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REBELIÓN EN LA GRANJA: LA UTOPÍA DE LOS ANIMALES Y EL DERECHO ANIMALISTA

REBELIÓN EN LA GRANJA: LA UTOPÍA DE LOS ANIMALES Y EL DERECHO ANIMALISTA

REBELIÓN EN LA GRANJA: LA UTOPÍA DE LOS ANIMALES Y EL DERECHO ANIMALISTA

Rebelión en la Granja: La Utopía de los Animales y el Derecho Animalista

Sin opresión, sólo libertad. La esperanza en el futuro: para los animales, el ser humano ya no sería un tirano controlador de sus vidas ni injusto propietario de su trabajo; no habría espacio para el hombre en el nuevo mundo. Esta visión y el himno de resarcimiento de las bestias contra los hombres, consigna de guerra y orgullo para la futura Granja Animal, fueron el regalo de un sabio y viejo cerdo a punto de morir.

En la Granja Manor del señor Jones en marejada cundió el rencor de los animales, exacerbado por Mayor, el cerdo viejo, muerto de hace días, y el recuerdo de su discurso. Antes de fallecer había citado a reunión a todos los animales de la granja para transmitirles su conocimiento, experiencia de que el hombre, por vil naturaleza, conservaba un conjunto de animales e injustificadamente se adueñaba del fruto de su trabajo, a expensas de retribuir menos de lo merecido a los verdaderos generadores de la riqueza, apenas el alimento necesario para sobrevivir.

En algún imprevisto momento, se efectuó la Rebelión. Como la ración diaria de alimento no se había suministrado por negligencia de los trabajadores de la Granja, a pesar del trabajo perpetuo de cada jornada, pareció cierta y evidente la protesta declarada del cerdo Mayor. Sólo que la injusticia era más notoria: ese día ni siquiera habían comido. De forma espontánea, unos iracundos animales se sublevaron y expulsaron a Jones y demás humanos, reclamando para sí la granja y todas sus pertenencias. Era el primer paso para el logro de la gran aspiración. Veían un porvenir de hegemonía animal, de abundancia, donde las bestias se librarían de sus yugos y vivirían del trabajo común para su propia felicidad, todos en igualdad, respetándose y conviviendo mutuamente.

Sobrevino un gobierno colectivo, en el que participaban y decidían por igual sobre la administración de la granja, y trabajaba cada cual según su capacidad. Era el reinado de la mayoría. Pero, si bien compartían entre todos el rasgo de la animalidad, no constituían una misma especie. Persistían las diferencias y las destrezas no eran las mismas. Los caballos poseían la fuerza que gansos y gallinas no, el asno, aunque conjuntada con apatía, tenía la facultad de la clarividencia y a

los cerdos se los tuvo por los más inteligentes. Se hizo inevitable una nueva división de roles, y en la cabeza de la sociedad animal se colocó a los cerdos, encomendándoles las misión de idealizar y liderar el perfeccionamiento del animalismo, doctrina por ellos mismos creada, conjunción de las aspiraciones grupales y medio eficaz para concretarlas.

Respecto del animalismo, en un mundo desligado del ambiente propio de fábulas, de la fantasía que corresponde a la historia, cabe identificarlo con la doctrina puntualizada y desarrollada por Carl Marx y Friedrich Engels, el comunismo. En igualdad de condiciones, clarificando lo evidente para el lector de Rebelión en la Granja por conveniencia para el presente trabajo, pasan las imágenes de la novela por correspondientes figuras de la realidad, a la que de esta manera pretende satirizarse: el proletariado se confunde con los animales de una granja (un Estado), que en su cólera, por medio de una revolución, desprenden al dueño, señor de la granja, de su lugar como administrador y de toda propiedad que pueda ejercer sobre ella. El hombre rapaz que hurta huevos de las gallinas, leche de las vacas, esfuerzo de los caballos sin retribuirles más que lo justo para su supervivencia; haragán entre comodidades permitidas por el lucro con el trabajo animal, es el explotador capitalista, poseedor de medios de producción (una granja y sus herramientas) y de los bienes de consumo, pues son igualmente suyos los trabajadores y lo resultan te de su esmero y capacidades.

