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COLECCIÓN

COGNICIONES

Estados Modificados de Consciencia

Dirigida por Josep Mª Fericgla

COLECCIÓN COGNICIONES Estados Modificados de Consciencia Dirigida por Josep Mª Fericgla La Liebre de Marzo

La Liebre de Marzo

La experiencia del éxtasis ’55-’63

Pioneros del amanecer psiconáutico

Aldous Huxley, Robert G. Wasson, Robert Graves

’55-’63 Pioneros del amanecer psiconáutico Aldous Huxley, Robert G. Wasson, Robert Graves La Liebre de Marzo

La Liebre de Marzo

Título La experiencia del éxtasis 1955-1963

Título original L’Esperienza dell’estasi 1955-’63

Primera edición

Abril 2003

Traductora

Rosanna Zanarini

Diseño gráfico y maquetación Mauro Bianco

Filmación e impresión Torres & Associats, S.L.

Depósito Legal

B-20.708-2003

ISBN

84-87403-65-4

La Liebre de Marzo, S.L. Apartado de Correos 2215 E-08080 Barcelona Fax. 93 449 80 70 espejo@liebremarzo.com www.liebremarzo.com.

LA EXPERIENCIA DEL ÉXTASIS 1955-1963. PIONEROS DEL AMANECER PSICONÁUTICO
LA EXPERIENCIA DEL ÉXTASIS 1955-1963. PIONEROS DEL AMANECER PSICONÁUTICO
LA EXPERIENCIA DEL ÉXTASIS 1955-1963. PIONEROS DEL AMANECER PSICONÁUTICO
LA EXPERIENCIA DEL ÉXTASIS 1955-1963. PIONEROS DEL AMANECER PSICONÁUTICO
LA EXPERIENCIA DEL ÉXTASIS 1955-1963. PIONEROS DEL AMANECER PSICONÁUTICO
LA EXPERIENCIA DEL ÉXTASIS 1955-1963. PIONEROS DEL AMANECER PSICONÁUTICO

LA EXPERIENCIA DEL ÉXTASIS 1955-1963. PIONEROS DEL AMANECER PSICONÁUTICO

ÍNDICE

Presentación: Pioneros del amanecer psiconáutico

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ALDOUS HUXLEY

La mescalina y el otro mundo

24

Drogas que revelan la mente de los seres humanos

31

La experiencia visionaria

45

Bibliografía

68

ROBERT GORDON WASSON

En busca del hongo mágico

75

Los hongos alucinógenos de México: una investigación sobre los orígenes del concepto religioso entre los pueblos primitivos

91

Bibliografía

111

ROBERT GRAVES

Un viaje al paraíso

118

El trance del hongo sagrado

129

Bibliografía

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PRESENTACIÓN

PIONEROS DEL AMANECER PSICONÁUTICO

Asomarnos a los textos que conforman este volumen de la Colección Cogniciones, implica retrotraernos hacia los albores de la psiconáutica, hacia los hallazgos que hicieron surgir aquella ola psiquedélica que inundó la última mitad del siglo pasado. Tras los horizontes devastados que dejara la Segunda Guerra Mundial, se asistía a una búsqueda entusiasta de nue- vas coordenadas culturales. Eran años de descubrimiento, así como de inventar tradiciones y desempolvar leyendas en busca de un futuro más lleno de sentido, tanteando un presente menos desencantado. Todavía hoy seguimos viviendo los mitos sembrados durante aquellos intrépidos avan- ces de la cultura occidental moderna en sus intentos por incorporar expe- riencias extáticas químicamente inducidas. Todos los artículos y conferencias reunidos en esta recopilación parten de experiencias con substancias enteogénicas (psilocibínicas, mescalínicas y lisérgicas), atravesadas por los tres autores que probablemente más han influido en las investigaciones sucesivas sobre la experiencia visionaria:

Aldous Huxley, Robert Gordon Wasson y Robert Graves, quienes nos transmiten con estilo y sabiduría el asombro de estar relatando sus prime- ros acercamientos vivenciales, aún recientes a mediados de los 50 y princi- pios de los 60. Una breve presentación de cada uno de los autores precede a sus res- pectivos lugares en este libro. Veamos ahora la constelación histórica que

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Pioneros del amanecer psiconáutico

nos muestran sus huellas, algo del contexto de los escritos aquí presentes, atendiendo de reojo a las llamativas sincronías que marcaron el auge de las exploraciones psiconáuticas.

