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www.tiempoargentino.net | año 1 | n·71 | domingo 25 de julio de 2010

edición nacional | 4,50 pesos | recargo envío al interior 0,50 pesos

Entrevista I: Robert Cox no se calla nada
“Los diarios vinculándose con Papel Prensa (en la dictadura) era como si la Iglesia tuviera una clínica de abortos”, dice el ex director del Buenos Aires Herald. p. 16-17

Entrevista II: J. Manuel Abal Medina (h)
“Hablar de un acuerdo con Clarín es un disparate”, asegura el vicejefe de Gabinete. El 82% móvil, la oposición y el procesamiento de Mauricio Macri por espionaje. p. 6-7

entos Documtos y fo as exclusiv

A 58 AÑOS DE LA MUERTE DE EVA PERÓN, POR PRIMERA VEZ HABLAN LAS ENFERMERAS SOBREVIVIENTES DE LA FUNDACIÓN

Las milicias de Evita que la historia oficial ignoró
Fueron 858 mujeres que vestían uniforme, marchaban como militares y eran guardianas de la doctrina peronista. Debían atender a los enfermos con “compasión y ternura” y no podían mentir. Después del golpe del ’55 fueron perseguidas, silenciadas y sus archivos, destruidos.
B Economía
según la revista oil world

B Deportes
lo dijo borghi

B Sociedad
ocurrió en alemania

B Policiales
narcos en caída

B Lectura de domingo

Verbitsky por Verbitsky
B Ideas y opiniones

China volverá a comprar el aceite de soja
Sería entre julio y septiembre, porque no logró reemplazar el importado desde p. 12 la Argentina.

“Me imagino un Boca sin Riquelme”
El DT xeneize habló a su regreso de Oceanía. Mientras sigue la novela, afirmó: “Hasta hoy, el S.D. titular es Cañete.”

Avalancha con 18 muertos en el Love Parade
Los organizadores decidieron seguir la fiesta electrónica para no generar pánico. Hubo 150 heridos. p. 41

Secuestran mil kilos de cocaína cada 3 días
Los cárteles buscan nuevas rutas para la droga, tras los últimos golpes que recibieron en Buenos Aires. p. 54-55

Nuestros columnistas:
Panorama político: Hernán Brienza. Opinión: Daniel Filmus, Hugo Mujica, Jorge Muracciole y Marcelo Koenig. Panorama parlamentario: Felipe Yapur. Economía: Aldo Ferrer. Mundo: Alberto López Girondo. Salud: Alberto Cormillot. Crónica: Florencia Peña. Cocina: Choly Berreteaga. Vida Sana: Tamara Di Tella. Reflexión: Bernardo Stamateas.
p. 14-15

Los negocios de Menem y Clarín: denuncian la compra irregular de Canal 13. Licitación a medida y precio vil.

Documento
Tiempo Argentino / Domingo 25 de julio de 2010

La Escuela de Enfermeras de la Fundación Eva Perón

La milicia del amor
Fue creada por Evita. Formó a 858 profesionales y 430 especialistas, en su mayoría humildes. Bajo una estricta disciplina, tenían clases teóricas, entrenamiento físico y uniforme para desfilar. El golpe del 55 las borró de la Historia.

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investigación histórica con documentos y fotografías inéditas

La milicia sanitaria de Eva Perón, una historia silenciada por la intolerancia
Hace 62 años nacía la Escuela de Enfermeras. Tuvo 858 egresadas y 430 especialistas. Estudiaban manejo, Anatomía y Doctrina Peronista. Su competencia contra la Cruz Roja y el intento del golpe del ’55 por borrarlo todo.
Cynthia Ottaviano Cottaviano@tiempoargentino.net

T

enían el día organizado “para cultivar el espíritu, la mente y las condiciones físicas”. Se despertaban al alba, hacían gimnasia, se duchaban y tomaban clases teóricas. Incluían Anatomía, Fisiología y también Doctrina Peronista. Almorzaban “respondiendo a un régimen alimentario científico”. Volvían a hacer deporte y se retiraban a limpiar su cuarto, “bajo el más estricto aseo”, sus tres uniformes reglamentarios, y su alma: “antes del sueño reparador” debían realizar “un examen de conciencia, preguntándose qué han hecho para la felicidad de la comunidad y de la patria”. No podían mentir. Estas eran algunas de las normas que cumplieron las mujeres, de entre 16 y 21 años, que se sumaron a la Escuela de Enfermeras de la

La idea tenía dos fuentes de inspiración concretas: el justicialismo y el proyecto del doctor Ramón Carrillo para cambiar el mapa sanitario argentino.
Su madre protectora - Así consideraban a Evita las voluntarias de la Escuela. Para la mayoría, estudiar y conocer a la esposa de Perón era un verdadero sueño.

Fundación Eva Perón. Esta verdadera milicia sanitaria fue creada a principios de 1948 y llegó a formar 858 enfermeras y 430 especialistas, cifra récord para la época. Pero el sueño dorado duró poco: con el golpe del ’55, las persiguieron, les allanaron las casas y les quemaron hasta los uniformes. Su historia fue silenciada hasta hoy. En su mayoría eran chicas humildes, a las que no les importaba nada más que “servir a su pueblo”.

