Sei sulla pagina 1di 328

DE MEMORIAS Y DE GUERRAS

DE MEMORIAS Y DE GUERRAS

La Sierra, Villa Liliam y el 8 de Marzo en Medellín

INFORME FINAL DE INVESTIGACION

Elsa Blair Investigadora Principal

Natalia Quiceno Co-investigadora

Isabel Cristina de Los Ríos Asistente de Investigación

Ana María Muñoz Auxiliar de Investigación

Marisol Grisales Estudiante en Formación

Gabriel Jaime Bustamante Asesor, Secretaría de Gobierno Municipal

Universidad de Antioquia Instituto de Estudios Regionales, INER Grupo de Investigación Cultura, Violencia y Territorio Programa de víctimas, Secretaría de Gobierno Municipal

Alcaldía de Medellín, IDEA, Colciencias

Medellín, Febrero 2008

Las guerras se luchan pero también se relatan Kimberly Theidon

Nadie debe impedir la recuperación de la

Cuando los acontecimientos

vividos por el individuo o por el grupo son de naturaleza excepcional o trágica, tal derecho [el de memoria] se convierte en un deber:

memoria (

)

el de acordarse, el de testimoniar Tzvetan Todorov

La importancia personal e individual de hablar y encontrar una escucha no debe remplazar, ocultar u omitir los otros planos de los trabajos de la memoria. La ola testimonial no puede remplazar la urgencia de respuestas políticas, institucionales y judiciales a la conflictividad del pasado, además de las personales, las simbólicas y las morales o éticas Elizabeth Jelin

La verdad pronunciada por las víctimas tiene muchas dimensiones; para ellas es reparadora, integradora y sanadora; para los públicos que la escuchan pedagógica y esclarecedora; para la historia de los pueblos y las naciones es condición necesaria e irremplazable y para los Estados, los gobiernos y los ciudadanos, una lección sobre lo que no debe volver a ocurrir y sobre la naturaleza de las acciones que deben adoptarse para suprimir las determinaciones de diversa naturaleza que llevaron a tal situación de desgarramiento y horror. María Teresa Uribe de Hincapié

Dedicatoria

Dedicamos este trabajo a todos los pobladores de los barrios La Sierra, Villa Lilliam y el 8 de Marzo, que fueron nuestros “guías” en esa búsqueda por “ver”, “sentir” y “comprender” parte de sus historias vividas y que nos enseñaron tanto sobre una parte de la ciudad que la mayoría de sus habitantes no conoce.

Incluimos en esta dedicatoria a aquellos de sus habitantes que ya no están, pero permanecen en la memoria de sus amigos, vecinos y familiares y que deben ocupar un “lugar” en la memoria de todos los habitantes de Medellín, si de verdad queremos una ciudad reconciliada con su pasado, amante de la vida en el presente y capaz de mirar con inclusión y equidad para todos en el futuro.

Agradecimientos

Un proyecto de investigación como éste no hubiera podido desarrollarse sin el concurso de los pobladores quienes nos abrieron no sólo las puertas de sus casas sino, sobre todo, de sus “recuerdos” para dejarnos entrar a un terreno lleno de incertidumbres y de esperanzas. A ellos nuestro mayor agradecimiento.

Al Programa de víctimas de la Secretaría de Gobierno Municipal por el apoyo prestado en el desarrollo del mismo. En particular a los compañeros y compañeras del componente de Memoria Histórica, con quienes interlocutamos permanentemente frente a dinámicas como éstas que nos abrumaban y conmovían; a las compañeras del componente psicosocial que nos facilitaron el ingreso a los barrios y su compañía en el proceso y a Gabriel Jaime Bustamante, quien, durante algún tiempo, nos acompaño en calidad de asesor.

AL INER, como el marco académico donde se desarrollo el proyecto. Particularmente al apoyo de la directora y del personal administrativo. En este ultimo, particularmente, a Bernardo Hernández y Reinaldo Villareal por su apoyo en el manejo presupuestal y a Maryan Jiménez por su apoyo y responsabilidad con el manejo del material recopilado.

A las personas e instituciones que nos posibilitaron la realización de las diversas actividades y contactos en los barrios

A Maria José Casasbuenas, la fotógrafa, por su trabajo dedicado y de calidad de la investigación.

A Lina Pérez, diseñadora de Punto Tres por su elaboración de la “cartilla” para los pobladores y del trabajo para la exposición fotográfica en la Alcaldía y a Germán Arango por su trabajo en el montaje de la misma exposición.

A Gloria Naranjo, María Teresa Uribe de Hincapié y a Manuel Alberto Alonso, profesores e investigadores del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia, por la interlocución académica que nos brindaron en diferentes momentos del proyecto.

A las profesoras Marta Cecilia Vélez y Gloria Pélaez por su disponibilidad y

sensibilidad para escuchar las pesadas “cargas emocionales” asociadas a este

trabajo.

A la profesora Gloria Yépez por su asesoría en asuntos pedagógicos en el momento de elaboración de “la cartilla”.

A todas aquellas personas que desde distintos lugares nos proporcionaron el apoyo logístico para la realización del encuentro final con los pobladores, realizado en la Universidad de Antioquia:

al profesor Ramiro Delgado, Vicedecano de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas,

a la señora Leonor Herrera, directora del departamento de Seguridad,

a la señora Vilma Salazar Villegas, Administradora de la Facultad Nacional de Salud Pública , a los “guías culturales” de la Universidad de Antioquia y al personal de ICOMER.

A la Doctora Selma Trujillo, de Planeación Municipal y al Doctor Juan José Plata, de COLCIENCIAS por su apoyo y acompañamiento, en calidad de interventores, durante todo el tiempo de su ejecución.

A la Alcaldía de Medellín, el IDEA y COLCIENCIAS por el apoyo financiero en el marco de la convocatoria Agenda ciudad de Medellín: estudios de ciudad.

Y, eventualmente, a otras personas que de alguna manera contribuyeron al desarrollo de este proceso y hemos olvidado nombrar.

Como siempre, sus aportes y colaboraciones fueron muy valiosos, pero no los comprometen en los resultados que son de exclusiva responsabilidad del equipo de investigación.

Índice de Tablas y Figuras

Figura 1. Localización de los barrios en la ciudad, tomada de:

www.medellin.gov.co. Visita: enero 2002.

65

Tabla 1. Ubicación de los barrios según comuna y polígono, Fuente: PLRU,

2005:7

65

Tabla 2. Tipología de asentamiento y ocupación del espacio, Fuente: PLRU,

2005: 11.

66

Tabla 3. Radio de influencia barrial de los actores armados, Fuente:

PRIMED II, 1999: 83

73

Tabla 4. Actores armados presentes en los barrios. Fuente: Reconstruido por el equipo con base en el trabajo de Jaime Rafael Nieto y Luis Javier Robledo Ruiz, Conflicto, Violencia y Actores sociales en Medellín, 2006,

UNAULA, Medellín.

158

De Memorias y De Guerras La Sierra, Villa Liliam y el 8 de Marzo en Medellín

INTRODUCCIÓN

 

1

CAPÍTULO 1 LAS MEMORIAS EN CONTEXTOS DE GUERRA Introducción

 

12

 

13

1.1.

La memoria en Colombia hoy: ¿Si es “la hora de las víctimas”?

15

1.1.1.

Omisiones, miedo y confusión: las víctimas ante las versiones libres de los

jefes paramilitares

 

16

1.1.2.

¿Si llegará el 2008 “la hora de las víctimas”?

 

25

1.2.

La situación “No-postconflicto” en el caso colombiano: ¿Cómo construir memorias

en medio de la guerra?

 

28

1.2.1.

La memoria en medio de la guerra: “una memoria confiscada”

 

29

1.2.2.

Escuchar a las víctimas: la reconquista de la memoria confiscada

31

1.3.

Las experiencias internacionales de “comisiones de la verdad” o la reconstrucción

de la(s) Memoria(s)

 

33

CAPITULO 2 ESPACIALIDADES DEL CONFLICTO Y DE LA(S) MEMORIA(S) Introducción

 

40

 

41

2.1.

Una aproximación teórica a la especialidad

 

43

2.1.1.

La geopolítica crítica: algunos elementos de análisis

 

45

2.1.2.

Los momentos de “producción del espacio”: las prácticas espaciales, las representaciones del espacio y los espacios de representación 51

2.1.3.

El concepto de lugar

 

54

2.2.

La “producción del espacio” en los barrios

 

55

2.2.1.

Las representaciones del espacio

 

56

2.2.1.1.

El discurso y la acción institucional

 

57

2.2.1.2.

Una “historia otra”: el poblamiento en la palabra de los pobladores

75

“Llegábamos donde no había nada, esto era en tierra, no habían ni rieles

ni nada,La Sierra

 

76

“Hubo tiempos mejores”

Villa Lilliam

 

78

“El primero de mayo de 1985 repartimos el primer terreno”: 8 de Marzo 79

2.2.2.

Las prácticas espaciales y/o los espacios de representación

 

81

2.2.2.1.

Especialidades marcadas por la guerra

 

82

CAPITULO 3

LOS TESTIMONIOS Y/O LAS NARRATIVAS DE LA(S) MEMORIA(S) Introducción

 

92

 

93

3.1.

Los testimonios o el “acto de testimoniar”

 

94

3.1.1.

Antecedentes de la problemática del testimonio

 

94

3.1.2.

El “acto de testimoniar” en las violencias más contemporáneas

97

3.1.2.1.

Pero ¿Qué es el testimonio?

 

98

3.1.2.2.

La etimología de la palabra testigo

 

100

3.1.2.3.

¿Quién narra y quién es el testigo?

 

102

3.1.3.

El potencial político del testimonio o “la fuerza política de la memoria del sufrimiento”

104

3.2.

Testimonios y/o narrativas de la memoria

 

108

3.2.1.

El carácter narrativo de los testimonios

 

110

3.2.2.

Los tres momentos de la narrativa: la perspectiva de Paul Ricoeur

111

3.2.2.1.

Mímesis I: la Pre-figuración o el “antes” del texto

 

112

3.2.2.2.

Mímesis II: la Con-figuración o la mediación entre el “antes” y el “después” del texto

113

3.2.2.3.

Mímesis III: la Re-figuración o el “después” del texto

 

114

3.2.3.

Silencios, “puesta en escena”, verdad y “momentos” del testimonio: otras tres propuestas analíticas del testimonio en contextos de violencia y de guerra

115

3.2.3.1.

Los silencios del testimonio y el problema de “la escucha”: Elizabeth

Jelin

 

116

3.2.3.2.

Narración, “puesta en escena” y verdad: Claudia Feld

 

120

3.2.3.3.

Los lugares y “momentos” del testimonio: Ludmila Catela

 

121

3.2.4.

La historia y la memoria: dos narrativas del pasado

 

125

3.2.4.1.

De la “verdad” de la Historia a la “fidelidad” de la Memoria o el debate entre Historia y Memoria

126

3.2.4.2.

La Historia oral: ¿Una vía de acceso de la Memoria a la Historia?

131

CAPITULO 4 CONFLICTIVIDADES URBANAS EN LA CIUDAD DE MEDELLÍN: EL CONTEXTO Introducción

 

138

139

4.1.

El conflicto en la ciudad en la mirada de los analistas

 

142

4.1.1.

Antecedentes: el narcotráfico, las bandas delicuenciales y los inicios del fenómeno miliciano

144

4.1.1.1.

El surgimiento de las milicias en los barrios de Medellín: años 90’s

146

4.1.2.

“La violencia llegó para quedarse”: el conflicto en los años recientes (1995-

2005)

150

4.1.2.1.

Auge y división del proyecto paramilitar

 

153

4.1.2.2.

Institucionalización paramilitar y poder hegemónico

 

155

4.1.2.3.

Desarticulación y Reinserción Paramilitar

 

156

4.1.3.

La conflictividad en los barrios La Sierra, Villa Liliam y el 8 de Marzo

157

4.1.3.1.

Los primeros conflictos

 

160

4.1.3.2.

Los Actores

 

162

4.1.3.3.

Su presencia en los barrios

 

166

4.1.3.4.

Los jóvenes y sus motivaciones “bélicas”

 

168

4.1.4.

El conflicto en los últimos años de 2005-2007 y la situación actual

169

4.1.4.1.

El conflicto reciente en la voz de sus habitantes

 

171

4.2.

Los desafíos del análisis a la articulación nacional/local: otra “clave” para leer el

conflicto

 

179

4.2.1.

Los retos metodológicos al análisis del conflicto en Medellín

 

182

4.2.1.1.

 

La existencia y el peso de las ‘dinámicas locales’ en la conflictividad urbana

183

4.2.1.2.

Sobre las razones o motivos ‘menos nobles’ de “la guerra” urbana

185

4.2.1.3.

La mezcla entre violencias “políticas” y “no políticas” como eje de la confrontación

187

4.2.1.4.

Por una ‘reconceptualización’ de “lo político”

 

189

CAPITULO 5 LA CONSTRUCCIÓN SOCIAL E HISTÓRICA DE LA VÍCTIMA Introducción

 

194

 

195

5.1.

Aproximación teórica al problema de la víctima

 

198

5.1.1.

¿Quiénes son las víctimas?

 

199

5.1.2.

El problema de su definición

 

202

5.2.

La insatisfacción con la dicotomía víctima/victimario

 

212

5.2.1.

De la “condición” a la situación de víctima

 

213

5.2.2.

Caracterización de las víctimas

 

213

5.2.2.1.

 

Pérdidas asociadas a su situación pre-conflicto

 

214

5.2.2.2.

Pérdidas asociadas a las confrontaciones armadas

220

5.2.2.3.

Pérdidas asociadas a sus emociones “negativas”

232

5.2.3.

Sus estrategias de sobrevivencia frente a las pérdidas

240

5.3.

Los derechos de las víctimas

 

246

5.3.1.

Su dimensión moral

 

247

5.3.2.

Verdad, Justicia y Reparación

 

248

5.3.2.1.

 

La Verdad

 

248

5.3.2.2.

La Justicia

 

251

5.3.2.3.

La Reparación

 

252

APÉNDICE: Reflexiones Metodológicas “Puesta en escena”, verdad, silencios y “momentos” del testimonio: El “campo” contextos de violencia

en

256

CONCLUSIONES

 

286

BIBLIOGRAFIA

 

306

INTRODUCCION

El presente texto es el resultado final de un proyecto de investigación sobre el tema de la(s) memoria(s) de las víctimas del conflicto político en Medellín, titulado De memorias y de Guerras 1 . El fue desarrollado por parte de un equipo de trabajo, miembros del grupo de investigación Cultura, Violencia y Territorio, adscrito al Instituto de Estudios Regionales, INER de la Universidad de Antioquia, en alianza con el Programa de Víctimas del Conflicto, de la Secretaría de Gobierno de Medellín, durante la administración de Sergio Fajardo. Fue financiado por Colciencias, el IDEA y la Alcaldía de Medellín en el marco de la convocatoria:

Estudios de ciudad: Agenda ciudad de Medellín.