Una bella mañana de primavera, el 6 de mayo de 1953, el ya renombra- do escritor Aldous Huxley tomaba 400 miligramos de sulfato de mescalina. Era el regalo que le había traído a su tan visitada casa californiana el psi- quiatra inglés Humphry Osmond, uno de los primeros en utilizar para fines terapéuticos las substancias que luego llamaría psiquedélicas. La experien- cia que el genial novelista y ensayista tuvo en aquella ocasión fue publica- da en su libro Las puertas de la percepción, que sin querer resultó un hito fundacional de la generación psiquedélica. Durante la correspondencia de los años siguientes entre Huxley y Osmond, se fue buscando el modo de llamar a estas substancias. ¿Cómo nombrar su poder inefable? Hasta entonces, cuando se hablaba de drogas, normalmente se entendían como tales los estimulantes (cocaína, café, taba- co, etc.) y los narcóticos (opio, morfina, etc.); apenas empezaban a abrirse paso las clasificaciones que las ubicaban como substancias psicotomiméti- cas (según eran consideradas por la psiquiatría en tanto drogas imitadoras de psicosis transitorias) o fantástica (como prefería catalogarlas el farma- cólogo alemán Louis Lewin en 1924). Huxley, que conocía bien la obra de Lewin pero no encontraba satisfecha su mirada investigadora al respecto, el 30 de marzo de 1956 le escribía a Osmond:

“Un nombre para estas drogas, ¡qué problema! He consul- tado el diccionario de Liddell & Scott y encontré que existe un

verbo griego, phaneroien, ‘hacer visible, manifiesto’, y un adje-

tivo, phaneros, ‘visible, evidente’ (

drogas psicófanos? ¿O tal vez drogas faneropsíquicas? ¿Y qué

decir de fanerótimos? Thymos quiere decir “alma” (

bra es eufónica y de fácil pronunciación; además encuentra analogías en el lenguaje de la psicología, por ejemplo ‘ciclotí- mico’. En suma, creo que es preferible a psicófano o a fanerop- síquico. Fanerótimo: sustantivo. Fanerotímico: adjetivo.

La pala-

¿Podemos llamar a estas

)

)

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Presentación

Para transformar en sublime este mundo trivial Medio gramo de fanerótimo has de tomar.”

Osmond, desde la clínica que dirigía en los lejanos fríos de Saskatchewan, pensó que el término era sugerente, pero demasiado difícil, y propuso el término psiquedélico, que etimológicamente significaría ‘revelador’ o ‘mani- festador’ de la psique, contestando a su amigo con el siguiente dístico:

“Para entrar al infierno o volar angélico Sólo tome una pizca de psiquedélico.”

Más de veinte años antes de comenzar a experimentar con mescalina, LSD y psilocibina, guiado por sus intereses literarios y filosóficos Huxley ya hablaba de substancias milagrosas y trances chamánicos. Incluso en una de sus novelas más leídas, Un mundo feliz (de 1932), había llegado a inven- tar una poderosa droga futurista, el Soma, partiendo del nombre del mítico enteógeno védico. El Soma de Huxley proporcionaba, en pequeñas dosis, una sensación de serenidad y beatitud. En dosis mayores provocaba visio- nes. Tres pastillas eran suficientes para en pocos minutos sumir en un hondo sueño regenerador. Las experiencias de Huxley con los hoy llamados enteógenos le llevaron a hondas reflexiones filosóficas, políticas y psicológicas, incentivando tanto su misticismo como la preocupación por los malestares sociales que según él podían afrontarse desde una óptica educativa diferente. De hecho las esperanzas que depositaba en el conocimiento que abren los enteógenos y en las aplicaciones prácticas de los estados modificados de consciencia se reflejan en todas sus últimas obras, alcanzando perspectivas notorias, como la que le comenta a Albert Hofmann en una carta de 1962:

