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Psicología Iberoamericana (2006)

Vol. 14

No. 2, p. 1

Contenido

Content

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Presentación (Editorial)

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Presentation (Editorial)

Eleazar Correa González

La Construcción de la Intimidad en las Relaciones de Pareja: El Caso del Valle de Chalco

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The Construction of Intimacy in Couples’ Relationships: The Valle de Chalco Case

Celia Mancillas Bazán

El Significado de “Familia” en la Familia Reconstituida

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The Meaning of “Family” in the Reconstituted Family

Kattia Z. Walters Pacheco, Franchesca N. Cintrón Bou e Irma Serrano-García

Alteraciones Psicológicas en la Mujer Embarazada

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Psychological Disturbances in Pregnant Women

Ma. Eugenia Gómez López, Evangelina Aldana Calva, Jorge Carreño Meléndez y Claudia Sánchez Bravo

El Apoyo Social como Amortigüador de la Desesperanza en Padres de Niños Hospitalizados

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Social Support Used to Damper Parents’ Helplessness as they Have Hospitalized Children

Jaime M. Castañeda Gussinyé

Cambios Neurovegetativos Inducidos por Imágenes de Desnudos Femeninos y 46 Masculinos en Hombres Heterosexuales Neurovegetative Changes Induced by Female and Male Nude Images in Heterosexual Men María de Iturbe Verea y Óscar Galicia Castillo

Familias Mexicanas Migrantes: Mujeres que Esperan

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Mexican Migrant Families: Women Who Wait…

Graciela Polanco Hernández y Nayeli Jiménez Caracoza

Migrantes Potenciales Mexicanos: sus Motivaciones y Actitudes hacia la Aculturación

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Potential Mexican Migrants: their Motivations and Attitudes Toward Acculturation

Alejandra Dominguez Espinosa, Alma Polo Velásquez

Departamento de Psicología: Exámenes Profesionales y de Grado. Enero-Diciembre de 2006

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Department of Psychology: Professional and Degree Exams. January-December 2006

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Presentación

(Editorial)

Psicología Iberoamericana (2006)

Vol. 14

No. 2,

pp. 2-4

Eleazar Correa González

Con mucho agrado comparto con nuestros lectores la distinción que se me ha hecho al nombrarme director del Departamento de Psicología de la UIA (4 de Octu- bre de 2006). Desde que se me dio el nombramiento –lo cual es un gran honor para mí– tengo muy presente el gran reto y responsabilidad que esto significa. En efecto, se trata de una responsabilidad social y académica que tiene toda institución de educación superior y de manera particular la visión planteada en el proyecto educativo de esta Universidad; de acuer- do con el cual el Departamento de Psicología tiene el reto de que en un ambiente de participación respon- sable, apertura, libertad, respeto y crítica propositiva, impulse el desarrollo y la difusión del conocimiento, así como la formación de profesionales e investiga- dores con calidad humana y académica que se com- prometan en el servicio a los demás para el logro de una sociedad más libre, productiva, justa y solidaria. Considero que desde la dirección se deben facili- tar todas las acciones que atiendan la demanda que formula la sociedad en materia de educación, la de ser promotora del desarrollo de la nación, de la socie- dad y de sus habitantes. Me siento con la responsabilidad de dar a conocer los elementos de mi formación y experiencia que me permitirán lograr tales objetivos. Estudié la licenciatura en Psicología en la Bene- mérita Universidad Autónoma de Puebla (1994), un diplomado en Neuropsicología en la misma universi- dad (1994) y tres maestrías, una en Educación Espe- cial en la Universidad Autónoma de Tlaxcala (1998), otra en Teoría Psicoanalítica en el Centro de Investi- gaciones y Estudios Psicoanalíticos (1999) y la ter- cera en Psicopatología Fundamental y Psicoanálisis en la Universidad de París VII “Denis Diderot”, Fran- cia (2002). He realizado estudios de doctorado en Psicoanáli- sis por la misma universidad en Francia (2002-2005), incluyendo mi Estancia de Investigación Doctoral en el Hospital de la Universidad Johannes Gutenberg de Maguncia, Alemania (2003-2004).

Antes de desempeñarme como psicoanalista, tuve una importante experiencia profesional trabajando en el apoyo psicopedagógico para la integración educa- tiva en los centros de Educación Especial de la SEP, así como en actividades de docencia en el campo de la educación, psicología y psicoanálisis. Recientemente me desempeñé como docente y Se- cretario Académico del Posgrado de Ciencias de la Educación (maestría y doctorado) de la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Colaboro en distintos diplomados en diversas universidades del país y soy docente visitante en la maestría en Teoría Psicoanalítica de la Escuela Libre de Psicología de Puebla, así como en el Posgrado de Ciencias de la Educación en la UAT-Tlaxcala. He escrito 14 artículos en revistas nacionales espe- cializadas en psicoanálisis y filosofía. Mi investigación gira en torno al estudio de los dispositivos y mecanis- mos psicológicos e inconscientes que hacen posible el vínculo social y la transmisión intergeneracional. No- ciones como filiación, genealogía, memoria colectiva, historia, secretos familiares, mandatos, legados, do- nación, deuda y culpa, mitos y leyendas, filogénesis, determinismo, destino, repetición, azar y libertad son referencias frecuentes que utilizo para comprender la construcción de las identidades y las transformaciones de las subjetividades y del vínculo social, particularmente en temas relacionados con las representaciones sociales del cuerpo y los efectos psíquicos de las distintas clíni- cas de intervención en el cuerpo. La especificidad de esta línea de trabajo consiste en un diálogo del psi- coanálisis con las diversas disciplinas que dan cuenta de las diferencias culturales (sociología, etnología, historia, antropología, medicina, etc.) manifestadas en el cuerpo, lugar donde se conjugan las diversas determinaciones (inconscientes, fisiológicas, cultura- les, etcétera.). Actualmente desarrollo un proyecto de investigación acerca de los aspectos psicosociales y psíquicos en el sujeto cuando se interviene en su cuer- po con fines de donación y trasplante de órganos. Como podrá observar el lector, la investigación es de gran interés para mi formación y desempeño profesional, igual los objetivos que me he propuesto

Presentación (Editorial)

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como Director de este departamento; razón por la cual, en el siguiente número de esta revista ustedes encontrarán las líneas de investigación que nues- tros profesores realizan y otras reflexiones en tor- no a la investigación en el campo de la psicología. En relación a las metas principales que deseo al- canzar, quiero agregar que mi trabajo estará encami-

nado a darle continuidad a los buenos resultados y a seguir desarrollando las condiciones para que los alumnos que visitan las aulas de esta Universidad re- ciban una excelente “formación integral y humana” que sólo se puede dar con la participación de los dis- tintos campos del saber psicológico y sobre todo, con la comprometida colaboración de todos los académi- cos y personal administrativo de nuestro Departamen- to y de toda la Universidad. Nuestro mundo contemporáneo se caracteriza por la globalización en todas sus dimensiones, junto con ello la vida política y social se reestructura, el lazo social tiende a disolverse, la familia adquiere nuevas configuraciones e inéditas formas de la subjetividad humana se presentan en el psiquismo del hombre ac- tual. Esta realidad social y psíquica conlleva cuestio- namientos serios a las disciplinas y ciencias que estudian la conducta, el comportamiento individual y social, la conciencia, la mente y el psiquismo. Frente

a tales cuestionamientos tenemos que actuar con res-

puestas inteligentes y creativas, con una escucha a la singularidad de ese otro, a la vez semejante y diferen- te, con responsabilidad social pero sobre todo con el ejercicio de un pensamiento libre, crítico y ético. En acuerdo con el ideario de esta universidad, tra- bajaré para fomentar un “diálogo interdisciplinario encaminado a la integración universitaria de los dis-

tintos tipos del saber humano”, discusión y diálogo serio que debe comenzar entre los diversos enfoques

y perspectivas psicológicas, así como una abierta re-

flexión sobre las aportaciones de otros campos disci- plinarios que también enriquecen el conocimiento y saber sobre la psique humana. Hablo concretamente de la vinculación con otras disciplinas científicas

y de un trabajo interdepartamental. En otro ámbito, impulsar el desarrollo del progra- ma de licenciatura, de los programas de maestría y doctorado del Departamento de Psicología implica no sólo una respuesta a los indicadores que ha estableci- do la política educativa nacional a través de sus di- versos programas de acreditación, sino también valorar seriamente y promover el fortalecimiento de programas de orientación profesional o vinculación con diversos sectores de la sociedad, sobre todo cuan-

do dichos programas tienen un importante impacto en la formación integral de nuestros alumnos o en el desarrollo de diversos sectores de la sociedad. Respecto a nuestra revista, Psicología Iberoame- ricana, estamos trabajando fuertemente en su conso- lidación. Aspiramos a posicionarla como una revista de lectura obligada para los especialistas en psicolo- gía y campos afines. De igual manera, debemos avanzar en la consolida- ción de nuevas líneas de investigación, tarea que tiene su mejor expresión no sólo en las publicaciones de ar- tículos en revistas arbitradas de calidad internacional, sino también en la participación de espacios serios de escritura y reflexión que posicionen al Departamento de Psicología en la orquesta de los distintos saberes y reflexiones sobre lo humano. Ésta es una realidad que tenemos al alcance de nuestras manos. En este número se incluyen aportaciones de gran diversidad de temáticas, marcos teóricos, metodologías y áreas de aplicación. Contamos con la participación de autores nacionales en su mayoría, lo cual contrasta con el ejemplar monotemático anterior, en el que tuvi- mos la oportunidad de contar con la participación de autores en su mayoría extranjeros. En el artículo titulado: “La construcción de la in- timidad en las relaciones de pareja: El caso de Valle de Chalco”, la doctora Celia Mancillas Bazán nos invita a reflexionar sobre la complejidad de la vida íntima de las parejas. A través de una investigación cualitativa y exploratoria realizada en un sector po- pular urbano, nos muestra que, de acuerdo a los re- sultados, la intimidad en la pareja se construye en la interacción de cinco dimensiones: emocional, comunicacional, cognoscitiva, interaccional y sexual. En “El significado de familia en la familia reconstituida”, Kattia Z. Walters Pacheco, Franchesca N. Cintrón Bou, e Irma Serrano-García, de la Uni- versidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, ex- ponen el impacto que el divorcio ha producido en la sociedad puertorriqueña y en particular en las fami- lias reconstituidas. Los resultados de su investigación de corte cualitativo lleva a las autoras a subrayar la necesidad de reconocer la diversidad de familias que actualmente existen no sólo en Puerto Rico sino a ni- vel mundial. “Alteraciones psicológicas en la mujer embaraza- da” es una valiosa aportación de Claudia Sánchez Bra- vo, Ma. Eugenia Gómez López, Evangelina Aldana Calva y Jorge Carreño Meléndez, en la que el lector podrá encontrar las principales alteraciones psicológi- cas que entraron en juego durante el embarazo de las

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Eleazar Correa González

mujeres estudiadas. El estudio se realizó en el Insti- tuto Nacional de Perinatología (INPer) de la ciudad de México, con las pacientes remitidas al Departamento de Psicología debido a su condición de embarazo de alto riesgo. Jaime Castañeda Gussinyé nos demuestra, a tra- vés de un estudio correlacional, la relación que existe entre la deseperanza y la falta de apoyo social. En “El apoyo social como amortiguador de la desespe- ranza en padres de niños hospitalizados”, sostiene que existen factores desencadenantes de la desesperanza que sirven para combatirla una vez que se han identi- ficado y suprimido. A través del artículo “Cambios neurovegetativos inducidos por imágenes de desnudos femeninos y mas- culinos en hombres heterosexuales”, los autores: Ma- ría de Iturbe Verea y Óscar Galicia Castillo nos

comparten los resultados de su estudio y muestran la manera en que utilizan las técnicas electrofisiológicas para medir las cargas emocionales en forma más pre- cisa y difícilmente manipulable por los sujetos. En “Familias mexicanas migrantes: mujeres que es-

Graciela Polanco Hernández y Nayeli Jiménez

peran

Caracoza estudian el importante fenómeno migratorio en el estado de Michoacán, México. El objetivo princi- pal del estudio fue conocer los roles que desempeñan las

mujeres durante la ausencia de los varones y cómo va- rían éstos a su regreso. El mismo fenómeno es estudiado

,

desde una perspectiva diferente por Alejandra Domín- guez Espinosa y Alma Polo Velásquez en su artículo “Migrantes potenciales mexicanos: sus motivaciones y actitudes hacia la aculturación”, las autoras evaluaron diferentes motivaciones y actitudes de un grupo de ado- lescentes hacia la aculturación y observaron las varia- ciones en cuanto al género. Ambos estudios aportan datos reveladores para la comprensión del complejo y dinámico proceso de migración. Es nuestro deseo que el lector disfrute una vez más del contenido de este ejemplar y que nos siga honran- do con sus comentarios y valiosas contribuciones para nuestra revista. Termino este discurso en el presente Editorial, no sin antes reiterar que estoy seguro que en el marco de esta gran Universidad, con su apoyo y colaboración, lograremos impulsar el desarrollo de un Departamento que sea un modelo y que se destaque en la promoción de una excelente formación integral, docencia acadé- mica, investigación con sentido social y humano, y finalmente, que logre vincular todos los esfuerzos personales e institucionales a fin de contribuir con responsabilidad a esta sociedad que día a día plantea nuevos retos.