Todo lo que pudieran hacer, para ellas, era poco, porque la escuela significaba “la dignidad, la vida”. El rigor era lo de menos. Así lo recuerda María Luisa Fernández, en diálogo con Tiempo Argentino: “Abnegación, desinterés y amor, esa era la frase de Evita. Y nosotras lo vivíamos así, no se nos ocurría cuestionarlo” (ver recuadro). Lo mismo cree Nilda Cabrera, egresada de la escuela en 1951: “En nuestras vidas no habíamos ido ni a

La Salada –relató a este diario–. Era un sueño para nosotras. La primera vez que me subí a un avión fue para ir a Ecuador. Después a Perú. Y nos recibía el presidente del país” (ver recuadro). Por eso se sentían elegidas, por conocer países latinoamericanos y europeos, príncipes y presidentes. Sentían que las habían transformado y, en definitiva, ese era el objetivo de la Escuela: formar “misioneras de paz”, siempre “dentro de la norma

disciplinaria”. Así lo explicó Adelina Fiora, la primera regenta: “muchas venían de hogares muy humildes y desconocían por completo el sentido de la disciplina, indispensable para el estudio que emprendían. Se me ocurrió que una manera de enseñarles a organizarse era izar y arriar la bandera en el patio. Tal como hacen en la escuela primaria y secundaria.” Y funcionó. La idea tenía dos fuentes de inspiración muy concretas: el justicia-

lismo, de raíz socialdristiana, y el proyecto del médico Ramón Carrillo para cambiar el mapa sanitario argentino. En 1945, por ejemplo, en la provincia de Jujuy, se morían 300 bebés de cada mil que nacían. Carrillo sostenía que debía formar a 20 mil enfermeras profesionales, para el cuidado de la población civil, pero también para la defensa nacional en casos extremos, como guerras y catástrofes. En su “Plan Analítico de Salud Pública” (1947) sostuvo

Cronología de una vida apasionada
Nacimiento: 7 de mayo de 1919
Nació el 7 de mayo de 1919, en la Colonia Agrícola La Unión, cercana a Los Toldos, provincia de Buenos Aires. Era hija de don Juan Duarte y de doña Juana Ibarguren. Fue bautizada el 21 de noviembre.

Primer papel teatral: 1935
Llegó a la Capital Federal en enero de 1935 y debutó rápidamente como actriz, el 28 de marzo de ese año. Fue en la compañía teatral de Eva Franco, con la comedia La señora de Pérez, de Ernesto Marsili.

El encuentro con Perón: 1944
El 22 de enero de 1944 conoció a Juan Domingo Perón, durante un acto en el Luna Park para ayudar a las víctimas del terremoto de San Juan. Desde ese día, no se separaron nunca más.

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“Había mucha disciplina”
C. O.

Siempre tiene a mano una frase que produce alivio. “Ya va a pasar”, “es difícil, pero cambiará”, desliza con tono dulce y firme a la vez. Se ve que nunca se deja de ser enfermera. De la salud. O de la palabra. Con 77 años, Nilda Cabrera recuerda con nitidez cómo fue su incorporación a la Escuela de Enfermas: “Vi un aviso en el diario. Le comenté a mi papá y me dijo: ‘vos estás loca’, porque las enfermeras eran… mal nombradas. Pero decidí ir igual, como tenía 15 años no me querían dejar entrar. Como yo era atrevida, les dejaba cartas y cartas, con mi firma, pidiéndoles entrar. Un día llega a mi casa un sobre de la Fundación con mi nombre, para que mi padre me acompañara a hablar con Evita, todo protocolar. Casi me come mi viejo. Me dijo: ‘¿qué hiciste?’ Pero con tal de ver a Evita me llevó. Me tomaron como oyente, y al año siguiente, por mi entusiasmo, entré con 16 años.”
Homenaje - Más de 60 años después, volvieron a reunirse en el Museo Evita.

La cifra

858
Disciplina - Los telegramas dejan ver el rigor cotidiano de su formación.

–¿En qué notaban la disciplina? –Tenías que estar de blanco inmaculado. Eso significada, bañada, bien vestida, sin pelos en las piernas. Y a horario. A veces teníamos que estar en Constitución a las seis de la mañana donde los micros nos esperaban. Había diez minutos de tolerancia. Y si no estabas ahí, se iban. El doctor Ricardo Finocchietto

era bravo con la disciplina. Porque Evita le decía ‘la responsabilidad es suya, Doctor. Si a mis chicas les pasa algo, usted tiene la culpa’. –¿Tuvieron entrenamiento militar? –Sí, nos enseñaban los primeros auxilios y a desfilar. ¿Vos sabés lo que tuvimos que ensayar para el Día del Reservista ? Ella venía a vernos, nos decía: ustedes tienen que ser las mejores, porque era la primera vez que desfilaban mujeres en un desfile militar a nivel popular. Nos marcaban todo, el paso, las manos, no amontonarse frente al palco, mirar todas a la vez. –¿Qué significó la Escuela de Enfermeras en su vida? –Todo. Eramos una familia pobre, de siete hermanos, yo era la más chica. Gracias a esa profesión, trabajé y viví dignamente. –En ese momento, no era para gente humilde… –No. Eran todas de la Cruz Roja y ellas no te iban a limpiar una cola. Ellas eran todas docentes, supervisoras y las que eran enfermeras eran las llamadas “artículo 30”, que eran las mucamas. –Y estudiaban en plena Avenida Callao. ¿Cómo lo tomaban? –Ah… no sabés. Por ahí andaban las oligarcas. Nos tiraban agua de los balcones. Viste como cuando un perro ladra ¿y le tiran agua? Bueno, ellas, las oligarcas, nos tiraban agua. Nosotras le gritábamos de abajo, ‘ya te vamos a atender a vos, para eso somos enfermeras’.
MARIANO VEGA

enfermeras egresaron de la Escuela. Se recibían a los tres años y podían elegir una especialidad, como Transfusión de Sangre, que implicaba un año más.

que por medio de la medicina asistencial, la sanitaria y la social podía cambiarse la realidad. Y el plan se puso en práctica. Hasta ese momento, la escuela de enfermería más conocida, tal vez, era la de la Cruz Roja Argentina. Para el peronismo, ninguna de las

dos servía: eran del sistema capitalista. Bajo los parámetros de Eva y Carrillo, las alumnas debían tener otros principios: “No creen ofrecer limosnas, no entienden que van a regalar ayuda a los pobres: están regidas por el concepto justicialista, que constituye la base de la entidad central a la que pertenece. No esperan el llamado de los necesitados, se dedican organizadamente a buscar a quienes necesitan auxilio”, detalla una publicación de 1949, de la

propia escuela. Para las alumnas era sencillo: la Cruz Roja era para la aristocracia. “Era gente de dinero, de doble y de triple apellido. Se anotaban para casarse con un médico. Nosotras éramos el Pueblo, las grasitas”, explica María Luisa. Grasitas o no, tenían que pasar exámenes, bolillero de por medio “Llegábamos re nerviosas”, agrega. El programa se considera de los más completos del momento:
sigue en p. 4

Nilda Cabrera - Aún conserva fotos, revistas y hasta su uniforme.