“Tengo grandes esperanzas de que trabajos similares a éste resulten en el desarrollo de una verdadera Historia Natural de la Experiencia Visionaria –con todas sus variantes determinadas por diferencias físicas, temperamentales y de profesión– y a la vez en el desarrollo de una Técnica del Misticismo Aplicado: téc-

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Pioneros del amanecer psiconáutico

nica para ayudar a que los individuos aprovechen al máximo sus experiencias trascendentales y utilicen los insights del ‘otro mundo’ en los asuntos de ‘este mundo’. El Maestro Eckhart escribió que “lo que es recibido mediante la contem- plación debe ser dado en amor”. Esencialmente esto es lo que debería ser desarrollado: el arte de dar en amor e inteligencia lo que es recibido mediante las visiones y las experiencias de ”

autotrascendencia y participación solidaria con el Universo

El primer trabajo de Aldous Huxley aquí publicado (“La mescalina y el otro mundo”, de 1955, uno de sus primeros textos sobre la experiencia extática químicamente inducida) se trata en realidad de una ponencia que presentó en Atlantic City el 12 de mayo de aquel año, dentro del Coloquio de la American Psychiatric Association que le había invitado a participar en una mesa redonda sobre LSD y mescalina en la psiquiatría experimental. El segundo artículo (“Drogas que revelan la mente de los seres huma- nos”, de 1958) fue encargado al autor por el Saturday Evening Post, y es qui- zás el primer artículo en el que Huxley expone para un público popular sus tesis sobre las drogas, la educación y la experiencia extática. El tercer artículo (“La experiencia visionaria”, de 1961), representa en cierta medida una buena síntesis del pensamiento huxleyano. En él volve- mos a encontrar los temas apreciados por el autor, resumidos de forma sis- temática y completa. Se trata de una conferencia que impartió en el XIV Congreso Internacional de Psicología Aplicada, llevado a cabo en Copenhague durante 1961 (allí también participaba Timothy Leary y un escandaloso cole- ga suyo que aprovechando la ocasión repartió psilocibina a algunos perio- distas, un aporte clave para la duradera mala prensa sobre los enteógenos).

Volviendo a aquella fructífera mañana de 1953, mientras Huxley tomaba mescalina por primera vez, el banquero y etnomicólogo amateur Robert Gordon Wasson se encontraba preparando su primera expedición a México en busca de los hongos sagrados. Era un año de expediciones. Al mismo tiempo William Burroughs buscaba ayahuasca en la selva amazóni- ca y Jack Kerouac escribía En el camino. A todo esto la LSD, sintetizada por

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Presentación

Hofmann varios años antes en los laboratorios Sandoz, comenzaba a circu- lar de forma más amplia con el nombre comercial de Delysid. También en Francia el poeta y pintor Henri Michaux daba inicio a sus exploraciones enteogénicas por los abismos de la consciencia; si es cuestión de señalar algunos referentes del nuevo rumbo que se iba perfilando. Aunque Wasson recolectó los hongos psilocíbicos del sur de México por primera vez en 1953, no supo encontrar la dosis adecuada hasta que lo ini- ció la gran curandera María Sabina, en una velada llevada a cabo en la aldea Huautla de Jiménez (Oaxaca) el 29 junio de 1955. Como señala Jonathan Ott:

