Sei sulla pagina 1di 74
JACQUES LACAN Sn ; - e LCHUCHUCHE Textes 2 JACQUES LACAN INTERVENCIONES Y TEXTOS 2 EDICIONES ‘Traduccion Julieta Suere, Juan Lisle Delmont: £1 niimera trece y la forma légica de 1a sompectia; Presentacion de la. traduccion francesa de las emorias ‘del Presidente Schreber; Breve discurso en la ORTF: Bos notas sobre el nifio; Prefacio a la edici6m inglesa del Seminario XI; Haiienaje 8 Marguerite Duras, del rapto de Lol V. Stein: £1 despertar de la pricatvera, Julieta Suere, Juan Lasks Delmont, Diana S. Rabinavich: La tercera. Diana 8. Rabinovich: Del psicoanalists cn sus celaciones con Ja realidad. Conferencia en Ginebra sobre el sintoma Revision teeniea: Diana S, Rabinovich Impreso en la Argentina. Queda hecho el depésito que area fa ley 11.723. ‘© Navarin Editeur, Paris, Francia © 1088, de ia edlicion en eustellano, Ediciones Manantial SRL ‘Anda. de Mayo 1365, 6° piso, (1085) Buenos Aires, Argentina Telefax: 54 11 4383-7350 /6059 email: inloemanantisl.com.ar ‘www.emanantial.com. Publicado con el acuerdo de Jacques-Alain Miller, Uuular de los derechos morales de la obra de Uacques Lacan, seg la ley francesa del 11 de marzo de 1957 ISBN; 950-9515-21-3 Reimpresiones 1901, 1993, 1906 y 2001 Derechos reservados Prohibida sus reproduceiin total © parcial Impreso en enero de 2006 en Talleres Graficos Leograf SRL, Rucci 408, Valentin Alsina, Argentina, INDICE niimero trece y la forma logiea de la sospecha PresentaciGn de la traduccién francesa de las Memortas del Presidente Schreber Breve discurse en la O.R-TF. Del psicoandlisis en sus relaciones con la realidad Dos notas sobre el nino Prefacio a la edicién inglesa del Seminario XI Homenaje a Marguerite Duras, del rapto de Lol V. Stein La tercera El despertar de la primavera Conferencia en Ginebra sobre el sintoma 27 35 43 5S 59 63 73 109, 115 ‘Titulo original y fuente ome rin ifr gig de x urpcon, Omar? Navarin Elites, fF 96, Porta, BS. Pression des Benbtes dy preident Sciwcbe Ureduction Frangeiae, Orieer ot 38. Novara Bilear, Pari, 968. Pett Gincoure arictPs Oncor #9, Navara Eater Pura YES. la pay chanalyse dans ses rapports avec la réalité, Sedicet, n* 1, Seull, Parts, 1968. Burrows sur enfant, Orncorh at 37, Navara balteur Pre, ee, Fretce SINEIAs Silane du Senne, Qriar nt 1/1, Rear Br Para IOP Homnge fit Mngertc Duras du enisacment debate, Orntart "94 Novartn Bleu, Pat, BBS ta ten Lewes deta Bec Sreudienne, a" 16. Paris, Véveil du printemps, Ornicar?, n° 39, Navarin Eells, Par IDS, Conférence & Gentes leejplaren Le lon: Notes de ta paxerniion Braeden EL NUMERO TRECE Y LA FORMA LOGICA DE LA SOSPECHA, nas inaccesiblé a nuestros ojos, hechos Para las signos det cambiste,.. Wiscurso sobre la causalidad psiquica,) Una vez mas partiremos de uno de esos problemas de aritmética en que los modernos apenas wen mds que re- creacién, aunque los obsesione la nocién de las virtuali- dades creadoras que en ellos descubria cl pensamiento tradicional. Este se debe al-sefior le Lionnais, muy iniclado énes- tos areanos, segimn nos han dicho, y quien con él ha per- turbado las veladas de algunos parisinos. Al menos asi nos fue propuesto por Raymond Quencau, gran experta en estos juegos, a los que no considera el objeto menos aptopiado para poner a prueba su agilidad-dialéctica, y No menos erudito en esas publicaciones resérvadas que los cultivan. A él nos hemos de atener, por ende, cuando dice que se trata de un aporte original. Examinémoslo. El problema de las doce monedas De doce monedas en apariencia iguales, una, que lla- maremos la mala, se distingue por una diferencia de pe- 8 Jacques Lacan so imperceptible sin aparato de medicidn, diferencia acerca de la cual no se dice si es en més 0 er menos. _ Nos piden que encontremos dicha moneda con tan sO- lo tres pesadas. para lo cual el dnicoinstrumento de que disponemos es una balanza con dos platillos. sin ningun patron de peso ni tara ano ser las propias monedas. La balanza que aqui nos dan como aparate hara pa- ra nosotros de soporte de una forma logica, que llama- mos forma de la sospecha ambigua. y la pesada nos indl- cara su funcién en el pensamiento', Solucién del problema Este problema requiere una invencién operatoria delo ‘ms sencilla y perfectamente al aleance de la mente hu- mana. Dudamos., sin embargo, que estéal alcance deesa mecanica cuya maravilla expresa sobradamente su nombre de “maquina de pensar”. Y es. que habria mucho que decir sobre el tipo de dificultades que openen a la 1. El estudio aqui desarroliads encuentra su lugar en los analisis formales Iniciales de una logica colectiva, a la cual se referia ya el fragmento publicado en el nimero anterior de Cahiers d'Art con el t= tulo: El tiempo logico y el aserto de certeza anticipada, Ta forma aqui desarrollada, a pesar de que entrafa la sucesion, no es del orden del tempo Iogicoy se sitita como anterior en nuestro de- * sarrollo. ‘Forma parte de nuestros enfoques ejemplares para la concepcion de las formas logicas en las cuales deben definirse las relaciones del individuo con la coleccién, antes de constituirse la clase; en olras pa- Iabras,antes de que el individua esté especificada, sia concepcion sedesarrolla.en una logica del sujeto, que se per- eibe a las claras en nucsirootro estucia, piesto-que, en su Onal, Ie. amosa un inlento de formubaeién del silogisma subjetivo, pore! cual elsujeto de Ia existencia se asimila a la esencla, radicalmente culur Tal para nosotros, a la cual s¢ apli¢a el termine de humanidad El niumere trece 9 mente, por un lado, las formas desarrolladas deljuego de los nameras y, por otro, las formas mas simples. de las cuales cabe preguntarse si contlenen implicitamente a las otras. . Para quien quicra ponerse a resolver nuestro proble- ma, precisemos que las condiciones deben tomarse con todo rigor, o sea, que cada resultado comprobado al po- ner en los platillos dos monedas o dos grupos de mone- das (siempre iguales en mimero, por supuesto), cuenta como una pesada, ya se equilibren o no los platillos. Sefialamos esto a fin de que cuando el que indaga lle- gue al momento, aparentemente inevitable, en que la di- ficultad le parecera no tener salida. no vaya a tergiversar el asunto suponiendo, por ejemplo, que un doble inten- toreferidoal mismo tiempo operatorio puede considerar- se como una sola pesada; sino que mas blen, animado por la certeza de que existe la solucién, persevere en el fondo del impasse hasta descubrir su fala. Que se una a nosotros, entonees. para considerar su éstructura. En- trelante, guiemos al lector mas dé El reducido nimero de pruebas permitidas exige que se preceda por grupos. Dade que la presencia cierta de la moneda mala entre las doce es un dato, ello podria di- suadirnos de repartirlas mitad y mitad en los dos plati- llos: en efecto. este dato, en la misma’ medida en que asegura que uno de los grupos sera mas pesado que el otro, disminuye el interés de la prueba. No obstante, es- te razonamiento se revelara meramente aproximativo, La verdadera justificaci6n del procedimicnto que acierta estriba en que la pesada en una balanza de dos platillos tiene tres resultados posibles: que se equilibren oO que pese mas uno 0 el otra. Bs cierta que en el caso del desequilibrio nada nos permite reconocer de qué lado es- td cl objeto responsable de ello. Pero tendremos base pa- 10 Jacques Lacan ra operar segtin una distribucién tripartita, forma que encontramos en més de una incidencia en Ia logica de la coleccién, La primera pesada y el problema de los cuatro Pongamos en. cada platillo dos grupos de cuatro, to- mados de nuestras doce monedas. Si se da cl caso de que se equilibren, sélo nos queda encontrar la moneda mala entre las cuatro restantes. Problema cuya solucién parecera facil en dos pesadas, aunqueé se la ha de formular sin precipitacién. Precisemos que en la segunda pesada pondremos en cada platillo una y solo una moneda de las cuatro res- tantes. Se equilibran los platillos? Entonces las dos mo- nedas con de las buenasy. una de ellas, opuesta en una tercera pesada a cualquiera de las restantes. o bien evi- denciara que ella es la mala o bien permitira situarla por eliminacion en la tillima no pesada. Si, por el contrario uno de los platillos pesa mas que lotro, entonces la moneda mala esta entre las dos que ‘estdin en los platillos y, como las dos restantes seran. por tanto, de las buenas. la situacion, semejante a la del ca- so anterior, podré resolverse de la misma manera, es de- cir, comparande entre ellas una moneda de cada grupo, ‘El desarrollo del problema mostrara que no es vano pereatarse aqui de que este procedimiento resuelve un problema que podemos considerar autonome: el de como encontrar la moneda mala entre cuatro mediante dos pe- sadas, o sea, el problema inmedialamente inferior al nuestro. En efecto, las ocho monedas de nuestra prime- ra pesada no han intervenido para nada en la busqueda de la mala entre las cuatro restantes El niumero irece aL Ethic de Ia dificultad y la sospecha dividida Regresemos ahora’a esa primera pesada para cdns|- derar él caso en que uno de los grupos de cuatro coloca~ dos en la balanza pesa mas que el otro; Este caso es el hiede la dificultad. Aparentemente nos obliga a detectar la moneda mala entre ocho.y a hacer- lo en dos pesadas, cuando esas dos. pesadas son justo las. ue naceellan para detectarla entre cuatro. ora bien, es cierto que si debemds'reconocer ocho la moneda mala, la sospecha, di Femina qk oan ae bre cada una de ellas queda de antemano dliviclida. Y aqui nos topamos con una dialéctica esenclal de las re- laciones entre el individuo ya coleecién, en tanto ellas Suatan la ambigttedad de lo demasiado o demasiado co, : Entonces, el resultado de |. formularse de la siguiente See ee De las monedés que estén en el platillo més cargado silo se sospecha que son demasiodd pesttiarie las que estdn en el més tivlano, que son demasiado livianas.." La rotacién tripartita o id tria Esta es la raiz de la operacién que permite resolver nuestro problema y que Hamaremos la rotacién triparti- lao. para hacer un relruécan com su papel de triar la fa. Esta operacién se nos presentara como el nudo en el desenvolvimiento de un drama, asi se trate del problema de las doce 0, como veremos, de su aplicacién a coleccio- nes superiores, Aqui, la tercera pesada, come en los otros 12 Jacques Lacan casos todas las pesadas que le siguen, sdlo representa: ra un desenlace que opera la liquidacion. Este es el esquema de la operacion: Plattuio pesaao ‘Platilo liwiano La rotacién tripartita o la tria ‘Vemos que intervienen en ella tres monedas ya deter- minadas coma buenas; tal como, en efecto, nos son proporeionadas, siendo otro resuliado de la primera pe- sada, en las cuatro restantes, —ya que la moneda mala esta con certeza entre las ocho ineluidas en la pesada. Existe, por clerto, una forma de la operacién en la que no intervienen estas monedas —y en la que se pro- cede redistribuyendo tan sélo las que estan en los plati- llos, después de la exclustén dealgunas. Pero por clegan- te que sea esta economia de elementos, me atendré a la exposicién de la forma aqui representada por las razones siguientes: 1") la distribucion tripartita de los elementos en la prueba que precede inmediatamente a la operacién, da necesariamente un niimero de elementos, depurados de toda sospecha, siempre mas que suliciente para que es- El niimero trece 13 ta forma pueda aplicarse en la-extension ad indefinitum que daremos a nuestro problema y,.mas ampliamente aim, veremos, cor ¢l complemento esencial que le apor- taremos. 2) esta forma de la operacién es mas facil de mane- jar mentalmente para aquellos que no se hanadiestrado en concebirla sometiéndose a la prueba de su hallazgo. 3") por ultimo que, una vez resuelta por la pesada con que concluye, es la que deja la menor complejidad a las operaciones de liquidacién. Nuestra rotacién tripartita consiste pues en lo si- guiente: Se sustituyen por tres monedas buenas tres monedas cualesquicra del platillo mas pesado, por ejemplo, y luego por las tres monedas extraidas de ese plaiillo tres monedas tomadas del platillo mas liviano, que quedan entonces excluidas de los platillos. La segunda pesada y ta disyuncion decisiva Basta comprobar en una segunda pésada el efecto de esta nueva distribucién para concluir, segin cada uno de los tres casos posibles, Ios siguientes resultados: Primer caso: los platillos se equilibran. Todas las mo- nedas en los platillos son buenas. La mala se halla enton- ces entre las tres monedas exchuldas de un platillo que era el mas liviano en la primera pesada, y como tal sabe- mos que sélo puede ser una moneda mes liviana que las demas. Segundo caso: cambio de lado det platillo mas pesado. Ello se debe a que la mala moneda cambié de platillo. Se halla entonees enure las tres que salleron del platillo mas 14 Jacques Lacan do de la primera pesada y, como tal, sabemos que Fala puede per una moneda mis pesada que las demas. Tercer casor la balanza sigue inclinada del mismo la~ do que en la primera pesada. Es porque la moneda ma- la se halla entre las dos que no han sido movidas. Sabe- mos, ademés, que si es la que esta evel platillo mas pe- sado sélo puede tratarse de una moneda més pesada y, sies la otra, solo puede ser una moneda mds lviana que las demas. La tercera pesada en los tres casos Lievado hasta este grado de disyuncién, el problema frece ninguna resistencia grave. » tina moneda en efecto, que ya se ha determinado que tiene que ser mas pesada en un caso, mas liviana cn el otro, se detectara entre tres, en una pesada que opone a dos de ellas y en Ja cual se revelara sin ambigtedad. a fal- ta de lo cual, resultara ser la tercera. Para el tercer caso sdlo tenemos que reunir las dos monedas sospechosas én un mismo platillo y, poner en elotro dos cualesquiera de las restantes, depuradas ya de toda sospecha, para que la pesada designe la mone- da mala. En efecto, el platillo de las monedas sospecho- sas se manifestara forzosamente como mas cargado o como mas liviano que el otro ya que en él esta con toda. seguridad o una moneda demasiado liviana o una mo- neda demasiado pesada; y sabremos. por tanto, a eual incriminar, con tal de no haber perdido de vista la indi- vidualidad de cada una, en otras palabras, de qué platt- lo de la segunda pesada proviene, Ya tenemos resuelto el problema. Elntunero trece 15 La coleceién maxima accesible a n pesadas gPodemos ahora deduclr la regla que. para un niime- ro determinado de pesadas, nosde el ntimero maximo de monedas entre las cuales estas pesadas permitan de- tectar una y sélo una caracterizada por una diferencia ambigua —9 sea, la razén de la serie de las colecclones maxtmas, determinadas por una admision creciente de pesadas? En efecto, podemos ver que si se necesitan des pesa- das para detectar la moneda mala en una coleccion de cuatro, y si tres nos permiten resolver el problema de las. doce, es porque bastan también dos pesadas para encon- trar la moneda entre ocho, cuando una primera pesada ha repartido en ellas dos mitades, entre las cuales se di- viden la sospecha del exceso y la del defecio. Se com- probara fictlmente que una aplicacién adecuada de la Totacidn tripartita permite extender esta regla alas colec- ciones superiores y que cuatro pesadas resuelven f4- cilmente él problema para 36 monedas y asi sucesiva- mente, multiplicando por 3 el ntimero N de las monedas cada vez que se otorga una unidad mas al nomero nde las pesadas permitidas. Formulando N como equivalente a 4 por 3°*3determi- naremos el ntimero maximo de monedas accesible a la depuracién de n pesadas? Basta intentar la comproba: cién para reparar en que el nimero, de hecho, es mayor, y que la razon de cllo ya se manifiesta a nivel de nuestro problema, El sefor le Lionnais, acaso obedeciendo al precepto tradicional segiin el cual cuando se sabe diez salo se ha de ensefar mueve, acaso por benevolencia o malicia, nos ha vuelto ef juego demasiado facil. Sisu postulado, en efecto, nos Ilevé a un procedimien- 16 vaeques Lacan to que conserva su valor, veremos que la comprensian del problema queda mutilada para quien no se percate de que ires pesadas permiten detectar la moneda mala no sélo entre doce sino también entre trece. ‘Vamos a demostrarlo ahora. El problema de las trece Las ocho primeras monedas representan eri verdad euanto puede entrar en juego en la primera pesada. ¥en el caso en que todas son buenas, caso que antes exami- namos primero, quedaran cinco monedas, entre las eua- les, para determinar la mala, dos pesadas parecerin insuficientes, y lo serian de veras si a este nivel del pra- blema esas cinco monedas fueran Ios unicos elementos de que disponemos. En efecto, al examinar el problema limitado a dos pe- sadas, se evidencia que el numero cuatro es el maximo posible accesible a su alcance. Podemos, empero, obser- var que sélo tres monedas entran electivamente en la prueba, pues la cuarta nunca se coloca en un platilloy, en caso extreme, sélo es incriminada en base al dato que certifica la existencia de una moneda mala. La misma observacién valdra para ese grupo que es- tamos considerande como residuo en el problema supe- rior (y valdra sélo para ese caso tinico, pues la deteccién de una moneda por eliminaci6n en una pesada en la que ella no entra, tal como se observa en olres momentos po- sibles del problema, depende del hecho de que su presen- cia en un grupo se ha manifestado efectivamente en una pesada anterior). Pero cuando el grupo de cince monedas viene dado co- mo residuo, el caso ne es igual al de las cuatro monedas El niumere trece a7 aisladas. Porque aqui una pesada anterior ha determina- do como buenas otras monedas y basta’con una sola de éstas para modilicar el alcance de las dos pesadas que nos han sido otorgadas. La posieién por-tes-y-uno Consideren la figura siguiente: ‘La posieion por-tres-y-una Los cireulos representan los dos platillos de 1a balan- za. En uno de ellos, representada por un redondel negro, esta la moneda buena que intreducimos, junto con otra. tomada de las cinco bajo sospecha; en el otro platillo po- nemos dos mas de estas cinco. Tal ser la distribucin de nuestra segunda pesada, Dos casos: ‘O bien los platillos se equilibran y habra que hallar la moneda mala entre las dos monedas restantes de Jas cin- co monedas, en una pesada que la revelara al oponerla ala misma moneda buena que aquinos basta, 0 sino, la indieara en la Ullima y no probada. 18 Jacques Lacan O bien uno de los platillos pesa mas que el otro y ha- llamos de nuevo la sospecha dividida, pero esta vez en forma desigual:.entre una sold pleza, Sospechosa en un sentido, y dos, sospechosas en sentido opuesto. Basiaré entonces tomar una de las dos restantes, ya delerminadas cn ese momento como de las buenas, pa- ra sustituir por ella la sospechosa aislada, y reemplazar cont ésta tiltima una del par de saspechasas, ejecutando asi la mas reducida de las rotaciones tripartitas o rota: cién triple, para poder leer de inmediato el resultado en una tercera pesada: = stel mismo platillo pesa més, la mala seré la queno se movid del par de las dos sospechosas: = silos platillos se equilibran, la mala es la otra del par que fue expulsada del platillo: — si cambia el lado mas pesado, Ja mala es la aislada que cambié de platillo, ‘Aqui la disposicion decisiva. la que ordena la pesada de las tres monedas bajo sospecha con una de las bue- nas, la designamos como posicion por-ires-y-uno. Esta posicién por-tres-y-uno es la forma original de la légica de la sospecha. Seria errado confundirla con la ro- tacién tripartita, aunque se resuelva en esta operacién. Por el contrarlo podemos ver que sélo esta posicién otor- gaa la operacién su eficacia plena en nuestro problema. ¥ dela misma manera que aparece come el verdadero re- curso para resolverlo, sélo ella permite también revelar su auténtico sentido, Es lo que vamos a demostrar a con- tinuacién. El problema de las cucrenta Pasemos al problema de las cuatro pesadas para ave- El niumero trece 19 riguar a qué niimero de monedas puede extenderse su alcance, conservando las mismas condiciones dekpro- blema. ‘Notamos de inmediato que una primera pesada pue= de abarcar con éxito no sélo dos veces doce-monedas. segun la regla sugerida por la primera resoluciondelasi llamado problema de las doce, sino también-dos veces trece monedas. En efecto, si se presenta el desequilibrio, la rotacién. tripartita, efectuada con el aporte de nueve: monedas buenas es capaz de detectar entre las 26 dela primera pe- sada la moneda mala en tres pesadas. 1a pesada después de la tria las dividira, en efecto, en dos grupos de nueve, bajo sospecha univoca —en cuyo caso una tercera pesada de tres contra tres manifestara la presencia de la mala, o bien en unovde estos grupos, o bien en el de las tres restantes, donde, sea el que fue- Fe, una cuarta y ultima pesada Ja aislard—.y'en un gru- po de ocho, de sospecha’ dividida, en el que ya sabemos. hallar la moneda en dos pesadas. Pero si las 26 primeras monedas resultan ser de las ‘buenas, nos quedan tres pesadas. y én este caso la po- sicién por-tres-y-uno demostrara su valor. Para llenar el campo de una nueva tria, ella nos indi- cara en efecto que hay que oponer, no sdlo cuatro mone- das a cuatro, como lo sugiere el estudio del caso de las tres pesadas, sino cinco contra cuatro, aftadiendo una de las buenas. Después de las demostraciones anteriores, ja figura siguiente basta para demostrar la solubilidad de Ja posicién de las nueve monedas, cuando el desequill- brio de los platillos revela la presenela de la mala. Presentamos abajo el esquema de la tria que, con la prueba de la tercera pesada, revelara en qué grupo de ‘res bajo sospecha se halla la moneda mala; una cuarta 20 Jaeques Lacan pesada bastara para alslarla en cualquiera de los casos. Pero si el equilibrio de los platillos revela que la mala aiin ne esta presente, —reducidos como estamos.al mar- gen de dos pesadas, procederemos Igual que al nivel co- rrespondiente del problema de las trece poniendo tres nuevas monedas sospechosas. dos contra una, usando para balancear la ayuda de una de'las buenas, y de no manifestarse la presencia buscada (y por ende aislable en la siguiente pesada), nos quedara una pesada para probar todavia una moneda e incluso poder designar la malaa loultimo, con el vinico fundamento del dato.de que existe dicha moneda mala. De donde resulta que con la prueba de cuatro pesadas se pueden abarcar 40 monedas: 26 +9 +3+ 1+ 1=40 La tria completada en la posicion por-tres-y-uno (Las monedas introduciclas como buenas aparecen en negra La regia general de la conduccion de tas operaciones Al reproducir la misma indagacién para un ntimero superior de pesadas, se despejara la regla que ordena el maneje de las operaciones para esta indagaciOn, A saber: El ntimero trece 21 Intreductr Ja tria si la mala moneda revela su presen- cla entre las que abarca la primera pesada. Si no €g asi: Emplear la posicion por-tres-y-uno, en cuanto se dis- ponga de una moneda buena, ¢s decir, en las condiciones aqui postuladas, a partir del ordenamitento dela segun= da pesada, y volver a usarla’ en todas las pesadas si- guientes hasta que la mala moneda revele su presencia en una de ellas. Hacer entrar en juego, entonces; la:rotacién tripartita, que es el momento de viraje de toda la operacién.'La po- sicién por-tres-y-unose aisla en uno de los grupes, cuya disyuncién opera ia tria. Si la pesada que concluye esta tria establece la pre- senela de la moneda en dicho grupo, unico caso complejo por resolver, se repite con este grupo la tria'con lamis- ma posibilidad de que se mantenga la posicién por-tres- yrurto, y la misma indicacion para resolverla, hasta ago- tar las posibilidades. Hay que afiadir algunas reglas mas pda conducir Lr ‘busqueda respecto de una coleccién cualquiera, es deci no maxima, La razén de la serie de las colecciones méaximas Pero estas reglas nos permiten notar que cinco pesa= das podran aleamwar el maximo de: 1+1+3+9+27+80 = 121 monedas; —que seis pesadas aleanwaran: 1+14+34+0+27+81 + 242 = 364 monedas (clira singular} y asi sucesivamente: —que, en forma algebraica, la verdadera formula, buscada anteriormente, de nseré tal que: 22 Jacques Lacan n= L$ 1¥343743%....... + (8-1) o bien: n=14+3+37+3% +e donde se ve que cada nimero N, correspondiente. a un niimero nde pesadas, se obtiene multiplicando el mime- To N’, correspondiente a (n.