La primera dama: 1946
El 1 de mayo de 1946 recorrió las calles de Buenos Aires junto al presidente Perón. La imagen muestra, por primera vez en la historia argentina, a un presidente junto a la primera dama.

El camino político
En junio de 1946 ocupó una oficina en el Palacio del Correo, facilitada por Oscar Nicolini. Desde allí, comenzó a recibir delegaciones gremiales para escuchar sus problemas

El casamiento: 22 de octubre de 1945
Después de la liberación del General, encarcelado en Martín García, se casaron en Junín.

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El Decálogo de la Enfermera
R Debe toda enfermera, en todo
momento y siempre, mantener bien alto el honor de su Escuela y de su profesión.

viene de p. 3

R Debe la enfermera observar
una conducta intachable dentro y fuera de la Escuela y del Policlínico.

R Debe toda enfermera recordar
que jamás debe mentir.

en primer año tenían Anatomía y Fisiología, Semiología (Médica), Higiene y Epidemiología General, Defensa Nacional, Historia de la Enfermería y Moral y Doctrina Peronista. En segundo: Enfermería Quirúrgica, Enfermería Clínica, Primeros Auxilios, Medicina Social y Doctrina Peronista. Y en tercero: Obstetricia y Ginecología, Infecciosas, Puericultura y Pediatría, Dietética y Arte Culinario, Neuropsiquiatría y Doctrina Peronista. Además, podían optar por estudiar un año más y recibirse como especialis-

R Debe toda enfermera ser
cortés, discreta y complaciente.

R Debe la enfermera acercarse
al lecho del dolor con compasión, ternura y comprensión.

R Debe la enfermra ser leal al
médico y a sus superiores.

R Debe la enfermera al médico
y a sus superiores obediencia absoluta.

“La alumna es preparada para el civismo, pues con la conquista de los derechos políticos de la mujer adquieren gran importancia.”
Clases teóricas - Estudiaban Anatomía, Defensa Nacional y Doctrina Peronista.

Marciales- Un grupo de militares las entrenó

R Debe la enfermera cumplir
con sus obligaciones, con verdadera conciencia y actuar únicamente como tal.

R Debe la enfermera inspirar
confianza a sus enfermos y mantener su actitud estrictamente profesional entre sus superiores.

R Debe toda enfermera llevar su
uniforme libre de adornos, con orgullo y dignidad, demostrando respeto y cumplimiento estricto de los reglamentos de la Escuela y el Policlínico.
MARIANO VEGA

Diploma- Nilda aún lo conserva.

tas en Anestesia, Hemoterapia, Laboratorio y Asistencia Dental, entre otras. Resulta evidente que la única materia que se repetía año tras año era Doctrina Peronista. El objetivo era muy concreto, formar enfermeras, pero justicialistas: “la alumna es preparada para el civismo –remarcaban los escritos–, pues con la conquista de los derechos políticos de la mujer, adquiere gran importancia la capacitación de la juventud femenina en ese campo”. Se buscaba revolucionar la enfermería y el país. Como consideraban que no había material de formación suficiente, la escuela contaba con un equipo auxiliar de taquígrafas. De esa manera, se tomaba nota de las clases, para preparar los apuntes que después repartían en forma gratuita. Igual que los uniformes (reglamentario interno, de labor y de gala) y que las habitaciones individuales para las que venían del interior y la comida. “Todo era revolucionario –sostiene Nilda–. Nos enseñaban a manejar, motos, jeeps y ambulancias.” Es que a su cargo tenían 200 motos, los jeeps blancos, equipados con carpas, camillas y botiquines y las varias “ambulancia-hospital”, una suerte de motor-home, con diez camas en su interior y una cabina de operaciones. Contaban también con equipo para realizar transfusión y oxigenoterapia. Tenían, además, hasta perros

amaestrados, que transportaban botiquines de aluminio. “La disciplina era una cosa que se nos inculcaba mucho –detalló Delia Maldonado–. La primera lección que se nos dio fue la de saludar siempre al paciente. Y preguntarle cómo se sentía. Jamás se prendían las luces de la sala ni se despertaba a los pacientes batiendo las manos o gritando.”

Así se los había pedido la propia Evita, el 14 de septiembre de 1950, cuando la Escuela se incorporó a la Fundación Eva Perón. “En este acto le prometo al Presidente –sostuvo– que vamos a formar muchas enfermeras para ofrecerles a la patria, mujeres sacrificadas, capaces y dignas del pueblo argentino. Ustedes nunca podrán saber lo mucho que las quiero, nunca

podrán comprender el profundo cariño que siente su presidenta hacia todas sus colaboradoras, nunca podrán comprender el amor entrañable y la satisfacción enorme que siento cuando veo una enfermera de la Fundación. Este afecto nace porque ustedes son artífices de esta gran obra, porque ponen no sólo el trabajo incansable sino el espíritu, porque colaboran conmigo para