“Así, 434 años después de la conquista de México, el pharmacotheon fue res- catado del olvido en el momento preciso, justo cuando estaba prácticamen- te en la fase final de su senectud” (Ott 1996: 274). La experiencia de tal hallazgo fue publicada por Wasson en la revista Life el 13 mayo de 1957, acompañando el texto con magníficos dibujos y con una serie de fotografías. Este artículo histórico, grato para quienes se han apasionado por la investi- gación de Wasson, es el primero de los suyos que aquí se presentan. El títu- lo “En busca del hongo mágico” fue acuñado por los editores de Life a pesar de las objeciones del autor. La historia de la búsqueda fúngica emprendida por el matrimonio Wasson, y sus consecuencias para el estudio de las religiones, es contada con mayor detalle en el segundo artículo aquí publicado: “Los hongos alu- cinógenos de México: una investigación sobre los orígenes del concepto religioso entre los pueblos primitivos”. Fue una conferencia dictada en 1960 dentro de la Mycological Society of America, y luego editada en los Botanical Museum Leaflets de la Universidad de Harvard. En realidad conviene aclarar que el hallazgo mexicano de los Wasson no es un aporte tan original ni tan impecable como comúnmente se cree. En cuanto a su originalidad, si bien representa un avance significativo por las conclusiones derivadas de ello y por el impresionante desarrollo que imprimió en la etnofarmacología, se trata del paso decisivo de una investigación iniciada por Blas Pablo Reko, un médico austriaco radicado en México que en 1919 publicó el libro El México antiguo, donde sostenía que ciertas tribus indígenas mexicanas solían ingerir hongos con el fin de provocarse visiones de carácter religioso y adivinatorio. Esta hipótesis refu-

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Pioneros del amanecer psiconáutico

taba la postura de uno de los mayores botánicos norteamericanos, William Safford, quien sostenía que los hongos sagrados nunca habían existido y que los cronistas de la conquista los habían confundido con el peyote. Sin embargo, durante casi veinte años Reko fue ignorado, y sólo en 1936 su hipótesis halló confirmación gracias al antropólogo Robert Weitlaner, quien descubrió la persistencia del empleo de hongos sagrados en Huautla de Jiménez, adonde acto seguido viajaron juntos Reko y Richard Evans Schultes (pionero colosal de la etnobotánica) para recolectar tres géneros distintos de hongos psilocibínicos. Los descubrimientos de esta expedición fueron publicados a finales de los años 30, pero la Segunda Guerra Mundial bloqueó las investigaciones durante otros diez años.

En septiembre de 1952 los cónyuges Wasson recibieron una carta del poeta, narrador y mitógrafo Robert Graves, donde se hablaba de los hongos mexica- nos y se incluía un artículo sobre el tema en el que se citaban las investigaciones de Schultes. Entonces los Wasson no tardaron en comunicarse con él, que los puso en contacto con un guía que había vivido con los indios de Oaxaca. Dieron así comienzo las ocho expediciones a México capitaneadas por los Wasson. En la Sierra Mazateca preguntaron a todos los curanderos que consiguieron encon- trar, con la esperanza de que alguien pudiera ayudarlos a redescubrir el secreto que rodeaba a los hongos sagrados desde los tiempos de la conquista. En cuanto a la impecabilidad de tal hallazgo, pesan todos los malenten- didos característicos del encuentro entre las realidades indígenas y las esca- fandras (antes yelmos) de los exploradores de cultura occidental. Wasson, al encontrar en los ritos fúngicos mazatecos una posibilidad de recuperar la religiosidad mistérica occidental, dio inicio al proceso de destrucción de la cultura chamánica autóctona, pues al divulgarla activó la precipitación de incontables oleadas de turistas chamánicos que terminaron por hundir Huautla de Jiménez en un espectáculo grotesco de ambiciones capitalistas. El turismo abrió paso al uso lúdico, por lo que no extrañan las duras pala- bras de María Sabina al ver denigrado su antiguo culto: “Antes de Wasson,

yo sentía que los niños santos me elevaban. Ya no lo siento así

momento en que llegaron los forasteros

pureza. Perdieron su fuerza, los descompusieron. De ahora en adelante ya

Tras estas afirmaciones también se ocul-

los niños santos perdieron su

Desde el

no servirán. No tiene remedio

”.