-.1) pesadas, por $y anadien- do una unidad a ese producto. Esta formula expresa conentera evidencia la potencia tripartita de la balanza a partir de la segunda pesada y. como tal, su mero aspecto nos manifiesta que las opera~ ciones s¢ ordenaron de manera tal que colman todo el campo numérico que se ofrece a su potencia. Esta confirmacién es especialmente importante para los primeros ntimeros de la serie, en tanto demuestra la adecuacién de estos a la forma légica de Ja pesada y, en. particular, para el numero trece, en la medida en que el aparente artificio de las operaciones con el cual lo con- seguimos, podia hacernos dudar. ya sea de que una nue- va conjuncién permitiese rebasarlo, ya sea de que deja- se vacio un margen fracclonario bajo la dependencia de alguna discontinuidad irreductible en el ordenamiento de operaciones de aspecto disimétrico. El sentido del ruumero trece Entonees, €l ntimero trece muestra su sentide como expresion de la posicién por-tres-y-uno y no, ciertamen- te, porque se escriba con esas dos cifras: esto no es mas que pura colncidencia, pues este valor le pertenece inde- pendientemente de su referencia al sistema decimal. Se debe a que trece representa la coleccién que tres pesadas determinan, por lo cual la posicién por-tres-y-uno exige El nitrmero trece 23 para su desarrollo tres pruebas: una primera para pro- curar el individuo depurado de Ia sospecha, una segun- da que divide la sospecha entre los individuos que inelu- ye, una tercera que los discrimina después dela rotactore viple, (Esto, a diferencia dela operacién dela traque s6- Jo exige dos.) La forma légica de la sospecha Sin embargo, esclarecidos por la formula de N, pode- mos atin avanzar en la comprensién de la posieién por- tres-y-uno como forma logiea —y a la vez demostrar que en nuesiro problema, los datos, aunque contingentes, no son arbitrarios. Si el sentido de este problema se relaciona con la 16- gica de la coleceién, donde manifiesta la forma original que designamos con el término de sospecha. es porque Ja norma con queserelaciona la diferencia ambigua que supone, no es una norma especilicada ni especilicante, no es mas que relacién de individuo a individue en la co- leccién, referencia no a la especie sino a lo uniforme. Esto lo podemos ewidenciar si, manteniendo el dato de que el individuo portador de la diferencia ambigua es unico, s¢ suprime el dato de su existencia en la coleccién, para sustituirlo por el aditamento de un individuo pa- tr6n, dado fuera de la coleccién, Sorprendera entonces comprobar que no cambia es- triclamente nada en las formas ni en las cifras que de- terminara el nuevo dato aplicado a nuestro problema. Ciertamente, las monedas esta vez tienen que ser pro- badas hasta la tliima, con lo cual ninguna puede ser considerada como mala, en posieién de residue externa a la tiltima pesada, y el alcance de esta pesada quedara 24 Jacques Lacan reducide por ello en una unidad. Pero la moneda patron, por el hecho de que podremos disponer de ella desdeel principio, nos permitiré intreducir la posicién por-tres-y- uno desde la primera pesada, ¢ incrementara en una uni- dad el grupo incluido en ésta. Ahora bien, el dato de es- ta moneda, que tan valioso le parece a nuestra intuiciéri formada por Ia logica clasificatoria, no tendra absoluta- mente ningun otro efecto. Con le cual se evidencla que la uniformidad de los ob= jetos en los datos de nuestro problema no constituye una clase y que cada moneda tiene que ser pesada indivi- duatmente. En efecto, sea cual fuere el mimero de individuos en cuestién en nuestro problema, el caso exige que se le re- trotraiga a aquello querevela la pesadiatinica: ala nocién absoluta dela diferencia, raiz de la forma de la sospecha. Esta referencia del individuo a cada uno de los demas. és la exigencia fundamental de la légica de la coleecién y nuestro ejemplo demuestra que disia mucho de ser impensable. La balanza det Juicio final Para expresarlo en el registro de un suefo que obse- siona a los hombres, el del Jutcio final, indicaremas que si fijamos en un billén el mimero de seres que implicaria esta grandiosa manifestacién, cuya perspectiva sélo se puede concebir a partir del alma en tanto que tnica, el someter a la prueba del uno por todos los ores segtin la pura ambigiedad de la pesada que las figuras tradieio- nales representan, se efectuaria ampliamente en 26 pesadas y, por tanto, la ceremonia no tiene por qué pro- longarse demasiado. Elniumero trece 25 Dedicamas este apélogo a aquellos para quiénes la sintesis de lo particular y lo universal tiene un sentido politico concreto. Y que los demas prucben aplicar a la historia de nuestra época las formas que hemos demos- trado aqui. El fenémeno del nuimero y el retorno a la lgica Albuscar de nuevo en los niimeros una funeién gene- radora para el fenémeng, parece que volviéramos a es- peculaciones antiguas que el pensamiento moderno ha rechazado por su caracter aproximativo. Es porque nos parece, precisamente, que ha legado el momento de -vol- ver a encontrar ese valor fenomenolégico, con tal de que selleve al extremo el rigor de su anilisis. Sin duda, apa- Teceran asi singularidades que, porno carecer de analo- gias de estilo con las que se maniflestan en la fisica 0 incluso en la pintura o en el nuevo estilo del ajedrez, des- concertaran a mentes cuya formacién sdlo es habito, dandoles la impresién de una ruptura de armonia que legaria hasta disolver los principios. Precisamente. si sugerimos que se ha de realizar un retorno a la lagica, es para encontrar su base, sdlida como la roca y no menos implacable cuando entra en movimiento.* * Este texte fue publicado por primera vez en Cahiers d'Art 1945: 1946, PRESENTACION DE LA TRADUCCION FRANCESA DE LAS MEMORIAS DEL PRESIDENTE SCHREBER Cireunstanelas:, cuando, supe qué’ Paul Du- quenne habia comenzade la | as Me- miorias del Presidente Schreber obluve el derecho. ‘de publicarla; por entregas,"én la Fevistai del Cir- cule de epistemologia de la Escuela normal siipe- ior, Cahlers pour Yanalyse: pedi su presentacion aJacques Lacan, y éata aparecié en el N® 5, nov.- dic., 1966. El texto completo, revisado por Nicole ‘Sels, aparecié en 1975, en la eolecci6n le Champ freucien dé la Editorial Seuil. Sn. M, Esta traduccién.era esperada. Exactamenté: desdé nuestro seminario de 1955-56. Recordamos haber visto; ante su anuncio, parar Ja oreja a la sefora:Ida Macalpi- ne, que sin duda apuré por esa la traducciénal inglés que hizo entonces, ayudada por su hijo: por lo que se ve, hu- biera podide tomarse todo su tiempo. Quiza un retraso tan sin base merece una atencién mas detenida 0 que se vuelva a examinar errotra oportu- nidad. Sea como fuere, este seminario, el quinto de nuestra ensefianza y el tercero dictado bajoel techo deSainte-An- ne, nos muestra, cosa que nos suele suceder cuando acudimos a e308 textos grabados, muchos temas no ne~ cesarios entonces para ensanchar las calegorias acep- tadas por nuestros oyentes y, para algunos de estos temas, la fecha en que habrian de empezar su carrera 28 Jacques Lacan que hace que ahora abunden en las revistas, entiénda- se, las de gran vuelo 0, si se quiere, de gran cultura. ‘Stalguno de estos temas llega. a aparecer en estas bre- ves palabras de introduccién con las que acompafiamos las entregas que nos dara nuestro amigo el Doctor Du- quenne, sera tan sélo porque se aclaran a la luz del tex- to aqui producido. ‘No olvidemos en efecto que fuera de este texto Freud nada supo del “caso Schreber”. Y este texto est premia- do de todo lo revelador que supo sacar de ese caso. Por ello esc seminario, titulado segiin el cuarto de los cinco grandes psicoanilisis de Freud. no tenia mejor manera de aumentar su solidez que la de afincarla en el propio texto que le sirvié de objeto, Hasta donde sé, fut el primero en hacerlo con tanto ahinco, ‘Desde luego, ello no obvia a que la sefiora Ida Macal- pine presentara de prélogo, y de epilogo también, un psi- coanalisis de este texto que pretend corregir elde Freud. Pero sélo sirvié para que en nuestros dos Ultimos semi- narios del aflo (27 de Junio, 4 de julio} devolviéramos a Freud lo suyo, para volver sobre el tema en el articulo en. el que apenas dos afos después recogimos muy apre~ tadamente, en una construccién en sumo decisiva para Jo que vendria después,’ mas 0 menos dos tercios de la materia vista ese afio. Se trata del articulo, y a él los re- mito, "De una cuestién preliminara todo tratamiento po- sible de la psicosis™'. : 7 Digamos que el texto de Schreber es un gran texto freudiano, y no porque Freud lo aclare, sino porque de- ja en claro la perlinencia de las categorias que forjo Freud, para otros objetos sin duda y a partir de un pun- 1, Publicado en la Psychanalyse, vol. 4. Retornadoen mis Eseritos, pigs. 531-583. Presentacion de las Memorias de Schreber 28 to para cuya definicién no basta invocar el genio, a me- nos que por genio se entienda-una sostenida holgura rTespecto del saber. Freud, clertamente, no repudiaria el que se le adjudi- case este texto, cuando en el articulo en.el que le da.el tango de caso, él mismo declara que no le parece’indig- oni aun riesgoso dejarse gular por un testo tan brillan- fe, aunque ello lo expusiese-al :reproche de que ‘esta delrando con el enfermo, cosa que no parece pestirbat: lo mucho, Lasoltura que se permite Freuden este asunto es sim- ple pero decisiva: introduce en él al sujeto en tanto tal, lo cual significa no evaluar al loco en términos de déficit y de disociacion de funciones. La simple lectura del texto muestra palpablemente que no hay nada parecido en es- te caso. . Aunque el genio aqui es esa soltura, conella precisa- mente atin no basta. Porque construlr al sujeto como se debe a partir del ineonsciente, es asunto delgica, y aun: que basta con abrir un libro'de Freud para comprobar- {0 ello no quita que yo haya side el primero en senalar- Dar crédito al psicético no redunda en'este caso mas que en cualquier otro tratado con la misma liberalidad: abrir puertas abiertas* en absoluto implica saber a qué espacio dan. Cuando leamos mas adelante en la pluma dé Schre+ ber que él mismo se ofrece come soporte para que Dios © el Otro goce de su ser pasivizado, mientras se abando- na al pensar-nada para que Dios, es¢ Otro hecho de un discurso infinito, se escabulla, y que de ese texto desga- * Expresion francesa que se reflere al esfuerzo dastinado a demos- trar algo cvidente o harto conocido, [N. T.] 30 Jacques Lacan rrado en que él mismo se convierte se eleve el alarido que califica de milagroso, como para dar fe de que el de- samparo que traicionaria ya no tiene nada que ver con ningtin sujet, — ga quién no le sugiere esto orentarse tinicamente con los términos precisos que procura el dis- curso de Lacan sobre Freud? La tematica que calibramos por la paciencia que exi- ge el terreno donde la tenemos que dar a entender, en la Dolaridad, la mas reciente a ser promovida’en ella, entre elsujeto del goce y el sujeto que representa el significan- te para un significante siempre otro, gno es acaso esto lo que nos permitira una definicin mas precisa de la pa- ranoia como identificando el goce en ese higar del Otro como tal. ¥ ahora resulta que el texto de Schreber es de verdad. un texto que hay que inseribir en el discurso lacaniano, aunque, debemos decirlo, después de un largo rodeo en que ese discurso fue recogiendo sus términos de otra parte, Sin embargo, su confirmacién ¢s del mismo cuno que la que de él recibe el discurso de Freud, cosa que na- da tiene de sorprendente, dado que se trata del mismo. discurso. ‘Adecir verdad, esta traduccién viene a aclarar ese dis- curso mas reciente, tal como sucedié con el discurso pri- mero de Freud. Quiza nos permitira, en lo quea nosotros respecta, re tomar el hilo que nos condujo a la aventura freudiana. O sea, a esa trinchera cavada connuesira tcsis, ese caS0Al- mée que no inscribimos en la recopilacién que aparece ahora de nuestros Escritos. En efecto, quiza se notara, mencionada en algunos puntos de esta recopilacién esa fase de nuestra reflexion que fue en su inicio la de un psiquiatra. y que se arma- ba con el tema del conocimiento paranoico. Alguien que Presentacién de las Memorias de Schreber 31 nos ayudé en este cotejo ya sefialé que aclaramos m Poco esta noeidn, de la que quedan escasas buullas el iQue hermosa carrera de ensayista hubiésemos odi- S hacer con ese término tan favorable a todas. las Sade ciones de la estética! Basta con recordar lo que al res- pecto sabia desplegar nuestro amigo Dall. Ciertamente, el conocimiento paranoico es la menos obscene, de todo lo que se atavia como conocimiento, pe- ro a no disminuye su cardcter obtuso. ‘gin un ritmo al que ya nos acostumbramos, mi . ues tra tesis. comenz6 a ser leida diez anos después en sitios de vanguardia como elasilo de Saini-Albans y, desde lue- ap, la Clinica de la Facultad de Paris (1992-42) ‘ue preciso que la insuficiencia de la ensefianz: er 4 a = coanalitica quedara ruidosamente al descubierto. any que nos. dedicaramos esa tarea. 1956-1966 marcan la misma distancia. Pere todavia nos quedan dos afios pa- ra dara la “cuestién preliminar” su consecuencia plena. Qué es esto si nd decit que nunca nos hemos intere- ea, eer ae en la formacion de sujetos capaces de en- ren clerta experiencia que hemos aprendic r ae oe iprendidog centrar Donde esta, en tanto que constituida . por la verdade- ra estructura del sujeto, la cual, como tal, no es entera sino dividida, dejando caer un residuo irreduetible cuys andlisis logico ya se ha emprendido, Ahora bien, es faictl introducir el pensamiento a esta estructura, tan fieil como iniciar a un nifio de edad re- brgierans oe (precoz en el desarrollo escolar, sino as fases analilicas) al estudio de las matemilica la teoria de conjuntos, shee por La zozobra empieza con las matema a a ematicas que se estan Ello puede dar una idea de la resistencia que oponen 82 Jacques Lacan los psicoanalistas a la teoria de la que depende su pro- pla formacién, Haciendo la salvedad de que en ella la functén psico- analizante lleva al maximo ¢l uso ansidgeno del residua irreductible de la constitucién del sujeto. Un tipo de actos fallidas, los Unicos quiz’ que mere- cen su nombre, pues en la neurosis son actos logrados, un tipo de actos “fallidos adrede” sobresale de manera muy evidente en medio de la transmisién teérica que en- trafia la formacién del psicoanalista. En estos predios, es obvio, presentar pruebas es asun- to delicado, pero gcémo no ver una prueba en la invero- simil indiferencia ante el texto de las Memorias del Pre- sidente Schreber? — que hace que en inglés fuese publi- cado poralguien que no pertenecia a ningtin grupo (lase- fora Macalpine como discipula de Edward Glover, defen- sor demasiado intenso de ciertas exigencias cientificas. no esta inscrita, hasta nuevo aviso, en la sociedad de Londres); y que en Francia ese texto, al que hemos dedi- eado tantos cutdades, sale por fin a la luz en una zona muy sensible pero marginal con respecto aun grupo (el que asegura nuestra ensefianza), zona que representa la revista Cahiers pour l'Analyse. ‘Ojala estos cuidados hagan recordar a quienes pue- den llegar a prestar oido a Io que dijtmos, la vispera de u- na Jornada sobre la clinica, de la implicacién en el sinto- ma del sujeto supuestoal saber, asi como el hecho deque la concepcién de la perturbact6n psiquiatrica es cuestion del clinico — ojal hagan recordar lo que impone el me- to hecho de abordar este texto conmovedor, Porque ¢l asi llamado clinico debe acomodarse a una concepeién del sujeto, de la cual se desprenda que como sujeto no es ajeno al vineulo que para Schreber, con el nombre de Flechsig, lo coloca en posicién de objeto de Presentacion de las Memorias de Schreber 33 cierta erotomania mortificante y que el lugar que ocupa en la fotografia sensacional con que seabre el libro delda Macalpine, 0 sea, ante la imagen mural gigantesca de un cerebro, tiene un sentido en el asunto. No se trata aqui de acceso alguno a un ascetismo mis- tice ni tampoco de una apertura efusiva a la viventia del enfermo, pero si de una pasicién a la cual sélo introdu- ce la lgica de la cura. BREVE DISCURSO EN LA O.R.T.F.* Entrevista diflandida el 2 de diclembre de 1966 por France-Cuiture, en el programa de Georges Charbonnier "Cienclasy Técnicas’. en ocasién de la publicacién de-les Escritas. Responds aqui a una pregunta qué me hizo Georges Charbonnier acerca del Manifiesto que constituye el dis curso de 1953 que'se ha’ dado en llamar mi discurso dé Roma, lugar propteio, en efecto; para el desenlace del pst- coandlisis como clencia. Si, la palabra y el lenguaje estati con ese discurso en el centro de esos Escritos, que son los escritos de un psi- coanalista. Las condiciones dificiles que'encontré en Francia ‘el desarrollo. de esta practica me levaron a asumir, en relacién a ella, una posicién que es-de ensenanza.” Esta posicién parte de los hechos, para lo cual fie ne cesario que regresara a ellos. Hechos significa hechos examinados para ver en qué consisten: en otras palabras, hechos establecidos cien- tiflcamente. * Siglas de la radioy televisin estatal francesa. [N.T!] 36 Jacques Lacan Aunsin saberlo, tedo el mundo considera ahora como ‘hechos algo que durante mucho tiempo pertenecié al or- den de los meros residuos: los llamados actos fallidos. Lo mismo sucede con lo que habia quedado reducido al ran- go de objets curiosos de los que un aficionado se valia ‘on un juego de manos: los suefios. Nétese que todo cl mundo sabe el nombre de Freud, gracias a quien nues- tra idea de las cosas llegé asi a completarse. También se barrunta que, en Io tocante al chiste, Freud aporté algo que ya no permite considerar su efecto de producir risa comoalgo futil y que por ello se convirtié en un hecho dig- no de consideracién no sélo en el sentido puramente fi- loséfico. 2En qué se basa este cambio? Pues hay que acudir a los textos originales, los textos del propio Freud, nolos de los alegres acélitos que se pu- sieron a profetizar con su buena nueva, ni los dé los ex- plotadores que les sucedieron: alli se ver que 508 hechos Freud los establece como hechos de lenguaje. Los suefios se traducen como una tarea de latin, gra- cias a un diccionario que cada quien tiene en la cabeza y que se llama la asociacién libre gasociacion libre de qué? de lo que se le ocurre contar. Pero aqui no son las cosas las que dan a Freud el sentido, sino los puntos de concurreneia que se desprenden de un texto, y de una especie de caleo con el cual yuxtapone la palabra ala pa- labra, la frase a la frase, Io verbal alo verbal, hasta le- gar al retruécano, Los obtusos dicen ahora que eso es lo preconsciente. Justamente, en Ia funcién de Io que atormenta al pre- consciente, dé lo que constituye su propia sensacién ~ Freud lo formula en estos términos—, el preconsciente encuentra palabras cuyo control no le pertenece. zDe donde le vienen? Precisamente del inconseiente donde Breve discurso en la ORTF: 37 mora como reprimido, Freud no dice otra cosa. Que no sean palabras a la deriva, es decir, que su de- riva sdlo esta sujeta a una ley de las palabras —a unalé- gica radical que intento establecer—. es algo que lleva a ‘una revision total de todo cuanto ha podido ‘pensarse hasta ahora del pensamiento. Digamos que el pensamiento ya no puede ser el suje- to, en el sentido que nos ha legado la filosofia. A saber, la funelén de la eonciencia tal como se.convierte, en la ide- ologia evolucionista y en el idealismo existencialista, en dos sentidos por cierto imposibles de coneiliar, en la ra- zon de ser del mundo. Contra el evolucionismo no hay remedio: el hombre seguira creyendo que es la flor de la creacién, pues ésta es la creencia fundamental que lo constituye como ser re- ligioso. Asi como era necesario que la flebre existencia- lista cubriera una época, la de la tiltima posguerra — en que la conciencia de todos y de cada uno no andaba muy bien parada. Toda una juventud soporte el ocio forzado de sentirse fuertemente-en-situacién: es una forma dela plegaria. La cabala de los beatos no esta donde la denun- cian los que hablan de humor, o sea, los.que hablan a tontas y a locas. ‘Nada de esto tiene por qué detener el movimiento de Ja ciencla que consiste siempre en inaugurar un caleu- Jo del que quede eliminado tedo prejuicio previo, ‘Después le basta al sabio con seguir adelante. Su in- consciente no dejara que el caleulo se detenga, justa- mente porque las presuposiciones del cAlculo habran dejado en blanco el lugar donde podra operar. ‘Se me dird, tal vez. que esto parece evidenciar un des- conoeimiento del lugar de la experiencia, en el sentido fi- sico con que resuena la palabra, pero el caso es que no Ja desconozco: la experiencia del inconsciente, conside- 38. Jacques Lacan rada en el nivel en que yo la instalo, no se distingue de ja experiencia fisica. También es externa al sujeto, toma- do este filtimo en su sentido tradicional. La designo en el lugar del Otro, Mi formula es: el inconsciente es eldiscur- so del Otro. - Esté estructurado como un lenguaje lo cual es un ple- onasmo necesario para darme a entender, pues lengua- Je es la estructura. El inconsciente no es pulsacién oscura del pretendi- do instinto, ni corazin del Ser, solo su habltat. E] lenguaje no s6lo es un medio tan real como el Ila mado mundo exterior. Pero hay que estar tan cretiniza- das como lo estamos por las imaginaciones con que se han constituido hasta ahora la teoria del conocimiento y los métodos supuestamente concretos de educacién, para eludir el hecho masivo (pero justamentesélose con- vierten en hecho una vez que Se sostienen en una condi- cion cientifica) de que el hombre erece tan inmerso en.un bafio de lenguaje como inmerso en el medio Iamado na- tural. Este bafo de lenguaje lo determina incluso antes de haber nacido, par intermedio del deseo en que sus padres Jo acagen como un objeto. quiéranlo o no, privilegiado. ‘Cosa que la mds minima vigilancia clinica permite atis- ‘bar en sus consecuencias atin incalculables, pero pre- gentes en todos losseres. y que ignoran los manoseos del sacerdote y del médico en. lo tocante.al control de la na- talidad. El deseo no es la “pasion iniatil” con que se formula la impotencia de pensarlo en los teéricos de la intencion existencialista. El deseo es, proplamente, la pasion del significante, es decir, el efecto del significante en el animal al que signa. y en el cual la practica del lenguaje hace surgir un suje- Breve discurso enla O.RTF. 39 to — un sujeto no simplemente decentrado, sino conde- nado a sostenerse tan sélo con un significante que se repite, es decir, a sostenerse dividido. De alli la {érmula: el deseo del hombre (por asi decir) €s el deseo del Otro. En el Otro esta la causa del deseo,, de donde el hombre se desprende como resto. Todo esto se enuncia en una serie-cientifica a partir del momento en que hay una ciencia dellenguaje tan funda- mentada y segura como la fisica. La lingitistica —asi se llama esta ciencla— ha alcanzado ese punto, y se la con- sidera ahora en todas partes en el campo humane como ‘una ciencia piloto. Se entiende que pongamos entre comillas"humano” y “hombre” en la medida en que en lo:que representan estos términos esta ya presente el efecto del lenguaje y Uenen, por ende, que quedar en suspenso mientras la elencia requerida por el efecto del inconsciente no esté mas segura de su método y de sus prineipios. ‘Asi, el fundamento de Ja historia marxista, a saber, la alienacién introducida en el sujeto por la produccién em cuanto tal, encuentra aqui.un suplemento-no menos materialista, y materialista en el sentido en que ninguna pura y simple intencionalidad, ninguna buena o mala in- iencién es eapaz de sobreponerse a las vueltas que ha- cen dar los efectos del inconsciente. Estas observaciones indican simplemente una direc- cion de trabajo, la cual sélo concierne a los qe pueden: funcionar en ella. Precisamente por esa no-creimos nece- sario recoger nuestros Escrites para un pitblico mas vas- to queal que estaban dirigidos, los psicoanalistas —has- ta ahora. Osea, antes de que entreellos se diera la escisi6n, aun cuando para muchos no esté del todo clara. con la cual algunos por fin se deciden a reconocer, en todo lo que de 40 Jacques Lacan fulgurante aporté Freud a la psicologia, el efecto de etza- Ma que entrafa el lenguaje para las funciones del animal que habla: toda esa superposicién de estructuras’ que deseribi con sus nombres mas comunes, pues se llaman la demanda y el deseo, en tanto modifican radicalmente ala necesidad. Asi se concibe con propiedad la sucesin de esas fases diversamente interferentes que Freud aisl6. como pulsio- nes, Asi puede manejarse con correcclin la modificacién en la practica analitica. Que Freud muestre que estos efectos de cizalla son primordiales en.lo que debemos llamar la practica sexual del ser que habla, es algo que no implica ningtin descu- brimiento en lo tocante a la biologia del sexo y todos los que han logrado algtin avance en esta rama de la biolo- gia, la mas dificil, se rien de los trastabilleos que el psi- coanalisis hasta hoy acredita en el publico. Una logomaquia que trata de las relaciones entre el ‘hombrey la mujer a partir de una armonia analdgica su- puestamente generada por la del, espermatozoide y el ‘évulo, les resulta simplemente grotesca a quienes saben. todo lo que media, funciones complejas-y preguntas no resuelias, entre estos dos niveles de una polaridad, la po- laridad del sexo en el ser viviente, que tal vez represen- te por si misma el fracaso del lenguaje. ‘Un psicoandlisis semejante pone la mas confusa de las nociones de maduracién instintiva al servicio de una ‘oscura prédica sobre el don que impone sus efectos al pa- cliente mediante la mas grosera de las sugestiones, la que produce ese confuso conseniimiento que aqui toma el nombre de moral. Lo tinico que queda inexplicado en esie oscurantismo sin precedentes es cémo los efectos de la regresion, la- mada también instintiva, efectos que marcan en los he- Breve discurso ent la O.R.TF. 41 chos el progreso del tratamiento, llegan a prodiiéir esta supuesta maduracién. En mi ensefianza todo se presenta con un aspect muy distinto pues en ella se dice que se trata de revelar la estructura del deseo y, justamente, en cuanto.lo se- xualiza por la impotencia del lenguaje para dar razén del sexo, Las cosas quedan también postuladas con mas ho- nestidad cuando na se promete de una sola vez el levan- tamiento de tal o cual interdiccién inconsctente que traba la practica sexual y la solucién del mundo de pro- blemas que genera la relacién del hombre y de la mujer en el mds minimo conyugo. Bsto que digo lo sabe todo cl mundo, pero no por ello dejan de embelesarse con un reacomodo de las supers- Uciones mis manidas. No hay remedio y el mal uso de cualquier verdad es su escollo mas comin. Mi libro alude a ello s6lo ineidental- mente. Mis Escritos reinen las bases de la estructura en una neia que est atin por consiruir —y estructura signi- fica lenguaje—, en la medida en que el lenguaje como re- alidad procura aqui los fundamentos. El estructuralismo durara lo que duran las rosas, los simbolismos y los Parnasos: una temporada literaria, lo cual no quiere decir que ésta no vaya a ser mas fecunda. 