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Las letras y las cifras

Henry Rey-Flaud

Las <<letras>> congeladas del autismo

La predilección por la realidad material de las letras es una característica muy general de los niños autistas. Donna Williams escribe así: <<Me gustaban las letras y las aprendí rápidamente. Como estaba fascinada por el modo en que se juntaban para formar las palabras, aprendí las palabras también fácilmente 1 >>. En la historia que nos ha dejado de su hija, Clara Park, madre de la pequeña Elly, toma en cuenta en esta última una disposición del mismo orden que descubrió un poco por azar: <<Le había dicho, E como Elly , B como Becky , sin esperar gran cosa y pensando apenas en lo que hacía. No había pensado que Elly pronto me diría: C como copa y B como barco 2 >>. De allí concluye que simplemente su hija amaba las letras al igual que amaba las formas y los colores, [que] las amaba demasiado, lo suficiente para reflexionar, [que] de instinto, a pesar de sus propias faltas de pronunciación, adivinaba su significación y su rol 3 >>. He aquí porque, habiendo constatado que <<la función de la letra formaba parte de las cosas que Elly aprendía de ella misma [ ], cuando cumplió siete años, edad en que ya reconocía numerosas palabras, [su madre] le compró una cajita de letras de madera con la cual podían componerse palabras a voluntad 4 >>. Esta iniciativa tuvo el resultado que podía esperarse: encender la pasión de la niña por las letras, si bien cuando su hermana Sarah comenzó el estudio del griego, debió pedírsele con insistencia que ocultara este nuevo alfabeto a Elly, por temor a que lo aprendiera 5 .

El gusto así fijado de Elly por las letras (corroborado por las disposiciones, sobre las cuales volveremos, por las palabras cruzadas de otros sujetos 6 ) no expresa ningún goce lúdico. Éste traduce, de manera mucho más fundamental, la relación <<ontológica>> del niño autista con el mundo. De este modo lo percibe la madre con una inteligencia aguda del fenómeno: considerando un dibujo de Elly en el cual esta había reducido la representación de una pequeña niña a la cifra 7, haciendo desaparecer el cuerpo y no conservando más que la cabeza esquematizada, Clara constata: <<Niña mudada en cifra:

me temo que Elly sea una platónica ignorada>>. Y comenta: <<si bien [al día de hoy] ya no vive más allí exclusivamente, prefiere un mundo despojado de las contingencias fortuitas que lo vuelven tan apasionante y precioso a un espíritu ordinario; un mundo reducido a sus atributos esenciales de estructura, de forma y de número 7 >>.

La realidad <<literal>> del niño autista

Validaremos la aproximación de Clara Park. Las letras y las cifras, que constituyen la trama de la realidad de Elly, no carecen de analogía con los Números que Platón, discípulo de Pitágoras, sustituyó a las ideas al final de su obra. Las letras y las cifras del autista expresan en efecto una formalización del mismo orden que aquellas por las que velan los números en el caso del filósofo. Pero mientras que para el metafísico los Números soportan una realidad trascendente en relación al mundo de las sombras en que

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se debaten los hombres, para el autista el primado de la letra es, a la inversa, la expresión de su detención en un espacio <<perfecto>> que se revela paradójicamente en falta en relación al espacio precario e incierto que constituye la realidad de la gente <<normal>>. La realidad autística, sostenida por las cifras y las letras, traduce así la objetivación del lenguaje. Esta abre un espacio en que las palabras son cosas siempre semejantes a ellas mismas, que garantizan por este rasgo la seguridad del niño. Este estatuto se verifica por la característica esencial de las palabras en este registro subjetivo, a saber, que son susceptibles de disposiciones y de combinaciones como las piezas de un mecano o las ruedas de un péndulo, maquinaria sobre la cual el niño tiene el sentimiento de poder ejercer su control y su dominio.

Mira Rothenberg toma en cuenta en este sentido el caso del pequeño Peter, quien era

capaz de deletrear series interminables de palabras, y exigía de manera complementaria

a todos aquellos que encontrase que le deletrearan las palabras que él les presentaba

(<<Peter quiere saber cómo deletreas >>). Es acerca de este mismo niño que los cuidadores decían incluso: <<Derrota a todo el mundo al Scrabble. Siempre. Ayer venció

a un profesor de doscientos cincuenta puntos, y a toda velocidad [ ]. Y completa todas

las palabras-cruzadas del times, como de cualquier otro diario, a toda velocidad 8 >>. Esta hazaña habría parecido sin duda aún más remarcable si los involucrados hubiesen podido imaginar que, cuando Peter realizaba las palabras-cruzadas, no tenía para nada en cuenta las definiciones de las palabras que <<cruzaba>>, sino que se contentaba con disponer entre ellas las letras que las componían determinando instantáneamente las combinaciones ofertadas por el vocabulario a partir de la sola distribución de los casilleros negros y blancos sobre la grilla.