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Presentación

ta la compleja relación que ella tuvo con Wasson, quien en más de una oca-

sión la utilizó de modo poco correcto, por ejemplo dejándola de a pié y sin dinero para volver a su aldea tras invitarla a conferencias en la capital. Sin embargo las contribuciones científicas de Wasson son mucho mayo- res que sus defectos propios de un banquero. Además de sostener la hipóte- sis fundamental de que la mayoría de las religiones surgieron de teofanías químicamente inducidas –por el Soma muscárico en el caso de la antigua tradición védica, por el Kykeon lisérgico en el caso de los misterios eleusi- nos– también contribuyó al redescubrimiento de varias especies enteogé- nicas utilizadas por distintas tradiciones milenarias, tanto varios hongos desconocidos hasta el momento por la ciencia como plantas de increíble poder: las semillas de ololiuhqui y la Salvia divinorum.

La relevancia de Robert Graves para el auge moderno de la psiconáuti- ca no es tan significativa como en el caso de los otros dos autores que nos ocupan, pero sí representa un paso importante hacia el reconocimiento del rol clave de la enteogenia en los orígenes de la cultura occidental. Siendo

ante todo un poeta y un transmisor de la memoria mítica, aspectos que se potencian mutuamente tanto en sus versos como en su prosa narrativa y ensayística, puede notarse que sus descripciones directas de la experiencia extática son de una calidad exquisita. Sus dos artículos presentes en esta recopilación (“Un viaje al paraíso: mi experiencia con la droga sagrada”, publicado en la revista Holiday en 1962,

y “El trance del hongo sagrado”, publicado en Story Magazine en 1963),

parten de una sesión con psilocibina en la que Graves participó justamen- te en casa de Wasson. Ambos textos pueden ser considerados una especie de resumen, basado en la experiencia personal, de las tesis que el autor llegó a desarrollar de modo impersonal en trabajos más extensos. A pesar de sus reticencias protestantes, sin duda Graves era un dúctil epopte, gran contemplador de los misterios y hábil verbalizador de las hon- duras arquetípicas. Ya en un artículo de 1957 había llamado la atención sobre el enigmático elemento fúngico representado en un espejo etrusco del año 500 a.C., con- servado en el British Museum, en el cual se representa el suplicio de Ixión,

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Pioneros del amanecer psiconáutico

antepasado mítico de las tribus prehelénicas de lapitas y centauros. Ixión, por haber intentado unirse a Hera, la esposa del todopoderoso Zeus, fue condenado a girar por el espacio atado de pies y manos a una rueda de fuego, castigo semejante a quien había revelado a los seres humanos el secreto de la ambrosía (el alimento de los dioses). En aquel espejo puede verse la sección transversal de un hongo que, según sugerencia del autor, es el hongo enteogénico Amanita muscaria. Graves llega muy lejos al sugerir su interpretación de la relación entre los hongos y la ambrosía. Los mitos definían la ambrosía como una mezcla de miel, agua, fruta (sin especificar cuál), aceite, queso y cebada perlada. Osadamente Graves sugirió que la receta del alimento de los dioses escon- día un ingrediente secreto que se mantenía oculto en el interior de la rece- ta misma, bajo una especie de código secreto análogo al ogham irlandés, procedimiento que los antiguos bardos usaban para deletrear palabras secretas a través de las primeras letras de una serie de palabras corrientes. Tomó entonces las iniciales griegas de los ingredientes de la ambrosía (meli, ydor, karpos, elaios, tyros y alphita) y obtuvo una nueva palabra:

MYKETA. Otro tanto hizo con la receta del néctar, la bebida de los dioses (meli, es decir miel, ydor, agua y karpos, fruta), obteniendo MYK. Para fina- lizar, hizo lo mismo con la receta del kikeon, la bebida sagrada de los mis- terios de Eleusis (minthaion, ydor, kukomenon y alphita). La palabra que obtuvo fue MYKA. Todos estos vocablos tienen como raíz el término grie- go arcaico que significa ‘hongo’: mykes. Apoyando esta hipótesis, sostuvo también que otros elementos de la mitología griega parecían referir metá- foras fúngicas, las que remitirían a un antiguo culto ligado al uso de hon- gos enteogénicos en el área del Mediterráneo. Por otro lado, Graves no se limitó a estudiar la mitología griega, sino que también fue el primero en intentar una interpretación micológica de algunos mitos de la tradición judeocristiana. Recluido voluntariamente en un pequeño pueblo de Mallorca, Robert Graves nunca amó la celebridad, más bien mantenía una actitud esquiva y modesta, sin pertenecer tampoco a un ámbito específico de investigación. Tal vez por eso todavía no llega a ser justamente valorado su aporte a la comprensión de las religiones antiguas.

