicién de una ‘desexualizacién sistematica: Ro queda ahf lugar alguno para el Edipo y mucho menos para nada gue se parezca a la castracién. La separacion in- fantil de los padres —Jung anticipa su teoria de los arque- tipos— ya entonces no es ‘sino un caso de un género mayor: el simbolo cristiano del sacrific El conjunto nuclear de log conceptos freudianos no son sino ‘variantes de ideas que yolvemos a encontrar en las religiones y en. la mitologi Se conoce la importancia que tendria el padre en Freud. Jung, en cambio, que habia encontrado a los diecinut ‘afios la frase de Erasmo que dice “Invocado 0 no, el dios estard. presente”, no ‘dudé en hacerla grabar en el ‘dintel de su puerta. Lo cual podria asombrar en Jung, que ter-