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Andrés L.

Mateo, la aventura
espiritual de la dominicanidad

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Miguel Ángel Fornerín

Andrés L. Mateo,
la aventura espiritual
de la dominicanidad

Editora Imago Mundi


San Juan/ Santo Domingo

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IMAGO MUNDI / Mundos posibles No. 3

Prohibida la reproducción total


o parcial de esta obra, sin la autorización del autor
o la editorial, por cualquier medio
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establecidas por las leyes.

Primera Edición: noviembre de 2009


ISBN: 978—9945—16—301—18

EDITORA IMAGO MUNDI


San Juan, PR / Santo Domingo, RD.
Correo electrónico editoraimagomundi@gmail.com

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Poética es siempre discurso, discurso de los signos y sobre los signos culturales.
Por eso, toda poética del vivir es una retórica de los objetos y de las acciones.
Es una elocuencia manifiesta que percibimos en las formas, los sabores, los colores de
cuanto tocamos o hacemos, y que, a su vez, nos invita a hacer alarde
para revelarnos nosotros mismos como sujeto,
sulimando nuestra condición
Manuel Matos Moquete | “Poética del vivir”.
En la espiral de los tiempos

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a Giovanni Di Pietro
caro amico

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ÍNDICE

11 Prólogo

15 Introducción

29 La ensayística culturalista de Andrés L. Mateo

35 Las prácticas intelectuales y el poder en Mito y cultura en la Era de Trujillo

53 Crónicas cotidianas y cultura en Al filo de la dominicanidad

59 Una visión del presente dominicano en Las palabras perdidas

73 Cartografía y arqueología cultural en Pedro Henríquez Ureña, errancia y


creación
83 Pisar los dedos de Dios: el descenso al infierno

91 Releyendo La otra Penélope

99 Otra visión del burdel en La balada de Alfonsina Bairán

107 Soledad y absurdo en la narrativa de Andrés L. Mateo

121 El violín de la condición masculina: las máscaras del hombre en El violín de


la adúltera
133 Para no concluir

137 Bibliografía

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Prólogo

Q
uiero saludar desde Francia, más precisamente desde el C.R.L.A. (Centre de Recherches
Latino-Américaines), que organizó en el año 2003 una Jornada sobre República
Dominicana, la excelente iniciativa de Miguel Ángel Fornerín, poeta, ensayista y docente
dominicano, quien nos brinda por fin la tan ansiada visión abarcadora que necesitábamos
sobre la pluridimensional carrera de su compatriota, el doctor Andrés L. Mateo. Ya era hora
en efecto de que se conociera mejor, en América Latina y Europa, la trayectoria intelectual
y estética de esta eminente figura del mundo cultural dominicano, varias veces laureada
con premios nacionales, tanto por su producción novelística como por su labor ensayística y
periodística. Uno de los méritos de esta ambiciosa empresa, inspirada a la vez en una
respetuosa admiración y en la amistad, estriba precisamente en haber trazado un cuadro
preciso y bien documentado de las múltiples actividades a las que se dedicó Andrés L.
Mateo, tendiendo sugestivos puentes entre sus trabajos ensayísticos o periodísticos y su
narrativa.

Existe en efecto una indiscutible convergencia y hasta cierto continuum, que bien
señala Miguel Ángel Fornerín, entre las dos vertientes, fáctica y ficcional, del talento de
Andrés L. Mateo. Cualquiera que sea el objeto de su reflexión, que se mueva en el terreno
del ensayo o de la ficción, Andrés L. Mateo se nos presenta como un espíritu apasionado y
analítico a la vez, ansioso de comprender el mundo, empezando por su propio entorno vital :
la sociedad dominicana, profundamente marcada, hasta en su imaginario, por el trujillismo,
ese pasado ominoso cuyo desentrañamiento resulta imprescindible para todo aquel que
quiera entender cabalmente el funcionamiento de los tiempos actuales. De ahí la justificada
insistencia de Miguel Ángel Fornerín en los agudos análisis de carácter ensayístico e
histórico de Mito y cultura en la Era de Trujillo, por ejemplo, llevados por Andrés L. Mateo
desde una convincente perspectiva marxista, desprovista –conviene señalarlo– de las

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torpezas y simplificaciones reductoras de que adolecen a veces los planteamientos
ideológicos.