En efecto, a través de todas estas proezas, el niño autista muestra que tiene necesidad de descomponer lo que constituye para nosotros el primer elemento irreductible del lenguaje, la palabra, en elementos propiamente atómicos, las letras, homólogas a las cifras, dominio en el cual demuestra una maestría asombrosa: <<Desde la edad de dos años, confirma Mira Rothenberg, [Peter] era capaz de sumar, de restar, de multiplicar y de dividir números astronómicos. Aquello parecía no requerirle ningún esfuerzo; daba el resultado en un parpadeo, sin tener necesidad de pasar por todas las operaciones habituales 9 >>. Por otro lado, el mismo niño era constantemente absorbido en conteos infinitos que nada podía detener: <<Es más fuerte que él, reporta su terapeuta, que había intentado poner término a esta actividad. Se habría dicho que sus labios tenían vida propia. Estos continuaban moviéndose, y si los miraba atentamente leía: 17 101, 17 102 [ ] Esto ahuyenta el pánico, esto lo ahuyenta, y así no da más miedo a Peter 10 >>.

La determinación del estatuto de las cifras en los niños autistas permite comprender su poder apotropaico* contra las amenazas que pesan permanentemente sobre el mundo de estos pequeños pacientes.

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Función de las letras y de las cifras para Elly y para Tony

Un primer principio debe ser planteado de entrada: las letras y las cifras de Elly Park o de Peter no son equivalentes (y menos aún avatares) de las <<formas>> autísticas que descubriremos en un capítulo ulterior, y que son producciones fomentadas por el niño a partir de su cuerpo 11 . No seguiremos por tanto a Frances Tustin que hace esta confusión fundándose en el hecho de que estos signos pueden ser <<manufacturados>>, como lo son las sustancias corporales maleables a partir de las cuales son fabricadas las <<formas>>. El ser tomadas en el almacén propuesto por el mundo exterior da de forma clara a las letras y a las cifras el estatuto diferente de objetos autísticos, o al menos de formas reales, como lo son las formas geométricas (tales como el cuadrado que reencontraremos en un instante), que se revelan por este carácter homólogos a los objetos. Es por esto que, a semejanza de las formas geométricas y de ciertos objetos, los números pueden estar afectados de un quantum de placer o de desplacer: <<Para Elly, observa su padre, algunos de entre ellos producían sensaciones agradables mientras que otros producían sensaciones desagradables . Ciertos números producían incluso un tal encantamiento que ella no se encontraba en condición de pronunciarlos, solamente podía escribirlos 12 >>. Esta cosificación de los números, análoga a la fetichización del lenguaje operado por los perversos, tiene por resultado la producción de un ersatz** de simbólico que va a permitir a la pequeña afirmar su dominio sobre la realidad. Un ejemplo ya evocado en el capítulo precedente, verifica este principio.

<<[Un día] un invitado es el primero en servirse una ensalada que Elly había preparado y de la cual se había dicho sería la primera en tomar. El gesto imprevisto de otra persona desarregla así completamente su mundo. A fines de calmarse luego de la crisis que esta situación provoca, Elly se lanza en laboriosos cálculos de multiplicación y de división, cada uno compuesto por grandes números>>, siendo el elemento decisivo aquí que ella ya conocía el resultado de dichos cálculos 13 . Aquel día, la cifra que produjo fue 13 691 369, que Tustin explicita diciendo que la <<forma simétrica>> de un número, tal como el presentado, tenía siempre sobre Elly un efecto reconfortante. Por nuestra parte, revelaremos que se trata aquí de redoblamiento (1369/1369) y no de simetría (1369/9631), referencia que implica el acceso a la inversión especular, ligada al estadio del espejo, que jamás será dada a este tipo de niño. A partir de allí, acordaremos con sus terapeutas que es la identicidad superponible de dos partes del número lo que produce la acción tranquilizadora observada, iniciando un mundo donde no habrían más que 1, todos semejantes unos a otros, y en el cual ninguna singularidad intempestiva, como aquella del invitado indelicado, tendría entonces la ocasión de manifestarse. Para esclarecer bajo otro ángulo el mundo de Elly, francés Tustin reporta además el caso de un pequeño niño, Tony, que aplicaba el mismo principio a las letras del alfabeto.