El proyecto tenía entre sus propósitos iniciales agregarle reflexión teórica al trabajo que desde el año 2004 venía desarrollando la Secretaría de Gobierno con estas poblaciones–víctimas en diferentes barrios de la ciudad. Intentábamos, pues, “ponerle pensamiento” a problemas tan complejos como la problemática de las víctimas y la(s) memoria(s) en contextos de guerra. El trabajo se desarrolló entre febrero de 2007 y febrero de 2008 en los barrios La Sierra, y Villa Liliam, de la comuna 8, y el barrio 8 de Marzo, de la comuna 9. A ellos se agregó, fruto del trabajo de campo, un asentamiento de desplazados llamados “Esfuerzos de paz I”, localizado en la inmediación de los barrios La Sierra y Villa Liliam. La selección de los barrios obedeció, en primer lugar, a que eran zonas donde el conflicto o la llamada “guerra urbana” habían producido un sinnúmero de víctimas, pero también al hecho de que, en el momento de formulación de la propuesta de investigación, éstos eran los barrios con quienes se había trabajado por parte de la Secretaría de Gobierno.

La estrategia fundamental de acercamiento al problema fue la realización de diferentes “ejercicios de la memoria” con estos pobladores – víctimas del conflicto, que nos enfrentó a diversos retos, tanto éticos como políticos y académicos, que se expresaron de múltiples maneras. Los primeros asociados, fundamentalmente, al respeto por las vidas y el sufrimiento de estas poblaciones, y al propósito de no hacer aún más vulnerable su seguridad en situaciones de peligro, en contextos como el colombiano donde la guerra no ha desaparecido y el miedo se instala como amenaza permanente sobre la vida cotidiana de estas poblaciones. Otra exigencia ética estaba asociada el manejo apropiado de situaciones comprometedoras en lo emocional al tratarse de memoria(s) de la guerra y/o el conflicto que desatan en las personas-víctimas una serie de contenidos emocionales difíciles de manejar y que se trasladan, sin duda, al equipo de

1 El titulo inicial del proyecto era De Memorias y de Guerras: la memoria de las víctimas del conflicto político en Medellín. Por razones analíticas, ampliamente desarrolladas en el texto, y que van a ser explicadas más adelante, el título final se reduce a la primera parte: De Memorias y De Guerras.

De Memorias y De Guerras

.

investigación. Enfrentarse al dolor de esa manera, a una “guerra con rostro”, puede generar y, en efecto lo hace, enormes consecuencias que, finalmente, hacen parte de la misma investigación. Definitivamente la “mirada distante del observador” no existe en estos contextos y es preciso interrogarse, permanentemente, por el equilibrio necesario entre la cercanía y la distancia que el “campo” exige.

En la búsqueda de sus narrativas o sus memorias del conflicto, nos asistió siempre la convicción profunda de su poder catártico, esto es, que la posibilidad “de recordar y contar”, tanto en lo individual como en lo colectivo, se convirtiera en un espacio para su palabra y nuestra “escucha” en el sentido de Elizabeth Jelin, esto es, como la posibilidad de potenciar el acto de contar a través de la capacidad desplegada al escuchar (Jelin, 2002). Sin embargo, y esto fue muy importante en la investigación, los pobladores nos contaron otras historias. Nos hicieron saber que antiguas luchas por encontrar un lugar para habitar en la ciudad, habían generado sentidos de lugar y fuertes sociabilidades barriales que, en un momento posterior, fueron deterioradas y destruidas por “la guerra” 2 y que sin esas historias, jamás comprenderíamos los efectos que ella había traído a sus vidas y a las de sus propios barrios. Aquellos que ellos mismos habían no sólo habitado sino construido, literalmente, “piedra a piedra”. Estas historias del poblamiento tienen entonces una gran significación en este trabajo.

Los retos políticos, por su parte, estaban asociados a la apuesta por hacer visible, – en una ciudad que apenas empieza a reconocer a sus víctimas 3 –, su palabra. Poner sus relatos en la esfera pública y dar a conocer sus “historias”, como fruto de los “ejercicios de la memoria” realizados en este trabajo, son un intento por contribuir a su posibilidad de acceder –recuperando las pérdidas–, a ese corpus político que las ha marginado. La posibilidad de llegar a sentirse incluidos en el “nosotros” político y nacional. Por mostrar, a partir de sus propios relatos, la dimensión de esta problemática y la complejidad de una situación que, pese a ser vivida por tantos de sus pobladores, es desconocida por otros sectores sociales y por muchos de los habitantes de la ciudad. Con ellos, y nuestra propia palabra, esperáramos, pues, poder contar esa “otra cara” del conflicto que no ha sido escuchada y, por esta vía, poner el tema en la esfera de lo público. Con todo, sabemos que los testimonios, como experiencia personal e individual de hablar y encontrar una escucha, no son suficientes y no pueden reemplazar, ocultar u omitir los otros planos de los trabajos de la memoria (Jelin, 2002). Por eso ellos

2 El uso de las comillas para nombrar la guerra y que aparecerá repetidamente en el texto, sobre todo, en el capítulo 1, se asienta en las mismas razones que produjeron el cambio del título, esto es, que preferimos hablar de conflictividades urbanas más que de guerra propiamente.

Ver al respecto los esfuerzos del Programa de víctimas de la Secretaría de Gobierno Municipal en la realización de eventos simbólicos y la puesta en público de esta problemática. Fruto de este esfuerzo son también los libros publicados, desde la voz de las víctimas, por la Alcaldía de Medellín y la Secretaria de gobierno: Patricia Nieto y Jorge Mario Betancur (comp.), 2006, Jamás olvidaré tu nombre, Alcaldía de Medellín, Secretaría de Gobierno, Programa de Paz y Reconciliación, Proyecto de Víctimas del Conflicto Armado, Medellín y Patricia Nieto (comp.), 2007, El cielo no me abandona, Alcaldía de Medellín, Secretaría de Gobierno, Proyecto de Víctimas del Conflicto Armado, Medellín.

3

INTRODUCCIÓN

apuntaban a potenciar la enorme fuerza política de la memoria del sufrimiento (Restrepo, 2000) y a señalar que es necesario desplegar y con urgencia, acciones dirigidas a encontrar las respuestas políticas, institucionales y judiciales, además de las personales, simbólicas y éticas, frente a la conflictividad del pasado (Jelin,

2002).

Los retos académicos estuvieron ligados y nos confrontaron, permanentemente, a la formulación de las preguntas pertinentes y a los esfuerzos respectivos por lograr la suficiente capacidad, sensibilidad y claridad para dar cuenta, – desde el análisis y la reflexión, que constituyen la “naturaleza” del trabajo académico –, de las problemáticas de las víctimas y de sus necesidades mas apremiantes y, al mismo tiempo, para lograr “decir”, – en el sentido más exacto y más simple del término –, sus “historias”, sus dolores y sus sufrimientos. Queríamos, pues, articular al “estudio de caso”, la reflexión teórica necesaria que nos ayudara a comprender y, en el mejor de los casos, a explicar algunas de las dinámicas de los procesos de reconstrucción de la(s) memoria(s) en contextos de guerra.

La propuesta teórica se estructuró a partir de dos problemáticas centrales: la memoria y el conflicto. A ellos se agregaron, sin embargo, otros ejes de indagación muy importantes para pensar los procesos de construcción de las memorias en medio de la guerra: el espacio y la narración o, más exactamente, las espacialidades y las narrativas o lo que más concretamente asumimos como el “acto de testimoniar”. Ellos, por supuesto, son interrogados desde la problemática de las víctimas, el otro “objeto” de reflexión, que constituía el “núcleo” y/o la razón de ser de la investigación.

Vamos a señalar en esta introducción, algunas de las preguntas y de las problemáticas que intentamos resolver a lo largo de la investigación y que intentamos recoger de la mejor manera en el texto. Por razones de presentación y claridad expositiva, éste está dividido en 5 capítulos que no siempre son coincidentes con el “orden” de desarrollo de la problemática, sino en función del objeto de la investigación.

Ahora bien como podrá verse a lo largo del texto, algunos de ellos versan sobre temas que era necesario incluir para situar nuestra reflexión, pero que no constituían para nosotros un “objeto de reflexión” en sí mismo. Por esa razón, ellos están apoyados, básicamente, en literatura secundaria y ahí no hacemos mayores reflexiones para complementarlos ni, por supuesto, muchos aportes. Pero hay otros temas que constituían el centro de nuestra preocupación, que son los más trabajados y con los cuales creemos hacer aportes significativos a la problemática de la(s) memoria(s) de las victimas en contextos de guerra. El tema del conflicto, por ejemplo, sin ser exactamente uno de los temas de interés inicialmente sino más bien el contexto, terminó produciendo una lectura interpretativa, sensiblemente distinta a la mayoría de análisis de la violencia urbana en Medellín y concluye con una propuesta de abordaje del tema que bien vale la pena resaltar; mientras el tema de la memoria, inicialmente previsto como central y que, en efecto, atraviesa toda la reflexión, no ahonda en la reflexión

De Memorias y De Guerras

.

teórica básicamente porque hay muchísima y muy buena literatura al respecto. Es en este tema donde los debates han avanzado más; el tema de las espacialidades de la(s) memoria(s), por su parte, fue abordado desde una nueva perspectiva para pensar lo socioespacial y creemos sugerentes las reflexiones logradas en este terreno. Con todo, el análisis de las narrativas contiene una amplia reflexión sobre asuntos centrales en el tema de la memoria como el del el testimonio o el “acto de testimoniar” y creemos haber logrado avances en este terreno y, finalmente, el capítulo central de la reflexión, sin duda el más difícil del elaborar y con el cual concluimos, es el de las víctimas, donde creemos se encuentran los mayores aportes.

Con relación a la primera problemática, la de la memoria, (Capítulo 1) estábamos frente a un tema candente en la discusión académica y política. Diferentes procesos de situaciones postconflicto en el panorama mundial, habían situado el tema en la escena pública de múltiples maneras. Esta visibilidad había conducido incluso a hablar de un “boom” de la memoria, asociado a múltiples procesos donde se expresaba la conflictividad contemporánea y que había permitido el establecimiento de diferentes “Comisiones de la verdad” y la vivencia de situaciones postconflicto en muchas latitudes. A nivel nacional, las negociaciones de paz con los paramilitares, iniciadas en 2003 en Medellín, pero reforzadas en 2005 con la expedición de la Ley de Justicia y Paz, le agregaban un “plus” de pertinencia a la problemática de la memoria, sobre todo, asociada a la situación de las víctimas y a su derecho inalienable a la verdad, la justicia y la reparación. Por esta vía, sin duda, es donde el tema ha tenido sus mayores discusiones y desarrollos. Si bien y como ha sido un consenso entre los diversos analistas (y lo vemos cotidianamente en el país), Colombia aún no conoce una situación de postconflicto, las experiencias de otros países en este terreno no podían más que alimentar nuestros propios procesos y la búsqueda de alternativas en el terreno de la memoria. Aunque mientras escribimos este informe, febrero de 2008, la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación, CNRR, empezaba a formular propuestas más integrales de atención a victimas, la coyuntura política del país no da mucho margen para que ellas tengan un nivel de incidencia mayor y encuentren un lugar en “lo público”, con los consiguientes efectos en términos políticos. Si bien es un tema del que cada vez se “habla más” y hay quienes incluso nombran este momento como “la hora de las víctimas”, ha habido también manipulación y mal manejo de la problemática por parte de diferentes sectores. La sociedad misma asume una actitud negligente e indiferente frente a lo que ocurre en la ciudad y en el país con estas poblaciones, lo cual es muy grave porque la condena moral a estos actos, que han padecido millares de colombianos, precede a cualquier reivindicación política. La academia entonces esta obligada, como una apuesta social y política, a hacer visible esta problemática desde la perspectiva del reconocimiento de las victimas como ciudadanos y como sujetos políticos, que es el único camino para lograr construir una situación de postconflicto en el país y empezar a andar el largo y tortuoso camino de la reconciliación.

INTRODUCCIÓN

En este capítulo se desarrolla, pues, la problemática de la memoria desde sus referentes más actuales inscritos en la coyuntura política del país, hasta las aproximaciones más clásicas frente al tema. Ubicamos la coyuntura política nacional frente al tema de las víctimas y la manera como la Ley de Justicia y Paz ha puesto sobre el tapete el tema en el país, pero mostramos también como, – a través del tratamiento que se le ha dado al proceso –, la ley ha generado una situación de desequilibrio con un marcado protagonismo de los “victimarios” que sólo recientemente, con las nuevas disposiciones de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación, CNRR, en términos de reparación y de acordarles a las víctimas un “lugar” en lo publico, empieza, por lo menos, a “equilibrarse”. El apartado más teórico, por su parte, es uno de aquellos que intenta recoger, – más que producir –, discusiones de autores clásicos pero muy actualizados sobre el tema y/o de autores más contemporáneos que vienen reflexionando sobre el asunto. Con todo, y dado que muchas de estas reflexiones sobre la memoria están desarrolladas a lo largo del texto, este apartado apunta solamente a señalar aquellos temas o aspectos que, en función de nuestro “sujeto” de investigación, resultaban más “útiles” o más fecundos.

El conflicto armado, por su parte, como segundo “eje” (desarrollado en el capítulo 4) continua siendo una realidad muy evidente en el panorama nacional. Con todo y tratarse de un “estudio de caso” inscrito en el conflicto urbano en Medellín, él estaba atado a la situación de guerra que vive el país desde hace varias décadas. Al respecto pensamos, sin embargo, que las asociaciones que generalmente se hacen entre uno y otro, no son del todo claras y que es preciso indagar más y documentar mejor las formas específicas de articulación entre ambos conflictos. Buscando problematizar el tema, intentamos resolver preguntas como las siguientes: ¿Podemos seguir sosteniendo que el conflicto urbano a nivel local es “sólo” la expresión del conflicto político a nivel nacional?, ¿qué le agrega el conflicto urbano, -en su carácter de urbano y de ciudad-, al conflicto político armado o la guerra en el país?, ¿qué le cambia de su carácter el hecho de desarrollarse a nivel urbano en ciudades como Medellín? Al respecto, – y como se verá en el desarrollo respectivo del capítulo –, creemos que es preciso ir más despacio al querer explicar los conflictos barriales en las “lógicas bélicas” del conflicto político “con mayúsculas”. En este caso concreto, buscamos identificar y documentar las maneras como se articulan unos y otros conflictos, es decir, los factores que pueden explicar las dinámicas del conflicto urbano en Medellín y las formas específicas de articulación que se establecen con el conflicto político y que determinan la naturaleza misma de las conflictividades urbanas. La presencia de actores armados de carácter nacional, que ha servido para asociar, fácilmente, el conflicto local al nacional, desvirtúa muchas de las razones de los enfrentamientos, muchos de los motivos que tienen estos jóvenes al vincularse a los grupos armados, sin asomo de ideologías políticas de uno u otro proyecto. La cooptación de jóvenes de las barriadas populares por parte de estos grupos responde, predominantemente, a dinámicas barriales preexistentes tejidas en torno a otros intereses y motivaciones e incluso a la simple sobrevivencia. Ahora bien, estos conflictos asumen, sin duda, un carácter político pero a condición de reconceptualizar esa mirada demasiado institucional- estatal de lo político (Bolívar

De Memorias y De Guerras

.

