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218 MARCO TULIO CICFRON. Ja moderacién de las cosas obedientes 4 los deseos, »jTe parece que cumple con el pudor el que se en- trega sin testigos 4 Ja liviandad? {No hay cosas torpes ’ por si mismas, aunque no vayan acompanadas de nin- guna infamia? Y jqué hacen los fucrtes varones? {Acaso se arrojan 4 la pelea y derraman la sangre por su patria, movidos por célculo de interés, 6 por un cierto ardor ¢ impetu de su animo? ;Crees joh Tor- cuato! que si tu asccndiente oyera nuestras palabras, habia de gustar mas de la manera como ti explicas su hazafia, que de Ja manera como la explico yo, diciendo que nade hizo pcr su causa y todo por causa de Ja re- publica, mientras que ta sosticnes que nada hizo sino por su propio interés? Y si quisieras explanar esto to- davia mas, y decir abicrtaente que nada hizo sino por causa del delcite, ;crces que lo sufriria con pacien- cia? Concedamos esto: haya cn buen hora obrado Tor- cuato para su utilidad, como ta dices (y hablando de tal varén, preflero la palabra inders 41a palabra de'eite), pero su colega Publio Decio, e] primer cdnsul que hubo en su familia, que se sacrificé 4 10s diuses infer- nales y se arrojé 4 cabalio en medio de] escuadrén de los latinos, jpensaba algu en su propio placer? ;Cudndo 6 donde habia de gozarle, si sabia que iba 4 morir en seguida, y buscaba aquella muerte con mas ardiente deseo que si pugnara en busca del placer? Y si aquel hecho no hubicra sido noble y glorioso, ciertamente que no le habria imitado su hijo, cuando fué por cuarta vez c6nsul, ni tampoco su nieto, cuando cayéd peleando contra Pirro y se cfrecié por la salud de la reptblica, como la terccr victima de su linaje. »No quiero citar mas ejemplos. Los Griegos tienen pocos: Lednidas, Epaminondas... en suma tres 6 cua- tro. Si yo empezara 4 citar todos los nuestros, facil- mente concluiriamos por reconocer que el delcite DEL SUMO BIEN ¥.DEL SUMO MAL. 219 tie.e siempre mucha menos fuerza q 1¢ la virtud; pero no me bastaria el dia para enum:rarlos todos, y:asi -como Aulo Valerio—que pasaba por juez purisimo,— solia decir cuando le presentaban algunos testigos y citaban otros: O bastan estos testigos, 6 no se cuales »bastan» del mismo modo yo creo haber Presentado bastantes. »Lo que 4 ti misino, tan dignode tus mayores, te mo- vid, cuando eras joven, 4 arrebatar 4 Publio Sila el consulado, 3fué por ventura el placer? ; »Y .qué diras de tu padre, varén fortisimo, lo mismo en su consulado que después de ¢] y como simple ciudadano? Siguicndo yo su ejemplo, quise mirar mas bien por la salud de todos que por la mia prapia. ;Con cuanta habilidad ponias de una parte 4 un hombre colmado de muchos y extraordinarios deleites, y tio aquejado por dolor alguno presente ni futuro, y porla otra 4 un hombre atormentado en todo su cuerpo, sin placer alguno ni esperanza de él, y preguutabas quien era mas miserable que este tltimo, 6 quien mas feliz que el primero, y de todo inferias que cl sumo mal era el dolor, y e] sumo bien el placer! T@ conociste, y no puedes menos de recordar, 4 Thorio Balvo Lanuvino. Este vivia de tal modo que no podia encontrarse: yo- Juptuosidad alguna, por exquisita que fuese, de que-é] en abundancia no gozara. Era codicioso de placercs, y en todos ellos inteligente y magnifico; tan poco su- persticioso, que despreciaba los infinitos sacrificios y templos de su patria; tan despreciador de la muerte. que murié en Ja batalla, combaticndo por la repablica. No calificaba los deleites por la divisién de Epieuro, aino por su propio hast{o. Tenia sin embargo cuenta con su salud, y asi se entregaba 4 aquellos ejercicios ginmisticos que podian hacerle llegar 41a mesa con bambre y con sed. Escogia manjares § yn mismo 220 MARCO TULIO CICERON.. tiempo.suavisimos y muy faciles de digerir; usaba del -¥ino.con tal. mesura que no le causase dafio; y 4 esto .-ahadia todos los demas placeres, sin los cuales Epicuro no concebia la felicidad. Estaba libre.de todo dolor, y silo hubiese tenido, no lo habria sufrido con pacien- cia, aunque oja mas 4 los médicos que 4 los fildsofos. Su color era excelente, integra su salud,.grande su cortesia y llena su vida de toda variedad de placeres. »Sin duda que 4 éste le tendra vucstra escuela por hombre feliz. Yo no me atrevo 4 decir cual es lo que antepongo 4 esto; lo diré por mi la virtud misma, no dudando en afirmar que Marco Régulo fué mucho mas afortunado cuando, por voluntad propia y no obligado de ninguna fuerza, por la palabra que habia empefiado 4 sus enemigos, volvié desde su patria a Cartago. De este hombre, atormentado de vigilias y de hambre, dira siempre la virtud que fué-mas feliz que Torio, cuando bebia entre rosas. Réguio habia hecho grandes guerras: dos veces habia sido cénsul; habia obtenido el triunfo, y sin embargo no estimaba tanto sus pasadas y excelentes grandezas como aquel ulti- mo caso 4 que se arrojé por su fidelidad y constancia; heroicidad que é los oyentes nos parece lastimosa, y que él llevé & cabo con plena voluntad. No consiste la felicidad en la alegria, ni en la lascivia, ni en la risa 6 en Ja burla, compaiiera de la ligereza, sino que reside muchas veces en la triste firmeza y constancia. »Violada Lucrecia por el hijo del Rey, se maté, po- niendo por testigos 4 los ciudadanos. Este dolor del pueblo romano fué causa de libertad para Roma, mo- vida y guiada por. Bruto. Y por la memoria de aque - lla mujer, en el primer aio de la repiblica, fueron hechos cénsules su marido y su padre. »El humilde Lucio Virginio, uno de la multitud, s2- senta aijos después de recobrada Jy libertad, maté por DEL SUMO BIEN ¥ DEL SUMO MAt.. 821 su propia mano 4 su hija, doncella, antes. que entre- garla 4 la liviandad de Apio Claudio, que tenia enton- ces el sumo imperio. »O hemos de vituperar estas cosas, oh Torcuato, 6 abandonar la defensa del delito 4 quien pueda defen- der esta causa, que no presentara nunca en su abono testigos ni