Eleazar Correa González Febrero 2007

Psicología Iberoamericana (2006) Vol. 14 No. 2, pp. 5-15

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La Construcción de la Intimidad en las Relaciones de Pareja: El Caso del Valle de Chalco

The Construction of Intimacy in Couples´ Relationships:

The Valle de Chalco Case

Celia Mancillas Bazán*

Resumen

El objetivo de esta investigación fue estudiar la intimidad en relación con los roles relacionales de género y la identidad personal en el contexto interaccional de la pareja. Se realizó una investigación cualitativa y exploratoria. Se utilizaron relatos de vida como recurso para obtener información sobre las experiencias y significados de las parejas participan- tes. El tamaño de la muestra fue de 35 personas en relación de pareja de una zona de la periferia de la ciudad de México. Los resultados indicaron que la intimidad en la pareja se construye en la interacción de cinco dimensiones: emocional, comunicacional, cognoscitiva, interaccional y sexual, reflejando diferentes combinaciones de aproximación y de dis- tancia a lo largo de la trayectoria de la pareja. Descriptores: intimidad, identidad personal, roles de género, pareja, método cualitativo.

Abstract

The present qualitative exploratory research aimed to study intimacy in relation to gender relational roles and personal identity in a couples' interrelational context. In order to obtain information about the meanings that the participant couples gave to their experiences, the qualitative Life accounts technique was used. Thirty-five people living in the outskirts of Mexico City and involved in a relationship were taken as a sample. The results showed that intimacy in a couple is built within a five-dimensional interaction: emotional, communicational, cognitive, interactive and sexual. Results also indicate different closeness and distance combinations throughout their life as a couple, related to the dimensions mentioned above. Key words: intimacy, personal identity, gender roles, couple, qualitative methodology.

Introducción

En las últimas décadas han habido transformacio- nes sociales y cambios de normas que han dejado a las mujeres y a los hombres con ambivalencia y con- fusión, en relación a los roles de género. Estas ambivalencias subyacentes interactúan con las di- námicas de la relación de parejas actuales en la cons- trucción de su intimidad y crean situaciones que se alejan de lo esperado. La tensión que se deriva de

estas ambivalencias se encuentra presente en muchas parejas contemporáneas. Diferentes procesos ocurren en nuestras socie- dades modernas que anuncian formas de cambio so- cial, entre ellos: la revolución sexual, el control de la natalidad, la incursión de las mujeres en los mer- cados de trabajo, las innovaciones biológicas en el dominio de la procreación y las consecuencias de la amenaza del sida. Como parte de estos procesos, y aunado a la figura de la tensión como fenómeno so-

* Doctora en Desarrollo Humano por la Universidad Iberoamericana. Académica titular del Departamento de Psicología de la Universidad Iberoamericana. Responsable de la línea de investigación: Familia, género y pobreza: Investigaciones psico-socioculturales; correo electrónico:

celia.mancillas@uia.mx

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Cecilia Mancillas Bazán

cial extendido, surgen actualmente formas inéditas de encuentro íntimo en las relaciones de pareja. Estos procesos sociales que también emergen en la vida íntima de las parejas, han sido estudiados por notables teóricos, que con ello han aportado antece- dentes indispensables a la presente investigación. Sin embargo, se encontraron pocos estudios empíricos so- bre el tema en nuestro país. Por eso, esta investigación construye a las parejas mexicanas de la ciudad de México como sujetos de estudio, para abordarlas de la siguiente manera:

• Identificar las interrelaciones resultantes de tres ámbitos: la intimidad en la pareja, los roles de género relacionales y la identidad personal.

• Conocer el resultado de esa interrelación en la figura de la tensión, identificando cómo en di- chas parejas se presentan las tensiones funda- mentales entre la intimidad, los roles relacionales de género y la identidad personal.

• Identificar el contraste que ocurre entre parejas de sectores populares urbanos de la ciudad de México, específicamente en el Valle de Chalco- Solidaridad, en dos colonias de esta zona: Amé- ricas y Niños Héroes.

El objeto de esta investigación fue estudiar la inti- midad con relación a los roles relacionales de género y la identidad personal en el contexto interaccional de la pareja. Estamos asumiendo que la intimidad es una aproximación a ser hombre y ser mujer, haciendo la cer- canía o la lejanía con la pareja, que puede ser estudiada pluridimensionalmente desde cinco dimensiones princi- pales: sexual, interaccional, emocional, cognoscitiva y comunicacional. Los roles de género son considera- dos como una aproximación a ser hombre y ser mujer haciendo lo cotidiano; la identidad personal es una aproximación a ser hombre y ser mujer haciéndose a sí mismos, desde la conciencia y la alteridad. Si aceptamos que el ser humano es relacional por esencia, se comprende porqué en esta investigación to- camos tres ámbitos de análisis fundamentales de la esen- cia humana relacional: la relación con el otro a través de la pareja, la relación con el mundo a través de los roles de género construidos en el contexto cultural y la relación consigo mismo a través de la identidad. Por todo lo anterior, en esta investigación se estu- dia la interacción dinámica entre tres subsistemas:

• Construcción de la lejanía o cercanía en la pareja (intimidad).

• Construcción de la cotidianidad en la pareja (ro- les relacionales de género).

• Construcción del sí mismo en la pareja (identi- dad personal).

La construcción de dos de estos tres ámbitos es más fuertemente interaccional (esto es, la intimidad y los roles de género), por la relación cara a cara en la pareja, mientras que la identidad se refiere a una di- mensión interaccional y al mismo tiempo, intrapersonal. Esto implica que en términos metodológicos me voy a mover simultáneamente en los dos planos: interpersonal

e intrapersonal. Esto representa el interjuego de lo indi-

vidual y lo social como constitutivo de la realidad social,

y en términos técnicos, aborda el análisis de los relatos

de vida desde lo individual y lo social. Así, nos interesa

estudiar las influencias recíprocas entre estos tres ámbi- tos y no estudiarlos a cada uno por separado.

Marco teórico

El punto en el que convergen las diversas perspecti- vas teóricas y los estudios empíricos en torno a la intimidad es la idea de que ésta es una necesidad uni- versal en los seres humanos. El deseo del encuentro con el otro en una relación amorosa y satisfactoria es un factor común en cualquier cultura. Sin embargo, definir la intimidad no es una tarea fácil si consideramos su carácter subjetivo y el hecho de que pertenece al mundo interno de las personas, no fácilmente accesible. Usamos este término en la cotidianidad, sin detenernos a comprender los signifi- cados asociados a este fenómeno de la vida humana. El término intimidad se refiere a la zona reserva- da e íntima de una persona o de un grupo, especial- mente de una familia. De esta manera, intimidad designa un camino de dos vías, el encuentro con uno mismo y el encuentro con el otro. El primer caso, el del encuentro, diálogo o vínculo con uno mismo, lo denominaremos intimidad personal; el segundo caso, el del encuentro, la apertura, el vínculo, el diálogo con el otro lo llamaremos intimidad interpersonal y es a este aspecto de la vida humana al que nos aboca- mos en este trabajo. En lo subsecuente, usaremos el término intimidad para referirnos a la intimidad in- terpersonal, es decir, lo que aquí nos interesa es el encuentro con el otro, y el análisis de la identidad será realizado en función de la comprensión del en- cuentro íntimo, de vínculo y diálogo de dos.

La Construcción de la Intimidad en las Relaciones de Pareja: El Caso del Valle de Chalco

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La revisión de la literatura sobre el tema nos per- mitió sistematizar los términos del debate sobre la intimidad interpersonal en cinco ejes de reflexión; cabe señalar que estos ejes no son excluyentes, sino com- plementarios y en ocasiones entremezclan algunas de sus propuestas básicas. Los cinco ejes sobre la inti- midad son: la intimidad a través de las emociones, la dimensión comunicacional de la intimidad, la intimi- dad vista como igualdad, la distancia íntima (proxémica) y la dimensión sexual de lo íntimo. Diversos teóricos, desde diferentes disciplinas, han estudiado el enamoramiento y el amor, emoción fun- dante de la intimidad. En la sociología encontramos los aportes de George Simmel (1986), de Francesco Alberoni (1984, 1992, 1994, 1997), Pierre Bourdieu (2000) y Gilles Lipovetsky (1999); y en la psicolo- gía, los trabajos de Robert Sternberg (1989, 2000). El amor es una de las grandes categorías configuradoras de lo existente. El planteamiento fun- damental de Simmel (1986) se centra en la subjetivi- dad asociada con el sentimiento amoroso. El amor, sostiene, crea el objeto como una figura cargada de significación; la representación del otro pasa a formar una categoría fundamental completamente nueva. El amante crea al otro, pero también se construye a sí mismo. Así, afirma Simmel: "Yo mismo, en tanto que amante, soy otro que antes de amar" (1986:44). La vasta producción teórica de Francesco Alberoni parte de su tesis central sobre los "estados nacientes", como una estructura categorial profun- da, conformada tanto por aspectos intelectuales como emotivos (1984). Éste es el principio organizador de su análisis sobre el enamoramiento y el amor (1992, 1997), el erotismo (1994), la amistad y otros temas diversos. Para Alberoni, el estado naciente es una modalidad específica de la transformación social. En el caso de la pareja, pueden identificarse dos esta- dos: movimiento e institución. Marido y mujer cons- tituyen una díada cuya relación está formalmente institucionalizada. Es posible encontrar la situación del estado naciente a nivel díada en el enamoramiento, esto es, el momento en que dos personas descubren que se aman y viven una experiencia que es, al mismo tiem- po, entusiasta y dramática, ya que tienen que romper las relaciones con las instituciones que los preceden y porque el hecho mismo de entregarse totalmente al otro constituye un riesgo existencial. En el amor, Bourdieu (2000) reconoce una serie de características, una de ellas es que el amor es el espa- cio donde puede darse la no violencia que hace posible

la instauración de relaciones basadas en la reciproci-

dad y que autoriza el abandono y la entrega de uno

mismo. El reconocimiento mutuo permite, citando a Sartre, sentirse "justificado por existir", asumido, in- cluso en las particularidades más contingentes o más negativas. El desinterés permite relaciones desinstrumentalizadas, basadas en la felicidad de dar felicidad. Todas estas características, reflexiona Bourdieu, convergen en una fuerza mayor, la de la economía de los intercambios simbólicos, que representa "[una] forma suprema que es el don de uno mismo, y del propio cuerpo, objeto sagrado" (2000:135), que se excluye de la relación mercantil, porque supone y produce relaciones duraderas y no instrumentales. La intimidad vista como igualdad y apertura es sostenida por Giddens (1998:12-13), quien afirma que la intimidad, concebida como una negociación transaccional de lazos personales por personas igua- les, implica una absoluta democratización del domi- nio interpersonal que es homologable con la democracia en la esfera pública. La comunicación en la intimidad es estudiada por Luhmann (1985) quien aborda el amor, más que como un sentimiento, como un código simbólico, una clave que informa la manera como puede establecerse una comunicación positiva. El código estimula la génesis de los sentimientos correspondientes. Confidencialidad y secreto son dos términos que se vinculan con las características de la comunica- ción íntima. Castilla (1989) concibe la relación ínti- ma como un "abrirse" al otro. Agregaría que esa apertura requiere una base de confianza en el confi- dente. Lo más importante es el hecho de que la rela- ción, a través de la comunicación entre ambos, queda reforzada a partir de la confidencia, es decir, se crea una complicidad entre ambos. El secreto tiene un ca- rácter vinculante que lleva consigo obligaciones y fuer- za a un código de lealtad. La intimidad vista como proxémica, se refiere al manejo de la distancia entre los seres humanos. Hall (1966) es el teórico que desarrolló esta pers- pectiva. La distancia íntima es la que corresponde

a situaciones donde puede darse el contacto físico

real, y corresponde al contacto de amistades muy íntimas, a las parejas, o niños en interacción con sus padres. La distancia física tiene también una di- mensión simbólica. Al vincularse la sexualidad y la intimidad, la sexua- lidad se separa de la procreación y queda doblemente constituida: como medio de realización personal y como

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Cecilia Mancillas Bazán

instrumento primordial y expresión de la intimidad (Giddens, 1998).

