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Daniel Medvedov

El Hombre-Puente - la Mujer-Puerta

Daniel Medvedov • E l H ombre- P uente - la M ujer- P uerta •

Madrid

2009•/2015

El Hombre-Puente y la mujer-Puerta, Puente hacia el mundo, para el joven, Puerta al mundo para la infancia

HACIA EL MUNDO VOY CON MIS TRASTOS ENTRO A GATAS PARA ENCONTRARME CON EL FUTURO UN PUENTE UNE DOS ORILLAS LA ORILLA DEL HACER

Y LA ORILLA DEL NO-HACER

UNA PUERTA

REÚNE

EL LUGAR DE AYER

CON UN SITIO DESCONOCIDO ES EL MUNDO FUTURO

Y YO

PEREGRINO

PASO

PASO A PASO VOY Y VENGO CAMINO INFINITO DEL VIVIR

He conocido a lo largo de los años varios hombres-puente. ¡Qué bello evento es un puente! Pasas, miras a los lados, y sin darte cuenta, ya estás en la otra orilla.

N E PUE R T A
N
E
PUE
R
T
A

También he conocido mujeres-puerta. ¡Qué bello es el vacío que te deja entrar!

Es el vacío que hace una puerta, y el vacío mismo compone el espacio que hay entre los pasos. Valorar el vacío sólo puede concebirse en el silencio. Desde la calma sonora se percibe aquel entre-acto que vibra de claridad y ritmo.

Digamos que el puente y la puerta son dos entidades simbólicas, pues atan dos complementos en una instancia común: ir y venir, entrar y salir. Tal vez sea el camino aquello que reúne en su sentido las acciones complementarias de la ida y de la vuelta. Otras figuras simbólicas serían la escalera, para el subir y el bajar, y la llave, para cerrar y abrir. Habrán otras, que no recuerdo ahora. Unión, acercamiento, cruce de caminos, encuentros múltiples, el puente logra una comunión de las diferencias en una inversión social de los hacedores anónimos, aquellos que no firman ni dejan huella visible. Debajo del puente, este lugar visinvisible, forma círculos, mandorlas, óvalos, elipses, ojivas. Por allí pasa el vacío. ¿Es acaso el puente un edificio? La pregunta es crucial, pues una construcción tiene adentro y

afuera.

El puente, como tal, posee dos planos, arriba y abajo, y completa una triada con el espacio singular que viene a ser representado por el salto de una orilla a la otra. ¿Cómo se podría llamar ese lugar extraordinario? He visto al Hombre-Puente hablar con alguien y delante de mi se me ha manifestado el puente. He contemplado la Mujer-Puerta y he percibido el vacío que te deja pasar.

Tanto la Puerta como el Puente sugieren la idea de “paso”, la acción de “pasar”. Lancelot pasa el Puente-Espada. La Escalera es un puente vertical. PONTIFEX, el constructor de Escribe Nichiren que Buda es el Gran Puente de los seis caminos. El verdadero puente es el pasándolo, la noche llega a ser como el día, pues este mundo sin fin es sólo Luz” (Chandogya-Upanishad). He aquí la historia del Hombre-Puente: en el relato “Branven, hija de Liyr de Mabinogion”, las huestes galeses que invaden Irlanda para vengar a Branven, casada con el rey de Irlanda, Mathalvch, son paradas por las aguas del río Shannon, río encantado sobre el cual no hay puente alguno y por el cual ningún barco puede flotar. El rey Bran se pone de una orilla a otra, como un puente, y los soldados pasan por encima de su cuerpo alargado. SIRAT es el nombre árabe para designar el “paso por el puente mágico”, más estrecho que un cabello y más afilado que la espada. El puente es un lugar de desafío del alma, una dimensión óptica y ética.

El puente tiene que ser pasado, la situación debe ser atravesada, no hay posibilidad de rodeos. Se trata de un conflicto entre dos estados interiores que debe ser atacado y resuelto con una travesía y una penetración firme en el territorio desconocido de la otra orilla. Los que sueñan con un puente están advertidos de la existencia de un peligro inminente que tiene que ser enfrentado con valentía, de la necesidad de formular una estrategia y de aplicarla, bajo la forma conocida de la táctica de los guerreros. La “preparación” debe “aplicarse”, no basta con sólo concebir un plan, hay que pasar, hay que ir al otro lado del río. El puente pone al individuo frente a una situación crucial: de modo ineluctable e inexorable, este sujeto debe tomar una decisión, ya no puede escabullirse entre los matorrales de la orilla. Es que así me encuentro yo en ese momento: tengo que hacer un plan, vale decir preparar mi estrategia, y luego aplicarlo, a través de la táctica marcial de los grandes guerreros.

Y la Puerta, lugar de paso entre dos estados, entre dos mundos, entre lo visible y lo invisible, entre la pobreza y la riqueza, entre la luz y las tinieblas.

La puerta es un paso hacia lo desconocido, el misterioso mundo del futuro. Pero su valor es dinámico, energético, espiritual. Allí hay un umbral que debe ser traspasado, y ya no puedes mirar hacia atrás. El umbral es la invitación hacia lo desconocido, el banquete maravilloso de lo sorprendente y el coloquio del misterio. Este cuerpo humano es llamado “la ciudad de nueve puertas” en el texto del Bhagavad

–Gita, “navadvare pure dehi” , donde “dehi” significa “muros” y “navadvare” – “nueve-puertas” , en sánscrito.

Lindas palabras las del Maestro Ekhart que , mirando una puerta, declaró que el gozne es la imagen del hombre interior que no se deja mover, ni es afectado por el movimiento externo. Cuando viajaba en el coche, las montañas no se movían en la lejanía, estaban siempre a mi lado, con una presencia majestuosa.

Con ocasión de este escrito he compuesto el siguiente limerick:

Había una vez un hombre en la puerta Cuidaba el paso de todo charlatán Después de muchos días nadie ha pasado Entonces ese hombre pasó con Ailatán.

Me parece gracioso que en la Moraleja, en Diversia, haya un bar que se llame Ailatan . Algunos amigos, como Sergio, o Isidoro, suponían que se trataba de una palabra vasca. Cual no fue nuestra sorpresa al pasar la puerta y al encontrarnos con la dueña llamada NATALIA – AILATAN. Asimismo, un suceso ordinario puede transfigurarse en un hecho extraordinario, pero no ocurre a menudo lo contrario.

Hasta