No es casualidad que a los cerdos tocara representar jefes comunistas. George Orwell percibió en carne propia, en la Guerra Civil Española, de mano de la URSS estalinista, cuan sólido y abrupto es el poder de una nación delegado en hombres que hacen uso de él para, a base de coacción, introducir una sola ideología como universalmente última y verdadera, necesaria de asimilar por el resto de hombres a los que se muestra.

La teoría unilateral propugnada por estas partes era el comunismo de Marx y Engels, al que se añadían detalles secundarios consecuencia de los resultados vistos luego del emprendimiento de proyectos para aplicar los principios que darían lugar a una sociedad sin clases cuya relación con el trabajo sería no má s que por

natural necesidad, proyectos que hicieron relevantes ciertas debilidades del modelo inicialpuramente intelectualtratadas de sanear con la introducción de nuevos elementos: la violencia y la represión como intento para el apego de las masas a l movimiento, con ello queriéndose lograr su implementación a pesar de los obstáculos.

Alguna moraleja podrá obtenerse de la lectura de Rebelión en la Granja, más breve y clara que no podría ser otra que rezara distinto a: “el poder corrompe a los individuos”. Las apreciaciones y el esbozo que hace Orwell profieren que, sin demeritar la pureza de motivos de los que levantan la cabeza y la mira da siendo hostigados y alzan la voz contra los opresores, una vez estos ahuyentados, los otrora explotados se erigen en explotadores. El poder es un instrumento peligroso , creación humana difícil de controlar y utilizar, dados los singulares beneficios de que se inviste su detentador respecto de otro grupo social sobre el cual se erige; tentación invasora que se apodera del individuo mientras más se aferre al gusto del temor y la obediencia ajenos, de quienes sufren sus estragos. Lenin advertía en sus camaradas de Partido, Trotsky y Iosif Stalin, los mejores encumbrados, una fascinación por el poder que consideraba debía advertirse como aspecto a considerar para alejarlos del liderazgo de la recién emancipada nación de los Soviets, al menos hasta disminuir su enceguecedora soberbia. Decía de Stalin:

El camarada Stalin, llegado a Secretario General, ha concentrado en sus manos un poder inmenso, y no estoy seguro que siempre sepa utilizarlo con la suficiente prudencia […] 1

Stalin es demasiado brusco, y este defecto, plenamente tolerable en nuestro medio y en las relaciones entre nosotros, los comunistas, se hace intolerable en el cargo de Secretario General”. 2

Para Stalin, justamente es que Orwell hace y dedica la obra. El líder animalista en la Granja Animal, después de la expulsión de Snowball (Trotsky), Napoléon-Stalin,

1 Carta al XIII Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, 1923

2 Suplemento a la Carta del 24 de diciembre de 1922

inaugura su reino de terror y excesos que predican una cada vez mayor cercanía con el comunismo, pero en los hechos construyen la ilusión de semejanza con regímenes tiránicos capitalistas recordados por su abyección e injusticia, tal vez incluso superada en esta “novedosa” modalidad de organización.

De la obra se deduce una crítica hacia el comunismo históricamente aplicado: el extravío de los ideales primarios, los mandamientos de la ideología en el transcurso de su implementación en una sociedad cualquiera, en que siempre son constante algunos elementos tales como la ignorancia de ciertos individuos o sectores sociales, la heterogeneidad de pensamiento, la intransigencia de los intereses y la ambición por el poder o la entronización de personajes que, una vez poseído, operan con él de forma arbitraria, posicionándose en el lujo y a sus súbditos en la sordidez. Dificultades que colocan al comunismo en un grado de utopía, inalcanzable mientras persistan los defectos enumerados y sea ignorado el consenso como remedio a los desacuerdos.