El contexto: Valle de Chalco-Solidaridad

Valle de Chalco se encuentra ubicado al suroriente de la zona metropolitana de la ciudad de México y está constituido por 32 colonias que forman un continuo y funcionan como una ciudad conurbada a la ciudad de México. Valle de Chalco representa uno de los mayo- res asentamientos urbanos recientes de la periferia del área metropolitana de la ciudad de México, conforma- da por la magnitud del fenómeno urbano y el acelerado ritmo de crecimiento del proceso de concentración ur- bana en esa zona. En la década de los setenta inició la migración de centenares de familias a los terrenos baldíos de esta zona. Las familias provenían principalmente de los estados del centro y sur del país, quienes habían migrado hacia el Distrito Federal y el área conurbada del Estado de México y de ahí al Valle de Chalco. Estas familias llegaron al Valle buscan- do un terreno donde vivir y con la idea de formar un patrimonio para sus hijos. Los primeros colo- nos empezaron a levantar sus casas con muy esca- sos recursos; no contaban con servicios públicos como agua potable, drenaje, alumbrado, transpor- te público, servicio médico, ni escuelas para sus hijos. La inmensa mayoría compró terrenos ejidales. La inversión federal en el Valle permitió la cons- trucción de escuelas, electrificación y la regulari- zación de la tenencia de la tierra. En el municipio, en el año 2000, el total de habi- tantes del Valle de Chalco era de 323 461, de los cua- les 160 938 (49.8%) eran hombres y 162 523 (50.2%) mujeres. De esta población, 115 206 habitantes eran menores de 15 años (40.13%); 190 376 estaban entre los 15 y los 64 años (66.32%); 6 324 eran mayores de 65 años (2.2%), y 11 555 no fueron especificados (4.03%) (INFDM, 2000). Los hogares jóvenes son un aspecto predominante en la población del Valle. Lindón (1999) identifica dos fenómenos característicos de los hogares de esta zona de la periferia de la ciudad de México: uno, el que es una población joven (el promedio de edad de los habitantes del Valle de Chalco es de 22 años). El otro, derivado del primero, es que los hogares, de acuerdo al ciclo vital, transitan por una fase de ex- pansión o constitución y esto tiene fuertes repercu- siones en la vida familiar y laboral de estas familias.

Para Lindón, ambas condiciones dan lugar a otro ras- go sociodemográfico importante: el que sean familias de tipo nuclear.

El método cualitativo: interacción y lenguaje

Se realizó una investigación cualitativa (comprensi- va) y exploratoria. Se utilizaron relatos de vida como recurso para obtener la información de las experien- cias y significados de las parejas participantes. El trabajo de campo fue realizado de agosto de 2000 a julio de 2002 y se obtuvieron un total de 129 entrevistas. El tamaño de la muestra fue de 35 per- sonas, 23 mujeres y 12 hombres en relación de pare- ja de las colonias Niños Héroes y Américas, en el Valle de Chalco-Solidaridad. Se realizó el número suficiente de entrevistas que fue ajustado de acuer- do al principio de saturación (Charmaz, 2000). Las personas participantes que estuvieron en relación de pareja, matrimonios o uniones libres (heterosexuales) y vivían juntos, tuvieron entre 1 y 15 años de unión conyugal y fueron menores de 40 años de edad.

La construcción de los textos cualitativos a partir de los relatos de vida

Con el fin de construir los textos cualitativos a partir de los relatos de vida, seguimos varios procedimien- tos. En primer lugar las entrevistas fueron grabadas en audiocasetes y luego se transcribieron, transfor- mándolas en texto escrito. La información obtenida, en consecuencia, fue el discurso lingüístico de dichas entrevistas. Realizamos la transcripción textual de 112 horas de grabación, incluyendo las verbalizaciones y el paralenguaje de los entrevistados, algo que resultó evidente en las grabaciones. En segundo lugar, elaboramos los esquemas ana- líticos que sirvieron de puente entre el texto que re- sultó de la transcripción y el nivel interpretativo de los significados, característico del análisis de conte- nido. Para realizar este nivel de análisis, construimos un modelo analítico y dos instrumentos que integra- ron los ejes teóricos con los textos, mismos que sir- vieron de filtro para la lectura analítica del material obtenido. El modelo analítico que permitió interrogar y com- prender las experiencias y significados de las parejas participantes, estuvo constituido por tres momentos metodológicos: uno para estudiar la intimidad, otro

La Construcción de la Intimidad en las Relaciones de Pareja: El Caso del Valle de Chalco

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para la cotidianidad y uno más para la identidad. Las categorías de análisis de la intimidad fueron: sexual, interaccional, emocional, cognoscitiva y comunicacional; para los roles de género relacionales: tradicionales, transicionales y modernos; y para la identidad: perma- nencia y transformación de los rasgos propios de la sub- jetividad. Para la construcción del modelo analítico me basé en el objeto de estudio y las categorías analíticas en él contenidos, sustentado en los teóricos principales que han abordado la intimidad, la identidad y los ro- les de género en la relación de pareja, así como en los temas centrales que emergieron de los relatos de vida de los participantes. Para abordar la complejidad de las producciones narrativas seguimos dos caminos o estrategias que corresponden a dos coordenadas en el análisis del materia: una lectura vertical que analiza las biogra- fías individuales, y una lectura horizontal que con- trasta los discursos individuales desde las categorías de análisis. La primera coordenada correspondió al eje verti- cal en la lectura de los relatos de vida. Así, diseñé una matriz que permitiera organizar el material a partir de un eje temporal que le diera un orden a las trayec- torias biográficas de los relatos. Esta primera entra- da al material producido tuvo dos objetivos; uno, que la lectura de los relatos, en el análisis posterior, faci- litara la ubicación del acontecimiento narrado en el momento correspondiente a la biografía del narrador; y dos, identificar los ejes temáticos y otros aspectos centrales. A esta matriz la denominé Mapa del mundo de la vida del narrador, donde recupero la idea de Schutz (1974), quien concibe el mundo de la vida, o mundo de la vida cotidiana, como el mundo intersubjetivo en el que las personas crean la realidad social, y que a la vez está sujeto a las constricciones que ejercen las es- tructuras sociales y culturales previamente creadas por sus predecesores. El mapa del mundo de la vida del narrador fue estructurado en seis ejes y en su elaboración me basé en diferentes autores como Lalive D'Epinay (1990), Goffman (1981) y Piña (1989). El primer eje fue el de la dimensión temporal, que corresponde a los dife- rentes tiempos en las biografías de los narradores. El segundo eje fue el de los personajes que emergen en el relato, que representan el universo de relaciones significativas para el narrador. El tercer eje fue el de los episodios, que representan el contenido de los even- tos narrados. El cuarto eje fue el de los escenarios,

que son los lugares en donde se desarrolla la historia; El quinto eje se refiere a las emociones y actitudes que la persona toma frente a los eventos narrados, lo cual correspondería a la "calificación" o postura del narrador frente a la rememoración de cada aconteci- miento. Finalmente, el sexto eje fue el de los temas emergentes, que representaron una primera identifi- cación de los grandes temas de las narraciones. En el análisis horizontal comparamos los discur- sos de los participantes por cada una de las catego- rías contenidas en el modelo analítico. Inicialmente realizamos un análisis comparativo entre los discur- sos de los participantes de las dos colonias en las que

se realizó el trabajo de campo. Sin embargo, no hubo

aspectos que lograran una diferencia entre uno y otro espacio en el Valle de Chalco. Esto se debió a que las diferencias sociales y económicas entre los dos gru-

pos son mínimas. Donde sí se pudo establecer un fuerte contraste fue entre los hombres y las mujeres partici- pantes en la investigación. Así, se realizó un concen- trado por cada una de las categorías analíticas para las mujeres en relación de pareja, y otro para los hombres en la misma situación. Posteriormente, realicé la comparación con cada una de las categorías de análisis entre los hombres y las mujeres en relación de pareja, identificando las similitudes y diferencias al interior de los grupos y entre los grupos. La interpretación de los textos fue

la última fase del análisis, en la que articulamos la

teoría revisada con los resultados de los análisis ver- tical y horizontal de nuestra información.

Resultados

Los discursos en torno a la vida conyugal se articula- ron, de la misma manera que en la revisión teórica y de estudios empíricos sobre la intimidad, alrededor de las cinco dimensiones previamente planteadas: afectiva, comunicacional, cognoscitiva, interaccional y sexual.

A estas dimensiones se suman otros tres aspectos cen-

trales en la formación de los vínculos conyugales en este contexto: los pactos solidarios, las construccio- nes comunes y los hijos. Considero que la pareja constituye un encuentro intersubjetivo privilegiado, que permite el despliegue de las identidades de cada uno de sus miembros. Su- pone la convivencia de dos estilos de vida diferentes, que se derivan del distinto posicionamiento subjetivo de “ser con el otro”, que llevará a resignificaciones del ¿quién soy?, ¿quiénes somos nosotros? y ¿qué

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hacemos nosotros? en la cotidianidad. Los estilos masculino y femenino, conformados a través de la so- cialización de lo que significa “ser hombre” y “ser mujer”, entran en la vida cotidiana, en la cohabitación, dentro de una infinita posibilidad de combinaciones.

La dimensión emocional

La intimidad emocional de las parejas se despliega en un amplio espectro expresivo. En general, las muje- res se definieron como más expresivas en la manifes- tación de sus afectos que los hombres, esto se inscribe en los discursos sociales en torno a lo esperado para los roles femeninos. Una demanda común en las na- rraciones de las mujeres fue que sus esposos no expresaban sus afectos, lo que coincide con lo expre- sado por Duncombe y Marsden (1993), en el sentido de que muchas mujeres expresan su infelicidad o in- capacidad para tener intimidad emocional con sus parejas, lo que les parece necesario para sostener re- laciones de pareja cercanas.

Es como muy reservado y por otro lado tiene sus sen- timientos para siempre adentro, o sea, como que pone una barrera. Y como que no deja que nadie entre, na- die le conozca lo que él siente. Ni aún a mí que soy su esposa (Nidia).