patronos entre los varones ilustres. Nos- otros, en el monumento de nuestros anales, recorda- mos & los que consagraron toda su vida al trabsjo glorioso, y ni aun podian oir con paciencia el nom- bre de deleite; pero para vosotros esté muda la histo- yia. Nunca of nombrar en la escuela de Epicuro 4 Li- curgo, 4 Solén, 4 Milciades, 4 Temistocles, 4 Epami- nondas, que andan siempre en boca de los demas fildsofos. Pero ahora que hemos empezado 4 tratar de esto, nuestro Atico nos suministraré de su abundante tesoro tantos y tales varones como necesitemos para testigos. JNo vale més saber algo de ellos que hablar de Temistocles en tantos volamenes? Concédase esto a los Griegos, ya que de cllos hemos recibido la filo- sofia y todas las artes liberales; pero con todo eso, hay algo que 4 nosotros no nos es licito, y 4 ellos si. »Pelean los estoicos con los peripaidiicos; niegan los unos que haya felicidad fucra de lo honesto; los otros conceden mucho, muchisimo & Ja honestidad; pero con tedo eso, afirman que enel cuerpo y fuera de él hay algunos bienes honestos. Es el certamen y ja disputa espléndida, como que toda ella versa sobre la dignidad de la virtud. Pero disputando con los tuyos, es forzoso oir mentar aquéllos deleites cbscenos de que tantas veces discute largamente Epicuro. Ne puedes defender esto joh Torcuato! (creme) si consideras tu propia naturaleza y tus . pensamientos y tus estudios. Te avergonzaris, digo, contemplando aquella tabla que Cleantes, muy inge~ 229 MARCO TULIO CICERON. niosamente, solia pintar con palabras. Decia & sua discipulos que se imaginasen un cuadro en que estu- viese pintado el placer sentado en su solio, con es- pléndidas vestiduras y ornato real, y que en torno de él estuvieran las virtudcs como criadas, que ninguna otra cosa hiciesen sino scrvir al placer, y 4 lo sumo advertirle al cido, si es que esto podia indicarse en la Pintura, que se guardase de hacer ninguna impru- dencia que ofendiese el animo de Jos hombres, 6 algo que pudiera ser ocas:én de dolor. Nosotras, las virtu- des, hemos nacido para servirte, y ninguna otra ocu- pacién tenemos. Niega Epicuro, lumbrera de vuestra escuela, que nadie pueda vivir honestamente sino quien vive de un modo agradable. A mi poco me im- porta Jo que él afirme 6 niezue; lo Gnico que pido en quien defienda el placer como sumo bien, cs que sca consecucnte consigo mismo. - »@Qué razén ticnes para decir que no pasaron vida muy agradable Torio Postumio, Clico, 6 el maestro de todos ellos Orata? Niega Epicuro, como antes dije, que sea reprensible Ja vida de los lujuriosos, 4 no scr que sean enteramente fatuos. Es decir, que estén su- jetos al deseo 6 al temor. Verdad es que promete me- dicina para el miedo y la esperanza, pero en realid:.d s6lo concede licencia 4 la lujuria. Quitadas estas cosas, uo halla nada reprensible en la vida relajada. No po- déis, pues, estimdndolo todo por el deleite, ni conce- bir ni defender la virtud, ya que no se puede tener por varén justo y santo al que sdélo se abstiene de ~ hacer mal por el perju‘cio que pueda causarie. »Ya recuerdo aquella sentencia: «No es piadoso _ »quien la piedad...» Nunca bas oido mayor verdad, No es justo quien lo es por temor, puesto que dejaria de serlo en cuanto no temiese y de hecho perdiera el miedo. Siempre que pueda obrar con cautela, 6 consi= DEL. SUMO BIEN ¥ DEL SUMO MAT. 223 ga, 4 fuerza de poder, lo que desea, preferira de cierto ser tenido por hombre de bien, aunque no lo sea, 4 serlo, aunque no lo parezca. De donde se inflere, y es cosa evidente que, dando por verdadera y cierta juse ticia una falsa apariencia de ella, nos enscfia en cierto- modo 4 despreciar nuestra propia y firme concicncia, y 4 seguir Ja errante opinidn de los otros. Lo misno puede decirse de las demas virtudes, cuyo fundamento ponéis en el deleite, que es lo mismo que ponerlo-so- bre el agua. Y ;qué mas! ;podremos Hamar fuerte 4 tu abuelo Torcuato? 4 quien yo me delcito en citar, aune que no pueda corromperte, como ta dices; pero basta, que me deleito en recordar vuestra familia y vucstro nombre. Y por Hércules juro que traigo siempre ante los ojos & aquel excelente varén y tan amigo nuestro, Aulo Torcuato, cuyo insigne amor hacia mi, manifie:« to en aquellos tiempos que todus conocéis, recordaré sin duda cualquiera de vusotros. Y ciertamente que yo mismo, que soy y quiero ser tenido por agradecido, no lo hubicra sido tan‘o, a no conocer que fué amigo mio por mi interés y no por cl suyo. Quiza digas que cl interés propio esta en hacer bien 4 todos: si esto concedes, hemos vencido. Esto pretendcmos, esto dve fendemos: el fruto del deber cumplido es el ceber :nismo; pero esto no lo concedes ti, que en todos los casos pides el deleite como merced. »Pero vuelvo 4 Torcuato: si fué el placer el que 'e arroj6 4 pelear junto al rio Anio, cuando le provocé ch (alo, y de sus despojos obtuvo su collar ysu noml rey y si no fué otra la causa sino la gloria que esperaba conseguir, no le tengo por varén ilustre. Si el pudor, la modestia, la castidad, en una palabra, la templan- za, no tuvicran mds apoyo que el miedo de la pena 6 de la infamia, y no se defendieran por su propia san - tidad, j4 qué adulterio, 4 qué estupro, 4 que liviandad 224 Manco Titto crcerdy. no se arrojarfa desbocado, cuando viera el modo de ocultarse, 6 la impunidad 6 la licencia! »Y jte parece bien, oh Torcuato, que un hombre como ti, de tal nombre, ingenio y gloria, no te atre- vas 4 confesar en piiblico el bien 4 que refieres lo que haces, lo que piensas, Io que intentas, y qué es lo que tienes por mas exceleute en la vida? Cuando obtienes una Inagistratura, y subes 4 la tribuna para declarar de qué manera vas 4 administrar justicia, y aiadcs, si te parece, algo sobre la gloria de tus mayores y sobre tu propia persona, conforme 4 la costumbre ad- mitida, jte atreverds 4 decir que todo cuanto hagas en tu oficio piblico lo vas 4 hacer por causa del de- leite, y que nunca has tenido otra