Y Nieto, 2003) que hemos tenido en el país. En ese terreno las contribuciones

que se vienen haciendo por parte de algunos politólogos fueron no sólo un terreno fecundo de exploración, sino también un camino novedoso para apostarle a

nuevas miradas y otros enfoques sobre la política, una política emparentada con los conflictos concretos de la gente “común y corriente” y menos asumida en su dimensión “instrumenta-racional”. En este capítulo analizamos, pues, el tema del conflicto en Medellín que, por razones analíticas preferimos llamar las

conflictividades urbanas. Quizá valga la pena precisar en esta introducción que el conflicto urbano no es nuestro “sujeto” de investigación, sino más bien el contexto para situar nuestra problemática. La reconstrucción de las memorias es un fenómeno ubicado histórica, temporal y espacialmente, de modo que conocer el contexto era condición sine qua non de la pregunta de la investigación. Esta desarrollado en tres partes. Mientras las dos primeras, y por razones obvias, están construidos con base en la literatura que se ha desarrollado sobre el tema en la ciudad, el último es nuestra propia lectura del asunto. Es, en este punto, donde creemos hacer aportes importantes a la problemática de la “violencia urbana” particularmente al cuestionar muchos de los análisis que sobre el tema se han hecho en Medellín, básicamente, porque se ha dicho con demasiada facilidad que

el conflicto (e incluso “la guerra”) en Medellín es la expresión local del conflicto

político a nivel nacional, desvirtuando muchas de sus causas explicativas y de sus expresiones. En este sentido es una lectura crítica de esa literatura y una propuesta analítica, a juicio nuestro, más consistente con lo que verdaderamente ocurre en estos barrios de Medellín.

Ahora bien, estos dos temas centrales de la reflexión, la memoria y el conflicto, se despliegan también, – ya concretamente en el análisis de nuestro propio “objeto” de investigación –, a través de dos ejes teóricos que apuntaban a instalar la pregunta por las memorias del conflicto, en tanto los juzgábamos constitutivos de

la misma: el espacio y la narración 4 . Ellos se constituían así en un referente

teórico en si mismo y, a la vez, en una perspectiva de aproximación al tema. Ellos nos permitieron desplegar una serie de preguntas y problematizaciones sobre temas que se dan por obvios pero que pensamos ameritan ser pensados de nuevo. El problema del espacio y las espacialidades por ejemplo, ha sido poco estudiado en las ciencias sociales y se asume como un hecho dado que es preciso repensar (Agnew, 2005, Cairo, 2005, Bolívar, 2006). En esta propuesta el es problematizado y se constituyó para nosotros en una primera aproximación al análisis socio-espacial de la guerra desde nuevas perspectivas analíticas, fundamentalmente, la que se viene haciendo desde la geopolítica crítica que intenta, básicamente, romper con una concepción geofísica del espacio pero también trascender la mirada meramente antropológica de la dimensión simbólica del territorio y mostrar la dimensión político-estratégica que ella comporta por las relaciones de poder que atraviesan “la producción del espacio” (Lefebvre, 1974).

4 Es preciso reconocer aquí que el problema del tiempo y/o la temporalidad era inicialmente otro de los ejes a abordar pero pese a los desarrollos que efectivamente hicimos, no logró la madurez suficiente para ser incluido en este informe y sólo queda recuperarlo para nuevas indagaciones. Las reflexiones que logramos hacer sobre él arrojan sin duda pistas muy sugerentes para profundizar en esa reflexión.

INTRODUCCIÓN

Sin duda, ya no es posible seguir considerando el espacio como un componente inerte de la vida social, como “contenedor” de la acción social, como un escenario “yermo” donde se suceden los hechos de la vida social (Bolívar, 2006) Es preciso, más bien, activar las preguntas por el espacio como “sujeto” activo de la vida social, de los seres y las sociedades. Asociado a la problemática de la memoria, la pregunta es ¿cómo la memoria construye referencias espaciales pero, al mismo tiempo o mejor, en un mismo movimiento, cómo esas referencias

espaciales inciden en la reconstrucción misma de las memorias? Intentamos responderla a partir de un análisis de los testimonios que nos dejan ver, en el terreno concreto de la reconstrucción de las memorias, las referencias espaciales que ligadas a los “lugares” incitan la memoria, la convocan, pero también las que se construyen en ese entramado de relaciones que se tejen entre el espacio concebido, el espacio percibido y el espacio vivido (Lefebvre, 1974). En efecto, al respecto fue muy interesante poder pensar estas diversas dimensiones desde los discursos institucionales de la planeación y la política urbana, diseñada para estos barrios, pero también el espacio vivido como referente de la vida misma de los pobladores, atado al proceso de constitución de los barrios y productor de sociabilidades barriales y de sentidos de lugar (Lefebvre, 1974 (2000); Oslender, 2002, 2006) que ellos tejen en la relación que establecen con el territorio al habitarlo. Los procesos de poblamiento, por ejemplo, encuentran en estos dos discursos, la mirada institucional e incluso académica y la palabra de los pobladores, un espacio privilegiado de conjunción de los aspectos constitutivos de la espacialidad: el espacio vivido de los pobladores y el espacio percibido de la institucionalidad que hacen visibles esas diversas maneras de apropiación y uso del espacio y de las relaciones que en ellos se construyen. Sin duda, el espacio fue producido antes de ser leído (Agnew, 2005) Pero al mismo tiempo, el espacio evidencia las relaciones que se expresan a través de la multiplicidad de conflictos

y que también son formas de espacializacion del poder (Agnew, 2005).

El asunto de las narrativas y/o los testimonios o lo que, más concretamente, llamamos el “acto de testimoniar” (desarrollado en el capítulo 3), fue también una apuesta por pensar un tema que la literatura ha indagado mucho como género literario (la “literatura testimonial”), pero que las ciencias sociales han explorado muy marginalmente y sólo de la mano de algunos especialistas. Siguiendo a Ester Cohen y algunos otros autores desarrollamos una reflexión sobre los antecedentes y el contenido político del “acto de testimoniar”. Este acto que, normalmente, se asume como “una estrategia de recolección de información” ha tenido, al menos en el caso de la guerra y la violencia, una reflexión teórica y política importante, en tanto se ha convertido en una de las formas más potentes

de reivindicación política para las víctimas de diferentes violencias. Esto nos llevo

a interrogar asuntos como lo siguientes: ¿Qué es el testimonio?,¿quién escucha y

para qué se testimonia? ¿cuál es su potencial político?. En segundo lugar introducimos una reflexión sobre la narrativa misma intentando responder preguntas como estas: ¿Qué constituye una narrativa?, ¿cuál es su carácter?, ¿cómo puede un testimonio (oral) convertirse en una narrativa?, ¿es el relato la forma por expresión de la memoria, el que le da su dimensión pública? Una vez esclarecidas, teóricamente, teníamos la tarea enorme de explorar el carácter de

De Memorias y De Guerras

.

los testimonios de las víctimas para asumir su análisis en calidad de narrativas. Sin duda, el apoyo en Paul Ricoeur fue fundamental para pensar este problema. De un lado, porque nos permitió esclarecer ese carácter de narrativa del testimonio pero, de otro lado, porque nos permitió hacer una aproximación inicial a sus tres momentos de producción de la narrativa: la prefiguración, la configuración y la refiguración. Así mismo implementamos para el análisis, otras propuestas metodológicas, que no riñen con la perspectiva de Ricoeur pero que nos permitieron una “operacionalización” más directa de las categorías analíticas necesarias al análisis, básicamente, por tratarse de trabajos sobre la memoria en contextos de guerra. Autoras como Elizabeth Jelin, Claudia Feld y Ludmila Da Silva Catela nos permitieron nutrir la reflexión y emprender el análisis a partir de aspectos como los silencios, las “puestas en escena”, la escucha, los lugares y momentos del testimonio, etc. Para concluir exploramos uno de los aspectos centrales del testimonio que tiene que ver con el “carácter veritativo” de la memoria, lo que nos llevo a uno de los aspectos más problemáticos y sin embargo más interesantes de la reflexión: la tensión existente entre la historia y la memoria como dos narrativas del pasado. Esta reflexión, – de orden si se quiere más epistemológico –, ha estado presente desde siempre en la palabra de los historiadores y existen enriquecedores debates al respecto. Sin resolverla por supuesto, – asunto que por lo demás no han resuelto los historiadores mismos –, en este proyecto la problematizamos desde donde nuestro propio “objeto” lo hacia posible. Teniendo en cuenta la subjetividad de la memoria, nos preguntábamos, ¿Qué verdades construir, qué “HISTORIAS”?, para concluir con las posibilidades ofrecidas por la historia oral o incluso por la memoria, pues, como lo señala Walter Benjamín, la memoria, a diferencia de las ciencias históricas, puede abrir expedientes que éstas daban por cerrados, es decir, que la memoria puede mantener vivos derechos o reivindicaciones que para la ciencia han prescritos o están saldados. (Benjamín Cit. en R. Mate, 2003: 81).

Por obvias razones, si se trata de la memoria y el conflicto, actores sociales como las víctimas, merecen una atención particular. En este terreno la discusión, todos lo sabemos, es amplia y compleja. Esta problemática, abordada en el capítulo 5 que, emblemáticamente, cierra el informe es, sin duda, el capitulo central de la reflexión propuesta, es decir, la columna vertebral de la investigación y fue el más difícil de elaborar. En él se hace el análisis propiamente dicho de nuestro “estudio de caso” y se ponen en juego todos los referentes teóricos de la investigación. Las consideraciones éticas de una investigación en este tema, tenía frente a las víctimas uno de los mayores retos; también los mayores desafíos en términos políticos. De la lectura sobre el asunto se desprendían, sin duda, un montón de implicaciones que no siempre se podían sortear con éxito ¿Estábamos, sin quererlo, exponiéndolas aún más al ejercicio de una violencia que no cesaba en los barrios?, ¿arriesgábamos su seguridad en la búsqueda de una información que nos era absolutamente necesaria a nuestros propósitos académicos? ¿lograríamos calibrar, con más o menos acierto, estas situaciones comprometedoras que amenazaban con volverse “potencialmente peligrosas”?, ¿tendríamos la suficiente capacidad, inteligencia y sensibilidad para manejar sus silencios, respetar sus negativas a hablar, sus narraciones mismas?, ¿lograríamos

INTRODUCCIÓN

hacer visible su problemática en el ámbito público? y la pregunta más importante aún ¿Lograríamos con este trabajo, contribuir a potenciar la “enorme fuerza política de la memoria del sufrimiento” ? (Restrepo, 2000). Estas preguntas y otras similares se hicieron, de manera permanente, en el equipo de trabajo, sobretodo, durante la fase de “campo” que nos confrontaba a situaciones inéditas y difíciles de desentrañar. En términos teóricos responder a la pregunta ¿quién y a partir de qué se es una víctima? parece una cuestión sencilla pero no lo es. Como lo dejamos ver en el texto, ella ha estado presente en diferentes procesos históricos de “comisiones de la verdad” y procesos postconflicto en muchas latitudes y, por esa vía, se ha trasladado a muchos de los debates en la literatura sobre el tema. La dicotomía víctima/victimario parece ser el núcleo de todas las discusiones pero en las situaciones concretas, esta claridad teórica no resulta del todo apropiada. Lo más evidente es, sin duda, el componente que ella comporta de exclusión. Por esto, los cuestionamientos en este terreno fueron permanentes una vez abocadas las tareas de “campo”. Suprimirlas no parecía una alternativa viable en tanto ellas contienen un componente político altamente fecundo que no podíamos despreciar; lo que podíamos hacer para resolver la insatisfacción que nos generaba el carácter excluyente de la dicotomía, fue optar por dos alternativas que fueron ganando fuerza y fundamentan todo el análisis. La primera, fue la de cambiar la mirada que sostiene la mayoría de los trabajos sobre el tema, sobre el SER una víctima, que remitía a una cierta “condición ontológica”, altamente esencialista, a ESTAR en SITUACIÓN de víctima. Esto no es para nada un mero “juego de palabras” y tiene, por el contrario, serias implicaciones en términos teóricos y políticos. La segunda, fruto también de la reflexión y de lo encontrado en “campo”, es que si bien la categoría esta asociada a situaciones de violencia y se dirige, prioritariamente, a las “pérdidas” sufridas frente a la muerte y/o desaparición (mutilación, enfermedad, y otras formas de la violencia) de un ser querido, familiar y cercano, creemos, que ese nivel de “pérdida” que, efectivamente, marca la situación de víctimas, es bastante más amplio de lo que normalmente se ha designado con él. Así antes que clasificarlas, las caracterizamos. La definición más importante que encontramos y que, adicionalmente, nos sirvió para construir su caracterización, fue la de Michel Wieviorka cuando dice que La víctima es definida por eso de lo cual ella ha sido privada, por eso que en ella ha sido destruido, por la pérdida (Wieviorka, 2004:

104, subrayados agregados). Y es este componente de la pérdida, –como lo veremos más adelante en el análisis–, la que permite, de manera más precisa, caracterizar a las víctimas, pero no solamente, como suele pensarse, en términos de la pérdida de vidas humanas sacrificadas en la guerra. Los efectos de la guerra no se agotan en las pérdidas de vidas humanas, esto es, ligadas a la “muerte” de un próximo o de los eventos ligados a ella. Por el contrario, ellos se extienden a otras pérdidas presentes en diferentes esferas de la vida de las poblaciones que cubren un espectro más amplio y cuyos efectos son de otro orden y hacen de la situación de la víctima una problemática mucho más exigente. Esta caracterización de las víctimas da cuenta, de una manera que juzgamos más comprensiva, de las pérdidas asociadas a sus problemáticas. Si, efectivamente, estas poblaciones están en situación de víctimas por la pérdida, es ésta característica la que los define (M. Wieviorka, 2004), pero ellas no se restringen a

De Memorias y De Guerras

.

las pérdidas de vidas humanas. Así, definimos 3 escenarios de producción de estas pérdidas: El primero asociado a las pérdidas que delinean su situación “pre- conflicto” en los barrios y que están caracterizadas por carencias de todo tipo asociadas a su situación de marginalidad, de barrios periféricos, de exclusión de los espacios públicos y políticos que han vivido históricamente estas poblaciones, esto es, una cierta “disposición de las cosas” que las sitúa en un lugar mucho más vulnerable. El segundo escenario es el que se construye a partir de “la guerra” misma, esto es, de sus efectos directos sobre las poblaciones que es, de alguna manera, el que ha servido para definir o construir esa categoría de las víctimas y que, efectivamente, esta asociada a las pérdidas, esas sí de vidas humanas, de proyectos de vida, de lazos sociales, de sociabilidades, etc. El tercer escenario donde es posible caracterizarlas a partir de las pérdidas es el de las “emociones negativas” que le están asociadas a su situación. La definición que retomamos de Wieviorka es muy fecunda porque muestra que los efectos más importantes que se producen para generar “la situación de víctimas” están justamente situados en las subjetividades de las propias víctimas. De ahí la dimensión moral que esta problemática comporta. En efecto, la construcción de un sujeto, -el “sentido de su identidad”-, sólo es posible en términos de una experiencia en “positivo”. Ser sujeto [y retomamos de nuevo a Wieviorka aquí] no es, solamente, salvar su piel, su cuerpo, su vida, personal o colectiva, su ser psíquico y moral. Es también construir su experiencia personal, controlar sus elecciones, hacer valer su capacidad a innovar y a inventar formas de expresión cultural. [Por eso] La identidad de la víctima, es de alguna manera negativa; ella no corresponde más que a la mitad del sujeto, ella no nos dice nada de su identidad positiva (Wieviorka, 2004: 104, subrayados agregados). Todas las emociones “negativas” vividas en estos contextos parecen corresponder no sólo a “la mitad” del sujeto, sino a la parte de “sombra” de su identidad: el dolor, el sufrimiento, la vergüenza, la culpa, etc. Y como tales son sobre todo pérdidas de la parte “positiva” de su identidad. Ahora bien es, en esta situación de pérdidas ampliadas que caracterizan su situación de víctimas, desde donde las poblaciones deben velar por continuar su existencia y efectivamente lo hacen. Las estrategias de sobrevivencia con las cuales intentan aminorar las pérdidas y, en el mejor de los casos, resarcirlas, son múltiples y diversas. A ellas dedicamos un apartado especial. Finalmente, y para concluir el capítulo, desarrollamos una reflexión sobre el derecho de las víctimas a la verdad, la justicia y la reparación. Que sin duda es uno de los temas ampliamente desarrollados en el debate sobre la memoria.