El sentimiento amoroso, para algunas mujeres, fue capaz de producir la integración conyugal. En estos casos, ellas mencionaron que continuarían en la rela- ción mientras durara el amor que sentían hacia ellos. Esto resulta acorde con lo analizado por Giddens (1998) acerca de la relación pura. Por otro lado, la distancia en la intimidad afectiva se presentó cuando la permanencia en la relación por parte de algunas mujeres estuvo motivada principal- mente por otros aspectos, como que el hombre fuera el proveedor económico, que formara un hogar, o el tener una casa. La distancia en este tipo de intimidad se asoció a eventos marcantes en las trayectorias de las parejas, como la infidelidad de sus cónyuges, lo que marcó un antes y un después en la relación. Los afectos de las mujeres, posteriores al descubrimiento de la infidelidad, fueron de coraje, tristeza y descon- fianza en el otro. La violencia de los hombres no marcó, en buena parte de las narraciones femeninas, una ruptura del sentimiento amoroso de las mujeres, sino que generó una ambivalencia afectiva con sentimientos de amor

y de coraje. En ocasiones, la violencia y la búsqueda

de cercanía estuvieron unidas a la comunicación con los varones, lo cual produce en ellas, además de sen-

timientos contradictorios, el sentirse confundidas. Los hombres, desde los discursos de las narradoras, fueron percibidos como reservados, cerrados, amarga- dos, nobles, desconfiados, celosos, apoyadores,

agresivos, gritones y cariñosos cuando están borrachos

o cuando quieren una reconciliación. Esto también ten-

dría que ver con lo esperado para los roles masculinos,

cuando la expresividad emocional es percibida como debilidad y como propia de las mujeres. La expresividad emocional de los varones, desde sus propios discursos, estuvo asociada con diferentes aspectos. Algunos hombres expresaron en sus narra- ciones un vínculo entre amor y sufrimiento, dijeron así querer a sus esposas porque habían sufrido junto con ellos, porque se habían aguantado.

pus, que la quiero mucho. Sí, la quiero bastan-

te, o sea, de que la ha sufrido junto conmigo, se ha aguantado mucho. O sea, por eso la quiero más. O

sea, que ella nunca me exige [

do se puede ahí está, hemos tenido problemas como le he contando, hemos tenido problemas por eso, porque yo creo que es cuando tenemos mucho estrés […] pero estando bien no, no por nada y se lo digo a usted, mi esposa es bien padre (Luis).

ella sabe que cuan-

No,

]

Otros hombres también mencionaron un incremen- to de la intimidad emocional con sus esposas cuando tuvieron experiencias dolorosas comunes, como la enfermedad o la pérdida de un hijo. Para algunos hombres la expresión de las emocio- nes era algo propio de las mujeres. La distancia en la intimidad afectiva en la relación de pareja se asoció en los hombres con una diversidad de experiencias y de significados. Para algunos, su fuerte preocupación por lo económico eclipsó sus sentimientos y la de- mostración de afectos cálidos hacia su pareja. En es- tos casos resulta evidente cómo influye ejercer el rol de proveedor en condiciones de pobreza en la expre- sión de los afectos.

…entonces de repente sí me desespero cuando aprieta

la

crisis económica [

]

y así como que, híjoles, ¿no?

y

es ahí cuando me deprimo mucho [

]

y eso hace

que con Dora sobre todo, [sea] un poco áspero, de re-

pente pues sí platicamos y todo, pero ella es la que me abraza y es la que me anima, pero me cuesta trabajo

]

de repente… yo ahorita veo la varilla y digo, ¿cuándo echaré los castillos, cuándo?

pues me pongo a pensar,

regresarle la respuesta [

La Construcción de la Intimidad en las Relaciones de Pareja: El Caso del Valle de Chalco

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Pero entonces me he transformado, me he transforma- do nuevamente mucho antes –¿En qué te has transfor- mado?– En un hombre sencillamente presionado por el recurso económico (Pablo).

Los conflictos en la relación de pareja fueron gene- radores de coraje, frustración y dolor en algunos hom- bres que no expresan sus afectos y encontraron una vía de salida a través del alcohol y de los amigos, sali- da aprendida en la etapa adolescente. Sentir que sus parejas les perdían la confianza y el respeto ante un conflicto, también los llevó a establecer una distancia en la intimidad afectiva. Finalmente, aunque no menos relevante, los celos (que forman parte de esta configuración de afectos que generan distancia en la relación) el temor por el posible engaño o la pérdida de sus compañeras, fue un tema frecuente en los discursos masculinos.

La dimensión comunicacional

Los entrevistados hicieron referencia a experiencias de cercanía y de apertura en la comunicación entre ambos, hasta rupturas en la comunicación, también caracterizadas por el silencio. La comunicación en la pareja, narrada desde las mujeres, se caracterizó, en muchas ocasiones, por el conflicto o por la distancia. Ellas estuvieron más dis- puestas a hablar sobre las tensiones en la vida conyu- gal que sus esposos.

Como que siento que a mí ya también se me acaban las fuerzas, o me cansé de que hablo con él, toda la vida he hablado con él: influye influye “Es que yo soy tu esposa, tú eres mi esposo, tú eres mi marido, ¿para qué?, para resolver las cosas juntos, para enseñarle a los hijos juntos, no nada más yo”, pero es que no quie- re, va a dormirse (Ana).

Cuando la comunicación verbal estuvo cerrada, las mujeres estuvieron atentas a las claves no verbales de sus maridos, a los pequeños gestos y acciones que se expresaron en el silencio de la interacción. La comunicación y el manejo del poder en la rela- ción están vinculados. La falta de comunicación de los hombres se vincula con no sentirse valorado en sus opiniones, o porque se cuestione su “autoridad de marido, de cabeza de hogar”, el rol masculino tradi- cional en la relación de pareja. La agresión de los varones, expresada por las na- rradoras, fue tanto física como simbólica, a través de

la descalificación de sus compañeras. Ante esto, ellas tuvieron diversas formas de defensa, expresiones como “sacar las uñas”, volverse “bien canija” o “no ser dejada” fueron comunes en las narraciones. Ellas respondieron a la violencia física con vio- lencia física, aunque también consideraron que for- mas sutiles como la dilación en el cumplimiento de las demandas masculinas, o "darle el avión", eran for- mas de agresión. "Dar el avión" significa esconder los pensamientos y sentimientos, presentando ante el otro una actitud diferente, acorde en este contexto con el cumplimiento del rol tradicional de esposa, diferente de lo que ocurre en su mundo interno, que se guarda en el dominio de la imaginación. Para Kaufmann (1992), cuando las reglas de interacción se desarrollan en disonancia con la representación de sí mismo, su pesadez hace más difícil todo movimiento en el esta- blecimiento de costumbres como proceso central en la integración conyugal.

[…] y yo no sé por qué es así, muy, este, muy autori-

tario, quiere hacer lo que él, él diga, pero desde que hizo eso [infidelidad], me he vuelto muy, muy agresi- va con él. Le contesto, me dice esto, no le respondo, este, me dice, haz esto, me tardo como unos 15 minu-

]

tos antes de hacerlo [

porque antes me decía hazme esto, no, iba a la carre- ra; hazme lo otro, hazme esto, y ahora no.

] [

sí, le digo que me vale gorro lo que haga o deje

de hacer […] O me platica, ay, mira hice esto, ay, le digo, está bien, qué bueno; ya le doy el avión y ya (Raquel).

]

será por lo mismo de que [

Pocas mujeres expresaron que tuvieran una rela- ción abierta y de confianza con sus cónyuges, lo que no es de extrañarse si sus modelos de relación internalizados generaron tipificaciones de conflicto y lejanía en las relaciones de pareja. Lo innovador está representado en la posibilidad de establecer límites fren- te a las conductas agresivas masculinas y la búsqueda de una apertura en el diálogo con sus compañeros. La comunicación en la pareja, narrada desde los hombres, se traduce generalmente en una tensión por el ejercicio del poder en la relación. Los hombres se vieron confrontados por las actitudes de búsqueda de igualdad de sus compañeras, que se inscriben en los nuevos discursos sociales en torno a lo que significa "ser mujer". Si la legitimidad de su posición como "cabezas de familia" la centran en el ejercicio del po- der autoritario, las nuevas actitudes femeninas cues- tionan los acervos de los que parten en sus definiciones de sí mismos, y de sí mismos en relación.

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Yo no la quiero como esclava, sí, porque no es mi esclava; ahora con la nueva ley, que según de igual- dad, siempre ha existido esa ley, pero ahora se le ha hecho mucha difusión, que la igualdad, la igualdad, y posiblemente ella se agarre de ahí […] Entonces, yo como una persona, que estoy casado con mi esposa, que tengo hijos, lo menos que puedo esperar o que debería de esperar, es que estuviera mi ropa limpia, estuviera la comida hecha, estuviera al menos la casa presentable (Andrés).

El rendimiento masculino ante las tensiones conyu- gales, hace que se miren a sí mismos como "mandilones", ya que la rendición se refiere a colaborar en las tareas domésticas o a "doblar las manos" en los conflictos con sus cónyuges. El ocultamiento y la mentira se presentaron cuan- do algunos hombres evitaron los conflictos con sus cónyuges, manteniendo ocultos sus sentimientos de enojo o mintiéndole a la pareja como vía de salida. Finalmente, algunos hombres mencionaron que su comunicación se caracterizó en los conflictos conyu- gales por una agresividad incrementada.

La dimensión cognoscitiva

Éste fue un aspecto poco mencionado por los entre- vistados. Si la comunicación en la pareja presenta obs- táculos, en consecuencia, la comprensión mutua difícilmente puede darse. Sin embargo, para algunas mujeres, las experiencias compartidas con sus espo- sos, en la comunidad de sentido construida por ambos, abre la posibilidad de una mayor comprensión y apoyo por parte de ellos. Para algunas mujeres, fue un as- pecto importante ser comprendidas por sus esposos. La comprensión en la pareja fue un aspecto poco mencionado por los entrevistados. Algunos mencio- naron una comprensión mutua en la relación y para otros, resultó importante concebir a la familia como una unidad separada de sus familias de origen.

Principalmente con ella ¿no?, casi con la gente no. No me meto, a mis alrededores ni […] yo con ella a veces, sin querer a veces sale una mala palabra, y ya me dice: “Oye pus no te manches, me estás insultan- do, me dijiste esto y el otro”. Dije: “No te voy a seguir insultando”. La abrazo y ya se olvida totalmente todo. Y yo le digo: “¿Sabes qué?, vamos a hacer esto y lo hacemos”. O ella me dice: “¿Sabes qué? mejor le ha- cemos así”, “Órale, vamos a hacerlo”. Y disque va- mos al mercado, vamos a ver esto, vamos a comprar

ropa o las niñas necesitan zapatos ¡Pues vamos! Ya vamos saliendo de todo esto y nos comprendemos to- talmente (Sergio).

La dimensión interaccional

El tiempo y el espacio que las parejas pudieron y qui- sieron compartir juntos, representaron aspectos de tensión y de conflicto. Las mujeres expresaron con frecuencia el deseo de que sus esposos compartieran su tiempo libre con ellas y sus hijos. Para ellas fue frustrante que sus compañeros prefirieran reunirse con sus amigos, salir a la calle. Esto estableció una dis- tancia en algunas parejas por las expectativas feme- ninas no cumplidas de compartir, junto con sus hijos, un tiempo de contacto y diversión con sus cónyuges. Pocas mujeres tenían trabajos formales, por lo que la mayor parte de su tiempo durante la semana perma- necían en el espacio privado de sus hogares, lo que continuó los fines de semana, generando en algunas mujeres una sensación de encierro.

Y es lo que hablo con mi esposo: “Mira, vamos a de-

dicarnos a ellos, vamos a jugar al campo”; “No, ten-

go

sueño, tengo flojera, no, estoy cansado”, pero llega

el

domingo y eso sí, se va a su paraíso. Entonces llega

mi hijo el grande, bien alerta dice: “Para nosotros no

tiene tiempo, pero para su juego, sí” (Ana).

Para los hombres, el tiempo y el espacio compar- tidos no fue enfatizado con la misma intensidad que las mujeres. Para los que sí incluyeron esta dimen- sión en sus narraciones se refirieron a la negociación y a los acuerdos mutuos en el uso del tiempo libre y no por imposición de ellos. También mencionaron que buscaron que las actividades de recreación entre am- bos fueran creativas y rompieran con la rutina, pero enfatizaron su necesidad de tener espacios y tiempos propios, en la calle, con los amigos, independientes de su cónyuge.