razén para ningain acto de tu vida? Me dirds que si te creo tan loco que te atrevas 4 hablar de este modo delantc del vulgo profanv. Pero jatrévete 4 decirlo en juicio 6 en el Se- nado! Nunca lo haras, ciertamente. Y por qué no, sino Por la torpeza misma de este razonamiento? ;0 es que 4 mi y 4 Triario nos crecs dignos de poder oir tales torpezas? . »Es evidente cosa que la misma palabra deleite no tlene en si dignidad alguna; acaso sera que nosotros no la entendemos. Y 4 nosotros nos decis que no al- canzamos el verdadero sentido de esta palabra. Os pa- rece dificil y oscura, y sin embargo os entendemos bien cuando habldis de déomos y de intermundios, que Di existen ni pueden existir, y no podemos entender el deleite, que conocen todos, hasta los péjaros. ¥ ;qué me dirds, si te obligo 4 confesar, no sdlo que yo sé en qué consiste el placer (que después de todo no es mas que un movimiento agradable en los sentidos), sino qué también sé lo que ta quieres dar 4 entender con ese nombre? Porque, en realidad, ta le entiendes lo mismo gue yo, y le haces consistir en el movimiento DEL SUMO BIEN Y DEL SUMO MAL. 225 yenalguna modificacién; y hablas ademas de cierto sumo placer, al cual nada puede afiadirse, y cuando esté inmune de todo dolor, le tienes por firme y esta- ble. Te concedo que esto sea el deleite. »Atrévete 4 decir en alguna usamblea que procedes en todas tus cosas no mas que por evitar el dolor. En esto siquiera aparecerés amplio y generoso. Y ique seré si afirmas que en esta magistratura y en toda tu vida no hards sino lo que te convenga y lo que diga relacién 4 tu propio interes? ;Qué clamoreo no se le- vantara contra ti, 6 qué esperenzas podras conservar de aque] consulado que ticnes tan préximo? Es decir, que no osaras confesar en piblico el sistexna que usas contigo mismo y con los tuyos. ‘I’ en los juicios y en el Senado tienes siempre en la boca las mismas palabras que usan !os peripateticos y los estoicos: «deber, equidad, dignidad, fe, patria, honestidad, dig- »nidad del Imperio, dignidad del pueblo romano, :pe- nligros por la reptblica, morir por Ja patria.» Cuando esto decis, nosotros nos asombramos; pero ta debes reirte interiormente. Porque entre estas tan magni- ficag y excelentes palabras, ningin lugar ocupa cl deleite, no ya el que dices que consiste en el movi- miento y entienden todos los ciudadanos y todcs los rasticos, ni aquel otro déleite tranquilo que nadic sino vosotros Nama placer. Mira que es inconsecuen- cia valerte de nuestras palabras, pienses como pien- ses. Ta, que no fingirias en rostro ni en ademan con objeto de parecer hombre més grave, finges cn las palabras y dices lo que no sientes, 6 sin duda cambias de parecer como de vestido, teniendo uno para tu casa, otro para el foro; en la frente Ja ostentacién, y dentro del alma la verdad oculta. Dime si esto te parece honrado. Yo sélo tengo por verdaderas lag opiniones que son honestas, laudables, gloriosas, que TOMO Hl. pas) 226 MARCO TULIO CICERON. pueden pronunciarse en el Senado, ante el pueblo, en toda reunién y asamblea, de tal modo, que no nos ru- boricemos de decir io que nos avergonzamos de scn-- tir. Pero qué lugar puede haber para la amistad, 6 cémo pucde tenerla quien no ama 4 otro sino por su propio interés? ;Qué otra cosa es el amor, de donde procedié el] nombre de amistad, sino querer hacer 4 alguien infinitos beneficios, aunque de ellos ninguna ventaja nos resulte? Me diras que te conviene tener ese afacto, 6 410 menos aparentarle, porque no puedes ser amado si no amas; pero jcémo lo has de ser, si antes no se ha apoderado de’ti el amor, que no nace de la razén de utilidad, sino él por si mismo y espon- taneamente? Me dirés que sigues Ja utilidad. En tal caso durara la amistad, cuanto dure la utilidad. y si ella funda la amistad, ella la destruira. Y jqué hards si la amistad no te produce utilidad ninguna, como suele suceder? jLa dejarés? Pero jqué amistad es ésa! jLa conservaras? ;Y para qué? Me diraés que para no incu- rrir en odio, abandonando 4 tu amigo. Y jpor qué ha de ser digno de odio lo que no es torpe en si mismo’ Y si uo abandonas 4 tu amigo, para que éste no tc traiga algan mal, &1o menos estards deseando que se muera, para no estar ligado 4 él sin fruto. Y si no solamente no te trae utilidad ninguna, sino que vienes 4 perder tu hacienda, 4 sufrir molestias, 4 poner en peligro la vida, jni siquiera entonces miraras por ti, y recordaras que cada cual ha nacido para si y para su placer? ;Te entregaras al tirano para que te dé la muerte come fiador de tu amigo, como hizo Pitagoras con el tirano de Sicilia? O al modo de Pilades, jdiras que cres Ores- tes para morir por tu amigo? 6 al modo de Orestes, desmentiras 4 Pilades y te entregaras ti mismo 41a muerte, y si no lo consigues, 4 lo menos pediris que te maten junto con él? DEL SUMO BIEN Y DEL SUMO MAT. QT »Yosé de cicrto que ti harias todas estas cosas, ua Torcuato. Nada hay tan digno de grandes alabanzas que yo te crea capaz de omitir por miedo de la muerto 6 del dolor. Pero ahora no pregunto lo que es conformo a tu naturaloza, sino 4 tu sistema; la razén que defien- dos, los preceptos que aprendiste, la filosofia que apruebas destruyen la paz y amistad, por mas quo Epicuro, segan su costumbre, la levante al cielo con extraordinarias alabanzas. Me dirds que 61 mismo la observaba cscrupulosamente. Ni yo ui nadie niega que era hombre de bien, cortés y humano; pero aqui tratamos de su ingenio en la disputa, no de sus cos- tumbres. Quédese para ia ligereza de los Griegos e. perseguir con la maledicencia 4 los que disientan de la verdad. Pero aunque é! fuese cortés y ficl en la ainistad, y dado caso que sea verdad esto, porque yo nade afirmo, to cierto es que en-la disputa mostrd boca agudeza. Me dirdés que tuvo muchos discipulus, y quizis tengas razén, pero nunca fué muy de estimar cl testimonio de la muchedumbre. En todo arte 6 es- tudio, 6 en cualquiera ciencia, 6 en la misma virtud, todo lo