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Marcos: “Una vez un homosexual me ‘tiró la onda’; yo me asusté y me dio coraje; pensé:

‘¡Esos putos son unos perros que no paran!’. Pero un día en una fiesta de pronto vi a mis amigos siendo más perros con las chicas que ese maricón”.

Daniel: “Creo que ser ‘perro’ y pretender insistentemente a la gente es más cosa de carácter; conozco tanto gente hetero como gente homo que son muy ligadores y también en la misma medida conozco personas muy tranquilas, incluso a veces tímidas, que no son ligadoras para nada”.

Recuerde que a un hombre homosexual no le gustan todos los hombres, ni a una mujer todas las mujeres; por ejemplo, un hombre y una mujer gay pueden tener amigos de su mismo sexo y no desear entablar una relación sexual con ellos o ellas nunca en su vida.

David: “Que me gusten los hombres no quiere decir que me gusten todos”.

Valentina: “Yo soy bisexual, pero eso no quiere decir que me gusten todas las mujeres o todos los hombres”.

Amiga: “Tengo un pequeño grupo de amigas desde hace más de diez años y recuerdo una anécdota que tiene ya tiempo. Una semana después de que una de nosotras salió del clóset declarándose lesbiana nos fuimos de viaje. Realmente este anuncio nos sacó un poco de onda, pero la verdad no le dimos mayor importancia. Llegada la noche, era lógico que alguna tendría que dormir con ella. Fue hasta entonces que nos dimos cuenta de que sentíamos miedo de que algo fuese a pasar, así que decidimos ser honestas y hablarlo de frente; le dijimos que no había problema si nos prometía que se iba a portar bien. Ella nos escuchó con atención y al terminar nos contestó con una sonrisa: ‘La verdad, amigas, sé que tienden a ser muy vanidosas, pero ni que estuvieran tan buenas ni tan bonitas’ (todas soltamos la carcajada). Ella continuó explicando, y mientras lo hacía, nos daba una lección:

‘Yo siempre he sido gay y en cinco años de dormir juntas jamás ha pasado nada; el hecho de que ahora lo sepan no cambia las cosas; el que a mí me gusten las mujeres no quiere decir que sean todas. Sé perfectamente bien cuándo siento amor y deseo por alguien y cuándo siento amistad’. Atrevemos a hablar de nuestras inquietudes y miedos fue muy positivo”.

¿Cómo es posible que una persona de edad madura siga siendo gay?

Por mucho tiempo ha existido la idea de que ser gay es una etapa de la vida. Ser homosexual tiene qué ver con una identidad y un sentimiento, no con un periodo de vida. Así como una persona no necesita ser mayor de edad para darse cuenta de que es gay, por la misma razón esto no es algo que se termine con los años.

El común de la gente descubre desde edades muy tempranas que es heterosexual, se enamora del maestro o la maestra, del(la) compañero(a), de la vecina, etc., y este sentimiento de atracción por el otro sexo no se le quita conforme va creciendo, ¿o sí? Lo mismo pasa con la homosexualidad.

La ignorancia que sigue habiendo al respecto se ve reflejada en nuestras leyes. Es impresionante saber que un adolescente menor de edad con una pareja homosexual es socialmente mal visto, en tanto que no pasa nada si la pareja es heterosexual. Esto nos habla de que aún prevalecen mitos muy arraigados, pero la naturaleza sigue su curso inexorable. El adolescente que es gay, lo más seguro es que salga a escondidas con su novio o novia (si tiene), consciente de que hacerlo no cambiará la situación. Por consiguiente, muchos adolescentes viven en gran soledad por la dificultad de encontrar ambientes sociales homosexuales para poder desarrollarse o personas con quienes puedan hablar de sus sentimientos.

En nuestro entorno se promueve entre los jóvenes heterosexuales que busquen el amor y encuentren pareja, cosa que no sucede con un chico o una chica homosexual.

¿Las personas que son homosexuales tienen los mismos derechos que las heterosexuales?

Por desgracia, todavía no del todo. Vivimos en una sociedad que sigue confundiendo la diferencia con deficiencia o con el “está mal”. No se ha podido erradicar la ignorancia respecto a la homosexualidad ni las creencias de antaño de que una persona con esta orientación sexual tenía una enfermedad, era un delincuente, alguien sin moral ni escrúpulos que amenazaba a la sociedad. Hoy la ciencia ha determinado que las preferencias sexuales tienen poca relevancia a este respecto. Las conductas delictivas, las enfermedades mentales y los actos inmorales se pueden dar tanto en heterosexuales y bisexuales como en homosexuales. No hay un estilo de vida ni una “personalidad” homosexual. El que una gente se sienta atraída afectiva y eróticamente por otra de su mismo sexo, no es una elección como decidir robar o no; no es un crimen y no daña a nadie; por consiguiente, no representa delito alguno. Sin embargo, todavía existe un trato desigual hacia las personas homosexuales.

La constitución otorga los mismos derechos y las mismas obligaciones a todos sus ciudadanos por igual, sin importar su religión, sexo, raza o estrato social. Sin embargo, en la práctica no se aplica de la misma manera: las personas homosexuales tienen las mismas obligaciones más no siempre los mismos derechos. Por ejemplo, no se les permite un matrimonio legal; los beneficios que las compañías comúnmente otorgan a las parejas de sus trabajadores no se otorgan cuando la(el) compañera(o) es homosexual; las instituciones que expiden tarjetas de crédito no quieren proporcionar una adicional de la misma a la

pareja; algunas compañías de seguros no aceptan como beneficiario a la pareja homosexual o no la reconocen como pareja; se cuestiona la paternidad y la maternidad de una pareja gay. La revista Newsweek publicó una entrevista con la estrella de rock Melissa Etheridge, quien quería contraer matrimonio con su pareja lo que, legalmente, no se le permitió. Ella declaró al respecto: “Si no quieren que me case, si eso les molesta, no hay problema. Pero yo creo que como ciudadana estadunidense cumplidora de la ley, pagadora de impuestos, de enormes impuestos, me deberían otorgar los mismos derechos, la misma búsqueda de la felicidad de la que goza cualquier ciudadano”.

Madre: “Es ilógico que dos hombres o dos mujeres que viven en una unión calificada por completo como el concepto de matrimonio no puedan gozar los beneficios del mismo con su pareja”.

Es importante entender que la comunidad homosexual no está exigiendo derechos especiales o pidiendo una concesión social extra de la del resto de la gente; tan sólo exige igualdad de derechos y oportunidades.

Joaquín: “Muchos policías aprovechan su autoridad para extorsionar a personas homosexuales, ya que dan por hecho que, de entrada, ser homosexual no está bien”.

América: “Yo tuve una experiencia horrible que me hizo ver que estoy en desventaja frente al resto del mundo. Por desgracia conocí a una mujer que tiempo después se convirtió en mi pareja, pero al cabo de unos meses la relación comenzó a estar muy mal. Yo decidí que ya no quería seguir, a lo que ella se negó rotundamente y me amenazó con que no me iba a librar ni a burlar de ella nunca. Así que comenzó a hostigarme y a perseguirme por l todas partes; me buscaba y me hablaba al trabajo, me esperaba en la calle, r me hacía dramas y me gritaba en los lugares públicos en los que me encontraba. Yo vivía con un miedo horrible; esa mujer estaba loca, incluso me llegó a golpear un par de veces. La escena me parecía similar a las películas del marido psicótico que no deja en paz a su mujer, sólo que la diferencia estaba en que yo no tenía a quién acudir, pues en mi casa no saben que soy gay. Así que en alguna de las múltiples ocasiones en que literalmente me atrapó en la calle, llamé a un policía para que me ayudara; el hombre llegó corriendo pero al ver que eran dos mujeres sólo atinó a reírse y observar qué pasaba. Ella me golpeó y después el policía dijo:

‘Eso te pasa por lesbiana’ y se fue. Por primera vez me cuestioné si la historia sería la misma si hubiera sido un hombre el que me hostigaba”.

Sergio: “Como homosexual tienes muchas veces que sufrir injusticias sociales, pues aunque no está prohibido, tampoco “está del todo permitido”. Por ejemplo, caminar en la calle de la mano de mi pareja sin riesgos; asistir a un baile de graduación o a una fiesta de fin de año con mi pareja, sin que esto sea un problema para los demás; participar en una competencia de patinaje sobre hielo con mi pareja, que también patina, y no con una mujer ‘para que se

vea decente’; el derecho a no ser sometido a cuestionamientos porque soy homosexual, como poner en duda mi capacidad laboral, mi paternidad, mi amistad”.

Amigo: “Mi mejor amigo es homosexual, lo conocí en la universidad. Él empezó a tener pareja casi al mismo tiempo que yo novia, así que comenzamos a salir juntos los cuatro. En una ocasión en la que estábamos celebrando un aniversario los cuatro, Susana y yo salimos tomados de la mano, dándonos pequeños besitos cariñosos, mientras Jorge y Eduardo mantenían una distancia considerable entre ellos; lo lamenté mucho, ésa fue la primera vez que percibí lo injusta que es la sociedad y lo poco que sabe del amor”.

Fausto: “Hay muchas cosas a las que los heterosexuales no dan la importancia que tienen. Por ejemplo, a la mayoría les agrada poner en su lugar de trabajo una foto de la persona amada; pueden hacer una llamada telefónica diciendo: ‘Mi amor, voy para allá’, pueden bailar a gusto en la fiesta de fin de año, en el baile de graduación, en las bodas; pueden irse de vacaciones y sin más problema pedir una habitación con una cama matrimonial, obviamente, y eso está bien; pero si eres homosexual se convierte en el problema’ con el que tienes que lidiar día a día”.

Esto es lo que Brian McNaught llama los privilegios heterosexuales. Este tipo de cotidianeidades son un conflicto diario para la gente gay: “Tengo cuarenta y siete años y mi pareja cuarenta y cuatro; ¿cómo pido una cama matrimonial para los dos cuando vamos a un hotel? Nos hemos encontrado con hoteles que te niegan ese servicio”.

A continuación presento un resumen del artículo “Cuáles son los privilegios heterosexuales”, de PFLAG:

Los privilegios heterosexuales

Vivir sin tener que pensar dos veces, encarar, confrontar o lidiar con ninguna de las cosas que aparecen a continuación

Casarse, que incluye los siguientes beneficios: reconocimiento y apoyo público para una relación íntima; recibir tarjetas, telefonemas, celebrar compromisos en compañía de otros, gozar de actividades que apoyan a las personas cuando llegan a una edad avanzada y obtener estabilidad para las parejas que permanecen juntas

Disfrutar la custodia de una hija o hijo

Recibir indemnización cuando tu pareja muere

Contar con el amparo de leyes que protegen en caso de muerte o separación

Compartir pólizas de enfermedad y seguro médico en plan familiar con tarifas reducidas

Tener acceso inmediato a las personas queridas en caso de accidente (si un homosexual sufre un accidente, se ve en un aprieto a la hora de querer que llamen a su pareja antes que a su familia, ya que por supuesto se considera que está soltero)

Contar con el apoyo de la familia de origen para un compromiso en pareja

Que no se cuestione tu normalidad ni sexual ni culturalmente

Tener modelos de tu mismo sexo y de tu orientación sexual

Aprender sobre las relaciones de pareja y el amor en películas, radio, televisión, libros

Obtener una imagen positiva ante las personas con quienes te puedes identificar

Obtener la validación de la cultura en la que vives

Vivir con tu pareja abiertamente

Hablar sobre los planes tuyos y de tu pareja respecto a la relación misma, sus proyectos, vacaciones y familias

Expresar dolor cuando una relación termina por rompimiento o muerte y contar con la comprensión de otras personas

Tener la aceptación de vecinos, colegas y buenos amigos

No tener que esconderte o mentir sobre asistir a actividades sociales organizadas sólo para gente heterosexual (que son la mayoría)

Invitar a salir a la persona que deseas aunque seas menor de edad

Trabajar sin miedo a ser identificado y perseguido por tu orientación sexual

Conseguir la aceptación institucional, como en el caso de las oportunidades de trabajo: recibir promociones, incrementar las posibilidades de conseguir empleo

Recibir la validación y bendición de tu comunidad religiosa: la posibilidad de pertenecer al clero

Ser contratado como maestro(a), desde preescolar hasta universidad, sin temer que un día puedas ser despedido(a) por la idea de que puedes corromper a los(las) alumnos(as)

Adoptar niños

Criar tus propios niños sin la intervención del Estado. Tus hijos no tendrán que preocuparse de que otros compañeros vayan a rechazarlos debido a la orientación sexual y la cultura de sus padres.

Tener el derecho de servir en el ejército

Todas estas injusticias sociales son invisibles para muchos; los seres humanos no vemos hasta que necesitamos ver, y aun así, quién sabe

Una comparación sencilla en cuanto representa un problema social, es que la gente zurda está completamente sana, con la única diferencia de que predomina el lado izquierdo en su motricidad. Pues bien, en la mayoría de las escuelas no hay bancas para zurdos o hay muy pocas; los autos tienen la marcha y las velocidades del lado derecho; no en todos lados venden tijeras para gente zurda; las perillas de las puertas están hechas para los diestros. Éstos son los pequeños detalles de la vida de los cuales muchos en especial los diestrosno estamos conscientes. Así sucede con las personas homosexuales, no hay la conciencia de que existen y tienen sus necesidades, como toda la gente heterosexual.

Defender los derechos homosexuales es defender los derechos humanos. En una entrevista le preguntaron a John Preston: “¿Por qué trabaja tanto en la liberación gay?”, a lo que contestó: “Porque de esta manera va a haber más hombres y mujeres sanos para amar”.

Varias compañías importantes en distintos países del mundo tienen una actitud más realista:

la gente gay está trabajando en todas partes. En cada empresa hay un porcentaje significativo de personas homosexuales y bisexuales. La energía que invierten en mantenerse dentro del clóset en la oficina y en decir mentiras sobre su vida privada, el desgaste emocional, el rencor y todo eso hace que su productividad baje, por lo que empezaron a promover una campaña a favor de los derechos humanos y la expresión de la orientación sexual de las personas. Se reconoció a las parejas y se les otorgaron los mismos beneficios que a las parejas heterosexuales.

En la actualidad las cosas han ido cambiando: así como ya se reconoce el derecho de una mujer de ser madre soltera, los derechos de igualdad entre los distintos colores de piel, de sexos o de religiones, los derechos por orientación sexual también han ido ganando su lugar. Ahora, en México contamos desde julio de 1998 con una Cartilla de Derechos Humanos para evitar la discriminación por orientación sexual, en la cual se dice:

Ser homosexual, lesbiana, bisexual, transexual o transgenérico no constituye delito alguno. Los homosexuales, las lesbianas, los bisexuales, los transexuales y los transgeneristas tradicionalmente han sido discriminados y marginados de los mismos derechos que tiene cualquier persona.

(Si desea conocer más acerca de la Cartilla de Derechos Humanos para Evitar la Discriminación por Orientación Sexual, consulte el Anexo 1.)

Es fundamental que como padre o madre de una persona homosexual o lesbiana conozca estos derechos y se los haga saber a su hijo o hija para ayudarlo(a) a protegerse mejor. También le recomiendo que lea el libro Memoria del Primer Foro de Diversidad Sexual y Derechos Humanos, compilado por el diputado David Sánchez Camacho, Nueva Generación Editores.

Las cosas van mejor cada vez; estamos aprendiendo poco a poco a convivir y compartir las diferencias. Pero todavía falta; es probable que algún día podamos ver en la pista de patinaje sobre hielo tanto parejas heterosexuales como homosexuales, al igual que en las calles y en todos los lugares públicos.

¿Por qué me siento incómodo(a) con su sexualidad?

La incomodidad que siente es producto de nuestra cultura. Venimos de una sociedad heterosexista, que presupone que todos sus integrantes son heterosexuales o, por lo menos, deberían serlo. Eso significa que las parejas y las personas homosexuales pasen muchas veces inadvertidas, dando la sensación de que no existen. Pocas veces se les ve en los medios de comunicación o en las calles como parte de la vida cotidiana; la gente requiere tiempo para asimilar y acostumbrarse a que este tipo de amor también existe y que está

bien. Cuesta trabajo dejar a un lado las ideas, creencias, miedos, mitos y prejuicios acumulados durante siglos. Nadie nos prepara para la posibilidad de tratar a alguien cercano y querido que sea homosexual o lesbiana; falta una educación basada en la diversidad, las opciones y las realidades, no cimentada en utopías. La negación ha traído como consecuencia que no estemos acostumbrados a ver o a escuchar sobre parejas y personas homosexuales o lesbianas comunes y corrientes. Se ha avanzado» es cierto, pues cada vez se sabe más del tema pero todavía se ve raro.

Por otro lado, esta misma cultura nos ha enseñado que la homosexualidad es vergonzosa; muchas familias y amigos han reportado cómo viven la vergüenza y el miedo de ser asociados con la persona gay que tienen cerca; no quieren hablar del tema, y sienten coraje ante el hecho de que ese miembro de la familia exprese que es homosexual o lesbiana, como si fuera algo que deshonra. Este tipo de sentimientos y actitudes tienen una razón de ser. La gran ignorancia que existe al respecto genera lo que se conoce como homofobia. La homofobia es un sentimiento de miedo y coraje hacia la homosexualidad y hacia los homosexuales y lesbianas, y se manifiesta día a día con chistes degradantes, comentarios ofensivos y burlas. Desde muy pequeños se nos dice de distintas formas que ser gay es lo peor que nos puede suceder, que es algo no deseable. Pero no se toma en cuenta que la gente no está en posibilidad de decidir si quiere ser homosexual o no, simplemente lo es, y esto no está peleado con que pueda ser una persona honorable, trabajadora, estable, productiva, creativa. Es muy común que, como parte de una cultura heterosexista y homofóbica, los padres participen en los mismos prejuicios y discriminaciones imperantes en su grupo social hacia los homosexuales, antes de saber que su hija(o) lo es.

Brian McNaught cuenta en su video Homofobia in the workplace (1993) que en alguna ocasión arrestaron a unos muchachos por haber maltratado y asesinado a un joven homosexual. Cuando los entrevistaron, una de las preguntas fue: “¿Por qué lo hicieron?”, a lo que uno contestó: “Porque nadie me dijo que estaba mal ofenderlo y odiarlo por ser gay”.

Se dice que no debemos discriminar a nadie por su raza, sexo, género, etc., pero no se habla de no hacerlo con los gays; es común escuchar a padres y madres hacer comentarios como:

“¡Qué asco!, ¡ojalá y se mueran todos esos maricones!”

Gran parte de los individuos que fueron homofóbicos en algún momento de su vida y descubren ahora que uno de sus seres queridos es gay se sienten culpables y viven vulnerables.

Madre: “Recuerdo que antes de saber que mi hija es lesbiana, fuimos un día al cine a ver una película en la que salía una escena de dos homosexuales. Rápidamente comenté cosas horribles sobre ellos, como: ‘Me dan asco, es antinatural, no puede ser que un hombre ame a otro, es repugnante’. Estoy segura de que ella pensó: “¡Dios mío! ¡¿Cómo le voy a decir a mi mamá si ésa es su forma de pensar?!’”

Padre: “Una vez fui con toda la familia a ver una obra de teatro en donde salían dos homosexuales; en ese entonces recuerdo que me burlé mucho de ellos. Ahora no me parece para nada gracioso”.

Padre: “Yo siempre odié a los homosexuales, nunca quise estar cerca de uno de ellos, los evadía y los molestaba; incluso llegué a lastimar a alguno cuando era joven. Ahora siento culpa por eso”.

Madre: “Ahora, cuando escucho a la gente hablar mal de los homosexuales, siento miedo y me dan ganas de esconderme”.

Madre: “No quiero acordarme de todas las cosas que dije con las vecinas cuando me enteré que el hijo de la del ocho es gay; ahora que sé que el mío también lo es todo cambió”.

Madre: “Descubrí mi homofobia cuando mi hijo me dijo que es gay”.

También sucede que algunos padres se conciben a sí mismos como muy liberales porque creen que han dejado atrás los prejuicios sexuales; tienen amigos homosexuales y conviven cotidianamente con ellos, pero reconocen que se sienten incómodos y aturdidos con que su hija(o) sea homosexual.

Estos padres no sólo han tenido que luchar con sus miedos respecto a la homosexualidad sino que también piensan que no deberían sentirse así.

La homosexualidad se ve diferente cuando alguien a quien amamos es gay.

Deja de ser un estilo de vida que está lejos de nosotros en quién sabe qué lugar y con quién sabe qué tipo de gente, de pronto se convierte en parte de nuestra vida diaria.

Madre: “Ahora cuando escucho burlas de la gente con respecto a esos temas me da coraje; siempre pienso: ellos ni conocen a mi hijo”.

Padre: “Ahora me siento mal al escuchar a la gente diciendo palabras como maricón, puto, marimacho y otras en forma despectiva”.

Madre: “En mi trabajo hay mucha gente homosexual y nunca sentí que tuviera problema con eso, hasta que supe que mi hijo lo era; no sé por qué, pero fue diferente. Me costó reconocer que me sentí lastimada y que lo lastimé”.

Madre: “Tengo varios amigos homosexuales, pero no varios hijos; cuando me enteré de que uno de ellos lo es no supe qué hacer; me sentí muy mal por la noticia y me sentí peor por mi incapacidad de vivirlo como lo vivo con mis amigos”.