La dimensión sexual

La vida sexual de las mujeres narradoras presenta una diversidad de formas expresivas. Sin embargo, hay aspectos que aparecen como hilos conductores de la sexualidad femenina en relación de pareja. Estas cons- tantes en los intercambios sexuales son un reflejo de los discursos sociales en torno a la sexualidad feme-

La Construcción de la Intimidad en las Relaciones de Pareja: El Caso del Valle de Chalco

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nina, asumidos por las mujeres a través de procesos de socialización. La sexualidad es vista como deber. Algunas mu- jeres consideraron que las relaciones sexuales eran una forma de "cumplir" lo que consideran que eran sus deberes como esposas. La represión de la sexualidad, en algunas muje- res, estuvo relacionada con una diversidad de aspec- tos. En primer lugar con los aprendizajes tempranos, mezcla de los discursos sociales introyectados, y en ocasiones, por el abuso sexual en su infancia, que generaron un rechazo a su propio erotismo y a su pla- cer. También, en algunas mujeres, fue una consecuen- cia del uso de la violencia por parte de sus compañeros. En estos casos, en los que los encuen- tros sexuales estuvieron atravesados por la agresión, el hombre buscó expresar en el encuentro sexual su dominio frente a la mujer de la que esperó una actitud sumisa. El derecho a sentir placer fue expresado por algu- nas mujeres. Ésta es una veta innovadora en relación a modelos tradicionales de la sexualidad femenina, ha- cia formas de goce de la experiencia sexual. La intimi- dad sexual satisfactoria resultó, para algunas mujeres, una tregua en las batallas cotidianas, caracterizadas por los conflictos con sus compañeros.

Él está –le digo–, él viene de esa sierra y él dice que allá las mujeres na´más son para que les laven, les planchen, les hagan de comer, les cuiden a sus hijos, y para que estén cuidando su casa, no para estar pen- sando en cochinadas. Pues, yo digo que no. Porque imagínese, como ellos sienten también nosotras tene- mos derecho a sentir eso, ¿no? (Nora).

El espacio y la expresión de la sexualidad están relacionados cuando las condiciones físicas de haci- namiento son generadoras de tensiones, tanto en la mujer como en el hombre (desde los relatos de ellas), en la intimidad sexual de las parejas en Valle de Chalco. Esto representa construir la intimidad sexual en espacios no íntimos. La identidad masculina tiene como uno de sus ejes de valor la demostración de su virilidad. En el en- cuentro con sus cónyuges, esto resulta también una constante. La sexualidad de algunos varones estuvo asociada, en ocasiones, con el sometimiento de sus compañeras, y con el rendimiento de la mujer, sin que ella estuviera dispuesta a participar en el encuentro sexual. También resultó significativo para algunos hombres ser el que enseña a la mujer en lo concer- niente a lo sexual.

En algunas narraciones masculinas a la mujer se

le percibe como “fría”, como poco dispuesta a la inti-

midad sexual; esto se tradujo en que ellas, en la ma- yor parte de las narraciones de ellos, no fueron las que tomaron la iniciativa para tener relaciones sexua- les. La distancia femenina en el encuentro íntimo, que aparece en los discursos de los varones, tuvo varias formas de expresión: utilizar a los hijos para evitar el contacto o aun en el intercambio sexual, mostrarse ausentes.

Las demandas femeninas por disfrutar junto con sus cónyuges, introduce un elemento de confronta- ción con los modos masculinos de acercamiento

sexual. Ellas demandaron, por un lado, junto con el goce sexual, la demostración de los afectos masculi- nos como elemento necesario para despertar su deseo

y expresarse sexualmente, a lo que algunos no estu-

vieron dispuestos a ceder. Algunos hombres buscaron el placer compartido con sus parejas, iniciar el encuentro íntimo sexual por acuerdo mutuo para que ellas no se sintieran acosa- das, y abrir la comunicación para que sus compañe- ras expresaran sus deseos y necesidades en torno a lo sexual, aunque no se encontraron referencias de que ellos estuvieran dispuestos a hablar de sí mismos en torno a este tema.

Conclusiones

Por lo analizado anteriormente podemos concluir, que en el encuentro íntimo de la relación de pareja, en las prácticas domésticas de su vida cotidiana y en la con- formación de la identidad de cada miembro de la pa- reja, se construye el ser hombre y ser mujer de diversas formas. Cabe señalar, siguiendo las propues- tas de Kaufmann (1992), que las parejas permane- cerán siempre como extraños íntimos, con diferentes combinaciones entre la extrañeza y la intimidad a lo largo de su historia. La conformación del ser hombre y ser mujer no presenta características diferenciales entre los dos espacios geográficos estudiados. La diferencia cen- tral en la población estudiada está en lo genérico, en las distintas formas en que han construido sus identi- dades como hombres y como mujeres, a través de sus diferentes procesos de socialización. El sustrato cul- tural es común, pero se encuentran también distintas maneras y estrategias para enfrentar las diferentes situaciones de la vida cotidiana, entre las personas

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Cecilia Mancillas Bazán

que pertenecen a los dos espacios urbanos y aún en- tre los géneros. La intimidad en la pareja se despliega en cinco dimensiones principales: emocional, comunicacional, cognoscitiva, interaccional y sexual. Los discursos en torno a la vida conyugal se articularon desde las cinco dimensiones planteadas, lo que refleja diferen- tes formas de aproximación y de distancia. Para la comprensión de la construcción de la intimidad en este contexto, también deben tomarse en consideración tres aspectos fundamentales: los pactos solidarios, las construcciones comunes y los hijos. Los pactos solidarios, como el esfuerzo conjunto de la pareja por salir adelante y estar juntos luchan- do. En lo económico, la carencia es fuente de cohe- sión, aunque también de conflicto y de estructuración de la vida cotidiana y de los proyectos futuros. Las construcciones comunes en tanto al patrimonio cons- truido en común, cuyo eje es la figura de la casa, como propiedad y como espacio simbólico, referido al ho- gar, a la seguridad, a la pertenencia y al arraigo. Los hijos como vínculo de la pareja y como proyecto de vida son la motivación del trabajo cotidiano en lo que centran las expectativas de que tengan lo que ellos no tuvieron. Resulta evidente la construcción cultural de los ro- les y las expectativas mutuas por el desempeño de los mismos, ya que a pesar de los problemas económicos no todas las mujeres trabajaron. Sin embargo, hay evi- dencias de transformación de los esquemas tradiciona- les: los hombres ya no son los únicos proveedores; las mujeres trabajadoras se enaltecen y son valoradas por sus compañeros; las mujeres no se presentaron como sumisas y débiles (características femeninas de las ge- neraciones anteriores), sino de carácter “fuerte”. Estos roles de género en transición en el ámbito do- méstico, mantienen junto a las prácticas innovadoras, concepciones tradicionales de los roles de género. Así, las expectativas masculinas, en general, llevaron a la vida en común el deseo, repetidamente señalado, de que sus esposas desempeñaran los roles tradicionales femeninos, a diferencia de las mujeres que tuvieron visiones transicionales sobre sus haceres en la cotidianidad. Esto fue una fuente de tensiones en las

relaciones y de negociaciones o de imposición de las prácticas domésticas. Esto dio como resultado for- mas diferentes de mirarse a sí mismos. La identidad personal es redefinida en el espacio íntimo e interaccional de la pareja y en el transcurso de su cotidianidad. En los relatos hemos visto cómo desde sus biogra- fías, los hombres y las mujeres construyen lo íntimo, la cotidianidad compartida y, también, sus proyectos de vida como pareja. La relación conyugal llevó a los individuos a reorganizar sus patrimonios identitarios incorporados, y en consecuencia, a reconstruir sus identidades. La pobreza fue una experiencia constante en las trayectorias de vida de los narradores, y se reflejó en dos dimensiones, como una moneda de doble cara: la pobreza entendida desde aspectos socioeconómicos y la pobreza entendida desde la subjetividad humana, relacionada con el bienestar emocional, con su visión de sí mismos y de sus relaciones familiares. Estas cuestiones representan un reto para el desa- rrollo humano, si consideramos que un aspecto cen- tral para el análisis y la educación que promueva dicho desarrollo requiere entretejer la dimensión socioeco- nómica, con la visión subjetiva y existencial. Por esto consideramos que es necesario comprender a la pare- ja y la familia en contexto; lo que hasta aquí hemos observado nos lleva a afirmar que la cultura y los niveles socioeconómicos imprimen formas caracterís- ticas de interacción en los encuentros de pareja y fa- milia, por lo que los programas de promoción del desarrollo humano de pareja y familia, para ofrecer herramientas efectivas a la vida familiar necesitan partir de la comprensión del contexto y su interrela- ción con lo identitario y lo relacional. Considero que esta investigación permitió explo- rar la complejidad de la vida íntima de las parejas en un sector popular urbano, sin embargo, se requiere para la comprensión de las nuevas formas de encuen- tro íntimo en las relaciones de pareja en nuestro país, influidas por las transformaciones sociales actuales, realizar nuevas investigaciones en otros contextos que nos permitan asomarnos a las nuevas construcciones de la conyugalidad en México.

Referencias

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La Construcción de la Intimidad en las Relaciones de Pareja: El Caso del Valle de Chalco

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Psicología Iberoamericana (2006)

Vol. 14

No.2,

pp. 16-27

Familia Reconstituida El Significado de "Familia" en la Familia Reconstituida *,**

The Meaning of "Family" in the Reconstituted Family

Kattia Z. Walters Pacheco, Franchesca N. Cintrón Bou e Irma Serrano-García ***

DEPARTAMENTO DE PSICOLOGÍA FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES RECINTO DE RÍO PIEDRAS UNIVERSIDAD DE PUERTO RICO

Resumen

El divorcio es uno de los cambios sociales que más ha impactado a la sociedad puertorriqueña. Muchas de las personas que se divorcian se vuelven a casar, constituyendo una familia reconstituida. Debido a que la familia reconstituida se ha estudiado poco en el país, nos interesó conocer la concepción de familia de las personas que integraban este núcleo. Para esto entrevistamos a integrantes de ocho familias reconstituidas. Nuestros resultados evidencian que tenían una concepción de familia cónsona con la concepción de familia nuclear tradicional propuesta en la literatura. Esto nos invita a reflexionar sobre las implicaciones que suelen perpetuar un modelo de familia que no responde a las transfor- maciones de esta institución. Descriptores: significado de familia, familia reconstituida, Puerto Rico.

Abstract

One of the social changes with greatest impact on Puerto Rican society is divorce. Many divorced people remarry, creating reconstituted families. Due to tesearch on reconstituted families in Puerto Rico is scarce, it was of our interest to know the conception of family that people who belonged to these reconstituted families possess. Members of eight reconstituted families were interviewed. According to our literature review, results evidenced a concept of family simi- lar to that of which members of nuclear traditional families hold. This invites us to reflect upon the implications of a steadfast definition of a concept that does not respond to the transformation that the family as an institution is undergoing. Key words: meaning of family, Reconstituted family, Puerto Rico.

Introducción

El divorcio es uno de los cambios sociales que más ha impactado a la sociedad puertorriqueña (Santia- go, 2001). En Puerto Rico existe un alto porcentaje de divorcios (Aponte et al., 1987; Nina, 1994; Vidal,

1985) y su incidencia ha aumentado significativamente hasta el presente (Ribeiro, 2000). Según Vázquez (en Díaz, Collazo & Meléndez, 1995) desde 1970 en Puer- to Rico, el divorcio había incrementado en un prome- dio de 19% convirtiéndose en uno de los países con mayor incidencia mundial con un 4.8%. Le antecedía

* Este trabajo es un resumen parcial de la tesis de maestría de la primera y la segunda autora titulada Familia reconstituida: Desde las voces de sus integrantes. ** Las autoras recibieron el Premio Efraín Sánchez Hidalgo de la Asociación de Psicología de Puerto Rico por una versión inédita de este trabajo. *** La primera y la segunda autoras de este artículo son estudiantes graduadas del Departamento de Psicología de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. La tercera autora es Catedrática de la misma institución. Para mayor información debe comunicarse a las siguientes direcciones de correo electrónico: zulimey@hotmail.com, ninowska@hotmail.com, iserranog@prtc.net y/o zulimey_2005@yahoo.com

El Significado de “Familia” en la Familia Reconstituida

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sólo Estados Unidos con 5.3%. Por otro lado, mu- chas de las personas que se divorcian se casan por segunda vez. Las personas pueden llegar a este se- gundo matrimonio con hijos o hijas o estos/as pueden nacer de la nueva pareja. De ambas formas se consti- tuye lo que se denomina una familia reconstituida (Benokraitis, 1996). Es mucho lo que se ha argumentado sobre la fami- lia y sus transformaciones en Puerto Rico. Sin em- bargo, es muy poco lo que se ha estudiado sobre la familia reconstituida en el país. Por esta razón, ex- ploramos la concepción de familia de las personas que integran familias reconstituidas y examinamos cómo la misma responde a la concepción de familia que se presenta en la literatura.