“Estuve con ella, murió con una sonrisa”
Fue una de las pocas personas que permaneció a su lado hasta el final. Sin embargo, para María Eugenia Álvarez no fue justamente un privilegio. Sino un vacío indeleble. Escuchar a Evita diciendo una y otra vez “soy demasiado chiquita para tanto dolor” y verla yéndose con una sonrisa, son recuerdos que aún hoy la conmueven. La conoció primero en el Hospital Rivadavia, cuando Evita se acercó a visitar a las personas de la Fundación que estaban internadas, después de sufrir un accidente aéreo, de regreso de una misión en Ecuador. Le pareció una mujer “rápida e inteligente, con una capacidad increíble para captar las situaciones y los problemas de la gente. Un poco psicóloga, porque miraba a la persona y sabía lo que pasaba”, detalló. Más tarde, ese primer vínculo se transformó en uno mucho más estrecho. Es que María Eugenia tuvo que cuidar de Evita, después de la operación de apéndice que le practicaron en el Instituto del Diagnóstico; y cuando le dieron el alta, siguió cuidándola en la residencia. Ahí empezó a conocerla. “Si bien era muy exigente con su trabajo, nunca dejaba de ser amable, porque, por sobre todas las cosas, era un ser humano sumamente sensible”, recordó. “Sufría pensando en sus obreros, en los ancianos, en los niños. Por su dolor no se quejaba. Era muy estoica, a pesar de estar dolorida seguía planeando y trabajando, siempre pensando en el futuro de la Patria. Decía que no le iba a alcanzar el tiempo.” Y no le alcanzó. En una entrevista con la revista Siete días, María Eugenia contó cómo fueron esas horas finales: “Siempre la acompañaba su mamá, sus hermanas, su hermano, los médicos y, por supuesto, el General. ‘Tengo que estar linda para mis obreros, quiero que me vean bien’, dijo muchas veces. Le gustaba leer, escuchar música, las flores, los animales. Como enfermera se me había muerto un paciente, pero además se moría un ser humano extraordinario, el que yo había aprendido a querer. Siguió luchando hasta el último momento que Dios dispuso. Murió con una sonrisa, porque en su cara siempre había una sonrisa.”

Cronología de una vida apasionada
Viajó a España representando a Perón
El 6 de junio de 1947 partió hacia España. Durante su estadía representó a su esposo, el presidente Juan Domingo Perón.

Derechos cívicos de la mujer
El 9 de septiembre de 1947 presenció la sanción de los derechos cívicos de la mujer en el Congreso. Desde ese momento, las mujeres podrían elegir y ser elegidas.

Continuó el viaje por Europa
Visitó diversas ciudades y se reunió con figuras clave de la política europea. Tuvo una audiencia con el Papa Pío XII en el Vaticano.

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–agrega Nilda– empezamos a ver los aviones, los médicos corrían como locos. Yo trabajaba en el Policlínico San Martín, al rato empezaron a abrir puertas y se robaron todo: vajilla, nebulizadores, aparatos de presión. Todo. Fueron a mi casa, y mi mamá les tuvo que dar hasta las fotos. Pobrecita, estaba muy asustada.” Con la dedicación y el esmero que sólo el odio rumiado durante años puede dar, los militares llegaron, incluso, a quitar una placa de un monumento que homenajeaba a dos enfermeras. Todavía hoy se lo puede ver en la avenida Costanera. Al fijar la vista se ve a dos mujeres, como recortadas por las llamas, sobre las alas de un avión. Son Amanda Allen y Luisa Komel. El 27 de septiembre de 1949, las enfermeras volvían en avión de Ecuador, adonde habían viajado para socorrer a las víctimas de un terremoto. Cuando estaban por llegar a la base de Morón, la máquina empezó a incendiarse. Dicen que, para ahogar el pánico, cantaron “Los muchachos peronistas”. Evita había querido recibirlos. Así lo recordó su hermana Erminda Duarte: “Querías ser la primera en darles la bienvenida. En abrazar a las abnegadas muchachas. Y de pronto la noticia: el avión había caído. El pueblo que te acompañaba permaneció en un silencio consternado. Y de pronto te sacudió un llanto sin consuelo.”

“Era todo, era la vida”
MARIANO VEGA

Vanguardistas - Manejaban motos y jeeps.

para el Día del Reservista.

Olvidadas - El monumento que nadie reconoce.

Orgullosa - Hoy, como ayer, María Luisa Fernández se muestra radiante. C. O.

demostrar a nuestro presidente y al Pueblo de lo que somos capaces las mujeres argentinas, cuando amamos y trabajamos.” Los deseos de Evita se apagaron con su muerte. No pudo, como hubiera querido, verlas egresar, ni darles sus diplomas, aunque algunos llegó a firmarlos. “Ella nos creó, pero como enfermeras, no pudimos hacer nada –dice Nilda,

quien todavía conserva el título con la rúbrica de Evita (ver foto)–. Tuvimos mucho dolor, lloramos mucho.” Ese, tal vez, fue el prólogo de la tragedia: con el golpe del ’55, las enfermeras fueron perseguidas, allanaron sus casas, quemaron sus uniformes, sus apuntes y hasta los legajos de los hospitales. “Se vivió todo el odio”, resume María Luisa (ver recuadro). “Ese día

Los deseos de Evita se apagaron con su muerte. No pudo, como hubiera querido, verlas egresar, ni darles sus diplomas, aunque algunos llegó a firmarlos.
La angustia por las cuatro muertes y los heridos fue tanta que decidieron homenajear a las enfermeras con el monumento que, incluso hoy, algunos creen que es por el accidente de LAPA. Pero no. Así como los golpistas prohibieron hasta la mención de Perón y el peronismo, sacaron la placa que recordaba a las “misioneras de la paz”, al “cuerpo de samaritanas”, a las mismas que con su relato empiezan a reconstruir esta historia. Silenciada, hasta hoy, por la intolerancia. <