1a estructura si que no pasara porque se inscribe en Io real 0, mas bien, porque brinda la oportunidad de dar un sentido a esa palabra, real, mas alla del realismo que, socialista © no, es siempre s6lo un efecto de discurso. Si mantengo el término de sujeto para lo que esta es- tructura construye es porque quiero despejar toda am- 42 Jacques Lacan bigdedad respecto a lo que hay que abolir. ¥ para que quede abolido hasta el punto que su nombre se destine a lo que lo remplaza. . 'Y atin no hublera publicado ésta'geleccl6n de mis. Es: critos si no fuera porque lo que ef ellos se emite —y en es; pecial desde hace quince afios, porque lo recibo del lugar del Otro en el que inscribe ¢l discurso de los que escucho y en los términos en que los psicoanalistas recoriocen quello que les brinda semanalmente mi seminario~ ha empezado a correr solo, fuera del campo donde es posi- ble controlarlo. Ami pesar, debe decirlo, pero no sin bue- has razonies, ya que en esta ensefanza esta en Juego la ‘suerte que nos tiene reservada a todos él porvenir de la ciencia — ciencia que tambien corre y muy por delante de la conciencia que tenemos de sus progresos. Con esos Escritos tenia que poner colo a las apeten- cias ya en marcha de os falsificadores siempre de servi- cio como abanderades del Espiritu. DEL PSICOANALISIS EN SUS. RELACIONES CON LA REALIDAD En el Instituto Francés de Milan, el 18 de diciembre de 1967, a las 18 h 30. Por asombraso que pudiese parccer, diré que el psi coandlisis, es decir lo que un procedimiente abre como campo a la experiencia, es la realidad. La realidad es planteada en él como absolutamente univoca, lo cual es ‘nico en nuestra época: en relacién al modo-en quela en- redan los otras discursos. Pues sélo a partir de los otros discursos llega a flotar Jo real. No nos demoremos en-el escamoteo dela palabra: real, Retengamos que indica, para el psicoanalista, que los otros discurses forman parte de la realidad. El que escribe estas lineas bien puede decir el efecto de indigencia con que vive su lugar, en el momento de abordar este tema del que no sabe qué respeto lo man- tuvo alejado, Su “por asombroso que pudiese parecer” es oratorla, es decir secundario, y no dice lo que alli lo detiene. Se sabe, lo confiesa, simplemente “realist: 44 Jacques Lacan sentido medieval?, cree escuchar, al disefarlo con un punto de interrogaciOn. Ya es ésta la marea de que ha ha- blado por demas y que la infecei6n de la que ya no puede liberarse el discurso filoséfico, el idealismo inserito en el tejido de su frase, hard alli su entrada. Hay que tomar las cosas de otra modo. Qué hace que un psicoanalisis sea freudiano, ésta es la pregunta. Responderla conduce hasta dénde la coherencia de un procedimiento, cuya caracteristica general se conoce bajo el nombre de asociacién libre (pero que no se libra sin embargo), !mpone presupuestos sobre los que la in- tervencion y. principalmente, la que aqui esta en discu- sién: la intervencion del psicoanalista, carecen deaside- ro. Esto es muy Iamativo y explica que, por mas que un. boasting disidente se ufane con algan objetivo de profun- didad, iniciacién 6 estilo, éste sigue siendo futil frente a Io que implica él procedimiento, No quiere mortificar a nadie. Pero par eso el psicoandlisis sigue siendo freudia- no “en su conjunto”: porque lo es en su ¢je, El procedimiento es desde el origen.solidario del modo de intervencién freudiano. Lo prueba la potencia de lo que lamamos el procedi- miento; donde no se exeluye que, acerca de él, el psico- analista no tenga ninguna suerte de idea, Al respecto, hay estipidos: verifiquenlo, es facil. Naturalmente, si ustedes mismos saben qué quiere decir una pregunta. Intentaré decir qué no es ¢l eje del procedimiento. La asuncién mistica de un sentido mas alla de la rea- Udad, de cualquier ser universal cuyas figuras se mant- flesten en ella: ges acaso compatible con a teoria freudia- na y con la practica psicoanalitica? Sin duda, quien creyese al psicoanalisis una via de esta suerte se equivocaria de puerta. Para presentarse Del psicoanalisis en sus relaciones con la realidad 45 eventualmente al control de una “experiencia interior” el precio inicial consistiria en cambiar su estatuto. Le repugnar4 la ayuda de cualquier 'soma alucinége- no, cuando ya se sabe que objeta la dela nareasis: Para decirlo todo, excluye los mundos que se abren a una mutacién de la conciencia, a uh ascetismo deleono- cimiento, a una efusién comunicativa. Ni del lado de la naturaleza, de su esplendor o de stv maldad, ni del lado del destino, el psicoanalista hace'dé Ja interpretacién una hermenéutica, un conocimientoen ‘modo alguno iluminador o transformador. Ningtin dedo podra indicarse en él como el de un ser, divino o no. Ni firma de las cosas, ni providencia de los acontecimientos. Esto esta bien subrayado en la técnica — por el hecho de que noimpone ninguna orientacion delalma, ninguna. apertura de la inteligencia, ninguna purificaci6n’ que preludie la comunicacién. Juega encambio sobre la ne preparacién, Unaregula- ridad cuasi buroeratica es todo Io que ge le exige. La lai- cizacion lo mas completa posible del pacto previo instala una prictica sin idea de elevacién. Incluso preparar lo que ser dicho en Ja sesién es-un inconveniente, donde sabemos se mantfestaran las re~ sistencias, incluso las defensas. Indiquemos que estas dos palabras no son sinénimos, aun cuando las empleen, me refiero a los psicoanalistas, adiestra y siniestra. Por lo demas. poco les importa que afuera se las tome en él sentido difuso de una oposicion bien o malorientada, por ser salubre.o no, Inclusolo pre- fieren asi. En esta ocasién lo esperado es justamente lo. que uno se nlega a esperar, por temor a meter demasiado la mano en ella; la sorpresa, subrayé Reile. 46 Jacques Lacan ¥ esto excluye todo procedimiento de concentracién: esta exclusion subyace a la idea de asociacion. ‘Como presupuesto de la empresa, lo que domina es un matter of fact. ‘Debemos Sorprender algo cuya incidencia original fue marcada como traumatismo, No ha variado por el hecho de que la estupidez que implica se haya translerido al psi- coanalista, Permanece en la idea de situacion en la que se totalizan los efectos. que se dice deformantes. incluso llamandolos informantes se trataria de la misma cosa. La idea de una norma sélo aparece alli como construi- da. Ese no es el “material”, como se dice signilicativa- mente. ‘Siescuchan al respecto hablar de un yo auténomo, no, se dejen engafuar: sélo se trata del género de psicoanalis- ta que los espera en la 5a. Avenida. Los adaptard a la rea- lidad de su consultorio. Nunca se sabra verdaderamente, qué le debe Hitler al psicoandlisis, salve por medio del analista de Goebbels. Pero la retribucién que de él recibié el psicoandlisis esta alli. Esta no es ms que una conexién abusiva. pero edi- ficante, sobre lo que esta en juego en la relatividad intro- ducida por el inconsciente, Ella se inscribe en la realidad. Relatividad restringida primero. El “material” sigue siendo el tipo de su propio metabolismo, Implica una realidad ella misma material, es decir, no interpretable, diriase, a titulo de la prueba que ella constituiria para otra realidad que le seria trascendente: aunque se ponga ese término bajo el acapite del coraz6n 0 dela mente. Ella ne podria ser cuestionada en si misma: es Ananieé, nos dice Freud: Diktat ciego. Por eso la interpretacién con la que se opera la muta- cién psicoanalilica reeae justamente alli donde declmos: Del psicoandlis(s en sus relaciones con la realidad 47 sobre lo que recorta esa realidad, ‘por inScribirse én ella bajo las especies del significante, ‘Sehalemos en esie punto que no es gratuito qué Fréud use el (érmino Realitét cuando se trata de la realidad psiquica. Realitdt y no Wirllichkett, que s6lo quiere deciropera- tividad: lo que equivale a decir ante qué el psicoanalista de hoy hace en broma sus zalemas. Todo esta en la hiancia por la que Io psiquico no es pa- ra nada regla para operar, de manera eficaz, dobre ld rea- ldad, incluyendo lo que él es en tanto forma parte de ella. Salo entrafa en él naturaleza,no‘comnatura. De ninigtin modo esta hecho de actierdo con una realidad que es du- rat con la cual la Gnica relacién consiste en golpearsé contra ella: una realidad cuya mejor metfora es el s6- lido. A entenderse en el sentido deo impenetrable. no en’ elde la geometria. (Puesto que no hay ninguna presencia del poliedro, simbolo platénico de los elementos:'0, apa- rentemente al menos, er esa realidad.') Toda Weltanschauung es°corisidérada caduca y sin importancia por Freud. No és, éllo dice, mas que suplen- cia de los enunciados reveladores de un‘catecismo que, Dara precaverse de lo desconocido, no tiene a su eriterio Tival-No es ésta, debe decirse, una posicion complacien? te, esta allrmaciOn de la ineptitud del condcimiento para alcanzar algo que no sea una opacidad sin remedio, Pero la complicidad indicada aqui con la posicién ver- daderamente cristiana, el acceso interdicto al campo de Ja Revelacién tiene su sentido — en la historia. El nervio de la relatividad en forma paradaéjica sélo se 1, Ironia que quienes me siguen ubicaran a partir del hecho que acerca de lo “real” en tanto que registro deducid de ke stmbélico y Bo isiaginario, apenas largo prenda aqui. EI presente enunciado define el urnibral psicoanalitico. 48 Jacques Lacan introduce enel principio de la realidad psiquica por el he- cho de que el proceso de adaptacién sélo-es en él se- cundario. Pues los “centros” con los que se organiza en los es- quemas con que Freud la ordena (ef, sistema '¥), no son. ninguna funcién de sintesis, sino de interposicién en un circuito mAs directo: el proceso primario es de obs- truceién. El proceso secundario nos es descripto como prescin- diendo de él, como no estando conectado para nada con él, a causa de los tanteos que le estan reservados. Este cambio de orden no deja de produetr dificultades= a decir verdad abstractas, pues no hace mas que decir crudamente lo que fabrica la experiencia. En todo caso repele todo recurso a alguna teoria de la forma, incluso aalguna fenomenologia que sc imaginea partir dela con- clencia ne-iética. Lo primario, por su estructura, sélo funciona con un todo o nada de huella. Engafado también en su apre- hensién, *regresa” a esa huella. La,palabra sélo es ade- cuada para indicar la inversién de una fuerza, pues no tiene ola referencia. Se considera que su resultado es la. alucinacién, resultado cuya relacién con sus formas cli- nicas es de las mas lejanas. Est4 alli para significar tan s6lo que la insatisfacci6n es el primer componente del psiquismo. Lo que alli se satisface en caso alguno estaria desbro- zado por el proceso primario, si el proceso secundaria no Jo remediase. No quiero explayarme aqui sobre el modo en que es concebido el proceso secundario. Es una simple pieza traida de las teorias de siempre, en tanto éstas siguen adheridas a la idea que produje su tiltimo retofo en la formula de la “sensacién, guia de vida", cuya inferencia Del psicoandilisis en. sus relaciones con la realidad 49 siempre fue poco fundamentada. El recurso a la articulacién del estimulo.con la res- puesia, considerada como equivalente de la pareja de lo sensorio-motriz, no es mas que una ficcién de la expe- riencia dénde la intervencién moiriz sélo se debe al expe- rimentador y donde se traduce la reaccién del organis- mo, mantenido en un estado de pasividad, en la idea de que sintié algo. Nada indica que un forzamiento como éste brinde el modelo de algun funcionamiento propio de lo bialégico. La idea de la pareja tensién-descarga es mas sutil. Pe- rola tensién, muy mal definida, ne implica en modo algu- no que la sensacién se regle en ella mediante alguna fun- cién de homeostasis; Freud se percaté claramente de ello al excluir su operacién en un sistema separado del cir- euito tensional, al que designa como o. En resumen, cudnio mas se penetra en la implicacion. de los esquemas freudianos, masse observa que el placer cambié en él su valor. Principio del bien para los antiguos, en el que recogian el embarazo de tener que dar cuenta de que hublese pla- ceres cuyo uso es nocivo, se transforma aqui en el lugar del mundo por donde pasa una sombra que nada podria capturar: el organismo no confunde la sombra con la pre- sa. sino que él mismo es presa de la sombra. es decir, re- cusa con su conducta ese conocimiento con el que se imagind la funcion del instinto. Tal es el soporte, cuye sentido debe estimarse, porque hay que construirlo para dar cuenta de lo que alli estaen causa, no lo olvidemos: a saber, el inconsclente. Ala fisiologia de esa construccién noresponde actual- mente nada aprehensible en las funciones del organismo (en particular ninguna localizacién de aparato): salvo los tiempos del dormir. {caso esto no dice mucho acerea de ct) Jacques Lacan él, si hay que suponerle a esos tiempos una permanencia mitica fuera de su instancia efectiva? Por qué no captar que este angulo que marca tan fuertemente el intervalo entre el principio del placer y el principio de realidad, se sostiene precisamente por dar lugar a la realidad del inconsciente, que alli el incons- ciente esta en un ternario, donde el que estéhecho de fal- ta no nos impide trazar sui linea como cerrande un triingulo? Siganme un instante para observar la afinidad del sig- nificante con ese lugar de vacio, Llamémoslo, aunque no sea alli donde lo siluaremos finalmente, ese lugar del Otro, pues sin duda hemos mostrado que es alli donde lo requiere el deseo. Es significativo que en Freud el deseo nunca se produzca mas que con el nombre de Wunsch. Wunsch, wish, es el anhelo. Séle hay anhelo enunciado. El deseo sélo esl presente bajo la demanda. Si mada de lo que se articula en el dormir, excepto su relato, es admitido en el andlisis gno supone esto acaso que la estructura del relato no sucumbe al dormir? Esto define el campo de la interpretacién analitica. No es sorprendente, por ende, que el acto, en tanto s6lo existe por ser significante, se revele apto para sos- tener el inconsciente: de este modo, que el acto fallidosea el que se verifica logrado. no es mas que su corolario, tan s6lo es curioso que haya que haberlo descubierto para que el estatuto del acto sea por fin distinguido firme- mente de el del hacer. El decir, el decir ambiguo por no ser mas que material del decir, da lo supremo de lo inconsciente en su esencia mas pura. La agudeza nos satislace por alearwar la equi- voeacién en su lugar, Jugados por el decir, la risa eslalla por él camino ahorrado, nos dice Freud, al haber em- Del psicoundlisis en sus relaciones con la redlidad 51 pujado la puerta mds alld de la cual ya no hay nada que hallar. Deseo que se reconoce de un puro delecto, se revela porque la demanda sélo opera al consumar la pérdida del objeto. gNo basta esto para explicar que su drarha sélo se representa en ésa que Freud llama la Ota escena, alli donde el Logos, derrocado como razén espermatica del mundo, serevela en ella como el cuchillo que hace entrar enelmundo la diferencia? El mundo sdlo se presta al ser hablante para esejucgo unico del corte. Son esos cortes, en los que durante largo tiempo creyé encontrarse en su hogar, antes de que ani- mandose en una coyuntura de robot, lo reprimen en lo que de ellos se protonga en su realidad que, en efecto, tan sdlo por ser caida del cuerpo, se la llama psiquica. Interroguemos por quéel ser hablante desvitaliza has- ta tal punto el cuerpo que durante mucho tiempo le pa- recié que el mundo era su imagen. Gracias a lo cual el cuerpo es microcogmos..Nuestra ciencia dié fin a este suefo, el mundo no es un macrocuerpo. La nocién de cosmos se desvanece con ese cuerpo humano que. reeubierto.con un pulmén de metal, parte en él a dibujar en el espacio la linea, inaudita de las esferas, por no ha- ber figurado hasla-entonces mas que sobre el papel de Newton como campo de la gravedad. Linea donde lo real se constituye por fin con lo imposible, pues lo que ella traza es impensable: los contemporameos de Newton acusaron el golpe. Basta reconocer lo sensible de un mas all del prine!- pio de realidad en el saber de la clencia, para que cl mas alla del principio del placer que se establecié en 1a expe- riencia psicoanalitica se ilumine con una relatividad mas generalizable. ‘La realidad del intervalo frewdiano hace barrera al sa- 52 Jacques Lacan ber del mismo modo en que el placer defiende del accese al goce. Es la oportunidad para recordar qué se establecera entre ellos. como conjuncién disyuntiva, ante la presen- cia del cuerpo. ‘Lo extrafio es a qué se reduce el cuerpo en esta eco- nomia. Tan profundamente desconocido por haber sido re- dueido por Descartes ala extensién, necesitara ese cuer- po los excesos inminentes de nuestra cirugia para que estalle ante la comin mirada que sélo disponemos de él alhacerlo ser su propia [ragmentacién, al ponerlo en dis- yuncién con su goce. Tercero, “mAs alla” en sus relaciones con el goce y con. el saber, el cuerpo. por la operacién del significante, for- ma el lecho del Otro . Pero, cqué queda de este efecto? Insensible pedazo al derivar de él como voz y mirada, carne devorable o bien su excremente, esto es lo que dedl llega a causar el deseo, que es nuestro ser sin esencia. La dualidad aceptada aqui de dos principios, solo nos divide como sujetos al ser repetida tres veces para cada esencia que se separa de ella, captada cada una en su pérdida en la hiancia de las otras dos. Las llamaremos: goce, saber y verdad. Asi, la verdad halla en el goce como resistir al saber. Esto es lo que el psicoanalisis descubre en lo que lama sintoma, verdad que se hace valer en el descrédito de la raz6n. Nosotros, psicoanalistas, sabemos que la verdad es esa salisfaccion que, por exilarse en el desierto del goce, el placer no obvia. Sin duda el masoquista sabe volver evocar alli a ese goce, pero al demostrar (precisamente por no lograrlo mas que al exaliar con su simulaeion una figura demos- Del psicoanalisis en sus relaciones con la realidad 53 trativa) qué sucede para todos en lo tocante al cuerpo, que éste sea justamente ese desierto. La realidad, por este hecho, es comandada por el fantasma en tanto el sujeto se realiza‘en élen su division misma. La satisfaceién sélo se libra al montaje de la pulsién, es decira ese rodeo que muestra sufictentemente su all- nidad con el instinto por necesitar para describirlo, me- taforizar el cireulo del catgut que una aguja curva em- plearia para coser dos grandes labios. Para la realidad del sujeto, su rosiro de alienacton. presentido por la critica social, fnalmente se entrega al Jugarse entre el sujeto del conocimiento, el falso sujeto ‘del “yo [jel pienso”, y ese residuo corporal en el que en- carné, suficientemente pienso, ¢l Dasein, para llamarlo con el nombre que me debe: o sea el objeto (a). Entre ambos hay que clegir: Esta eleccién es la eleccién del pensamiento en tanto ella exeluye el “yo [Jel soy” del goce, ese “ya [fel soy” es “yo [jel no pienso”. La realidad pensada es la verdad de la alienacion del sujeto, es su rechazo en el deser, en el “yo [el soy” re~ nunciado Lo que expresa el "yo [fe] no pienso” del analista, es esa. necesidad que lo arroja en el deser. Pues en otro lado sélo puede ser “yo [jel no soy”. El psicoanalizante es aquél que Iega a realizar como alenacién su “yo [jel pienso", es decir, a deseubrir el fan- tasma como motor de la realidad psiquica, la del sujeto dividido. Solo puede hacerlo dandole al analista la funcion del (a). que él no podria ser sin desvanecerse de inmediato. Elanalista debe pues saber que, lejos de ser la medida. de la realidad, s6lo desbroza al sujeto su verdad al ofre- 84 Jacques Lacan cerse él mismo como soporte de ese deser, gracias al cual €8¢ Sujeto subsiste en una realidad alienada, sin ser em- pero incapaz de pensarse dividido, de lo cual el analista €8 propiamente la causa. Ahora bien, en este punto el psicoanalista se halla en una situacién insostenible: una alienacién condicionada por un “yo [fe] soy”, cuya condicién es, come para todos, “yo [fe] no pienso”, mas reforzada por ¢l agregado de que a diferencia de cada cual, él lo-sabe. Este saber nose pue- de portar. porque ningiin saber puede ser portado por uno solo. Aeso se debe su asociacion con quienes slo compar- ten ese saber al no poder intercambiarlo, Los psicoanalistas son los eruditos de un saber del que no pueden conversar. Esto es algo muy diferente ala mistagogia del no-saber. Porque el analista no se rebviisa ni al principio del pla- cer nial de realidad, simplemente és igual a aquéla quien guia y no puede, ni debe deningtin modo, llevarlo a fran- quearlos, Nada le ensefa al respecto, limitandose a mirarlo de soslayo, si llega a transgredir alguno de ellos, No comparte con él mas que un masoquismo even- tual, de cuyo goce se cuida. Acllo se debe la parte de desconocimiento sobre la que edifica una suficiencia fundada en una suerte de saber absoluto, que es mas bien punto cero de saber. Ese saber no es éjercido de ninguna manera, pues al hacerlo pasar al acto, el psicoanalista atentaria contra ¢l narcisismo del que dependen todas las formas. El psico- analista se hace el guardian de la realidad colectiva.sin que ésta sea siquiera de su competencia. Su alienacién esid redoblada: por el hecho de que pueda escaparle. DOS NOTAS SOBRE EL-NINO Estas dos nota mamuscritas entre- gndas por Jacques Lacan a la Sra, Jenny Aubry en octubre de 1969, fueron publica- das una primera vex por ella, con mi autorizacion, en un librosuye aparecideen loss. Jol M. En la concepcién que de él elabora Jacques Lacan, el itoma del nifo ésta en‘posicién de responder a lo que hay de sintomatico en la estructura familiar. El sintoma, y este es el hecho fundamental de la ex- Pperiencia analitica, se define en este contexto como re- presentante de la verdad, E] sintoma puede representar la verdad de la pareja familiar. Este es el caso mas complejo, pero también el mas abierto-a nuestras intervenciones. La articulacion se reduce en mucho cuando el sinto- ma que llega a dominar compete a la subjetividad de la madre. Esta vez, el nifo esta involucrado directamente como correlative de un fantasma. Cuandola distancia entre la identificactén con el ide- al del yoy la parte tomada del deseo de la madre no tie- ne mediaci6n la que asegura normaimente la funcién del padre), el nifo queda expuesio-a todas las capturas fan- 56 Jacques Lacart tasmaticas. Se convierte en el “objeto” de la madre y su tinica funcién es entonees revelar la verdad de este obje- to. Elnifo realizala presencia de eso que Jacques Lacan designa como el objeto aen el fantasma. Satura de este modo, sustituyéndose a ese objeto, el modo de falta en el que se especifica el deseo (de la ma- dre), sea cual fuere la estructura especial de este deseo: neurdtico. perverso o psicético. El nino aliena en él tedo acceso posible de la madre a su propla verdad, dandole cuerpo, existencia ¢ incluso la exigencia de ser protegido. E] sinioma somatice le offéce a este desconocimicnto el maximo de garantias: es el recurso inagotable para, se- gain los casos, dar fe de la culpa, servir de fetiche, encar- nar un rechazo primerdial, En suma, en su relacién dual con la madre el nifo le da, como inmediaiamente accesible, aquello que le falta al sujeto masculino: el objeto mismo de su existencia. apareciendo en lo real. Resulta de ello que.en la medida misma de lo que presenta de real, estaré expuesto a un mayor soborne en el fantasma. Por lo que parece al ver el fracaso de las utopias comu- nitarias, ia posicién de Lacan nos recuerda la siguiente dimensién. La funcién de residuo que sostiene (y a un tlempo mantiene) la familia conyugal en la evolucion de las 80 ciedades, resalta lo trreductible de una transmision — perteneciente a un orden distinto al dela vida adecuada a ja satisfaccion de las necesidades— que es la de una constitucion subjetiva, que implica la relacién.con un de- seo que no sea anénimo. ‘Las funciones del padre y de la madre sejuzgan segin una tal necesidad. La de la Madre: en tanto sus cuidados Dos nolas sobre et nino 57 estan signados por un interés particularizado, asi sea. por la via de sus propias carenelas. La del padre, en tan- to que su nombre es el vector de una encarnacién dela Ley en el deseo. PREFACIO A LA EDICION INGLESA DEL SEMINARIO II Cuando el esp de un laps, 0 sea, dado que sélo eserfbo en francés [es también valido para el castellano]: el espacio de un lapsus, ya no tiene ningiin aleance de sentido (0 interpretacién}, tan s6lo entonces puede uno estar seguro de que esta én el inconsciente. Uno lo sabe. uno mismo [sof]. Pero basta con que se le preste atencién para que uno salga de él. No hay alli amistad alguna que ese incons- ciente soporte. @uedaria que diga una verdad. No es el caso: la ma- logro. No hay verdad que, al pasar por la atencién, no mienta. Lo cual no impide que se corra tras ella, Existe cleria modo de equilibrar estembrollo que es satisfactoria por razones diferentes a las formales (la simetria por ejemplo), Come satisfaccin, sélo se alcanza en el uso, en el uso de un particular. Aquel que se llama en el caso de un psicoanalisis (psic=, 0 sea ficcién de-) analizante. Cuestién de pure hecho: hay analizantes en nuestras comareas. Hecho de realidad humana, de lo 60 Jacques Lacan. que el hombre Hama realidad, ‘Observemos que el psicoanalisis, desde que ex-siste, cambid. Inventado por un solitario, teérico indiscutible del inconsciente (que no es lo que se cree, digo: el in- consciente, 0 sea lo real, sélo si se me cree al respecto), se practica ahora en pareja. Seamos exactos, ¢l solitario dié su ejemplo. No sin abuso para sus discipulos (pues sélo eran discipulos debido al hecho de que él no sabia Jo que hacia). Lo cual traduce la idea que tenia de él: peste, pero anodina alli donde ereia levarla, el publico s¢ las arreglo con ella. ‘Ahora, o sea tardiamente, lo sazono yo con mi grano de sal: hecho de hystoria, que equivale a decir de hyste- ria: la de mis colegas en esta ocasién, caso infimo, pero en el que me encontré preso por azar, por haberme inte- resado en alguien que me hizo deslizar hasta ellos por hhaberme impuesto a Freud, la Aimée de mi tesis, de matesis.