Finalmente para cerrar pero como corpus de la investigación, – y aunque esto no es muy usual en un informe final –, hacemos un Apéndice donde están contenidas las reflexiones metodológicas sobre “el campo”, que tiene mucho valor para nosotros, titulado: “Puesta en escena”, verdad, silencios y “momentos” del testimonio: El “campo” en contextos de violencia. En este terreno los retos y desafíos fueron muchos y nos permitieron hacer una lectura reflexiva de esa experiencia. Sin duda, la problemática de las memoria(s) de las víctimas de la violencia esta ganando mucha fuerza y creemos que la experiencia vivida en esta investigación, puede ser un aporte importante a nuevas experiencias frente al

INTRODUCCIÓN

tema. Ella permite poner en evidencia muchos de los desafíos del trabajo sobre la(s) memoria(s) en contextos de guerra y podría ser susceptible de “replicar” en otros contextos. En el aspecto académico él tiene incluso la pretensión de hacerle nuevas preguntas a la etnografía en contextos de guerra.

Terminamos el informe con una serie de CONCLUSIONES que recogen los aspectos centrales de la investigación y que, a su vez, se constituyeron en el mejor “insumo” para la elaboración de un documento (Anexo) de RECOMENDACIONES dirigido a la administración local (uno de los productos comprometidos con la Secretaria de Gobierno), como un aporte, desde la academia, a lo que creemos debe ser el tratamiento de esta problemática en la ciudad. El pretende mostrar a la administración local que la “mirada” o el concepto a partir del cual se conciban o se definan las víctimas determina, en buena medida, el tratamiento que debe hacerse de esta problemática desde “lo político- público” y que sin el diagnóstico, como fundamento teórico de las recomendaciones, éstas últimas no tienen ningún sentido.

Los alcances de un trabajo de esta naturaleza, deberán medirse en función de lo que la academia es capaz de aportar, desde la reflexión y el conocimiento, a problemáticas sociales propias de nuestras disciplinas y que, en el mejor de casos, pueden contribuir al diseño de políticas públicas; pero esto, por supuesto, depende no sólo de la calidad del trabajo sino también, y fundamentalmente, de la “voluntad política” y de las acciones que, en correspondencia con lo que el “conocimiento” puede aportar al tratamiento de la problemática, emprendan en esa dirección los “gestores” de la política.

Las limitaciones, como en todo proceso de investigación, no están ausentes del texto. Como casi siempre las investigaciones en los marcos “institucionales”, son una carrera contra el tiempo que no siempre se logra ganar. El conocimiento, todos los sabemos, tiene otros tiempos. Aspectos como haber “sacrificado” la reflexión sobre las temporalidades o la “pluralidad de tiempos sociales”, o esa “sucesión de ahoras” que parece marcar las dinámicas de la memoria, fue muy frustrante para nosotras como investigadoras. Dejar iniciada una reflexión que habíamos llamado Nada como la memoria para desordenar el tiempo, por falta literalmente de tiempo para lograr la suficiente maduración y rigor para presentarla, no puede ser más que una sensible limitación. Así mismo, cierto desequilibrio entre unos y otros capítulos que hubiéramos podido, sin duda, remediar con un trabajo adicional de lectura juiciosa y revisión de textos que

tampoco logramos terminar. En fin…

duda habrá otras. De todas formas,

confiamos en que estas limitaciones sean menores que sus alcances. Creemos, y esperamos haber logrado un trabajo de calidad que reivindique la problemática de las víctimas, contribuya a situarla en la “Agenda Política” de la ciudad y sirva como un aporte al debate sobre el tema, incluso si obliga, a quienes se dejen tentar por esta invitación a seguirnos, a una lectura de grandes dimensiones.

sin

Medellín, Febrero del 2008

LA(S) MEMORIA(S) EN CONTEXTOS DE GUERRA

LA(S) MEMORIA(S) EN CONTEXTOS DE GUERRA

La(s) memoria(s) en contextos de guerra

Introducción

“Sin la memoria del sufrimiento, el futuro deviene cada ve más frágil” Johann Baptiste Mecz

Con el establecimiento de la Ley 975 de julio de 2005, conocida popularmente como la Ley de Justicia y Paz, hace un par de años, el debate sobre la memoria ha inundado la reflexión política y académica en el país. Si bien el proceso de negociación y de reinserción de los paramilitares se inicio unos años antes, la ley contribuyo a situar la problemática como uno de los puntos en la agenda política del país. Fue ella la que desató el escándalo de la llamada “parapolitica” que compromete de manera directa a la clase política del país con las acciones de los grupos paramilitares. En efecto, el proceso de reinserción de los paramilitares y las negociaciones que se desarrollan actualmente entre el gobierno y estos grupos armados, ha generado un enorme debate sobre las posibilidades de la paz, asociada al establecimiento de la “verdad” sobre los hechos ocurridos en este largo conflicto político armado en el país 1 .

Con su preocupación en la agenda política, las reflexiones académicas también se han venido desarrollado. Si bien en términos políticos las situaciones no terminan de esclarecerse para las víctimas, en términos académicos ya hay cierto consenso sobre las condiciones imprescindibles a un proceso de paz y de reconciliación en el país: el esclarecimiento de los crímenes cometidos por los actores armados, esto es, la verdad sobre los hechos (fundamentalmente de los crímenes atroces); la justicia que permita el castigo a los responsables de los daños causados y una explicación ampliamente aceptada de las razones del conflicto y la reparación (simbólica y/o material) a las víctimas de esas acciones atroces (Vélez, 2002; Uribe, 2002, Blair, 2002).

El país no puede, en las actuales condiciones de globalización, sustraerse a la condena pública a nivel internacional. La presión sobre los gobiernos y los grupos armados por el respeto al Derecho Internacional Humanitario – DIH y a los Derechos Humanos – DDHH, ha tomado tintes planetarios. Sin duda, la creciente

1 Como todos los acontecimientos políticos en este país tienen un ritmo vertiginoso, que sorprende a más de un extranjero, la coyuntura en la que se escribió este informe ha cambiado. Si bien las victimas y la ley de justicia y paz, siguen siendo parte de la “agenda política”, el problema de los secuestrados por las guerrillas de las FARC y toda la problemática que se teje alrededor de este asunto, ha hecho que éste sea el tema central de la coyuntura. Con todo, el tema de las víctimas (no solo de los secuestrados por las guerrillas) amerita ser puesto de nuevo en la discusión.

De Memorias y De Guerras

.

internacionalización de la guerra en Colombia 2 , es un punto nodal de la diplomacia continental: la guerra se ha exteriorizado abriendo paso a la intervención en los asuntos internos, fracturando la soberanía y haciendo de esta dimensión una de las variables de definición de la guerra en Colombia. Internacionalización negativa de un lado pero también, límites éticos y políticos a las atrocidades, del otro (Sánchez, 2006).

Uno de los aspectos más visibles de los procesos de desmovilización y de reinserción de los grupos paramilitares, han sido las audiencias públicas. En efecto, desde diciembre del 2006 y tal como lo establece la ley, los comandantes de las AUC han asistido a dichas “audiencias” con el propósito expreso de “confesar” los crímenes y hacer un reconocimiento público de las atrocidades cometidas. Este proceso es lo que en la literatura especializada sobre el tema se conoce como “la verdad judicial”, hecha frente a un juez; si bien, – como vamos a verlo más adelante –, este componente de la verdad es importante, él poco o nada tiene que ver con la verdad histórica de los hechos, construida por los historiadores (Ricoeur, 2003:418 y sgts.) en el marco de la historia y de verdades más sociales.

Con todo, las voces críticas frente al proceso no se han hecho esperar, toda vez que hay enorme insatisfacción por la manera como dichas audiencias se vienen desarrollando. Las “confesiones” han dejado mucho que desear y la mayoría de ellas se limitan a una justificación de dichas acciones y a un recuento insustancial de la actividad desarrollada durante su pertenencia al grupo en cuestión, dejando al margen, muchos (o casi todos) de los crímenes atroces cometidos y, sobre todo, su enorme responsabilidad. Cuando se asume la autoría de algún hecho, el recurso más extendido ha sido atribuirla a personas muertas sobre las que ya no puede recaer ninguna acción judicial. Más allá del contenido mismo de lo que “confiesan” los paramilitares, el desarrollo de las audiencias se ha convertido en una “burla”. Sin duda, en este marco cobra sentido aquí el hecho de que la verdad misma haya desaparecido hasta del titulo de la ley (Uribe, 2006:328). Si bien, como la mostrado muy bien Paul Ricoeur, todo proceso judicial o criminal tiene un componente de escenificación y de teatralización, es decir, solemniza un rito social, para dar a la decisión judicial una estructura y un valor públicos (Ricoeur, 2003: 424), las audiencias adelantas por los paramilitares durante todo el año 2007 han sido teatralizadas hasta el exceso y cubiertas de una “parafernalia” típica de una especie de “carnaval” festivo como si lo que se juzgara en el proceso fuera de celebrar y no el horror de los crímenes cometidos por estos grupos. Algunos de los criminales juzgados se han hecho acompañar por los miembros “desmovilizados” de las AUC e incluso, como ha sido denunciado por algunos

2 La marcha contra las FARC que se desarrollara justo hoy, 4 de febrero, mientras escribimos estas páginas, es un buen ejemplo de dicha internacionalización.

La(s) memoria(s) en contextos de guerra

medios, han ejercido presión sobre diferentes sectores para que acudan a las mismas, apoyando a los comandantes que dan su versión (C.14-07-2007: 10a) 3 .

El espacio que debían ocupar las víctimas en lo público, como primeras afectadas de su acción, ha sido, pues, “copado” por estos sectores, en un acto indignante y carente de todo sentido de reparación. En estas condiciones es dudoso el resultado final de las mismas audiencias que se iniciaron el 15 de diciembre de 2006 con la versión del Pecoso (C. 16-12-2006: 18a). El proceso, pues, sugiere que no hay ninguna convicción por parte de estos grupos desmovilizados de las AUC para un proceso que conduzca, efectivamente, a la reparación a que tienen derecho las víctimas y que necesita el país en un horizonte de salida negociada y política al largo conflicto que lo desangra. Por otro lado, y mostrando también las debilidades del proceso un buen número de paramilitares desmovilizados están a punto de quedar enteramente libres ante la imposibilidad de judicializar sus acciones. La insuficiencia del aparato judicial para responder a los desafíos que la ley exige restringe aún más sus alcances. Adicionalmente, el gobierno no ha dejado de someter a consideración en el congreso diferentes proyectos que pueden hacer aún más dudosas las posibilidades de reparación. Uno de ellos la propuesta de considerarlos “sediciosos” que en su momento fue impugnada por la corte suprema. Con todo, y pese a la magnitud de sus crímenes más tarde se trato de juzgarlos por “concierto para delinquir” simple. Y el pasado 3 de febrero de 2008 el ministro de Gobierno proponía los “juicios colectivos” (T. 3-02-2008), según él para alcanzar a Juzgar a todos los miembros y que como es apenas obvio, amenaza con convertirse en otro espacio para la impunidad. Así las cosas, ¿qué verdades construir?, ¿cuál reparación es posible?

1.1. La memoria en Colombia hoy: ¿Si es “la hora de las víctimas”?

Si situamos la pregunta por la memoria en Colombia en términos del conflicto armado y más específicamente de la memoria de sus víctimas, nos encontramos con que varias situaciones ocurridas en los últimos años, especialmente las que tienen que ver con la formulación y puesta en marcha de la ley 975 de 2005, de “Justicia y Paz” y el proceso de desmovilización, individual y colectivo, de algunos bloques paramilitares y de miembros de grupos guerrilleros del país, han propiciado un renovado ambiente de discusión alrededor de la guerra y la reconciliación.

Este escenario ha provocado que desde distintos espacios de discusión políticos y sociales, – y con una indudable presencia de la academia –, se haya comenzando

3 Las convenciones utilizadas, para citar artículos de prensa, dentro del texto son las siguientes: C:

el colombiano. M: el Mundo. T: el Tiempo. E: el Espectador. S: Semana. V: la voz. L: Vanguardia liberal. Ej: (C. 11-07-2007: p 7c)

De Memorias y De Guerras

.

a complejizar el uso y sentido de conceptos como víctima y memoria. Así, desde lo

político, a través de la formulación de un marco legislativo para procesos de paz y los debates alrededor de éste, junto con la emergencia y fortalecimiento de las organizaciones de víctimas en el país. Y en lo social con la figuración de víctimas organizadas y no organizadas en la vida pública, como las Madres de las Candelaria en Medellín, la Comunidad de Paz en San José de Apartadó, los indígenas Nasa en el Cauca, o los familiares de secuestrados en todo el país quienes, acompañando y proponiendo discusiones públicas, páginas Web, eventos y movilizaciones, han hecho un llamado a la sociedad y al Estado frente al tema de las víctimas y la importancia política de la memoria y la verdad en torno al conflicto y la reconciliación.

En estas nuevas esferas de discusión cabe incluir la mediática, la cual, además de ser pensada como fuente de información, debe analizarse como espacio político de figuración pública, que incide en la representación de los grupos a nivel

nacional, ya que participa en la construcción de discursos explicativos del conflicto

y sus víctimas, a partir de las diferentes ideologías de quienes la producen y que

termina influyendo no sólo en la opinión pública, sino también en la forma como el Estado ha ido asumiendo el tema de las víctimas. Como una manera de evidenciar el lugar que la problemática ha ganado en la “esfera pública” y como un caso ilustrativo de lo que ha sido el proceso y su expresión mediática, vamos a desarrollar el siguiente apartado a través de las informaciones de prensa, básicamente, que recogen los pormenores del proceso.

1.1.1. Omisiones, Miedo y Confusión: las víctimas ante las versiones libres de los jefes paramilitares

Como fuente y como lugar para el análisis, la prensa ha recogido diferentes aspectos de la problemática entorno a este nuevo o re-novado sujeto, las víctimas; buena parte de ellas relacionadas con la aplicación de la ley de justicia y paz, y otras relacionadas con las problemáticas que, frente al mismo hecho, viven las víctimas. Ellas recogen testimonios o hechos donde estas son sus protagonistas, bien sea por su incidencia en la vida pública o por hechos violentos registrados contra ellas, sus organizaciones o simpatizantes.

Las versiones libres, o llamadas “audiencias” 4 , son iniciadas en diciembre de

2006,

incluyendo tan solo un 8% (2.700) de un total de 30.000 paramilitares

4 Las diferencias entre ambas son fundamentales. Sin embargo, esta forma de nombrarlas más que un simple error semántico es una forma de nombrar que desconoce las diferencias entre una y otra. A grandes rasgos en la versión libre es el mismo acusado quien escoge los delitos que confesara y de los cuales se dispondrá a hablar durante su versión, es decir, que no parte de acusaciones hechas por las víctimas sino de las que él mismo este dispuesto a hablar. De otro lado, las versiones libres se dan entre el Fiscal y el acusado, sin incluir las partes acusatorias o

La(s) memoria(s) en contextos de guerra

desmovilizados, confiando en que a partir de este porcentaje, – conformado principalmente por los máximos comandantes de bloque y sus más cercanos acompañantes –, se esclarezca la verdad de a alrededor de 60.000 crímenes 5 cometidos por este grupo armado en todo el país.