excelente as razisimo. »¥ 4 mi, no porque Epicuro fuera hombre honradn y porque muchos epiciireos hayan sido, y sean hoy, fieles en la amistad, constantes y graves en todos los actos de su vida, y se gobiernen, no por el deleitc, rino por e! deber, me parece, por eso, mayor la fuerza de 1a honestidad y menor la del placer. Algunos vi- ven de tal modo, que su vida es la refutacién de su doctrina, y asi como de otros se cree que dicen mejor que hacen, asi de vosotros me parece que obriis me- gor que decis. Pero esto nada importa al asunto. Exa- aininemos Jo que tit dices de la amistad. Slo un argu- mento me pxrcciéd que alegabas' tomado de Epicuro: que la amistad no puede gepararse del placer, y qua 228 MARCO TULIO CICERON. debe ser cultivada, porque sin ella no es posible vivir con seguridad y sin temor, ni siquiera con agrado. Bastante hemos respondido a esto. Luégo trajiste un argumento mas humano de otros fildsofos més recien- - tes, nunca pronunciado por el mismo Epicuro, que yo sepa, y dijiste que el amigo se buscaba primero por causas Ge utilidad, y que después con Ja costumbre se le amaba por si mismo, aun perdida la esperanza de medro. Aunque esto tiene muchas dificultades, sin embargo, acepto lo que me concedes. A mi me basta, y 4 vosotros no os basta, desde que concedéis que alguna vez cs posible obrar con rectitud, por mas que no se espere ni se busque ganancia alguna. Alegastc también Ja opinién de algunos que afirman que los sabios han hecho entre si cierta alianza para tratar 4 sus amigos como 4 si mismos. Y si esto es posible, y si alguna vez se ha hecho tal pacto, debe ser de gran utilidad y agrado para la vida. Si pudicron hacer est? convenio, lo mismo podrian hacer que amasemos la caridad, la modestia y todas las demas virtudes des- interesadamente y por si mismas. Pero si cultivamos Ja amistad por el fruto, por los emolumentos, por la utilidad; si no hay amor ninguno que produzca la amistad espontaneamente, por su propia fuerza, ape- tecible en si y por si, ;quién ha de dudar en anteponer sus fundos y sus posesioucs 4 sus amigos? Aqui recor- dards de nucvo las palabras de Epicuro en loor de la . amistad. Yo no pregunto lo que Epicuro dice, sino lo que debe decir conforme 4 su doctrina y 4 su razén. Sila amistad no tiene mas fundamento que la utili- dad, ;por qué estimas mas 4 su amigo Triario que 4 tus graneros de Puzol? Aqui recurriris al acostumbrado argumento: la proteccién de los amigos. Bastante proteccién tienes en ti mismo, bastante en las leycs, bastante aun en otras relaciones inferiores 4 1a amis- DEL SUMO BIEN Y DEL SUMO Mat, 22) fod. Nadie podra hacerte victima de su odio, y facile mente evitarés la envidia. Para todo esto da preceptos Fpicuro. Si pagas tanto tributo 4 la liberalidad, aun- que no tengas el amor de Pilades y Orestes, facil- mente obtendrés el apoyo y la benevolencia de mu- chos; pero ;con quién comunicaras lo serio y lo jo- coso? jcon quién los arcanos y las profundidades de tualma? Primero contigo mismo; después con esos amigos 4 medias. Pero aunque esto no sea init}, dime: jd6énde esta la utilidad de tanto dinero gastado? Ya ves que si mides Ja amistad por el amor, nada hay més excelente que ella; pero si la mides por la utilidad, ia mayor amistad es inferior 41a posesién de un predio de gran valor. Si hemos de ser verdade- ros amigos, me has de amar 4 mi mismo, pero no laa cosas que yo poseo. »M+ detengo excesivamente en cosas muy claras. Sabido ya y concluido qué no hay lugar ni para la virtud. ni para la amistad si lo referimos todo el placer, nada me resta que decir. Pero para que n> parezca que he dejado de responder 4 algin argu: mento, diré algo sobre lo restante de tu discurso, Como todas 1a filosofia se encamina 4 producir la vida feliz, y s6lo por apetecerla-se dedican los hombres asu estudio, y como esta felicidad de la vida 1a po- nen los filésofos en diferentes cosas, y vosotros la hacéis consistir en el delcite, y, por el contrario, toda infelicidad en el dolor, veamos, en qué estriba esta felicidad de la vida. Sin duda me concederéis que si la felicidad es algo, debe estar bajo el dominio y potestad del sabio, porque la vida feliz que puede perderse no es ya vida feliz. jQuién conffa en la fir- meza y estabilidad de lo que por si es fragil y caduco! Y quien desconfia de la perpetuidad de los bienes que posse, neccsarlo es que tema perderlos alguna 230, MARCO TULIO CICERON vez y verse reducido 4 la miseria. Nadic puede ser feliz con tan gran temor; por consiguiente, nadie pucde ser feliz jamas, porque la vida feliz tiene que ser perpetua y no estar reducida 4 una porcién de tiempo; ni se llama vida feliz la que no es perpetua y absoluta: no puede ser nadie feliz unas veces, y otras desdichado. E] que crea que puede ser infeliz no es ya dichoso, y cuando una vez comienza la felicidad, permanece cuanto dure la misma sabiduria, artifice de todo bien en Ja vida, y no espera al ultimo mo- mento de la vida, como Soldén dijo 4 Creso, segan leemos en Herodoto. Pero ti nos has dicho que Epi- curo niega que Ja larga dnracién de tiempo acre- ciente algo 4 la vida feliz, y que sca mayor el deleite sempiterno que el que se percibe en un instante ra- pidisimo. »Hay en todo esto grandes contradicciones. Des- pués de haber colocado el sumo bien en el dclei- te, niegas que un plazo infinito sea mayor que el finito y limitado. El que hace consistir el sumo bien en Ja virtud, pucde decir que la perfeccién de la vir- tud acrecienta Ja felicidad de la vida, y negar que e} tiempo pucda anadir nada al sumo bien; pero el que hace consistir en el placcr la vida feliz, si es con- secuente consigo mismo, jcémo ha de negar que la mayor duracién acrece el deleite y también el dolor? Si el dolor mas largo es el mas calamitoso, jc6mo no ha de ser mas apetecible el placer que tenga mas duracién? ;Por qué llama Epicuro 4 Dios feliz y eterno? Si se quita la eternidad, jpor qué ha de ser Jupiter mas feliz que Epicuro? Uno y