Familia: ¿Concepto, institución o ideal?

Para describir la concepción de familia de las per- sonas que integran la familia reconstituida es necesa- rio conocer el significado que se le ha dado a la familia, su funcionamiento y su transformación. Pa- semos a trabajar este tema.

Definiciones de familia

¿Qué es la familia? La definición del concepto fami- lia suele asumirse como dada y aparentemente existe consenso sobre su significado (García, 1996; Montero, 1991; Ribeiro, 2000). Sin embargo, es difícil visualizar una definición uniforme de este concepto, ya que puede variar de acuerdo a los contextos socia- les, la cultura, la etapa de desarrollo y la época (Dávila, 1992; García, 1996; Montero, 1991; Torres, 1981). Arés (2000) y Jelin (1998) afirman que las grandes transformaciones sociales que han ocurrido a nivel mundial han tenido un impacto significativo en la familia como grupo humano. Por esto, debemos ubicarnos en el contexto de las últimas décadas en Puerto Rico para entender el concepto de familia. En nuestra isla, como en otros países, se han ex- perimentado transformaciones sociales, económicas, culturales y políticas que han sido fundamentales para entender los cambios ocurridos en la familia puerto- rriqueña (Alonso, 1979; Arés, 2000; Aponte et al., 1987; Chávez, 1998; Dávila, 1992; García, 1996; Irizarry, 1998; Morales, 1996; Nina, 1994). Estas transformaciones, ocurrieron principalmente entre las décadas de los años cuarenta y el sesenta, e incluye- ron: a) la industrialización que convirtió la economía

del país de agraria-rural a urbana-industrial, b) la mi- gración del campo a la ciudad (la urbanización), c) niveles superiores de instrucción, d) la inserción de la mujer a la fuerza de trabajo asalariado, e) el cam- bio tecnológico, f) la emigración al extranjero, g) el desarrollo económico, h) la política gubernamental de planificación familiar, i) los adelantos en el con- trol de las enfermedades transmisibles reduciendo la mortalidad infantil y prolongando la vida y j) las ex- pectativas y aspiraciones de las familias en cuanto a su movilidad social (Archilla, 1985; Alonso, 1979; Aponte et al., 1987; Dávila, 1992; Gerson, 1995; Irizarry, 1998; Mellado, 1962; Morales, 1998; Nina, 1994; Muñoz, 1985; Quiles, 1992; Ribeiro, 2000; Quiles, 1992). Estos sucesos han alterado la familia puertorriqueña produciendo: a) una reducción de su tamaño, b) incremento de divorcios, c) maternidad precoz, d) núcleos familiares en los cuáles ambos cónyuges trabajan asalariadamente y e) nuevas tipologías de familia. No obstante a estas transfor- maciones, cuando pensamos en la familia mantene- mos la idea de que ésta es el hábitat natural del ser humano (Alonso, 1979; Arés, 2000; Dávila, 1992; Pa- lacios & Rodrigo, 2001). Generalmente, tanto en Puer- to Rico como en otros países, se ha definido la familia como una nuclear compuesta por padre, madre e hi- jos/as, siendo ésta la unidad básica de la sociedad (Irizarry, 1998; Jelin, 1998; Lebrón, 1998; Linton, 1970; Luciano, 1998; Michel, 1974 en Rivera, Se- rrano-García & Ramos, 1984; Santiago, 2001; Muñoz & Reyes, 1997; Palacios & Rodrigo, 2001; Quiles, 1992; Ribeiro, 2000; Warren, 1963; Zaretsky, 1978). A través del tiempo, y pese a la influencia primor- dial de los valores de las clases sociales pudientes, nos parece interesante que se continúa considerando a la familia como la institución base y, a su vez, se idealiza este modelo de familia nuclear caracterizada por la convivencia de una pareja y sus hijos/as. Se- gún Albite (1998) la permanencia de la familia a tra- vés del tiempo parece sugerir que su presencia podría ser una condición necesaria de la sociedad y que su universalidad histórica y culturalmente diferenciada, la convierte en una institución cambiante que se re- construye a través del tiempo a tono con su contexto histórico, político y social. En este sentido la familia no sólo es importante en nuestras vidas como perso- nas, sino que es una unidad fundamental en la organi- zación social. Esto se evidencia en la aspiración cultural de muchas personas en nuestra sociedad, quie- nes consideran parte de ser “normal” el adquirir una vivienda independiente, desarrollar un estilo de vida

18

Kattia Z. Walters Pacheco, Francheska N. Cintrón Bou e Irma Serrano-García

propio, tener la oportunidad de intimar con su pareja

y obtener autonomía en la crianza de sus hijos/as

(Jelin, 1998; Muñoz & Reyes, 1997; Rivera, Serra- no-García & Ramos, 1984). En la sociedad puertorriqueña se ha perpetuado el modelo de familia nuclear como estructura familiar ideal y como la única que provee balance emocional

y seguridad a sus miembros (Albite 1998; Quiles,

1992). Sin embargo, la perpetuación de esta imagen de familia se convierte en un obstáculo para recono-

cer la existencia de otras formas de organización de los vínculos familiares y otras formas de conviven- cia. Es entonces cuando regresamos a nuestra prime-

ra interrogante, ¿qué es la familia? La familia es una

de las instituciones sociales que influye, regula, ca- naliza e impone significado social y cultural en la vida

de las personas (Alonso, 1979; Jelin, 1998; Morales, 1996; Silva, 1994). Irizarry (1998) y Palacios y Rodrigo (2001) definen a la familia como un grupo de personas que comparten un proyecto de vida en el que se generan sentimientos de dependencia, compro- miso entre sus miembros y se establecen relaciones de intimidad y reciprocidad. Es también la forma de convivencia en la que la mayoría de las personas viven gran parte de su vida. Según Fontán (1985), Cusinato (1992), Gerson (1995), Irizarry (1998) y Arés (2000) la familia es una institución dinámica que durante un lapso am-

plio de tiempo ha estado en transformación continua. Estos autores aseguran que un ciclo de vida familiar permite observar ampliamente a la familia para el de- sarrollo de estudios dirigidos a esta temática. Muñoz

y Reyes (1997) afirman que la vida de una familia se

podría prolongar por más de 50 años. Durante los mismos la familia se aproximará a un ciclo de vida que se caracteriza por las siguientes etapas: a) el ma- trimonio, b) el nacimiento del primer hijo/a, c) las distintas edades de sus hijos/as, d) la independencia de estos/as, e) el retiro de la fuerza de trabajo, y f) la muerte de los/as cónyuges. Las autoras enfatizan que este ciclo de vida familiar responde a una familia nuclear con matrimonio legal y estable. No obstante, sabemos que ese modelo de familia

nuclear tradicional ha estado cambiando, dando paso

a las múltiples tipologías de familia que existen hoy

día. Considerando lo anterior, nos podríamos pregun- tar si estos tipos de familia experimentan o no un ci- clo de vida familiar como el que presentan Muñoz y Reyes (1997). Esta interrogante nos ubica ante una premisa que ha estado presente durante mucho tiem- po: “La familia está en crisis”. Ésta es una frase que

permea nuestra cotidianidad, en los medios de comu- nicación y en las expresiones de algunos/as profesio- nales (Anónimo, 2002; Jelin, 1998; Ribeiro, 2000; Rivera et. al 1984). Sin embargo, ¿es la familia la que está en crisis o es específicamente un tipo de fa- milia la que está en crisis? Desde nuestra perspecti- va, la crisis de la familia puede adjudicarse tanto al tipo de familia nuclear tradicional como al esquema valorativo que sostiene a esta institución. De ese modo, podemos reconocer las transformaciones que han ocu- rrido en la concepción que tienen las personas de la familia en Puerto Rico. Por otro lado, consideramos que esta concepción de familia responde a que el Es- tado utiliza a la familia para escudarse de la presen- cia y persistencia de problemas son su responsabilidad resolver. Es evidente que los valores de la familia tradicional se han modificado. Este modelo de familia nuclear se ha sustituido por: a) familias con madres que trabajan fuera del hogar, b) familias con padres o madres di- vorciadas, c) familias formadas por parejas que se ca- san por segunda vez con o sin hijos/as, d) madres solteras y padres solteros, e) personas que viven solas, f) parejas del mismo sexo con o sin hijos/as, g) fami- lias extendidas (entiéndase abuelos/as, tíos/as, primos/ as y otros parientes cercanos), h) abuelo o abuela con nietos/as, e i) tutor/a que pueda ser pariente o no de un/a menor (Anónimo, 2002; Arés, 2000; Irizarry, 1998; Jelin, 1998; Morales, 1996; Nina, 2000; Rivera et. al, 1984). Podemos reconocer, entonces, la multi- plicidad de familias que existen en la actualidad, lo que se convierte en un reto para nosotras como inves- tigadoras de las ciencias sociales. En ese sentido, coincidimos con Arés (2000) y Nina (2000) en que la tarea que nos compete es investigar las transformaciones de la familia en Puerto Rico y contribuir a la modificación de la realidad familiar mediante técnicas sociales idóneas que generen ideo- logías novedosas para esta institución. Nos parece prudente ver a la familia como un proceso con dife- rentes ciclos y etapas que caracterizan su cambio con- tinuo, lo que parece aludir a posibles crisis en la familia que desde nuestro punto de vista no deberían llamarse crisis, sino transformaciones. En nuestro contexto debemos crear conciencia de que no existe la familia sino las familias, esto aludiendo a los dife- rentes tipos de familias que existen en la actualidad. Coincidimos con Dávila (1992) quien reconoce que la familia debe progresar y modificarse paralelamente con la sociedad. A la luz de este planteamiento no se trata de una crisis, sino de comprender que no debe-

El Significado de “Familia” en la Familia Reconstituida

19

mos referirnos a la familia como algo homogéneo y estático sino por el contrario, reconocer su naturale- za cambiante, dinámica y en constante transforma- ción (Allen & Walker, 2000; Dávila, 1992; García,

1996).

Como respuesta a la necesidad de reconocer la di- versidad de familias que existen actualmente en Puerto Rico, adoptamos una definición más amplia para evi- tar la exclusión de otros tipos de organización y con- vivencia social. Nos pareció apropiada la definición presentada en la propuesta para crear el Departamento de la Familia para el año 1994, citada por García (1996) quien señala que la familia es un sistema so- cial compuesto por un grupo de personas relaciona- das entre sí, ya sea por lazos consanguíneos, legales, afectivos o morales, de forma significativa.

Familias reconstituidas

demos que esta definición de familia responde a va- rios aspectos: a) los esquemas valorativos que se han

desarrollado históricamente en la sociedad, b) los pro- cesos de socialización, c) las políticas públicas en el país y d) la enajenación de la sociedad sobre las trans- formaciones histórico-sociales que han ocurrido en Puerto Rico. Una combinación de éstos y otros facto- res son fundamentales para explicar que se haya con- servado una definición tan limitada de lo que es la familia.

A partir del acercamiento a la temática relaciona-

da con las definiciones de familia llevamos a cabo este estudio que tuvo como objetivo general explorar la siguiente interrogante: ¿Cuál es la concepción de familia de personas que integran una familia reconstituida?