Presentación

Es un gusto poder contar en un solo volumen con estos textos semina- les de la psiconáutica contemporánea. Entendiendo por ‘psiconáutica’ no la hoy difundida tendencia a los excesos desconcertados en busca de la mera intensidad alucinógena, sino la actitud consecuente que sostenían los tres autores en cuestión: la autoexperimentación con substancias enteogénicas en busca de un conocimiento empíricamente fundado sobre las diferentes dimensiones de la consciencia y de la realidad; sea a través de la ciencia, del arte, de la mística o de la terapia. Sirva este libro como homenaje a todos los valientes exploradores que, a pesar de las crecientes represiones, injusticias y miopías de la cultura dominante, se atrevieron a adentrarse en cuerpo y alma por los revelado- res caminos de la enteogenia.

BIBLIOGRAFÍA REFERIDA

Pablo Friedländer

Estrada, A., 1977, Vida de María Sabina: La sabia de los hongos, Siglo XXI, México.

Graves, R., 2001 (1954), Los mitos griegos, Alianza, Madrid,.

Graves, R., 1994, La comida de los centauros y otros ensayos, Alianza, Madrid.

Graves, R. & Patai R., 1986, Los mitos hebreos, Alianza, Madrid.

Hofmann, A., 1980, LSD: Cómo descubrí el ácido y qué pasó después en el mundo, Gedisa, Barcelona.

Huxley, A., 1954, The Doors of Perception, Harper, New York.

Huxley, A., 1977, Moksha, Stonehill, New York.

Lewin, L., 1924, Phantastica, Georg Stilke Verlag, Berlin.

Ott, J., 1996, Pharmacotheon, La Liebre de Marzo, Barcelona.

Safford, V.J., 1915, “An Aztec Narcotic”, en: J. Hered., Nº 6: 291-311.

Schultes, R.E., 1939, “The Identification of Teonanácatl, a Narcotic Basidiomycete of the Aztecs”, en: Bot. Mus. Leaflets, Nº 7: 37-54.

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ALDOUS HUXLEY

POR MARIO LORENZETTI

Aldous Huxley (Godalming, Gran Bretaña 1894 - Hollywood, EEUU, 1963) debe la fama sobre todo a su intensa actividad como narrador, pues menos conocida es la importancia de su obra desde el punto de vista filosófico. Huxley expresó su pensamiento tanto a través de ensayos como en sus novelas. La narrativa huxleyana es un vehículo de conocimiento. En este sentido, Huxley escribe: “Cómo juntar lo mejor de ambos mundos: el mundo de la especialización, que es absolutamente necesario, y el mundo de la comuni- cación en general, interesado en las cuestiones más importantes de la vida, que también es necesario. Creo que el hombre de letras tiene que aportar una contribución. Si opta por asociarse en cierta medida con los especia- listas, puede hacer algo para establecer un puente entre la ciencia y el mundo en general” (Final Revolution). Huxley expresa en sus obras tanto sus interesantes intuiciones como investigaciones específicas y conoci- mientos filosóficos, psicológicos y políticos. Asimismo, es un intelectual interesado en todas las conexiones teóricas capaces de proyectar luz de forma no supersticiosa sobre aquello que podemos definir como una inves- tigación sobre la consciencia, trazando un puente entre ciencia y búsqueda interior. Pertenece, como lo hizo posteriormente Alan Watts, a esa corrien- te de pensamiento que pretende rescatar del oscurantismo a la experiencia religiosa. La publicación de estos escritos inéditos es una contribución más al conocimiento de un personaje actual y fascinante, considerado por algu- nos como el padre de la revolución psiquedélica.