* Hubiera preferido olvidar eso: pero uno no olvida lo que el pitblico le recuerda. En la cura, por ende, hay que contar al analista. Imagino que no contaria, socialmente, si Freud no hu- biera estado para desbrozarle el camino, Freud digo, pa- ra nombrarlo a él. Pues nadie puede nombrar analista a alguien y Freud no nombré a ninguno. Dar anillos a ini- clades no es nombrar, A ello se debe mi proposicion de que el analista no se hystoriza mas que por si mismo: hecho patente. Y aun cuando se haga confirmar por una Jerarquia. 2Qué jerarquia podria confirmarle como analista, * Lacan eseribe en francés mathése, condensacion de ma thése, que remite a mathéme, matema. [N.T.] Prefacte ala edicton inglesa del Seminario == 61 darle ese sello? Eso me dijo un Cht, que yo le era, dena- cimiento. Repudio ese certificado: no soy un poeta. sino un poema. ¥ que se escribe, pese a que tlene aires de ser ‘sujeto, La pregunta sigue siendo la de qué puede impulsar a cualquiera, sobre todo después de un anilisis, a hysto- rizarse por si mismo. No puede ser su propio movimtenta, porque acerca del analista, sabe mucho, ahora que ha liquidado, como se dice, su transferencia-par. gCémo puede ocurrirsele la idea de asumir el relevo de ésa funcién? En otras palabras, ghay.casos en los que otra razén los impulsa a instalarse, es decir, a recibir lo que comin- mente llaman “pesos”, para responder a las necesidades de quienes estan a vuestro cargo, entre los que estan en primer término ustedes mismos, deacuerdo con la moral judia (a la que Freud se atenia en este asunto}? Hay que reconocer que la pregunta (1a pregunta acer- ca de otra razén) es exigible para sostener el estatus de una profesién, recién llegada a Ja hystoria. Hystoria que ho consideramos eterna porque su aetas s6lo es serio al remitirse al mimero real, es decir, a lo serial del limite. éPor qué, entonces, no someter dicha profesién a la prueba de esa verdad con la que suefia la funcién llamada inconsciente, con 1a cual trafica? El espejismo de la verdad, del cual sdlo puede esperarse la mentira (lo que cortésmente se denomina la resistencia) no tiene otro término mas que la satisfaccién que marca el final del andlisis. Siendo la urgencia de dar esta satisfaccién lo que pre- side el analisis, interroguemos como alguien puede con- sagrarse a satisfacer esos casos de urgencia. Es éste un aspecto singular del amar al projimo colo- cade como epigeafe por la iradicién Judaica. incluso al 62 Jacques Lacan interpretarlo cristianamente, es decir, joda helénica, lo que se presenta al analista es algo diferente al projimo: es toda lo que llega de una demanda que nada tiene que ‘ver con el encuentro {de una persona de Samaria, capaz de dictar el deber eristico). La oferta antecede al reque- rimiento de una urgencia que no se estA seguro de satis- facer, salvo al haberla sopesado. Por eso designé mediante el pase esa puesta. prueba de la hystorizacién del andlisis, absteniéndome de im- poner a todos dicho pase, porque en esta ocasiénno exis- te el todos, sino dispersos mezclados. Lo dejé a dispo- sicién de quienes se artiesguen a dar fe del mejor modo posible de la mentirosa verdad. Lo realicé por haber praducido la Gnica idea con- cebible del objeto, la dela causa del deseo, o sea, delo que falta. La falta de la falta constituye lo real, que sélo surge alli, como tapén. Ese tapén que sostiene el terminode lo imposible, cuya antinomia con toda verosimilitud nos muestra lo poco que sabemos en materia de real. No hablaré de Joyce. al que me dedico este afto, salva para decir que es la consecuencia mas simple de un re- pudio hario mental de un psicoandlisis, que resulta haber ilustrado con su obra. Pero apenas lo he rozado, dado mi embarazo en lo que respecta al arte, en el que Freud se sumergia no sin tropiezos. Sefalo que, como siempre, mientras escribia esto los casos de urgencia me estorbaban. Eseribo, sin embargo, en la medida en que creo debo hacerlo, para estar ala altura de esos casos, para formar con ellos un par.* Paris, 17.V.76 * Lacan juega eon la homofonia de éire au pal (estar a la altura) y le pave (el part HOMENAJE A MARGUERITE DURAS, DEL RAPTO DE LOL V. STEIN Del rapto: esta palabra se nos vuelve enigma, Que Lol V, Stein la determine: gla hace subjetiva u objetiva? Raptada. Se evoca el alma y obra la belleza. De este sentido al aleanee de la mane nos libraremos como se pueda, con el simbalo, Raptora es también la imagen que nos impondra esa figura de la herida. la exilada de las cosas, a quien no se atreve uno a tocar, pero que hace de uno su presa. No obstante, los das movimientos se anudan en una cifra que se revela en ese nombre sablamente confor- mado por los contornos de la escritura: Lol V. Stein. Lol V. Stein: alas de papel. V, tijeras, Stein, la pledraj en este juego de la mor-ra*te pierdes, Une contesta: O, boca abierta zqué quiero dando tres saltos sobre el agua, fuera del juego del amor, donde me zambullo? * Lacan juega con la homofonia entre jeu dela mourre (juego de Js morra} yy jew de tamour (juego-del amor}. [N. T.] 64 Jacques Lacan Este arte sugiere que la raptora es Marguerite Duras y nosotros los raptados. Pero si. apretando el paso tras los pasos de Lol, que resuenan’ a lo largo de su novela, los oimos detras nuestro sin habernes encontrado con nadie, gsera que su criatura se desplaza entonces por un ‘espacio desdoblado? 20 sera que uno de nosotros pas6é a través del otro, y quién, ella o nosotros, se dejé atra- vesar? Por loqueseve hay que anudar de otra manera la eifra: para asirla hay que contarse de a tres. Mas bien lean. . La escena—y la novela entera no es mas quesu reme- moracion— es propiamente el rapto de dos en una danza que los suelda y ante los ojos de Lol, tercera, junto con todos los del baile, padece en él el rapto de su novio por aquella que sélo tuvo stibita que aparecer. Y para palpar qué busca Lol a partir de ese momento se nos ocurre hacerle decir un "yo me dos”, conjugando doler con Apollinaire. Pero, precisamente, ella no puede decir que sufre. Se pensar, segin algiin cliché. que Lol repite el acon- tecimiento. Pero hay que examinar las cosas en detalle. ‘Visto de lejos se recanoce elacontecimientoen ese ace- cho, al que desdeahora Lol volver muchas veces, de una pareja de amantes en la cual encontré como por azar a quien fue antes del drama su amiga intima y que le pres- taba asistencia a su hora: Tatiana. Lo que alli-se rehace no és el acontecimiento sino un nudo. Lo que este nudo encierra ¢s propiamente lo que rapta, pero de nuevo ga quién? - Lomenos que puede decirse es quela historia aquipo- * Cabe recordar que én miiltiples oportunidlades Lacan juega con cel términe francés résonne (resuena) y su homofonia ¢on raison, (raz6n). [N. T.) Homenaje a M, Duras 6s nea alguien en el otro platillo dela balanza, y no sole por- que Marguerite Duras lo convierta en la voz del relato: el ‘otro integrante de la pareja. Su nombre, Jacques Hold. Porque tampoce él es lo que parece ser cuando digo: la voz del relato, Es mas bien, y mucho mas, su angiistia. ¥ aqui vuelve de nuevo 1a ambigtiedad: ysu angustia 0 la del relato? En todo casono es simplemente el que muestra la ma- quinaria, sino mas bien una de sus plezis, que no sabe todo de cuanto lo sujeta a ella. Esto da piea que presente a Marguerite Duras. y tengo por cierto su consentimienio, en un tercer ternario. uno de cuyos términos es el rapto de Lol V, Stein, tomado co- mo objeto en su nudo mismo, y donde yo hago de tercero, al introducir un rapto decididamente subjetivo esta vez, Esto no es un madrigal sino-un limite metédico que me proponge afirmar aqui en su valor negativoy positive. Un sujeto es término de ciencia, por ser perfectamente cal- culable, y recordar ‘su estatuto deberia poner término a algo que al fin y al cabo hay que lamar por su nombre: la palaneria, digamos 1a pedanteria, de cierto psicoa- nalisis. Esta faceta de sus esparcimientos. por ser visi- ble, esperamos, para los que se arrojan en ella. deberia ‘servir para Sefialarles que estan cayende en algo neck atribuir, por ejemplo, la técnica confesa de un autora al- guna neurosis: pataneria, y demostrarlo como la adop- cién explicita de los mecanismos que constituyen su edi- ficio inconsciente: necedad. Piengo, aunque la propia Marguerite Duras me entera de que no sabe de toda su obra de dénde le viene Lol, y aunque pueda yo entreverlo por lo que me dice en la frase siguiente, pienso que un psicoanalista sdlo tiene derecho a sacar una veniaja de su posicion, aunque ésta por tan- to le sea reconocida como tal: la de recordar con Freud, 66 Jacques Lacan que en su materia, el artista siempre le lleva la delantera, y queno tiene por qué hacer de psicdlogo donde el artista, Je desbroza el camino. Reconozco esto en él rapto de Lal V. Stein, en el que Marguerite Duras evidencia saber sin mi lo que yo en- seno. Con lo cual no perjudico su genio al apoyar mi critica en la virtud de sus recursos. Que la practica de la letra converja con ¢l uso del in- consciente, es lo inico de lo que quiero dar fe al rendirle homenaje. Aquienlea estas lineas ala luz de las candilejas a pun- to de extinguirse o de volverse a encender, o aun desde esas orillas del futuro hasta las cuales Jean-Louis Ba- rrault, con estos Cahiers, busca hacer llegar la conjun- clon dnica del acto teatral, le aseguro que en el hilo que voy a desovillar no hay nada que no siga al pie dela letra elrapto de Lol V. Stein, y que otro trabajo realizado, hasta hoy en mi escuela. no je permita puntuar, Ademas, mas que dirigirme a ese lector, mas bien me excuso desu fue- ro para ejercitarme con ese nudo que desiuerzo. Debe tomarse en la primera escena donde Lol es des- pojada de su amante, como de un vestido. propiamente. Es decir, que debe entonces seguirse en el tema del ves- tido, que aqui sustenta el fantasma al quese prende Lol, enel tiempo siguiente, de un mds alld cuya palabra clave no supo descubrir, esa palabra que, al cerrar las puertas tras ellos tres, la hubiese conjugado con el momento en que su amante levantara el vestido, el vestidonegrode la mujer, y descubriera su desnudez. gLlega esto entonces mas alla? Si, llega a lo indecible de esta desmudez que se insinta hasta remplazar su propio cuerpo. Aqui todo se detiene. No basta esto para reconocer lo que le pasé a Lol, ¥ Homenaje a.M. Duras 67 qué revela lo tocante al amor?; 0 sea, a esa imagen, ima- gen de si mismo, con que el otro nas reviste y que nas vis- te. y qué nos deja, cuando nos despojan de ella gser qué debajo? ,Qué decir de ello cuando esa noche era para ti, Lol, toda entregada a tu pasién de diecinueve anos, tu puesta de largo y la desnudez que llevabas puesta daba a tu traje su esplendor? Lo que te queda entonces es lo que decian de tf cuando eras nifia, que nunca estabas del todo abi. Pera gqué es pues esa vacuidad? Cobra entonces un sentido; fuiste, si, por una noche y hasta el amanecer en que algo en ese lugar cedié: el centro de las miradas. 2Qué esconde esta locucién? El centre no es igual en. torlas las superficies. Unico en una meseta, en todas par- tes en una esfera, en una superficie mas compleja puede llegar a formar un nudo bien raro. El nuestro. Pues ti slentes que se trata de una envoltura, por no tener ya ni adentro ni afuera, y que en la costura de su centro se vuclven todas las miradas en la tuya, que es la tuya la que las satura, y que para siempre, Lol recla- maras de todos los que pasan. Sigan el paso de Lol que atrapa cuando pasa de uno a otro ese talisman del que cada cual se descarga con prisa como de un peligro: la mirada. Toda mirada sera la tuya, Lol, como Jacques Hold fas- cinado se dira él mismo dispuesto a amar a “toda Lol”. Hay una gramatica del sujeto en la que se puede aco- ger este rasgo genial. Regresara en una pluma que lo sefalé para mi. Compruébenlo, por todas partes en la novela esta esa mirada. Y la mujer del acontecimiento es muy facil de reconocer porque Marguerite Duras la pinta como no- mirada. Ensefio que la vision se escinde entre la imagen y la 68 Jaeques Lacan mirada, y el primer modelo dela mirada es la mancha de donde se deriva el radar que ofrece a la extensién la pa- ropia del ojo. ‘Mirada es algo que se despliega a pinceladas sobre el lienzo, para hacerios deponer Ia vuestra ante Ia obra del pintor. ‘Se dice que algo los atafie* cuando algo requiere vues- tra atencién ‘Pero el asunto es més bien obtener la atencién de lo que los alate, de lo que los mira. Pues no conocen us- tedes la angustia de lo que los atafie, de lo que los mira sin mirarlos. Es la angustla que se apodera de Jacques Hold cuan- do, desde la ventana del hotel de cilas donde espera a Tatiana, descubre, en el lindero del sembradio de cen- teno que esta enfrente, a Lol acostada. . ‘Su agitacién panica, violenta o bien sonada jtendran tiempo de pasazla al registro de 1a cémico, antes de que Jacques se reconforte significativamente al decirse que sin duda Lol lo ve? Se calma un poco mas solamente, al configurar ese segundo tiempo por el que ella se sepa vista per él. ‘Aun tendra que mostrarle, en la ventana, propiciato- ria, a Tatiana, sin conmoverse en lo mas minimo de que ésta no se haya percatade de nada, cinico por haberla ya sacrificado a la ley de Lol, puesto que con un vigor re- doblado se afanara con su amante con la certeza de obe- decer al deseo de Lol, haciéndola zozobrar con esas pa- labras de amor cuyas compuertas sabe es la otra quien las abre, pero palabras cobardes que también siente que no quertia para ella. * tacan juega aqui con Ja multivocidad del verbo regartler que en a expresion ca vous regarde (alga les alahe o les concieme) ¢= homanime con regard (ralrada). (N. T.] Homenaje aM. Duras 69 Sobre todo, no se equivoquen acerea del lugar aqui de la mirada, No es Lol quien mira, aunque mas no fuese por dl solo hecho de que no ve nada. Ella no es el voyeurel mirén. Lo que suceda la realiza. El lugar de la mirada se demuestra cuando Lol la hace surgir en su estado de objeto puro, con las palabras qué hacen falta, para Jacques Hold, todavia inocente. “Desnuda, desnuda bajo sus cabellos negros”, estas palabras en labios de Lal engendran el paso-dela belleza de Tatiana a la funcién de mancha intolerable que per+ tenece a ese objeto. Esta funcién es incompatible con el mantenimientade la imagen narcisista en la que los amantes tratan de con tener su enamoramiento, y Jacques Hold de inmediato siente su efecto. Desde entanees es legible que, dedicados a realizar ¢l fantasma de Lol, seran cada vez menos uno y otro. No es su divisién de sujeto, manifiésta en Jacques Hold, lo que nos retendra ya mas tiempo, es mas bien lo que él es en ese ser de a tres en el que Lol se suspende, plantando sobre su vacio el “yo [fe] pienso” de sucfio de- sagradable que constituye la materia del libro. Pero, al hacerlo, Jacques Hold se contenta con darle una con- ciencia de ser que se sostlene fucra de ella, en Tatiaria. Pero es verdaderamente Lol quien organiza este ser de atres. ¥ porque el "yo [je] pienso” de Jacques Hold llega a obsesionarla con un culdado demasiado cereano, al fi nal dela novela, por el camine por dende él la acompafia en. un peregrinaje al lugar del acontecimiento, Lol se vuelve loca, De esto, en clecto, hay sefales en el episodio, pera quiero dar fe de que me viene de Marguerite Duras. Porque la Ultima frase de la novela, que hace retornar a Lol al sembradio de centeno, me parece constituir un 70 Jacques Lacan. final menos decisivo que esta observacion. En ella seadi- vina la advertencia contra lo patético de la comprensién, Ser comprendida nole convienea Lol, a quiennosesalva del rapto. ‘Mas super {luo resulta mi comentario acerca de lo que hace Marguerite Duras al dar existencia de discursoa su criatura. Pues el propio pensamiento, con que yo le restituiria su saber, seria incapaz de estorbarla conia conciencia de ser en un objeto, puesto que ese objeto, ya Marguerite Duras lo recuperé con su arte, Es este el sentido de esa sublimacion que todavia deja, aturdidos a los psicoanalistas, porque al legarles el término, Freud se quedé con la boca cerrada. ‘Solo les advirtié que la satisfaceién que entrafa no de- be considerarse como ilusoria. ‘No lo dijo lo bastante alto, sin duda, ya que, gracias a ellos, el pablico esta conveneida de lo contrario. Ya es mucho si no llegan a profesar que la sublimacién se mide para el escritor por el nimero de ejemplares vendidos. Y¥ es que aqui desembocamos cn la ética del psicoa~ nélisis, cuya introduccién en mi seminario constituy6 la Tinea divisoria de la plancha fragil de su platea. Y no obstante, delante de todos ellos confesé un dia que todo el ato habia tenide apretada en mi mano, en la dad, la mano de otra Marguerite, la del Hep- tamerén. No es vano que encuentre aqui esta eponimia. Porque me parece natural reconocer en. Marguerite Duras la earidad severa y militante que anima las his- torias de Marguerite d'Angouléme, cuando uno las puede leer sin el lasire de algunos de los prejuicios que el tipo de insiruccién que recibimos nos ineulea. cuya misién expresa es la de velarnos la verdad. Homenaje a M. Duras 7 En este caso, la idea del cuento “galante", Lucten. Febvre, en una obra magistral, trato de denunciar este engano. ¥ me detengo en lo que Marguerite Duras me da fe de haber recibido de sus lectores, un asentimiento que la impresiona, undnime en lo que respecta a este extraho modo de amor: el amor que el personaje — que senalé cumple aqui la funcion, no del recitante, sino del sujeto— trae como ofrenda.a Lol, una tercera que dista mucho sin duda de ser la tercera excluida. Me alegro por esta prueba de que la seriedad conserva aun algan derecho despues de cuatro siglos, durante los cuales la mojigateria se ha dedicado a utilizar la novela para girara cuenta dela ficcidn la convencién técnica del amor cortés, para solamente encubrir el déficit, que esta convencién protegia verdaderamente, de la promiscui- dad del matrimonio. ¥ el estilo que usted despliega, Marguerite Duras; en su Heptamerdn, hublera quiz facilitada los caminos por los cuales el gran historiador antes nombrado se esfor- aba en comprender algunas de esas historias que él considera tal como se nos dan: como historias verda- deras, Las mtltiples consideraciones sociolégicas que se re- feren a las variaciones de una a otra época de la pena de vivir, son de poca monta comparadas con la relacién de estructura que, por ser del Otro, el deseo entabla con el objeto que Io causa. ‘¥.Ja aventura ejemplar en la que el Amador de la his- teria X, que no es ningiin monaguillo, se dedica hasta la muerte a un amor, para nada platénico aunque sea im- posible, pareceria un enigma menos opaco sino se mira- Ta a través de los ideales del happy end victoriano. Pues el limite donde la mirada se vuelve belleza, lo he 7 Jacques Lacan descrito: es el umbral del entre-dos-muertes, lugar que he definido y que no es simplemente lo que creen quienes ‘estan lejos de él: el lugar de la desdicha, Por lo que conozco de su obra, Marguerite Duras, me parece que en torne a este lugar gravitan los personajes que usted sitda en nuestro vulgo, para mostrarnos que en todas partes existen nobles equivalentes a esos hom~ bres gentiles y a esas damas gentiles de las antiguas lides, igualmente vallentes para arvojarse, aunque estén atrapados en los espinos del amor imposible de domes- ticar, hacia esa maneha, nocturna en el cielo, de un ser ofrecido a la merced de todos... a las diez y media dela noche en verano. Sin duda no puede usted socorrer a sus creaciones, nueva Marguerite, con el mito del alma personal. Pero la caridad sin muchas esperanzas con que usted lasanima {no es acaso producto de la fe que usted tiene de sobra, ‘cuando celebra las bodas taciturnas de la vida vacia con el objeto indescriptible? LA TERCERA‘ La tercera: es el titulo, La tercera vuelve, os siemprela Primera, como dice Gerard de Nerwal.! Por qué objeiar que eso la vuelva disco? Qué hay de malo i ue sso lan en que disque Aun falia que dizque y se alga, por ejemplo, como el disco-os0,el discurso’ de Roma. Inyecto asi un poco mas de onomatopeya en lalengua, no sin que ella me pueda oponer que toda onomatopeya * Texto:no revisado por J. Lacan. 