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Juan Sabater, doctor en farmacia, experto en antienvejecimiento

"Lo que yo he hecho ha sido porque la tenía a ella al lado"

IMA SANCHÍS - 30/06/2009 – La Vanguardia

Tengo 74 años. Jubilado, pero trabajando 8 horas al día preparando libros y


cursos de formación para médicos sobre medicina posgenómica. Casado
con Margarita, 4 hijas y 6 nietos. Los políticos de hoy no son los primeros de
la clase. Cristiano crítico con la jerarquía católica

¿Setenta y cuatro años, dice?

Esa es mi edad cronológica, pero mi edad biológica, cuantificable con datos


biológicos, es de 7 u 8 años menos.

Pero usted tiene enchufe...

Yo me aplico lo que empezamos a predicar hace 12 años, cuando


introdujimos en la Clínica Planas de Barcelona la medicina
antienvejecimiento. Me fui a EE. UU, aprendí, y hoy soy miembro fundador
de la sociedad española de medicina antienvejecimiento.

Usted es un apasionado de la medicina.

Pues sí, de pequeño ya me gustaba todo lo relacionado con la biología y era


muy observador, me encantaba Sherlock Holmes.

¿Así llegó a los micro métodos?

Efectivamente, preguntándome: ¿tanta sangre hace falta para hacer un


análisis?... A partir de esa pregunta pasamos, en los años sesenta, de
pincharle la yugular a un bebé a pincharle el talón y recoger unas gotitas.

Tenía usted 28 años.

Sí, y me llamaron para que dirigiera la clínica universitaria de pediatría. Le


debo mucho al doctor Cruz, porque confió en mí cuando yo sólo era un chico
que prometía.

Y se dedicó a los niños.

Me di cuenta que había unas determinadas enfermedades que sí se


diagnosticaban y trataban tras el nacimiento se evitaba el posterior retraso
mental. Me fui a investigar a Boston y a Montreal mientras mi mujer
aguantaba la farmacia y el laboratorio.

Farmacéutica como usted.

Sí, eso me permitió volver aquí con toda la técnica necesaria para hacer el
diagnóstico precoz de algunas enfermedades metabólicas y la Fundación
March me dio 10 millones de pesetas para montar el laboratorio.
Generosos.

Asombroso. Así monté el Instituto Provincial de Bioquímica Clínica que aún


existe.

De eso hace mucho tiempo. ¿Qué ha aprendido en la vida?

Que has de esforzarte en perfeccionar cada día tu trabajo (hay que inculcar
el esfuerzo a nuestros jóvenes), que la inquietud por la innovación es
necesaria y, sobre todo, que debes creer en ti mismo.

Hijo de periodista de La Vanguardia.

Un oficio que daba para poco. Tras la guerra estuvo en un campo de


concentración. Durante 6 años mi madre tuvo que despabilar. Pasé una
adolescencia dura y bonita.

¿Lo duro puede ser bonito?

La dureza de la posguerra me dio la conciencia de que debía aprovechar los


estudios que tanto esfuerzo costaban, terminé la carrera con premio
extraordinario. Siempre tuve la convicción de que sería lo que consiguiera
por mí mismo.

¿Hombre de una sola mujer?

Literalmente. Margarita ha sido mi amiga, mi compañera de curso, mi


amante y mi álter ego. Lo que yo he hecho ha sido porque la tenía a ella al
lado. Si alguna vez le cuentan que me lancé al puerto a salvarle la vida a
uno que se ahogaba es porque ella me empujó. Mi mujer lo es todo para mí.

Me está emocionando.

Con ella tiré adelante el laboratorio y quiero que conste, porque los hombres
nunca decimos nada de la mujer y, en la mayoría de los casos, la mujer ha
sido determinante.

¿Cómo se consigue que las cosas funcionen tan bien en el


matrimonio?

Hay una regla que yo siempre le he dicho a mis hijas antes de la boda: no
apagar la luz de la mesita de noche sin haber solucionado un problema por
pequeño que sea, porque no son las cosas gordas las que rompen un
matrimonio sino el gota a gota.

Y en el campo de la medicina, ¿qué es lo más importante que ha


comprendido?

Que has de tener una gran vocación, una formación continuada, criterio
para saber aplicar lo nuevo y saber que el fin de semana te llevas en la
cabeza a los pacientes.
¿Algún caso especial?

El de un bebé que sufría fenilcetonuria, una enfermedad que cursa con


retraso mental. Gracias al plan de diagnóstico precoz pudimos tratarla. Al
cabo de 20 años se presentó en mi despacho una joven que había acabado
la carrera de enfermería, pensé que venía a buscar trabajo, peor era ella,
venía a darme las gracias y a enseñarme su título.

¿Estas son las cosas que valen la pena en la vida?

Esto te lo paga todo, mire, se lo estoy explicando y se me llenan los ojos de


lágrimas.

¿Cuál es el paso más importante que se ha dado en medicina?

La penicilina y la descodificación del genoma humano. Hoy ya no se puede


hacer la misma medicina que hace 5 años, lo que pasa es que los médicos
no están preparados para la medicina posgenómica. Ahora, conociendo
determinados genes de los 30.000, podemos saber los riesgos que tiene
cada persona de determinadas patologías.

Volvemos a la medicina preventiva.

Transformada hoy en medicina predictiva que nos permite hacer medicina


personalizada. Pero todavía no tenemos todo el genoma encima de la mesa,
y a eso me dedico.

¿No piensa jubilarse?

No, lo que estudio es apasionante: poder valorar el estadio biológico de la


persona. Eres joven mientras cada día aprendes algo nuevo y tienes ilusión.
Fíjese en Rita Levi-Montalcini (Nobel de medicina).

... Sigue dirigiendo tesis doctorales con 100 años.

Es una mujer joven, un treintañero sin ilusiones es un viejo. La tele hace


tanto daño, nos mengua la imaginación y el esfuerzo.