Desde el inicio de sus versiones, los desmovilizados han acudido a diferentes formas de evadir la verdad de los hechos, aduciendo razones como: la falta de memoria y problemas de salud. Un caso muy expresivo fue el de Ramón Isaza recogido así por Semana: “Ramón Isaza olvido relatar sus crímenes porque dice que le dio ‘Alzheimer’ (…) no pudo revelar ante un juez de Justicia y Paz su historial porque, dijo, ahora sufre de pérdida de memoria’” (S. 04-30-2007) 6 . O han evadido su responsabilidad a través de la atribución de los hechos a otros bloques de las AUC, diciendo por ejemplo, “Muchos de los actos que se plantean en áreas de influencia de nuestros bloques se ejecutaron por otros bloques” (C. 16-07-2007:10A), o con la atribución a personas ya fallecidas, de manera muy importante a Castaño: “Quien conoció a Castaño sabe que tomaba decisiones inconsultas y sin darle explicaciones a nadie” (C. 16-07-2007:10A). O, como lo deja ver esta noticia, “En dos días ante fiscales de justicia y paz no confesó ningún delito en concreto y en cambio responsabilizó a personas muertas” (T. 21-12- 2006:1-6). O argumentan su ausencia en las escenas del crimen, aun cuando estos hayan sido cometidos por sus bloques “mi responsabilidad es política (…) hubo cosas en este conflicto que desconozco, porque nunca me metí al fragor de la confrontación” (T. 21-12-2006:1-6).

A pesar de la falsedad y cinismo que se puede leer entre líneas y a pesar de que

la Fiscalía este obligada a establecer la verdad de los hechos, incluso más allá de

los confesados, se ha permitido que las excusas sirvan para evadir las indagaciones y las preguntas formuladas por las víctimas, específicamente, aquellas sobre delitos que no están registrados en condenas previas 7 . Otros incluso, han llegado al límite de presentar sus declaraciones como gestos humanitarios. Es el caso de Diego Murillo de quien se dice que afirmó: “con el animo de que el gesto de hoy pueda motivar a las FARC para entregar los cuerpos de los 11 diputados del Valle (…) Diego Murillo anunció la ubicación de las fosas donde están enterrados unos familiares” (C. 16-07-2007:10A). La argumentación

demandantes, en este caso representadas por las víctimas o por sus abogados, por lo cual, en este contexto, estas permaneces en salas alternas sin interactuar con el proceso.

5 Ver: Fédération Internationale des Droits de l'Homme, FIDH. La desmovilización paramilitar: en los caminos de la Corte Penal Internacional. 2-10-2007. http://www.fidh.org/spip.php?article4751 . Visita 13 de noviembre de 2007

6 Todas las referencias a prensa que no registran pagina en el presente documento, pertenecen a las paginas Web de la revista Semana y del diario El Tiempo. Las visitas a estas fueron realizadas entre noviembre 6 de 2007 y noviembre 13 de 2007.

El hecho de existir condenas previas sobre los desmovilizados fue lo que dicto quienes serían parte de la ley de Justicia y Paz, específicamente de la rebaja de condenas. El 92% restante se acogió al Decreto 128, el cual no les obliga a confesar.

7

De Memorias y De Guerras

.

mas extendida es que en las audiencias ellos se presentan ante el país como los “liberadores del pueblo” ante la amenaza guerrillera y logran ocultar sus crímenes desviando la atención hacia el delito del otro.

Las “versiones libres” en tanto mecanismo de confesión, deberían ser el eslabón entre la desmovilización y las víctimas, pues, ellas están destinadas a establecer la verdad sobre los hechos y dirigir las investigaciones que conduzcan a reparaciones concretas por parte de la Fiscalía y la CNRR. Sin embargo, la participación de las víctimas en el proceso ha estado llena de inconvenientes. Muchas de las víctimas deben desplazarse desde lugares lejanos y no tienen dinero para trasportarse hasta el sitio donde se llevan a cabo las versiones; adicionalmente, y de acuerdo con el Decreto 315 de enero de 2007, para certificar su calidad de víctimas, deben demostrar el daño directo, presentar los documentos de la denuncia y las actas de apertura de investigación, entre otros documentos que desconocen la realidad misma del conflicto armado y la dificultad de llenar este requisito por parte de las víctimas, pues, según datos de la Fiscalía, un 99% de las víctimas que han llegado a estas versiones, desconoce el sujeto que perpetró el crimen y como bien lo expresa este testimonio, “No sabemos si algunos de nuestros desaparecidos lo fueron por Salvatore Mancuso, pero estamos acá para ver si dice algo que nos ayude a encontrarlos” (T. 20-12-2006:1-

4).

Como lo señala el informe del PNUD, “Es elemental exigir documentos que acrediten la relación de parentesco con la persona que falleció. Pero decir que la víctima tiene que probar sumariamente el daño causado y la calidad de víctima son restricciones que impiden una amplia participación del afectado. La carga de la prueba le compete a la Fiscalía” (PNUD, 2007, No. 25:8). Así “Aunque en la Fiscalía General hay más de 48 mil personas registradas como víctimas, sólo alrededor del 5% ha logrado presentar todos los documentos exigidos por el Gobierno para asistir a la sala alterna acondicionada en las audiencias de los procesos judiciales a los desmovilizados” (PNUD, 2007, No. 25:7)

El problema de su participación no se limita a las restricciones de acceso, “Nos dijeron que para oír a Mancuso podía entrar sólo una victima por familia y nosotros viajamos varios desde Córdoba y perdimos la plata del pasaje” (T. 20-12-2006:1- 4), sino también de las posibilidades de interlocución con el protagonista de la versión, pues, el ya citado decreto 315, expresa que la intervención de las víctimas se hará en salas separadas, participando únicamente la víctima o su representante y planteando preguntas sólo al fiscal, más no al acusado “La ausencia de debate le quita a una audiencia todo el carácter de pública. El debate es la esencia misma de la etapa del juicio previa a la sentencia” (T. 20-12-2006:1- 4). Esto ha propiciado no sólo impunidad sino también más soledad y desconcierto en un proceso en el que disminuyen las penas y compromisos del desmovilizado, mientras aumentan las exigencias y la presión hacía las víctimas. Las versiones libres se han caracterizado, pues, por la ausencia del

La(s) memoria(s) en contextos de guerra

reconocimiento de los hechos. Como lo ilustran estos titulares, las víctimas no han obtenido en ellas la información sobre sus familiares muertos o desparecidos. Como lo planteaba directamente una de las víctimas: “De nosotros ese señor no ha confesado nada” (S. 05-18-2007).

Diferentes medios de comunicación, que han seguido el proceso, coinciden en afirmar que “El reconocimiento público de haber causado daño a las víctimas, la declaración de arrepentimiento, solicitud de perdón dirigido a las víctimas y la promesa de no repetición de actos que consagra la ley 975 de 2005 aún no aparecen en las diligencias de versión libre a las que han acudido los ex jefes” (M. 14-06-2007:9B). Señalan claramente que los crímenes de guerra no han tenido lugar en el estado inicial del proceso, aún cuando la ley estipula, mediante la resolución 3998 de 2006, que tras la primera audiencia, donde los desmovilizados versan sobre “los aspectos generales relacionados con las actividades de esa organización ilegal” y relacionar cada uno de los hechos que pretenden confesar 8 .

Así, a pesar de haber iniciado ya con las segundas sesiones, los desmovilizados han continuado con referencias a la génesis, la estructura del proyecto paramilitar y sus motivos para vincularse a ella. Recurrencia que provoca la intensificación de la incertidumbre y el enojo en las víctimas al hacerse evidente la distancia entre sus posibilidades de verdad y el poder de los victimarios para evadir la ley y aún así beneficiarse de ella. “No oí lo más importante para mí, porque él se dedicó a contar cómo había llegado la guerrilla a Córdoba” (T. 20-12-2006:1-4), “no nos interesa saber cuanto dinero o propiedades tienen los paramilitares. Queremos que nos diga dónde están” (L. 11-07-2007:7c) “La metodología no ha conservado una secuencia y eso hace que la audiencia se dilate (…) la mañana trascurrió con la lectura de nombres de personas asesinas (…) “40” apenas toma nota y no define nada” (T. 10-07-2007:1-4)

Al respecto, es claro que el sentido de estas recurrentes alusiones no sólo busca explicar el origen y el modo de operación de esta organización armada, sino desviar la atención, dilatar el proceso y generar un marco de acción en el cuál sus crímenes parecieran justificables, autorepresentándose como víctimas de las guerrillas y del descuido estatal. “El ex jefe paramilitar se escudó en la apatía estatal para justificar los crímenes cometidos durante su permanencia en la organización armada, mientras que las víctimas se quedaron esperando una explicación sobre las muertes que ordenó y las tierras que les quitó” (S. 05-18- 2007). “Se marcharon con la esperanza de que recupere totalmente la memoria para que el país pueda reconstruir esos años de horror” (S. 04-30-2007) y con la

8 El contenido de las confesiones deberá contener “todos los hechos delictivos cometidos con ocasión a su pertenencia al grupo armado al margen de la ley, las circunstancias de tiempo, modo y lugar en que estos se realizaron, su fecha de ingreso al grupo y todo otra circunstancia que contribuya a obtener la verdad, e igualmente indicara los bienes producto de la actividad ilegal” Ver: Decreto reglamentario 4760 del 30 de diciembre de 2005.

De Memorias y De Guerras

.

esperanza de que “el ex jefe de las autodefensas deje de lado los discursos sobre las motivaciones que tuvo para llegar a las AUC y se concentre en responder a los cargos que se imputan” (C. 15-01-2007:10A).

En las víctimas, la búsqueda de verdad es una necesidad imperante para permitirse descansar de búsquedas e inquietudes después de los años de dolor. Una de ellas dice: “Ya no hay nada que nos devuelva a nuestro hijo pero estos señores al menos deben decirnos donde quedaron sus restos o qué paso con ellos” (L. 12-07-2005:2E). El miedo es otra limitación para el proceso. Enfrentarse directamente a los victimarios siempre será motivo para el “horror”. Como lo deja ver este reportaje: “A punto de cumplir doce años de haber enterrado a sus hermanos, los hijos de Gertrudis y el viejo Hoyos sintieron que un frío les recorría el cuerpo cuando vieron frente a sus ojos la figura del ex jefe paramilitar” (S. 05-

18-2007).

Otro hecho coyuntural que evidencia la difícil “hora de las víctimas”, es el referente a las manifestaciones que comenzaron como muestra de “solidaridad con las víctimas que no pueden estar presentes” (C. 19-12-2006:9 A). El espacio donde se rememoraba a desaparecidos y muertos en dignidad y en supuesta igualdad de condiciones y donde las consignas de “¡Verdad, Justicia y Reparación para todas las víctimas!” y el “¡NUNCA MAS!” cobraban otro sentido, gracias a la aparente cercanía a la verdad, los victimarios irrumpieron de nuevo irrespetando el dolor de las víctimas y produciendo miedos e intimidación en un espacio, que como monumento a su dolor y sufrimiento debía ser “sagrado” para la memoria y servir para exaltar la dimensión política de las voces de los silenciados por el conflicto. Sin embargo, la parranda vallenata, la papayera y la lluvia de confites, llegaron junto con 300 personas que con pancartas apoyaban el proyecto paramilitar en sus regiones, generando tal discordia y dolor que muchos de los allí presentes se preguntaron por el ¿cómo es posible la verdad en este escenario? Sus expresiones mostraron el escepticismo en la búsqueda de la verdad y del “momento” para su reconocimiento y la reconciliación: “Primero nos reciben con un festejo como si no nos doliera. Y luego nos trata sin respeto en su versión” (…) “mientras nosotros traemos dolor él ésta festejando, en esas condiciones ¿Qué verdad puede darse?” (C. 07-06-2007:10A). A demás del “respaldo político” de sus seguidores y acompañantes en las audiencias, se conocieron también las amenazas hechas por un grupo de desmovilizados en un centro educativo de la comuna noroccidental para que sus jóvenes estudiantes acompañaran al paramilitar en su audiencia. “Desmovilizados de las AUC han presionado a personas de la comunidad para que asistan este lunes a la manifestación de apoyo a Diego Fernando Murillo” (C. 14-07-2007:10A).

Con base en este suceso, la audiencia de Diego Fernando Murillo, alias “Don Berna”, generó gran controversia. Sin embargo, a pesar de la controversia y la denuncia de estas intimidaciones, los días de su audiencia, registraron el mayor número de víctimas presentes en las salas alternas, (alrededor de 13 mil personas

La(s) memoria(s) en contextos de guerra

se declararon como sus víctimas), lo cual podía explicarse dada la cantidad de víctimas registradas y debido a que buena parte de los delitos por los cuales se le acusa sucedieron en la ciudad de Medellín. Hecho que sin embargo fue respondido por el paramilitar como consecuencia de la falta de claridad sobre las victimas. Dijo: “no hay una caracterización clara de las víctimas, por eso una cifra tan escandalosa” (C. 16-07-2007:10 A).

Las audiencias se han convertido, pues, en una nueva forma de violencia. Buscando responder a ella, las víctimas han buscado otras alternativas como movilizarse, intentando exaltar lo solemne de sus pronunciamientos. “Para que esta vez lo visible sea el dolor y el reclamo de la verdad de las víctimas y no el conjunto vallenato o la papayera (…) una delegación del Choco participara hoy en una misa en la iglesia de la Candelaria” (C. 10-07-2007:9A), o, pronunciándose públicamente ante los medios, la sociedad civil y el Estado, exigiendo “que haga respetar el dolor de las víctimas, que la memoria de los mismos muertos no sea profanada con las estigmatizaciones que hacen de nosotros los víctimarios para justificar su barbarie y aparecer ahora como héroes de guerra” (M. 10-07-

2007:5B).

A

pesar de estos fuertes pronunciamientos, del impacto que ellos han generado en

el

transcurso de las mismas versiones, y de las impresiones de la sociedad civil al

respecto, las medidas tomadas por la Fiscalía y la CNRR no han sido claras, pese

a que el propio Fiscal General de la Nación “señala que tales manifestaciones de

apoyo se constituyen en la promoción del resurgir de los grupos de Autodefensas

y pueden ser procesadas como “apología al delito y al genocidio” (M. 12-07-

2007:12A).

Este ambiente, que por sí mismo se hacia pesado para las víctimas, se profundizó ante las medidas tomadas por lo entes reguladores, pues, como lo expresó una de las víctimas, “pretenden igualar los festejos por los crímenes cometidos a las manifestaciones de dolor e indignación de las víctimas” (C. 14-06-2007:10A), ya que “mientras las víctimas están confinadas en un pabellón al frente de la Alpujarra, hay todo un jolgorio instado por los víctimarios, una fiesta que nadie se explica” (M. 14-06-2007:9B). Este hecho, como lo expresa la prensa, “provoco que las victimas fueran arrinconadas mientras seguidores de las AUC llevan a cabo manifestaciones multitudinarias en las afueras del palacio de justicia” (M. 14- 06-2007:10A). A propósito de la situación y sorprendentemente, el encargado del plan de Reinserción de la oficina de Paz y Reconciliación comentó “esta es una concentración por la paz y la reconciliación, no hay comunidad invitada, no hay presión (…) esperamos que eso se aclare pronto” (C. 17-07-2007:3B).