1. Lawetziome.., C'est encore ta premiére: (La déeimo tercera vuel- Bs atm in primeral, primer verso del soneto Artemis. (NU. T] _2. Lacan juega todo el tiempo con la homofonia y Ja ortografla entre: disque (disco), disquer isean y circe que (dlzque), Esta ctima ha, sido mantenida en eu ertografia eastellana, debiendo conskderarse que la diferencia entre zy s no se pronuneta para asemejarlo-al juego de palabras en francés. [N. Tl] , Sutealines ‘8. Juegaliomofénico y orlogeafico entre eiseours discursa) y'su e5- critura en el texto same cisque-ours. literalmente disco-aso en caste- liana, que no reproduce nuestro vorable discurso. Cabe recordar que ours en franets, al igualque encastellano, indica un caracter iritable, poco sociable, salvaje, grosero. IN. T.l ve, 74, Jacques Lacan se especifica de antemano en su sistema fonematico, el de lalengua. Saben que para el francés, Jakobson lo ca- libré. Esde este tamanito, En otras palabras, porque esta en francés el discurso de Roma puede sonar a disco-ur- dromo.! Vay a temperar lo dicho observando que urdromo,* pista originaria, es un ronroneo posible en otras len- quas, si mi oido se presta bien a algunas de nuestras ve~ cinas geograficas y que ello mos saca naturalmente del juego de la matriz, la de Jakobson, la que especificaba yo hace un instante. Como no debo hablar muy largo, me salteo una cosa. Elurdromo éste me permite simplemente poner la voz en Ja rbrica de los.cuatre objetos llamado por mi aminuis- cula, es decir, volver a vaciarla de la sustancia que podria haber en el ruido que hace, es decir, volver a cargarla en ja cuenta dela operacion signilicante, la que especifiqué con los efectos Ilamados de metonimia. De modo que a partir de ese momento la voz, podria decirse, es libre, I- re de ser otra cosa que sustancia. Y ya esta. Pero al introducir mi tercera me propongo sefialar otro deslinde, La onomatopeya que se me ocurrié de manera un poco personal me favorece —toco ma- dera— , me [avorece porque el ronroneo, sin duda alguna, 4, Lacan eseribe discurso de Rama disque ourdrome, literalmente disce-osodrome, pero su referencia posteriora otras lenguias enel pa- trafo siguiente. hace que se haya preferida disco-urdromo, donde Our en frances eseqiparada conel Uralemdn que significa originarto, pri mario, con el termine frances es homofenico. (NT 5. Lacan eseribe en frances ourdtrome, donde Ur equivale al ale~ man originario y -clrome es. un sufijo Lomacka del priege dramas que quiere decir curso, pista, y que en castellano corresponde a drama, ‘con-el que se compone por ejemplo en ambos lenguas aerodrome, Una traduccién literal seria vuelta © pista ortginaria. La tercera 78 es el goce del gato. No sé si le sale de la laringe o de otra parte: cuando los acaricio, parece que saliera de todo el cuerpo. Con esto eniro en lo que quiero tomar como punto de partida. El que sea mi punto de partida no les da forzosamente la regla del juego, pero eso vendra des- pués. “Pienso luego gézase". Esto rechaza el “luego” ‘usual, el que dice "yo gosoy’.° Hago un pequeno Juego con esto. Rechazar aqui debe entenderse come lo que dije de la forelusion, que si se re- chaza el “ye gosoy” reaparece en lo real. Ami edad puede parecer unreto, una edad, como sc le dicea la gente para restregarle en la cara sus afios, en la que Sécrates ya te- nia tres anos de muerto. Pero aunque feneciera luego por eso —me puede pasar, le pasé a Merleau-Ponty, asi no mas, en la tribuna— Descaries nunca pretendié decir a propésito de su “yo gosoy” que gozaba dela vida, Denin- guna manera. {Qué sentido tiene su “yo gosoy"? Exacta~ mente él de mi sujeto, el yo [je] del psicoanalisis. Desde luego, el pobre no sabia, es de cajén que no sa- bia, sé lo tengo que interpretar: es un sintoma. gPor qué? gEn.qué piensa antes de coneluir que él sigue?, en la mti- sica del ser, sin duda. Piensa en el saber de la escuela con que los jesuitas, sus maestros, le harlaron los oidos. Comprueba que ¢s liviano, Seria mas trigo limpio, sin du- da, sise diera cuenta de que su saber va mucho mAs alla de lo que cree, de acuerdo con la escuela. que hay gato encerrado, digamos, y por el solo hecha de que habla. pues por hablar lalengua tiene un inconsciente, y esta despislado, come cualquiera que se respete. Es lo que yo lamo un saber imposible de aleanzar para el sujelo, cuando a él, al sujélo, un solo significante lo representa * Lacan escribe fe sauis jugando con Je suis [yo soy] y je jouls [yo gozol. [N. T.] 76 Jacques Lacan ante esie saber. Es un representante, si me permiten la expresion, de comercio, con ese saber constituido, para Descartes, segim la usanga desu época, porsu insercion en el discurso en que nacié, es decir, el discurso del amo, como yo lo llamo, el discurso del hidalguillo. Por e830 mismo no logra salir del asunto con su “pienso lue- gosoy", De todos modas es mejor que lo que dice Parménides. El pobre Platén no logra zafarse dela opacidad dela con- juncién del noeiny del einal. Ano ser por él gqué sabria- mos de Parménides? Pero eso no quita que no logra zafar- se de eso, y que sinonos trasmitiera la histerla genial de Sacrates gqué sacariamos de él? Yo, durante estas pseudovacaciones, me devané los sesos con El Sofista. Debo ser, probablemente, demasia- do sofista como para que me interese. Debe haber algo ahi queme frena. Nolo aprecio, Nos faltan algunas cosas para apreciarlo, Nos falta saber qué era el sofista en esa época. Nos falta el peso de la cosa. Volvamos al sentido del gasoy. No es sencillo eso que en la gramatica tradicional se coloca en la conjugacion de determinado verbo ser — para cl latin, y de esto tado el mundo se da cuenta, fii no suma con sum. Sin contar con los demas cachivaches. Les ahorro una buena parte. Les ahorro todo lo que sucedié cuando los salvajes. los galos, tuvieron que arreglarselas con eso. Cortieron elest hacia el stat. No fueron los anicos, por cierto. En Espafia. creo que sucedié lo mismo. En fin. la lingiilsteria se las arregia con eso como puede. No les voy a repelir ahora cudles son las delicias de nuestros estudios clasicos, Ello no impide que uno se pregunte por la carne de esos seres - que son por cierto seres de mito, €808 cuyo nombre pusé ahi: los undoseuropeos, los tnventaron adrede, son milemas-, uno puede preguntarse qué po- La tercera 7 dian poner en su cépula (en todas las. demas lenguas'siil: vo en las nuestras, simplemente cualquier cosa sirve de copula). {Finalmente algo asi come la prefiguracién del Verbo encarnado? {Decir eso aquil Qué lata me da. Creyeron darme el gusto trayéndome a Roma, no sé por qué. Hay demasiados locales para et Espiritu Santo, ¢Que tiene desupremoel Ser,a no ser por esa cépula? En fin, me distraje interponiéndole personas, como las Haman, y di con algo que me divirtié; me-eres-iti me: mas- time : lo cual permite armarse un lio: ame amas tit mim?” En realidad es siempre lo mismo. Es el cuento del mensaje que cada quién recibe en su forma invertida. Digo esto desde hace mucho tiempo y la gente se rie. A decir verdad, se lo debo a Claude Lévi-Strauss. Se incliné hacia una excelente amiga mia, que es su esposa, Monk que, para llamarla por su nombre, y Ie dijo, a propésite de lo que yo estaba expresando, que asi era, que eada quien recibe su mensaje en forma invertida, Moniqueme lo repitié, Imposible dar con una formula mas afortuna- da para lo que queria decir en aquél momento. Pero me la pasé él. Como ven, tomo lo mio donde Io hallo. Me salto los demas tiempos, elapuntalamlente delim- perfecto, su estabilidad. Yo estaba. gAh si, y qué apunta- las tit, donde estabas tit?" ¥ lo dana Dea een tengo que seguir. El subjuntivo es divertido. Que sea, — iqué casualidad! Descartes, no se engafia: Dios ¢s ¢l de- cir. Sabe muy bien que diocir® hace que la verdad sea, que decide sobre ella a su antojo. Basta diocir como yo. Es la 7. En frances las tres expresiones son homéfonas, con una inver~ sion de letras en Ja ultima, Se produce ast un equivaco entre el'm'es me-eres}, el mats (pero,mas) y el mai del m'aimes (ene amas). (N.T.| 8, Homofonia en frances entre J'étais Iya estaba) y tu étaie (tu apuntalas) derivado de étayer (apiintalar. [N.T] 738 Jacques Lacan verdad, no hay escapatoria. Si Dios me engafia, da igual, es la verdad por decreto del diocir, la verdad de ore. Bue- no, saltemos esto. Hay aqui una parte en que hago al- gunos comentarios a propésite de cierta gente que tra- jiné Ia critica del otre lado del Rin para terminar be- sandole el culo a Hiller. Esto me hace rechinar los dientes. Entonces, la simbélico, lo imaginario y lo real, eso es Je numero uno. Es inaudito que haya cobrado sentido y_ que lo haya cobrado ordenado de ese modo. En ambos 4808, fue por mi, por lo que llamo el viento que sopla, ese que siento que ya ni siquiera puedo prever, el viento con. que la gente hincha sus velas en nuestra época. Porque es evidente que, al principio, sentido no le falta. En eso consiste el pensamiento, en que unas palabras intro- duzean en el cuerpo algunas representaciones imbéciles, yya esta hecho elrecada; ya tienen con.esolo imaginario, y que ademas nos suelia prenda —lo cual no quiere decir que hayamos de quedar prendades, no: nos desembucha qué cosa? como por casualidad, una verdad, una ver- dad mas. Es ¢l col mo. Que el sentido se aloje en él nos. da de paso los otros dos como sentido. Elidealismo, ese cu- ya imputacién todos repudian, acecha alli detras. La gente no pide otra cosa, es lo que les interesa, dado que el pensamiento es lo mas cretinizante que hay con su dale que dale al cascabel del sentido. ‘Cémo quitarles dela cabeza el uso filoséfico de mis tér- minos. €s decir, sui uso Soez, cuando a la par tienen que entrarles. Pero seria mucho mejor que les entraran en otra parte. Se imaginan que el pensamiento esta en los sesos. No veo por qué los haria cambiar de opinién. Yo en 9, Lacan inventa por condensacion la palabra Dieure (Dicer) en la que se unen Dieu (Diasl y dire (deceit), (N- Ty} La tercera 73 cambio estoy seguro ~ estoy seguro porque si, es asunto mio— que esta en los pliegues de la frente, para el ser que habla igual que para el erizo. Me encantan los erizos. Cuando me encuentro uno me lo meto en el bolsillo, en mi pafiuelo, Por supuesto, se orina. Hasta que lo suelto en el césped de mi casa decampa. ¥ entonces me encanta ver como arruga la frente, Luego, igual que nosotros, se ovilla. En in, si se puede pensar con los pliegues de la frente. también se puede pensar con los pies. Pues bien, quisie- ra que les entraran en los pies, ya que a la postre lo ima_ ginarto, lo simbélico y lo real esidn para ayudar amis s¢- guidores en este tropel de gente a dejar hollado™ el ca- mino del andlisis, Los redondeles de cuerda esos que me descosi dibu- Jandoles, los redondeles esos, no se trata de ronronear_ los. Tendrian que servirles, y servirles precisamenie para la ida, el recorrido hollado de que les hablaba este ario, servirles para que'se pereaten de la topologia que define, Estos términos no son taba, El asunto seria que los pescaran, qué pescaran de qué se trata, Estdn desde mu- cho antes de la que doy por supuesta lamandola 1a primera, la primera vez que hablé en Roma; los saqué a relucir estos tres después de haber cogitado bastante, los 10. Frayer, “abrir un camina”, ¢s el término que usa Lacan, en vez de “facililacion’, para taducir Ia Bahnung de Freud, porque Bah nung. frayage, no es solamente la apertura de una via sino, ademas, su scfializacion y, con ello, la eenstitucion de una cadena significante Wer por ej. Semtnarto If, La Etica del Psicaandéllsts. pags. 49-50 ed francesal). Frayeres en efeeto originalmente un termine de monteria, en espafiol “frezar”: el animal de caza mayor deja hollado su recorrido “trotando” algo (latin, jricare}, El Jabali esearba u haza, el ciervo frata su cornamenta conira les arboles para Iimavla, y su manada 0 los cazadores siguen las marcas asi dejatas para dar con él (ver El Alolonciradicho. donde traclujimos (rayer por “desbrazar"). Asimismo, ere, “ida” es, en monteria, el recorrido que la caza hia freeado. IN. T} 80 Jacques Lacan saqué a relucir muy pronto, mucho ante hacer mi primer discurso de Roma. Que esos redondeles sean nudo borromes, no es tam- poco una razon para que se les enreden en los pies. A eso no lo llamo yo pensar con los pies. El asunto seria que dejaran alli algo muy distinto de un miembro —hable de Jos analistas— que dejaran alli ese objeto insensato que especifiqué con la a miniscula, que se apresa en el encaje de lo simbélico, lo imaginario y lo real como nudo. Apreséndolo exactamente se puede responder a la funcién que es la vuestra: ofrecerlo como causa de su de- seo a vuesiro analizante. El asunto esta en obtener eso, Pero si se les enreda la pata, tampoco es tan terrible. Lo importante es que suceda a vuesiras expensas. Para hablar claro, después del repudio del “gosoy”, me voy a divertir diciéndoles que ese nudo, hace falta serlo. Siademas agrego lo que saben después de lo quearticulé durante un ane de los cuatro discursos con el titulo “EL envés del psicoandlisis", no por ello deja de ser necesario que del ser sélo hagan semblante, (Eso si es peliagudo! Es peliagudo sobre todo porque no basta tener idea de ello para hacer su semblante. No vayan a imaginarse que yo tuve la idea, Escribi “objeto a” que es una cosa muy diferente. Lo entronca con la ldgica, esto es, lo vuelve operativo en lo reala titulo de el objeto del que, precisamente, no hay idea. Hay que reconocerlo, era hasta ahora un agujero en toda teoria, en cualquiera, el objeto ese del que no se puede dar idea. Esto justifica mis reservas, las de hace un rato, respecto del presocratisme de Platén. Y no es que Platén nolo vis- lumbrara: sin saberlo, estaba inmerso en el semblante. Es algo que lo obsesiona, aunque no lo sepa. Esto sélo quiere decir una cosa, que lo siente, pero no sabe por qué es asi. De alli lo insoporte. lo insoportable que propaga. de ponerme a La tercera SL No hay un solo discurso en que el semblante no lleve la voz cantante. No veo por qué se salvaria el recién lle- gado, el discurso analitico. Tampoco es un motive para que, en ese discurso, so pretexto de que recién lleg6, se sientan incOmodos hasta el punto de convertirlo. segin la usanza en que se apertrechan sus colegas de“ia In- ternacional, en un semblante mas semblante dela cuen- ta, un semblante ostentado, No vayan a olvidar ahora que el semblante de Io que habla como tal, siempre est presente en cualquier especie de discurso que lo ocupe hasta es una segunda naturaleza. Sean entances mas sueltos, mas naturales cuando recibana alguien que vie= nea pedirles un andlisis. No sesientan obligados a darse “importancia, Aun como bufones, que estén se justifica, No tienen sino que ver mi television. Soy un payaso; Si- gan él ejemplo, jy no me imiten! La seriedad que me ani- mia es la serie que ustedes constituyen. No pueden a ut tiempo ser y estar en ella. Lo simbdlice, lo imaginarioy lo real es el enunciade de lo que obra efectivamente en vuestra palabra cuande se siltian a partir del discurso analilico, cuando ustedes son elanalista. Pero esos términos s6lo emergen de veras para y por ese discurso. Yo no tuve que ponerle ninguna intencién, sélo tuve que seguir, yo también. Eso no sig- nifica que no esclarezca los otros discursos, pero tam- poco los invalida, El discurso del amo, por ejemplo, su fin es que las cosas anden al paso de todo el mundo, Pues bien, no és para nada lomismo quelo real, porque lo real, justamente, es lo que anda mal, lo que se pone en cruz ante la carreta, mas aun, lo que no deja nunca de repe- lirse para estorbar ese andar. Lo dije primero en la forma siguiente: lo real es lo que vuelve siempre al mismo lugar, Ha de hacerse hincapié en “vuelve”. Lo que descubre es el lugar, el lugar del sem- 82 Jacques Lacan blante. Es dificil instituirlo a partir de to imaginario solo, tal como parece implicarle primero la necién de lugar. Por fortuna, disponemos del apoyo de la topologia mate- matica, Yo intenté usarlo. Para delinir a este real, en un segundo tiempo, intenté acolarloa partir de lo imposible de una modalidad logica. Supongan, en efecto, que no haya nada imposible en lo real. (Vaya cara la que pondrian les cientificos y nosotros también! Pero hay que ver el camino que se tuvo que re- correr para reparar en ello. Durante siglos, se creyd que todo era posible. En fin, no sé, acaso algunos de ustedes hayan leido a Leibniz, Solo se salvaba con lo “composi- ble”. Dios hizo lo mejor que puda, las cosas tenian que ser posibles juntas. Es inimaginable el compuesto y hasta las componendas que puede haber tras todo eso. Tal vez elanalisis nos introduzea a considerar el munde tal cual €s: imaginario. Esto solo puede hacerse reduciendo la funcién Hamada de representactén, poniéndola donde esta, a saber, en-el cuerpo. Desde hace tiempo se sospe- chaba esto, E] idealismo filoséfico consiste incluso en 50. El idealismo filoséfico habia dado con ello, pero mientras no hubiera ciencia, era algo que habia que ta- Ponar, aunque no sin soltar su puyita: se resignaban pe- To esperaban sefias del mas alla, del notimeno, como lo llaman, Por eso se metieron unos cuantos abispos en el asunto, en especial el obispo Berkeley, que en su época no perdia una, lo eual te venia muy bien, Lo real no es el mundo. No hay la menor esperanza de alcanzar lo real por la representacién, No voy a empezar @ argumentar aqui cor: la tcoria de los quanta ni con la ‘onda y el corptisculo. Mas les valdria no estar en babia, aunque la cosa no les interese, Pero si quieren estar al tanto, entérense ustedes mismos. basta abrir unos cuantos libritos de clencia, Lat tercera, 83 Lo real, por tanto, no es universal, lo cual significa que sélo es todo en el sentido estrieto en que cada uno de sus elemenios sea idéntico a si mismo, pero sin que puedan ser dichos “todos”, No hay “tados los elementos”, s6lo hay conjuntos que determinar en cada caso. No vale la pena agregar: eso es todo. El tinieo sentido de mt , es el de acotar ese cualquier cosa, ese significante-letra que es- cribo S,, signilicante que sélo se escribe porque se escri- ‘be sin ningtin efecto de sentido. Homéloge, en suma, alo que acabo de decirles del objeto a. En fin, cuando pienso que me entretuve un tiempo en hacer un juego entre ese S,, que habia elevado a la dig- nidad de significante Uno, que jugué con ese Uno y.a anudandolos con el mimero de oro, jno tene precio! No tiene precio, quiero decir que adquiere aleance por escri- birlo. En realidad, era para ilustrar la vanidad de cual- quier cotto con el mundo, es decir, de lo que hasta ahora se ha llamado la consecuencia. Pues en el mundo no hay nada fuera de un objeto a, cagada o mirada, voz.o pezén, que hiende al sujetoy lo disfraza de desecho, desecho és- te que le ex-siste al cuerpo. Para hacer sus veces, para ser su semblante, hay que tener condiciones. Es ¢spe- clalmente dificil, mas dificil para una mujer que para un hombre, centrariamente a lo que suele decirse. Que en ocasiones la mujer sea el objeto adel hombre ne significa para nada que sea de su gusto serlo. Pero, en fin, son cosas que suceden. Sucede que ella se le asemeje natu- ralmente, Nada se asemaja mas a una cagada de mosca que Anna Freud! jDebe serle util! Seamos serios. Volvamos a lo que intento hacer. Debo sostener esta tercera com lo real que entrana y por eso les hago la pregunta que, segin veo vislumbran, las perso- nas que hablaren junto conmigo, antes que yo, no s6lola vislumbran, sino que la dijeron — que la dijeran ¢s scftal 84 Jacques Lacan de que la vislambran: ges el psicoandlisis un sintoma? Saben que cuando hago preguntas es porque tengo la Tespuesta, Pero, en fin, seria bueno que fuera la respues- ta adecuada, Llamo sintoma a lo que vienede loreal. Esto significa que se presenta como un pececite cuya boca vo- raz solo se cierra si le dan de comer sentido, Entonces, una de des: 0 con eso prolifera ("Creced y multiplicaos", dijo el Seftor, lo cual no deja de ser un poce descarado y nos deberia chocar, este empleo del término multiplica~ cin; el Seftor tiene que saber qué cosa es una multipli- cacién, no es que el pececito abunde) o revienta. Lo mejor seria, y en ello deberiamos poner nuestro em- peflo, que reventara lo real del sintoma, y ahi esta el asunto: geomo hacer? En una época en que me propagaba en servicios que nomencionaré (aunque aqui, en el papel que tengo escri- to, aludo a éllos, ya entrara en imprenta, es necesario que saltee un poco), en una época en que intentaba dar aen- tender qué es el sintoma en unos servicios de medicina, no lo decia exactamente igual que ahora, pero al fin y al cabo, tal vez sea un Nachtrag, al fin yal cabo creo que ya Io sabia, aunque todavia no habia hecho surgir de él lo imaginario, lo simbélico y lo real, El sentido del sintoma no es aquél con que s¢lo nutre para su proliferacién osu extincién, el sentido del sintoma es lo real, lorealen tanto se pone en cruz para impedir que las cosas anden, que anden en el sentido de dar cuenta de si mismas de manera satis{actoria, satisfactoria el menos para él amo, lo cual no significa que el esclavo sufra por ello de nin- guna manera ni mucho menos; cl esclave en este asunto esta en jauja mucho mas de lo que piensa, él es quien goza, al contrario de lo que dice Hegel, quien por mas que sea deberia haberse dado cuenta, puesto que por eso mismo aguantéque elamo se la hiciera: y entonces Hegel La tereera 85 vay le promete ademas el porvenir, qué mas puede pedir! Esto también es un Nachtrag, un Nachtrag mas sublime que en mi caso, digamos, porque demuestra que el esclavo tenia la dicha de ser ya cristiano en el momento del paganismo. Es evidente pero no deja de ser curioso: jes el beneficio absoluto! (Todo para ser feliz! Eso' nose volverd a dar nunca mas. Ahora que ya no hay esclavos, s6lo nos queda hurgar en las comedias de Plauto y de Te- rencio para darnos una idea de lo que eran de veras los esclavos. Me estoy extraviando. Aunque sin perder el hilo de lo que este extravio prueba. El sentido del sintoma depende del porvenir de lo real, por tanto, como dije en la confe- rencia de prensa, del éxito del psicoandlisis. A éste se le pide que nos libre de lo real y del sintoma, a la par. Si eso ocutre, si tiene éxito con esta demanda, puede esperarse —1o digo tal cual, veo que hay personas que no estaban enJa conferencia de prensa, lo digo par ellas—, cualquier cosa, a saber, un regreso de la religién verdadera, por ejemplo, que como saben no tiene trazas de estar extin- guiéndose. La religion verdadera no est loca, se vale de todas las esperanzas, digamosio asi, las santifica. Enton- ces, por supuesto, se las puede permitir todas también. Pero entonces, si el psicoandilisis tiene éxito, se extin- guira hasta no ser mas que un sintoma olvidado. No es cosa que deba causarle asombro, es el destino de la ver- dad tal como él mismo lo postula en su principio. La ver- dad se olvida. Luego. todo depende de que lo real insista. Para ello, el psicoanalisis tiene que fracasar. Tenemos que reconocer que va por buen camino y que. por ende, tiene buenas probabilidades de seguir siendo un sin- toma, de crecer y mulliplicarse. Psicoanalistas no muer- tos. esperen el praximo correo! Pero de todos modos des- confien. Acase sea mi mensaje en forma invertida. Tam- 86 Jacques Lacan bién me puedo estar precipitando, Es la funcién dela pri- sa que destaqué para ustedes. Lo que dije pueden empero haberlo entendido mal, 1o que les acabo de decir pueden haberlo entendido en el sentido de que se trata de saber si cl psicoanalisis es un sintoma social. Sélo hay un sintoma social: cada indi- viduo ¢s realmente un proletario, es decir, no tiene nin- gin discurso con qué hacer lazo social, dicho con otra término, semblante. Alo que Marx puso cotoy de manera inereible, Del dicho al hecho. Lo que emitié entrata que no hay nada que cambiar, Y por eso mismo todo sigue exactamente igual. EI psiconillisis, socialmente, tiene una consistencia distinta dela de los demas discursos. Es un lazo dea das. En tanto tal esta en el lugar dela falta de relacién sexual. Esto no basta para hacer de él un sintoma social puesto que una relacion sexual falta cn todas las formas de so- cledad. Esta ligado con la verdad que hace estructura de todo discurso. Precisamente por eso no hay sociedad ver- dadera basada en él discurso analitico, Hay una escuela, y ésta, justamente, no se define por ser una sociedad. Se define porque en ella enseno alge. Aunque parezea gracioso cuando se habla de la Escuela Freudiana, es algo del orden de lo que caracteriz6 a los estoicos, por ejemplo. ¥ los estoicos hasta tuvieron algo asi como un presentimiento del lacanismo. La distincién entre sig- nans y signatum la inventaron ellos. Yo, en cambio, les debo el respeto que le tengo al suicidio, Desde hxego, no a suicidios basades en una boberia, sino esa forma de suicidio que es el acto propiamente dicho. No hay que malograrlo, por supuesto. Si se malogra no es un acto. En todo esto, por consiguiente, no hay problemas de pensamiento. Un psicoanalista sabe que el pensamiento ¢s aberrante por naturaleza, lo cual no le impide ser res- La tercera 87 ponsable de un discurso que suelda al analizante, eon. qué? —como alguien lo dijo muy bien esta maNana— no con elanalista, Expreso de una manera distinta lo que di- jo esta mafiana, me alegro de que sea convergente: lo ‘suelda con la pareja analizante-analista. Es exactamen- te lo mismo que alguien dijo esta mafana. ’ Lo curiose en todo esto es que el analisia en los pro- ximos afios dependa de lo real y no lo contrario. El ad- ‘venimiento de lo real no depende para nada del analista. Su miston, la del analista, es hacerle la contra, Al finy al cabo, lo real puede muy bien desbocarse, sobre todo des- de que tiene el apoyo del discurso cientifico. Es ese precisamente uno de lo ejercicios de lo que llaman ciencia ficcién. Debo decir que nunca la leo, pero amenudo en los analisis me cuentan de quése trata. iEs inimaginable! La eugenesia, la eutanasia, en