Es más: apréciese que en la novela la transformación de los cerdos en humanos y la explotación de animales como en tiempos en que la granja era dominada por hombres representa la involución del socialismo logrado al capitalismo previo, exageración introducida con el afán de consumar la crítica en un punto álgido, infiriendo de manera simbólica la posibilidad latente de que el mismo Stalin deviniera en alguna especie de Henry Ford. El paralelo desarrollo del derecho en tal situación, es un fenómeno interesante por analizar.

El socialismo que aspira a comunismo, como el soviético del estalinismo, conserva rasgos de un modo de organización previo basado en el flujo y posesión del capital. La transición es necesaria y de golpe algunos objetos de uso social arraigado, como el derecho, no pueden desaparecer. Prevalecen, no obstante, habiendo adoptado formas distintas por características como la socialización de los medios de producción y los bienes de consumo, que hacen difícil su tipificación “burguesa”. 3

3 Hay, pues, todo un contenido nuevo que justifica que el derecho en la sociedad socialista no pueda ser

considerado burgués, y que por el contrario pueda hablarse de un nuevo

derecho en cuanto que

En la granja de la novela, cristalizada la expulsión del campesino Jones, en los albores del animalismo con Napoleón y Snowball en comandancia, se instituyeron para la comunidad animal 7 mandamientos que condensaban el espíritu de las aspiraciones del núcleo. El orden proclamaba la igualdad entre todos los animales, el rechazo a los humanos y el trabajo en comunidad, cuyos frutos serían de propiedad general; así mismo la granja y lo perteneciente a ella necesario para su funcionamiento. Entonces ya se constataba la existencia de privilegios para la élite porcina, aunque la organización claramente era animalista (socialista).

Prosperaron los cultivos y con el alborozo animal transcurrió un periodo de dicha que eliminaba las barreras de la utopía. Y los cerdos vieron la oportunidad (que no abandonaron) estableciendo privilegios exclusivos para ellos, recuperando la división de clases. Después, el conflicto entre cabecillas resultó en univocismo déspota, en el seguimiento colectivo de mandatos determinados por un líder supremo.

Los 7 mandamientos del animalismo, modificados para mayor provecho del líder, cobraron fuerza de ley, que de ultrajarse activaría un mecanismo de coacción, castigo para los infractores. Al final de cuentas era el derechocomo podría afirmarse con base en la teoría de Kelsen 4 y en cualquier situación debía acatarse.

Empero, los animales estaban convencidos de la preocupación patriarcal de Napoleón, de la necesidad del duro trabajo al que se sometían cada vez en mayor medida, de que la dirección era tarea más ardua que el ejercicio físico y que desobedeciendo las disposiciones del jefe, Jones regresaría y la bonanza sería interrumpida. Con base en persuasión y fuerza, el derecho napoleónico fue interiorizado y acatado.

respondiendo, sobre todo, a las nuevas condiciones materiales de producción (propiedad civil) se requieren nuevas relaciones jurídicas”. Sánchez Vázquez, Adolfo. Pashukanis, teórico marxista del derecho. 4 El derecho, según Hans Kelsen, es el orden normativo de la conducta humana asimilado a un a parato facultado para su legislación y aplicación. Lo que diferencia al derecho de otras clases de normas y sistemas normativos es el uso de la coacción como medio para provocar el cumplimiento de preceptos. Kelsen, Hans. Teoría General del Derecho y del Estado.

Como ley únicamente se recurrió a los 7 principios del animalismo para condenar supuestas alianzas de Snowball con humanos de otras granjas para conquistar la Granja Animal, y a otros animales inculpados de secundarlo en sus conspiraciones. Permaneció un sistema normativo pese a no necesitarse , pues en realidad siempre hubo disposición de los animales para cooperar con la construcción del mundo soñado por el viejo Mayor, en el que vivirían las bestias armónicamente, libres de ataduras.