Método 1

En esta investigación estudiamos uno de los tipos de familia que surgió posterior a las transformaciones

Para cumplir con el objetivo de nuestro estudio rea- lizamos entrevistas a profundidad a integrantes de ocho familias reconstituidas con hijos e hijas adolescentes.

sociales ocurridas en Puerto Rico: las familias reconstituidas. Es decir, trabajamos particularmente con familias compuestas por padre y madrastra o

Participantes

madre y padrastro e hijos e hijas biológicos/as de uno de ellos/as en su matrimonio anterior. Para propósi-

Reclutamiento

tos de este trabajo utilizaremos la definición de fami- lia reconstituida propuesta por varios autores/as (Anónimo, 2002; Benokraitis, 1996; Dávila, 1992; Goldenberg & Goldenberg, 2000; Irizarry, 1998; Muñoz & Reyes, 1997; Musitu, 2000). Estas perso- nas afirman que las familias reconstituidas son aque- llas compuestas por una pareja casada legalmente, en la que por lo menos uno de los cónyuges ha estado casado legalmente y tiene un hijo o hija de su matri- monio anterior, que vive a tiempo completo o parcial con la pareja. Esta definición de familia reconstituida

En esta investigación participaron ocho familias reconstituidas que incluyeron: ocho adolescentes y 16 personas adultas (madres y padrastros o padres y madrastras). Los criterios de selección para las per- sonas adolescentes fueron: a) ser hijo o hija de padre biológico y madre biológica divorciada, b) ser mayor de tres años al momento del divorcio de su padre y madre, c) vivir con padre biológico y madrastra o madre biológica y padrastro por tres años o más, y d) vivir, al menos, cinco días a la semana en la familia

comprueba, una vez más, la realidad ineludible de perpetuar la imagen de una familia nuclear compues- ta principalmente por un hombre, una mujer y unos hijos o hijas, aunque esta familia tiene una particula- ridad: la convivencia de personas que previamente constituyeron otra familia.

reconstituida. Los criterios de selección para las per- sonas adultas fueron: a) el padre o la madre biológi- ca debía haberse divorciado cuando su hijo o hija tenía tres años ó más, b) debían estar casadas legalmente por segunda vez por tres años o más y c) vivir con el/ la adolescente cinco días a la semana o más.

A pesar de los cambios en la concepción de fami-

A

continuación describiremos las características

lia nos llama la atención que las familias reconstituidas se siguen definiendo a la luz de los planteamientos

sociodemográficas de las personas adolescentes y, posteriormente, a las personas adultas que participa-

que se hacen de la familia nuclear tradicional. Enten-

ron en la investigación.

1 En este estudio participaron familias compuestas por parejas heterosexuales

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Kattia Z. Walters Pacheco, Francheska N. Cintrón Bou e Irma Serrano-García

Características sociodemográficas de la muestra

Adolescentes. Las edades de las personas adolescen- tes fluctuaron entre 13 a 17 años, y cursaban de octa- vo a duodécimo grado en cuatro escuelas privadas de Carolina y Río Piedras, Puerto Rico. Seleccionamos escuelas privadas por diferentes razones: a) nuestro fácil acceso a su ubicación geográfica, b) facilidad para obtener autorización de la Dirección para reali- zar la investigación, c) posibilidad de obtener infor- mación de personas que se identificaran con distintos grupos religiosos (católicos, bautistas y laicos) y d) para obtener una muestra de la clase media puertorri- queña que, entendemos, es la más numerosa en este tipo de escuelas. En esta investigación participaron cuatro muchachos y cuatro muchachas. En la tabla 1 presentamos la distribución de edad de las personas adolescentes. El grupo más numeroso contaba con 17 años (37.5%, n=3). No participaron jóvenes de 15 años de edad. El promedio de edad fue de 15.5 años.

Taba 1. Edad de las personas adolescentes

Edad Frecuencia Por ciento 13 años 1 12.5 14 años 2 25 16 años 2
Edad
Frecuencia
Por ciento
13
años
1
12.5
14
años
2
25
16
años
2
25
17
años
3
37.5
Total
8
100

El 75% (n = 6) de las personas adolescentes se identificaba con algún grupo religioso como puede verse en la tabla 2. Dos adolescentes se identificaron como católico/as; mientras que otros/as dos partici- pantes afirmaron que se identificaban como cristia- nos. Dos aseguraron no identificarse con ningún grupo religioso. Una persona participante afirmó que se iden- tificaba con el grupo religioso protestante o evangéli- co; mientras que otra se identificó como bautista. Por otra parte, la mayoría de los/as participantes adolescentes vivía con su madre, padrastro y hermanos/ as al momento de esta investigación (véase tabla 3). Personas adultas. En esta investigación también participaron 16 personas adultas que cumplían con los criterios de reclutamiento. Las mujeres que participa-

ron en este estudio fueron las madres o madrastras de la persona adolescente. Los hombres que participa- ron fueron sus padres o padrastros.

Tabla 2. Grupo religioso con el cual se identificaban los/as adolescentes

Grupo religioso

Frecuencia

Por ciento

Católicos/as

2

25

Cristianos

2

25

Ninguno

2

25

Protestantes o

Evangélicos/as

1

2.5

Bautista

1

12.5

Total

8

100

Tabla 3. Personas con las que viven los/as adolescentes

Personas bajo el mismo techo

Frecuencia

Por

ciento

Madre, padrastro y hermanos/as Madre, padrastro y hermanastro/a Padre, madrastra, hermanos/as y hermanastros/as Padre, madrastra y hermanos/as

5

62.5

1

12.5

1

12.5

1

12.5

Total

8

100

En la tabla 4 se encuentra la distribución de edad de las personas adultas. La mayoría de las mujeres adultas, el 87.5% (n = 7), estaba entre las edades de 31-40 años. No participaron mujeres mayores de 50 años de edad. La mayoría de los hombres adultos, el 62.5% (n = 5), estaba entre las edades de 31-40 años. El ingreso anual individual de las personas adultas fluctuaba desde menos de $15 mil hasta $45 mil anua- les. El ingreso anual familiar mostraba mayor fluctua- ción, desde $15 mil o menos hasta más de $90 002.

Tabla 4. Edad de las personas adultas

 

Mujer adulta

Hombre adulto

Edad

Frecuencia

Por ciento

Frecuencia

Por ciento

31-40

7

87.5

5

62.5

41-50

1

12.5

2

25

51 ó más

1

12.5

Total

8

100

8

100

El Significado de “Familia” en la Familia Reconstituida

21

En la tabla 5 presentamos los grupos religiosos con los que se identificaban las personas adultas. El 87.5% (n = 7) de las mujeres adultas se identificaba con algún grupo religioso. Tres se identificaron como protestantes o evangélicas. El 87.5% (n = 7) de los hombres adultos se identificaron con algún grupo re- ligioso. La mayoría de los hombres adultos, el 62.5% (n = 5) se identificó como católico.

Tabla 5. Grupo religioso con el cual se identificaban las personas adultas

 

Mujeres adultas

Hombres adultos

Grupo Religioso

Frecuencia

Por ciento

Frecuencia

Por

 

ciento

Bautista

1

12.5

   

Católicos/as

2

25.0

5

62.5

Protestantes o

Evangélicos/a

3

37.5

1

12.5

Cristiano

1

12.5

1

12.5

Ninguno

1

12.5

1

12.5

Total

8

100

8

100

Instrumentos

Las personas participantes completaron un cuestio- nario de cernimiento, una hoja contacto y una entre- vista semiestructurada que incluyó un cuestionario de datos sociodemográficos. Los instrumentos de medi- ción que desarrollamos incluyeron preguntas relacio- nadas a la temática de la familia reconstituida. A continuación describimos cada instrumento utilizado.

Hoja de consentimiento informado

Utilizamos una hoja de consentimiento aprobada por

el Comité Asesor para la Protección de Sujetos Huma-

nos (CAPSHI) de la Universidad de Puerto Rico. En la misma le informábamos a las personas participantes

la naturaleza del estudio, su propósito, los posibles ries-

gos y gastos, y los beneficios. Además, especificába- mos que la participación era voluntaria y confidencial

y que tenían el derecho a retirarse de la investigación en cualquier momento.

Cuestionario de cernimiento para las personas adultas

Le solicitamos a las personas adultas que completa- ran un cuestionario de cernimiento. Éste constó de 12 preguntas, que se respondían escogiendo entre varias alternativas o llenando un blanco. Con éstas identifi- camos si las personas participantes cumplían con nuestros criterios de selección. Las preguntas que se incluyeron fueron sobre: a) género, b) escuela a la que asistía el hijo o la hija, c) el grado que cursaba el hijo o la hija y el salón, d) estado civil (casados le- galmente), e) si existía disolución de un matrimonio anterior y si la misma fue por divorcio, f) el tiempo que había pasado desde el divorcio, g) si este era su segundo matrimonio, el tiempo que llevaba casado/a por segunda vez y h) cuál era su relación con el/la adolescente.

Cuestionario de cernimiento para los/as adolescentes

Solicitamos a los adolescentes que completaran un cuestionario de cernimiento, el cual consistió de 10 preguntas, que se respondían escogiendo entre varias alternativas o llenando un blanco. Con éstas identifi- camos si las personas participantes cumplían con nuestros criterios de selección. Las variables que se incluyeron fueron: a) género, b) la escuela a la que asistía, c) el grado que cursaba y el salón, d) estado civil (divorciados) de su padre biológico y su madre biológica, e) con quiénes vivían a tiempo completo, f) el tiempo que llevaban viviendo con estas personas

y

g) el tiempo que compartían con su padre biológico

o

madre biológica, con quienes no vivían.

Hoja contacto para las personas adultas

Las personas adultas completaron una hoja contacto que sirvió para comunicarnos con ellas luego que aceptaron participar voluntariamente en la investiga- ción. Las preguntas que incluyó fueron: a) nombre, b) dirección, c) números de teléfonos, d) dirección de correo electrónico, e) día, hora y lugar en que prefe- ría la entrevista y f) algún otro aspecto que la perso- na entendiera que debíamos considerar para facilitar su asistencia a la entrevista.

22

Kattia Z. Walters Pacheco, Francheska N. Cintrón Bou e Irma Serrano-García

Entrevista para las personas adultas

Construimos la entrevista semiestructurada para re- copilar información en torno a la dinámica familiar de la familia reconstituida. La entrevista para las per- sonas adultas consistió de dos partes: a) datos sociodemográficos y b) preguntas cerradas y abier- tas. La parte de datos sociodemográficos constó de16 preguntas y la segunda parte constó de 160 pregun- tas: 60 cerradas y 100 abiertas. Entre los temas que abordamos se encuentra el de la concepción de fami- lia que tenían las personas participantes, comunica- ción en el hogar, relaciones interpersonales, relación de pareja, tareas domésticas, entre otros.

Entrevista para adolescentes

Construimos la entrevista semiestructurada para ado- lescentes para recopilar información en torno a la diná- mica familiar de la familia reconstituida. La entrevista consistió de dos partes: a) datos sociodemográficos, y b) preguntas cerradas y abiertas. La parte de datos sociodemográficos constó de 14 preguntas y la segunda parte constó de 127 preguntas: 40 cerradas y 87 abier- tas. Abordamos los mismos temas que en la entrevista de personas adultas. Para propósitos de este trabajo presentamos sólo la información obtenida mediante el uso de la sección de las preguntas relacionadas con la concepción de familia y los datos de los cuestionarios de datos sociodemográficos de las personas adultas y adoles- centes.