Como en el juego Memory (a fin de cuentas fuertemente apreciado por los niños autistas), Tony se empleaba en realizar <<pares>>, es decir en acoplar por similitudes y por concordancias las buenas personas (right people) y las buenas casas (right houses). De este modo, producía una vez más, cual un pequeño demiurgo previsor, un mundo marcado por una armonía preestablecida. La constitución de los <<pares>> de Tony

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estaba hecha en función ya no de números sino de las letras del alfabeto: <<Si alguna persona tenía en su nombre ciertas letras (como por ejemplo D.O.M.), entonces esta podía emparejarse con una casa cuyo nombre contuviese las mismas letras 14 >>. Así, Tony, promotor de una nueva Kavala, refería la concordia en el mundo a la concordancia obtenida en un juego de letras investido de una realidad y de una verdad trascendentes.

Las predisposiciones de los niños autistas por las figuras geométricas

El mundo de Elly, de Tony o de Peter encuadrado, recortado, capitonado por las letras y

por las cifras- revela entonces la existencia de un espacio lenguajero singular, hecho de

elementos primeros reificados, que corresponden al estado fosilizado del lenguaje, específico del autismo arcaico, constituido por las primitivas marcas sensitivas (<<las huellas>>).

En este registro, las figuras geométricas evocadas hace un instante cumplen una función,

homóloga a aquella de las letras y de las cifras, que da cuenta por la misma razón de la precocidad sorprendente de estos niños, fuente a veces de ilusiones para los padres:

<<No creía lo que veían mis ojos, escribe así Clara Park, cuando vi a Elly elegir cuatro rombos y combinarlos para hacer un rombo más grande, desechando sin vacilación uno o dos triángulos rectángulos que le caían en las manos. Lo hizo tres veces, luego comenzó

a manipular los cuadrados con una concentración difícil de describir. Durante veinte

minutos, toda su atención fue acaparada por esta tarea. Las formas abstractas y desprovistas de sentido parecen tener para ella una importancia intrínseca, y le resultaba

fácil distinguirlas 15 >>. Es de suponer entonces que Elly <<tenía los conceptos bien preparados desde hace años y no esperaba más que las palabras para designarlos>> antes de concluir: <<Rectángulo, rombo, cuadrado, nada de más abstracto que estas palabras. Por poco que la idea expresada le interese, la abstracción en sí no ofrece ninguna dificultad 16 >>. De hecho, Elly jamás fue (y no será, cualquiera que fuese su destino futuro) capaz de abstracción, operación que supone la pérdida del concepto en la expulsión originaria ligada a la efectuación del segundo relevo. Se trata simplemente, en el caso de las figuras geométricas del autismo, de formas <<innatas>> que el niño encuentra espontáneamente (veremos ulteriormente en qué condiciones) y que le permiten una primera puesta en forma de lo real.

Es esta misma predisposición natural por lo simbólico que da cuenta de los dones excepcionales, que permanecen misteriosos, de ciertos autistas para la música, así como de la predilección general de estos sujetos por las producciones de este arte.

Notas del traductor:

* Apotropaico, del griego apotrepein (alejarse). Según la real academia dícese de un rito, de un sacrificio, de una fórmula, etc., que por su carácter mágico se cree que aleja el mal y propicia el bien.

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** Ersatz, vocablo alemán que literalmente significa sustituto o subrogado.

Bibliografía

1. Donna Williams, Si on me touche, je n existe plus, p. 49.

2. Clara Park, Histoire d Elly, p. 232.

3. Ibid., p. 232.

4. Ibid., p. 250.

5. Ibid., p. 251.

6. Mira Rothemberg, Des enfants au regard de pierre, p. 230.

7. Clara Park, Histoire d Elly, op.cit. p. 232.

8. Mira Rothemberg, Des enfants au regard de pierre, op.cit. p. 287.

9. Ibid., p. 230.

10. Ibid., p. 264-265.

11. Cf. El capítulo IV, consagrado a estas producciones.

12. David Park y Philip Youderain, <<Light and number: ordering principles in the world of

autistic child>>, Journal of Autism Childhood and Schizophrenia, 1974, 4, p. 313-323, citado por Frances Tustin, <<Les forms autistiques>>, en Actes du colloque de Monaco

(Lieux de l enfance, n° 3) op.cit. p. 232.

13. Frances Tustin, <<Les formes autistiques>>, en Actes du colloque de Monaco (Lieux

de l enfance, n° 3) op.cit. p. 234.

14. Ibid., p. 235.

15. Clara Park, Histoire d Elly, op.cit. p. 71-72.

16. Ibid., p. 214.

Versión en español de Pablo Dymant

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