En estos casos ayuda concentrarse en las preocupaciones reales, como sería entender que su hija(o) necesita de usted ahora. Trate de no focalizarse en la culpa, ésta no le va a servir para nada ni a usted ni a su hija(o). No lo tome con demasiada seriedad; durante el proceso

de comprensión, comunicación y aceptación tal vez pueda ir dimensionando algunas de las situaciones, creencias y pensamientos que tenía anteriormente y compartirlos con otros.

¿Para qué hacen sus propios grupos?

Las personas homosexuales llegan a sentirse solas y aisladas; recuerde que no provienen la gran mayoría de las veces ni de familias ni de comunidades gay, a diferencia de otras minorías que están con “los suyos”.

Entonces, es lógico que surjan sentimientos de soledad, de no pertenencia y de búsqueda. La gente homosexual a menudo no tiene con quién hablar y compartir sus sentimientos, ya que siempre existe el riesgo de que la otra persona se lo tome a mal o no lo entienda.

Si alguien de raza negra es agredido, llega a su casa con sus padres negros que lo van a proteger, entender y aceptar. “No importa que te hayan rechazado, aquí siempre serás aceptado, estás con los tuyos”.

Pero un niño gay no tiene esas concesiones, se las tiene que arreglar solo; no cuenta con “los suyos”; en ocasiones tiene que salir muchas veces en busca de otra familia. En otros casos el camino puede ser buscar la aceptación y comprensión dentro de su mismo círculo social, aunque muchas veces tampoco llegan a tener una sensación de total pertenencia e identificación con sus familias de origen.

Ahora bien, si además de ser gay la persona pertenece a otra minoría, estos sentimientos se pueden incrementar. Dado que la gente homosexual proviene de todo tipo de familias y comunidades, se forman comunidades gay dentro de las propias comunidades. Los gays buscan un lugar en donde ya no se sientan solos, y puedan compartir libremente sus sentimientos, conocer amigos(as) afines y tal vez a una pareja

El hecho de que se formen comunidades homosexuales se puede entender como una forma de marginarse. Esto es relativo, ya que los seres humanos somos, en primer lugar, poco reacios a aceptar las diferencias y, en segundo lugar, buscamos a las personas con las que nos identificamos más. Pertenecer a una comunidad genera fuerza y apoyo, aunque finalmente esto no quiere decir que además no se pueda relacionar con otros.

Juana: “Hay infinidad de mitos y miedos acerca de ser gay, pero yo te puedo decir que la felicidad llega cuando te das la oportunidad de vivir tu propia verdad, que puede ser que se parezca a la de muchos y se aleje de la de otros, pero no importa, es tuya. Ser gay, medio gay, bisexual, etc., no necesariamente te aleja de las personas que quieres; la mayoría de mis amigos cercanos son heterosexuales, algunos saben que yo soy gay y otros ni se lo imaginan, pero ahí estamos, juntos hasta la fecha. En el grupo gay encontré el espacio y las personas con las que puedo sentirme libre y comprendida; eso ha sido muy importante para mí y creo que para muchos también, no estoy sola y eso me hace inmensamente feliz”.

Alejandro: “Muchas veces siento que mis amigos heterosexuales, a pesar de ser judíos como yo, no me comprenden en mi parte gay, y tampoco me siento comprendido por mis amigos homosexuales en mi parte judía; por eso Para mí este grupo donde hay gente judía y gay ha sido maravilloso”.

Fernando: “Soy una persona religiosa, yo no tengo la culpa de que me atraigan las personas de mí mismo sexo, y siento que eso no ha bajado mi fe en Dios. Ser homosexual no es algo que va a cambiar en mí, así que busqué una Iglesia que me acepta como soy y me permite continuar con mis creencias”.

Alberto: “Soy un hombre muy macho, me gustan las chamarras de cuero, los jeans, las botas, las motos; algunos dicen que puedo ser muy rudo y me agrada ser así. Sin embargo, me gustan los hombres, por lo que me inscribí en un club en donde puedo ser como soy, con otros iguales a mí”.

Mauricio: “Yo me sentí muy apoyado por el grupo al cual pertenezco; cuando me di cuenta de que soy homosexual no sabía qué hacer, tenía miedo y me estaba volviendo loco, creía que esto sólo le pasaba a otros. Cuando conocí a chavos de mi misma comunidad que también lo son y que están bien fue un alivio”.

Arturo: “¡Qué mejor forma de tener amigos afines a ti!”

No todas las personas homosexuales se afilian a una comunidad o grupo homosexual

La comunidad lésbica, homosexual y bisexual no es un grupo de autoayuda. Es preciso señalar que en una comunidad se reúnen personas que comparten las mismas características para convivir. Su finalidad es muy distinta de la de las organizaciones que prestan servicio de apoyo y ayuda a sus miembros, como es el caso de Alcohólicos Anónimos, ciertos grupos religiosos, los de apoyo a personas con vih-sida, Neuróticos Anónimos, así como otros servicios de información y de orientación.

Espero haber resuelto algunas de sus dudas. Conocer más sobre un tema nos da la oportunidad de manejar conceptos más reales y de acercarnos a la verdad; no se desespere si no puede entender, se requiere tiempo. Trate de aprender más, esto le ayudará a sentirse mejor con respecto a su hija o hijo.

2. Buscando respuestas

Soy la mejor persona que puedo ser y no puedo ser diferente.

Yo soy quien soy y eso no me hace ni mejor ni peor que nadie.

Si no me pueden aceptar simplemente así,

como soy y nada más, lo siento,

pero no puedo convertirme en lo que no soy.

Nuestra sociedad en realidad no informa ni prepara a un padre o una madre para escuchar de su hija(o) la frase: “Soy lesbiana” o “Soy homosexual”. De ahí que la mayoría de las personas tengan una imagen bastante irreal de lo que es una persona gay. En este capítulo pretendo proporcionar la mayor cantidad posible de respuestas, con el fin de que usted vaya entendiendo mejor este tema tan controversial, mitificado y lleno de prejuicios. Muchas veces una buena información llega a damos luz con respecto a una situación; sin embargo, ponga atención en dónde la obtiene ya que no toda la que hay en el mercado es confiable y, lejos de acercarlo a la verdad, quizá lo deje con más dudas.

Agradecimientos

Antes que nada, quiero agradecer a las Editoriales Raya en el Agua y Grijalbo por la oportunidad de publicar este libro, el cual espero sea útil a muchas personas.

Un especial agradecimiento a Consuelo Sáizar por todo su apoyo y confianza y a Gilda Moreno por su trabajo de edición.

Gracias de todo corazón a mis consultantes, a las maravillosas personas que conocí en diversos congresos, conferencias, talleres y pláticas, las cuales confiaron en mí, muy especialmente a todos los padres, madres, chavas y chavos que me abrieron su corazón para ayudar a otros a sanar el suyo.

Agradezco a mi familia y a mis amigos, que siempre han sido para mí el agua que necesita mi planta para crecer. En especial a mi papá, pues gracias a lo que sembró en mí, ahora podemos cosechar el fruto juntos.

A

Lucila Soriano, sol que me ayuda a iluminar mi camino y me recuerda lo importante que

es

la luz tanto darla como recibirla. Gracias por tu apoyo incondicional y por creer en

mí.

A Luis Perelman, porque gracias a la tierra que me da puedo convertir en realidades muchos de mis ideales. Gracias por todos los proyectos que hemos compartido.

A Carole Benowits, por todo el material de PFLAG que me facilitó, por todo lo que aprendí

a través de ella y por el ánimo que infundió en mí.

Introducción

Este libro está dirigido a todo papá, mamá, familiar y amigo de una persona homosexual, a quien considere importante, a quien ame y con quien desee mejorar su relación a través de la comprensión, la aceptación, la cercanía y el diálogo.

Vivimos rodeados de gran cantidad de mitos, prejuicios, miedos y estereotipos sobre las personas homosexuales que nos nublan la vista y no nos permiten ver la verdad. Por esta razón, la información que encontrará aquí se basa tanto en estudios científicos como en el relato de experiencias personales que intentan dar respuesta a muchas de sus dudas, así como proporcionarle una visión más positiva y realista sobre la homosexualidad y las personas homosexuales.

Aquí encontrará diversos testimonios de personas homosexuales, de sus familiares y amigos que quisieron compartir sus experiencias de vida con la esperanza de ayudar a otros. Aprenderá sobre problemas reales a los que muchas personas homosexuales tienen que enfrentarse en una sociedad básicamente heterosexual y homofóbica.

Con el fin de hacerle más clara la información, me limité, en la mayoría de los casos, a hablar de las personas predominantemente homosexuales, aunque es preciso aclarar que existen todo tipo de matices. Con la intención de facilitar la comprensión del texto, los términos homosexual o gay que se usan en este libro se refieren tanto a mujeres como a hombres.

En estas hojas se abre un espacio de cuestionamiento a creencias y normas manejadas a partir de la falta de conocimiento sobre el tema; se debate sobre los derechos humanos, y se exponen muchos otros puntos que suelen levantar polémica con el fin de que usted obtenga sus propias conclusiones.

Éste es un libro de invitación a la reflexión. Es posible que al leerlo vayan cambiando algunas de sus percepciones e ideas sobre la vida.

Cada vez hay más personas que se atreven a compartir sus verdaderos sentimientos. Vivimos en un mundo lleno de variedad en cuanto a formas de ser, tantas que en ocasiones no las alcanzamos a ver por estar centrados en cómo deberían ser, en vez de damos cuenta de cómo es cada quien.

No hay un tipo de comportamiento en el que todos los seres humanos coincidamos como resultado de nuestras formas de sentir, pensar y actuar. Aunque existan mayorías, siempre habrá gente que vive de manera diferente. No hay una sola religión, ni un solo color de piel, ni una sola orientación sexual, y es eso lo que nos hace maravillosos, pues tenemos la posibilidad de aprender de los otros. Es la chispa de la vida.

Si fuéramos todos iguales no habría qué compartir y este libro no tendría razón de ser. Ser diferente no convierte a nadie en monstruo.

Por lo general este tipo de obras las compran los hijos y las hijas homosexuales para sus padres, buscando acercarse a ellos, sentirse entendidos y abrir un puente de comunicación. Otro motivo puede ser su preocupación al darse cuenta de que les está costando trabajo manejar la situación. Si el libro llegó a sus manos a través de sus hijos, piense que ésta fue una muestra de cuánto amor siente por usted y de que para él o para ella es muy importante que usted lo comprenda y lo acepte. Si le fue obsequiado por alguna otra persona, tal vez sus intenciones fueron las mismas. Si lo adquirió por iniciativa propia, ¡lo felicito! Es un buen principio de acercamiento a este proceso de comunicación y entendimiento. Mucha gente siente vergüenza de comprar “algo así”, como si fuera descubierta haciendo “algo malo” o tuviera la sensación de que se pone en evidencia ante los demás. Si éste fue su caso, sea paciente; esos sentimientos son parte de un proceso que lleva tiempo.

Por último, no importa qué tuvo que pasar para que llegara este libro en sus manos. Lo bueno es que ya lo tiene, lo cual es un primer paso. ¡Aprovéchelo! Estoy segura de que pase lo que pase le será de utilidad, ya que es una aportación más a la comprensión de la diversidad humana.

1.La noticia

Marcos: “En mi casa todos son arquitectos: mis padres, mis hermanos y hermanas. A mí nunca me ha llamado la atención la arquitectura, pero eso ellos no lo entienden, por lo que se sienten defraudados”.

Fernanda: “Mis padres estuvieron muy ofendidos por meses cuando decidí que me iba a vivir a otra ciudad; no lo podían entender”.

Clara: “Mis papas quieren que me case y no aceptan que siga estudiando, que sea una profesional. Dicen que eso no es lo que esperan de mí”.

Pablo: “A mis papas no les gusta mi estilo de vida. Soy religioso y eso les molesta”.

Reynaldo: “Soy profesionista y disfruto lo que hago. Mis padres querían que trabajara en el negocio familiar; no entienden que a mí me satisface mi trabajo. Ellos dicen que rompí con sus expectativas”.

Ángela: “A mis papas no les gustan mi carácter ni mi forma de ser. Todo el tiempo me están criticando y juzgando”.

Roberto: “No sé qué hacer; mis padres odian a mi esposa, ni siquiera fueron a nuestra boda. Dicen que ella no es lo que querían para mí”.

LOS HIJOS NO SIEMPRE CUMPLEN CON LAS EXPECTATIVAS Y LOS SUEÑOS DE LOS PADRES

Si bien ser madre o padre implica la posibilidad de lidiar con desacuerdos, socialmente se habla más acerca de este tipo de percances que de tener una hija o un hijo homosexual. Saber con certeza que uh hijo o una hija es gay no es fácil, en especial al principio. Vivimos en una sociedad que durante siglos ha generado una tradición de miedos y mitos con respecto a la homosexualidad y a las personas homosexuales, así como una idea poco agradable y también poco realistade lo que son.

En nuestra cultura se utilizan día con día las palabras homosexual, puto, maricón, marimacha, lesbiana, etc., en forma despectiva, dando a entender que se trata de algo terrible que encierra temor, vergüenza, deshonra, tal vez enfermedad.

Esto hace sumamente compleja y desconcertante la experiencia de escuchar la frase: “Soy homosexual” de alguien importante para nosotros. La noticia abre un nuevo capítulo en la historia de la familia y en la vida de sus integrantes, sin importar si lo habían sospechado tiempo atrás o si fue una sorpresa total; si se enteraron por casualidad, por medio de una carta, de una llamada telefónica, cara a cara, o de cualquier otra manera. Cada situación es diferente, pero el simple hecho de saberlo con certeza produce un cambio.

No existe una forma de reaccionar ante la noticia de que una hija o un hijo es gay, cada persona responde haciendo su mejor esfuerzo, aunque en ocasiones no de la mejor manera. En este libro elegí las situaciones más comunes con el fin de que puedan servirle como referencia y apoyo a su propia experiencia.

Conmoción

¡Muchas madres y padres viven una conmoción al recibir la noticia: pe quedan helados, no saben qué decir ni qué hacer; sienten como si un balde de agua fría hubiera caído sobre ellos. De pronto piensan que todo cambió, que aquella persona con la que han convivido durante tanto tiempo no es lo que pensaban. Se sienten desconcertados y temerosos, como si el tiempo se hubiera detenido. Otros mantienen la esperanza de que no sea verdad lo que están escuchando y empiezan a fantasear con que todo es un mal sueño del que no tardarán en despertar.

Padre: “Sentí ganas de que se abriera la tierra y me tragara en ese mismo instante. No quería enfrentarme a algo así”.

Madre: “Tenía la esperanza de que fuera un sueño, de haber escuchado mal, de que fuera una broma; no supe qué hacer”.

Madre: “Nuestra primera reacción fue decirle que lo amábamos y que nada había cambiado. Pero la verdad es que por un buen tiempo fue un extraño para nosotros; no sabíamos qué decir, qué hacer ni cómo acercarnos a él”.

Padre: “No pude hablar, no sabía qué decir. Creo que pasé varios días sin querer estar en mi casa”.

Madre: “Después de la noticia me enfermé literalmente; pasé meses con diarrea, gripe, dolor de cabeza. Conforme lo fui digiriendo, fui mejorando”.

Si éste es su caso, poco a poco, conforme aprenda un poco más, se dará cuenta de que, aunque sienta que todo cambió o que lo ha perdido, eso no es verdad. Su hijo(a) es el(la) mismo(a) de ayer; lo único que ha cambiado es que ahora sabe que su atracción sexual y su afecto se dirigen hacia personas de su mismo sexo, algo que probablemente ya era así antes de que usted se enterara.

Sin embargo, al saberlo con certeza, es posible que muchas de sus expectativas se hayan derrumbado y que se sienta defraudado o desilusionado.

Muchas veces creemos conocer y entender muy bien a las personas que amamos. Entonces, cuando alguien tan cercano llega y nos dice: “Soy gay”, es probable que reaccionemos con desconcierto y desorientación porque no es lo que pensamos que era.

Madre: “Mi esposo y yo no sabíamos cómo manejar la situación; nunca creí que nos fuera a pasar esto. Me sentí lastimada y confundida, aunque poco a poco nos fuimos dando cuenta de que la idea de que todo cambió era sólo parcialmente cierta, ya que si bien no conocíamos su orientación sexual, existen muchas otras cosas que sí conocemos y que no tienen nada qué ver con sexualidad”.

Para algunos, la pérdida de imagen y expectativas suele ser un proceso doloroso, cuya asimilación requiere varios meses o años. Pero estos sueños pueden ser reemplazados por otros más reales.

Madre: “Cuando supe que mi hijo es gay no pude dejar de llorar. Ahora hay veces en que ya lo acepto y otras en que me vuelvo a deprimir. Lamento que las cosas no hayan salido como esperaba”.

Padre: “Cuando supe que mi hijo es homosexual, me sentí devastado. No lo podía creer. Pensé: ‘Esto es algo que alguien le enseñó; en la casa no lo pudo haber pescado’. Veía a la homosexualidad como un virus o algo así. Tenía la ilusión de que se le iba a quitar”.

Madre: “Cuando supe que Gerardo es homosexual, mi mundo de cristal se derrumbó y tardé en recuperarme. Pero una vez que me di la oportunidad de conocerlo más, fui creando nuevas expectativas que me han dado muchas satisfacciones”.

Negación

Otros intentan negar lo que está sucediendo, rechazar las palabras que acaban de escuchar y pretender que no pasa nada. Dicen cosas como: “Qué bien, ¿cómo te fue en el trabajo?”, “No me gustan tus bromas”, “Ya sabes que no me gusta oír esas cosas”, “No quiero maricones en mi casa, así que será mejor que se te quite”, “En mi familia no hay lesbianas así que eso no puede ser”. Si es su caso, le recomiendo que no ignore la situación; aunque sienta miedo, siempre será mejor armarse de valor y enfrentarlo. Negarlo puede producir alejamiento y resentimiento en su hija o hijo hacia usted. No cierre las puertas, escuche para entender.

Por último, aunque afrontar la situación es difícil, es inútil hacerla a un lado.

Tome en cuenta que ignorarla no la desaparece, además de que se ha visto que, en la medida en que vaya aprendiendo a convivir con ella, le será más fácil y es posible que incluso descubra cosas interesantes.

Madre: “Si hago memoria y soy honesta conmigo misma, podría decir que ya sabía que mi hijo es homosexual; desde que era pequeño había contemplado la posibilidad, pero cada vez que pensaba en ello me recriminaba por pensar esas cosas, y trataba de creer que no era cierto. El día que me lo confirmó fue como si nunca hubiera contemplado la idea; me sentí deshecha”.

Padre: “Por un tiempo preferí pretender que nada había pasado; luego me di cuenta de que no podía pretenderlo más”.

Madre: “Ahora sé que mi indiferencia lastimó mucho a mi hijo. Intenté negar una parte importante de su persona”.

Hijo: “Mi papá no volvió a mencionar el tema, como si no hubiera sabido nada. ¿Sabes cómo me sentí? Estuve meses sin dormir buscando la forma de decírselo, quería ser honesto y abrirle mi corazón. Hubiera preferido que se enojara a que me ignorara”.

Hijo: “Ya me cansé de ponerlo tan obvio y que no lo quieran escuchar ni ver; ahora soy yo el que ya no los quiero ni escuchar ni ver”.

Traté de explicarlo de la mejor manera que pude,

pero tú sólo cerraste los ojos.

No quenas escucharme,

y yo no quise lastimarte

y no me quería ir,

pero me fui sin que tú me conocieras,

Culpa

mas yo sí conocí algo de ti.

Lynn Cook

Otras personas se sienten culpables; muchos padres y madres se consideran responsables de todo lo que sus hijos(as) hacen o dejan de hacer. Esto es común en una cultura donde socialmente se promueve la responsabilidad de los padres por todo lo que les pasa a sus hijos (as). Esto no es verdad; existen familias donde, por ejemplo, todos fuman excepto uno de los hijos, quien odia el cigarro. La verdad es que no todo se aprende o se imita. Es importante tomaren cuenta que, si bien en una familia todos sus integrantes son afectados por los demás, esto no quiere decir que debamos responder por los actos de cada uno.

Conforme siga leyendo se percatará de que hay cosas que no están bajo su control y la orientación sexual de sus hijos(as) es una de ellas.

Madre: “Me sentía tan avergonzada que no quería ni salir a la calle. Pensaba que todos me mirarían como si fuera un monstruo”.

Madre: “Lo primero que pensé es que fallé como madre. Me sentí culpable. No sabía qué habíamos hecho mal. Ahora me doy cuenta de que no hicimos nada mal. Roberto es un excelente muchacho, simplemente le gustan los hombres”.

Padre: “Muchas de mis culpas se alejaron cuando fui aprendiendo que la homosexualidad no es algo que se enseña o se aprende”.

Culparse a sí mismo no le será útil; aprender, en cambio, seguro le abrirá puertas.