Los hechos son aún más graves, en tanto en el mismo período de las audiencias, algunas de las víctimas, han sido asesinadas. El asesinato de 16 víctimas que habían asistido a las audiencias de versión libre, que aún permanecen en impunidad, han terminado por destruir cualquier rastro de confianza en algunos

De Memorias y De Guerras

.

sectores y víctimas frente a este proceso. Igualmente, los asesinatos de Judith Vergara, líder comunitaria de la comuna 13, en Medellín y miembro de la organización de víctimas Madres de la Candelaria, registrado como el cuarto asesinato de lideres reconocidos en esta comuna desde la desmovilización (C. 25- 04-2007), y el de Yolanda Izquierdo, líder de Desplazados en Córdoba, fueron registrados como las acciones “más visible de los episodios de una persecución que se da en nueve regiones del país” (T. 16-06-2007). Marco Romero, presidente de la Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento (Codhes), comenta que en el actual estado del proceso "quienes participen en los procesos de Justicia y Paz tendrán esas consecuencias (…) los 'paras' quieren silenciar la verdad y asegurar el despojo de las tierras” (T. 16-06-2007). A su vez la Fiscalía otorga la cifra de “47 representantes de víctimas que han reportado intimidaciones. Muchas, tras iniciar recuperación de tierras o participar en versiones libres de los ex 'paras' ” y admite que “que hay subregistro de amenazas” (T. 16-06-2007). Todo esto ha ocurrido a pesar de que desde marzo de 2007 fue exigido, por parte de organizaciones de Víctimas, en cabeza de la Alianza Iniciativa de Mujeres Colombianas por la Paz, IMP, un Plan de Protección y Seguridad a Victimas 9 .

El siguiente testimonio, recogido por el periódico el Tiempo a una de las víctimas sobrevivientes de la masacre del Aro en Antioquia, relata “‘No se compliquen la vida ni se la compliquen a los suyos, ya les pagaron a su papá, quédense tranquilos. El mensaje llegó primero al celular mío y luego a las casas de mi hermana y de mi mamá. Las amenazas nos habían obligado a salir de Yarumal y recorrimos varias ciudades del país. Luego tuvimos un periodo de calma, pero desde que empezó la versión libre de Salvatore Mancuso y decidimos asistir, comenzaron esas llamadas. Eso nos indigna porque los paramilitares tienen todas las ventajas mientras que las víctimas, tenemos que seguir huyendo" (T. 16-06-

2007).

Cuando los titulares de la prensa presentan noticias como “Víctimas denuncian ataques a sus actividades en la ciudad (…) exigen investigaciones de la fiscalía a “desmovilizados y “agentes de inteligencia” que persiguen y hostigan mediante seguimientos, filmaciones y fotografías a las víctimas de las AUC y a miembros de ONG” (C. 07-06-2007:10A). O, más allá del caso concreto de Medellín, “Víctimas de 'paras' padecen una nueva persecución por reclamar tierras y paradero de familiares”, denunciando que “quienes las hostigan ahora les piden que dejen de reclamar porque se exponen a la muerte o, incluso, que acepten sumas de dinero irrisorias a cambio de desistir” (T. 16-06-2007). Cabe preguntarse, para un análisis que continué el seguimiento al proceso, por el ¿cómo estas “confesiones” comenzaran (y si podrán hacerlo) a materializarse en reparaciones concretas para las víctimas?, ¿cuál será el procedimiento para concretar la situación jurídica de

9 Declaración de Exigibilidad: http://www.nuevoarcoiris.org.co/local/IMP_victimas.doc . Visita: 8 de noviembre de 2007

La(s) memoria(s) en contextos de guerra

los autores de estos delitos? y ¿en qué medida estas confesiones van de la mano con garantías de no repetición?

Sin dudad como lo señalo el diario el Tiempo en días pasados. En este lapso desde que se iniciaron las versiones libres, el país ha asistido con asombro a la manera pausada y tranquila como un solo paramilitar, leyendo casi siempre de un computador portátil, se atribuye hasta 1.500 y 2.000 homicidios, como lo hicieron Éver Veloza 'H.H' e Iván Laverde Zapata 'El Iguano' (T. 31-01-2008).

Como acabamos de ver, son los victimarios los que tienen la palabra. En este sentido, y como lo señalaba Maria Teresa Uribe, en el marco de la Ley de Justicia y Paz, el escenario de la justicia es el reino del victimario. Es el quien tiene derecho a la palabra, debe rendir una versión libre en la cual no esta obligado a decir la verdad ni a confesar todos los crímenes, no se trata pues de la verdad del victimario sino de un relato fragmentado circunscrito a algunos hechos aislados, presumiblemente de aquellos de los cuales las autoridades pueden tener noticias (…) este corpus normativo parece estar tejido con olvidos y remendado con silencios y desde allí no es imaginable que tipo de reparación pueda desplegarse o que tipo de paz construirse (Uribe, 2006:343).

A la par con las debilidades intrínsecas del proceso se ha ido reconociendo, incluso institucionalmente, como lo hizo el presidente de la CNRR, Eduardo Pizarro el 15 de agosto de 2007 en un noticiero de TV, la existencia y recomposición de nuevos grupos de paramilitares que ya alcanza cifras de 4.000 hombres. Grupos nutridos por desmovilizados del proceso con el gobierno y mandos medios de las anteriores autodefensas. Se trata (y así se les conoce) como una “tercera generación de paramilitares” en el país. Esta información es corroborada por distintas evaluaciones de ONG’s nacionales e internacionales, quienes reportan un rearme de algunos grupos o la emergencia de otros nuevos a partir de reductos de las AUC, en este escenario 10 .

Las implicaciones de estas debilidades del proceso en términos políticos son enormes, toda vez que en este contexto de “producción de las verdades del conflicto”, la memoria es, como lo mencionaba Gonzalo Sánchez, el territorio nuevo de la política (Sánchez, 2006:96). Y un fracaso en este terreno es una nueva decepción que, generalmente no viene sola, sino acompañada de un recrudecimiento de los niveles de violencia. En efecto, sin reconocimiento de los hechos y/o sin reparación, el deseo de venganza se instala en las poblaciones afectadas por la guerra. Sin reconocimiento moral del drama y de la existencia misma de las víctimas cualquier proceso esta condenado de entrada al fracaso.

10 Amnistía Internacional, los paramilitares en Medellín ¿desmovilización o legalización?, 2005. Diversos informes de Human Rights Watch, ver: http://hrw.org/doc/?t=spanish&c=colomb. International Crisis Group, los nuevos grupos armados de Colombia, 2007.

De Memorias y De Guerras

.

Estas debilidades del proceso muestran, con mediana claridad, lo difícil de una negociación y de alcanzar una situación de postconflicto en un país que no ha logrado la condena moral necesaria al reconocimiento de los hechos de violencia que lo desangran y del drama humanitario que esta viviendo; Sin duda, el NUNCA MAS es primero que todo una condena moral (R. Mate, 2003). Ella evidencia también la dificultad de una sociedad de enfrentarse con su propio pasado de violencia y avanzar hacia la construcción de nuevos pactos sociales. Pero, a su vez, dejan ver la dificultad de hacer memoria en medio del conflicto y hace necesaria, como nunca, la reflexión sobre el tema y sobre las experiencias que, en el mismo sentido, han vivido sociedades fracturadas por la guerra (Blair, 2002).

Como acabamos de ver, durante los últimos meses el tema de las víctimas aparece recurrentemente en la escena pública (los medios, la opinión pública, el gobierno). De hecho ha dado en llamarse y es así como suele aparecer en los medios como “la Hora de las víctimas”, haciendo gala de una gran manipulación por parte de muchos sectores en el país. En este aspecto, el manejo de los medios frente al asunto expresando el tratamiento que le han dado diferentes sectores y políticos esta cayendo en abuso. Por un lado, su exceso termina por desconfigurar el sentido mismo de la palabra víctimas y vaciarla de contenido

(Tobón, 1996). Por el otro, esta inflación de la palabra esta lejos de dar contenido

a la problemática de las víctimas y esta cayendo en el “simulacro”. Ahora todos

quieren ser víctimas. Esto hace visible la manipulación o los “abusos” de la memoria de los que ya hablara Tzvetan Todorov cuando se pregunta ¿Qué podría parecer agradable en el hecho de ser víctima? Nada en realidad. Pero si nadie quiere ser una víctima, todos en cambio quieren haberlo sido, sin serlo más:

aspiran al estatuto de víctima (Todorov, 2003:54).

“(

roto cualquier vínculo, los demás se sienten obligados a satisfacer nuestras peticiones. Es mas ventajoso seguir en el papel de víctima que recibir una reparación por el daño sufrido (suponiendo que el daño sea real), en lugar de una satisfacción puntual, conservamos un privilegio permanente, asegurándonos la atención y por tanto el reconocimiento de los demás. Esto le abre al grupo una línea de crédito inagotable ( ) cada grupo se considera la principal víctima. Las gratificaciones obtenidas mediante el estatuto de víctima no tienen porque ser materiales; al contrario, las reparaciones acordadas por el responsable del infortunio o por sus descendientes permiten extender la deuda simbólica” (Todorov, 2003: 54/55).

)

haber sido víctima da derecho a quejarse, a protestar, a pedir; excepto si queda

No hay que olvidar que como lo señala Schmucler, El “nunca más” también puede convertirse en una tranquilizante expresión de deseo de una sociedad indiferente

a su propia responsabilidad en la historia que ahora se condena. En efecto,

cuando el bullicio se atenúa, no es difícil reconocer la marca de un inquietante olvido” (Schmucler, 2002: XI). Sin duda, no se puede establecer un ranking del sufrimiento humano (R. Mate, 2003) y las víctimas de la violencia, son muchas en

La(s) memoria(s) en contextos de guerra

este país,

diferenciales 11 .

pero es obvio que las víctimas son diferentes y exigen tratamientos

1.1.2. ¿Si llegará en el 2008 “la hora de las víctimas”?

Con todo y lo confuso del proceso de desmovilización de los paramilitares y el poco lugar asignado a las víctimas, hoy hay perspectivas más alentadoras. El año 2008 empieza de alguna manera con cambios en el desarrollo del proceso, sobre todo, en lo relativo a las víctimas. De un lado, con propuestas integrales de reparación (reparaciones económicas y de otros tipos) y de otro lado, dándoles un lugar en la escena pública. Según información publicada por el periódico el Tiempo del 23 de enero de este año, el “Gobierno presenta propuesta para reparación integral a víctimas de la violencia”. Según datos entregados por la Fiscalía, hasta el momento en ese organismo se han reportado 125.924 hechos en los que hay víctimas de los grupos ilegales (T. 23-01-2008). Aunque hasta el momento es sólo un borrador de proyecto, se pretende establecer un pago o una indemnización a las víctimas. En el decreto se establece que el núcleo familiar de una persona muerta por un grupo armado ilegal recibirá 40 salarios mínimos, es decir, alrededor de 18,4 millones de pesos. Los montos, se establecerán dependiendo de las condiciones y los hechos que rodearon la condición del afectado. El diario sostiene que esos valores todavía no están plenamente establecidos, pero que serán muy similares a los que paga Acción Social a través de su Programa de Atención a Víctimas de la Violencia (T. 23-01-2008).

Otro punto en discusión, relativo a la indemnización es la manera como se pagará esa plata. La propuesta que toma fuerza en el Gobierno es que se pague de manera gradual, esto es, por cuotas. El debate se ha centrado en la conveniencia de entregarles a los familiares en un solo giro toda la indemnización económica, pues hay quienes consideran que no es prudente. Por eso se habla del pago gradual en unos casos y de la posibilidad de entregar estos recursos como vivienda de interés social o como financiación de un proyecto productivo (T. 23-01-

2008).

El mismo medio informa que el borrador de proyecto está siendo discutido, conjuntamente, entre el Gobierno y la Comisión Nacional de Reparación. Según el viceministro de Justicia, Guillermo Reyes, la idea es tener el decreto listo a más tardar en la segunda semana de marzo y que será previamente consultado con los familiares de las víctimas en 10 ciudades, en unos foros abiertos, para que los

11 Buena parte del rechazo de algunos sectores a la marcha programa contra el secuestro es el desconocimiento de otras víctimas y de otros victimarios que no han recibido ningún apoyo y mucho menos una manifestación de rechazo tan masiva como la organizada contra las FARC.

De Memorias y De Guerras

.

afectados lo conozcan y lo discutan, con la posibilidad de plantear modificaciones (T. 23-01-2008).

Eduardo Pizarro, presidente de la CNRR, explicó que esta reparación por vía administrativa no contempla solamente la indemnización económica, sino que viene con otros componentes, esto es, que es algo integral y que los familiares de las víctimas van a tener acceso a la salud, a la educación y privilegios para acceder a planes de vivienda de interés social. No obstante, y según la misma fuente de información, tanto el viceministro Reyes como Pizarro fueron claros al señalar que quienes acepten indemnización por vía administrativa, no podrán aspirar luego a una judicial 12 .

En lo relativo a la “puesta en público” de la palabra de las víctimas también se anuncian cambios sustanciales. Parecería que luego del protagonismo tenido por los miembros de los grupos paramilitares, el gobierno al menos por la vía de la CNRR, empieza a “equilibrar las cargas”. Luego de quince meses de escuchar las versiones libres de los paramilitares que se acogieron a la ley de Justicia y Paz en los términos que ya hemos mostrado, ahora ellos tendrán derecho a poner su palabra en público. Dos programas en los medios de comunicación permitirán esta “puesta en público”. Adicionalmente y según el presidente de la Comisión, este año se iniciará el proceso de reparación por vía administrativa, lo que hace que los recursos económicos no se destinen sólo a la reincorporación de los desmovilizados, sino también a quienes padecieron sus actos violentos (T. 31-01-

2008).

Según reporta el diario EL TIEMPO en su edición de enero 31 de 2008, las víctimas de 'paras' podrán relatar sus historias en radio y televisión”. Las historias que no se han escuchado por parte de los victimarios, se escucharan ahora en palabras de sus propios “protagonistas”. Algunos de esos relatos fueron recopilados por la CNRR en la serie documental de televisión ¡Nunca Más! y el programa radial ¡Las víctimas cuentan!, que recogen el dolor de los afectados por la violencia, pero también sus esperanzas, proyecciones y posibilidades (T. 31-

01-2008).

Según el presidente de la CNRR, Eduardo Pizarro Leongómez, las series tienen varios objetivos. De un lado, informarles a las personas afectadas por los grupos violentos sobre sus derechos a la verdad, la justicia y la reparación y generar en la sociedad un mayor conocimiento de los procesos de victimización, no solo para crear sensibilidad, sino para fomentar la solidaridad. Otro objetivo sería el de

12 Aunque el mismo diario dice que “esto no les quita el derecho a realizar un proceso penal contra los responsables de su victimización” (T. 23-01-2008), así planteado, la propuesta no podría ser más que un exabrupto porque el negarles el derecho a la justicia, a través de reparaciones económicas es un acto absolutamente injusto e indigno. Sin embargo, no es posible pronunciarse sobre el asunto o conocer sus verdaderas implicaciones hasta tanto no se conozca el decreto en cuestión.

La(s) memoria(s) en contextos de guerra

brindar el espacio para que las víctimas cuenten sus historias, pues en muchos casos quieren ser escuchadas y reconocidas 13 . Según el funcionario "Pasamos del protagonismo de los victimarios al de las víctimas, en un momento en el que paramilitares como Wilson Salazar Carrascal 'El Loro', terminan su versión libre para ser llamados a juicio. Ahí la voz de las víctimas será fundamental", dijo Pizarro (T. 31-01-2008).

