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EL PODER DE

LA EMPATÍA

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Título original: EMPOWERED BY EMPATHY Traducido del inglés por Miguel Iribarren Berrade Diseño de portada: Editorial Sirio, S.A.

© de la edición original Rose Rosetree

© de la presente edición

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Rose Rosetree

EL PODER DE

LA EMPATÍA

editorial

Rose Rosetree EL PODER DE LA EMPATÍA editorial irio, s.a.

irio, s.a.

DEDICATORIA

Poetas, cantantes, artistas:

Vosotros que anheláis expresar la verdad cada vez más, abríos ahora a los caminos que ya creáis y creáis sin cesar a través de los dones de vuestro espíritu.

Bailarines, actores, músicos, fotógrafos, creadores de todo tipo e intensidad:

vosotros que fervientemente deseáis que alguien pueda daros la oportunidad de mostrar vuestro talento, abríos ahora y renovaos. En este momento, aquí mismo, en esta habitación, sabed que allí donde os halléis, enviáis vuestros dones y los aplausos se agitan en el aire como el sonido que precede al trueno. Porque te mueves como empático, eres un despertador, no sólo a través de las habilidades que posees, sino en todos los modos en los que sirves, aportando luz a este mundo en una plateada (aunque invisible) fuente.

EL PODER DE LA EMPATÍA

Incluso vosotros, los ocultos, los que mantenéis en secreto vuestros dones, incluso vosotros, cuyos dones tan celosamente se guardan que incluso vosotros mismos desconocéis aún su existencia, dejad de contener vuestras lágrimas. Oíd la llamada. Despertad al misterio de todo lo que podéis saber y de todo lo que compartís, pues nuestro mundo, como vosotros, está listo para abrirse de par en par y mostrar la completa alegría de Dios.

RECONOCIMIENTOS

H a sido el entusiasmo de mis alumnos lo que me ha motiva- do a escribir y publicar este libro. Me convencieron de que,

más que cualquier otra cosa que haya enseñado durante los pasa- dos treinta años, la empatía usada con habilidad ayuda a la gen- te a vivir con una conciencia espiritual más profunda. Fran- camente, me ha sorprendido lo bien que les ha ido a mis alum- nos. Tras un taller, necesité cerca de una semana para asimilar lo genial que les había ido. El descubrimiento de las técnicas había supuesto un verdadero esfuerzo para mí, y pensaba que mis estu- diantes se tendrían que esforzar al menos igual que yo. ¡Ja! Las técnicas resultaron ser un alivio para ellos, más que otra cosa. Es como si hubiera sido una madre pájaro empujando a sus pequeños fuera del nido, deseando ansiosamente que sus pollue- los no tuvieran demasiados problemas al trabajar con sus alas. Pero resultó que se lanzaron a volar como verdaderos pájaros adultos. Y, mientras volábamos todos juntos, pude oír como se decían unos a otros: “El nido estaba bien, pero, oye, ¿no era demasiado estrecho?”.

EL PODER DE LA EMPATÍA

Cuando se empieza a volar como empático, las instruccio- nes ayudan, pero el proceso en sí resulta especialmente fácil si se puede aprender siguiendo un ejemplo. Este libro trata de trans- mitirte lo más relevante que he aprendido de ese modo. También comparto técnicas que he descubierto intuitivamente y que he probado con mis estudiantes. Por tanto, comenzar este libro con mis agradecimientos es más que un simple formalismo. Vuestro aprendizaje, potencia- ción y habilidad me proporcionan el ímpetu necesario para seguir enseñando con el ejemplo. ¡Que suenen arpas y trompetas! Empecemos con mi mari- do, Match Weber, con quien me he entrenado en la empatía des- de nuestro primer encuentro en 1975. El Dr. Hill Bauman y Tantra Maat también me han cautivado. He obtenido de ellos todo lo que he podido aprender a través del ejemplo, incluyendo los milagros realizados con una empatía altamente especializada. Te preguntarás: ¿Cómo, exactamente?, ¿este libro trata de “eso”?, ¿de aprender a hacer milagros? Sí, a veces. Y te daré una pista. Tantra y Hill, como empáti- cos expertos, hacen milagros cada vez que se salen del camino. Otros profesores me han enseñado a poner nombres. Confiar en el alcance de tu percepción comienza con el proceso de poner nombres. Por el contrario, no puede haber una clara experiencia consciente sin poner nombres. Por tanto, agradezco a la Rev. Sandra Jean Parness y al Rev. Rich Bell, instructores en la enseñanza del Cristo Interior, por enseñarme a modelar la con- fianza espiritual. Este proceso impulsó mi habilidad en la expe- riencia empática del nombre. Susan Kingsley Rowe me condujo un paso más allá al des- pertarme con una regresión a una vida pasada, donde me vi entre las multitudes que escuchaban el Sermón de la Montaña –o algo similar–. La experiencia no vino precisamente acompañada de una estructura teatral. La repicante presencia de Jesús despertó de nuevo en mi conciencia. Desde entonces, me ha parecido que