Enojo

Algunos padres reaccionan con enojo a la noticia de que su hija(o) es homosexual. Lo viven como una agresión hacia su persona, como si al decirlo tuviera la intención de lastimarlos. Se preguntan una y otra vez: ¿por qué me hizo esto? Buscan una respuesta y se duelen de haber perdido una imagen y las varias expectativas que tenían depositadas en él o ella. Se requiere tiempo para entender que la orientación sexual no se escoge, y que no es algo que las personas deciden hacer para molestar a otras. Con lo difícil que es ser gay resultaría absurdo pensar que alguien lo decidió nada más “porque sí”, porque no tenía nada que hacer o por dañar a otros. Conforme exprese lo que siente y aprenda más sobre el tema, tal vez descubra que lo único que su hijo(a) “le hizo” es confiar en que su relación puede crecer como resultado de conocerla(o) como es.

Padre: “Estuve muy enojado, sentía vergüenza. Creo que mi enojo era porque pensaba que por su culpa mi vida iba a ser muy complicada. Por un tiempo no quise ver a nadie”.

Madre: “En el momento en que mi hija me lo dijo, lo primero que pensé fue: ‘Sería mejor si

estuviera muerta

’.

Estaba desesperada”.

Padre: “Sentí mucho enojo. Por una parte, me dio coraje que no me lo hubiera dicho antes, fue como no confiar en nosotros; luego mi coraje era porque nos lo dijo, fue muy contradictorio”.

Madre: “Pensé que se estaba burlando de mí. Me puse furiosa”.

Miedos y mitos

Para otros padres y madres, la experiencia de saber que tienen una hija o hijo homosexual los pone en contacto con una larga tradición social de mitos, prejuicios y miedos:

Padre: “Cuando supe que mi hija es gay pensé casi inmediatamente: ‘Su vida va a ser miserable. Nadie va a aceptar a una lesbiana’. Ahora veo que quien no aceptaba a una lesbiana era yo”.

Padre: “Me sentí preocupado; pensé: ‘Qué va a decir la gente’, ‘Qué va a pasar’. No consideré los sentimientos de mi hijo. Estaba muy inquieto por lo que los demás fueran a pensar de nosotros”.

Madre: “Después de que supe que mi hijo es homosexual, empecé a cuestionarme si yo

también lo era. Intentaba recordar si alguna vez me han atraído sexualmente las mujeres y

no he sentido eso nunca. Me cuesta trabajo entender”.

Padre: “Pensaba que ser homosexual era una forma de echarse a perder la vida. No sabía por qué lo hacía. Pensaba: ‘¿Qué hice mal?, era un buen muchacho, por qué insiste en escoger este camino’. Mucho tiempo después entendí que él no lo eligió y, de hecho, sigue siendo un buen muchacho”.

Madre: “Después de enterarme de que Fernando es homosexual, cuando salía a la calle y veía gente me parecía que todos eran homosexuales también”.

Padre: “Tenía mucho miedo de su futuro. No sabía qué es lo que iba a suceder”.

Padre: “Lo primero que pensé fue: ‘Tiene un problema y vamos a ir con los mejores doctores; Dios hizo a Adán y a Eva, no a Adán y Manuel’”.

Tener un hijo(a) homosexual rompe muchos esquemas sociales, familiares e incluso personales.

Madre: “Fui una persona que rechazaba mucho la homosexualidad. Decía frases como: ‘esa

gente’, ‘qué asco’, ‘deberían

‘esa gente’. Para mí fue horrible. La verdad es que no había conocido antes aun homosexual, o cuando menos eso creía, pero jamás me imaginé que ‘esa gente’ podría ser

mi hijo”.

hasta que un día mi hijo Alfonso me contó que él era como

’,

Comprensión

Por otro lado, aunque a la mayoría de los padres les lleva tiempo aceptar, respetar y vivir con la homosexualidad de sus hijos(as), existen algunos que no lo consideran un problema, y llegan a ser muy comprensivos.

Madre: “Pienso que ser gay es tan bueno y tan malo como ser heterosexual. Quiero a mi hijo, y si ser gay es una parte suya, también la quiero”.

Madre: “Cuando mi hija me dijo que es lesbiana, lo único que pensé es que yo he tenido tan mala suerte con los hombres que me hubiera gustado sentirme atraída por una mujer”.

Madre: “Con tantas cosas que uno escucha todos los días, pensé que el que mi hija sea lesbiana no es tan grave”.

Padre: “Para mí fue difícil escuchar la noticia, pero nunca dudé de que quien tenía que aprender era yo, así que me dediqué a acercarme más a mi hijo”.

Madre: “Cuando Moisés me dijo que es homosexual, sentí una gran cercanía con él. Pensaba una y otra vez cuánto ha de haber sufrido y qué valor tuvo para decírmelo”.

Madre: “El hecho de que mi hijo sea gay no cambió el amor que siento por él”.

Alberto: “Cuando le dije a mi mamá que me gustan los hombres, me contestó: ‘A mí también’”.

Hijo: “Cuando le dije a mi padre que soy homosexual, me contestó: ‘Si eso te hace feliz, a mí también”’.

Hijo: “Para mi sorpresa, mi madre me contestó que ya lo sabía y que le daba gusto que me haya animado a decírselo”.

Existen miles y miles de testimonios de madres, padres, hijas, hijos, amigos, familiares, etc., que han tenido que lidiar con este tipo de situaciones. De acuerdo con algunas estadísticas, una de cada diez personas en el mundo es homosexual o bisexual. Esto quiere decir que aproximadamente una de cada cuatro familias conoce a alguien gay, ya sea alguno de sus miembros o alguien de su círculo cercano. Por consiguiente, hay mucha gente que ha vivido una experiencia similar a la suya; no está solo.

Esto le ha sucedido a familias que ya lo sabían, a otras que lo sospechaban y otras más que no se lo esperaban. En realidad puede pasar en cualquier hogar. Es interesante que, paradójicamente, en tanto las estadísticas confirman que un porcentaje significativo de la sociedad es homosexual, nos siguen preparando para tener sólo sueños heterosexuales acerca de nuestras hijas e hijos: fantaseamos sobre cómo van a ser cuando crezcan y nos

formamos poco a poco expectativas sobre ellos. Pero estas ilusiones se construyen a partir de lo que nosotros queremos y lo que se promueve en el núcleo social, no de lo que ellos necesitan.

En nuestra cultura poco se promueve el respeto a la individualidad de los hijos, lo que hace que padres y madres a menudo se sientan defraudados y desilusionados. Esto no sólo sucede con hijos(as) homosexuales; puede pasar con todos. Siempre existen sorpresas: no se casan con la persona que nos gustaría, no estudian la carrera que hubiéramos deseado, no tienen el trabajo que nos agradaría, no viven en donde quisiéramos, etcétera.

La sociedad nos instruye un poco más a lidiar con estas situaciones que con la orientación sexual de nuestros hijos pero, para un padre o una madre, resulta difícil aceptar que su hijo(a) simplemente es otra persona y que como tal siente, piensa y actúa diferente. Reflexione tan sólo: ¿es usted igual a sus padres en todo?

Es importante aprender a escuchar lo que la otra persona está diciendo, en especial si se trata de un(a) hijo(a); detenernos a conocer sus sentimientos, qué significa ser gay para él o ella, qué necesita, etc. Sin embargo, es muy frecuente que padres y madres se centren en sí mismos y tengan miedo de enfrentar la situación.

Un punto importante es que, si usted quiere, al pasar este periodo, puede llegar a sentir que su relación es más fuerte y cercana que antes con su hija(o). Ahora bien, llegar a ello no es fácil: algunas personas han tenido que vivir procesos dolorosos de culpa, enojo, sensación de pérdida, confusión. Otros, en cambio, han dado pasos enormes en su proceso, entendiendo, aceptando, respetando y acostumbrándose cada vez más. Si usted es de aquellos que viven con alguno de los sentimientos mencionados, es a consecuencia de nuestra cultura y sociedad que nos han llenado de mitos, actitudes y prejuicios acerca de la homosexualidad.

No se condene por lo que siente pero, por el amor que le tiene a él o ella y a usted misma(o), es necesario empezar un camino de aceptación, respeto y apoyo.

Dudas

Es posible que ahora que ya lo sabe le surjan varias dudas. Muchas de ellas serán contestadas en este libro pero, para responder otras, tal vez tenga que seguir investigando. Las respuestas más importantes las conocerá a través de su experiencia con su hijo(a), quien será la fuente más fidedigna de aprendizaje al respecto. No tema preguntarle cómo vive las cosas; trate de hacer sus preguntas con respeto y de aprender, y no de condenar más. Veamos algunas de las dudas más comunes.

¿Por qué tuvo que decírmelo?

Si está pensando que enfrentaría menos problemas si no lo supiera, contemple la posibilidad de que también tendría menos satisfacciones. Si no lo supiera, lo más seguro es que empezaría a existir una distancia entre ustedes y, por lo tanto, perdería la oportunidad de compartir muchas cosas con él o ella.

Existen varias razones por las cuales una hija o hijo toma la decisión de arriesgarse a decirle a sus padres que es gay. Entre las más comunes están: la necesidad de ser aceptado como es y no como lo que a usted le gustaría que fuera, los deseos de entablar una comunicación abierta y honesta, la necesidad de compartir, la búsqueda de apoyo y acercamiento. Todo esto habla del amor que le tiene y de lo mucho que significa usted para él o ella; se requiere un gran valor para dar este paso.

Daniel: “Siempre fuimos una familia muy unida. Yo le contaba todo a mis padres y ellos siempre me apoyaron. Un día les dije que era homosexual; quería compartir con ellos esa parte de mi vida, pero me corrieron de la casa afirmando que no querían saber nada de mí. No entendí; no me dieron mayor explicación; sólo sé que desde hace cuatro años no los veo”.

Carol: “Estaba a punto de mudarme con mi novia, así que pensé que ya era tiempo de decirle a mi madre que soy lesbiana. Una tarde en que estábamos solas en casa se lo comenté. Ella me contestó: ‘¿Eso es todo?, pensé que me ibas a decir que estabas embarazada’. Estuvo excelente”.

Roberto: “Les dije porque me pareció que ya era tiempo. Llevo ocho años con mi pareja, estamos prácticamente casados. En mi familia era el soltero a quien todos miran”.

Alfredo: “Le dije a mi madre que soy gay para que deje de molestar con eso de buscarme novia y ella no dijo nada. Poco tiempo después me aseguró que lo que yo necesitaba era conocer a la chica correcta. Hasta la fecha sigue intentando presentarme muchachas”.

Juan: “Les conté porque tenía miedo comprensión”.

y

no

sabía qué hacer. Buscaba su apoyo

y

Patricia: “Se los dije porque no quería mentirles. Me dio miedo de que se fueran a enterar por otra parte”.

Fernanda: “Llevaba dos años viviendo con mi novia. Un día mi papá me llamó porque él y mamá se separaron. No tenía a dónde ir, así que se vino a vivir con nosotras; tuvo que enterarse de la situación, lo cual lo friquió por un tiempo. Ahora es feliz viviendo con dos lesbianas”.

Ana María: “Se lo dije a mis padres porque el secreto me estaba matando. Me sentía muy herida por tener que esconder algo que me hacía tan feliz. Me volví bulímica, pues no sabía

cómo lidiar con mis sentimientos. Por un lado soy feliz con mi pareja y por otro esa felicidad entristece a todos los que me rodean”.

Rebeca: “Estaba feliz con mi novia; simplemente quería que supieran que por primera vez había encontrado a alguien tan maravilloso y quería compartir el resto de mi vida con ella. Pero ellos no lo vieron así”.

Reynaldo: “Le conté a mis papás porque me cansé de hablarles acerca de Fernanda cuando en realidad era Fernando; creo que ahora la historia es más real y me siento mejor”.

Ignacio: “Se los dije porque no soy un criminal; mi homosexualidad no daña a nadie ni es nada de lo que tenga que avergonzarme, así que decidí que no necesito esconderme”.

Esther: “¿Por qué les dije a mis padres? ¿Por qué no? Amar a alguien no es un pecado, es un derecho”.

Es paradójico cómo muchos padres protestan porque sus hijas(os) no les cuentan sobre su vida personal. Pero, si alguna(o) que no es heterosexual les habla de ello, las cosas cambian. Si ese padre o esa madre reflexiona, podrá darse cuenta de que no le está hablando sobre su vida sexual, sobre cómo hace el amor; sólo compartió sus sentimientos y cómo éstos afectan su vida. Cuando una hija comunica que conoció a un hombre maravilloso, usualmente los padres y madres se interesan y se sienten contentos, pero no hay la misma disposición cuando es un hijo el que les dice que conoció a un hombre maravilloso.

Los jóvenes suelen experimentar con su sexualidad para buscar su identidad, por lo cual, si una persona se anima a decirle a otra que es homosexual, sobre todo si se trata de su padre o madre, no es porque se trata de algo temporal. Por lo general, ha recorrido un largo camino tratando de entender y reconocer su orientación sexual. Muchos han pasado por momentos difíciles y se han preguntado cosas como: ¿por qué a mí?, ¿y ahora qué voy a hacer?, ¿cómo lo voy a manejar? Entonces, si usted se cuestiona: ¿estará seguro(a)?, la mayoría de las veces la respuesta es sí.

Comunicar que se es gay dispara muchos estereotipos negativos. Implica un gran riesgo como para que alguien tome ese paso a la ligera o de manera prematura. Recordemos que todos venimos de una cultura llena de miedos y mitos sobre las preferencias sexuales. Decir: “soy homosexual” o “soy lesbiana” implica muchas cosas; entre ellas, el enfrentamiento a la aceptación o el rechazo; por consiguiente, cuando una persona se atreve a hacerlo es porque ya lo pensó durante mucho tiempo.

Jenny: “Para mí decir que soy lesbiana es más que una fase o un periodo de vida, es una forma de vida. Cada día es una nueva decisión: ‘¿Le diré a esta persona? ¿Cuál será su reacción?’ No es fácil. Cuando tenía dieciséis años escuché a los adultos hablar de etapas

de la vida, entonces pensé que estos' sentimientos se me iban a pasar, pero con el tiempo me di cuenta de que, lejos de irse, se hacían más fuertes”.

Cuando alguien descubre que no es heterosexual puede entrar en confusión, por los mitos y

prejuicios que existen al respecto: “Si dicen que los homosexuales son pasa conmigo?”.

entonces, ¿qué

Ramón: “Cuando descubrí que era homosexual sentí miedo; había escuchado tantas cosas sobre ‘esa gente’ que no quería ser así. Comencé a salir con chavas hasta que pude reconocer que eso no me quitaba lo gay”.

Algunos padres y madres, en su desesperación y desconcierto, no esperan a que su hijo o hija sea quien se los diga y deciden “tomar al toro por los cuernos”. Éste es un mal inicio, ya que por lo general su intención es condenar y no escuchar; invaden la privacidad de sus hijos provocando en ellos un gran resentimiento. Si ésta fue su situación, no se preocupe, puede tener un buen final, todo depende del rumbo que usted desee que tomen las cosas.

Nosotros lo descubrimos

llana: “Un día llegué a mi casa y había junta familiar; mi madre me dijo que habían descubierto que soy lesbiana y que mis maletas ya estaban empacadas. Pasaron tres años hasta que los volví a ver, pero ahora ya nos integramos bien”.

Marcos: “Mi familia lo había estado hablando antes. Mi papá pasó por mí y mientras manejaba me dijo que le habían comentado algunas cosas de mí que él sabía que no eran verdad; sólo quería confirmarlo conmigo. Me preguntó si soy gay y cuando le contesté que sí inmediatamente paró el coche y empezó a llorar, para agregar que eso era lo peor que le podía pasar”.

Alan: “No les dije nada, ellos lo descubrieron y me sentí invadido; después me hicieron un juicio, como si fuera un criminal”.

Ricardo: “Aún no estaba preparado para decírselos, pero ahora me alegro que así se hayan dado las cosas, ya que no sé cuándo me hubiera atrevido yo mismo”.

Existen algunas historias, aunque son pocas, sobre padres y madres que se han acercado a sus hijas(os) con la buena intención de entender y abrir la comunicación. Por lo general estos padres ya estuvieron lidiando con esto antes de acercarse.

Carlos: “Un día se me acercó mi mamá y me dijo: ‘Sé que eres homosexual y quiero que sepas que no hay problema’. Ese fue el mejor día de mi vida”.

Víctor: “No sabía, pero mis padres consultaron a una persona para que los orientara sobre tener un hijo homosexual. Después de un tiempo, un día me dijeron: ‘Hijo, sabemos que eres homosexual y rompieron en llanto; estamos yendo con una persona para asesorarnos mejor. Todavía nos cuesta trabajo, pero estamos en eso. Ésta es tu casa y queremos que estés cómodo en ella’”.

¿Por qué no me lo dijo antes?

Tal vez no logre comprender que su hijo(a) estuvo pensando en esto meses o años y hasta ahora pudo decírselo; tal vez interprete el ocultamiento como una falta de confianza o de amor. Cuando una persona descubre que tiene sentimientos homosexuales y sabe que puede ser rechazada, el sentimiento que surge es de enojo, que a su vez puede convertirse en depresión. Una parte de su ser está siendo negada o juzgada. Primero el enojo es contra sí mismo por no poder ser diferente, luego contra el mundo que lo malinterpreta y rechaza.

Es doloroso darse cuenta de que no conocía tan bien a la persona como creía y que fue excluida(o) de una parte de su vida. Considere que esto sucede en la mayoría de las relaciones entre padres e hijos; o, ¿acaso usted le contaba todo a sus padres cuando era joven? Padres e hijos(as) no suelen llevar una relación de total compañerismo y amistad, ya que los separa un estatus de poder y jerarquía; se trata de una relación desigual en donde, dependiendo del asunto, que una hija o hijo le cuente algo a sus padres puede acarrearle repercusiones fuertes. Por eso, antes de hablar con usted quizá contempló varios aspectos con el fin de protegerse. Una persona homosexual arriesga mucho cuando se asume como tal ante otra, pues vivimos en una sociedad que aún no aprende a lidiar con la diferencia y es difícil juzgar a alguien cuando decirlo significaría la posibilidad de perder un trabajo, perder una familia, perder una comunidad, perder un mejor amigo

Por ahora, prefiero no decirlo

Enrique: “Estoy estudiando la universidad y mis horarios no me permiten trabajar. Mis padres odian a los homosexuales y no quiero arriesgarme a decírselos”.

Gabriel: “A mí me da miedo. Vi lo que le pasó a un amigo y no quiero que me pase lo mismo”.

Arturo: “No se los quiero decir. En mi casa hablan mucho de lo asquerosos que son los maricones, putos, homosexuales, así que para qué les confío que soy uno de ellos”.

Israel: “Mis papás son muy religiosos y sé que no lo van a aceptar, así que mejor me separé de ellos”.

Mónica: “Para qué les digo , creo que ya lo saben; mientras no lo confirmen, para qué crear problemas gratis; aunque me da tristeza, así estoy bien”.

Georgina: “Adoro a mi familia y no les he dicho porque no soporto la idea de perderlos”.

Una persona que descubre que su orientación sexual no cumple con el guion propuesto socialmente puede sentirse confundida o insegura respecto a su identidad, por lo que necesita tiempo y valor para compartirlo con alguien, ya no digamos con sus padres. Aunque usted sienta que su relación es tan buena que él o ella debió saber que le podría confiar cualquier cosa, en nuestra cultura se promueve el miedo a hablar sobre el tema; se llega a pensar que algo “está mal” y que puede ser condenado. Es más fácil hablar del clima o de la situación política actual que de nuestros sentimientos, en especial con las personas que amamos. Tememos ser juzgados, malentendidos y perder su cariño.

Érika: “Tardé tiempo en decirlo a alguien de mi familia; tengo dos hermanos muy homofóbicos y no quería causar problemas. Pero un día me armé de valor y le avisé a mi mamá que iba a traer a mi novia a cenar. Para mi sorpresa, me respondió que lo sabe desde hace cuatro años y estaba esperando a que se lo comunicara”.

Alex: “Me tomó tiempo asegurarme de que soy homosexual y sentirme bien conmigo mismo. En mi casa había grandes expectativas sobre mí y cuando les dije que no me interesan las mujeres fue terrible”.

Oscar: “Yo traté de decirlo varias veces, pero no querían escucharlo, hasta que decidí dejarles una carta”.

Susy: “Tardé tiempo, porque no sabía cómo decírselos”.

Víctor: ‘Tuve miedo de lo que pasaría después, lo dije hasta que me sentí listo y seguro de mí como para poder enfrentar lo que viniera”.

Por todo esto, aunque se lamente de no haberla ayudado a pasar por este periodo o piense que si se lo hubiera dicho antes esto hubiera sido diferente, es importante que entienda que la otra persona necesitó tiempo y no pudo decirlo antes; pero seguramente, de haber podido lo 1 hubiera hecho. Ahora ya lo sabe y eso es una invitación a una relación más honesta y abierta que la que tenían.

Si su hijo(a) le dijo que es gay de manera voluntaria, tiene la mitad del camino recorrido. La decisión de confirmar algo que la sociedad en general desaprueba necesita de gran fuerza y demuestra mucha confianza, amor y compromiso con la relación que lleva con usted. Queda en sus manos corresponder a ese amor, esa confianza y ese compromiso.

Si se enteró de cualquier otra forma, no tenga miedo de acercarse y aprender, pero inténtelo siempre y cuando se sienta listo y dispuesto a hacerlo.