otro gozan del sumo bien, es decir, del placer. : »Me diréis que Epicuro tiene también el dolor; perc io cierto es que, si hemos de creerle, no lo estima en nada, puesto que esta dispuesto 4 exclamar: jqué agra- DEL SUMO BIEN Y DEL SUMO MAL. 231 dable es esto! hasta cuando le quemen. jEn qué le yencen, pues, los Dioses sino en la eternidad, ni qué bien hay en la eternidad sino el sumo y sempiterno deleite? De qué sirve el hablar bien, si no hablas de un modo consecuente? Segin vosotros, en el deleite del cuerpo—y ajiadiré, si queréis, en el del dnimo, puesto que vosoiros lo identificais con el del cuerpo— consiste e) vivir dichoso. Ahora bien: jquién puede dar al sabio este perpetuo placer? Las cosas que pro- ducen el deleite no estén en la potestad del sabio, ni consiste en la misma cabiduria el ser feliz, sino en las cosas que la sabiduria junta y ordena para el deleite. ‘Todo esto es externo, y lo que es exferno deponde del acaso: por donde viene @ ser sefiora de la vida feliz la fortuna, de la cual dijo, no obstante, Epicuro que tiene poco cominio sobre el sabio. »Me diréis que estas cosas son de poca entidad, y que al sabio le enriquece la misma naturateza, del modo que enseiié Epicurv. Esta bien lo que dice, y yo no lo repugno; pero la verdad es que rife con lo anterior. Niega Epicuro que se logre menos placer con misera- bles alimentos y bebidas que con manjares exquisi- tos. Si al mismo tiempo afirmase que para la felicidad de la vida no importa mucho el género de alimento, yo se lo concederia y hasta le alabarfa por ello, puesto que dice la verdad, y por eso Sécrates, que en nin- guna parte hace mencién del deleite, solia decir que el hambre era el condimento de la comida, y la sed el de la bebida; pero al que, refiriéndolo todo al deleite, vive como Galonio y habla como Pisén, no le entien- do, ni creo que se entienda é1 mismo. Dice también que las riquezas naturales son faciles de adquirir, por- que la naturaleza se contenta con poco. Ciertamente que se contentaria, si no estimaseis thnto el plecer. Afiade que no eg menor el que se recibe de cosas vileg 3H2 MARCO"TULIO C1CBRGN. -y degpreciables que de otras precicsisimas; pero estd uno sélo es no tener coraz6n, mas ni paladar siquiera. Aun 4 los mismos que desprecian el deleite les es li- ‘cito decir que anteponen unas cosas 4 otras. jCon cudénta mas razén el que tiene cl placer por sumo bien debe medirlo todo por los sentidos y no por' la raz6n, y estimar por mds excelentes las cosas qué son mas agradables! Pero concedamos que asi sea, y que pueda conseguirse el placer mas ‘alto, contentandose no s6lo con poco, sino hasta con nada, si queréis, de .tal suerte que no haya menos placer en aquellos man- jares de que solian comer los Persas, segan escribe Xenofonte, que en las mesas siracusanas tan dura mente vituperadas por Platén. Sea en buen hora tan facil, como dices, la adquisicién de la felicidad; pero iqué diremos del dolor cuyos tormentos son tales que con ellos no se concibe la vida feliz, siendo como es el dolor el sumo mal? E] mismo Metrodoro, que casi es otro Epicuro, describe la felicidad con estas palabras: «Cuando el cuerpo esta sano, y tenemos por cierto que vlo estaré siempre;» pero Jquién puede estar seguro de que conservaré sano su Cuerpo, no digo un ajio, sino ni siquiera 4 la tarde del mismo dia? Temeremos siempre el dolor, es decir, el sumo mal, aunque no nos amenace de cerca. ;Cémo podéis evitar en la vida feliz el temor del sumo mal? También ensefia Epicuro—me diréis—el modo de esquivar cl dolor; pero ya es absurdo querer despreciar el mayor de todos los males, Mas ;cudl es ese modo? Me direis: el mayor dolor es breve. En primer lugar 74 qué llamais breve? En segundo; cual tenéis por el mayor de los dolores? Y qué, el dolor extremo yno puede durar mu- chos dias y hasta meses? A no ser que tengas por el mas duro dolor el que mata asi que acomete. Pero iquién teme esa espccie de dolor? El que yo quisiera bet, SuMo nian ¥ Det 'sUMO MAL, 383 aie sufrieseis es aquel con que vi consumirse 4 mi fa- mniliar, Cneo Octavio, hijo de Marco, varén excelente y humanisimo, dolor no por una vez sola ni por breve tiempo, sino por muchas y con igual intensidad. ;Ob Dioses inmortales, cémo sufria él sus tormentos, cuans do parecian arder todos sus miembros! y sin embargo no era infeliz, porque no es éste el sumo mal. Mas mi- sero hubiera sido nadando cn los deleites de una vita torpe y viciosa. Y no entiendo lo que queréis decir cuando afirmais que el dolor grande es breve y We el dolor leve es largo. »Yo veo dolores que son dla vez muy intensos y muy largos, y sé que hay un medio para tolerarlos; pero vosotros no le conocéis, porque no amiis la ho- nestidad por si misma. Hay ciertos preccptos y leyes de fortaleza que prohiben 4 un varén afeminarse en el dolor. Y por eso se ha de tener por cosa torpe, no digo el dolerse, porque esto es 4 veces necesario, sino cl Henar las pefias de Lemnos con aquel clamor de Filoctetes. ;Cé6mo podria compararse Epicuro con este hombre, cuyas visceras empapadas en el veneno de la vibora, producian continuos é insufribles tormentos? Supongamos 4 Epicuro en el caso de Filoctztes. Dird que si el dolor es grave, es breve. Y sin embargo Filoc- tetes hace ya diez ahos que permanece en su caver- na. Afiadiré que el dolor largo es leve, porque 4 inter- valos le permite el descanso. En primer lugar, esto no sucede siempre; y en segundo, {qué descanso es ése, cuando esta tan reciente la memoria dei dolor pasado, y nos amenaza el temor del mal futuro? Me diréis qro muera, y quizd ésto sea lo mejor; pero entonces ;qué hacer de aquella sentencia vuestra: en la vida hay siempre més placer que dolor? Si ésto es asi, sera una maldad persuadirle & que se mate. Mejor es decirle que es caso torpe en un hombre debilitarse, rendirse al 934 MARCO TULIO CICERON. dolor, sucumbir. Vuestras sentencias son palabras vacias. Sélo puede mitigarse e] dolor con Ja virtud, con la