Aunque es preciso que el país este atento al desarrollo de estos procesos, esperemos que con estas acciones se contrarresten los vacíos y el desequilibrio que hasta entonces ha tenido el proceso, particularmente, por la atención privilegiada a los victimarios, mientras se han ignorado las victimas y podamos decir, entonces, que si ha llegado la “hora de las víctimas”.

Esa “hora” y ese lugar para las víctimas es absolutamente necesario, pues, como lo dejan ver muchas de las experiencias externas de “comisiones de verdad” y de procesos de reparación, el asunto de la verdad, la justicia y la reparación para las víctimas es el núcleo de cualquier proceso de reconstrucción de las memorias de la guerra. Son estas exigencias las que permiten medir el grado de reconciliación de la sociedad; sin ellas ningún proceso de paz es posible. Este asunto que pone en el centro la problemática de las víctimas es, sin duda, el gran desafío de la sociedad colombiana actual frente a su ya “histórico” conflicto y a las negociaciones y procesos que se desarrollan actualmente entre el gobierno y los grupos armados y que es preciso resolver para no suprimirles sus memorias a las víctimas, para no vaciar de contenido la experiencia social, política y cultural de la guerra que han vivido y para que la posibilidad de la reparación no caiga otra vez en el ámbito de lo irreparable (Sánchez, 2006).

Por lo pronto y mientras esa “hora” llega, es preciso aprovechar los sucesos que vienen ocurriendo y acompañar procesos, organizaciones y movimientos que fomenten el camino hacia la construcción de la verdadera “hora de las víctimas” y la “hora de la reconciliación”. Al menos, en términos políticos y académicos, estamos obligados a hacer el intento por lograr el reconocimiento de las problemáticas de las víctimas en el ámbito público. Por denunciar, los abusos del olvido, los excesos del silencio y la ausencia de una narrativa pública que nos permita a los ciudadanos [particularmente a las víctimas] incorporar nuestra historia personal, familiar y local en contextos interpretativos de más amplio espectro (Uribe, 2006: 344).

13 Los documentales de televisión comenzarán a emitirse por el Canal Institucional y por algunos canales regionales como Teleantioquia y Telepacífico. La serie radial se emitirá en convenio con emisoras de Antioquia, Huila, Cesar, Atlántico, Bolívar, Santander, Norte de Santander, Córdoba, Sucre, La Guajira, Caquetá, Nariño y Tolima (T. 31-01-2008).

De Memorias y De Guerras

.

1.2. La

situación

no

postconflicto

en

Colombia:

memorias en medio de la guerra

¿Cómo

construir

Tenemos que conservar viva la memoria del pasado, no para pedir una reparación por el daño sufrido sino para estar alerta frente a situaciones nuevas y sin embargo análogas. Tzvetan Todorov

Uno de los argumentos más invocados en el caso colombiano y que ya se ha convertido prácticamente en un lugar común es la inexistencia del postconflicto o del proceso de transición, que ha permitido el establecimiento, en el marco de sus propias guerras, de “comisiones de la verdad” y de procesos de reparación para las víctimas en otras latitudes (Vélez, 2003). Normalmente, ellas son el resultado de negociaciones y procesos de paz que han producido en distintas sociedades negociaciones y procesos postconflicto, una vez éste ha concluido o al menos durante el período de transición política. Períodos “fluidos” donde la legislación imperante debe acomodarse al carácter de la coyuntura política que instala una justicia de transición o, como se le conoce, de Justicia Transicional. Como lo señalara recientemente Maria Victoria Uribe la etapa de desmovilización de los grupos paramilitares que se esta viviendo en Colombia no corresponde a un periodo de justicia transicional (Uribe, Fundacion Social, s.f).

A diferencia de todos estos procesos de memoria en otras latitudes, en Colombia, no se ha acabado el conflicto y su presencia dificulta, aún más, el establecimiento de las condiciones para que una “comisión de la verdad” sea posible o incluso para que una ley como la de Justicia y Paz tenga incidencia en la sociedad. Como ya ha sido repetidamente señalado, la ley sólo trata de verdades jurídicas dejando de lado verdades más sociales, importantes en el caso colombiano pero también, y como venimos de mostrarlo, el proceso tiene en si mismo enormes debilidades. Sin negar el hecho de que ella es el primer intento de un gobierno colombiano para enfrentar un problema como el del paramilitarismo en el país y que esta es una forma “inédita” de negociación (Alonso et Al, 2006), el debate está puesto en sus alcances. Sin duda, mientras exista el desequilibrio que ya le conocemos, no será posible ni la construcción de la verdad, ni la reconciliación. Hasta el momento las víctimas, a diferencia de los victimarios no han sido escuchadas y sin ellas no será posible construir un momento de postconflicto en el país.

El debate en el momento actual, no sólo ha producido discusiones políticas, sino también una amplia reflexión académica sobre el tema. Como un aporte a la reflexión y dado que la propuesta de investigación se formuló como un esfuerzo por “ponerle pensamiento” al trabajo de la memoria que se desarrollaba con

La(s) memoria(s) en contextos de guerra

algunas víctimas, queremos en este apartado señalar algunos de los elementos centrales del problema desde la perspectiva de las víctimas que sirva para situar la reflexión y el trabajo que vamos a desarrollar en todo el texto.

Quizá sea preciso señalar aquí que, como lo plantea Jelin, la tarea para los investigadores no es nada fácil cuando se asumen temas como estos. En estas disciplinas suelen abordarse temas y/o procesos en curso que producen incertidumbres en la vida cotidiana y en las tareas analíticas ligadas a la investigación. Son temas de “urgencia”, “llenos de ambigüedades y tensiones, tendencias nunca claras y categorías nunca nítidas” (Jelin, 2005: 237). Suelen ser investigaciones que se hacen “desde adentro” en la cuales las investigadoras combinamos una doble o triple inserción: la de promover el estudio riguroso de procesos históricos y sociales por un lado; la del compromiso cívico-ciudadano, por el otro y, finalmente, el compromiso emocional (Jelin, 2005:237).

Todos los esfuerzos, tanto políticos como académicos en torno al tema de las víctimas, deben, pues, enfrentarse al hecho de que pese al proceso de desmovilización de los paramilitares en Colombia no ha llegado el momento del postconflicto y eso marca, de forma determinante, la situación de las víctimas pero, también y sobre todo, las reflexiones y los debates deben dirigir su acción a esclarecer las posibilidades para que ello sea posible. Crear las condiciones para esclarecer lo que significa para las víctimas esta situación de no postconflicto y las condiciones para que desde el espacio del “juego político” permitan el establecimiento de una coyuntura política “fluida y de transición” que haga posible parar el derramamiento de sangre.

1.2.1. La memoria en medio de la guerra: “una memoria confiscada” 14

Decir que en Colombia no existe post-conflicto o un proceso de transición es decir que no existen condiciones como las que se producen en estos procesos, es decir, coyunturas políticas fluidas y la suficiente voluntad política para generar una transición. Como lo señala Carlos Iván Degregory, en el marco de la comisión de la verdad en el Perú, “Los procesos de transición son coyunturas sumamente fluidas donde se amplían las posibilidades para la agencia o “voluntad política”, se agrietan las historias oficiales y se abren resquicios por donde irrumpen otras memorias y otras lecturas del pasado” (Degregory, 2002:79/80). Son esos resquicios los que animan las memorias alternativas, contrahegemónicas porque les abren un espacio posible. Es esto lo que aún no ha ocurrido con las víctimas en el país.

14 La expresión es del analista polaco Bronislaw Baczko, en su análisis sobre la Memoria del movimiento Solidaridad en Polonia Ver: Bronislaw Baczko, 1984, Les imaginaires sociaux. Memoires et espoirs collectifs. Payot. Paris.

De Memorias y De Guerras

.

En este aspecto, compartimos la apreciación de Kimberly Theidon, en el marco de la misma comisión en el Perú, cuando dice que no se trata de una homogeneidad de las memorias, ni mucho menos de la idealización de lo popular o lo contrahegemónico. Más bien de una pluralidad de memorias. Nos parece prudente, pues, la anotación de la autora sobre la “miopía” de muchos discursos académicos pero también políticos y militantes sobre la dicotomía que se establece entre “memoria oficial” (estado, grupos dominantes, “memoria hegemónica” en fin la memoria mala o represiva) y, por el otro lado, “la memoria popular” de grupos subalternos, marginalizados, sociedad civil, memoria contrahegemónica; en suma, la memoria “buena o emancipadora” de donde la meta implícita es suplantar la memoria oficial con la memoria popular como un proyecto intrínsecamente democrático (Theidon, 2004:179).

Creemos que, en efecto, el asunto de la(s) memoria(s) es más complejo y, sin duda, es una lucha de “Memorias contra memorias” (Jelin, 2005:230) Sin duda, es imposible encontrar una memoria, una visión y una interpretación únicas del pasado compartidas por toda la sociedad (Jelin, 2005:230). La memoria, como lo muestran todas las reflexiones, es un “campo de batalla” y sus usos tienen enormes implicaciones políticas. Evocar y silenciar son, sin duda, actos de poder lo que explicaría los asedios a que esta sometida la memoria (Sánchez, 2000:21). La existencia de memorias confiscadas. Siempre habrá otras historias, otras memorias e interpretaciones alternativas y en consecuencia, lo que se presenta en estas coyunturas es una lucha política activa acerca del sentido de lo ocurrido, pero también acerca del sentido de la memoria misma (Jelin, 2005:230). Como lo sostenía Sánchez, en Colombia “No hay que aspirar a un imposible y tal vez indeseable relato común de la guerra y de la Historia nacional. A lo que hay que aspirar es a construir escenarios en los cuales los viejos adversarios puedan hablar de sus contrapuestas visiones del pasado, construir un espacio público en el cual debatir, abiertamente, sobre sus diferentes proyectos de nación” (Sánchez,

2006:18).

Sin duda, con todo y la pluralidad de relatos que la memoria exige, y que es preciso re-construir, hay que incluir en ellos a las víctimas. Son ellas las que podrían demostrar, de manera más clara, las implicaciones de la guerra y de la ausencia de un momento postconflicto. Las que tienen, en tanto han padecido directamente la guerra, la autoridad moral para hacerlo. Ese relato de “visiones contrapuestas” exige, darles un espacio a las víctimas, como “protagonistas” de una historia que las ha desconocido, literalmente, primero en su dolor y su sufrimiento y, luego, en la ausencia de reconocimiento como sujetos políticos, y “portadores” de una historia que, por más dolorosa que sea, es preciso incluir en la memoria colectiva de la sociedad.

El conflicto colombiano ha sido desde hace mucho tiempo ampliamente documentado. Sobre esa base, que no podemos desarrollar aquí, es obvio que es

La(s) memoria(s) en contextos de guerra

bien difícil encontrar una verdad en una sociedad tan fracturada como la colombiana y con un conflicto de tan larga duración. En un estudio reciente pensando el problema de la verdad en la Colombia actual, Maria Victoria Uribe señalaba tres dificultades: El desplazamiento de miles de campesinos portadores y depositarios de memorias cruciales, pero cuyo patrimonio es fundamentalmente oral, según el cual para la autora se trataría de una sociedad que carece de capital histórico. La segunda dificultad tendría que ver con la enorme fragmentación no solo de la geografía sino de la historia y de la vida cotidiana en un país con diferencias culturales tan marcadas y finalmente, en tercer lugar, otra dificultad tendría que ver con el hecho de producir una verdad en un contexto de guerra donde muchos de los victimarios aun están vivos y continúan activos. (Uribe, s.f Fundación Social). Nadie duda de que una de las consecuencias más graves de “negociar” en medio de la guerra o de no tener una situación de postconflicto sea el miedo a la revictimización (Uribe, 2003:12).

No resulta fácil tener la claridad suficiente para delinear los elementos que harían posible la instauración de un momento postconflicto, pero las víctimas están ahí y como ha sido puesto en evidencia por parte de algunas instituciones (incluso gubernamentales como en el caso de la secretaria de gobierno en Medellín) o no gubernamentales o de algunos movimientos de víctimas, ellas pueden (y deben) ser escuchadas. Esta es, sin duda, la única posibilidad para el establecimiento de la verdad sobre los hechos, un medio de catarsis individual y colectiva y una vía para la reconciliación (Vélez, 2003:30).

1.2.2.

Escuchar

a

las

víctimas:

la

reconquista

de

la

memoria

confiscada

Pese pues a las dificultades y desafíos a enfrentar, sobre todo en un momento de tanta polarización, es preciso escuchar a las víctimas, pues, en efecto, ignorar el pasado solo agrava el problema y no podemos olvidar la capacidad sanadora de la palabra en estos contextos. Sin duda “las personas pueden reinventarse después de la narración” (K.L. Rogers cit. en Jan Coetzee, 2000: 33). La evocación de situaciones traumáticas, a través de la puesta en palabras (relatos o testimonios), que es lo que haremos en este trabajo, ha resultado ser un camino fecundo para sanar las heridas abiertas de los seres y las sociedades 15 .

15 Las otras dos son la puesta en la escena pública del dolor (reconocimiento y discurso político de los dirigentes), la conmemoración histórica (para recrear, re-significándolo ese dolor). Ver: Elsa Blair, 2002; “Memoria y Narración: la puesta del dolor en la escena pública”, en: Revista Estudios Políticos No. 21 Julio-Diciembre, IEP, Universidad de Antioquia, Medellín, Pp. 18.

De Memorias y De Guerras

.

Con todo y la polarización del país, ya hoy el tema de las víctimas empieza a ganar espacio en sectores sociales que hasta entonces habían sido indiferentes 16

y es preciso aprovechar este momento para generar lo que Jelin llama la

“circulación social de las memorias” (Jelin, 2005:232) y convertir el momento político en uno de esos períodos “calientes” de la memoria 17 . Al sensibilizar la sociedad podría lograrse una mayor presión para el logro de la “voluntad política” necesaria, capaz de crear esas condiciones de fluidez necesarias al establecimiento de nuevos acuerdos como comunidad política.

Ningún país, como lo señala Maria Teresa Uribe, que pretenda construir la paz y propender por la reconciliación puede prescindir del restablecimiento de la verdad sobre los hechos violentos y esto no se logra más que con la palabra de las victimas. (Uribe, 2003:16). Y si no hay espacio en el terreno político tendrá que ser en “lo social”. Como lo sostiene Jelin, cuando no se desarrollan canales institucionales oficiales que reconozcan la experiencia de violencia, La lucha por la verdad y sobre las memorias apropiadas se desarrolla en la arena societal mas que en el escenario propiamente político (Jelin, 2005:235). Los gobiernos tiene que saber que “no es posible destruir lo que la gente intenta recordar o perpetuar” (Jelin, 2005:234).

Si bien buena parte de su dolor es intima y privada, es necesario poner esa voz

en la esfera de lo público. El duelo por las violencias debe ser un asunto colectivo,

público, abierto, mediante el cual las naciones enfrenten los temas trágicos, dramáticos o vergonzosos de su pasado para construir sobre bases firmes la convivencia social (Uribe, 2003:9). En el mismo sentido se pronuncia Jelin cuando sostiene que la cuestión de transformar los sentimientos personales, únicos e intransferibles en significados colectivos y públicos queda abierta y activa” (Jelin, 2005:234). ¿Cómo, poner esta palabra en la escena pública respetando la intimidad con el dolor?