Reacciones de amigos y familiares

Para los amigos y familiares cercanos que reciben la noticia tampoco es fácil, aunque por lo general existe mayor apertura y disposición. Cuando una hija o hijo se atreve a decirle a sus padres que es gay, muchas veces ya lo habrá hablado con un amigo, tal vez con sus hermanos o hermanas; quizá esté involucrado en alguna asociación gay y tenga incluso una vida activa en cuanto a amistades, pareja, etc. Por un lado, la gente gay busca sus propios recursos y apoyos; por el otro, siempre será más difícil contarlo a sus padres.

Amiga: “Para mí fue muy difícil, pues no quería que al verme con ella pensaran que también lo soy. Lo chistoso es que antes de saberlo igualmente estaba con ella y no se me había ocurrido eso”.

Amiga: “Para mí fue muy confuso, pensé que solamente estaba experimentando, pero luego ya no podíamos hablar el mismo idioma. Creo que yo fui la que me cerré a escucharla y entenderla; me dio miedo que esto nos sepa*

Prima: “Nos conocemos desde chicas y siempre hemos convivido. Tenemos muchas cosas en común y yo pensaba que las seguiríamos teniendo al casarnos y llevar a nuestros hijos al parque juntas. Mis planes se derrumbaron y me sentí traicionada”.

Amigo: “A mí me dio igual, pensé que me iba a decir algo grave como que tenía sida o algo así”.

Hermano: “Lo primero que pensé es que yo he disfrutado mi sexualidad y espero que las personas que quiero también lo hagan, sin importar si es con un hombre o con una mujer”.

Prima: “Pienso que cada quien con lo suyo, pero cuando lo veo con su pareja siento raro, aunque cada vez menos”.

Amiga: “A mí me dio curiosidad”.

Amigo: “Creo que tenía muy estereotipada la idea de un homosexual y la noticia cambió mis esquemas”.

Hermano: “A mí ya me ‘latía’, pero sentí algo raro cuando lo confirmé”.

Primo: “Cada quien tiene derecho de ser lo que quiera; finalmente, las relaciones amorosas son lo mismo y no importa entre qué sexos se den”.

Amigo: “Me dio lástima. Pensé: ‘¡Pobre, qué mala suerte!”’.

Amiga: “Pensé que ahora iba a querer algo conmigo y me dio miedo, hasta que lo hablamos”.

Amiga: “Me llevó tiempo entender que su pareja era eso, su pareja, aunque yo la veía como otra amiga por lo que me sentí celosa y desplazada”.

Hermano: “Mi hermana llegó un día y me preguntó: ‘¿Te gustan las mujeres?’ Naturalmente, contesté que sí; acto seguido, ella sonrió y agregó: ‘Ya tenemos algo en común: a mí también’. Al principio quedé confundido, pero después nos acercamos más. Ahora ya tenemos más cosas que compartir”.

Prima: “Fui de excursión con mis primas y unas amigas. Me la estaba pasando muy bien hasta que me enteré que dos de ellas eran novias. Para mí fue terrible, no pensé que iba a estar tan cerca de dos lesbianas. Sentí asco y miedo; incluso pensé: ‘¿Qué hago aquí?’ Ahora me doy cuenta de que lo único que cambió fue la manera como yo las veía, dado que ellas eran iguales a cuando las conocí’.

Hermano: “Cuando mi hermano me dijo que es gay me sentí aliviado y feliz porque al fin le pude decir a alguien que yo también”.

Es importante empezar a abrimos al mundo de la diversidad. No existe un comportamiento humano que todos realicen de la misma manera; por ejemplo, para mí fue una sorpresa darme cuenta de que los besos en la boca, que son aceptados en gran parte de las sociedades, en algunos lugares se consideran repugnantes y sucios, en tanto que en otros ni siquiera son conocidos.

Los seres humanos somos tan distintos y al mismo tiempo tan parecidos

Amigo: “Aunque a ti te guste el melón y a mí la sandía, podemos compartir una exquisita comida juntos”.

Amigo: “El amor es el amor, no importa con qué sexo lo vivas”.

En una relación resulta valioso aceptar y respetar a las personas como son, no como nos gustaría que fueran. Sería muy difícil escoger lo que me gusta y lo que no me gusta de los demás, todos tenemos cosas que a otros no les agradan.

Aunque no siempre podemos entender lo que otra persona vive, el simple hecho de aceptar y poder respetar que ésa es su realidad ya es suficiente.1

Hay una frase que dice: “No necesito negar tu realidad para reafirmar la mía”. No invalide la realidad de su hijo(a), aprenda de ella. A lo largo de la vida, lo más seguro es que su hijo(a) tome sus propias decisiones, aunque tal vez usted no esté de acuerdo con ellas. Otras posiblemente ni siquiera se las consulte.

Cuando una persona le dice a otra que es homosexual o lesbiana, ambas experimentan un cambio interno: la primera gana libertad e integridad, pues ya no tiene que esconderse, y la segunda ya no ignorará una parte importante de aquélla.

Aceptar una orientación sexual diferente de la de la mayoría de las personas no es fácil para muchos. No obstante, en la medida en que la gente se va informando y aprendiendo, va siendo cada vez más abierta. Una de mis intenciones al escribir este libro es lograr que usted, por medio del conocimiento y del acercamiento a otras experiencias y vivencias, se acerque más a su hija(o).

Padre: “Antes pensaba que una persona era buena cuando hacía lo que debería hacer. Ahora lo veo distinto; me di cuenta de que mis ideas a veces chocan con mi experiencia y éste es el caso. No puede ser bueno mentir y callar lo que se es aunque vaya en contra de lo que debería ser, sobre todo si no se lastima a nadie con ello”.

Si se está lamentando de que no manejó la situación como le hubiera gustado, no se culpe, seguramente lo hizo como mejor pudo; piense que tal vez su hijo(a) también dude de la forma como se lo dijo. Será mucho más positivo aprovechar este tiempo en que ambos están aquí y ahora para compartir muchas cosas.

Su hijo(a) es el(la) mismo(a) a quien ha querido siempre. No permita que la conmoción lo ciegue dando paso a estereotipos e ideas negativas sobre una persona homosexual. Tome en cuenta lo que valora en él o ella y por qué es importante para usted.

Medite en esto: ¿amaba a su hija(o) antes de saber que es homosexual?

¿POR QUÉ UNA PERSONA ES HOMOSEXUAL?

Una de las preguntas más comunes es: “¿Por qué una persona es homosexual?” Antes de intentar encontrar una respuesta, me gustaría aclarar qué significa ser homosexual o lesbiana. Aunque mucha gente cree saber la respuesta, existen graves confusiones e interpretaciones equivocadas al respecto.

La homosexualidad, tanto en hombres como en mujeres, es parte de lo que se conoce con el

nombre de orientación o preferencia sexual. Existen tres orientaciones sexuales básicas: la heterosexual, que define a una persona que se siente atraída tanto afectiva como eróticamente por gente del otro sexo. La bisexual, que se refiere a los individuos cuya atracción tanto afectiva como erótica es hacia ambos sexos. La homosexual, cuya atracción

tanto afectiva como erótica es hacia personas de su mismo sexo. Es muy importante tener claro que al definir el tipo de atracción nos referimos a que ésta es tanto afectiva como erótica, y no sólo sexual.

Es

muy común la idea de que ser homosexual, heterosexual o bisexual es una acción; esto

es

un gran error, pues la orientación sexual tiene que ver con todo un sentimiento de

atracción erótica, sexual, romántica y afectiva para con otros. Por ejemplo, una persona puede tener una relación heterosexual y eso no cambia sus sentimientos homosexuales; una persona solamente puede elegir practicar o no su preferencia sexual, pero no decidir sobre sus afectos. Los seres humanos suelen saber cuál es su orientación sexual mucho antes de llevarla a la acción; por ejemplo, una persona virgen sí sabe por quién se siente atraída y no necesita llevar esta atracción a la práctica para comprobarlo, a menos que así lo desee.

Hay una frase que dice: “Ser gay no es una conducta sexual, es una vivencia sexual”.

Pese a que socialmente se promueve la heterosexualidad como la única opción válida y

positiva, esto no ha funcionado como un antídoto contra la homosexualidad, que ha existido desde tiempos inmemoriales como parte de la diversidad del comportamiento sexual humano. Estudios científicos reconocidos han demostrado que la homosexualidad también

se da entre los animales. Por ejemplo, alrededor de cincuenta por ciento del juego sexual de las marsopas se lleva a cabo entre miembros de su mismo sexo; los simios practican la masturbación y la penetración mutuas, así como el exhibicionismo de manera espontánea.

Y no vayamos más lejos: a veces nuestros animalitos domésticos perros o gatos

realizan juegos sexuales con otros de su mismo sexo, y algunos incluso llegan a rechazar por completo el acercamiento al sexo contrario.

Las distintas orientaciones sexuales son todo un misterio. Hay personas que viven su

orientación sexual con cierta flexibilidad, como el caso de los heterosexuales que de vez en cuando tienen prácticas homosexuales y las disfrutan, aunque reconocen que se sienten más atraídos por el otro sexo; y viceversa: algunos individuos que, aunque prefieren a personas

de su mismo sexo, pueden llegar a tener de manera ocasional relaciones con individuos del

otro; de alguna manera, ésta es una forma de bisexualidad.

Gaby: “Aunque en mi vida he tenido más relaciones con hombres que con mujeres, sé que las mujeres me gustan más”.

Rebeca: “Soy heterosexual porque me gustan más los hombres, aunque sí me ha sucedido que he tenido relaciones con mujeres y las he disfrutado mucho”.

Por otra parte, hay quienes sienten que su atracción erótico-afectiva es sólo heterosexual u homosexual. Si son heterosexuales, nunca les ha llamado la atención relacionarse ni erótica ni afectivamente con gente del mismo sexo, y si son homosexuales tampoco les ha interesado relacionarse con el otro sexo. En este libro me abocaré en especial a estos últimos.

Tania: “A mí los hombres nunca me han llamado la atención ni física ni emocionalmente”.

Javier: “Jamás he tenido una erección con una mujer, ni se me antoja seguir intentándolo”.

Ahora que ya definimos lo que son las orientaciones sexuales, pasemos a la pregunta: ¿por qué una persona es gay?

Si la pregunta proviene de un padre o una madre, es muy probable que se hagan los siguientes cuestionamientos:

¿Tuvimos la culpa? ¿Qué hicimos mal?

Algunos padres se sienten culpables cuando se enteran de que su hija(o) no es heterosexual; piensan que su desempeño como padres % influyó en la identidad sexual de ésta(e) y se dicen cosas como: ‘Tal vez fui una madre muy exigente o castrante” o “Fui un padre demasiado hogareño”.

Otros se cuestionan en cuanto a la manera como educaron a sus hijos y buscan todo tipo de explicaciones: “Tal vez fue porque le pedía que me ayudara en la casa”, “Tal vez lo consentí mucho”, “Pasó demasiado tiempo con su madre”, “Lo hubiera inscrito en el fútbol”, etc. O posiblemente se recriminen: “Yo quería un niño, no una niña”, “No debí dejarla ir a los Boy Scouts”, “Debí insistirle a mi hija para que usara vestido más seguido” No obstante, hay familias en las que, pese a que todos los hijos fueron educados de igual manera, unos son heterosexuales y otros no.

Otros más piensan que es resultado de su relación de pareja o de familia, o le echan la culpa a los problemas del medio ambiente.

Todas estas creencias no son más que mitos que por años han influido en culpar a los padres y madres por la homosexualidad de sus hijos(as). Hoy se sabe que esto no es verdad:

homosexuales y bisexuales tuvieron todo tipo de padres y madres: dominantes, sumisos, cercanos, lejanos, consentidores, estrictos, religiosos, ausentes, intelectuales, fuertes, distantes, etc. La gente gay pertenece a familias “modelo”, de divorciados, unidas, que se pelean; en fin, viene de cualquier esquina de la Tierra, de diferentes culturas, etnias, religiones, niveles sociales y económicos; pueden ser médicos, maestros, ingenieros, carpinteros, barrenderos, abogados, políticos, o dedicarse a cualquier otra actividad.

Antes mencionamos que se estima que de diez a quince por ciento de la población es exclusivamente homosexual, sin tomar en cuenta a las personas que son predominante y ocasionalmente homosexuales, además de los que no contestan con honestidad los cuestionarios relativos a las preferencias sexuales, lo cual es señal de que existen muchos tipos de personas homosexuales provenientes de infinidad de familias distintas.

Tenga cuidado con la propaganda que tiende a culpar a los padres reforzando estos mitos y prejuicios. Estudios científicos han demostrado que no existe forma alguna en que un padre o una madre puedan ser culpables de la orientación sexual de sus hijos; por tanto, no hay nada que pudiera hacer o dejar de hacer para evitar el desarrollo natural de los niños y niñas gay. Vivimos en una sociedad homofóbica, en la que la mayoría (incluyendo a los médicos, psicólogos, psiquiatras, etc.) conoce poco sobre la gente homosexual y sobre la variedad de familias de las que proviene. Después de todo, es poco probable que un padre o una madre haya deseado tener un hijo o hija con una orientación sexual hacia su mismo sexo.

Padre: “La noticia de que Miguel es homosexual me hizo sentir muy mal; pensé que como hombre tal vez no había sido un buen modelo para él, aunque ahora veo que es muy viril, es jugador de fútbol y un buen muchacho”.

Padre: “Ahora que lo pienso, a mi hija desde chica le gustaba el karate, yo no se lo promoví. Además, no todas las niñas que juegan fútbol y van al karate son lesbianas”.

Madre: “Cuando mi hija me dijo que es lesbiana, mi primera reacción fue insultarla y gritarle: ‘Yo no te eduqué para que seas una lesbiana’. En ese entonces yo creía que ser homosexual era como meterse en drogas, llevar una vida disipada o algo así. Ahora sé que efectivamente yo no la eduqué para que fuera lesbiana; sin embargo, hay cosas que no se pueden controlar y la orientación sexual es una de ésas. No hay nada que yo hubiera podido hacer para que fuera o no fuera lesbiana”.

Madre: “Mi hijo es homosexual y afeminado, lo cual me hizo pensar por años que yo tenía la culpa, hasta que conocí más homosexuales, unos muy masculinos, otros como mi hijo; algunos adoraban a su madre, otros más o menos y otros la odiaban. Entonces me di cuenta de que hay de todo y no se puede evitar”.

Madre: “Mi hija siempre ha sido muy femenina; de chica adoraba las m«* ñecas, sobre todo las Barbies; nunca se me ocurrió que de grande quisiera una de verdad”.

Padre: “Yo pensaba que los hombres homosexuales eran así porque se llevaban mal con su mamá y odiaban a las mujeres, pero en mi caso mi hijo no me odia a mí y le gustan los hombres. Entonces cambié mi teoría y pensé que los hombres homosexuales se identifican con su madre, pero cuando vi que Moisés es tan varonil, volví a dudar. Finalmente decidí que necesitaba más información y menos adivinanzas”.

Adriana: “Tú eres un padre excelente, tú no tienes nada qué ver con que a mí no me gusten los hombres”.

Agustín: “Yo culpé a mis padres por mi homosexualidad, pero tiempo después me di cuenta de que era el enojo que traía”.

¿Es posible que las personas se vuelvan homosexuales por la ausencia de modelos?

Es falso. Si la homosexualidad tuviera algo que ver con la ausencia de modelos, en nuestro país, donde un gran porcentaje de la población crece sin la figura paterna, habría una mayor cantidad de personas homosexuales, o en algunas familias todos los hijos serían gays.

Por otro lado, lo masculino y lo femenino son independientes de la orientación sexual; más bien, son características que una sociedad impone según los sexos. Se les permite más a los hombres expresar su agresividad que a las mujeres; aun así, hay mujeres muy agresivas y no son lesbianas, así como hombres con gran sensibilidad que tampoco son gays. Se puede decir que este tipo de características, aunque son fomentadas social mente, tienen que ver también con el carácter de cada persona.

Las personas homosexuales, sean hombres o mujeres, en su mayoría no son fáciles de identificar pues su apariencia física es común y corriente. Entre ellos hay hombres muy viriles, intelectuales, atléticos, machos, que pueden pasar inadvertidos, así como otros que son afeminados y, aunque sean la minoría, llaman más la atención. En cuanto a las mujeres, existen tanto lesbianas muy delicadas y femeninas como otras toscas y bruscas que también son las que más se notan aunque sean la minoría.

Algunas ideas muy arraigadas se relacionan con los estereotipos del hombre afeminado y la mujer con aspecto masculino, pero yo preguntaría: ¿qué pasa entonces con toda la gente homosexual que no cae en el estereotipo y que es la mayoría; por ejemplo, una mujer muy femenina o un varón muy viril?

Madre: “Nunca se me ocurrió que mi hijo Ignacio, tan viril, líder, jugador de béisbol, gritón y fuerte, fuera gay; pensé que todos los homosexuales eran delicados, sensibles y artistas”.

Padre: “Mi imagen de una lesbiana era de alguien con el pelo corto, robusta y grillera. Ahora que sé que mi hija, una mujer muy femenina, tranquila e inteligente, es lesbiana, no sé qué pensar”.

Madre: “Un día, platicando con mi hijo sobre cosas de la vida, me preguntó: ‘¿Qué piensas de los homosexuales?’, a lo que respondí: ‘¿Para qué me preguntas eso?, no conozco a ningún homosexual’. El levantó la ceja y me contestó: ‘¡Claro que sí!, yo lo soy’”.

Jonathan: “Cuando la gente se entera de que soy gay no lo puede creer, pues por un lado están todas sus ideas de cómo deberían ser los homosexuales y por otro lo que ven que soy yo, un ingeniero trabajador, muy guapo; vivo con mi pareja hace trece años y soy muy feliz”.

Luisa: “Un día, cuando tomaba café con unas amigas de años (algunas saben que soy lesbiana y otras no), dijo una de las que no sabía: ‘He convivido con muchos homosexuales y lesbianas y los puedo reconocer con sólo mirarlos, especialmente a las lesbianas; si una está cerca de mí la reconozco enseguida’. Lo interesante es que yo estaba sentada a un lado de ella, así que le pregunté cómo hacía eso de reconocer, a lo que contestó: ‘Es experiencia, si hubiera aquí una lesbiana te garantizo que lo sabría’”.

Cada cultura tiene sus conceptos de lo femenino y lo masculino. Por ejemplo, en las islas de Nueva Guinea, las mujeres de la tribu chambuli poseen personalidad de hombre de negocios, son dominantes e independientes, mientras que los varones son irresponsables, emocionalmente dependientes y sin papel de autoridad (pero eso no quiere decir que en el físico sean diferentes a nosotros).

Esto prueba que lo femenino y lo masculino son conceptos relativos, y también que están sujetos a cada época histórica. Tal es el caso de las mujeres de hoy que visten pantalones y trabajan: podrían haber pasado por masculinas a principios de este siglo, cuando se usaban exclusivamente los vestidos. Otro ejemplo es el de los varones franceses del siglo XVIII que dedicaban horas a su arreglo personal, se maquillaban, usaban encajes y tenían modales delicados y finos. En ese entonces un hombre con las características del actual macho pasaba por vulgar y prosaico, nada deseable con respecto a lo que se esperaba de un varón (tal vez los hombres con apariencia masculina, torpe y brusca sufrían mucho). Estos ejemplos nos muestran cómo estas características son independientes de la preferencia sexual. Muchas veces se asocia el estereotipo del hombre afeminado (como se entiende en nuestra cultura) y de la mujer con actitudes bruscas y toscas con la homosexualidad. Ahora bien, el estereotipo puede coincidir con la realidad, mas no necesariamente están ligados. No todas las mujeres que aparentan masculinidad son lesbianas, como no todos los hombres con amaneramientos son gays.

Yolanda: “Desde niña siempre me comporté como un niño, pues nunca me gustó jugar con muñecas; era tosca y fuerte y me agradaban los deportes rudos; sin embargo, nunca me sentí atraída por una mujer, ni siquiera en fantasías”.

Maricela: “Cuando le dije a mi madre que era lesbiana, no lo podía creer; me preguntó:

‘¡Cómo es posible, eres tan femenina!’; tal vez pensaría que todas las lesbianas parecían generales de guerra”.

Ángel: “Mi mejor amigo siempre fue muy afeminado. Recuerdo que en la escuela lo molestaban mucho y me preguntaban a mí, que soy bastante viril, cómo podía llevarme con él. Con el paso del tiempo descubrí que yo soy gay y él es definitivamente heterosexual. Antonio es una excelente persona y nuestra amistad continúa después de dieciocho años; me parece que lo que nos ha mantenido tan unidos es el profundo respeto que nos tenemos”.

Carlos: “Mi padre nos abandonó desde que era chico, así que crecí con mi madre y cuatro hermanos. Recuerdo que en la primaria me castigaron y me metieron al grupo de las niñas, en donde otra vez fui el único hombre; así estuve por lo menos un año de primaria. Actualmente soy alguien que aprecia y admira mucho a la mujer; sé cocinar, lavar ropa, coser. Por otro lado, soy una persona sensible y tierna, pero nunca me he sentido homosexual; a mí me encantan las mujeres”.