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Huxley se halla en una encrucijada cultural importante: la del encuentro entre las culturas que se ocupan de lo interior, las llamadas vías espiritua- les, con la búsqueda y la experiencia psiquedélica. Como místico y visiona- rio, se preocupó siempre por la búsqueda interior, por la experiencia reli- giosa como visión mística, en tanto búsqueda laica de la naturaleza del hombre, de las profundidades del alma humana y de su sentido y finalidad en esta dimensión, en este universo. Huxley se sintió profundamente fasci- nado por todas las escuelas místicas que sitúan la experiencia espiritual en una dimensión vivencial y no en un universo de fe dogmática e indemos- trable, que buscan la experiencia de la beatitud y del conocimiento de lo sagrado en esta vida, más que al otro lado de la frontera de la muerte. Huxley fue un buscador espiritual con plena dedicación personal, más allá de las iglesias y de sus dogmas. En tal búsqueda se orienta hacia una filoso- fía perenne, que no es otra cosa que el corazón de la experiencia mística, ele- mento gnóstico universal presente en las tradiciones de todas las latitudes. En el artículo “La experiencia visionaria” clasifica las modalidades de acce- so a la experiencia mística. Entre ellas encontramos, según su estilo laico, la vía psiquedélica, lo que además de significativo es en cierta medida novedoso para su época. Desde hace mucho tiempo (al menos en Occidente) no se afrontaba esta problemática como no fuera en términos de condena. ¡Qué abismo cultural desde los antiguos himnos del Rigveda que exaltan el Soma! Antes de que la profunda oscuridad de la histeria moralista y prohibi- cionista de Estados Unidos cayera sobre nuestras sociedades en los años 60, antes de que llegara a bloquear cualquier investigación seria sobre las substancias (más que el uso incontrolado de las mismas, que continuó en la ilegalidad), Huxley había emprendido un proceso inverso: el de la reva- lorización de las vías psiquedélicas como caminos de autoconocimiento y de espiritualidad. Era un proceso inverso a la dogmatización y al vacío vivencial de las grandes religiones, lo que ya estaba presente en él incluso antes de la fase psiquedélica. La filosofía perenne es la superación de las barreras cerradas y de las empalizadas de cada una de las escuelas reli- giosas particulares: la experiencia como base de identidad de las escuelas y de la naturaleza humana.

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ROBERT GORDON WASSON

POR GILBERTO CAMILLA

Robert Gordon Wasson nació el 22 de septiembre de 1898 en Great Falls, Montana. Licenciado en la Columbia School of Journalism y en la London School of Economics, trabajó muchos años como periodista, para luego dedicarse a la actividad de banquero, primero en la Guaranty Company of New York, luego en la Morgan & Company, donde desempe- ñó, de 1943 a 1963, el cargo de vicepresidente. En 1926 se casó con Valentina Pavlovna Guercken, una rusa blanca, de la que tuvo dos hijos, Peter y Mary Xenia. Por un extraño juego del azar, este matrimonio tuvo que asumir en la historia de la cultura científica occidental una importancia a la que aún hoy no se hace del todo justicia. Robert Gordon y Valentina fueron pioneros y fundadores de la etnomicología, una rama particular de la etnobotánica que se ocupa específicamente de la relación entre el hombre y los hongos. Gran parte de su vida en común fue dedicada a analizar e interpretar el papel de los hongos en el desarrollo cultural de muchos pueblos, y a ellos se debe la introducción en el vocabulario científico de los neologismos “micofobia” y “micofilia”, términos que indican la distinta actitud emotiva que cada uno de nosotros tiene con respecto a los hongos. A principios de los años 50 se produjo el momento crucial: a conse- cuencia de las sugerencias del mitógrafo Robert Graves, quien les escribió que en el sur de México sobrevivía un antiguo culto ligado a “hongos mági- cos” sin especificar, los esposos Wasson emprendieron numerosas expedi-