María Luisa Fernández es hija de españoles, analfabetos y autodidactas, y la menor de siete hermanos. Llegó a la escuela atraída por un aviso en el diario. “Andá, probá y si te da la cabeza, bien, sino, a buscar otra cosa”, le dijo la madre. Y le dio, porque terminó, jubilándose, después de ser Presidenta de la Asociación de Enfermería de la Capital, trabajar en Asuntos Legales y Profesionales de la Federación Argentina de Enfermería y en el Directorio de la Federación Panamericana. Su casa está tapizada con fotos de sus compañeras, de ella misma con el uniforme de gala y el reglamentario. “Es que todo lo que tengo me lo dio la Escuela –cuenta en diálogo con Tiempo Argentino–. Entré en el año 1953, con 16 años. Chochísima. Tengo los cuadernos con todas las prácticas de enfermería de aquella época. Y me recibo en 1955, por eso no tengo el diploma de la Fundación. La Fundación pasa a ser el Instituto Nacional de Acción Social, pasa a Salud Pública”. –¿Qué otras consecuencias sufrieron por el golpe del ’55? –La pasamos muy mal, con 17 años, adolescentes. Desvalijaron

todo. Vaciaron la Escuela. Nosotras no fuimos más, tuvimos que devolver hasta los uniformes. Yo trabajaba en el Policlínico, Ruta 8, enfrente estaba el Liceo, veíamos que sacaban a los que estábamos atendiendo nosotras y los cruzaban para fusilarlos. Fue muy sangriento. Vivimos todo el odio. Hace una pausa y tararea una marcha, la de la Escuela: “cantemos mujeres peronistas, cantando la canción de la templanza, caminemos mostrando las conquistas”, sigue y se ríe. “Evita era como una madre para nosotras, era el corazón, la emoción y adoraba la Escuela”. –¿Estaba atenta a su formación? –A todo. Abnegación, desinterés y amor. Esa era la frase de Evita, de la época. Y nosotras lo vivíamos así. No se nos ocurría cuestionarlo. Asi lo hacíamos.La formación que teníamos nos hizo muy cotizadas, pero después de que se les fue el odio. –A la distancia, ¿qué significó para vos la Escuela ? – Mi camino. Imaginate que 850 enfermeras egresadas dio la Fundación. Fue la escuela que dio más enfermeras al país por el poco tiempo que estuvo. Te daban uniformes, te llevaban y traían, los apuntes, todas las posibilidades. Era todo, era la vida.

Elegida - La regenta María Eugenia Alvarez (izq.) lloró a Evita el día de su muerte (derecha).

Presidenta del Partido Femenino
Fue proclamada presidenta del Partido Peronista Femenino el 30 de julio de 1949. La foto muestra un discurso presenciado exclusivamente por mujeres.

El comienzo de una agonía: 1950
El 9 de enero se desmayó en un acto del Sindicato de Conductores de Taxi. El 12 de enero fue operada.

Justicia social
Siguió con su tarea política. En abril de 1948 inauguró un Hogar de Tránsito y anunció la Ciudad Evita.

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la vida por perón

La mujer del amor infinito
Cuando se conocieron, ella tenía 24 años y él 49. Ella era soltera y él viudo. Les bastó mirarse a los ojos para no separarse jamás.
María Sucarrat (*)

uan Domingo Perón y María Eva Duarte vivieron juntos ocho años. Ella era actriz amateur, él militar profesional. Los presentaron en un festival a beneficio de las víctimas del terremoto de San Juan. Fue en 1944. Ella se acercó al VIP, él le arrimó una silla. Se sentaron, charlaron. Los organizadores habían preparado una cena de agradecimiento. Se quedaron perplejos cuando, con la mesa puesta, vieron al coronel cruzar la puerta del Luna Park: “Nos vamos, muchachos. Nosotros: no se pongan mal, que queda más para ustedes.” Eva iba, sonriente, a su lado. El auto oficial los dejó en un restaurante de Barrio Norte. De allí, los llevó al Tigre. La salida terminó el lunes a la mañana, cuando ese mismo auto dejó a Evita en su departamento. Las semanas que siguieron, se encontraron a cenar, a tomar café. Eva escuchaba atenta lo que Perón le contaba. Lo interrumpía poco. A él le gustaba hablar. A ella escucharlo. Pasaron algunas semanas hasta que se presentó una oportunidad: el departamento contiguo al de Eva, en la calle Posadas 1567, estaba en alquiler. Los primeros días de febrero, Perón se mudó. Durante el día vivía cada uno en el suyo, y sólo compartían las noches. El 26 de febrero, con Edelmiro Farrell como nuevo presidente, Perón fue nombrado ministro de Guerra. Lo primero que hizo después de recibir la noticia fue ir a Radio Belgrano para contárselo a Evita. El cargo cambió sus rutinas, y la vida comenzó a parecerse a una convivencia. Él adoraba hacer reuniones de trabajo en la casa. Ella se quedaba en una salita al lado del living. Varias veces por la tarde, los compañeros de Perón escuchaban un “muchachos, permiso”

J

y aparecía ella con una bandeja con tazas de café. Algunos días, la pareja estaba sola. Eva le cocinaba churrascos con ensalada o salchichas con chucrut. Por lo general comían en el comedor pero cuando Eva no iba a la radio, llevaba dos bandejas enormes a la cama. Al cabo de unos meses, Evita decidió cambiar su imagen. Lo consultó a Perón. Él le dijo que llamara a Paco Jaumandreu. El modisto le sugirió ropa elegante para su trabajo como actriz y sport para estar al lado del coronel. Perón le puso, además, un instructor alemán de gimnasia. Quería que modelara su figura. Decía que estaba gordita. Ella, en tanto, comenzaba a opinar sobre las charlas de Perón con sus compañeros, sobre sus funciones como ministro de Guerra. Juan se metía en el guardarropa de su compañera, y Eva en las reuniones políticas. La relación no era bien vista. Los militares le sugerían que dejara a la actriz. Perón no lo hizo y redobló la apuesta: el 9 de julio entró con Eva del brazo a la velada del Teatro Colón. En medio de una crisis política, con el pedido de renuncia, Perón le escibió una carta a Eva en la que le pedía casamiento: “Mi tesoro adorado: hoy he escrito a Farrell pidiendo que acelere mi retiro: en cuanto salgo, nos casamos y nos iremos a cualquier parte a vivir tranquilos… Quereme mucho. Hoy lo necesito más que nunca. Tesoro mío, tené calma y aprendé a esperar. Esto terminará y la vida será nuestra. Muchos pero muchos besos y recuerdos para mi chinita querida. Perón.” El 10 de diciembre se casaron en la Iglesia San Francisco, en La Plata. La luna de miel fue en San Nicolás. Perón preparaba su campaña proselitista. Eva hacía mayonesa casera. Se mudaron a una casona de la calle Teodoro García. Los fines de semana

Juntos - Desde que se conocieron, nunca más se separaron. Durante ocho años vivieron un amor leal e incondicional.