fin, todo gé- nero de diversas eubromas. El asunto se pone gracioso tan sélo cuando los propios eientificos son presa, no de Ja ciencia fiecién, desde luego, sino presa de una angus- tia; esto si que es instructivo. A fin de cuentas, es. elsin- toma tipo de todo acontecimiento de lo real. Y cuando los bidlogos, para nombrar a esos cientificos, se imponen el embargo de un tratamiento de laboratorio de las bacte- rias so pretexto de que si hacen unas demasiado duras y demasiado fuertes, podrian muy bien colarse por deba- jo de la puerta y barrer cuando menos con toda la expe- Tiencia sexuada, barriendo al serhabla. es de veras algo sumamente curioso. Este ataque de responsabilidad es de una gran comicidad: la vida toda por fin reducida a la infeecion que realmente es, con toda probabilidad. jes el colmo del ser pensantel Lo malo es que ni asi se dan cuenta de que Ja muerte se localiza por ello en lo que en lalengua, como la escribo, le hace signo. En cualquier caso, los eu que subray€ de paso hace unt 86 Jacques Lacan rate hes sumirian por fin en la apatia del bien untversal y suplirian la ausencia de la relacion que dije imposible para siempre con la conjuncién de Kant con Sade, cuyo porvenir que ya pende sobre nuestras cabezas crei me- cesario subrayar en un eserito —o Sea, ¢l mismo porvenir en el cual el andlisis tiene de algun modo su futuro asegurado. “Franceses, un esfuerza mas para ser repu- blicanos", A ustedes les toca responder a esta objur- gacién — aunque sigo sin saber si el escrito ese los deja frios 0 no. Tan sélo un tipejo se afané con él. No dio gran cosa. Por mas que mastique mi Dasein, como eseribi al final de uno de mis seminarios, no logro enterarme del t1- po de efecto que tiene en ustedes. Esta tercera, la leo, y tal vez recuerden que la primera que vuelve en ella, crei menester ponerle mi parlerio, ya que salié impresa desde aquél entonces, so pretexto de que disponian todos del texto distribuide. Si hoy sélo hago urdromo, espero que ello ne se convieria en un obs- taculo demasiado grande para escuchar lo que leo. Si es- ta de mas, lo stento. La primera, pues, la que vuelve para que no cese de escribirse, necesaria, la primera. “Funcién y campo...”, en ella dije lo que habia que decir. La interpretacién, dij no es interpretacién de sentido, sino juego con el equi- voco, Por eso puse el acento sobre el significante en la lengua. Lo designé con la instancia dela letra, y esto para darme a entender a vuestro poco de estoicismo. Resulta dello, afiadi desde aquel entonces sin mayor efecto, que la interpretacion obra con lalengua. to cual no impide que el inconsciente esté estructurado como un lenguaje, uno de esos lenguajes que los lingiiistas, justamente, como les corresponde, se empefian en hacernos creer que animan lalengua. Suelen lamarlo gramalica o forma cuando es Hjelmslev. No es cosa facil, aunque alguien La tercera 89 que me debe la holladura del camino haya hecho: hin- capié en la gramatologia. En franeés, lalengua es la que permite considerar que no es mera easualidad que voeu, anhelo; suene como veut, quicre, de vouloir querer, tereera person’ del pre- sente del indicative; que non, el no que niega, y nom, el nombre que nombra, tampoco suenan igual por casuali- dad; que d’eux, “de ellos”, esté hecho dela misma manera que deux, dos, no es pura casualidad nt tampoco arbitra~ tio como dice Saussure. Lo que se ha de concebir en ello es el depésito, el alavién, la petrificacién que deja marca- do en ella el manejo por parte de un grupo de su experien- cia inconsciente. Delalengua no se debe decir que es lengua viva porque esté en uso. Es mas bien la muerte del signo lo que aca: rrea, No porque el inconsciente esté estructurado como, ‘un lenguaje, deja lalengua de tener que jugar contra su goz0, puesto que esta hecha de ese tismoe gozo. En la transferencia, el analista es el sujeto supuesto al saber, yno es errado suponerlo st él sabe en qué consiste el in: consciente por ser un saber que se articula con lalengua, no anudandose a él el cuerpo que alli habla sino por lo real con que se goza. Pero cl cuerpo ha de comprenderse alnatural como desanudado de ese real que, pormas que exista en él en virtud de que hace su goce, le sigue siendo opaco. Es el abismo en el que se repara menos por ser Jalengua la que civiliza este goce, si me permiten la ex- presién, con la cual quiero dar a entender que lo eleva a ‘su efecto desarrollado, aquél por el cual el cuerpo goza de objetos, siendo el primero de ellos, el que escribo como a, clobjeto mismo, como decia, del que no hay idea. esto €s, idea en tanto tal, quiero decir salvo al romper ese obje- to, en cuyo caso sus fragmentos son identificables corpa- ralmente y, en tanto aficos del cuerpo, identificados. 20 Jacques Lacan Unicamente por el psicoanalisis y por ello constituye este objeto el nitcleo elaborable del goce, pero sdle depende de la existencia del nudo, delas tres consistencias de los to- ros, de los redondeles de cuerda que lo constituyen (Fi- gura 1). Lo extranio es ese vinculo que hace que un goce, sea cual fuere, suponga ese objeto y que entonces el plus-de- gozar, ya que asi he creido poder designar su lugar, sea respecto de cualquier goce, su condicion. Figura 1 Figura 2 Cuerpo 1 Real Hice un esquemita. Si este es el caso en Lo tocante al goce del cuerpo en tanto es goce de la vida, lo mas asom- ‘roso €s que ese objeto, el a, separa este gace del cuerpo del gore falico. Para eso tienen que ver cémo esta hecho el nudo borromeo (Figura 2) Que el goce filico se vuelva anémala al goce del cuerpo ¢s algo que se ha percibido sopotocientas veces. No sé cuantos de los aqui presentes estaran al dia en esas his- torias que nos hacen roer los pufios y que llegan de la In- dia, kundalini las aman, Algunos aman asi esa cosa La tercera ot que trepa por toda la médula: como dicen ellos, porque desde entonces se han hecho algunos progresos en ana- tomia: lo que los demas explican por referencia a la es- pina dorsal, ellos imaginan que es la médula que sube hasta los sesos. El fuera-de-cuerpo del goce fllico, lo entendimos esta mafiana gracias a mi apreciado Paul Mathis, elmismo a quien congratulé mucho por lo que lei de él sobre la es- eritura y el psicoandlisis. Esta mafana nos dié un mag- nifico ejemplo, El tal Mishima no es ninguna lumbrera. Y para que venga a decirnes que fuc un San Sebastian el motivo de su primera eyaculacién, tiene que haberlo de- Jado bien pasmada esa eyaculacién. Es cosa que vemos todos los dias, gente que nos cuenta que recordara siem- pre su primera masturbacién, que eso revienta la pan- talla. Es fiteil entender por qué revienta la pantalla, es porque, en efecto, no viene del interior de la pantalla. El cuerpo se introduce.cn la economia del goce — dealli par- tiyo— por la imagen del cuerpo. La relacién del hombre, de lo que lamamos asi, con su cuerpo, st algo subraya muy bien que esimaginaria es elaleance quetiene enella la imagen. Desde el principio subrayé muy bien que afin de cuentas esto debia tener una razin en loreal. y quela prematuraciér de Bolk — esto no és mio, es de Boll, yo nunca busqué ser original, busqué ser légico— es lo tni- co que explica la preferencta esa por laimagen, quesurge de que él anticipa su tmaduracién corporal, con teda lo que esto entrafia, por supuesto, a saber, que no puede ver a uno de sus semejantes sin pensar que el tal seme- jante le quita su lugar y, naturalmente, lo execra 2Por quées tan feudatario de su imagen? Deben saber cémo me esforeé en una época — porque naturalmente, no se dieron cuenta— como me esforcé para explicarlo, Quise hallarle a toda costa a esa imagen algun prototipo 92 Jacques Lacan en cierto numero de animales, a saber, el momento en que la imagen desempeiia un papel en el proceso germi- nal. Entonces eché mano del grillo peregrino, del picén, de la paloma... En realidad, esto no era para nada algtin preludio o ejercicie. 4O acaso diremos: todo eso son en- tremeses? Que alhombrele guste tanto mirar suimagen, pues, esta bien, sélo queda decir: asi es. Pero lo mas impresionante es que esto permiti6 que se entrometiera el mandamiento de Dios, Al fin y al cabo, el hombre es mas préjimo de si mismo en su ser que en su imagen en el espejo. Qué es entonces ese cuento del mandamiento "Amards a tu préjirno come a ti mismo”, si no se basa en ese espejisto, que no deja de ser una cosa bastante extrafia? Pero como ese espejismo, precisa- mente, lo lleva a odiar no a su prdjimo sino a su seme- jamte, es un engendra que se quedaria un poco corto si no se pensara que, al fin y al cabo, Dios debe saber lo que dice y que hay algo para cada quien que seama aun mas que a su imagen. Es llamativo lo siguiente: si algo nos da la idea del “go- zarse” es el animal, No se puede adueir ninguna prueba, pero parece estar implicite en lo que lamamos el euerpo animal. La pregunta se vuelve interesante a partir del momen- toen que sc la generaliza ynos preguntamos, en nombre de la vida, si la planta goza. Al fin y al cabo, es algo que tiene sentido porque justamente con ese nos embau- caron. Nos embaucaron con.1o del lirio del campo. Ni hl- lan ni tejen, afiadieron, Pere ahora es seguro que no po- demos conientarnos coneso, por la sencilla razén de que precisamente estan en el caso de hilar y tejer. Para nosotros que lo vernos con microscopio, no hay ejemplo mas patente de que se trata de un hilado. Entonces, qui- za de eso gozan, de hilar y tejer. Pero de todos modos, el La tercera 93 asunto todo queda en veremos. Queda enpie la pregunta de si vida entrafa goce. ¥ si el asunto es dudosoen Io to- cante al vegetal, ello destaca aun mas el hecho de queen lo tocante a la palabra no cabe la menor duda, de que lalengua en la que el goce se deposita, como dije, no sin mortificarla, no sin que se presente como lefa seca, da fé sin embargo de que la vida con que un lenguaje hace retofhio se nos presenta en ella como algo del orden del vegetal. Esto hay que mirarlo mas en detalle. Un lingiiista in- sistié mucho en el hecho de que el fonema nunca tiene sentido. El problema esta en que la palabra tampoco tle- ne sentido, a pesar del diccionario, Yo me precio de ha- cerle decir en una frase a cualquier palabra cualquier sentido. Entonces, si se le hace decir a cualquier palabra cualquier sentido: gdénde detenerse en la frase?, gdénde encontrar la unidad elemento? Ya que estamos en Roma, voy a intentar darles una idea de lo que quisiera decir en lo tocante a esa unidad que hay que buscar del significante. Como saben. hay tres famosas virtudes lamadas, co- mo debe ser, teologales. Aqui se nos presentan ni mas ni menos por todas partes en las paredes en forma de mu- jeres blen entradas en carnes. Lo menos que se puede de- cir es que, después de eso, tratarlas de sintomas no es forzar la nota, porque definir el sintoma como lo hice, a partir de lo real, es decir que las mujeres expresan tam- bién sumamente bien a lo real, puesto que, precisamen- te, insisto en que las mujeres son no-todas. Entonces, la fe, la esperanza y Ja caridad, si las sig- nifico con la “feria” Iaisse-spere-ogne * (lasciate ogni spe- i, Lacan hace una transcripei6n sul generis del Itallano al fran- cés que Iiteralmente puede entenderse como deja-espadre-espera- toda. IN. T:) 4 Jacques Lacan ranga — es un metamorfema come cualquier otro puesto que hace rato me permitieron “urdromo) y termina denominando a la tiltima como el malogro. ¥ el malogro tipo, el “archimalogro”, me parece que ésta es una in- cidencia mas efeetiva para el sintoma de estas tres mu- jeres, que es algo mas pertinente que cuanto se formula, por ejemplo, en el momento en que emplezan a raeiona- lizarlo todo, con las tres preguntas de Kant con las que tuve que vérmelas en television, a saber: ¢.qué puedo sa- ber?, gqué me esta permitido esperar? {jes el colmo, verdaderamentel), y gqué debo hacer? Es de veras curlo- so que hayamos llegado a esto. No porque yo considere, desde luego, que la fe, la esperanza y la caridad sean los primeros sintomas que haya que sentar en el banquillo. No son malos sintomas pero, en fin, promueven de lo mejor la neurosis universal o sea el que. a fin de cuentas, las cosas ne anden tan mal y que estemos todos someti- dos al principio de realidad, esto es, al fantasma, Pero bueno, de todos modes alli esta la iglesia vigilante y una racionalizacion delirante como la de Kant es precisa- mente lo que ella tapona. ‘Tomé ese ejemplo para no enredarme en lo que em- pecé primero a darles como juego, como ejemplo, de lo ‘que es menester para tratar un sintoma, cuando dije que la interpretacién siempre debe ser, como dijo, a Dios gra- clas, aqui mismo y ayer. Tostain, el ready-made, Marcel ‘Duchamp ~a ver si con eso pescan algo. Nuestra inter- pretacion debe apuntar a lo esencial que hay en el juego de palabras para no ser la que nutre al sintoma de sentido. Yaderas voy a confesarles todo gpor qué no? El asun- to ese dela fe, la esperanzay la caridad que se corren ha- cia la feria — digo esto porque en la conferencia de prensa hubo alguien a quien le parecié que me habia pasado de La tercera 95 la raya con el cuento dela fe y la feria— ese es uno de mis Suefios: tengo derecho, igual que Freud, a comunicarles ‘mis suefos. Al contrario de los de Freud, no estan ins- pirados por el deseo de dormir; a mi me mueve mas bien el deseo de despertar, Pero. en fin, es particular, En fin, ese significante-unidad es capital. Es capital, pero es palpable, es obvio, que el propio materialisma moderno, con toda seguridad, no hubiera naeido si no fuera porque esta unidad es algo que preocupa a los hombres desde hace mucho tiempo y que, para esa preo- cupacton, lo tniéa que esta al aleance de la mano es slemprela letra, Cuando Aristételes, como cualquiera, se propone dar una idea del elemento, tiene que valerse de una serle de letras, ro, sigma, tau, exactamente igual que nosotros. Nada por cierto nos da de entrada la idea del elemento, en el sentido que creo haber mencionado hace un rato, el del grano de arena — quizas estaba en una de esas cosas que habia salteado, no importa—., la idea del elemento, la idea agerea de que eso sélo podia contarse, y en este orden nada nos detiene: por mumerosos que sean los granos de arena, ya lo dijo Arquimedes, por nu- merosos que sean, siempre los podremos ealibrar — pues bien, todo esto nes viene tan s6lo a partir de algo que no tiene mejor soporte que la letra, Pero también signilica.. ya que no hay letra sin lalengua, y ése incluso es el pro- blema, gcémo puede lalengua precipitarse en la letra? ‘Nunca se ha hecho nada muy serio sobre la escritura, y valdria la pena porque es verdaderamente una juntura. Luego, que el significante, sea postulade por mi como representando a un sujelo ante olre significante es la function que se verifica por lo siguiente —como alguien lo sefalé también hace un rato, hollando asi en cierto modo el camino para Io que les puedo decir—, la funcién que sélo se verilica en un desciframiento Lal que necesaria- 96 Jacques Lacan mente se vuelvea la cifra, Unico exorcismo de quesea ca- paz el psicaanalisis; que el desciframiento se resuma a lo que constituye la elfra, a lo que hace que el sintoma sea ante todo algo que no cesa de eseribirse de lo real, ylograr amansarlo hasta el punto en que el lenguaje pueda hacer ‘con él equivoco, permite ganar el terreno que separa al sintoma de lo que les voy a ensefiar en mis dibujitos, sin que el sintoma se reduzca al goce falico. Mi “gézase" introductorio, se los testimonia el que -vuestro presunto analizante se confirme como tal regre- sando. Y es que, s¢ los pregunto, zpor qué habria de regresar, dada la tarea a que lo someten, si eso no le cau- sara un inmenso placer? Sobre todo que, ademas, es fre~ cuente que no se quede con eso, 0 sea, tiene que dedi- carse a otras tareas para satisfacer vuestro andlisis. Se goza con algo, y de ninguna manera se “yogo(s)es”. por- que todo indica, todo incluso debe indicarles, que no le en simplemente daseinar, ser,ahi, como yo lo soy ahora, sino antes bien lo opuesto: poner a prueba esa libertad de la ficctén de decir cualquier cosa, la cual, de resultas, se verilicard como imposible. Es decir que le piden ni mas ni menos dejar esa posicién que acabo de calificar de Dasein y que es, dicho mas sencillamente, aquella con que se satisface. Se satisface precisamente al quejarse de ella, a saber, al quejarse de no ser con- forme al ser social, de que algo se atraviesa en el medio. ¥ precisamente, lo que percibe come sintoma, como tal sintomalico de lo real, es porque algo se atraviesa en el medio. Luego, esta ademas la aproximacién que Ueneal pen- sarlo, pero eso es lo que se Hama el benelicio secundario. en toda neurosis. Todo esto que estoy diciendo no tiene forzosamente que ser verdad en lo eterno —1o cual por cierto me tlene La tercera 7 absolutamente sin cuidado. Es la estructura misma del discurso la que sdlo fundan al reformar, incluso al refor= mar a los demas discursos, en tanto que ellés éx-sistent al vuestro. Y en el vuestro, en vuestro discurso,agotara el serhabla esa insistencia suya que en los otrds discur= Sos 5¢ queda corta. eDénde se aloja entonees ese “eso se goza” en mis re gisttos categoricos de lo imaginario, Io’ simbélico y Io real? Para que haya nudo borromco no es necesario que mis tres consistencias fundamentales sean todas’ téricas, Saben. pues tal vez lo hayan oido, que puede suponerse que una recta se muerde la cola en el infinite. Entonces, de lo imaginario, lo simbélico y lo real, uno de los tres, lo real ciertamente, puede caracterizarse precisamente por lo que dije: por no conformar un todo, es decir, por nd cerrarse (Figura 3). Figura 3 Rg Supongan incluso que lo simbélico esté en el mismo caso. Basta que lo imaginario, a saber, uno de mis tres toros, se manifieste efectivamente como el lugar en el ww Jaeques Lacan cual se gira en redando, para hacer con dos rectas nudo borromeo. Quizé nosea un azar que esto que estdn vien- dose presente comoel entrelazamiento-de dos caracteres de la escrilura griega. Quizds también sea algo perfec- tamente digno de entrar en el caso del nudo borremea. Eliminen tanto la continuldad de la recta como la con- tinuidad del redondel. Lo que queda, ya sea una recta y un redondel o dos rectas, esta completamente Libre, lo cual es efeclivamente la definicin del nudo borromeo. ‘Al decirles todo esto, tengo ¢l sentimiento —1o anoté incluso en mi texto— de que el lenguaje es verdadera- mente aquello que s6lo puede avanzar torcléndase y en- rollandose, contorsionandose de una manera de la que, despues de todo, no puedo negar quedoy aqui el ejemplo. No vayan a creer que al recoger él guante por él, al re- calear en todo cuanto nos atafie hasta que punto depen- demos de él, no vayan a creer que lo hago por puro gusto. Preferiria que fuera menos torluoso. Ami me parece comico simplemente que la gente no s¢ percate de que no hay manera de pensar de olra forma y que los psicélogos en busca del presunto pensamiento que fuese no hablado den de algin modo por sentado que el pensamiento puro, si me atrevo a decislo, seria mejor. En lo que hace rato propuse de cartesiano, en ¢l yo tial pienso luego yo [jel soy. mas precisamente, hay un error profunde, que lo alarma imaginar que el pensamiento hace extension, valga la expresién. Pero esto mismo de- nuestra qué el Unico pensamiento, digamos puro. 110 50- metida a las contorsiones del lenguaje, es justamente el pensamiento dela extension. ¥ entonces, yo queria con- ducirlos hoy a lo siguiente — y a fin de cuentas, después de dos horas, tan sélo he venidea encallar ahi. y ahi ando arastras~: la extensién que suponemos és el espacio. el espacio que nos es comin, a saber, las res dimensiones, La tercera 99 épor qué diablos nunea fue abordado por la via del nudo? Hago una digresién con una evocacion citatoria del viejo Rimbaud y de su efecto de barco ebrio, si me permiten la expresion: “Je ne me sents plus tiré par les haleurs” # Nose necesita rimbareo alguno, ni poaia, ni eliopoata, Para preguntarse por qué una gente que indiscutible- mente tallaba piedras —y eso es gcometria, la geometria deEuelides—, por qué esa gente que al fin y al cabo tenia después que subir esas pledras hasta lo alto de las pi- ramides ~y no lo hacian con caballos: cualquiera sabe que los caballos no halaban gran cosa mientras no se in- vent6 el cabestro— como entonces a esa gente que ha- laban ellos mismos todas esas pledras, gpor qué no ocu- po el primer plano de su geometria, en primer término la cuerda y al mismo tiempo el nudo? Cémo pudieron no ver el uso del nudo’y de la cuerda. cosa con Ia cual las matematicas mas modernas, viene al caso decirlo, suel- tan la cuerda, pues no saben cémo formalizar en qué consiste un nudo; hay un monton de casos en que no dan pie con bola? Noasi con el nudo borromeo: el matematico se dié cuenta de que el nuda borromeo era sencillamente una trenza y el tipo mas sencillo de trenza. Es evidente, en cambio, que ese nudo que esta abi, el que puse arriba (Figura 3), esié hecho de una manera que sorprende de inmediato por ser, precisamente, la que nos permite no hacer depender todas las cosas de la consistencia térica de lo que fuere sino sélo de la de al menos una. Y ésta al menos una es la que. sila achiean indefinidamente, les puede dar la Idea sensible del pun- 12, "Ya no me senti halado por lo singadores*. [N. 7] 100 Jacques Lacan to, sensible en el sentido en que si no suponemos que el nudose mantfiesta por el hecho de que el toro imaginario que postulé en este caso se achicara, se recompusiera al {nfinito, no tenemos la menor idea del punto, porque las. dos rectas tal como acabo de inseribirlas, las rectas alas cuales les asigno los términos de lo simbélico y lo real, se deslizan una sobre otra, digamoslo asi, hasta perderse de vista. gPor qué habrian de cruzarse, de interceplarse, dos rectas en una superficie, en un plano? Es una buena pregunta. gDénde se ha visto nada que se le parezca? A menos que uno esté serruchando, desde luego, imagine que aquello que forma arista en un volumen basta para trazar una linea, Aparte de este fendmeno del serruchar zcémo imaginar que el encuentro de dos rectas hace un punto? Me parece que s¢ necesitan al menos tres. Esto nos lleva, por supuesto, un poco mas alla. Leeran este texto, que les doy por lo que vale, pero que al menos es divertido. Figura 4 @ Pero hay algo que les tengo que mostrar. Esto que ven aca (Figura 4) indica la manera en la que, a fin de cuen- La .tercera 101 tas, ¢l nudo borromeo viene a dar con esas famosas tres dimensiones que imputamos al espacio, sin privarnos por ello de imaginar tantas como. querramos, ni de ver como se producen, Un nudo borromes se produce; jus- tamente, cuando lo ponemos‘en este espacio, A la-iz- quierda ven otra figura (Figura 5): corriendo de clertd ma* nera estos tres rectangulos, que por eierto forman muy bien mudo por si solos, obtienen Ja figura dédonde parte todo cuanto les mostré hace rato de lo‘que constituyé un nudo borromeo, tal como nos creemos obligados-a di: bujarlo. AT Le Moy Pero intentemos aunque sea ver de qué se trata, a sa- ber, que en ese real se produzean cuerpos organizados y que estas mantengan sus formas: asi se explica que unos cuerpos imaginen el universo. Sin embargo. no es sorprendente que, fuera del serhabla, no tengames nin- guna prueba de que los animales plensen mas alld de unas cuantas formas a las cuales suponemos que son senstbles porque responden a ellas de mode privilegiado. Ahora bien, hay algo que no vemosyy que lo etélogos dejan 102 Jacques Lacan entre paréntesis —saben qué son los etélogos, la gente que estudia los usos y costumbres de los animales— yes Jo siguiente: ello no es una razéri para que nos imagine; mos nosotros que el mundo es el mismo mundo para to- dos los animales, digamos, cuando tenemos tantas prue- bas de queaunquela unidad denuestro cuerpo nos fuer~ ce a pensarlo como untverso, es obvio que no cs mundo sino inmundo. ‘Alin de cuentas, toda nuestra experiencia procede del malestar que Freud observa en alguna parte. del males- tar en la cultura, Es llamativo que él cuerpo contribuya aesemalestar de una manera con quesabemos muy bien animar — digo animar por decirlo asi— animar a los ani- males con nuestro miedo. ¢De qué tenemos miedo? Ello no quiere decir simplemente: ga partir de qué tenemos miedo? gDe qué tenemos miedo? De nuestro cuerpo. Es To que manifiesta ese fendmena curioso sobre el cual hice un seminario durante un afo entero.y que llamé la an- gustia. La angustia es, precisamente, algo que sesitia en nuestro cuerpo en otra parte, es el sentimiento que surge de esa sospecha que nos embarga de que nos reducimos anuestro cuerpo. Come a pesar de todo es muy eurioso- que la debilidad mental del serhabla haya logrado legat hasta alli, nos pereatamos de