El derecho animalista fue consecuencia del poder: s ignificó el medio por el cual un ambicioso Napoleón eliminó a su rival político, inculpándole sin razón de infringir las máximas disposiciones de la sociedad. En realidad, jamás hubo tal, ni más violación, que las practicadas por el propio jefe , y para estas no hubo castigo, como bien podría pensarse. Sucede que los principios fueron creados al suponer que establecerían las conductas que, en todo caso, debían cumplir u omitir los animales, pudiendo optar por otras no buscadas.

Inicialmente, la ley podía ser explicada desde tres horizontes distintos como un todo, sin perder su sentido íntegro: lo formal, lo intrínseco y lo materialmente válido. 5 Fueron preceptos introducidos por la nueva forma de organización que los seres a quienes se destinaban, deseosos de tranquilidad y prosperidad, cumplieron a cabalidad, creyendo en la necesidad de lo ordenado y en la legitimidad de los que ordenaban desde el puesto que les permitía hacerlo.

De esta forma, en cierto punto la norma se tornó superflua. Se había interiorizado y aun sin coacción que velara por el apego a la legalidad, como la motivación directa referida por Kelsen 6 , hubiera seguido cumpliéndose, en posteriores ocasiones, más como reglas técnicas que como normas jurídicas. Podía seguir, de todas formas,

5 Derecho llamado por García Maynez el caso ideal: “un derecho dotado de vigencia, intrínsecamente justo y, además, positivo”. García Maynez, Eduardo. Introducción al Estudio del Derecho, Sexagésima cuarta edición, México, 2013.

6 Distingue dos clases de motivación para la observancia de conductas: la directa y la indirecta. En la última median castigos y recompens as entre los individuos y los comportamientos que se pretenden provocar. La motivación directa pide conductas que aparecen “directamente a los individuos como ventajosas, de tal manera que la simple representación de una norma que decrete tal conducta sea suficiente como motivo para el comportamiento reclamado”. Kelsen, Hans. Teoría General del Derecho y del Estado.

siendo útil, si alguna treta era ideada para darle el cauce adecuado como arma que bien el derecho puede ser. Entonces, de dicho orden se valió Napoleón para

descalificar a Snowball y conservar el mando por sí solo, incriminándolo de fechorías que nunca realizó, puesto que mejor excusa para justificar el despojo, a

la vista de los animales de la comunidad, no era posible que la hubiera.

Después de la acción sólo se conservaba al derecho como antigüedad, posible bomba de tiempo a estallar en el momento en que Napoleón tropezara por su contradicción a la norma estipulada. Decía deberle y rendirle respeto con puntualidad por el compromiso del cargo de líder, si bien cada que podía se lanzaba más y más a los lujos propios de la especie humana y contrariaba los supremos enunciados. Era ya un dictador, supuesto amo, poseedor y propietario de la Granja

Animal, permitiéndose como tal el control absoluto del sistema jurídico, el cambio y

la abolición de los antiguos principios por otros que consolidasen un dominio total,

una vuelta al momento superado del binomio opresor-oprimidos. Así pudo disimular

los asesinatos a compañeros, el consumo del alcohol, la fraternidad con humanos

y toda manera que tuvo cabida de desdeñar el animalismo. Al final, no había

principio, de entre los originales, exento de modificación pues Napoleón, primero por conveniencia para no mostrarse como infractor, interesado en permanecer en apariencia como mesías animal a pesar de ser esta sólo la fachada de un tirano a

la antigua usanzabriago, déspota, ególatra y, el colmo, vestido y andante sobre

dos patas, como Jones o cualquier humano; después, para acrecentar el poder tenido y mostrarse sin máscara, seguida su metamorfosis de cerdo a animal. El proceso y la esperanza huyeron de la Granja Animal, cambiada una vez más a Granja Manor, cuando los 7 mandamientos fueron abolidos y sustituidos por el único y elocuente: “TODOS LOS ANIMALES SON IGUALES, PERO UNOS ANIMALES SON MÁS IGUALES QUE OTROS”.