72

Wasson

ciones a la Sierra Mazateca, en el estado mexicano de Oaxaca, hasta aque- lla famosa noche del 29 de junio de 1955, cuando la curandera María Sabina dio a Robert Gordon Wasson una docena de hongos psilocibínicos. Tras la muerte prematura de Valentina, acaecida en 1958, Robert Gordon Wasson siguió con la investigación, trabajando sobre todo con Roger Heim, director del Museo de Historia Natural de París, que había acompañado a los esposos en muchas expediciones mexicanas. De esta asociación nació el divulgadísimo libro Les Champignons hallucinogènes du Mexique. Tras retirarse de su trabajo en 1963, Robert Gordon Wasson se dedicó en cuerpo y alma a la investigación etnomicológica, viajando a Oriente, Japón, India, Nueva Guinea, Afganistán, etc., sobre la pista de reli- giones y mitos ligados a los hongos alucinógenos. Etapas relevantes de su actividad editorial la constituyen el año 1969, año en que publicó Soma: Divine Mushroom of Immortality, escrito en cola- boración con Wendy Donniger O'Flaherty, en el que recoge numerosas pruebas para “desvelar” el misterio del Soma, la mítica planta/divinidad de la tradición védica. La hipótesis de fondo, que ya casi todos conocen, es que el soma no era otra cosa que el hongo Amanita muscaria. La hipótesis desencadenó vio- lentas réplicas entre los estudiosos védicos, pero actualmente está casi uná- nimemente aceptada. En 1974, en colaboración con George y Florence Cowan, expertos en la lengua mazateca, y con Willard Rhodes, musicólogo, publicó Maria Sabina and her Mazatec Mushroom Velada. El libro ha significado un trabajo de nada menos que 15 años y plasma la trascripción completa de una ceremo- nia con los hongos sagrados, grabada por Wasson en 1958. El trabajo está publicado en tres idiomas: mazateco, español e inglés; va acompañado de un análisis lingüístico y musicológico, de fotografías en color y de cuatro discos. Robert Gordon Wasson confesó en numerosas ocasiones que con- sideraba este trabajo como el mejor de todos los suyos y que se sentía par- ticularmente orgulloso de él. En 1978 publicó (con Albert Hofmann y C. A. P. Ruck) The Road to Eleusis, donde planteaba la hipótesis de que en la base de los misterios de Eleusis estuviese el cornezuelo del centeno, que contiene amidas del ácido lisérgico.

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En los últimos años de su vida publicó The Wondrous Mushroom (1980)

y el póstumo Persephone's Quest (en colaboración con Stella Kramtisch,

Jonathan Ott y C. A. P. Ruck) que añade nuevas pruebas a la hipótesis de que los enteógenos (término que él mismo acuñó) fueron la base de la reli-

gión primitiva de Eurasia. Robert Gordon Wasson murió el 23 de diciembre de 1986 en casa de su hija, en Nueva York, dejando un vacío que no será fácil de llenar. Muchas veces en el transcurso de su vida Wasson volvió al episodio del descubri- miento de los hongos mexicanos, tanto con merecido orgullo como para

confesar una especie de melancolía, que deriva del reconocimiento de haber sido, a pesar suyo, responsable de la llegada a las remotas aldeas de

la Sierra de miles de hippies en busca del éxtasis, de haber dado la señal

de partida al turismo “psiquedélico” en América central, que tantos daños ha provocado. La misma María Sabina reprochó a Wasson el haber “dado a conocer los hongos al mundo” y de haber hecho que perdieran la fuerza y la pureza.

También de ello era consciente Wasson: “En 1955, cuando tuve mi prime-

ra velada con María Sabina, me vi obligado a una difícil elección: no divul- gar mi experiencia o presentarla dignamente al mundo. No tuve un instante

debían ser dados a conocer al mundo. En

la forma debida, sin tener en cuenta lo que me costara. Si no lo hubiese hecho

yo, la consulta tradicional del hongo hubiera durado algunos años más, pero estaba destinada a desaparecer porque era inevitable (

de duda: los hongos sagrados (

)

durado algunos años más, pero estaba destinada a desaparecer porque era inevitable ( de duda: los