que la angustia no es el miedo de cosa alguna con que el cuerpo pueda molivarse. Es un miedo al miedo, y que se situa tan bien con respecto a lo que quisiera lograr al menos decirles hoy — porque tuve la imbecilidad de parir 66 paginas para ustedes y, naturalmente, no voy a seguir hablando asi indefinidamente— que me gustaria mucho mostrarles por lo menos lo siguiente: en lo que imagine para ustedes al identificar cada una de esas consistencias como siendo las de Io imaginario, lo simbélico y lo real, lo que da lugar y sitio al goce falico es este campo que. en el La tercera: 103 achatamiento del nudo borremeo, se especifica por la interseccién que ven aca (Figura 6). Figura 6 1 's Esta interseccion, a su vez, tal como las cosas ad- quieren figura con-€l dibujo, comprende dos partes, ya que hay una intervencién del tercer campo que da.ese punto cuya delimitacién central define al objeto. a. Como lo dije antes, todo goce esta conectado con este lugar del plus de gozar y, por ende, lo externo en cada una de las intersecciones, lo que en uno de estos campos es externo, en otras palabras él goce falico aqui, escrito JD, define lo que antes designé como su eardcter fuera-de- cuerpo. La relacién es la misma en lo que respecta al-circulo de la izquierda donde, en relacion al sentido, se guarece lo real. Por eso insisto, Insisti por ejemplo en la conferen- cia de prensa. en que nutrir al sintoma, a lo real, desen- tido, es tan sélo darle continuidad de subsistencia, En cambio, en la medida en que algo en lo simbélico se es- trecha con lo que Iamé el juego de palabras, el equivoco 104. Jacques Lacan. — que entrafia la abolici6n del sentido—, todo lo concer- niente al goce, y en especial el goce failico, puede también estrecharse, pnes.con esto no pueden dejar depercatarse del sitio del sintoma en estos distintos campos. Figura 7 Aqui lo ven tal como se presenta en el achatamiento del nudo borromeo (Figura 7). El sintoma es irrrupeién de esa anomalia en que consisteel goce falico. en la medida en que en él se explaya, se despliega a sus anchas. aquella falta fundamental que califico de no relacton sexual. En la medida en que, én la interpretacion, la intervencion analitica recae tinicamente sobre el significante, algo del campo del sintoma puede retroceder. Aqui en lo simbolico, Io simbélico en tanto lo sostiene lalengua, se elabora el saber inscrito de lalengua que constituye proplamente el inconsciente, ganandole terreno al sintoma, lo cual no impide que el circule marcado aqui con la S corresponda a algo que nunca sera reducido de este saber, lo Urverdrdingt de Freud, aqueilo del inconsciente que nunca sera interpretado, La tercera 108 En qué me baso para eseribir en el circulo de lo real ja palabra “vida"? En que indiscutiblemente de la vida, salvo esa vaga expresién que consiste en enunciar el £0- zar de la vida, dela vida no sabemos nada mas, sino tnl- camente lo que la ciencia nos induce, o sea que nada hay mas real, lo cual quiere decir mas imposible, que imagi- nar cémo pudo iniclarse esta construccién quimica que: con elementos distributdos en cualquier cosa y de la ma- nera que querramos clasifiearla segtin las leyes de la ciencia, presuntamente empezo de repente a construir una molécula de ADN, esto es. algo en lo cual, per- mitanme decirseles, vemos ya formarse, muy curiosa- mente, la primera imagen de un nudo. Stalgo deberia lla marnos la atencién es que hayamos fardado tanto en. percatarnos de que algo en lo real —y no cualquier cosa: la vida misma~ se estructura con un mudo. Tras de lo cual ze6mo no extrafarnos de que no encontremos en ninguna parte, precisamente, ni en la anatomia ni en las enredaderas, que parecieran expresamente hechas para eso, imagen alguna de nude natural? Les voy a sugerir algo: gno sera éste elerto tipo de represién, de’ Ur- verdréngt? Pero en fin, no nos pongamos a sofiar dema- siado, ya hay mucho que hacer con nuestras huellas. La representacién, hasta ¢ inclusive el preconsciente de Freud, se separa pues completamente del Goce del Otro, JA, Goce del Otro en tanta goce parasexuado, goce para el hombre de la mujer supuesta, ya la inversa, para la mujer, que no tenemos que suponer puesto que la mujer no existe, pero para una mujer, en cambio, goce del hombre quien, él, es todo, desgraciadamente, incluso es todo goce filico, Este goce del Otro, parasexuado, no edste, mas aun, no podria, le seria imposible existir sino mediara la palabra, la palabra de amor en particular, que es de veras la cosa, debo decirlo, mas paraddjica y mas 106 Jacques Lacan asombrosa, y a propésito de la cual es, desde luego, sensato y comprensible que Dios nos aconseje amar tan sélo a nuestro projimo y ni por asomo limitarnos a nues- tra préjima, pues si acudiéramos a nuestra préjima iria- mos simple y llanamente al fracaso — es el principio mis- mo de lo que hace rato llamé el archimalogro cristiano— : en ese goce del Otro se produce lo que muestra que asi como el goce falico esta fuera-de-cuerpo, en esa misma medida el goce del Otro esti fuera- de-lenguaje, fuera-de- simbélico, pues a partir de esto, a saber, a partir del mo- mento en que s¢ pesca aquello que en el lenguaje hay gcémo decirlo? de mas vivo o de mas muerto, a saber, la letra, amicamente a partir de alli tenemos acceso a loreal. Este goce del Otro, cada uno sabe hasta qué punto ¢s imposible, ¢ incluso contrariamente al mito que evoca Freud, a saber, que el Eros scria hacerse uno, jus- tamente por eso uno se revienta, porque en ningun caso dos cuerpos pueden hacerse uno., por més que se lo abrace. No lo pusé en mi texto, pero en esos famosas abrazos a lo mas que puede llegarse es a decir "jabrazame fuerte!" pero no se abraza tan fuerte como para que el otro termine reventado, De modo que no hay el menor asomo de réduccién al uno. Es una soberana broma. Si algo constituye el uno es, a decir verdad, el sentido del elemento, el sentido de lo que depende de la muerte. Digo todo esto porque se crea mucha confusion, debido a cierta aura que tiene lo que digo, se crea mucha confusion respecto al tema del lenguaje. De ninguna manera pienso yo que el lenguaje sca la panacea umiver- sal: que el inconseiente esté estructurado como un len- guaje, y que eso sca lo mejor que tiene, no significa sin embargo que el inconsciente no dependa estrechamente delalengua, esto es, de aqueilo par lo cual toda lalengua es una lengua muerta, aunque siga estando en uso. Sélo La tercera 107 en la medida en que va dejando capas, puede hallarse un principio de identidad de si a si, y esto se produce, noa nivel del Otro, sino a nivel de la logica. En Ia medida en quese logra reducir toda indole de sentido, se logra llegar ala sublime formula matematica dela identidal de sia si que se escribe x = x. Enlo tocante al goce del Otro, hay una sola manera de colmarloy es el campo propiamente dicho en que nace la clencia, y nace, par supuesto. como todo el mundo Io sabe, s6lo cuando Galileo establece pequeftas relaciones entre letras con una barra en el medio, cuando define la velocidad como relacion entre espacio y tiempo, Sélo a partir de ese momento, tal como lo muestra muy bien un librito que se permitié mi hija, se pudo salir de esa nocién. un tanto intuitiva y embrollada con el esfuerzo, lo- grandose asi ese primer resultado que fue la gravitacién. Desde entonces hemos hecho algunos leves pro- gresos, pero gqué nos procura la eiencia, a fin de cuen- tas? Algo para disirder el hambre en lugar de lo que nos falta en la relacion, la relacién de conacimiento, como decia antes. Nos procura en su lugar algo que para la mayoria de la gente. en particular todos los aqui presen- tes, se reduce a gadgets : la televisidn, el viaje a la luna —y en cuanto a éste no vamos todos, sélo unos pocos elegidos; pero lo vernos por television, Asi es, la clencia parle de eso. Por eso pongo mis esperanzas en ¢l hecho de que, pasando por debajo de toda representaci6n, tal vex logremos obtener acerca dela vida algunos datos mas satisfactorios. Entonces, la vuelta se cierra sobre lo que acabo de decir hace un rato: el porvenir del psicoanalisis es algo que depende de lo que advendra de ese real, a saber, depende por ejemplo, de que los gadgets verdaderamen- te se nos impongan. de que verdaderamente lleguemos 108 Jacques Lacan nosotras mismos a estar animados por los gadgets. De- ‘bo decir que esto me parece poce probable, No logra- remos hacer que el gadget nosea unsintoma, porque por ahora lo es de la manera mas obvia. Es evidente que sé tiene un automévil como se tiene una falsa mujer: uno sé empefia en que sea um falo, pero su unica relacién con el falo consiste en que ¢l falo es lo que nos impide tener una relacién con algo que sea nuestra contrapartida sexual. Es nuestra contrapartida parasexuada y todos sabemos que el para consiste en que cada quien se quede por sti lado, que cada uno se permanezca al lado del otro. Les resumo lo que habia aqui, en mis 66 paginas, con mi buena resolucién inicial que era leer. La tomé con cierta intencién porque, después de todo, acaparar la lectura era descargarlos al menos de eso y quizas hacer que pudieran, cs lo que les deseo, leer algo. Si lograran de veras leer lo que hay en este achatamfento del nudo borromeo, pienso que seria ponerles en la mano algo que les puede ser tan titil como la simple distincién entre lo real, lo simbdlico y lo imaginario, Perd6n por haber ha- blado tanto tiempo. EL DESPERTAR DE LA PRIMAVERA, Circunstancias; Brigitte Jacques, -cuyo Elvire/Jouet 40 triunfa en estoa dias en laescena. montaba en esa ¢poca Ellesper- tar de la primavera de Wedekind: ‘Traduje'para-ell un pasoje e las Minutas” de lx Sociedad Psieoanalitica del miércoles, la Sesi6m del 13 de: febrero de 1907, consagrada a la pieza'y le pedi adac- ques Lacan un texto, Eseriblo éste, que fue publicada encabezands el programa, y lue- go retomado en la edicién de la pleza (Ga: Mimard, 1974. JAM. De este modo aborda'un dramaturgo, en 1891, el asunto de qué es para los muchachos hacer el amor con las muchachas, marcando que no pensarian en ello sin al despertar de sus suefics. Remarcable por ser puesto en escena como tal: 0 sea para demostrarse ahi como no stendo satisfactorio para todos, basta confesar que si eso se malogra, es para cada uno. Esto equivale a decir que es de lo nunca visto. Pero ortodaxo-en lo tocante a Freud ~ entiendo: le que Freud dijo. Esto prueba al mismo tiempo que incluso un hano- veriano (pues debo confesarlo, inferi primero que Wede- kind era judio), queincluso un hanaveriano, digo. zy aca- so no es mucho decir?, es capaz de descubrir esto, De descubrir que hay una relacion del sentido con el goce, 110 Jacques Lacan Es la experiencia la que responde de que ese goce sea falico. Pero Wedekind es una dramaturgia, Qué lugar otor- garle? El hecho-es que nuestros judios ({reudianos) se in- teresan en ella, en este programa encontraran su ates- tacién, Hay que decir que la familia Wedekind mas bien habia vagabundeado bastante a través del mundo, participan- do de una diaspora, idealista ella; haber tenido queaban- donar la madre tierra debido al fracaso de una actividad “revolucionaria”, gEs esto lo que hizo tmaginar a Wede- kind, hablo de nuestra dramaturgo. ser de sangre judia? Su mejor amigo, al menos, da fe de ello. 20 bien es asunto de época, pues el dramaturgo, en la fecha que senalé, anticipa a Freud y ampliamente? Pues puede decirse que Freud, en la susodicha fecha, atin cogita el inconsclente y que en lo que respecta a la experiencia que instaura su régimen, a su mucrte ni si- quiera la habia montado todavia. Esta tarea quedé a mi cargo, hasta que alguien me re- Jeve de ella (quizis tan poco Judio como yo). Que lo que Freud delimité de lo que él Hama sexuali- dad haga agujero en lo reall, es lo que se palpaen el hecho de que al nadie zafarse bien del asunto, nadie se preocu- pe mas por él. Sin embargo, es una experiencia al aleance de todos. El pudor la designa come lo privado.gPrivado de qué? Justamente de que el pubis no Ilegue sino al ptiblico, d6nde se exhibe por ser el objeto de un levantamiento del velo. Que el velo levantado no muestra nada, éste es el prin- cipio de la iniciacién (almenos, enlos buenos modales de la sociedad). Indiqué el vineulo de todo esto con el misterio del len- El despertar de la primavera ru guaje y con el hecho de que se encuenire el sentido-del sentido propontendo el enigma. El sentido del sentido es que se vincula con el goce del varén como interdicto. Ciertamente no para prohibir la relacién llamada sexual, sino para fijarla en Ia°no-rela- cion que vale en lo real. De este modo cumple funcién de real, lo que se pro- duce efectivamente, el fantasma dela realidad ordinaria, A través de lo cual se desliza en el lenguaje lo que éste transporta: la idea del todo a la cual empero hace ob- Jectén el mAs minimo encuentro con lo real. No hay lengua que no se esfuerce en ello, no sin dejar de-gemir por hacer lo que puede para decir “sin excep- clén” o bien envarandose con un numeral, Sélo en nues- iras lenguas, eso, el todo, se despliega francamente — el todo y a ti, osaria decir, Moritz, en nuestro drama, llega no obstante a excep- tuarse, y por ello Melchior Jo califica de muchacha. ¥ tie- ne mucha razén: larhuchacha no es mas que una y quie- re seguir siéndolo, lo cual queda escamoteado en el drama. Queda el hecho de que un hombre se hace El hombre al situarse a partir de el Uno-entre-otros, al incluirse entre sus semejantes. Moritz, al exceptuarse de ello, se excluye en el mas alla, Sdlo alli él se cuenta: no por azar entre los muertos, en la medida en que estan exchildos de lo real. Que el drama lo haga sobrevivir a ello, gpor qué no?, si el héroe en él esta muerto por adelantado. Es en el reino de los muertos dénde “los desenganados erran”, diré mediante un Litule que ilustré. Y por eso no erraré tampoco demasiado Llempo al se- guir en Viena, en el grupo de Freud, a la gente que des- cifra al reves los signos trazados por Wedekind en su dra- 112 Jacques Lacan matutgia. Salvo quizas, retomandolos a partir de que la reina podria muy bien no tener cabeza debido a queel rey Je haya escamoieado el par normal, de cabezas, que le corresponderia. ‘No sirve acaso aqui el Hombre llamado enmascarado para resituarselas, Este, que constituye el final del dra- ma, y no slo el papel que le reserva Wedekind de salvar Melchior de las garras de Moritz, sino del hecho de que Wedekind Io dedica a su ficeién, considerada como nom bre propio. Por mi parte leo alli lo que rehusé expresamente a aquellos que sélo se autorizan a hablar desde el entre los muertos: 0 sea decirles que entre los Nombres-del-Padre existe el del Hombre enmascarado. Pero el Padre tiene tantos queno hay Uno que le con- venga. si no el Nombre de Nombre de Nombre. No de Nombre que sea su Nombre-Propio, sino el Nombre como ex-sistencia, © sea el semblante por excelencia. Y “el Hombre en- mascarado” dice eso bastante bien. gPues como saber qué es si esté enmascaradoy acaso aqui el actor no lleva mascara de mujer? La mascara sola ex-sistiria en el lugar vacio donde pongo La mujer. Mediante lo cual no digo que no haya mujeres. La mujer como versién del Padre, sélo se ilustraria como Padre-versién, como Perversin.* Céme saber si, como Io formula Robert Graves, el Padre mismo, el padre eterno de todos nosotros, no es mas que el Nombre entre otros de la Diosa blanca, aque- lla que su decir se pierde en la noche de la tiempos. por * Lacan juega con ki homofoniay ln ortografla de las palabras Pore. version (Padre-version) y Perversion (perversion). [N. T.) El despertar de la primavera n3 ser la Diferente, Otra siempre en su goce —al igual que esas formas del infinito cuya enumeracién s6lo co- menzamos al saber que es ella la que nos suspendera a nosotros, 1 de Septiembre de ‘1974. CONFERENCIA EN GINEBRA SOBRE EL SINTOMA Una transcripeién de esta conjerencia de Jacques Lacan me fie enviada por el Sr Maro Cifalt, Tra haber establecido el texto . accedt a.sudemanda de autorizar la publicacidn det mismo en su revista, Le Bloc-Notes de la psychanalyse. Segin las tormactones que me proporeiona, ta conferencia, cnunctada bajo el tila de “Bl sintoma’, ue pronurciaca el 4 cle oo tubre de 1975 en el Ceritra Raymond de Saussure en el mareo de un Jn de semana de irabojo organizado por la Sociedad Suiza de Pst! coanilists, ante un audieneta compuesta por miembros le dicha So -ctedacl y de invitados; la tntrocucctén la realizb el St: Olivier Flournoy. Un pasale, tndicado en una nota, falta. Jacques- Alain Miller No cemenzaré sin agradecer a Olivier Flournoy el ha- berme inwitado aqui, lo cual me brinda el privilegio de ha- blarles. ‘Me parecié que, dado el tiempo que hace que practico, les debia al menos un palabra de explicacion —una pa- Jabra de explicacién acerca del hecho de que primero practiqué y luego, un dia, me puse a ensefar. No tenia verdaderamente necesidad alguna de en- seftar. Lo hice en el momento en que se fundé lo que des- de entanees se llama el Instituto psicoanalilico de Paris — fundad bajo el signo del acaparamiento por parte de alguien que, sabe Dios, no tenia demasiado derecho de- sempefiar ese papel. Lo hice tnicamente porque en ese momento, que era una crisis era, en suma, la ins- tauracién de una especie de dictadura=, una parte de esa gente, de esos psicoanalistas que salian de la guerra 116 Jacques Lacan —les habia tomado de todos modos ocho afios salir de ella, pues esa fundacién es de 1953— una parte me pidio que tome la palabra. Habia en ese entonces en Saint-Anne, un profesor de psiquiatria, luego académico, que me invitd alli, Habia sido, supuestamente, él mismo psicoanalizado, pero a decir verdad su Juventud de André Gide no da fe de ello y no estaba demasiado entusiasmado por desempenar un papel en el psiceanilisis, Asimismo, al cabo de diez afies, estuve por dems contento, no de despedirme, pues fui mas bien yo quien lo despidid. sino de verme partir. . En ese momento, una nueva crisis se declaraba, qué se debia, Dios mio, a una suerte de aspiracion, unida a una especie de Tuido de agujero, que se hacia a nivel de Ja Internacional. Esto es algo que Joyce, que esta por el ‘momento en el orden del dia de mis preocupaciones, simboliza con la palabra inglesa suefe —es el ruido que hace el tanque de agua en el momento en que es accio- nado y eso es englutido por el agujero. Esta es una metéfora bastante adecuada dela funcién deesa Internacional tal como la quiso Freud. Hay que re- cordar que al pensar que luego desu desaparicién. nada podia garantizar que su pensamiento fuese salvaguar- dado, sélo se la confi a su propia hija. No puede decirse, no es cierto, que la susodicha hija estuviese en la Iinea de Freud mismo. Los mecanismes lamados de defensa que ella produjo, me parece que en absoluto son el tes- timonio de que ella estaba en el hilo justo de las cosas, ejas de ello. Me encontré entonces comenzando en 1953 un sem- nario, al que algunos de ustedes, me dice Olivier Flour- noy, asistieron. Ese seminario no es sino Ja recopilacion que dejé en manos de alguien que se llama Jacques-Alain ‘Conferencta en Ginebra 7 Miller. y que me es bastante proximo. Lo dejé'en Sus manos, dado que ese seminario estaba ya algo alejado de miy dadoque, st yolo hubiesereleida, lo habria re-eserito 0, al menos, lo habria escrito a secas. Escribir para nada es la misma cosa, no se parece nada al decir, tal como se los ilustraré mas adelante. Su cede que, durante la época en que estaba en Saint-Anne, quise que quedase algo de lo que yo decia. En esa'época salia una revista en la que, hablando estrictamente, yo escribia. Recopilé cierto ntimere de articulos aparecidos en dicha revista. Como también habia escrito antes no pocas cosas, la mitad de esa recopilacién esta constitul- da por esos escritos previos — que son hablando estric- tamente escritos, a ello se debe mi titulo, Escritos, muy sencillamente. Este titulo escandalizé un poco a'una per- sona qué se cuenta entre mis relaciones, que era una en- cantadora mujer joven, japonesa. Es probable que la re: sonaneia dela palabra Escritos no sea la misma en japo- nés y en francés. Simplemente. mediante’ Escritos, qué= ria sefalar que-era de algin modo el residuo de: mi ensefianza, En esa revista, la Psychanalyse, yo hacia, aproxima- damente una vez por afio, un escrito destinado a conser- var algo del alboroto que habia engendrade mi palabra, conservandolo en una construccién a la cual se podria remitir. Lo hacia con la intencién de que eso, después de todo, hubiese podido servirme como referencia ante la Internacional. Obviamente, ésta se burla bastante ‘de todos los escritos —y, después de todo, tlene razén, Porque el psicoanalisis es algo muy diferente de los eseritos. Sin embargo, no estaria mal quizd que el analista dé cierto testimonto de que sabe qué es lo que hace. Si hace algo, decir, no seria quizd excesivo espero que, de lo que hace, de testimonio de elerta manera. 118 Jacques Lacan Tampoco seria por dems excesivo esperar que eri lo que hace, piense. Piense de tanto en tanto. Piense a ve- ces, Esto no es absolutamente obligatorio. No doy al tér- mino de pensar una connotacién de valor. Diré mas in- cluso — si hay algo que propuse, es algo cuya naturaleza realmente reasegura al psicoanalista en lo que podria denominarse su automatismo, Pienso que el pensamien- to es a fin de cuentas un enviscamiento. Y los psico- analistas lo saben mejor que nadie. Es un enviscamiento en algo que espeeillqué con lo que llamo lo tmaginarlo y toda una tradicin filoséfica se perealé de ello muy bien. Siel hombre — decirlo parece una banalidad— notuviese Jo que se llama un cuerpo, no voy a decir que ne pensaria, pues esto es obvio, sino que no estaria profundamente capturado por la imagen de ese cuerpo. Elhombre esta capturado por la imagen desu cuerpo. Este punto explica muchas cosas y, ¢n primer término, €l privilegio que Uene dicha imagen para él. Su mundo, si es que esta palabra tuviese algtin sentido, su Umuvelt, Io que lo rodea, él lo corpo-retfica., lo hace cosa a imagen de su cuerpo. No tiene la menor idea, ciertamente. de qué sucede en ese cuerpo, Como sobrevive un cuerpo? No sé si esto les llama la atencién aunque mas no sea un poco —si ustedes se hacen un rasguno, pues bien, eso se arregla. Es tan sorprendente, ni mas ni menos, que elhe- cho de que Ia lagartija que pierde su cola la reconstituya. Es exactamente del mismo orden. Ese cuerpo adquiere su peso por la via de la mirada, ala que hace un instante se refirié Olivier Flournoy, La mayoria — pero no todo— de lo que plensa el hombre se arraiga alli, Es verdaderamente muy dificil para un ana- lista, considerando aquello que tiene que enfrentar, no ser aspirado —en el mismo sentido al que me referi re- cién— por él glu-glu de ese escape, deesa cosa que lo cap- Conferencia en Ginebra 119 ta, a fin de cuentas, narcisisticamente en el discurso de aquél al que Olivier Flournoy denominé hace poco —lo lamento= cl analizado. Lo lamento porque hace ya tiempo que el término el analizante , que profesi un dia enmi seminario, ha adquirido derecho de cludadania, No solamente en mi Escuela —no le otorgaria a ello mas que una importancia relativa, relativa a mi—, sino que, ese analizante, pradujo una suerte de efecto relampaguean- te la semana misma en que lo articulé, El Instituto Psi- coanalitice de Paris, que esta muy al dia de todo lo que digo — diré mas incluso, lo que digo es lo mas importante de lo que ahi se ensenia— ese instituto se relame con ese analizante quele venia como anilloal dedo, aunque mas no fuese para descargar al analista de ser el responsable, dado el caso, del andlisis. Debo decir que, cuando propuse dicha eosa, no habia hecho mas que parodiar — si me permiten la expresi6n, dado que toda una tradicién es del orden de la parodia— el término analysafd, cortiente en lengua inglesa. Cier- tamente, no es estrictamente equivalente al francés. Analysand evoca més bien el debiendo-ser-analizado y esto no era para nada lo que yo queria decir. Lo que- queria decir era que en el anilists, la que trabaja es la persona que lega verdaderamente a dar forma a una demanda de analisis. A condicién de que ustedes no la hayan colocado de inmediato en el divan, caso en el cual la cosa esta ya arruinada. Es indispensable que esa demanda verdaderamente haya adquirido forma antes de que la acuesten, Cuando le dicen que comience —y esto no debe suceder ni la primera ni la segunda vez, al menos si quieren comportarse dignamente-, la persona que hizo esa demanda de andlisis, cuando comienza él trabajo, es ella quien trabaja. Para nada deben conside- rarla como alguien a quien ustedes deben moldear. Todo 120 Jacques Lacan lo contrario. gQué hacen ustedes alli? Esta pregunta es todo aquello por lo que me interroge desde que comence. Comencé, Dios mio, diré ~ muy