Como bien lo muestra Miguel Ángel Fornerín, la condición de escritor de


Andrés L. Mateo lo hace particularmente sensible y apto para desmenuzar el
discurso oficial del trujillismo, la especificidad de su «jerga », en una palabra, para
captar los fundamentos de un poder que supo instrumentalizar hábilmente a los
letrados. Como historiador, pero también como escritor abordará de nuevo Andrés
L. Mateo, en Al filo de la dominicanidad, el análisis de la sociedad dominicana. Muy
atinadamente presenta Miguel Ángel Fornerín este nuevo asedio de su compatriota
como una suerte de crónica urbana, que apunta a documentar las transformaciones
sociológicas de un mundo dominicano que se va alejando paulatinamente de la
ruralidad.

Pero de una crónica de sabor barthesiano que combina con originalidad


distanciamiento crítico y empatía, de un relato inspirado, poético y hasta
humorístico se trata, de una escritura mixta que borra en parte las fronteras entre
lo fáctico y lo ficcional, lo testimonial y lo subjetivo, transformando las crueldades y
sordideces de la vida cotidiana en pequeñas joyas escriturales, en brillantes viñetas
interpretativas de la cultura popular –de su música, entre otras cosas. ¿Cómo
olvidarse en efecto de la gracia y truculencia de textos como «Crucita lacuelnera»,
«El Peje Que Fuma», y otros tantos deliciosamente paródicos como «Yo, el peor de
todos», o «Comandante Marcos: el jinete insomne», con sus guiños al pasado colonial
y la actualidad?

Los símbolos de la dominicanidad reaflorarán, desde luego, en los textos


ficcionales de Andrés L. Mateo, prolongación de asumida subjetividad de sus
reflexiones históricas sobre la sociedad dominicana. Pero valiéndose de todas las
libertades otorgadas por la ficción, el escritor irá elaborando un universo textual
signado por la ambigüedad y la apertura, ajeno a toda esquemática certeza, a toda
prefabricada euforia ideológica, a todo binarismo reductor, así como a toda
imposición estética. Los recovecos de la ficción, más que el ensayo, como parece
insinuarlo Miguel Ángel Fornerín, quizás le hayan permitido al autor de La balada
de Alfonsina Bairán ir descubriendo con mayor sutileza aún la vertiginosa
complejidad del mundo, su abyección, locura y ternura. La novela, tejido textual de
múltiples e intricados hilos, se resiste, tanto como lo real, a toda ingenua búsqueda
de una clave única de desciframiento. El texto plural, antiépico de Andrés L. Mateo,
nutrido de una rica intertextualidad que enlaza la República Dominicana con el
vasto mundo de las letras hispanoamericanas, adquiere no pocas veces visos
absurdos y hasta grotescos, entrañablemente onettianos. Moderna es, pues, la

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sensibilidad del autor de Pisar los dedos de Dios, La otra Penélope y La balada de
Alfonsina Bairán. Y, por ciertos rasgos que analiza certeramente Miguel Ángel
Fornerín –la preocupación casi obsesiva por el rescate de la memoria, la relevancia
de la actitud testimonial–, hasta postmoderna.

A Miguel Ángel Fornerín deben agradecérsele sus eficaces contextualizaciones y


sus acertadas sugerencias de lectura que nos permiten orientarnos mejor en la
frondosa obra de Andrés L. Mateo. Pero ¿quién mejor que un escritor podía
acercarse a la obra de otro escritor?

Maryse Renaud

Profesora de literatura hispanoamericana


Universidad de Poitiers
Poitiers, enero de 2007

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