RECONOCIMIENTOS

Jesús estaba (en parte) conectado a su fuente de energía. Por tan- to, se encontraba unido en espíritu con la gente que le pedía ayu- da. Una unión intrépida, feliz y completa. Con esto, basta una mínima fracción de su habilidad para poner un fantástico tipo de sanación en movimiento. Reconozco esto con más asombro que gratitud. Una década antes de conectar con este valiente tipo de empatía, el Dr. David Read me inspiraba, semana tras semana, con sus brillantes sermones en la Iglesia Presbiteriana de la ave- nida Madison. Sin saber que se trataba de uno de los predicado- res más importantes de la nación, yo le trataba simplemente como a una amigo. Una vez le escribí una involuntariamente estrafalaria carta de agradecimiento. Sentí que tenía que com- partir con alguien lo que le había visto hacer al final de sus ser- mones. Tras entregarse completamente, el Rev. Read se apartaba y dejaba que el estruendoso aplauso de la congregación pasara a través de él y llegara directamente a Dios. ¿Cómo podía el Dr. Read hacerse tan transparente, hasta el punto de volverse invisible? No podría decirlo, pero sé que, de algún modo, podía verlo. Me respondió diciéndome que había apreciado muchísimo mi carta, que calificó de “perceptiva”. Eso me dio mucha seguridad a la hora de explorar lo que, en este libro, denomino unidad espiritual. Al dar las gracias a los muchos maestros que me han con- ducido hasta las formas de empatía que dieron lugar a este libro (no sólo la unidad espiritual, sino también los modos emociona- les, físicos e intelectuales del vuelo en espíritu), encuentro que uno de mis colegas profesores, el Dr. Allen Grossman, de la Universidad Brandeis, merece un reconocimiento especial. Los poetas –nos repetía– buscan la excelencia particular de una per- sona o un lugar. No cesan hasta encontrar el verdadero nombre para una experiencia. Este proceso de dar nombre me ha llevado a la poesía, la religión, la sanación, la metafísica, y de relación en relación.

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EL PODER DE LA EMPATÍA

Reconocer este largo camino me produce alegría y también sana- ción. Un ejemplo de ello es lo que me sucedió justamente esta mañana, cuando, al pensar en el camino recorrido, vino a mi mente un amargo recuerdo. Durante veintidós años, después de mi paso por la universi- dad, seguí a un místico hindú, a quién coloqué en un pedestal tan alto que llegué a creer que era el único guía que existía para alcanzar la iluminación. Como cualquier otro discípulo, dedica- ba mi tiempo a enseñar en sus centros de meditación. Durante retiros prolongados, aprendí sus enseñanzas directamente de él, y pasé mucho tiempo aguardando delante de su puerta con la esperanza de obtener audiencia con él. En todos esos años, sólo me concedió una. La conversación no duró más de tres minutos. Al final, le formulé una pregunta relacionada con la plegaria: “Por favor, enséñeme a rezar”, le imploré. Mi gurú soltó una sonora y prolongada carcajada. “Búscalo en un libro”, dijo mientras me daba la espalda. Ese recuerdo me torturó durante años, porque percibía cier- to desdén en su risa. Horas de meditación diaria, un entregado servicio como profesora, siete años de celibato, trabajo y más trabajo, lágrimas y más lágrimas, y a pesar de todo eso, y a pesar de todo lo que había aprendido de mis padres y maestros, ¿era tan idiota que aún no sabía rezar? Pero ahora, mientras repaso el borrador de estas páginas y las sello con mi agradecimiento, me doy cuenta de cómo mis téc- nicas para volar en espíritu, a través de la empatía, constituyen un tipo de plegaria. Y escucho a mi gurú reír de nuevo. Sólo que ahora también escucho el amor en él. ¿Podría ser que, en un par- padeo, hubiera visto y leído este mismo libro en aquel momento?

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