tontamente. Quiero decir que no sabia lo que hacia, como me lo probé le que siguié —lo probé a mis ojos. gNo habria acaso mirada mas de una vez si hubiese sabido en qué me compro- metia? Esto me parece seguro. Precisamente por esta razon en tltimo término, es decir, en el punto dltime al que llegué en la reanudacién del afio 1967, en octubre, institui esa cosa que consiste en hacer que, cuando al- guien se asume como analista, s6lo 1 mismo puede ha- cerlo. Esta me parece una evidencia inicial. Cuando alguien se asume como analista, es libre en esa especie de inauguracién, que hice entonces y que lla- mé Proposicién. Es libre, pucde asimismo no hacerlo, pero también es libre de ofrecerse a esa prueba de venir a confiarselo —a confiarselo a gente que elegi expresa- mente por estar exactamente en el mismo punto que él, Es evidente, envefecto, que si se va a dirigir a un veterano, a.un titular, incluse como suele decirsea un di- dacta, podemos estar seguros de que su testimonio re- sultard completamente tergiversado. Porque. en primer término, sabe muy bien que el pobre cretino al que se dirije tiene ya tanta experiencia que no sabe absoluta- mente nada, al gual queyo, por quése comprometié con esa profesién de analista. Yo me acuerdo de eso un poco y me vuelvo a alerrar aella. Pero la mayoria lo ha olvidado totalmente. Sélo ven su posicién de atitoridad y, en esas condiciones, se intenta marcar el paso como aquél que tiene la autoridad. es decir, que muy sencillamente se miente. Entonces, intenté que se dirijan siempre a personas que como ellos eran debutantes en la funcién de analisia. Pese a todo, conservé — siempre hay que cuidarse de Conferencia en Ginebra 121 innovar, ese no es mi estilo, nunca innevé en nada—-una suerte de jurado constituido con el consentimienta de todo el mundo. Nada ¢s mas lamative que lo siguiente: ‘si hacen elegir un jurado cualquiera, si hacen:-votar, mediante veto secreio, lo que sale es el nombre de gente perfectamente bien definida. La masa quiere lideres. Ya s bastante afortunado cuanda no quiere a uno solo de ellos. Entonces. la masa que quiere lideres elige lideres ‘que ya estan ahi por el funcionamlento de las cosas. Ante ese jurado van a testimoniar quiénes recibicron et tes- Hmonio de aquellos que se quieren analistas. En el espiritu de mi Proposicin, esta operacién’ se hace para aclarar qué pasa en ese momento..Es exac: tamente lo que nos dice Freud — cuando tenemés. ‘un caso, lo que se llama un caso, en andlisis, nos recomiens da na ponerlo por adelantado en un casillero, Quisiera ‘que escuchasemos, st me permiten la expresién, con to- tal independencia respecto a todos los conocimientos adquirides por nosotros, que sintamos lo que enfrenta- mos. a saber, la particularidad de un caso. Es muy dificil, porque lo propio de la experiencia es preparar casillas, Nos es muy dificil, a nosotros analistas, hombres. o mu- Jeres, con experiencia, no juzgar acerca de ese caso que esta funcionando y elaborando su anilisis, de no recor- dar en relacién a él otros casos, Cualquiera sea nuestra pretendida libertad — pues en esa libertad es imposible ereer— resulta claro que no podemos barrer con lo.que es nuestra experiencia. Freud insiste mucho al respecto y si esto fucse comprendido, daria quizé la via hacia un modo harto diferente de intervencion — pero no puede serlo. Con este espiritu entonces quise que alguien que esta al mismo nivel que aquel que franquea ese paso, dé tes- timonio. Es, en suma, para esclarecernos. Ocurre, cada 122 Jaeques Lacan tanto, que alguien dé un testimonio que tiene el caracter “eso, €80 Se reconoce de todos modos~ de la autenilci- dad. Entonces, previ que a esa persona, se la incluya en el nivel en el que hay gente que se supone piensan en lo que hacen, de modo tal de hacer un triaje, gEn qué se transformé de inmediato? Ciertamente, se transform6 en otro modo de seleccion. A saber, que una persona que testimonié con toda honestidad acerca de lo que hizo en su analisis lamado a posteriori didactico, se siente ob- jetada si. luego de ese testimonio, ella no forma parte de aquello mediante lo cual intenté ampliar el grupo de quienes son capaces de reflexionar un poco sobre lo que hacen. Se sienten depreciadas, aunque yo haga de todo ‘para que ese no sea el caso, Intento explicarles qué nos aporte su testimonio acerea de cierta manera de entrar enelanalisis después de haberse hecho formar a simls- mo de acuerdo con Io que es exigible, Lo exigible es, evi- dentemente, haber pasado por esa experiencia. gComo transmitirla si uno mismo no se sometié a ella? Enfin, terminemos. Quisiera evocar aqui la formula de Freud de Soil Ich Werden ala queme dediqué mas de una vez.' Qué quie- re decir Werden? Es muy dificil traducirlo. Va hacia algo. ise algo es el den? g El Werden es un verdear? uQuée hay en el devenir aleman? Cada lengua liene su genio y tradueir Werden como devenir sélo iene verdaderamen- te algim aleance en lo que ya hay de denven el devenir. Es algo del orden de la indigenela, si me permiten la ex- presion. La indigencia no es lo mismo que el desanuda~ miento 0 deseniace.* Pero dejemos esto en suspense, 4, La transcripcién de un momento de la eonfereneia falta aqui * Lacan juega con la similitud en francés entre dénuement (indt- gencial y dénouement (desanuddamiento 0 desentace), IN. T] Conferencia en Ginebra 123 Aquelle de lo que se trata es de calibrar la medida de el hecho que Freud —cosa muy sorprendente por parie de un hombre, tan verdaderamente un practieante— s6- lo valoré en el primer tiempo de su obra, en esa primera etapa que llega hasta 1914, antes dela primera guerra = en su Traumdeutung, en su Psicopatologia de la vida Na- mada cotidiana y muy particularmente en su Chiste. Va- lor6 Io siguiente, y lo sorprendente es que no lo haya palpado, que a su hipétesis del Unbewusstsein, del in- consciente, pues bien, si puede decirse, la nombré mal. El inconsciente no es simplemente por ser no sabido. Freud mismo ya lo formula diciendo Betwusst. Aprovecho aqui la lengua alemana en Ja que puede establecerse una relacién entre Bewusst y Wissen. En la lengua alemana loconsciente dela conciencia se formula como lo quever- daderamente es, a saber, el goce de un. saber, Lo que Freud aporté es lo siguiente: no hay necesidad de saber que se sabe para gozar de un saber. Acudamos, finalinente,’a esa experiencia que hace: mos todos los dias. Si aquello de lo que hablamos es ver- dadero, si efectivamente se cristaliza en una etapa precaz para el nifio lo que cabe llamar por su nombre, a saber los sintomas, si la época de la infancia es efectivamente decisiva en ello, como no relacionar este hecho con el modo en que analizamos los suefos y los actos fallidos? —no hablo de las agudezas. completamente fuera del alcance de los analistas, quienes naturalmente no tienen el mas minimo ingenio. Esto es de Freud, pero prueba que igualmente ahi Freud debid percalarse que el enun- ciado de un acto fallido sélo adquiere valor por las ex- plicaciones de un sujeto. 4Cémo interpretar un acto fa- ido? Andariamos a tientas, en la oscuridad mas tolal, si el sujeto no dijese al respecto una o dos cosilas, las cuales permiten decirle — Pero finalmente, cuando usted 124 Jacques Lacan sacé del bolsillo su lave para entrar en mi casa, la del analista, eso tiene de todos modos ur sentido —y segun. cuanto haya avanzado, se le explicara a titulo diverso el sentido— ya sea debido al hecho de que cree estar en su casa.o que desea estar ensu casa o incluso, misaun, que el hecho de meter la llave en la cerradura prueba algoque hhace al simbolismo de la cerradura y de la lave. El sim- bolismo de la Traumdeutung es exactamente del mismo tipo. Qué son los suefos sino suefies relatados? Séle en el proceso de su relate se lee lo que Freud llama su sen~ tido. Cémo sostener una hipétesis como la del incons- ciente —si no se ve que ¢s la manera que tuvo el sujeto, si es que hay alin otro sujeto que aquél que est divi- dido, de estar impregnado, podria decirse, por el len- guaje. Sabemos muy bien en el andlisis la importancia que tuvo para tin sujeto, vale decir, aquello que en ese en- tonces no era absalutamente nada, la manera en que fue deseado. Hay gente que vive bajo.el efecto, que durara largo tiempo en sus vidas, bajo el efecte de] hecho de que ‘uno de los dos padres —no preciso cual de ellos— nolo dese6. Este es verdaderamente el texto de nuestra expe- riencia cotidiana. Los padres madelan al sujeto en esa funcién que titulé come simbolismo, Lo que quiere decir, estrictamente, no que el nifio sea el principio de un simbolo, sino que la manera en que leha sido instilado un modo de hablar, no puede sino Hevar la marea del mode bajo el cual lo acep- taron los padres. Sé muy bien que esto presenta toda suerte de variaciones y de aventuras. Incluso un nino no deseado, en nombrede un no sé qué que surge desus pri- meros bullicios, puede ser mejor acojido mas tarde. Esto no implde que algo conserve la marea del hecho de que el deseo no existia antes de cierta fecha. Conferencia en Ginebra 125 Como hasia Freud pudo desconocerse hasta tal pun to que esa gente, a la que se llama hombres, mujeres eventualmente, vive en el parloteo? Es curioso que gente que cree que piensa, no se percate que plensa.con pala~ bras. Hay, al respecto, trucos con los que hay que acabar, éno es cierto? La tesis de la Escuela de Wiirzburgo sobre Ja supuesta apercepeién de no sé qué pensamiento sin- tético queno se articularia, es realmente la mas delirante que haya producido nunca una escuela de pretendidas. psicéloges. El hombre piensa con ayuda de las palabras. Y¥ es en el encuentro entre esas palabras y su’ cuerpo donde algo se esboza. Par otra parte, osaré decir al res- pecto el término de innaio — si no hubiese palabras de we podria testimoniar el hombre? Alli se ubica el sen- io. Traté como pude de revivir algo que no era mio, pero que ya habia sido percibido por los antiguos estoicos, No hay raz6n alguna para pensar que la fllosofia siempre haya sido tal como'¢s para nosotros. En esa época la filo- sofia era un modo de vivir — un mede de vivir en relacion, al cual uno podia pereatarse, mucho antes de Freud, que ellenguaje, ese lenguaje queno tieneabsalutamente nin- guna existencia tedrica, interviene siempre bajola forma de una palabra que quise fuese lo ms cereana posible a la palabra francesa lallation —laleo en castellano—, talengua. Los antiguos, desde la epoca de Esopo, se habian per- catado perlectamente de que era absolutamente capital. Hay al respecto una fabula muy conocida, pero-nadie se da cuenta de ello. Para nada es un azar que en lalengua, cualquiera sea ella, en la que alguien recibié una primera impronta, una palabra es equiveca, Ciertamente, no por azar en francés la palabra ne [no] se pronuncia de ma- nera equiveca con la palabra noeud [nuda], Para nada 126 Jacques Lacan es un azar que la palabra pas [no] en francés, contraria~ mente a muchas otras lenguas, redoble la negacién y designe también un paso. Si me intereso tanto en el pas esto no se debe a ningun azar. Esto no quiere decir que lalengua constituya en modo alguno un patrimonio. Fs totalmente cierto que algo volvera a surgir luego en los. suefios, en toda suerte de tropiezos, cn toda suerte de maneras de decir, en funcién de la manera en que la- lengua fue hablada y también escuchada por tal o cual en su particularidad. Es, si me permiten emplearlo por vez primera, en ese materialisme* (materialisme de la palabra) donde reside el asidero del inconsciente ~ quie~ ro decir que es lo que hace que cada cual no haya en- contrade otras maneras de sustentar lo que recién llamé el sintoma. Lean un poco, estoy seguro que esto no les sucede muy a menudo, la Introduceién al psicoandlisis, las Vor- lesungen de Freud. Hay dos capitulos sobre el sintoma. Uno se llama Wege zur Symptom Bildung , es el capitulo 23, y se percataran luego de que hay un capitulo 17 que se llama Der Sinn, el sentido de los sintomas. Si Freud aporid algo es eso, Que los sintomas tienen un sentido y que s6lo se interpretan correclamente —correctamente quiere decir que el sujeto deje caer alguno de sus cabos— en funcién de sus primeras experiencias, a saber, en la medida en que encuentre lo que hoy Mamaré, por no poder decir al respecto nada mas ni nada mejor, la rea- lidad sexual. Freud insistié mucho al respecto. Creyé poder en- fatizar especialmente el término de autoerolismo, en la medida en que el nino descubre primero esa realidad se- * Elautor utiliza moterialisme, quie-condensa materialime (mate- Halismo| con mot (palabra). (N. T.] Conjerencia en Ginebra 127 xual en su propio cuerpo, Me permite ~ esto no me ocu- tre todos los dias— no estar de acuerdo y no estarlo en nombre de la obra de Freud mismo. Siestudian en detalleel caso Juanita, veran que lo que se manifiesta en él, lo que él llama su Wiwimacher —por- que no sabe cémo llamatio de otro modo— es lo Gue se introduce en su circuito. En otros términos, para llamar a las cosas tranquilamente por su nombre, tuvo sus pri- meras erecciones. Ese gozar primero se manifiesta, po- dria decirse, en cualquicra, Ciertamente, no es cierto, no €s verdadero, sino verilicado en todos. Pero justamente ahi esta la avanzada de lo que Freud aporté ~ basta con. que esto sea verificado en algunos para que tengamos de- recho a construir al respecto algo que tiene la mas estre- cha relacién con el inconsciente. Pues, después de todo, es un hecho —el inconsciente fue un invento de Freud. Un invento en el sentido en que es un descubrimienta vineulado al encuentro que tienen ciertos seres con su propia ereccién. ¢ : Llamamos asi a eso,ser, pues no sabemos hablar de otro modo, Seria preferible prescindir de la palabra ser. En el pasado, algunos personas fueron sensibles a ello. Un cierto Santo Tomas de Aquino — él también es un san- to hombre e incluso un sintoma*— escribid algo que se lama De ente et essentia. No puedo decir que les reco- miendo su lectura, ya que ustedes no lo hardn, pero es muy astuto, Si hay algo que se llama el inconsciente, eso quiere decir que no hay necesidad de saber qué se hace para hacerlo y para hacerlo sabiéndole muy bien. Habra quizA una persona que leera ese De ente et essentia y se pereatara de lo que ese santo hombre, ese sintomat, des- * Juego de palabras en base a la homofonia en francés entre saint homme (santo hombre} y symp6tme (sintoma). [N. T.] 128 Jacques Lacan tila muy bien —el ser, eso no se atrapa tan facilmente, ni tampoco la esencia. No hay necesidad de saber todo eso, Sélo hay necesi- dad de saber que en ciertos scres, asi Hamados, el en- cuentro con su propia ereccién no es autoerético en lo ms minimo. Es de lo mas hetero que hay. Se dicen — ePero qué eseso? Y se lo dicen tan bien, que el pobre Jua- nito sélo piensa en ese eso —lo encarna en objetos que son francamente externos, a saber, en ese caballo que piafa, que da coces, que corcovea, que cae al suelo. Ese caballo que vay viene, que tiene cierto modo de deslizarse a lo largo de los andenes tirando de un carro, ¢5 total- mente lo ms ejemplar para él de aquello que tiene que enfrentar y sobre lo cual no entiende nada, sin duda gra- cias al hecho de que tiene cierto tipo de madre y cierto tipo de padre. Su sintoma es la expresion, la significacién de ese rechazo, Ese rechazo no merece en lo mas:minimo ser etique- tado.come autoerotismo, con el solo pretexto de que des- pués de todo ese Wiwimacher lo tenga enganchado en algiin lugar de su bajo vientre. El goce que resulta de ese Wiwimacher lees ajeno hasta el punte de estar enel prin- cipio de su fobla, Fobia quiere decir que esta amedren- tado por él, La intervencién del profesor Freud, mediati- zada por el padre, no es mAs que una artimafia. cuyo unico méritoes el de haber sido exitosa. Lograré que otro, asaber en esta ocasi6n su hermanita, soporte ese peque- fo pene. Abrevie aqui el caso Juanito, Tan sélo lo introduje, porque dado que son ustedes de una ignorancia abso- luta, no veo por qué no improvisaré hoy. No me pondré a leerles todos los textos que preparé cuidadosamente para ustedes. Quiero simplemente tratar de hacer eireu- lar algo que sucedié, hacia fines del siglo pasado, en al- Conferencia en Ginebra 129 guien que no era un genio, como suele decirse, sino, al igual que yo, un honesto imbécil. Freud se pereaté de que habia cosas que nadie podia decir que el sujeto hablante no las supiese sin saberlas. Esto es lo descollante del asunto. Por eso hablé del sig- nificantey de su efecto designificado, Naturalmente, con el significante no agoté para nada la pregunta. El signi- ficanite es algo que esta encarnado en ellenguaje. Resulta que hay una especie que supo aullar de manera tal que un sonido, en tanto que significante, es diferente de otro. Olivier Flournoy me dijo que publicé un texto de Spitz. Lean su Del nacimiento a ta palabra, para tratar de ver, como, finalmente, se despierta la relacién con el aullido. Hay un abismo entre esa relacion con elaullidoyel hecho de que al final, el ser humillado, el ser humus, el ser hu- mano, él ser al que pueden ustedes lamar como quieran —se trata de ustedes, de ustedes y de mi—, que el ser hu- mano legue a poder decir algo. No sélo a poder decirlo. sino incluso ese chancrd que defini como siendo el len> guaje, porque no sé de que otro modo Hamarlo, ese chan Cro qué es el lenguaje, implica desde el inicio una especie de sensibilidad. He visto muy bien nies muy pequefios, aunque mas no fuese a los mios. El hecho de que un nifo diga quiza, todavia no, antes de que sea capaz de construir verdade- ramente una frase, prueba que hay algo en él, una eriba que se atraviesa, a través dela cual el agua del lenguaje llega a dejar algo tras su paso, algunos detritos con los que jugara, con los que le sera muy necesario arre- glarselas. Es eso lo que le deja toda esa actividad no re- flexiva —los afiicos a los cuales, mas tarde, pues ¢s un premature, se le agregaran les problemas de lo que lo espantara. Gracias a esto hard la coalescencia, por asi decirlo, de esa realidad sexual y del lenguaje. 180 Jacques Lacan Permitanme proponer aqui algunas timidas ecua- clones a propésito de lo que propuse como la signi- ficacin del falo en mis Escritos , lo cual es una pésima traduccién de Die Bedeutung des Phallus. Es sorprendente que el psicoandlisis no haya brin- dado aqui el mas minimo estimulo.a la psicologia. Freud hizo todo lo posible para ello, pero, abviamente, los psi- célogos son sordos. Esa cosa que sélo existe en el voca- bulario de los psicélogos — una psique adherida como tal aun cuerpo. ZPor qué diablos, cabe decirlo, por qué diablos el hombre seria doble? Que haya un cuerpo ya de por si encubre suficientes misterios y Freud, facilitado por la biologia, mared bastante bien la diferenciacién del soma y del germen, gPor qué diablos no limpiar de nues- tra mente toda esa psicologia defectuosa y no intentar deletrearlo tocante a la Bedeutung del [alo? Debi tradu- cirlo por significacién. al no poder dar un equivalente, Bedeutung es diferente de Sinn, del efecto de sentido, y designa la relacién con lo real. gPor qué, desde que existe el psicoandlisis, las preguntas no fueron formuladas a este nivel? gPor qué ese supuesto ser, por qué ese se goza aparecié sobre eso que se lama la tierra? Nos imagina- mos que ¢S un astro privilegiado con el pretexto de que en ella existe el hombre y, en clerto modo, ¢s verdad — con la tinica condicién de que no haya otros mundos habitados. éNo les pasa por la mente que esa “realidad sexual”, come me expresaba recién, se especifica en el hombre por lo siguiente; que no hay, entre el hombre macho y hembra. ninguna relacién instintiva? ,Que nada haga que tode hombre — para designar al hombre mediante lo que le va bastante bien, dado que se imagina natural- mente la idea del todo— que todo hombre noes apto para salisfacer a toda mujer? Lo que efectivamente parece ser Conferencia en Ginebra 131 laregla en lo que atafiea otros animales. Evidentemente, ellos no satislacen.a todas las hembras, sino que tan solo se trata de aptitudes. EL hombre — pues se puede hablar de el hombre, precedide por el— es necesario que se contente con sofar con ello. Tiene que contentarse con sonar con ello porque es totalmente seguro que, ro sdlo no salisface a toda mujer, sino que La mujer — pido per- dén por lo que sigue a los miembros quiza presentes aqui del MLF— , La mujer no existe, Hay mujeres, pero La mu- jer es um suefio del hombre. No en balde sélo se satisface con una a, incluso, con varias mujeres. Esto se debe a que no siente ganas por Jas otras. gPor qué no tiene ganas de ellas? Porque ellas no consuenan, si me permiten la expresién, con su inconsciente. No slo no hay La mujer; La mujer se define por ser Jo que etiqueté hace mucho tiempo y que les repite a us- tedes: por el no toda. Esto llega mas lejos atin y no surge de el hombre, con(rariamente a lo que ereen los miem- bros del MLF, sino de ellas mismas. Ellas mismas son no todas. A saber, que ellas no se presian a la gene- ralizacion. Incluso, lo digo ahora entre paréntesis, a la generalizacién falocéntrica. No dije que la mujer es un objeto para el hombre. Muy por el cantrario, dije que era algo con lo que nunea sabe arreglarselas. Jamas deja de meter la pata al abordar a cualquiera de ellas —o bien porque se engahé o bien porque era justamente esa la que le hacia falta. Pero Jamas se percata de ello sino aprés-coup. retroactiva- mente. Este es uno de los sentidos del aprés-coup, del que hablé en ciertas ocasiones, y cuyo relevo fue tan malo en el famoso y eterno Vocabulario de psicoantilisis por el cual Lagache ech a perder® el psicoanilisis entero. Bue- 132, Jacques Lacan no, finalmente, no esté tan mal, no exageremos. Proba- blemente lo inico que le interesaba era lagachear, echar @ perder, lo que yo decia. Después de todo. gpor qué no se lagacheria, echaria a perder ? No estoy absolutamente seguro de tener la razén en tado, Na sdlo no estoy seguro de ello, sino que tengo cier= tamente la actitud freudiana. El préximo asunto que me hara revisar dado el caso todo mi sistema, no pido nada mejor que recogerlo. Todo lo que puedo decir es que sin duda gracias a mi pendejada, esto todavia no sucedis. ‘Ya esta. Les dejaré ahora la palabra a ustedes. Me sentiré contento, después de esta charla, de saber qué han obtenido de ella. RESPUESTAS J. L, —Para alentar a cualquiera que tenga una pregunta que formular, les diré que alguien que tenia que tomar un iren, no sé hacia donde... : — Hacia Lausana, — gSabe quién es? — El Dr Bovet. — Es un nombre que no me es desconocido. El Dr. Bovet me hizo una pregunta que encuentro muy buena come para hablar. ¢Hasta qué punto, me dijo, se toma usted en serto? No esta para nada mal y.espere que esto Jos aliente. Es el tipo de pregunta que me importa un bleco, Continuar hasta el punto de estar en el vigésimo segundo ano de mi ensefanza, implica que me toma en serio, Sino respondi fue porque tenia que tomar un tren, * Juego de palabras en base a Ia homofonia y ortogralla entre La- Bache y lagiché. [N. T:] Conferencia ent Ginebra 133 Pero de todos modos ya réspondi a esta pregunta, im plicitamente, identificando lo serio con la serie. Una serie matematica, ya sea convergente o-divergente, es cosa que quiere decir algo. Lo que nuncio es totalmente de ese orden. Intento delimitar cada vez con mayor detalle, ha- cer una serie convergente. 4Lo logro acaso?' Natural- mente, cuando se esta cauitivo... Pero ineluso-una serie divergente tiene interés a su manera, ella tambiér con- verge — esto para las personas que podrian tener alguna idea de las matematicas. Puesto. que se trata ‘del Dr. Bovet, que se le transmita esta respuesta. Dr. Cramer — Usted dijo, silo segui correctamenite, que eS la madre quien le habla al-nife, pero también: es necesario que el nifio la escuche. Quisiera hacerle una prequnia de ese “también es necesario que el nino es- cuche.” — 1Sil — ¢Qué hace que un nifo pueda escuchar? gQué hace que un nifio sea receptivo @.un orden simbélico que le en- ‘sefia la madre o que le aporta la madre? gAcaso hay “alli algo inmanente en et hombrecite? '— Me parece que estaba implicado'en loque dje. Elser que llamé humano es esenclalmente un ser hablante.- = Yun ser que también debe poder escuchar, Pero escuchar forma parte de la palabra. Lo que evoqué en lo concerniente al quizits, al tedaviano, se po- drian citar otros ejemplos, prueba que la resonancia de la palabra es algo constitucional. Es evidente que esta vinculado con la especificidad de mi experiencia. A partir del momento en que alguien esta en andlisis siempre prueba que escuché. Que usted haga surgirla pregunta de que hay seres que nunca escuchan nada es sugestivo ciertamente, pero dificil de imaginar. Me dira usted que hay gente que quizis s6lo escucha los rumores, es decir,