Como anécdota recuerdo que en una ocasión escuché a un alumno de preescolar en una escuela judía preguntarle a su padre: “¿Cómo son los católicos?”, a lo que él respondió:

“Son todos distintos; hay negros, morenos, blancos, amarillos, amables, gruñones, guapos y feos, igual que los judíos”. El pequeño replicó: “Entonces, ¿cómo sé quién es y quién no?” Su padre, con una sonrisa, le dijo: “Pues preguntando”.

¿Es posible que alguien lo indujera a ser homosexual?

No son pocos los padres que piensan que seguramente su hijo(a) “vio algo” o se enteró de qué significa “ser gay”, sobre todo ahora mediante el Internet. Esto no es verdad; la identidad sexual de las personas está determinada, es decir, no es una elección. Con las complicaciones que implica ser homosexual o lesbiana en nuestro mundo occidental, sería muy difícil creer que alguien por gusto decida ser así y tener esos afectos y sentimientos. Hay casos de niñas y niños preadolescentes que se dan cuenta de que les gustan las personas de su mismo sexo sin haber visto nunca a un homosexual.

Pedro: “Desde los once años supe que a mí no me gustaban las mujeres, pero fue hasta los trece que me enteré de qué son los homosexuales”.

Ignacio: “A mí los hombres me gustan desde que era un chamaco; solía leer libros de aventuras en donde cada vez que aparecía la palabra gay creía que significaba alegre, contento o algo así”.

Femando: “En casa nunca se habló de sexo; a mí nunca me atrajo una mujer, pero no tenía con quién comentarlo”.

Maribel: “Aunque a mí los hombres me caen bien, siempre me han gustado las mujeres; no recuerdo haberme sentido enamorada ni atraída nunca por un hombre”.

Israel: “Recuerdo que por ahí de los trece o catorce años, un día en la escuela me gritaron maricón y se burlaron de mí; no sabía qué era eso, pero me dio miedo y coraje”.

¿Cómo se da cuenta la gente de su orientación sexual? ¿Cómo sabe alguien que es heterosexual? ¿Es antes o después de haber tenido una relación sexual? La mayoría de las personas descubren que se sienten atraídas por el otro sexo antes de haber tenido una relación sexual. Como ya expliqué, la orientación sexual es un sentimiento, no una acción, pues si fuera así estaríamos diciendo que una persona virgen, que jamás ha tenido relaciones sexuales, no sabría su preferencia sexual y eso es falso. Las personas vírgenes de todas las edades saben por quién se sienten atraídas, aunque no tomen la decisión de poner en acción sus sentimientos o no se les haya presentado la ocasión para hacerlo.

La orientación sexual no es algo que se aprende, ya que si así fuera ¿por qué habría de haber un(a) hijo(a) gay en una familia heterosexual y en una cultura que promueve tanto la heterosexualidad? Casi todos los cuentos infantiles terminan con la boda del príncipe y la princesa. La gente no tiene dónde aprender a ser homosexual.

Madre (PFLAG): “NO conozco a nadie que se haya ‘convertido’, pero sí conozco a una niña que adora a su hermana que es lesbiana, que ha tenido periodos de intenso contacto con ella por más de diez años y que ha crecido totalmente heterosexual”.

Madre: “Descubrí a mi hijo adolescente viendo páginas de homosexuales en Internet y pensé que de ahí lo sacó. No sabía que buscaba con quién hablar y ya era gay. Ahora sé que ver páginas así no convierte a nadie en lo que no es”.

Amiga: “He convivido con mucha gente gay desde chica y nunca he sido homosexual’*.

Fanny: “He convivido desde muy chica con gente heterosexual y nunca he sido buga”.

Esther: “Desde muy chica me gustaron las mujeres; recuerdo que en la primaria me enamoré perdidamente de mi maestra de español, pero vengo de una casa en donde me repitieron hasta el cansancio que a los niños les gustan las niñas y a las niñas los niños, así que empecé a pensar que tal vez yo era hombre. Me juntaba con los niños para ver si eso era lo que me estaba pasando, pero nunca me gustaron ni el fútbol ni esas cosas; soy una persona tranquila a la que, lo que es curioso, le encanta realizar actividades típicamente femeninas, como bordar y cocinar; fue muy difícil para mí llegar a la conclusión de que puedo ser mujer y tener todo el derecho de que me gusten las mujeres”.

¿Es verdad que una relación homosexual en la adolescencia puede causar que alguien sea gay?

Es falso. Si bien es cierto que la adolescencia es un periodo de búsqueda de identidad en el cual las personas pueden llegar a experimentar todo tipo de situaciones, también es verdad que ser homosexual o lesbiana es un sentimiento y no una acción, como ya he afirmado. Alguien sabe que es heterosexual aunque sea virgen, pues sus sentimientos de atracción tanto afectivos como sexuales están orientados hacia el otro sexo. En las personas homosexuales pasa lo mismo, con la diferencia de que la atracción es hacia personas de su mismo sexo. El adolescente puede tener una relación homosexual como experiencia sexual y eso no significa que sea gay, y alguien más puede tener relaciones heterosexuales como experiencia sexual y saber que su afectividad, y su atracción erótica son homosexuales.

En ocasiones las palabras heterosexualidad, homosexualidad y bisexualidad describen una conducta o una acción más que una identidad y un sentimiento como tal. Si alguien tiene una relación homosexual y no es gay, lo más seguro es que le quede como un recuerdo, independientemente de que la experiencia le haya sido desagradable o agradable.

Daniela: “A mí me dio curiosidad, quería saber qué se siente hacer el amor con una mujer. La experiencia no me desagradó, pero me gustan más los hombres”.

Alfredo: “Tuve una que otra relación homosexual en mi adolescencia, pero me gustan más las mujeres”.

León: “Tuve una que otra relación heterosexual en mi adolescencia aunque siempre he sido homosexual”.

En otros casos, algunos jóvenes homosexuales buscan confirmar su identidad experimentando con otros.

La adolescencia es un periodo difícil en el cual una persona que descubre que no es como la mayoría puede llegar a sentirse solitaria y aislada.

Muchos homosexuales y lesbianas piensan al principio que son los únicos con estas características entre su grupo de amigos.

Si reflexiona unos momentos caerá en cuenta de que no existen modelos homosexuales para niños y niñas gay además, no se permite hablar de un(a) buen(a) maestro(a), un héroe de televisión o alguien distinguido que, entre otras cosas, sea homosexual.

Todavía existe el mito de que una pequeña o pequeño puede aprender a ser así. Si fuera cierto esto, entonces lo que tendríamos que preguntarnos es: ¿qué pasa con tantos modelos heterosexuales si los niños gay siguen ahí?

¿Cómo se desenvuelven estos niños y niñas homosexuales? Por lo general, lo que sucede es que tratan de adaptar los modelos a sus sentimientos; por ejemplo, al tener fantasías,

simplemente, en vez de soñar con el príncipe y la princesa, sueñan con dos príncipes o dos princesas.

En un mundo tan heterosexual, los pequeños gay tienen que ir adaptando lo que sucede a su alrededor a su realidad.

Mauricio: “Hasta mis quince años no había conocido ni visto a un homosexual; la primera vez que vi uno salió en uno de esos programas donde entrevistan gente en la televisión. Para empezar, a esta persona la presentaron como una silueta entre sombras, para no ser reconocida; luego le distorsionaron la voz, como si ser homosexual fuera algo malo, algo así como un criminal. Me dio miedo, pero aún no sabía qué significaba ser homosexual, hasta que describió sus sentimientos de atracción por un hombre. Me aterré, pues tenía esos mismos sentimientos. Me deprimí y me encerré durante un largo periodo de mi vida. Pensaba en mi futuro y me veía en un circo o en uno de esos programas donde salen los rechazados. Ahora tengo treinta y seis años y cuando recuerdo esta historia lamento mucho no haber tenido un modelo positivo que compartiera los mismos sentimientos que yo”.

Jacobo: “Estaba muy angustiado por el futuro que me deparaba el ser gay, hasta que conocí a Marcos, un hombre muy exitoso que también lo es. Afortunadamente me di cuenta de que ser exitoso no está peleado con ser homosexual”.

Betty: “Cuando descubrí que mi maestra favorita también era lesbiana, me pasaba el tiempo mirándola y pensando que quería seguir sus pasos: ser trabajadora, inteligente, independiente, atractiva; tener una pareja por varios años, de preferencia todos los de mi vida. Fue un muy buen modelo para mí’.

Arlette: “Yo tuve algunas y algunos maestros homosexuales en mi vida, pero eso para nada me volvió gay. ¿Qué tiene que ver conmigo que ellos sean gays? Unos eran muy buenos maestros y otros muy malos, igual que los demás; incluso llegué a admirar mucho el tipo de vida de una maestra lesbiana, al grado de que fantaseaba con llevarla misma vida que ella, la única diferencia era que yo deseaba hacerlo con mi esposo”.

Constantemente los jóvenes homosexuales y lesbianas tienen que lidiar con la presión heterosexual del ambiente.

Abraham: “Al principio me pareció que en la escuela todos eran heterosexuales; había competencia por ser el más galán, presión para tener relaciones sexuales con chicas. Ahora me doy cuenta de que había muchos homosexuales que, como yo, pretendían no serlo”.

Marcos: “Decidí volverme el más heterosexual, inventaba todo tipo de historias para que nadie sospechara que soy gay y me aceptaran”.

Israel: “Nunca he podido tener una erección con una mujer; aunque traté varias veces, no pude; recuerdo que en dos ocasiones le pagué a prostitutas para que dijeran que sí había tenido relación con ellas y así quedar bien con mis amigos”.

Rebeca: “Me molestaban mucho y hacían que me pintara la cara y saliera con muchachos; en ese entonces ya tenía novia y se me hacía una grosería salir con alguien más. Siempre se burlaban de mí. De cualquier forma, nunca tuve interés en salir con un muchacho, ni siquiera por compromiso”.

Con toda esta presión no es raro que algunas personas homosexuales tengan una que otra experiencia con el otro sexo antes de aceptar que las relaciones con gente de su mismo sexo les satisfacen más. Esta situación suele resultar un tanto desconcertante y confusa para los demás:

Madre: “Me sentí muy confundida; mi hija tuvo varios novios, así que jamás pensé que fuera lesbiana”.

Madre: “Estaba desconcertada: mi hijo tuvo una novia unos cuatro años; terminó esa relación y al poco tiempo me dijo que es homosexual”.

Alfredo: “Hice el amor con algunas mujeres; sin embargo, no sentía ninguna emoción. Para mí era como una descarga o más bien una obligación social y nada más; hasta que tuve relaciones homosexuales entendí verdaderamente lo que son el buen sexo y el amor”.

Alejandra: “No sabía que era lesbiana, por lo que empecé a salir con varios hombres maravillosos, hasta que empecé a soñar y desear estar con mujeres. Para mí fue muy confuso y desconcertante, no entendía por qué me estaba pasando eso. Traté de que se me quitara, pero mis deseos de estar con mujeres se hicieron más intensos cada vez; al poco tiempo me enamoré perdidamente de una mujer y jamás he sido más feliz”.

Raquel: “En mi caso no es que una relación heterosexual no sea satisfactoria, sino que una homosexual es más satisfactoria. No estoy peleada con los hombres ni mucho menos, en mi vida ha habido hombres maravillosos, pero lo que siento con una mujer no lo he sentido nunca con un hombre”.

Por otra parte, si está pensando que un evento traumático con una persona del otro sexo puede causar la homosexualidad, está en un error. No hay ninguna evidencia al respecto. En nuestro país, el índice de mujeres de quienes los varones abusan es muy alto y, sin embargo, continúan buscando una pareja heterosexual con quien compartir su vida. Un evento traumático se llega a presentar tanto en una relación homosexual como en una heterosexual, pero de ninguna manera tiene que ver con que las personas cambien su

orientación sexual. Al fin y al cabo, ser homosexual no significa odiar al otro sexo, sólo tiene qué ver con sentirse atraída(o) por alguien del mismo sexo.

Mariana: ‘Toda mi vida he sufrido abusos por parte de los hombres; mi padrastro abusó de mí varias veces; cuando me casé, mi esposo me golpeó y me violó, pero a mí no me gustan

las mujeres”.

César: “Recuerdo que de joven una vez un homosexual abusó de mí, pero no por eso me volví gay”.

Adriana: “Me ha ido mal con los hombres; de niña, el vecino abusaba de mí, lo cual me hizo una persona muy retraída y temerosa, sobre todo del sexo. Luego no sabía cómo

relacionarme con un hombre, por lo que he tenido pocos novios y mi relación con ellos no

ha sido muy buena tampoco; pero seguiré tratando, me encantan los hombres”.

Virginia: “En la adolescencia tuve algunas relaciones con hombres, los cuales me trataron excelente; la verdad no tengo queja alguna. Sin embargo sabía que a pesar de eso era lesbiana, así que un día, en mi desesperación me topé con una mujer que abusó de mí, fue

brusca y poco considerada* ésa ha sido la única experiencia desagradable que he tenido en

mi vida sexual; a pesar de ella, el gusto por las mujeres nunca se me quitó”.

Gerardo: “Recuerdo que de adolescente tuve mi primera cita con un chavo; no me pregunté si estaba bien o no. En la prepa es la edad en la que todos empiezan a hacer citas y pensé:

‘Bueno, yo soy gay y también quiero salir con alguien’. Pero tuve la mala suerte de que mi mamá nos cachó dándonos un beso; se puso como loca, me regañó y empezó a presentarme a distintas chicas. Para mitigar el asunto salí con todas y eso quedó en la historia, al menos para ella; el tema no se volvió a tocar. Me llevó tiempo decirle que efectivamente soy gay; para ella fue terrible, porque recordó de inmediato aquel episodio y me mandó con el psiquiatra. Insistía en que ese muchacho me traumó y que por eso soy así”.

Maripaz: “Después de mi divorcio no quise saber nada de los hombres; me volví feminista, me enamoré de una mujer y estoy mucho más contenta. Por años creí que me había ‘vuelto’ lesbiana por culpa de mi mal matrimonio. Ahora, analizándolo más a fondo, cuando me casé nunca me cuestioné la posibilidad de que me gustaran las mujeres; me presionaron tanto para que me casara que fue lo que hice, pero al divorciarme tuve la oportunidad de darme cuenta de que el matrimonio y estar con hombres no es la única forma de vida que hay, así que decidí que por primera vez iba a hacer lo que realmente me va bien a mí y no lo que le va bien a los demás”.

Nadie puede cambiar nuestra preferencia sexual. Lo destacable es entender que la orientación sexual es un sentimiento de atracción y amor por personas, sin importar de qué sexo sean. No es extraño que alguien pueda actuar heterosexual mente, aunque su sentir sea distinto o, en otros casos, que con el tiempo descubra que tiene sentimientos homosexuales y, por tanto, se siente mejor con una pareja de su mismo sexo que con una del otro.

¿Existe una base genética u hormonal de la homosexualidad?

Muchos padres se preguntan si existe alguna base genética o biológica de la homosexualidad. La respuesta es incierta; aún no se ha encontrado nada que la determine. Incluso se ha estudiado, sin éxito, a gemelos que provienen del mismo huevo y uno es homosexual y el otro no.

En los 70 se llevó a cabo un experimento interesante: se pretendían eliminar los deseos homosexuales mediante la extirpación de una región cerebral que se suponía promovía el instinto gay. Sin embargo, el famoso experimento no sirvió más que para disminuir el impulso sexual, el cual siguió siendo homosexual.

Existen graves problemas en el área de la investigación sobre temáticas sexuales, especialmente en la homosexual. Por desgracia, muchos científicos aún no han logrado separar sus prejuicios, creencias y valores personales de la actitud con que deben desarrollar su trabajo en la investigación científica y objetiva, que está basada en hechos comprobables. Existen tantos tipos de personas gay como de gente heterosexual, de manera que no ha sido posible estandarizar y los pocos estudios serios tuvieron muestras tan reducidas que la población que utilizaron no es representativa. Hay muchas influencias ajenas a la investigación; por ejemplo, cuando la muestra se extrajo de cadáveres con vih sida. En unos estudios se encontró una baja de testosterona en algunos hombres; en otros, que el hipotálamo es más chico en algunos sujetos y en otros no. En otro más, que existe un gen causante de la homosexualidad (el xq28); pero aún hay muchas dudas de la veracidad de todas estas hipótesis.

Gran parte de las investigaciones no toman en cuenta a las lesbianas; por consiguiente, no sabemos si una mujer gay de aspecto muy femenino tiene más o igual testosterona que un varón sólo porque le atraen las mujeres, o si su hipotálamo es más grande. Tampoco se observa qué pasa con los hombres y las mujeres heterosexuales (o incluso con los bisexuales) para poder comparar. Estas fallas metodológicas relativizan mucho la investigación. Si bien algunos estudios parecen atinados, al analizar a hombres heterosexuales se encuentra que algunos tienen una producción baja de hormonas masculinas (testosterona) y no son homosexuales, y que hay gays que no tienen ninguna baja hormonal. Y esto invalida y anula los resultados

Algunas investigaciones sesgan sus muestras con el fin de corroborar su hipótesis; por ejemplo, si quisiera encontrar que la mayoría de los hombres homosexuales se visten de mujer y voy a investigar un cabaret trasvesti, posiblemente compruebe mi planteamiento. En otros casos, algunos teóricos llegan a conclusiones sin haber estudiado suficientes casos de gente homosexual, o no comparan sus datos con casos de personas heterosexuales. Por ejemplo, si conozco a homosexuales a quienes, cuando eran pequeños, sus madres les gritaban mucho, puedo deducir que por eso se “hicieron así’; sin embargo, existen millones de personas gay que se llevan de manera estupenda con sus madres, por un lado; por otro, hay también millones de personas heterosexuales que también fueron muy agredidas por sus madres cuando eran pequeñas.

Las investigaciones arrojan resultados múltiples, algunos contradictorios, y muchas aún no

han terminado. Ha habido varios debates acerca de la pertinencia de encontrar las causas de

la

homosexualidad, ya que ello implica seguir dando por hecho que la heterosexualidad es

la

única forma de vida sana.

La capacidad de reaccionar ante los diversos estímulos del ambiente no se hereda. Decía una frase en la revista Newsweek: “Es inocente pensar que un gen pueda determinar una vivencia tan compleja como la orientación sexual de una persona”.2 No obstante, ésta es una de las teorías más aceptadas.

Después de todo, medite en lo siguiente: ¿para qué le serviría conocer la causa?, ¿En qué cambiaría las cosas?

Existen padres y madres de gente gay, así como muchos homosexuales que buscan esperanzados una causa, pues de alguna manera viven sintiéndose culpables. Recuerde que una orientación sexual no es culpa de nadie. Si su hijo(a) prefiere comer pescado que carne o aborrece las papas a la francesa, ¿se siente culpable por eso?

A los seres humanos nos gusta controlar y estandarizar la mayor cantidad de cosas posibles.

Realmente la existencia de una causa no cambiaría mucho la situación, pero acercarse a su hija(o) y aprender de ella o él quizá sí; el apoyo y el amor tal vez sean más importantes en este momento que puntualizar una causa. Reflexione: ¿acaso se les pide a las personas heterosexuales que justifiquen su orientación sexual? ¿Cómo se sentiría usted si se lo hicieran?

¿Se puede curar?

Si ha pensado consultar a un terapeuta con la esperanza de cambiar la orientación sexual de

su hijo(a), es inútil; así como no hay nada hasta hoy que determine la homosexualidad de una persona, tampoco hay nada que la quite. Se ha comprobado científicamente que la homosexualidad no es una enfermedad; por lo tanto, no puede ser curada.

La homosexualidad no está relacionada con ningún trastorno psicológico. En algunas personas homosexuales se han detectado problemas psicológicos pero éstos, al igual en con las personas heterosexuales, no están relacionados con su preferencia sexual. Desde hace tiempo la mayoría de las asociaciones psiquiátricas, psicológicas y sexológicas más prestigiadas a nivel mundial dejaron de considerarla como si fuera una enfermedad mental.

El siguiente es un párrafo de una carta que dirigió Sigmund Freud a una madre estadounidense el 9 de abril de 1935 (recopilada por PFLAG).

Querida señora

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Por medio de su carta deduzco que su hijo es homosexual. Estoy muy impresionado por el hecho de que usted no menciona el término “homosexual” en la información sobre él. ¿Me permite preguntarle la razón por la cual lo rehúye? Es cierto que la homosexualidad no es una ventaja; pero tampoco es algo por lo cual tenga que avergonzarse; ni es un vicio, ni es una degradación, ni puede ser clasificada como una enfermedad. Nosotros la consideramos como una variedad de la función sexual producida por cierta detención del desarrollo sexual. Varios individuos altamente respetados en la antigüedad y en tiempos modernos fueron homosexuales, entre ellos; Platón, Miguel Ángel, Leonardo Da Vinci. Es una gran injusticia perseguir la homosexualidad como si fuera un crimen, y es una crueldad además. Si usted no me cree, le sugiero que lea los libros de Havelock Ellis.

Así opinaba Freud, considerado el padre del psicoanálisis, y aunque en ese entonces todavía le faltaban elementos con respecto a la homosexualidad, tuvo más visión que muchos estudiosos de la actualidad.