Los fines de semana iban a la quinta de San Vicente. Ella cambiaba los sombreros con flores, por el pelo suelto y sandalias chatas con zoquetes blancos.
iban a la quinta de San Vicente. Ella cambiaba los sombreros con flores por el pelo suelto, sandalias chatas con zoquetes blancos y usaba las camisas enormes de su marido. El 4 de junio, Perón fue elegido presidente. Ella, a su vez, seleccionó un equipo de gente para que la acompañara día y noche. Sólo unos pocos meses se prolongó su vida de enamorados, no porque no lo estuvieran, sino porque las obligaciones complicaban todo.

Volvieron a mudarse. Esa vez al Palacio Unzué, en Libertador y Austria, donde los dos jugaban carreras a ver quién llegaba más rápido del primer piso a la planta baja, deslizándose por las barandas de mármol de la escalera imperial. Después de ocupar el quinto piso de la Dirección de Correos y antes de instalarse en la Secretaría de Trabajo, Eva partió de gira a Europa. Pasó por España, por Italia, Francia, Suiza, Portugal. En todos los lugares, siempre pidió que la llevaran a recorrer los barrios más pobres. Y regresó con una idea: montar la Fundación Eva Perón, que finalmente inauguró el 19 de junio de 1948, con un capital de 10 mil pesos. Entonces, ya casi no dormía. Cuando Perón salía para la Casa de Gobierno, ella ni siquiera había tocado la cama. El marido le dejaba cartas que acompañaba siempre

con ramitos de flores. Los jueves a la tarde, dejaban todo para encontrarse en el cine de la mansión y ver juntos una película. Cuando iban a San Vicente, alguna semana, él le prohibía tocar el teléfono. Ella se escabullía y llamaba igual. El trabajo era su prioridad. El 9 de enero de 1950, en el acto de inauguración del Sindicato de Conductores de Taxi, Eva se desmayó. Fue internada, el doctor Ivanissevich la operó. No había sido una apendicitis, como dejaron trascender. Perón lo entendió todo de golpe. Su primera esposa, Aurelia Tizón, había muerto de cáncer. El militar no supo qué hacer. Evita decidió salir de la habitación matrimonial para recuperarse y no molestar a su marido. A los pocos meses, recayó. Ivanissevich le explicó que debía operarla otra vez. Ella le respondió con un carterazo

Cronología de una vida apasionada
Creación de la Escuela de Enfermeras
La institución se incorporó a la Fundación Eva Perón. Casi 900 alumnas egresaron y se fueron sumando a los Policlínicos a medida que se iban inaugurando.

El abrazo histórico ante su Pueblo
El 17 de Octubre, en el balcón de la Casa Rosada, pronunció un dramático discurso que finalizó con un emotivo abrazo a su marido y compañero de vida.

La fórmula de la Patria: Perón-Perón
El 22 de agosto de 1951 se realizó un Cabildo Abierto. A los pocos días, Evita renunció a la candidatura por el avance de su enfermedad.

domingo 25 de julio de 2010 | documento | tiempo argentino | 7

opinión

“Ella siempre vuelve”
Marcelo Koenig
Secretario general del MPR.

E
Hasta el final - Fueron compañeros.

en la cara. Perón, que se había prometido cuidarla, la seguía de cerca. “Negrita, ¿tomaste los remedios? Tenés que dormir, chinita.” Ella se le escapaba siempre. En 1951, sin que Juan y Eva lo hubieran hablado nunca, el rumor de que la mujer sería candidata a vicepresidenta tomó cuerpo. Pero no pudo ser. Eva estaba delgadísima, sin fuerzas. Perón sabía lo que iba a ocurrir. El año siguió entre internaciones y radiaciones. Eva votó por primera vez, al igual que todas las mujeres, pero lo hizo desde la cama del hospital. El 1 de mayo se obstinó en acompañar a su marido a la Casa de Gobierno y pronunciar, sin saberlo, su último discurso. El 4 de junio se volvió a obstinar. Perón asumía la presidencia y ella quería acompañarlo. “Si vos vas parado en el auto, Juan, yo también.” Su esposo mandó fabricar un arnés de hierro que, oculto bajo el tapado de piel, la mantedría de pie. Luego volvió a su habitación para no salir más. La última vez que hablaron fue la noche del 25 de julio. Él estaba en Casa de Gobierno. Ella lo mandó llamar. Quería estar a solas con él. “Juancito, quería verte un poco. Sé que no tengo mucho por vivir. Quiero agradecerte todo lo que hiciste por mí.” Perón la hizo callar. Puso el dedo índice sobre su boca. Pero ella siguió. “Y te pido una cosa más, Juan. No abandones nunca a los pobres. Son los únicos que saben ser fieles.” El militar lloró. Su mujer ya nunca le volvería a hablar. (*) Autora del libro Vida sentimental de Eva Perón.

vita es el alma del hecho maldito del país burgués. John William Cooke encontró en su célebre frase la esencia del peronismo y Eva Perón es la clave para entenderlo. Juan Perón, durante el gobierno militar de 1943, hizo dos hechos revolucionarios. El primero fue establecer un diálogo con los trabajadores a través del movimiento obrero. El segundo fue juntarse con Evita. ¿Qué podían pensar sus camaradas de armas y los políticos liberales de un militar que hablaba con obreros anarquistas, “sindicalistas”, socialistas, comunistas; y encima trabajaba por lograr sus reivindicaciones? ¿Que podían opinar los otros militares y la moralina pacata de la clases acomodadas ante un Coronel que se fue a vivir -prácticamente desde el primer día que la conoció- con una actriz pobre y más de 20 años menor? La respuesta de todos los sectores de poder fue clara: la cárcel en Martín García, y luego en el Hospital Militar. Pero también la contraofensiva del Pueblo: el 17 de Octubre como partida de nacimiento del peronismo. Acaso fue esa pueblada de octubre el primer hecho del peronismo revolucionario. Mientras algunos dirigentes sindicales decretaban la huelga recién para el 18, y mientras muchos burócratas políticos (que después fueron funcionarios) iban a conversar con el general Ávalos, mandamás de Campo de Mayo y enemigo de Perón. Rompiendo esquemas, Eva Duarte, no fue una figura decorativa -tal como acostumbraban serlo las primeras damas- del peronismo originario. Ella cumplió desde la Fundación una tarea central en relación a las necesidades más urgentes del Pueblo, esas