magnanimidad, con la paciencia, con la for~ taleza. »Oye, por no ir mas lejos, lo que dijo Epicuro al mo- tir, y mira cémo sus obras estaban en contradiccién con sus palabras. Dice Epicuro 6 su amigo Hermaco: «Te escribo en el dia mas feliz de mi vida, porque es ve] ultimo. Son tales los dolores de la vejiga y de las »visceras, que nada puede acrecentarse 4 su crudeza.» He aqui un hombre infeliz, si es que el dolor es el sumo mal. No puede encarecerse mas; pero continue- mos oyéndole: «En tan supremo trance, sdlo me queda una ale- sgria, el recuerdo de mis doctriuas ¢ invenciones, Es- spero que th, como conviene 4 Ja buena voluntad que »desde joven has tenido 4 mi persona y 4 !a filosofia, sseras tutor de los hijos de Metrodoro.» »No antepongo yo 4 esta muerte la de Epaminondas ni la de Leonidas: Ja de Epaminondas, cuando vencc- dor de los Lacedemonios en Mantinea y exanime por una grave herida, pregunté tan sdlo si se habia sal- vado suescudo, y como los suyos le respondiesen Horando que si, volvié 4 preguntar_ si habian sido derrotados los enemigos, y habiendo ofdo la respuesta que él deseaba, mandé que le sacasen de la herida la lanza que tenia atravesads. Y asi, derramando mu- cha sangre, cayé muerto en la misma alegria de la victoria. Leonidas, rey de los Lacedemonios, resis- tid en las Tormépilas con 300 que habia sacado de Esparta, prefiriendo una muerte gloriosa 4 una fuga torpe. jllustres son estas muertes guerreras! Los fil6- sofos mueren casi siempre en sus camas. Pero jqué es lo que 4 Epicuro le consolaba mas en ese trance? La memoria de su ciencia ¢ invenciones. : DEL SUMO BIEN Y DEL SUMO MAL. 235 »Palabras son éstas dignas de un fildsofo; pero al decirlas, oh Epicuro, te has olvidado de tu doctrina; porque si es verdad lo que ensciiabas en esos escritos, cuyo recuerdo tanto te deleita, ya no puedes gozar 4 lo menos corporalmente, y ti nos has ensehado que no hay otro placer ni otro dolor que el del cuerpo. Dices que te alegras de la memoria de lo pasado, pero jde qué placer pasado? Si de los del cuerpo, bien com- pensado esta el recuerdo con los dolores que ahora sufres: si de los del dnimo, ta nos has ensefjado que no hay ning&n placer espiritual que no se refiera al cuerpo. . »g¥ por qué recomiendas los hijos de Metrodoro? iQué tiene que ver el cuerpo con esta tu felicidad egregia en el cumplimiento del deber? »Por mas ingeniosidad con que discurrais, oh Tor- cuato, siempre tendréis que confesar que en esta ad- mirable epistola nada escribié Epicuro que concertara con sus opiniones, y asi Gi mismo se respondt, y sus escritcs rifiien con su probidad y buenas costumbres. »Porque esta recomendacidn de los nifios, esta me- moria y caridad para sus amigos, esta conservacién de los afectos en el momento en que iba 4 rendir su alma, indican que hay en el hombre una probidad innata y gratuita, no fundada en el placer ni compra- da por la esperanza del premio. ;Qué mayor testimo- unio buscaremos de que las cosas honestas y rectas son apetecibles por si mismas? Pero asi como juzgo | digna de alabanza esta carta que acabo de traducir al pie de la letra, aunque de ning&n modo conviene con la totalidad de su doctrina, sostengo, por el contrario, que su testamento no sélo desdice la gravedad de un filésofo, sino también de su propia ensefianza. El escribié con muchas palabras y con brevedad y cla- ridad, en el libro antes nombrado, que la muerte no bas MARCO TULIO cICERON. es temible, porque lo que se disuelve carece de sen tido, y lo que carece de sentido nada puede impor- tarnos, Esto mismo pudo decirlo con mas elegancia y mejor, ya que cuando escribe: «lo que se disuelve ca- »rece de sentido,» no explica bien claramente qué es lo que se disuelve; pero ya entiendo lo que quiere decir Lo que le pregunto es por qué, acabandose todo senti- do con la disolucién, esto es, con !a muerte, y no que- dando ni una reliquia de nosotres, encarga con tanto cuidado y diligencia que sus herederos Amynomaco y Timécrates suministren todos loa afios, 4 voluntad de Hermaco, las cantidades necessrias para celebrar su aniversario en el mes de Gamelidén, y que todos jos meses, en el vigésimo dia de luna, se junten en un convite los que han filosofado con é1, para que asi se Conserve su memoria y la de Metrodorc. »No puedo menos de decir que todo esto es propio de un hombre culto y humano, pero no de un subio, ni mucho menos de un fisico como é1 quiere parecer- Jo, para quien no debe tener sentido alguno Ja palabra aniversario. ;C6mo pucde volver el dia que una vez pasé? Ciertamente no pucde. {Puede volver otro dia igual? Tampoco. A no ser después de miles de anos, en que se haya verificado 4 un tiempo la reversién de todas las estrellas al punto de donde han partido. No hay, pues, ningan dia natal. Me diréis que se celebra, pero como quiera que sea, se celebrard después de muerto él. Y zqué necesidad tenia de advertiroslo en su testamento él que os ha dicho con palabras de oraculo que, después de la muerte, nada de vosotros queda? Palabras en verdad poco dignas de quien habia recorrido con su mente innumerables mundos é infinitas regiones sin término ni extremidades! ayDijo cosa semejante Demécrito, 4 quien él casi ex- clusivamente siguid? ¥ si habia de sefalar un d-a, DEL SUMO BIEN Y DEL SUMO MAL. 237 qpor qué no sefiald mas bien aquel en que se hizo sabio que aquel en que naci6? Me diréis que no hubiera po- dido hacerse sabio, si no hubiese nucido. Es claro, y tampoco si no hubiese nacido su abuela. Créeme, Tor- cuato, que no es cosa propia de Hombres doctos querer que después Je su muerte se celebre con banquetes la memoria de su nombre. Y jnada digo de la manera como pasiis esos dias, cayendo en las gracias y burlas de los hombres alegres! No es ocasién de reiiir. Sdlo os digo que mejor esté en vosotros celebrar el natalicio de Epicuro que en él encargaros cn su testamento que lo celebraseis. »Pero volviendo 4 nuestro propésito, ya que desde Ja cuestién del dolor hemos