Como dijo un psiquiatra renombrado cuando compartía con un colega sus impresiones de trabajo: “Qué curioso, todos mis pacientes homosexuales tienen problemas”, a lo que respondió el otro: “Sí, es muy curioso, todos mis pacientes heterosexuales también”. Antes, muchas de las teorías psiquiátricas y psicoanalíticas se elaboraban detrás de los escritorios, de tal manera que la concepción de las cosas de estas profesiones provenía generalmente de las vivencias y situaciones de los pacientes en tratamiento, y no se molestaban en salir a la calle y compararlas con las del resto de la población. Sus muestras, por tanto, no eran representativas.

En 1973, la Asociación Psiquiátrica Americana determinó que la homosexualidad no es una anormalidad, simplemente se trata de una forma natural de ser; por consiguiente, tomó una postura oficial en cuanto a que no sería ético intentar cambiar la orientación sexual de una persona.

Muchos afirman que la homosexualidad es antinatural, lo cual es por completo falso, ya que, si existe en la naturaleza, es natural. Es tan natural para una persona ser heterosexual como para otra ser homosexual. Pedirle a alguien homosexual que sea heterosexual es plantearle que se comporte de manera antinatural para él o ella.

Hay una anécdota de una familia compuesta por casi puros varones; la madre había muerto tras dar a luz a su última hija, así que se quedó el padre con tres hijos y una hija, la más pequeña. Un día, al entrar al baño, el padre descubrió a su hijita de cinco años orinando de pie y, consecuentemente, con la ropa mojada. Quedó intrigado ante la escena y le preguntó:

“¿Por qué haces pipí de pie, si ves que te estás mojando?” La niña contestó: “Es que en la casa todos haces pipí parados y quiero ser como ustedes; he tratado de ir al baño como todos y no puedo”. El padre quedó muy sorprendido, especialmente al enterarse de que la niña llevaba un buen tiempo actuando de esa manera, por lo que decidió que tenía que explicarle, y le dijo: “Hija, cada persona es diferente, y aunque es verdad que la mayoría de los que estamos en esta casa hacemos pipí de pie, eso no es lo más cómodo para ti; tienes que buscar otra forma con la que te sientas a gusto y no te mojes, que se adapte a lo que

necesitas según tu naturaleza. Todos hacemos pipí, pero cada quien tiene su estilo personal, según si es niño o niña”.

Padre: “Me llevó tiempo aceptar que entre lo que la sociedad promueve y lo que la naturaleza dispone hay muchas veces una gran diferencia”.

Antes se pensaba que los zurdos estaban “mal”, que eran antinaturales sólo por ser minoría,

y lo peor del caso es que eran maltratados y denigrados. Era inconcebible que existieran

personas que no fueran diestras y se creaban todo tipo de mitos alrededor de ellas; se llegó

a creer que tenían algo que ver con el diablo.

Hoy se sabe que escribir con la mano derecha no es la única opción válida y que los zurdos

y ambidiestros pueden escribir igual de bien o de mal que los diestros. Aunque la mayoría

de las personas son diestras, existe un alto porcentaje de zurdos; pedirles que escriban con

la otra mano es ir en contra de su naturaleza; finalmente cada quien escribe a su manera.

En el aspecto sexual se da por hecho que toda la gente era heterosexual, así que un homosexual era considerado un heterosexual que insistía en salirse de la norma, de lo establecido y, consecuentemente, era anormal.

Los términos “natural” y “normal” se han utilizado como un arma de discriminación, para puntualizar lo que supuestamente está bien y lo que está mal, algo subjetivo por completo:

¿bien o mal para quién?

En conclusión, nadie sabe hasta ahora cuáles son las causas de la orientación sexual de un niño o una niña.

De acuerdo con ciertas teorías, la preferencia sexual puede estar establecida desde una edad temprana; otras plantean que todos tenemos una parte homosexual y una heterosexual, y se requiere de la participación de un conjunto de factores para que se desarrolle una otra, o ambas.

Lo que se sabe con certeza es que la mayoría de las personas no eligen su orientación sexual; por tanto, no es algo que se pueda cambiar o no; a lo más que se aspiraría, dado el caso, es que si su hija(o) tiene relaciones con una persona del otro sexo, no le resulten tan desagradables, pero, ¿qué caso tendría eso?

Por lo general la sociedad intenta alinear a sus miembros de acuerdo con los modelos de vida propuestos por ella, evitando aceptar otras posibles formas de vida igualmente válidas.

Tal vez las personas que piensan así nunca se han preguntado: ¿cómo se sentirían si alguien tratara de forzarlas a ser homosexuales si no lo son?

Padre: “Después de muchas lágrimas me di cuenta de que forzar a mi hijo a tener relaciones sexuales con alguien que no desea era violar sus derechos, y eso no puede estar bien”.

Madre: “Creo que mi esposo y yo perdimos de vista qué es lo realmente importante; abusamos mucho de él sólo para que sea lo que no es”.

Padre: “A mí me cayó el veinte cuando leí una frase que decía: ‘En la vida hay que hacer lo que está bien, no lo que hace la mayoría”’.

José: “Puedo cambiar mi comportamiento sexual y casarme con una mujer; de hecho, mucha gente vive casada heterosexualmente por años, pero eso nunca me va a quitar mis sentimientos homosexuales; la diferencia estaría entre amargarme a mí mismo y amargarle la vida a otra persona, o vivir libremente como soy”.

Juan Diego: “Pasé años de mi vida intentando ser heterosexual; me lamentaba todos los días de que no me gustara mi mujer; sentía culpa de que para llegar a tener una erección tuviera que fantasear con un hombre. Un día llegué a la conclusión de que en vez de perder

mi tiempo lamentándome y esforzándome por ser lo que no soy, voy a aprovecharlo para

disfrutar lo que sí soy y lo que siempre he sido; me divorcié y mi vida fue otra”.

Madre: “Quedé muy impresionada cuando una amiga de mi hija me contó que ella había hecho varios esfuerzos por cambiar y, al ver que no daban resultado, estaba tan desesperada y deprimida que trató de suicidarse”.

René: “Siempre me he llevado muy bien con mis padres; mi familia es muy importante para mí. Ellos tienen muchas expectativas sobre mí. No me gustaría defraudarlos, por eso llevo mucho tiempo intentando hacer el amor con mujeres o por lo menos sentir algo con una y no puedo; no sé qué hacer”.

En algunos casos consultar a un experto puede ser de gran ayuda; por ejemplo:

a. Si la intención es manejar sus sentimientos de manera positiva y abrir canales de comunicación entre usted y su hijo(a).

b. Puede ser que se dé cuenta de que su hijo(a) no es feliz y necesita ayuda para

aceptarse a sí mismo(a). Vivimos en una sociedad tan llena de prejuicios y mitos sobre cualquier orientación sexual que no sea heterosexual, que algunas veces esto influye en que una persona no se sienta cómoda y le cueste trabajo aceptar su preferencia sexual.

c. Tal vez su hijo(a) desee ir a terapia a trabajar otras cosas homosexualidad.

que no

sean su

En todo caso, es importante que la ayuda proceda de un psicoterapeuta o sexólogo que no

tenga los prejuicios mencionados y que conozca suficientemente el tema. Algunos

terapeutas piensan que ser homosexual no está mal, pero cada vez que su paciente habla de algún evento heterosexual, muestran mayor interés y emoción, con lo que transmiten la idea que ser homosexual no está bien.

Muchas personas homosexuales van a terapia a trabajar otras cosas que no tienen relación con su orientación sexual; incluso, en ocasiones, buscan la forma de ayudar a la gente que entra en conflicto con su homosexualidad.

Pasemos ahora a eliminar algunos de los mitos más difundidos sobre este tema.

La homosexualidad no está asociada con querer cambiar de sexo

A quienes desean que se les practique la operación del cambio de sexo se les llama

transexuales.

La transexualidad está ligada a la identidad entre el sexo (la parte biológica) y el género (ser hombre o mujer), que en este caso no concuerdan; la persona se siente de un género y

su sexo es contrario. Por esa razón algunos buscan operarse y cambiar su apariencia física.

En la homosexualidad, la persona está identificada con su sexo (esto no tiene nada que ver con que sea masculina o afeminado); tiene en todo momento conciencia de que es un hombre o una mujer y no le interesa cambiar eso. Ser gay tiene que ver meramente con la atracción erótica y afectiva hacia personas del mismo sexo, o sea, con la elección de pareja.

Esteban: “Cuando le dije a mi mamá que soy homosexual, creyó que me gustan los hombres porque me siento mujer; no podía concebir la posibilidad de que siendo hombre me guste otro”.

Alejandra: “El hecho de que sea robusta no significa que quiera ser un hombre; me siento mujer y me gustan las mujeres, tanto como a un hombre, pero hasta ahí”.

Un hombre ama a otro hombre como hombre y una mujer ama a otra mujer como mujer. Eso es la homosexualidad, independientemente de qué tipo de hombre o mujer sea.

La homosexualidad no está necesariamente ligada con el uso de ropa y accesorios del otro sexo

A esta práctica se le conoce como trasvestimo y se relaciona con todas aquellas personas

que, sin importar si son homosexuales o no» disfrutan jugando a parecer del otro sexo y para ello se disfrazan o usan algunas prendas de vestir de ese otro sexo.

Sólo quince por ciento de las personas homosexuales son trasvestistas. Muchas veces dentro de la misma comunidad homosexual se rechaza el trasvestismo, pues hay opiniones de que luego la gente piensa que todos los gays son así.

Del trasvestismo femenino se habla poco y de alguna manera es más aceptado, pues si una mujer se viste de traje puede pensarse que se trata de una moda o que tiene una cita de negocios. Tal vez en otras épocas, por ejemplo cuando la mujer solamente usaba vestido largo, era más obvio si alguna deseaba trasvestirse.

Manuel: “Cuando le dije a mi padre que soy homosexual pensó que me iba a dejar crecer el pelo, pintarme las uñas, ponerme aretes y cambiarme el nombre a Manuela”.

Gerardo: “Llevo quince años casado con mi esposa y me gusta vestirme de mujer; es como un juego erótico para mí. No me gustan los hombres, ni quiero ser mujer; simplemente es como un juego de disfraces que me produce una emoción muy especial. Creo que la mayoría de las personas podemos disfrutar aunque sea un poco de esto; a mí me ha tocado ver en fiestas de disfraces a muchos hombres y mujeres cambiando de papel y divertirse mucho”.

Esther: “A mí me gusta ponerme ropa interior de hombre, aunque mi forma de vestir es muy femenina; me da una sensación de poder que me erotiza”.

Vestirse de una forma o de otra depende del contexto social en el que estemos; por ejemplo, en Escocia un hombre que viste de falda no está trasvestido, pues eso se acostumbra allá. Hoy, muchas y muchos jóvenes, sea cual sea su orientación sexual, se visten con ropa unisex; ambos pueden tener el cabello largo o corto, usar aretes en distintas partes del cuerpo, ponerse pantalones de mezclilla, zapatos industriales, etc. Es una moda tan parecida la de los hombres y la de las mujeres, que a veces es difícil distinguir quién es quién.

Mayra: “A mí me gusta usar ropa muy masculina porque es mucho más cómoda”.

Sergio: “Es una pena que los hombres en México no usen falda, pues habernos muchos que tenemos unas piernas sensacionales y no somos homosexuales”.

La homosexualidad no tiene qué ver con llevar una vida promiscua

Muchas personas piensan que ser gay implica llevar una vida disipada, con pocos valores y muchas fiestas. Por supuesto que esto llega a suceder, pero no ocurre más que con los heterosexuales, lo cual comprueba que ser homosexual y ser promiscuo puede coincidir, más una cosa no es consecuencia de la otra.

Padre: “Antes de encontrarme con que mi hijo es homosexual, tenía esa ridicula creencia de que las personas gay tratan de ligarse a quien puedan, sea homosexual o no; ahora me avergüenzo pues, aunque existan personas así, las hay tanto como entre los heterosexuales. De lo que sí me di cuenta es que mi hijo Javier, que es homosexual, tiene relaciones más duraderas y monogámicas que mis otros dos hijos, quienes piensan más en cosas sexuales que él”.

Don Clark: “Algunos piensan que somos personas terriblemente sexuales. Somos personas sexuales, pero no terribles”.

La atracción sexual no está vinculada con la cantidad de parejas que una persona tenga.

Antonio: “Mi pareja y yo llevamos doce años de vivir juntos y ser fieles”.

Gabriel: “A mí no me interesa tener pareja estable; me gusta ligar y conocer gente nueva y soy heterosexual”.

Fer: “Para mí nada como conocer gente nueva, ligar, ir a un antro, etc. Pareja en este momento no me interesa, estoy disfrutando mi homosexualidad”.

MITOS Y MÁS MITOS

Algunas personas creen que

La homosexualidad es algo malo

La homosexualidad, como cualquier otra orientación sexual, no es ni buena ni mala; simplemente es. Existen heterosexuales, bisexuales y homosexuales que hacen cosas indebidas, por lo que se debe hablar de la calidad humana de las personas, no de su orientación sexual.

El mundo sólo se divide en heterosexuales y homosexuales

No toman en cuenta que entre estas dos entidades existe gran diversidad, a la que algunos llaman bisexualidad, entendida ésta como una gama de matices de heterosexualidad y homosexualidad. Se dice que la mayoría de los seres humanos poseemos gran flexibilidad y movimiento en cuanto a nuestros gustos; no somos rígidos y estáticos, por lo que, aunque predomine en nosotros la heterosexualidad o la homosexualidad, tenemos la posibilidad de relacionarnos de ambas maneras. Otros entienden la bisexualidad como el mismo nivel de atracción por un sexo que por el otro. Como ejemplos hay varias combinaciones:

·Personas con una pareja fija heterosexual que mantienen relaciones satélite o bien circunstanciales, de tipo homosexual, independientemente de que estas situaciones hayan sido acordadas de manera previa o se den en forma oculta. Esta decisión implica una elección, no un accidente.

·Personas con una pareja fija homosexual que mantienen relaciones heterosexuales, satélite o bien circunstanciales, independientemente de si se estableció como acuerdo o no. También implica una elección.

·Personas que alternan la interrelación con uno u otro sexo y que carecen de una pareja fija.

·La existencia simultánea de relaciones erótico-afectivas con ambos sexos.

·La existencia de una relación heterosexual o la búsqueda de la misma, en la que no se incluye en ese momento a la otra preferencia, pero que tampoco la excluye; más bien queda la posibilidad de explorarla en otro momento.

·La existencia de una relación homosexual o la búsqueda de la misma, sin excluir la posibilidad en determinado momento de explorar la heterosexualidad.

En ocasiones sucede que el individuo no se había dado cuenta de esta opción, pues la sociedad fomenta una educación basada en “lo negro y lo blanco”, la cual exige a sus integrantes que se coloquen en el extremo de una línea o bien en el otro.

Tal vez en ese sentido la persona bisexual se encuentra con que sus amistades heterosexuales piensan que es “demasiado homosexual”, mientras las homosexuales opinan que es “demasiado heterosexual”, por lo cual esperan una determinación absoluta de cualquiera de las dos. Surgen entonces todo tipo de interpretaciones posibles; por ejemplo, que tal vez sea una persona homosexual no asumida, o que sólo desea una imagen social. Estos comentarios están ligados con la adopción de la heterosexualidad e incluso la homosexualidad como la preferencia no cuestionable y poco se asocian con la realidad.

Con el propósito de mostrar con claridad la cantidad de dimensiones que existen entre la heterosexualidad pura y la homosexualidad pura, a continuación presento una versión adaptada de la tabla Kinsey-Lizárraga, relacionada con la orientación y la preferencia sexuales.

TABLA Kinsey

TABLA Kinsey 1. Solo con personas del otro sexo 2. Ocasionalmente del mismo sexo 3. Preferentemente

1. Solo con personas del otro sexo

2. Ocasionalmente del mismo sexo

3. Preferentemente con personas del otro sexo

4. La misma atracción por ambos géneros

5. Preferentemente con personas del mismo sexo

6. Ocasionalmente con personas del otro sexo

A los ojos de la sociedad no informada la bisexualidad genera una sensación de falta de control, de estar ante alguien que no se define o que no sabe lo que quiere. La realidad es que gran parte de las personas de orientación bisexual no reportan una necesidad de definirse como heterosexuales u homosexuales, pues íntimamente existe la sensación de ser bisexuales y, cuando se da el caso, casi siempre va de la mano con el cuestionamiento social.

Muchas personas han tenido experiencias con hombres y con mujeres a lo largo de su vida. Aunque se estima que la orientación sexual está asentada en etapas tempranas de la vida, se ha visto que no hay un patrón fijo de conducta, pues mientras unas van descubriendo a lo largo de su vida su orientación sexual, hay otras que después de años de llevar una vida heterosexual satisfactoria de pronto se dan cuenta de que les son más placenteras las relaciones homosexuales, y viceversa. (No confundir el caso con una persona homosexual que se casa en una relación heterosexual por la excesiva presión social o por algún tipo de miedo.)

La mayoría de la gente no conoce ni explora su potencial sexual. Otros viven su vida como en un constante fluir, y pueden tener momentos heterosexuales y otros totalmente homosexuales; no viven su sexualidad como algo estático. Muchos individuos bisexuales dicen que se enamoran de una persona, no de un género o un sexo.

Alberto: “Soy homosexual o heterosexual dependiendo de la persona a la que ame en ese momento”.

Cuando una persona ha llevado una vida prácticamente heterosexual y de pronto se enamora de alguien de su mismo sexo, decimos: “Se convirtió”; cuando alguien ha vivido como homosexual y de pronto se enamora de alguien del otro sexo, decimos: “Se curó”. Pero pocas veces se le ocurre a alguien pensar: “Lo descubrió”.

La bisexualidad es selectiva, no indiscriminada (de igual manera que la homo y la heterosexualidad). Esto quiere decir que, aunque a una persona le gusten tanto los hombres como las mujeres, no le gustan todos los hombres ni todas las mujeres.

Poco se conoce sobre la preferencia bisexual, ya que la heterosexualidad no se cuestiona y en los últimos tiempos los investigadores se han preocupado primordialmente por la homosexualidad.

Los bisexuales necesitan tener como pareja a un hombre y a una mujer al mismo tiempo

Esto no siempre es así. Como observamos en los ejemplos citados, los bisexuales llegan a tener una pareja hombre o mujer y ser fieles a ella. El sector de la población que más

comete infidelidades es el de los varones heterosexuales con otras mujeres, así que la bisexualidad no está relacionada con la infidelidad, aunque puede suceder.

Cuando los padres son heterosexuales, los hijos también lo son

En páginas anteriores expusimos que la orientación sexual no se adquiere por modelo o herencia genética; por lo tanto, puede haber hijos homosexuales en familias heterosexuales, al igual que existen familias en las que hay más de un miembro homosexual o bisexual.

Juan: “A mi padre le fue difícil al principio, y dijo: ‘Esto no puede ser, tú vienes de una familia de heterosexuales’”.

Alberto: “Mi padre me dijo: ‘¡Cómo es posible, no conozco a ningún homosexual en nuestra familia!’ Y al poco tiempo mi prima salió del clóset

Las relaciones de pareja tienen como fin la reproducción

No recuerdan que hay muchísimas personas que son estériles; entonces, ¿ellas no deberían tener pareja? Y olvidan también que hay parejas heterosexuales que no desean hijos.

Procrear es una opción, no una obligación, aunque en algunas sociedades así se promueva. ¿Qué porcentaje de su relación de pareja tiene qué ver con cuestiones sexuales? Los casos estudiados rara vez exceden el treinta por ciento. Y de ese porcentaje, ¿qué parte se vincula con la necesidad de reproducción? La mayoría de las parejas tienen dos o tres hijos y aunque fueran muchos más, su número no sería comparable al de los encuentros amorosos que alguien puede tener a lo largo de su vida.

En conclusión, buscar y encontrar pareja implica muchas más cosas que procrear hijos.

Los padres suelen perder de vista las necesidades que hay detrás de la búsqueda de una pareja: sentirnos amados, acompañados, entendidos, deseados, apoyados.

Miguel: “Dios nos dio la capacidad de reproducción, pero eso no quiere decir que las personas sólo se junten para ejercerla”.

Rodrigo: “Dios hizo al hombre y a la mujer, pero eso no implica que a una mujer sólo le pueden gustar los hombres y a los hombres sólo las mujeres; si realmente fuera así, entonces no existiría la homosexualidad. Si se busca la reproducción, se requiere de un varón y de una mujer; pero no es así para el amor ni para el sexo”.

Los homosexuales pueden abusar de los menores

De poder, cualquier persona puede, pero es interesante mencionar que las estadísticas registran que la agresión física, el abuso sexual y el maltrato al menor los perpetran en un noventa por ciento hombres heterosexuales, en su mayoría padres, padrastros, abuelos, tíos o amigos de los menores agredidos, y se cometen principalmente en el hogar.

Abusar de otra persona está más relacionado con asuntos de ética personal y profesional que con la orientación sexual. Un maestro heterosexual puede llegar a decir: “Qué bonita niña”, pero si es una persona profesional y ética, no va a abusar de ella; de la misma manera, un profesor homosexual puede decir: “Qué guapo niño” y si es profesional y ético, tampoco va a abusar de él. La gente tiene las mismas oportunidades de hacerlo y de no hacerlo, por eso es más importante poner atención en el tipo de persona que es y en sus valores, que en su orientación sexual.