Como lo señalo Hanna Arendt y lo recuerda Jelin de manera más reciente, “lo que ocurre en la esfera intima de las personas es de muy difícil expresión y comunicación” (Arendt, 1074 cit. en Uribe, 2003:10). Para Jelin, el dolor y sus marcas corporales impiden a veces que ese dolor sea transmisible; remiten al horror no elaborable subjetivamente. Los otros también pueden encontrar un limite

16 Sin duda el drama del secuestro y sus víctimas ha sensibilizado a la sociedad colombiana más que en el pasado. No obstante y como ha sido, medianamente, claro después de la marcha del 4 de febrero, ellos no representan ni a todas las víctimas ni a todos lo víctimarios en el país. Aunque cuando escribimos estas páginas finales, aún so se desarrolla la “otra marcha” por la inclusión, lo cierto es que muchos sectores se están movilizando alrededor del tema de las víctimas.

17 La memoria colectiva, como todo fenómeno social, conoce una historia; ella atraviesa por periodos “fríos” cuando parece estar dormida y por periodos “calientes” cuando se despierta y sube a la superficie de la vida social encontrando formas de expresión ricas y diversas. Ver: Bronislaw Backzo, 1984, Les imaginaires sociaux… Op. Cit. p. 192

La(s) memoria(s) en contextos de guerra

en la posibilidad de comprensión de aquello que entra en el mundo de lo corporal

y lo subjetivo de quien lo padece ((jelin, 2005:234/235).

El desafío mayor es, entonces, para Colombia hoy, como lo señalaba Backzo para la Polonia de los años 80’s, “la reconquista de un pasado confiscado”

(Backzo, 1984:192), lo que sólo es posible al escuchar a las víctimas en su dolor

y su sufrimiento. Es la única vía para construir un camino de reconciliación en el país. Recordemos que sin la memoria del sufrimiento, el futuro deviene cada vez más frágil (J. B. Metz cit. en: Restrepo, 2000).

1.3. Las experiencias internacionales de “comisiones de la verdad” o la reconstrucción de la(s) Memoria(s)

Con todo y la especificidad del caso colombiano, la conflictividad contemporánea muestra la importancia del tema de la memoria en otras latitudes, la existencia de diversas “comisiones de la verdad” establecidas en aras a la recuperación de la memoria de las víctimas y explica el “boom” que se esta produciendo sobre la misma.

El interés por la memoria de los pueblos, que han padecido diversas violaciones a los derechos humanos, ha sido un tema de amplio tratamiento, desde la segunda mitad del siglo XX, por diversas “Comisiones de la Verdad”. Desde la comisión de Alemania, en la época de la postguerra hasta la actualidad, las comisiones han servido para revelar la historia oculta de los conflictos. Es, a través de sus investigaciones e indagaciones sobre los hechos que ocurrieron, como ha sido posible poner en público y revindicar la memoria de las víctimas; lo que nunca hubiera sido posible sin los testimonios de quienes han padecido la guerra y quienes a través de sus narraciones y memorias, han otorgado un gran potencial político al testimonio.

Las “comisiones de la Verdad”, – como han sido llamadas por diversas naciones –, han sido en diversos casos fruto de una decisión del Estado, pero en otros caos, han sido el producto de la iniciativa de diversas organizaciones sociales o de la sociedad civil. Estas últimas han sido conocidas como los Proyectos no Oficiales para la Verdad, PnOpV. Así, para Latinoamérica "se crearon, desde instancias del poder oficial, en Argentina, la CONADEP, (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas); en Chile, la "Comisión de Verdad y Reconciliación"; y en El Salvador, la "Comisión de la Verdad". En otros casos, como ocurrió en Brasil, Uruguay, Paraguay, Bolivia, las Comisiones de la Verdad, surgieron como una opción ética, un esfuerzo directo, a veces clandestino, de los activistas y organismos de derechos humanos, sin contar con el mandato gubernamental" 18 .

De Memorias y De Guerras

.

Las comisiones oficiales de la verdad producen una narrativa histórica que contribuye a la “historia oficial” de la historia nacional, y debido al respaldo que tienen del Estado, probablemente dicha narrativa tenga mayor legitimidad que la construida por los PnOpV. Las comisiones de la verdad, gracias a un proceso exitoso y legitimo, pueden quedar grabadas de manera mas fácil en la historia, que los PnOpV, esto debido a que las primeras reclaman la producción de una verdad oficial, sin embargo los PnOpV debido a que trabajan a nivel de la sociedad, pueden ser vistos como legítimos y tener efectos en la forma como la sociedad recuerda su pasado, ofreciendo además una gran flexibilidad, ya que son únicos, creativos y apropiados para el contexto local. Aspecto este último que se convierte en su mayor fortaleza. Por otro lado, ambos esfuerzos por dar a conocer la verdad de un pasado doloroso, buscan dar reconocimiento público a ese pasado. Independientemente de los puntos de encuentro y desencuentro entre unas y otras, ambos mecanismos se convierten en el escenario en donde las victimas pueden ser escuchadas.

El tratamiento que se ha hecho del tema de la memoria, desde estas diversas comisiones ha estado, fundamentalmente, asociado a tres aspectos: a) como herramienta metodológica, durante la recolección de los testimonios, b) como elemento o instrumento que ha posibilitado conocer la verdad sobre los hechos que ocurrieron, y c) la memoria ha servido para que diferentes naciones, a través de diversos actos y monumentos simbólicos, reparen a sus víctimas y marquen un NUNCA MAS sobre la historia de sus países.

ARGENTINA 19

En Argentina, la Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas, CONADEP, como fue llamada, estaba compuesta por 16 miembros, sus integrantes fueron convocados por el Presidente de la República, lo cual le otorgo un carácter oficial. Tuvo una duración inicial de 6 meses y luego fue prorrogada por 3 meses más. El período analizado fue el transcurrido de 1976 a 1983, que fue la época de las dictaduras militares de Jorge Videla seguida por la de Roberto Viola, Leopoldo Galtieri y Reynaldo Bignone. Su principal objetivo era esclarecer los hechos relacionados con la desaparición de personas ocurridas en el país durante ese período.

EL SALVADOR 20

La comisión de la verdad del Salvador era totalmente internacional, en cuanto a sus integrantes, ya que se constituyó a partir del acuerdo entre el gobierno salvadoreño y el FMLN (Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional), y

La(s) memoria(s) en contextos de guerra

contó con el auspicio de las Naciones Unidas. La comisión contaba con uno de los plazos de trabajo más reducidos de cualquier comisión de la verdad: seis meses que en el camino aumentaron a ocho meses” (PNUD, 2006/2007, No. 21:18), para terminar el informe final. El período analizado fue de 11 años, comprendidos entre enero de 1980 y julio de 1991, época durante la cual se produjeron los enfrentamientos entre el gobierno y el FMLN. El informe final de esta Comisión fue titulado De la locura a la esperanza. La comisión funcionó durante una época en la que las brasas de la guerra todavía quemaban. La comisión dio los nombres de los responsables, entre ellos los altos jefes militares del país, porque desconfiaba de la capacidad del poder judicial para hacer justicia. Dentro de las Recomendaciones, asociadas a la reparación moral de las víctimas, esta comisión propuso: 1) La construcción de un monumento nacional en San Salvador con los nombres de todas las víctimas identificadas del conflicto, 2) el reconocimiento de la honorabilidad de las víctimas y de los graves delitos de los que fueron víctimas y 3) el establecimiento de un feriado nacional recordatorio de las víctimas del conflicto y de afirmación de la reconciliación nacional de los cuales el Estado debía hacerse responsable. Sin embargo, “Salvo la reforma judicial, la no reelección de la Corte Suprema y el indulto para un grupo de encarcelados, no se cumplió ninguna recomendación de la comisión en el tema de la reparación material o moral” (PNUD, 2006/2007, No. 21:20).

CHILE 21

La Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación fue creada por el poder ejecutivo nacional bajo el Decreto Supremo No. 355 de 1990. Tuvo una duración de 6 meses más 3 meses de prórroga para realizar su informe final “Nunca Más”. El periodo analizado comprendió desde el 11 de septiembre de 1973 al 11 de marzo de 1990. Su objetivo era contribuir al esclarecimiento global de la verdad sobre las más graves violaciones a los derechos humanos que se cometieron durante ese período, tanto las cometidas en el país o en el extranjero, si estas últimas tenían relación con el Estado chileno o con la vida política nacional, con el fin de colaborar a la reconciliación de todos los chilenos. “Las medidas de reparación simbólica han sido muy numerosas. Entre las principales se cuentan una admisión oficial de responsabilidad del Estado y petición de perdón a las victimas y al país, la construcción de una gran “Muro de los Nombres” en el cementerio general de Santiago de Chile y la creación de un “Parque de la Paz” en los recintos del que fue el peor centro de torturas durante el régimen militar, la Villa Grimaldi” (PNUD, 2006/2007, No. 21:18). Con ellas se buscaba generar proyectos culturales y simbólicos que reivindicaran la memoria de las víctimas, ya fuera de forma individual o colectiva, al igual que fomentar una cultura y mentalidad en la sociedad que respetara más los derechos humanos para asegurarse que estos actos violatorios no serían cometidos en el futuro.

De Memorias y De Guerras

.

PERÚ 22

Esta Comisión tuvo el mismo nombre que la de Chile y título su informe de la misma forma, Informe de la Comisión de Verdad y Reconciliación. Su origen se oficializó bajo los decretos supremos No. 065-2001-PCM del 2001 y estaba compuesta, en un principio, por 7 comisionados, que después se amplió a 12, designados por el Presidente de la República. Tuvo una duración de 19 meses y el periodo analizado fue de mayo de 1980 a noviembre de 2000. Su objetivo, al igual que la demás comisiones, era esclarecer los hechos y responsabilidades de la violencia terrorista y de la violación a los derechos humanos producidos en el Perú, al igual que propiciar iniciativas destinadas a afirmar la paz y la concordia entre los peruanos. Dentro de las recomendaciones dirigidas hacia las medidas de reparación, se contó con un programa de reparaciones simbólicas, dentro del que se tuvieron en cuenta gestos Públicos, actos de reconocimiento, recordatorios o “lugares de la memoria” y diversos actos que condujeran hacia la reconciliación.

GUATEMALA 23

La Comisión de Guatemala, llamada Comisión para el Esclarecimiento Histórico, CEH, estaba conformada por 3 miembros y se originó a través del acuerdo de Oslo de 1994, entre el Gobierno guatemalteco y la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca, contando con el auspicio de las Naciones Unidas. Su Informe Final se tituló “Memoria del Silencio“. Su duración fue de 6 meses y el periodo analizado fue de 1962 a 1996 (período del enfrentamiento armado). Su objetivo era esclarecer con toda objetividad, equidad e imparcialidad las violaciones a los derechos humanos y los hechos de violencia que han causado sufrimientos a la población guatemalteca, vinculados con el enfrentamiento armado. A la par que se trabajaba sobre esta idea, la oficina de derechos humanos del arzobispado de Guatemala decidió apoyar esta labor, a través de la realización de un proyecto de reconstrucción de la memoria histórica que le fuera útil a la comisión de esclarecimiento histórico, debido a que la CEH había prohibido la identificación individual de los culpables.

Dentro de los actos conmemorativos realizados, se le dio gran importancia a la dignidad de las víctimas a través del reconocimiento de los hechos del pasado descritos en el informe y del reconocimiento de las responsabilidades y la petición pública de perdón a las víctimas, familiares y comunidades por parte de el Estado de Guatemala, el Congreso de la República y la ex Comandancia de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca. Las recomendaciones asociadas a la memoria de las víctimas, giraron alrededor de aspectos como los siguientes: a) la declaración de un día conmemorativo de las víctimas (Día nacional de la dignidad de las víctimas de la violencia), b) la construcción de monumentos y parques

La(s) memoria(s) en contextos de guerra

públicos en memoria de las víctimas a nivel nacional, regional y municipal, acordes con las formas de memoria colectiva maya, c) la asignación de nombres de víctimas a centros educativos, edificios y vías públicas, d) la promoción y autorización para crear cementerios comunales acordes con las formas de memoria colectiva maya, y e) el rescate y realce del valor de los lugares sagrados mayas, violados durante el enfrentamiento armado, en concertación con las comunidades afectadas.

SUDÁFRICA 24

La comisión de la verdad y la reconciliación de Sudáfrica, estaba conformada por

19 integrantes bajo Acto Nacional No. 34 de 1995, decretado por el Parlamento de

la República Surafricana. Tuvo una duración de 8 años, entre diciembre de 1995 y

Marzo 2003. En ella se analizó el periodo comprendido entre1960 y 1994 durante el cual se genero el Apartheid. En el informe final, titulado “Verdad y Reconciliación”, se trataron temas relacionados con la reparación simbólica y las medidas legales y administrativas. La reparación simbólica abarcó las medidas que facilitaran el proceso comunal de recordar y de conmemorar el dolor y las

victorias del pasado. Tales medidas apuntaban a restaurar la dignidad de víctimas

y sobrevivientes. Los aspectos conmemorativos que se recomendaban eran: 1)

exhumaciones, 2) piedras sepulcrales, 3) monumentos y 4) retitulación de calles o de instalaciones públicas. A diferencia del proceso de Nuremberg, en la Alemania nazi, donde los culpables fueron juzgados y muchos de ellos se vieron obligados o decidieron abandonar el país, en Sudáfrica no hubo ningún tipo de triunfo de ninguno de los dos bandos, ni de parte del Estado, ni de parte de los movimientos de liberación y la justicia se llevo a cabo del lado de la reconciliación. Desmond Tutu dice: Nosotros tuvimos que construir nuestros hogares en esta, nuestra patria común, y aprender a vivir unos con los otros”. Se cambió amnistía por la verdad de los hechos, “esto se basó en los principios de justicia restaurativa y ubuntu (…) La justicia restaurativa y la ubuntu se basan firmemente en el reconocimiento de la humanidad fundamental de incluso el peor criminal posible” 25 . La Comisión de la verdad y la reparación de Sudáfrica hecho mano de sus viejas costumbres culturales para practicar ritos de reconciliación. A diferencia de las demás comisiones, la sudafricana ha sido la única con facultad para otorgar amnistías individuales a quienes confesaran toda la verdad.

La importancia política de las comisiones de la verdad es que hacen una apuesta pública de reconocimiento de las atrocidades y del dolor padecido por diferentes poblaciones; sin embargo, parece que los esfuerzos de estas comisiones, aunque en algunos casos llegan a establecer mecanismos de reparación, pocas veces alcanzan el nivel de la reconciliación y la superación del dolor.

De Memorias y De Guerras

.

En América Latina, y concretamente en los países que han estado en proceso de transición hacia la democracia (Guatemala, Salvador y algunos del Cono Sur), el imperativo ha sido la paz y la reconciliación entre todos los miembros de la comunidad nacional (Cortes, 2006). Para los defensores del realismo político son claros los ejemplos de Alemania, cuando finalizó la segunda guerra mundial, la ex Yugoslavia y Rwanda, cuando se constituyeron los tribunales ad hoc de la Haya y

Arusha; en estos casos el ideal normativo de justicia retributiva fue posible gracias

a que la justicia fue impuesta desde el Estado vencedor. En estos casos “fueron

juzgados grandes perpetradores de crímenes internacionales, por lo menos los violadores de alto rango militar, y pudo evitarse, en gran medida, una pol