venido 4 parar 4 esta episto- Ja, podemos sacar asi la consecuencia: el que padece el sumo mal, mientras esté en él, no es feliz. Es asi que el sabio es siempre feliz, y sin embargo padece algu- nas veces dolores; luego el dolor no es el sumo mal. Y¥ yqué quiere decir aquella antigua sentencia vucstra que los bienes pasados no perecen para el sabio y que nose acucrda de los males? Por ventura, jesté en nuestro poder el acordarnos de lo que queremos? Dijo Temistocles 4 Siménides, que le prometia un arte de memoria: «Mas quisiera e] arte de olvidar, porque me »acuerdo de lo que no quiero y no puedo olvidar lo »que quiero.» Muy ingeniosa es la respuesta; pero yo encuentro demasiada intolerancia filoséfica en prohi- bir hasta el recuerdo, imponiendonos lo que no podc- mos cumplir. Y zquién ha dicho que 4 veces no es dulce la memoria de los males pasados? Asi lo afirman los proverbios, que son mas verdaderos que vuestros dog- mas. Dice el vulgo que son agradables los trabajos ya pasados, y afiade muy bien Euripides (cuyas palabras traduciré al latin lo mejor que pueda, porque los ver- - sos griegos los conocéis todos): «suave es la memoria - 238 MARCO TULIO CICERON, de los trabajos pasados.» Pero volvamos 4 los bienes antiguos. Si dijeras que Cayo Mario, expulsado, pobre, sumergido en las !agunas, podia aliviar su dolor con el recuerdo de sus trofeos, yo diria con gusto que tienes yaz6n. No podra ser feliz la vida del sabio, ni llegar 4 giorioso término, si el propio olvido cubre sus buenas acciones y propdésitos. Pero 4 vosotros os endulzu la vida el recuerdo de los deleites que en otro tiempo disfruté vuestro cuerpo, porque, si otros placeres exis- ten, es falso que procedan de la unidn de] alma con el cuerpo. Y si és verdad que el deleite corporal aun pa- sado agrada, no sé por qué Aristételes sc burla tanto de aquel epigrama de Sardanapalo, donde el Rey de Asiria se gloria de haberse Nevado consigo al sepulcro todas sus voluptuosidades. Dice Aristételes que, aun viviendo Sardandpalo, no podia sentir el placcr mis que mientras gozaba de él: ;de qué manera podia du- rarle, después de nuerto? »Es, pues, cosa ripida y transitoria el deleite corns- ral, y con mas frecuencia deja causas de arrepenti- miento que de recuerdo. Por cl contrario, Scipidn el Africano, hablando con su propia patria, exclama: «{Mis trabajos han acrecentado tu gloria!» Mas feliz es éste, que se goza en el trabajo pasado, que th que te gozas en el recuerdo de los placeres. Il recuerda aquellas acciones suyas de que ninguna parte tocé al cuerpo, y ta sdélo en el cuerpo piensas. »¥ jquién puede convenir en vuestra doctrina, que reduce todos Jos placeres y dolores 4 los placeres yv dolores del cuerpo? Ya sé que hablo contigo, oh Tor- cuato, y por eso te pregunto: jnunca te deleita nin- guna cosa por si misma? Prescindo de la dignidad, de la honestidad y de Jas virtudes de que antes ha- blamos. Tijaré cosa mas leve: un poema, una oracion, cuando la escribes 6 la lees, el investigar la historla DEL SUMO BIEN Y DEL SUMO MAL. on de tos hechoe pasados, la geografia de las distintas regiones, las estatuas, los cuadros, el lugar ameno mas acomodado 4 recreacion, la granja de Liculo, ¥ no digo la tuya, porque entonces tendrias escape, diciendo que la posees para utilidad corporal; todas estas cosas que he dicho jlas refieres al cuerpo 6 hay algunas de ellas que te deleitan por si mismas? Muy terco serfas si persistieses en referirlo todo al cuerpo; y si lo niegas, tendras que abandonar las doctrivas de Epicuro. »Y jcémo concederte que son mayores los deleites y dolores de] alma que los del cuerpo, porque el alina participa de ellos en todo tiempo, y el cuerpo sdélo siente el mal presente? De aqui resultaré que e] que se alegra del gozo mio, gozard mas que yo mismo. el placer del alma nace del placer del cuerpo, pero es mayor que é), tendremos que inferir que se expe- rimenta mayor gozo con la felicidad de un amigo que con la propia, No habéis visto la consecuencia que se deduce de querer hacer feliz al sabio, atribuyéndole fos mayores placcres espirituales, mas excelentes que los del cuerpo, aunque derivados de él. En este caso también sentiraé dolores de] alma, muy superiores 4 los del cuerpo, y sera forzoso que alguna vez sea in- feliz, aunque vosotros le suponéis dichoso siempre, y no conseguiréis otra cosa, si 08 obstindis en referirlo todo al placer y al dolor. *»Otro debe ser, oh Torcuato, el sumo bien del hom- ore. Dejemos el deleite para las bestias, 4 Jas cuales vosotros os atrevéis 4 citar eomo testigos en la causa \el sumo bien. Pero no vemos las obras admirables sue Jas mismas bestias hacen sin més guia que su propia naturaleza; no vemos que en engendrar y er aducar parecen proponerse otro fin que el placer, y que unas se alegran con la carrera y la peregrinacién, 240 MARCO TULIO CICERON. y otras, congregandose, imitan en cierto movo lar ciudades. Vemos en algunas aves indicios de piedad, conocimiento y memoria, y en muchas también dis- ciplina. jHabrd, pues, en las bestias algunos simula- cros de las virtudes humanas, distintos de} deleite, y cnel hombre no teudra la virtud otra. razén que el placer, y al hombre, que tanto se aventaja 4 los de- mas animales, nada le hatra dado la naturaleza de magnifico y de excelso? »Si todo consisticra en cl placer, mucho nos supe- rarian las bestias, para quienes la tierra por si misma produce pastos varios y abundantes, sin cultivo al- guno de su parte, micntras quc 4 nosotros apenas nos basta la tierra cultivada con mucha labor. Y, sin embargo, no puedo persuadirme de que el sumo bien del hombre y de la bestia sea el mismo. jPara qué nos servirian entonces tantos instrumentos para ad-. quirir la ciencia, tanto concurso de estudios liberales, ‘tanto cortejo de virtudes, si nada de esto se endere- zara 4 otro fin que al placer? Sinos dijeran que Jer- jes, con tanta armada, con tan innumerable ejército de 4 caballo y de 4 pie, echando un pucnte sobre el Helesponto, perforando el monte Atos, andando, digaé- moslo asi, 4 pie por el mar y navcgando por la tierra, babia venido con tanto impetu sobre la Grecia, sdlo por coger Ja miel del Tmolo, ciertamente que sus co- natos parecerian vanos y risibles. De la misma ma- nera, si nos dicen que el sabio rico y adornado con tantas y tan maravillosas ciencias y virtudes, habil para recorrer, no como Jerjes, 4 pie el mar y con ar- mada los montes, sino todo el cielo y la tierra y el mar, no se propone otro fin que el deleite, diriamos que para cosa aun mas liviana que la mie] ha acome- tido tan grandes empresas. Créeme, Torcuato: para egsas mis altas-y magnificas hemos nacido, y esto DEL SUMO BIEN ¥ DEL SUMO MaAft.. 