Los homosexuales son gente con un amplio criterio y un gran conocimiento de la sexualidad

Puede ser cierto, de igual manera que existen personas heterosexuales de criterio amplio, y también otras muy cerradas que viven la homosexualidad como una condición; sin embargo, no por eso se ampliaron su criterio ni sus conocimientos sobre sexualidad.

Érika: “Bueno, a mí me gustan las mujeres, pero soy una persona con valores; yo no entiendo a los promiscuos, infieles, pervertidos o esas cosas”.

Ramón: “No me enseñaron a hablar de sexo; ese tema me incomoda”.

Hernán: “Yo no sé qué pasa en el mundo: la gente ya no conoce el valor de tener una pareja y estar toda la vida con ella; llevo veintidós años con Pablo y no tenemos planes de separarnos”.

Un gran número de personas homosexuales tienen los mismos mitos sobre sexualidad que algunos heterosexuales, como: “Las personas no deberían masturbarse, mejor que busquen pareja”. (Masturbarse no causa ningún daño a la persona, tenga pareja o no.) Otras sostienen mitos acerca de las personas y parejas heterosexuales. Así como existe la homofobia (miedo y rechazo a los homosexuales), existe la heterofobia (miedo y rechazo a los heterosexuales), la cual se manifiesta en frases como: “Todos los hombres heterosexuales son malos amantes”. “No entiendo cómo puede haber una pareja heterosexual, los hombres y las mujeres no se entienden, siempre se están quejando uno del otro.” “Una mujer no es feliz con un hombre.” “Los heterosexuales son promiscuos.” “Tuviste una relación con una mujer, ¡qué asco!” “¡Cómo que te acostaste con un hombre!, ¿te volviste loca?”

Las personas homosexuales, hombres y mujeres, tienden a tener problemas con drogas y alcohol debido a las dificultades que representa ser gay

Es cierto que tener una orientación sexual distinta de la mayoría no es fácil, como tampoco lo es ser gordito, negro, moreno, mexicano en Estados Unidos, usar anteojos, ser pobre o ser millonario, tener el cabello rubio, ser genio, etc. No obstante, las dificultades de la vida no nos llevan necesariamente a tener problemas de drogas y alcohol, sino la forma en que las enfrentamos. En todos los niveles sociales, económicos, políticos, hay este tipo de problemas sin que se involucren personas homosexuales en ellos. Se ha visto que muchos jóvenes gay (hombres y mujeres), al carecer de la orientación y el apoyo adecuados que faciliten el proceso de ser homosexuales, tienen un alto riesgo de caer en las garras del alcohol y la droga, en especial si sufren el rechazo de parte de sus padres. Por eso son tan importantes la información y la educación adecuadas y oportunas.

Los índices de suicidio entre los y las jóvenes se elevan cada vez más y se calcula que, por cada cinco suicidios, posiblemente tres sean cometidos por jóvenes homosexuales que, al verse rechazados y discriminados por una condición que no pueden cambiar, optan por el camino de la muerte. Es importante recordar que los homosexuales son la única minoría que no tiene familia, comunidad y sociedad con quien refugiarse y en ocasiones estos núcleos son precisamente sus primeros enemigos.

Un estilo de vida homosexual es inmoral

Es importante aclarar que no hay un estilo de vida gay. Hay muchos estilos de vida homosexual, tantos como de vida heterosexual; existen personas muy respetables que son homosexuales y también, criminales homosexuales. Las personas pueden cometer actos inmorales independientemente de su orientación sexual. Aquí habría que preguntarse: ¿de dónde salió esa idea? y ¿qué significa un acto moral?

Una mujer con apariencia masculina quisiera ser hombre y viceversa

Nunca faltan comentarios como los siguientes: “Si te gustan las mujeres masculinas, ya mejor sal con un hombre”, o: “¿Para qué quieres un hombre amanerado?, mejor búscate a una mujer de verdad”. Estas ideas son producto de los esquemas heterosexuales que componen el manual de cómo ser hombre y cómo ser mujer. Sin embargo, en el ambiente homosexual no es raro encontrar una mujer a la que le gustan otras mujeres con apariencia masculina y/o actitudes masculinas, lo cual no quiere decir que desee ser “una varón”, que es más que una apariencia o una actitud. Ser hombre en sí mismo encierra muchas otras cosas más allá de un simple rol o papel social, al igual que ser mujer. Un hombre, por más amanerado que sea, no es una mujer: es un hombre afeminado.

Las lesbianas usan juguetes sexuales para sustituir a un hombre

Esto es falso. Si bien es cierto que algunas los utilizan, son una minoría, y de ninguna manera se trata de sustituir a un hombre, el cual es mucho más que un pene. Simplemente, es una forma de obtener placer sexual, como sucede con los hombres que se compran anillos para el pene, no con la intención de sustituir a la mujer, sino como una forma de disfrute sexual.

Durante siglos se ha enseñado a las mujeres que no pueden disfrutar de su sexualidad sin la participación de un hombre. La sexualidad femenina rara vez se menciona, como si prácticamente no existiera, a menos que se vincule con la del hombre con frases como: “¡Él te va a hacer mujer!” (¿qué, no era ya una mujer?), “¡Él te va a enseñar!”, “¡¿Él sabe?!”, “¡Él te tiene que satisfacer!”. Estas situaciones preestablecidas redundan en una carga muy pesada para muchos varones y en una gran ignorancia por parte de las mujeres con respecto

a su propio cuerpo y a su propio placer. Estas formas de pensar traen como consecuencia

que en nuestro país se estime que el sesenta por ciento de las mujeres sufren de insatisfacción sexual. La mujer en ocasiones no conoce ni su propio cuerpo y espera que el

hombre sepa qué es lo que le gusta a ella; el problema es que él no puede sentir un orgasmo

o disfrutar por ella, ya que cada persona es responsable de su propio placer, así como de

comer o ir al baño. Nadie puede hacer estas cosas por nosotros. Una mujer puede disfrutar a plenitud su sexualidad, aun estando sola. Las lesbianas no viven incompletas por no tener a su lado a un hombre; en realidad no necesitan de un falo, ni los hombres de una vagina para poder disfrutar sexualmente.

En una relación homosexual entre hombres la penetración anal es lo más importante

Para algunos lo es, pero hay hombres gay que no la practican, y otros que la practican sólo de manera muy ocasional.

La cultura tan genitalizada que tenemos tiende a ver más penes y vaginas que personas; a menudo se entiende que hacer el amor es tener penetraciones, más que una forma de comunicación en la que participa todo el cuerpo como una fuente de placer y disfrute.

Es curioso; me he dado cuenta de que cuando una pareja aún no ha practicado la penetración, por lo general se da más la oportunidad de explorarse, de besarse, de olerse, de tocarse; se toman todo el tiempo del mundo para disfrutar con calma. Cuando se inaugura el área genital, el repertorio sexual se cierra, las personas “fajan”, se besan, se tocan para pasar “a lo que sigue”, y ya no se dan el tiempo de antes; muchas veces pierden parte de su creatividad sexual. Eso también pasa con las parejas homosexuales y lesbianas, con la diferencia de que ellas exploran más sus posibilidades y juegos sexuales, son más flexibles en cuanto a roles y tienden a conocerse mejor.

La orientación sexual se refiere a preferir a hombres o a mujeres tanto para el amor como para cuestiones eróticas, lo cual es independiente del tipo de prácticas o juegos sexuales que se realicen. El sexo anal, el oral, los tocamientos, las posiciones sexuales, son prácticas sexuales que se pueden llevar a cabo en una relación heterosexual, homosexual o bisexual;

de hecho, se estima que del treinta al cuarenta por ciento de las personas heterosexuales gustan de practicar el sexo anal como una forma de obtener placer (el ano es una zona de mucha sensibilidad en la que tanto hombres como mujeres pueden disfrutar), así como el sexo oral y la masturbación mutua. Nuestro cuerpo entero es una zona de placer y en la medida en que lo exploremos, encontraremos tal vez gratas sorpresas.

En ocasiones el sexo anal ayuda a la anticoncepción o a mantener la virginidad. La penetración anal es una de las formas para estimular la próstata en los varones, generando grandes oleadas de placer y satisfacción sin importar su orientación sexual.

Se ha criticado al sexo anal por ser una práctica no reproductiva, sin pensar en que los besos, abrazos y caricias tampoco lo son y nadie se escandaliza por eso.

Se le suele dar mucha importancia a los genitales, lo cual puede conducir a mecanizar la sexualidad y limitarla. Recuerde que el órgano sexual más grande que tenemos es la piel y el más importante el cerebro.

Marco: “No entiendo por qué se habla de que la penetración anal es de homosexuales; soy heterosexual y a mí me encanta tanto penetrar a una mujer analmente como que ella me penetre a mí. El ano es una fuente de placer, incluso la estimulación de la próstata es como el punto G masculino; creo que si algunos hombres supieran qué se siente se darían cuenta de cuántas cosas se pierden por andar metiéndose en tantos rollos”.

Arturo: “Soy homosexual y en mis cuarenta y cuatro años de vida nunca he practicado las relaciones anales; simplemente no me llaman la atención, hay muchas otras cosas qué hacer en la cama que no son ésa”.

Mariana: “Soy heterosexual y me encantan las relaciones anales; es una sensación distinta a la penetración vaginal; para mí se complementan muy bien”.

Santiago: “A mí me gustan las relaciones anales y soy homosexual, pero no es ni lo único ni lo que más me gusta”.

Padre: “Yo antes creía que los homosexuales solamente buscaban tener relaciones anales, lo cual me parecía muy desagradable. Recuerdo que en alguna ocasión le grité a uno: “¡El ano es para cagar!”, a lo que él me contestó: “¡Y la boca para comer!” Me hizo reflexionar, pues a mí me gusta el sexo oral. Caí en cuenta de todos mis miedos y mitos y de que no sabía nada de sexualidad. Ahora que sé que mi hijo es gay muchas cosas han cambiado para mí”.

Los hombres que acuden al proctólogo a hacerse un tacto rectal para revisar su próstata se vuelven homosexuales

Esto es falso; ser homosexual no tiene nada que ver con apretar “teclas”. Esta observación es tan absurda como creer que porque una mujer consulta a una ginecóloga se va a volver lesbiana. Nuevamente: la orientación sexual es un sentimiento, no una acción.

Una persona que es gay se pierde de algo

Algunas personas se preguntan: ¿cómo es posible que un hombre no haya estado con una mujer o una mujer con un hombre en toda su vida? Lo que sucede es que no se detienen a reflexionar que seguramente ellas tampoco han tenido la experiencia de una relación homosexual en toda su vida, ni la necesitan.

Cada vez hay más personas homosexuales o bisexuales

Hay gente que piensa que se trata de una moda que va con la época en que vivimos. Esto no es cierto. Si consideramos que la orientación sexual de la gente no es una feliz ocurrencia, llegamos a la conclusión de que en todos los momentos históricos de la humanidad ha existido un porcentaje de personas homosexuales.

En los sentimientos no se manda; las personas no decidimos sentir enojo, tristeza, miedo, alegría, amor, deseo, etc. ante los distintos estímulos de la vida. Tal vez la única elección que tenemos es la posibilidad de expresarlos o no, entendiendo que no expresarlos no significa que no estén ahí. Lo que sí ha cambiado en la actualidad es que se habla más del tema, lo cual ha hecho posible que la gente gay lo diga, generando como consecuencia más información y menos mitos y prejuicios. Antes, decir que se era homosexual podía implicar la muerte o, por lo menos, una sentencia; había mucho miedo al respecto y los únicos homosexuales que se dejaban ver eran o los muy obvios o los revolucionarios que luchaban por sus derechos. Todos los demás pasaban inadvertidos socialmente, preferían permanecer en secreto, correr menos riesgos y llevar con total privacía su vida de pareja y su vida sexual. Sin ir más lejos, Sara García, una actriz muy querida de nuestro cine mexicano, era lesbiana, pero eso casi nadie lo supo.

Ser amanerado o ser una mujer muy masculina es de mal gusto e incluso desagradable

Esto depende de los gustos y apreciaciones de las cosas, tomando en cuenta que cada punto de vista es igualmente válido y respetable. Pero no hay que olvidar que nuestros gustos, especialmente los que se refieren a belleza, feminidad y masculinidad, tienden a estar muy permeados por el tipo de cultura, época, momento histórico, situación geográfica, etc. Como ya mencionamos, existen culturas en las que ser femenina no se asocia con ser delicada, frágil o usar vestido. En algunos casos, una mujer con el estereotipo de belleza

occidental puede ser repudiada, al igual que sucede con los varones; por ejemplo, las mujeres chambuli, de Nueva Guinea, son independientes, dominantes y con una personalidad de tipo machista, mientras que los varones son tranquilos, dependientes y sin papel de autoridad. No vayamos más lejos y fijémonos en la moda: el concepto de lo masculino y lo femenino va cambiando. En Europa, en el siglo XVIII se acostumbraba que los varones usaran pelucas, maquillaje, encajes y tuvieran ademanes muy femeninos. Ser delicado, frágil y sensible se consideraba de gran refinamiento. Un hombre con el estereotipo de un macho seguramente hubiera sido calificado como burdo, comente y agresivo. En la Grecia antigua los varones afeminados eran muy cotizados, así como en el Amazonas las mujeres tenían que salir de cacería para sobrevivir; las más fuertes, atrevidas e intrépidas eran las mejor vistas en su grupo social.

Cuando una persona heterosexual odia a los homosexuales y lesbianas es porque tal vez también lo es y como no se acepta, rechaza a los demás

Si bien esto puede llegar a suceder, no necesariamente es cierto. Muchas personas discriminan a otras por ignorancia, introyecciones o miedos causados por una larga tradición de mito§ y prejuicios. A los seres humanos nos cuesta trabajo lidiar con las diferencias, y nuestra primera reacción suele ser de rechazo ante lo que es distinto a lo que estamos acostumbrados o está establecido.

Con el tiempo y conforme nos vamos familiarizando con las nuevas situaciones, aprendemos a conocer y aceptar lo que antes rechazamos.

DUDAS

Algunas personas se preguntan

¿Cómo son las parejas gay?

Las parejas son, al fin y al cabo, parejas. Si usted tiene la oportunidad de conocer a una pareja homosexual, ya sea de hombres o de mujeres, descubrirá que no son diferentes de las heterosexuales: festejan aniversarios, se dan regalos, se pelean, lloran, se reconcilian, conviven y comparten muchas cosas y muchos momentos.

En el fondo los seres humanos no somos tan diferentes los unos de los otros. Les narro enseguida una anécdota que me parece interesante: una vez escuché a una compañera decirle a otra que no podía entender a una pareja homosexual, a lo que la otra contestó:

¿Alguna vez has sentido atracción, amor, celos, ternura, pasión, por otra persona?

La amiga contestó:

Sí.

Entonces, ¿qué es lo que no puedes entender? Lo de menos es si se trata de un hombre o una mujer; las personas somos mucho más que sexos. Imagina que el esposo de una amiga me cae mal y me parece feo, incluso puedo preguntarme qué le ve; pero no por eso dejo de comprenderla cuando me cuenta sus problemas y satisfacciones, pues yo también tengo pareja y vivimos más o menos lo mismo.

Respecto a las parejas homosexuales y lesbianas, gran parte de la gente se hace las siguientes preguntas:

¿Quién es el hombre y quién la mujer?

La respuesta es: no hay un hombre y una mujer, sino dos hombres o dos mujeres; por tanto,

el esquema cambia.

Es un mito que en una pareja gay siempre hay un hombre amanerado y uno viril, o una

mujer con apariencia masculina y otra femenina. Por supuesto que sí llega a suceder, pero

no es ninguna regla. Muchas veces las dos mujeres son igualmente femeninas o masculinas.

Lo mismo ocurre en el caso de los hombres: pueden estar juntos dos varones muy viriles, incluso muy machos, o bien ambos pueden ser delicados y sensibles. Los roles no están tan marcados ni tan determinados como en muchas parejas heterosexuales. Las tareas del hogar, la administración económica, los detalles de la vida en común, se reparten por lo general en función de los gustos, habilidades y oportunidades de cada quien; no existen labores propias ni del hombre ni de la mujer; hay hombres que cocinan de maravilla y mujeres que saben mucho de mecánica y no son homosexuales. La tendencia actual entre muchas parejas heterosexuales es que los roles no estén tan estereotipados como antes; la necesidad de que ambos trabajen ha cambiado las cosas, y ya no tiene tanto peso ese tipo de convencionalismos sociales.

¿Quién es el activo y quién el pasivo?

La respuesta depende de las personas y las parejas. Por lo general la conducta varía, aunque

hay quienes asumen un papel definido. En realidad, ser activo o pasivo se relaciona más con gustos personales, como sucede en las parejas heterosexuales, en las que muchas veces la mujer es más activa y tiene más iniciativa y otras, sucede lo contrario. Aun sus actitudes

pueden variar según la ocasión y las circunstancias. Es más, en cuanto a las parejas

lésbicas, en algunos casos y en ciertos momentos, la mujer que se ve más masculina asume

un rol pasivo en la cama, y la que se ve más femenina puede ser la que juegue el papel activo. Lo mismo se puede observar entre los hombres homosexuales.

A muchos padres les cuesta trabajo familiarizarse con la idea de que ser homosexual

implica tener una vida activa en pareja; por esta razón, a veces, realizando su mejor intento de salir del paso, hacen como si la pareja no existiera, como si no pasara nada y todos contentos. Sin embargo, esta actitud no lleva a nada positivo; por el contrario, genera rencor, coraje, y abre un distanciamiento con el hijo o la hija que esté en ese caso.

Aunque a usted le sea difícil, no pretenda que la pareja no existe; hable de sus sentimientos al respecto y es posible que poco a poco descubra que no es tan difícil aceptarlo.

Madre: “La idea de que mi hijo David sea homosexual ya la asimilé, pero el que tenga pareja me cuesta mucho trabajo todavía”.

Padre: “Yo no sé por qué, pero no puedo aceptar el hecho de saber que mi hijo Eduardo tiene relaciones sexuales con Arturo, su pareja; me enoja hasta pensarlo”.

Adriana: “Mi madre se refiere a Estela como ‘esa cosa'; llevamos juntas casi diez años y yo la amo. Te puedes imaginar cómo me siento cada vez que la escucho”.

Madre: “Yo no aceptaba a la pareja de mi hijo, hasta que reflexioné que no quiero perder un hijo y decidí que prefiero ganar dos”.

Madre: “Me ha costado mucho trabajo convivir y asumir que mi hija tiene a una mujer como pareja, pero nos ha ayudado hablar acerca de nuestros sentimientos; ella fue muy comprensiva conmigo y fuimos conviviendo poco a poco; ahora ya disfruto salir con ambas y las considero mis dos hijas”.

Padre: “A mí me ayudó recordar que mis padres rechazaron por años a mi esposa y no fue nada agradable; ni siquiera la querían conocer”.

Si el problema es que no le agrada la pareja, piense que esto mismo pudo haber sucedido si fuera heterosexual. Créame, no se pierda la oportunidad de conocer a la persona que su hija(o) ama; puede ser importante.

La sociedad no acostumbra a validar igual a una pareja homosexual que a una heterosexual. Como dijo Don Clark en su libro Loving someone gay, en una reflexión acerca de cómo se hacen evidentes en nuestro lenguaje estas diferencias: “Se da por hecho que en una pareja homosexual hay conflicto, así como también se da por hecho que una heterosexual es indisoluble. Cuando la gente ve a una pareja gay pregunta: ‘¿Cómo van?, ‘¿siguen juntos?’ y cuando ven a una heterosexual: ‘¿Cómo están?, ¿qué hay?”’

¿Por qué algunos(as) homosexuales se casan?

La respuesta a esta pregunta, así como a muchas otras, es individual. Cada persona tiene sus propias razones, pero si lo vemos a grandes rasgos, vivimos en una sociedad que muchas veces presiona en exceso a sus integrantes para que se casen y tengan una vida heterosexual, “como los demás”. Las madres o padres no se preguntan qué orientación sexual tienen sus hijas(os) para poder proponerles un plan de vida apropiado a ésta.

Son varias las razones por las cuales una persona homosexual se casa con alguien heterosexual:

Hugo: “A mí me importa mucho el ‘qué dirán’; pensé que casarme sería como un pase a la aceptación para seguir perteneciendo a mi familia, comunidad, sociedad, sin ser ‘el diferente’”.

Juan Pablo: “Vengo de una familia muy religiosa y tradicional y mis papás tenían muchas expectativas sobre mí; no encontré otra salida más que casarme y vivir resignado un tiempo, hasta que la desdicha fue más fuerte”.

Miriam: “Vengo de una familia con mucho dinero. Cuando les dije a mis padres que soy lesbiana era yo una adolescente, y en mi casa se armó un escándalo. Mis papás me amenazaron con abandonarme y desheredarme y la verdad, la idea de perderlos y vivir con privaciones me aterró. Así que decidí complacerlos, me casé y después de poco tiempo me divorcié; tuve el pretexto de que al menos lo intenté”.

Juan Diego: “Me casé para olvidarme de que soy gay, tenía la esperanza de que esto me iba a ayudar, pero no fue así; cada vez que hacíamos el amor yo apenas tenía una erección; otras veces ni eso; fuimos a terapia y tuve que confesarme”.