que no pueden esperar. Al tiempo que la sociedad se iba integrando mediante el trabajo, la función de la Fundación era hacer realidad aquello de donde hay una necesidad nace un derecho. Ella era una entre los millones de descamisados. Y entregó su vida por ellos. Por eso, su nombre se inscribió a fuego en la memoria del Pueblo. Sin cambiarle los artículos a las palabras ni un discurso feminista extremo, transformó el rol de la mujer en la política. No sólo asumiendo un papel protagónico vedado a las invisibilisadas mujeres, sino además, mediante la conquista del voto; la construcción primero de las delegadas censistas y luego del partido peronista femenino. Una mujer capaz de despertar el mayor de los amores y el mayor de los odios. El amor de sus “grasitas”. El odio de la oligarquía, cuya mano se atrevió a escribir en una pared de

Barrio Norte, mientras Ella agonizaba: “Viva el Cáncer.” Evita, sufrió en su cuerpo el camino de nuestro Pueblo. Siendo niña fue víctima de la doble moral reconocida tiempo después por su padre. Pasó hambre como millones de argentinos en el país agroexportador. Fue marginada en la década infame, y como muchos cabecitas negras del interior, emprendió el viaje a la gran ciudad, en búsqueda de mejores horizontes. Cuando el pueblo llegó al poder de la mano de Perón, esa mujer fue el símbolo entre todos aquellos que, como ella, habían nacido en el barro y conquistaban su dignidad. Evita murió en 1952, aproximadamente en el pináculo alcanzado por el primer peronismo en cuanto a la distribución de la riqueza, el 50 y 50. ¿Qué hubiera pasado con ella viva? ¿Qué hubiera pasado si llegaban al destinatario las 5000

pistolas belgas? Pero la única verdad es la realidad. Y Evita siguió pagando con su cuerpo el camino del pueblo argentino. Cuando la revolución fusiladora ensangrentó nuestro suelo, Ella, su cuerpo embalsamado, fue secuestrado, torturado, desaparecido. Evita volvió como bandera en la militancia de los ’70. Otra vez, ella íntimamente relacionada con el peronismo revolucionario, que no transige, que no entra en las operaciones del enemigo. Esa misma generación pagó con su propio pellejo la osadía de querer construir una patria liberada, siguiendo el camino que había preanunciado Evita. ¿Cuántas atrocidades estaban dispuestas a hacer las dictaduras genocidas para defender los privilegios de la Oligarquía y el Imperialismo? Evita es como la ola en el mar, parece que se va pero siempre está volviendo. Así fue durante la resistencia al neoliberalismo en los ’90. Refugiada como cuadrito o estampita en miles de ranchos, fue testigo de la desocupación y la tristeza que nos sumió la traición y las relaciones carnales. Evita se hizo corte de ruta y goma quemada, pero sobre todo acompañó el exilio interno de un Pueblo que parecía derrotado y que reapareció gritando un 20 de diciembre: ¡Basta de liberalismo! Cuando Kirchner decidió que no iba a dejar las banderas en la puerta de la Rosada, es seguro que una de esas banderas tenía el rostro de Eva. Evita hoy vuelve a florecer con los humildes, con los nuevos descamisados, en la medida en que somos capaces de reconquistar el Estado para ponerlo al servicio de la construcción del poder popular que vamos consolidando un proyecto nacional, en su profundización, pero sobre todo, en la medida que en cada barrio aparece otra vez su imagen expresando la esperanza de un pueblo que jamás se ha acostumbrado a vivir de rodillas.

Vota por primera vez: 1951
El 11 de noviembre votó por la fórmula Perón-Quijano desde su cama del Policlínico Pte. Perón de Avellaneda. Todas las mujeres argentinas pudieron elegir presidente por primera vez.

El saludo presidencial del final
Contra todos los consejos, y muy enferma, el 4 de junio de 1952 recorrió en automóvil la Avenida de Mayo junto a Perón. Fue su última aparición pública.

El adiós: 26 de julio de 1952
El 20 de julio la CGT organizó una misa. El 26, el Padre Benítez le dio la extremaunción. A las 20:25, murió, con 33 años.

8 | tiempo argentino | documento | domingo 25 de julio de 2010

la dejó por escrito antes de morir

La voluntad suprema de una líder
El libro Mi mensaje se conoció el 29 de junio de 1952, durante la última etapa de su agonía. En el capítulo que reproducimos se despide de su Pueblo: “Mi corazón se quedará con mis descamisados para ayudarlos a luchar.”