241 fidemos conocerlo por lus mismas facultades y po- tencias del alma, entre las cuales esté Ja memoria infinita de innumerables cosas, la conjetura no muy distante de la adivinacién, el pudor que modera las pasiones, la justicia, guardadora fiel de la sociedad numana, y el firme y estable desprecio del dolor y de ja muerte, para arrojarse 4 los trabajos y arrostrar con frente serena los peligros. Esto por lo que toca al alma. »Considera después los miembros y los sentidos, que, lo mismo que las demas partes del cuerpo, no sélo te pareceran compafieros de las virtudes, sino ministros suyos. Y jno ves en el mismo cuerpo cudn- tas cosas puedes anteponer al deleite, v. gr., la fucrza, Ja salud, la velocidad, la hermosura? 7¥ qué me dices del alma, en la cual aquellos doctisimos filéscfos an- tiguos imaginaron que habia algo de celestial y divino? »Si consistiera, como dices, el sumo bien en el de- Jeite, seria muy de desear pasar los dias y Jas noches entre placeres, sin intervalo alguno, moviéndose dé- cilmente todos los sentidos en un éxtasis agradable. Pero jquién sera digno de llamarse hombre, si con- siente en pasar un dia entero en este género de pla- ecres? Los Cirenaicos no lo rehusan; los*vuestros son en esto mas vergonzosos, pero ellos quizi mas légi- cos. Fijemonos, por el contrario, no ya en aquellas primordiates ciencias cuya ignorancia era calificada de afrenta entre nuestros mayores. jCrees ti, no ya que Homero, Arquiloco, Pindaro, sino Fidias, Policle- to, Zeuxis, dirigian sus artes al deleite? ;Daré mis importancia un artifice 4 la hermosura de las formas que un ciudadano excelente 4 la hermosura de Jas acciones? »¥ ycudl puede ser la causa de error tan grande TOMO MII, 16 249 MARCO TULIO CICERON. y tan difundido, sino que aquellos que consideran el deleite como el sumo bien, no deliberan con la parte de su alma en que residen la razén y el consejo, sino con el apetito, esto es, con la parte inferior del alma? , »Y ahora te pregunto: si existen Dioses, segain vos- otros también afirmdis, ye6mo pueden ser felices, ya fyue no pueden disfrutar de los deleites del cuerpo? Y si son felices sin este género de placeres, jpor qué negiis la misma felicidad al sabio? Lee, amigo Torcuato, los elegios, no ya de aquellos que ensalza Homero, no de Ciro, no de Agesilao, no de Aristides, no de Temisto- cles, no de Filipo, no de Alejandro; lee los de nucs- tros hombres, los de vuestra familia, y 4 nadie veris alabado como artifice diestro en proporcionarse pla- cer. No dicen esto los elogios de los monumentos, como aquel que esta escrito en la puerta Capena: todos proclaman 4 una voz que éste fue el vardén mas ilustre de su pueblo. ;Y crees ti que convinicron Jas gentcs en estimar por tal 4 Calatino, porque fué muy sehala- do en la invencién de placeres? ;Hemos de decir que son manccbos de buenas esperanzas y de excelente indole los que, vemos que sélo han de ser siervos de su utilidad y no han de hacer ninguna otra cosa sino lo que les convenga? {No ves cuantas perturbacionss se seguirén, cudntas confusiones? Se desterraré él beneficio, se desterraré el agradecimiento, que son los vinculos de la concordia, porque si haces un be- neficio por utilidad propia, no debe Mamarse esto be- neficio, sino obligacién; ni debe agradecerse lo que se ha hecho por propio interés, nies posible.que las virtudes permanezcan cuando el deleite impera; ¥ hay muchas torp: zas que, sila honestidad natural 20 lo prohibiera, no hay raz6n para que dejasen de recact en el sabio. DEL SUMO RIEN ¥ DEL SUMO MAL. 243 »¥ omitiendo otras razones innumerables, seria necesario que la virtud, dignamente alabada, cerrase ahora todos los portillos 41a teoria del deleite; pero esto no lo esperes de mi. Entra ti mismo en tu mente, interrégala, escudrifia todos sus pensamientos, y ella te dird, si quisieras mas vivir gozando de perpetuos placeres y pasar toda tu vida sin dolor, en aquella tranquidad de que antes hablabas, afiadiendo, si quie- res (como otros afiaden, aunque es imposible), aquella carencia de temor que nos dices; 6 si estimas més me- recer bien de tu pueblo, prestar ayuda 4 los indigen- tes y acometer los trabajos de Hércules. Asi nues- tros mayores, que nunca esquivaron los trabajos, aplicaron 4 los Dioses mismos la durisima palabra do fitiga. »Yo te exigiria una respuesta, si no temiera que eras Capaz de sostener que las mismas empresas aco- metidas por Hércules en beneficio de todos los hom- bres, habian tenido por causa el placer.» Cuando acabé de hablar, me dijo Torcuato: «No me faltaria modo de contestar, pero preficro dejar mi causa en manos de mis familiares. —Creo (le dije yo) que te refieres 4 Syrén y 4 Filo- demo, varones excelentes y doctisimos. —Bien has pensado (dijo). —Sea pues, si asi lo quieres; pero mas justo era que Triario diese su juicio sobre nuestra disputa. —Antes seria grande injusticia (me contesté rien- do), porque t@ nos atacas con cierta moderacién, pero é] nos maltratarfa, al modo de los estoicos. —Después lo haré con més resolucién (dijo Triario), porque estaré apercibido con todos los argumentos que he ofdo, y no te acometeré, hasta que vengan en tu auxilio esos fildsofos que dices.» Con estas valabras dimos fin al paseo y la disputa,