Reiterando, el poder corrompe a los individuos; arrastrará a la humanidad a un ciclo aparentemente sin fin mientras la vanidad y ambiciones individuales se tengan en mejor consideración que el bien común. Aquellos que lo detenten, no importando cuan perfectas sean las teorías y los vaticinios calculados sin error, se opondrán a

la transición de una organización cuyo engranaje se encuentra en la separación clasista de la sociedad y el dominio de unos sectores sobre otros, hacia la vida armónica de los seres humanos en coordinación mutua, dependiendo del trabajo, instrumento definitivamente separado de la perversión humana que hasta la fecha lo tiene en consideración de artefacto del egoísta placer.

Sin embargo, bien debe considerarse que, con el rigor de la ciencia que los acompaña, los tratados y teorías respecto del socialismo y comunismo en los cuales no pocas personalidades de gran renombre han depositado total esfuerzo, no dan cabida a error sino cuando la corrupción humana hace su presencia. Y basta que el poder se conserve como ente inmutable que acompañará al ser humano hasta su extinción para colocar al comunismo en un plano de lejanía material y temporal.

Con evidencia histórica, solamente puede corroborarse la viabilidad del socialismo en el sentido de que ha resultado ser una forma alternativa de organización al menos estable, aunque no por menos distinta de sociedades capitalistas en que el descontento y la inequidad se acentúan.

Algunos instrumentos, como el derecho, del cual Karl Marx afirmaba su perpetua naturaleza burguesa por implicar que medidas iguales sean aplicadas a objetos desiguales 7 , pueden cambiar a una forma socialista, empero ello no impide que siga siendo burgués. Lo que le concede este carácter, valga la redundancia, no son ni la coerción ni la imposibilidad de apreciarlo como orden a todas luces justo, puesto que esas son características inherentes a todo derecho, como bien afirma Hans Kelsen 8 , dejando de lado el espíritu burgués del que hablaba Marx. Es en esto que todo derecho es común y un error profundo sería derivar de tales propiedades coerción y ausencia de justicia absoluta, que no debe c onfundirse con injusticiala conclusión de que por ellas el derecho es burgués y no hay, por lo tanto, sitio para

7 Sánchez Vázquez, Adolfo. Pashukanis, teórico marxista del derecho.

8 “Es obvio que no puede existir un orden justo, esto es, capaz de procura r la felicidad de cada uno […] porque entonces resulta inevitable que en cierto momento la felicidad de una voluntad individual entre directamente en conflicto con la de otra voluntad”. Kelsen Hans. Teoría General del Derecho y del Estado.

hablar de un derecho socialista. Sería un error muy al estilo del que Adolfo Sánchez Vázquez atribuye a la tesis de Pashukanis. 9

Precisamente acompañado de violencia y percepciones generales de injusticia es como el derecho de los regímenes socialistas se ha visto. No hay problema en ello. De hecho, puede resultar una herramienta oportuna para el alcance de los objetivos en el comunismo.

En Rebelión en la Granja, el orden jurídico cambia más de una ocasión; no es de una vez por todas socialista, sino que al margen de la atención de los animales de la comunidad regresa a su forma capitalista. Es un interesante texto para valorar y discernir características particulares de cada sistema y su derecho.

Pero sobre todo, resulta útil en la tarea de afirmar que el fracaso del socialismo por convertirse en comunismo no radica en el derecho ni cualquier otra institución social, sino en defectos puramente humanos opuestos al acuerdo y la solidaridad, constructores del contexto sobre el cual puede un verdadero líder guiar a su pueblo a la ansiada prosperidad, sin desviar su atención por tentaciones del poder.

9 “Pero, aun reconociendo esta limitación [la “burguesía” intrínseca del derecho], así como la desaparición del derecho en la sociedad comunista, no se puede negar como hace Pashukanisque el derecho no pueda recibir un nuevo contenido, socialista, aunque este se halle también destinado a desaparecer”. Sánchez Vázquez, Adolfo. “Pashukanis, teórico marxista del derecho”.