Q

uiero vivir eternamente con Perón y con mi Pueblo. Esta es mi voluntad absoluta y permanente y es, por lo tanto, mi última voluntad. Donde esté Perón y donde estén mis descamisados allí estará siempre mi corazón, para quererlos con todas las fuerzas de mi vida y con todo el fanatismo que me quema el alma. Si Dios lo llevase del mundo a Perón, yo me iría con él, porque no sería capaz de sobrevivir sin él, pero mi corazón se quedaría con mis descamisados, con mis mujeres, con mis obreros, con mis ancianos, con mis niños, para ayudarlos a vivir con el cariño de mi amor, para ayudarlos a luchar con el fuego de mi fanatismo y para ayudarlos a sufrir con un poco de mis propios dolores. Porque he sufrido mucho, pero mi dolor valía la felicidad de mi Pueblo... y yo no quise negarme –yo no quiero negarme–, yo acepto sufrir hasta el último día de mi vida, si eso sirve para restañar alguna herida o enjugar una lágrima. Pero si Dios me llevase del mundo antes que a Perón, yo quiero quedarme con él y con mi Pueblo, y mi corazón y mi cariño y mi alma y mi fanatismo seguirán con ellos. Seguirán viviendo en ellos, haciendo todo el bien que falta, dándoles todo el amor que no les pude dar en los años de mi vida, y encendiendo en sus almas el fuego de mi fanatismo, que me quema y me consume como una sed amarga e infinita. Yo estaré con ellos para que sigan adelante por el camino abierto de la Justicia y de la Libertad hasta que llegue el día maravilloso de los pueblos. Yo estaré con ellos, peleando en contra de todo lo que no sea pueblo puro, en contra de lo que no sea la raza de los pueblos. Dios es testigo de mi sinceridad; y él sabe que me consume el amor a mi raza que es el pueblo. Todo lo que se opone al pueblo me indigna hasta los límites extremos de mi rebeldía y de mis odios. Pero Dios sabe también que nunca he odiado a nadie por sí mismo, no he combatido a nadie con maldad sino por defender a mi Pueblo; a mis obreros, a mis mujeres, a mis pobres “grasitas”, a quienes nadie defendió jamás con más sinceridad que Perón y con más ardor que Evita. Pero es más grande el amor de Perón por el pueblo que mi amor, porque él, desde su situación de privilegio, supo llegar hasta el pueblo, comprenderlo y amarlo. Yo, en cambio, nací en el pueblo y sufrí en el pueblo. Tengo carne y alma, y sangre de pueblo. Yo no podía hacer otra cosa que entregarme a mi Pueblo. Si muriese antes que Perón, quisiera que esta voluntad mía, la última y definitiva de mi vida, sea leída en un acto público en Plaza de Mayo en la Plaza del 17 de Octubre ante mis queridos descamisados. Quiero que sepan en ese momento que lo quise y lo quiero a Perón con toda mi alma, y que Perón es mi sol y mi cielo. Dios no me permitirá que mienta si yo repito en este momento una vez mas: “no concibo el cielo sin Perón”.

servir al pueblo, de una o de otra manera. Quisiera que se constituya con todos esos bienes un fondo permanente de ayuda social para los casos de desgracias colectivas que afecten a los pobres, y deseo que ellos lo acepten como una prueba más de mi cariño. Deseo que en esos casos, por ejemplo, se entregue a cada familia un subsidio equivalente a los sueldos y salarios de un año, por lo menos. También deseo que, con ese fondo permanente de Evita, se instituyan becas para que estudien hijos de trabajadores y sean así los defensores de la doctrina de Perón, por cuya causa gustosa daría mi vida. Mis joyas no me pertenecen. La mayor parte fueron regalos de mi Pueblo. Pero aun las que recibí de mis amigos o de países extranjeros, o del General, quiero que vuelvan al pueblo. No quiero que caigan jamás en manos de la oligarquía, y por eso deseo que constituyan, en el Museo del Peronismo, un valor permanente que solo podrá ser utilizado en beneficio directo del pueblo.

“Mis últimas palabras son las mismas del principio: quiero vivir eternamente con Perón y con mi Pueblo. Dios me perdonará que yo prefiera quedarme con ellos.”
Que así como el oro respalda la moneda de algunos países, mis joyas sean el respaldo de un crédito permanente que abrirán los Bancos del país en beneficio del pueblo, a fin de que se construyan viviendas para los trabajadores de mi Patria. Desearía también que los pobres, los ancianos, los niños, mis descamisados sigan escribiéndose como lo hacen en estos tiempos de mi vida y que el monumento que quise levantar para mí en el Congreso de mi Pueblo recoja las esperanzas de todos y las convierta en realidad por medio de mi Fundación, que quiero siempre pura como la concebí para mis descamisados. Así yo me sentiré siempre cerca de mi Pueblo y seguiré siendo el puente de amor entre los descamisados y Perón. Por fin quiero que todos sepan que si he cometido errores los he cometido por amor, y espero que Dios, que ha visto siempre mi corazón, me juzgue, no por mis errores, ni mis defectos, ni mis culpas, que fueron muchas, sino por el amor que consume mi vida. Mis últimas palabras son las mismas del principio: quiero vivir eternamente con Perón y con mi pueblo. Dios me perdonará que yo prefiera quedarme con ellos, porque él también está con los humildes, y yo siempre he visto que en cada descamisado Dios me pedía un poco de amor que nunca le negué. Desgrabación: Jani Mavino Cronología: Manuel Alfieri Fotos: Museo Evita e Instituto Nacional de Investigación Histórica Eva Perón

“He sufrido mucho, pero mi dolor valía la felicidad de mi Pueblo... y yo acepto sufrir hasta el último día de mi vida, si eso sirve para restañar alguna herida.”
Pido a todos los obreros, a todos los humildes, a todos los descamisados, a todas las mujeres, a todos los niños y a todos los ancianos de mi Patria que cuiden y acompañen a Perón como si fuese yo misma. Quiero que todos mis bienes queden a disposición de Perón como representante soberano y único del pueblo. Yo considero que mis bienes son patrimonio del Pueblo y del Movimiento Pe-

ronista, que es también del pueblo, y que todos mis derechos como autora de La Razón de mi Vida y de Mi Mensaje, cuando se publiquen, sean también considerados como propiedad absoluta de Perón y del Pueblo Argentino. Mientras viva Perón, él podrá hacer lo que quiera de todos mis bienes: venderlos, regalarlos e incluso quemarlos, porque todo en mi vida le pertenece, todo es de él, empezando por mi propia vida, que yo le entregaré por amor y para siempre de una manera absoluta. Pero después de Perón el único heredero de mis bienes debe ser el pueblo, y pido a los trabajadores y a las mujeres de mi Pueblo que exijan, por cualquier medio, el cumplimiento inexorable de esta voluntad suprema de mi corazón, que tanto los quiso. Todos los bienes que he mencionado y aun los que hubiere omitido deberán

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