Mari Carmen: “Me casé porque pensé que así me quitaría de problemas con todos; la verdad, es difícil ser lesbiana y más en una comunidad como la mía, en la que todos saben de tu vida”.

Mauricio: “Me casé porque en aquel entonces no había muchas opciones, el mundo gay todavía no daba de sí y menos siendo judío. Fue un calvario, nunca fui feliz con mi mujer y me imagino que ella tampoco conmigo”.

Andrés: “Siempre creí que la homosexualidad era un pecado; me sentía culpable porque no se me quitaba por más esfuerzos que hacía, así que fui con un sacerdote, buscando una salida. Él, además de confirmar mis miedos e ideas, me dio la esperanza que en ese momento estaba necesitando: me recomendó que leyera la Biblia con verdadera fe y me casara. Eso fue lo que hice; viví muy atormentado durante años, avergonzado, pero lo homosexual no se me quitó; por más que recé e intenté que me gustara una mujer, no funcionó”.

Víctor: “Pensé que llevar una doble vida era la solución, pero jamás creí que sería tan difícil; me sentí muy mal tanto con mi esposa como con mi novio; correr de un lado al otro, mentir, no lo volvería a hacer; esto no funciona para mí”.

Federico: “Yo me mentí a mí mismo los diecisiete años en los que estuve casado; fui una persona que sólo se permitía ser gay en fantasías y las viví con mucha culpa; no le había dicho a nadie que soy gay. Ahora pienso en el (tiempo que perdí tratando de pertenecer a lo que no pertenezco”.

Virginia: “Yo no sabía que soy lesbiana. Fui muy feliz con mi marido, pero tiempo después me enamoré perdidamente de una mujer que hasta la fecha es mi pareja”.

Mónica: “Me casé porque la gente se casa; tenía diecinueve años y cada (vez que mi exmarido me tocaba me daba asco. Mi madre me dijo que se me iba a quitar, que me iba a enamorar, pero no fue así, los sentimientos se hicieron más grandes. Al poco tiempo nos divorciamos y ahora soy feliz con mi pareja tanto emocional como físicamente”.

Luisa: “Me casé y, aunque amo a mi esposo, me di cuenta de que soy bisexual porque también me gustan las mujeres”.

Alberto: “Me casé con fines prácticos. En mi trabajo se exige que la gente ¡esté casada heterosexualmente para poderte promover, y por otro lado quería un hijo. Fui sincero desde el principio y ella lo aceptó; hasta la fecha somos buenos amigos”.

Es importante aclarar que la presión respecto al matrimonio también lastima a muchas personas heterosexuales que no se quieren casar o no encuentran con quién hacerlo y la consecuencia es que eligen poco asertivamente a sus parejas.

Hay personas homosexuales que pasan toda la vida sufriendo, pero punca ejercen su orientación sexual.

¿Por qué si saben que son homosexuales algunos no lo dicen abiertamente?

Hay quienes son abiertos acerca de su orientación sexual, y hay quienes no. La mayoría de la gente sale del clóset con determinadas personas y en determinados lugares; en otros no. No importa cuán abierto sea alguien, el cuento de decir “soy gay” nunca termina; siempre aparece alguien a quién decirle: un nuevo compañero de trabajo, amigo, vecino, lugar. En cada cosa nueva que una persona homosexual emprende aparece una vez más el reto: ¿a quién se lo diré?, ¿será realmente muy importante si lo digo o no?, ¿qué va a pasar?

Es importante entender que el individuo gay, sea hombre o mujer, se juega muchas cosas cuando dice que es homosexual o lesbiana. Muchas veces esta declaración puede implicar la pérdida de un empleo, de una familia, de una amistad cercana. Tal vez cuando la sociedad empiece a entender y respetar la diversidad de preferencias sexuales, esto pueda cambiar.

Cuando alguien dice que es lesbiana u homosexual, automáticamente pasa de ser “el ingeniero”, “el doctor”, “el maestro”, “el cantante”, a “el puto” o “la lesbiana”. Parece ser que una vez que la gente se entera de que alguien es homosexual, todo lo demás queda en el fondo y lo único que brilla es ese hecho, como si se tratara de algo malo.

No es una obligación decir la orientación sexual que se tiene, es un derecho. Es curioso que a las personas heterosexuales rara vez se les exige que anuncien su situación íntima.

Los seres humanos tendemos a marcar diferencias; cuando algo se sale de lo acostumbrado nos llama la atención. Entre todos los señalamientos, la preferencia sexual es la más estigmatizada. Pareciera que la gente prefiere ignorar que hay personas gay en todas las culturas, razas, creencias religiosas, lugares geográficos, clases sociales, económicas y políticas.

Éstas son algunas de las razones por las cuales un individuo puede optar por no decir que es homosexual, lesbiana o bisexual e incluso pronunciarse heterosexual si así lo requiere una situación determinada, por ejemplo, la posibilidad de tener problemas en el trabajo.

Ello no quiere decir que la persona tenga problemas para aceptarse a sí misma, simplemente puede ser una forma de manejarse en el ámbito social.

Si aún le cuesta trabajo entender, le propongo un ejercicio. Piense en algo que nunca le haya contado a nadie y elija a una persona de su confianza para decírselo.

¿Se atrevió o no? Si no pudo hacer el ejercicio, ¿qué lo detuvo? Y si logró hacerlo, ponga atención en qué cosas le facilitaron el decirlo.

Por último, no importa qué postura haya decidido tomar, reflexione sobre los sentimientos que surgieron a lo largo del ejercicio.

¿Por qué hay gente que cuando sale del clóset se amanera o se vuelve más tosca?

Como ya vimos, tener una personalidad femenina o masculina como se entienden en la actualidadse relaciona sobre todo con el carácter, los gustos personales, el ambiente, pero no depende ni de la preferencia sexual ni del género, de tal manera que un hombre o una mujer pueden tener características muy diversas.

La gente gay ya no cumple con lo que la sociedad plantea, así que un hombre o una mujer, independientemente de cuán amanerado o tosca sea, se da más oportunidades de explorar qué tipo de hombre y qué tipo de mujer desea ser. Ya no va con el esquema social per se, y eso le ayuda a no tener el mismo miedo de muchos heterosexuales a expresar su parte femenina o masculina.

Ahora bien, exagerar sus ademanes masculinos o femeninos cuando salen del clóset depende de cada quien. No es posible generalizar, pero entre las razones más comunes de esta reacción se encuentran:

La sociedad reprime tanto la homosexualidad que en ocasiones exagerarla es una forma de revelarse, de hacerse notar, de decir: “Sí, soy y existo, tengo derecho”. Es como gritarle al mundo que la gente homosexual está ahí, aunque algunos sigan pretendiendo que no existe.

Como anécdota: conocí a un hombre muy amanerado, que disfrutaba enormemente de exagerar sus movimientos y tono de voz. Lo interesante fue que conforme se iba sintiendo

aceptado y valorado, la exageración fue bajando de tono (cuando menos mientras platicaba conmigo). Me pareció que ya no necesitaba llamar tanto la atención.

Algunos aspectos del ambiente homosexual: la “jotería” (amaneramiento) o todas las formas de masculinidad constituyen una forma de diversión y código entre la gente gay; para muchos representan, incluso, una manera de sentirse integrantes de un grupo.

Algunos homosexuales creen que si no se amaneran no son suficientemente gays. Recordemos lo que sucede con los amigos: si no te emborrachas en una fiesta no te diviertes o no perteneces al grupo. La intención de este ejemplo no es compararlo con las bebidas alcohólicas que nada tienen qué ver con la homosexualidad en sí misma, sino ilustrar la fuerte influencia de los mitos y las presiones sociales.

Recuerde: no todos los homosexuales y lesbianas cumplen con el estereotipo, así como no todos los jóvenes necesitan estar borrachos para decir que se divirtieron en una fiesta.

Puede ser que la persona siempre haya sido así, sólo que como ahora usted ya sabe que es homosexual o lesbiana entonces le presta más atención.

Ernesto: “Una vez que salí del clóset decidí que iba a ser muy gay”.

Patricia: “No es fácil reconocer quién es homosexual o no; yo me pongo especialmente lesbiana cuando quiero que la gente se dé cuenta de que lo soy y las que también lo sean me puedan ligar o por lo menos acercarse a mí.

Roberto: “A mí la jotería me encanta; la disfruto mucho, me siento libre; no tengo que andar cuidando apariencias de si me veo como maricón o no”.

Roberta: “Yo no sé por qué soy así, sólo sé que tengo derecho de ser como me dé la gana”.

Joel: “Me encanta la jotería; estuve reprimido tanto tiempo que cuando salí del clóset decidí sacar todo eso; que el mundo se entere de que soy gay y qué”.

Raquel: “Antes de darme cuenta de que era lesbiana tuve un largo periodo heterosexual, durante el cual nunca tuve amigos personales del sexo masculino; los hombres con los que salía, o con quienes terminaba andando, o eran amigos o novios de alguna amiga mía; entonces me empecé a percatar de que desde que salí del clóset he tenido más amigos varones que mujeres. Mi autorreflexión me llevó a deducir que estando en un ambiente heterosexual tengo que estarme cuidando de no parecer masculina, que no se me note lo gay, reprimiéndome el ser como soy. Ahora me puedo explayar cuanto lo desee, me siento en confianza de estar con un hombre y no tener que pretender ser un tipo social de mujer que no soy”.

Fernanda: “Yo era bastante tosca y brusca, pero a partir de que me di cuenta de que soy lesbiana y salí del clóset, me volví sumamente femenina. Pienso que así ahuyentaba a los hombres, pero ahora que quiero atraer a una mujer no necesito ser masculina”.

¿Por qué tienen que mostrarse en público?

A

las personas homosexuales y bisexuales (mujeres y hombres) se les acusa con frecuencia

de

mostrar su sexualidad públicamente, ya sea cuando muestran afecto por su pareja o

cuando visten con ropa, símbolos y accesorios que evidencian su orientación sexual. Si usted es de quienes se sienten incómodos con que su hija(o) muestre afecto en público a su

pareja, es posible que esto se deba a que no estamos acostumbrados a ver escenas de amor homosexual. Recuerde que las parejas heterosexuales, bisexuales y homosexuales demuestran su afecto porque sienten amor y apreciación por su pareja. Deténgase unos momentos y reflexione: ¿juzga usted de igual manera a una pareja heterosexual que demuestra su afecto públicamente?

Por lo general una pareja heterosexual que exhibe su amor parece romántica y tierna, en tanto que una homosexual es considerada repugnante y de mal gusto.

En un mundo donde todavía se da por hecho que todas las personas son heterosexuales, salir del clóset es la única manera que tienen las personas homosexuales, lesbianas y bisexuales de hacerse notar, de decir que existen.

El ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas una vez dijo, refiriéndose al terrible problema de las

marchas en nuestro país: “Las marchas lo que piden es ser escuchadas, escuchémoslas. Mientras el gobierno siga pretendiendo que no pasa nada, el caos vial va a ser cada vez mayor”.

A finales de los sesenta las personas homosexuales eran prácticamente invisibles; la

mayoría no hablaban de su orientación sexual; sólo eran notorios los estereotipos del

hombre afeminado y la mujer machorra y eso era lo que se conocía.

Poco a poco las cosas han ido cambiando; cada vez más homosexuales, hombres y mujeres,

se atreven a hablar, a escribir, a enseñar al mundo que una persona puede verse como las demás, estar en perfecta salud física, emocional y mental y ser gay.

De esta manera, las falsas ideas y estereotipos han ido derrumbándose; la sociedad poco a poco está empezando a ver a las personas homosexuales como a cualquier otra.

Mostrarse como se es se considera una opción para evitar la invisibilidad social, reforzar la autoestima y manifestar los propios derechos.

Imagínese que fuera al revés y usted fuese la juzgada o juzgado. Piense en cómo se sentiría

si

tuviera que vivir escondiéndose de los demás, incluyendo a las personas que ama, como

si

fuera un criminal. Posiblemente en algún momento estaría en una mesa cenando con sus

amistades, escuchando sobre el aniversario de uno, las peleas maritales del otro, los planes

de vida de otro y usted sin poder contar sus experiencias, sus peleas y sus aniversarios; por el contrario, tal vez hasta tendría que fingir que no tiene pareja. Imagínese estar con la persona que ama y no poderle tomar la mano o darle un beso en la vía pública, y esperar “hasta llegar a su casa” para manifestarse. ¡Qué desgastante!, ¿no lo cree? Bueno, pues éstos son algunos de los episodios que viven día con día las parejas homosexuales.

Marcelo: “Yo no quiero vivir escondido por lo que soy, ni ser agredido; sólo hablo por mis derechos, tengo los mismos derechos que los demás”.

Adrián: “Cuando participo en una marcha gay me siento parte de un grupo, me da fortaleza interna; no soy el único y tengo derecho a ser como soy”.

Elvira: “Yo no me exhibo como tal, pero ¿acaso no tengo derecho de tomar de la mano a mi pareja y darle un beso? ¿Qué hay de malo en eso si miles de parejas heterosexuales también lo hacen?”.

Antón: “Yo no me muestro, son los otros los que me miran; así soy yo, no daño a nadie y tengo derecho; el que tenga un problema con mi forma de ser que cierre los ojos”.

Héctor: “En mi familia, aunque se enteraron de que soy homosexual, no quieren saber nada ‘de eso’; no conocen a mi pareja, ni a mis amigos, ni el setenta por ciento de las cosas que hago, y no me refiero a la sexualidad, sino a mis actividades cotidianas”.

Al respecto, Vito Russo escribe: “Hemos colaborado mucho tiempo en el mantenimiento de

nuestra propia invisibilidad

esa fiesta ya terminó”.

Si le preocupa la posibilidad de que haya reacciones negativas, represalias o estigmatizaciones, piense que muchos homosexuales, lesbianas y bisexuales pueden estar censurándose a Sí mismos porque comparten estos mismos miedos. Después de todo, no puede tenerlo escondido toda la vida; la gente heterosexual sí se da a notar y el mismo derecho tienen los bisexuales y los homosexuales. Al fin y al cabo, la decisión de mostrarse o no es de su hijo o hija.

Resulta difícil para mucha gente tener manifestaciones de afecto con personas del mismo sexo. Lleva tiempo erradicar los sentimientos homofóbicos para poder integrar esto como parte de la vida cotidiana. Cuando los padres empiezan a entender que la relación homosexual de su hija(o) es igual a una relación heterosexual, pueden aceptar mejor las diferencias y no sentirse incómodos.

Algunos padres se preocupan por el momento en que sean visitados por su hija(o) y su pareja.

No saben cómo actuarán o cómo se van a sentir; otros piensan que preferirían no ser visitados y no visitar, ya que podría presentarse una situación difícil de manejar.

Madre: “Tengo miedo de invitar a mi hijo y a su novio a cenar a la casa, no sé cómo voy a reaccionar o cómo me voy a sentir y no quiero lastimarlos con mis prejuicios”.

Padre: “Yo no quise convivir con mi hija y su pareja por unos tres años; le advertí que a mi casa no vienen juntas; pero me perdí de compartir con ella una de las cosas más significativas de su vida. No me enteré de si tenían un problema o una alegría; mis conversaciones con mi hija se volvieron banales. Me puse a reflexionar mucho en cuanto a ¿qué es ser un buen hijo? El que hace lo que sus padres quieren que haga, no lo creo”.

Madre: “Me llevó tiempo, pero un día decidí que ya era hora de enfrentar que mi hijo tiene una vida de pareja como los demás; me armé de valor, hablé con él y le dije que me gustaría que vinieran a cenar los dos a la casa, pero que le pedía que me tuviera un poco de paciencia si me costaba trabajo al principio. Ellos aceptaron gustosos la invitación. Al principio tengo que reconocer que el ambiente estuvo un poco tensono sabíamos qué hacer, pero ellos tomaron las riendas y empezaron a platicar como si nada estuviera pasando. Entendí que efectivamente no pasa nada y el resto de la velada la pasamos muy bien”.

Muriel: “Supe que mi mamá ya lo había aceptado cuando me invitó con Sandra a una Navidad en su casa y nos dio la recámara matrimonial para dormir, igual que lo hace cuando vienen mi hermano y su esposa”.

Si usted todavía no puede ver con los mismos ojos una manifestación de afecto homosexual que una heterosexual, no se sienta culpable, lleva tiempo.

¿Por qué se teme que la gente homosexual se ligue a todo mundo?

Porque existe el mito. Cabe reiterar que la gente, cuando no conoce algo, se hace muchas fantasías.

Hay personas heterosexuales que asisten a un bar o discoteca homosexual y después dicen que todos los hombres o las mujeres les estaban coqueteando. Esta sensación muchas veces es resultado del miedo a que esto, en efecto, ocurra. En otras, lo que sucede es que en esos lugares una forma de establecer contacto con la gente es a través de un cruce de miradas o una sonrisa, igual que en un bar o discoteca heterosexual. Además, por lo regular cuando alguien asiste por primera vez a un lugar mira con curiosidad a las personas que están ahí, así que un hombre que se da cuenta de que otro lo observa y está en un lugar en donde los hombres coquetean con hombres, es muy posible que piense que se trata de un ligue. Y, si usted es de su agrado, posiblemente sea correspondido(a)

Amigo: “Fui a un bar gay porque mi mejor amiga es lesbiana y ella siempre ha venido conmigo a lugares heterosexuales, así que se me hizo justo acompañarla a uno gay. Una vez adentro tenía terror de ir al baño solo, sentía que todos los hombres me miraban y me querían hacer algo. Ahora que tengo más experiencia en ir a este tipo de bares sé que eran más mi fantasía y mi miedo de lo que era la realidad”.

Amiga: “Por curiosidad fui a un antro gay con unos amigos. De pronto, una chava empezó a ligarme y yo simplemente le aclaré que soy heterosexual; ella me miró y me dijo: ‘Qué lástima”’.

Amiga: Un día fui a una discoteca para lesbianas y cuando se me acercó una para sacarme a bailar le dije que soy heterosexual, a lo que ella contestó: ‘Y qué, ¿eso te impide bailar conmigo?”’

Amigo: “Fui a un bar gay con unos compañeros de trabajo que son homosexuales; de pronto sentí que un chavo me miraba con insistencia y eso me puso un poco incómodo. Él se acercó y al ver mi reacción me dijo: ‘No es mi intención incomodarte, pero llevas rato viendo a esos muchachos (nunca había visto a dos hombres dándose un beso); pensé que estabas buscando compañía y me agradaste’. Después agregó: ‘Qué esperas que piense si estás en un antro gay; yo en la calle tengo que estar adivinando quién es y quién no y éstos son de los pocos espacios en donde puedo dar por hecho que los que están dentro son y ligar libremente con quien me llame la atención’”.

Amigo: “Después de enterarme de que mi mejor amigo es gay, decidí conocer más acerca de su mundo; él ha convivido toda su vida en el mundo heterosexual y yo no conocía nada del homosexual, así que fui con él a una discoteca. Para mí fue una sorpresa: era un lugar igual que los de los heterosexuales, solamente que los hombres ligan a los hombres y las mujeres a las mujeres”.

Padre: “Un día me animé a acompañar a mi hijo a un bar gay para conocer y convivir más con él. Fue una experiencia muy divertida; aprendí que los bares son bares en todas partes, nada ni nadie me molestó, de hecho estuve cotorreando con sus amigos bien a gusto”.

Muchos heterosexuales se quejan de que son ligados por homosexuales. Hay que tomar en cuenta que la gente homosexual, cuando trata de flirtear con alguien, no sabe si el otro es o no. Es extraño, pero la gente piensa que las personas homosexuales, especialmente los hombres, siempre están tratando de conquistar a cualquiera que puedan. Esto es falso, pues si bien existen algunos a los que les gusta ligar, no son más que los heterosexuales. Por cultura, en general se le inculca y promueve más al hombre el derecho a la conquista, independientemente de su orientación sexual, pero no olvidemos que también hay un gran número de mujeres a las que les gusta tomar la iniciativa.

Después de todo, ante cualquier insinuación o invitación, siempre está presente la posibilidad de decir no sin importar de quién provenga.

Carmen: “Las mujeres somos menos obvias. Cuando me gusta una mujer, ¿cómo saber si es o no gay? Pues preguntándole”.

Juan Carlos: “Recuerdo que una vez un homosexual me ‘tiró la onda’; yo me molesté un poco, pero simplemente le aclaré que soy heterosexual y de ahí no pasó. Tiempo después fui a un bar y comencé a ‘tirarle la onda’ a una bella mujer, la cual se molestó un poco y me aclaró que es lesbiana”.

Fabricio: “Yo soy un hombre muy sensual y si veo a otro que me gusta trato de insinuármele; finalmente, si no quiere, que diga que no”.

Mauricio: “Soy homosexual y muchas veces las mujeres me tiran la onda; pero no me ofendo, sólo aclaro que soy homosexual”.

¿Por qué algunos son muy insistentes?

Entre las personas tanto heterosexuales como homosexuales hay algunas sexualmente muy insistentes. En la vida cotidiana estamos más acostumbrados a la insinuación e insistencia heterosexual que a la homosexual.

Marta: “Soy lesbiana y a lo largo de mi vida más hombres se me han insinuado, insistido e incluso acosado en el trabajo, en alguna fiesta o bar de lo que me ha pasado con mujeres en antros gay”.