Procedimiento

Para seleccionar la muestra de este estudio solicita- mos, mediante llamadas telefónicas, una cita con los directores o directoras de los colegios privados. Nos reunimos personalmente con cada uno/a para expli- carle los detalles de la investigación. A raíz de esta conversación nos autorizaron a reclutar la muestra en los cinco colegios que habíamos seleccionado. Durante las primeras dos semanas del mes de marzo de 2003 fuimos a los cinco colegios y el director o directora nos dirigió a los salones del grado corres- pondiente (octavo grado a duodécimo grado). Le ex- plicamos el propósito y los objetivos de nuestra investigación a los y las estudiantes y a los y las que expresaron interés en participar les entregamos un so-

bre que contenía los siguientes documentos: a) carta para los padres/madres y/o encargados/as, b) hojas de consentimiento informado con copia para las personas adultas y la persona adolescente, c) cuestionario de cernimiento y d) hojas contacto para las personas adul- tas. Cuando les entregamos el sobre le explicamos a cada adolescente los detalles de la investigación, los documentos que incluimos en el sobre y en qué iba a consistir su participación. Les explicamos que debían llevar ese sobre a su padre, madre o encargado/a para que esa persona lo revisara y completara los docu- mentos pertinentes. A su vez, le explicamos que de- bían leer y firmar la hoja de consentimiento informado para adolescentes. Les explicamos que cuando reci- biéramos los documentos completados, revisaríamos los mismos y le llamaríamos sí cualificaba para par- ticipar en la investigación. Visitamos los cinco colegios una semana después de la entrega de los sobres (del 17 al 21 de marzo de 2003). Cuando recibimos los documentos completa- dos, los revisamos para seleccionar a las personas que podrían participar de la investigación según los criterios de selección previamente establecidos. Ex- cluimos de nuestra muestra aquellas parejas que hu- biesen contraído segundas nupcias posterior a su viudez y no a un divorcio debido a que en estudios anteriores se ha confirmado que las dinámicas que se dan cuando ha habido un divorcio son totalmente di- ferentes a aquellas que surgen cuando muere uno de los padres (Beaudry, Parent, Saint-Jacques, Guay & Boisvert, 2001). Nos comunicamos con las personas que cumplieron con los criterios de selección y que consintieron en participar de la investigación para acordar día, hora y lugar para realizar la entrevista. La duración promedio de las entrevistas fue de una hora. Cuando finalizamos las entrevistas de cada familia les obsequiamos tres boletos para ir al cine a ver la película de su selección, una merienda y un opúsculo preparado por el Departamento de la Fami- lia de Puerto Rico como incentivo por su participa- ción en la investigación.

Análisis

Utilizamos estadísticas descriptivas para hacer los aná- lisis cuantitativos de los datos obtenidos en los cues- tionarios de cernimiento y en la parte de datos sociodemográficos de la entrevista semiestructurada. Calculamos frecuencia, promedio y por ciento para estos datos.

El Significado de “Familia” en la Familia Reconstituida

23

Realizamos un análisis de contenido de las respuestas a las preguntas abiertas. Nuestra unidad de análisis fue el tema debido a que esta unidad nos permite incluir frases, palabras, oraciones o párrafos en cada categoría (Ander-Egg, 1980b; 2003a). De- sarrollamos 122 categorías y ubicamos los textos, lue- go de un análisis consensual con jueces, utilizando el programa computarizado N-VIVO (Miller, 2001).

Resultados

enseña todo lo básico; es algo grande, es algo impor- tante para todo individuo. Esa base familiar es amor, comprensión, comunicación, unión. Todo (M2).

• Familia es un conjunto, un núcleo; una esposa e hijos (P1).

Familia 154

• Para mí la familia es un conjunto de personas

que contrajeron matrimonio, tuvieron hijos y se lle- van bien. Comparten, se entienden todo y se quieren

mutuamente (AM).

En esta sección presentaremos los resultados obteni-

Una unión de pareja donde se deben presentar

dos sobre la concepción de familia de las personas

unos valores, inculcarlos y trabajarlos hasta que los

participantes. Incorporamos citas de las dos diferen-

hijos salgan de la familia y volver otra vez al ciclo

tes subcategorías –cuando hubo verbalizaciones per-

(M1).

tinentes– tanto de las respuestas de los/as tres

El concepto que tengo es que la familia es un

integrantes de una sola familia reconstituida como citas individuales. En ambos casos identificamos a la persona por el código numérico que le asignamos en el proceso de reclutamiento. Nos parece importante aclarar las siglas que hemos utilizado para identifi-

núcleo que hoy día es para uno llevar a los hijos a lo mejor que uno pueda darles. La mejor educación que fue lo que uno a veces no tuvo en los años cuando criaban a uno y darle lo mejor que uno pueda. Siem- pre ha de estar unida en las buenas y en las malas

car los textos: AF = Adolescente femenina, AM = Ado-

(P2).

lescente masculino, M1 = Madre biológica, M2 = Madrastra, P1 = Padre biológico y, P2 = Padrastro.

Familia 36

Concepción de Familia

En esta categoría cada persona participante definió el concepto familia. En términos generales, definie- ron familia como un grupo de personas compuesto por padre, madre, hijos/as, hermanos/as, familiares y personas cercanas que se relacionan entre sí. Estas personas se apoyan y mantienen lazos afectivos. Los/ as participantes consideraban que la familia es fun- damental en el desarrollo de todo ser humano. Expre- saron que la familia es el foco del desarrollo de los procesos de socialización y la conciben como una to- talidad en sus vidas.

Familia 126

• Es para uno confiar en ella, que no sea como

otras familias que no se hablan. Es más o menos que sea un círculo unido y de confianza. Todo de confian- za y comunicación porque en verdad tú puedes tener 20 mil amigos pero quienes siempre van a estar ahí son tus familiares (AF).

• Es un conjunto de personas, es la base de lo

que va a ser un ser humano en el futuro. Ahí es que se

• No tiene que ser tu papá, tu papá y tu mamá

que te hizo; es como que un grupo que te ama, que te educa. Como que papá no es el que engendra, es el

que cría (AF).

• La familia es la parte más importante que rea- liza el ser humano (M1).

• Un vínculo familiar de una mujer, un hombre e hijos con descendencia (P2).

Pertenecer a una familia

En la esta subcategoría la persona participante in- dicó si pertenecía o no a una familia y por qué todas las personas participantes (N = 24) afirmaron perte- necer a una familia. Dijeron sentirse parte de una fa- milia por: a) que convivían y se relacionaban con las personas que integraban su familia, b) el apoyo que se brindaban en el hogar, y c) la integración y la unión de estas personas.

Familia 1

• Porque en mi vida no hay problemas y siempre están ahí para todo (AM).

24

Kattia Z. Walters Pacheco, Francheska N. Cintrón Bou e Irma Serrano-García

• Me siento responsable de ellos, existe comu-

nicación, existe respeto y amor (M1).

• Soy parte de una familia porque vivimos jun-

tos, compartimos juntos y tengo mi esposa, mi hija y

mi hijastro que son una familia (P2).

Familia 126

• Creo que formo parte de una familia porque

somos unidos (AF).

• Porque tengo un esposo, tengo hijos, tengo fa-

miliares allegados. Estamos juntos, nos comunicamos, todo el mundo sabe en donde está todo el mundo y

qué quiere todo el mundo. Entiendo las necesidades

de cada uno de los miembros y ellos entienden mis

necesidades (M2).

• Por la convivencia, el sentirse amado, sentirse

que uno es el apoyo moral hacia los hijos y el apoyo económico también (P1).

Familia 90

• Porque en mis momentos de necesidad me ayu-

dan (AM).

• Porque yo soy la que junto con mi esposo for-

mamos la unión de este grupo, la familia. Nos reuni- mos para formar la familia nueva… Una nueva familia, reconstituimos una nueva. Unos nuevos apellidos

(M1).

• Porque convivimos bajo el mismo techo y nos interrelacionados mutuamente (P2).

Descripción del contexto familiar

porque a la misma vez que hay cosas buenas y mo- mentos en que reír, hay cosas en que molestarse y momentos en que llorar. De verdad que para mí es normal (AF).

• A mí me gusta la paz y la tranquilidad de mi

casa… Mi casa es mi templo. Me gusta la paz y la armonía (M1).

• Un ambiente tranquilo (P2).

Familia 126

• Pues es normal. No es todo el tiempo así que

está bien unido; obviamente hay peleas y qué sé yo

pero es normal. Como una familia normal… Noso- tros básicamente siempre nos estamos ayudando y peleas casi todos los días pero eso no significa que no seamos unidos (AF).

• Es un proceso, en continuo aprendizaje. En de-

sarrollo todo el tiempo y en conocernos más (M2).

• Es bastante organizado y estructurado; nos ha

costado lágrimas y trabajo pero hacia ese camino vamos (P1).

Familia 36

• Problemas como en todas las familias hay, pero

siempre se resuelven. Es una familia bien unida… Una familia muy unida (AF).

• Es una familia unida, hay comunicación, com-

prensión, desacuerdo de vez en cuando. En conclu- sión normal (M1).

• Normal, sobre todo normal. Con las tiranteces

normales, con los ratos alegres y con los ratos ten- sos; sobre todo con mucha unión (P2).

En

esta ocasión la persona participante explicó cómo

En resumen, las personas definieron familia como

era

su hogar y el ambiente familiar dentro del mismo.

un grupo de personas que se relacionan entre sí y se

Muchas de las personas describieron su hogar como uno normal partiendo de las relaciones interpersonales entre las personas que integraban el núcleo familiar. Mencionaron también que en este núcleo familiar se daban situaciones difíciles pero que las mismas se ha- cían llevaderas por la unión que existía entre ellos/as.

apoyan mutuamente. Todas se sentían parte de una familia debido a su convivencia en el hogar y a la unión entre ellos/as. Describieron su contexto fami- liar como uno normal, con situaciones difíciles pero manejables.

 

Familia 114

Discusión

• En muchas ocasiones es un poco loco y difícil

de entender. Pero fuera de eso, yo entiendo que es

algo normal porque aquí no se ve nada raro ni nada

de eso que sale por las noticias ni nada por el estilo.

Entiendo que es normal, que es bueno. Es normal

Cuando comenzamos esta investigación nos apasio- naba la idea de confirmar si la llamada “crisis de la familia” era una realidad para todas las personas que constituían una familia en Puerto Rico. La revisión de literatura que realizamos nos permitió descubrir

El Significado de “Familia” en la Familia Reconstituida

25

que no se trata de una crisis en la familia sino de una transformación que da paso a nuevos tipos de familia a escala mundial. Por tanto, decidimos explorar una de las tipologías de familia que mayor aumento ha tenido en Puerto Rico: la familia reconstituida. Reconociendo que la familia reconstituida en Puer- to Rico se ha estudiado poco, nos dimos a la tarea de explorar cuál era la concepción de familia de quienes la constituían. Nuestros resultados fueron cónsonos con algunas de las definiciones de familia que pre- sentamos en nuestra revisión de literatura (García, 1996, Irizarry, 1998; Jelin, 1998; Muñoz & Reyes, 1997; Palacios & Rodrigo, 2001; Quiles, 1992). El examen de estas definiciones nos permite concluir que el concepto familia podría definirse desde vertientes como la biológica, psicológica y social. Si miramos los resultados que obtuvimos nos damos cuenta de que las definiciones que ofrecieron las personas par- ticipantes representan cada una de estas vertientes. Desde el punto de vista biológico vemos que muchas de las personas participantes definieron familia como un grupo de personas compuesto por un hombre y una mujer que procrea hijos/as. Por otra parte, parti- cipantes comentaron que la familia es la base de lo que va a ser la persona en el futuro y el lugar de so- cialización por excelencia; lo que responde tanto a la vertiente psicológica como a la social. En términos generales, definieron familia como un grupo de per- sonas que se relacionan, viven bajo el mismo techo y se apoyan mutuamente. A pesar de que algunas per- sonas mencionaron lazos sanguíneos al resaltar la presencia de un padre, una madre y unos hijos e hi- jas; esto pasa a un segundo plano cuando menciona- ron, también, que no se trataba exclusivamente del padre o la madre biológica sino de que la persona que se integrara a la familia pudiera asumir el rol de pa- dre, de madre o de amigo/a dentro de este núcleo fa- miliar. Esto responde a la realidad particular de estas personas, siendo integrantes de familias compuestas por una pareja reconstituida y unos hijos e hijas con- cebidos tanto en la relación anterior como en la nue- va. A su vez, estas personas resaltaron la importancia de la familia en el desarrollo de todo ser humano men- cionando que la familia es la base de la sociedad. Otro de los resultados que coincide con lo que en- contramos en la literatura (Muñoz & Reyes, 1997)

fue la idea de que la familia transita por un ciclo de vida. Resaltaron que su ambiente familiar era una estructura organizada que estaba en un proceso de cambio y aprendizaje continuo. Interesantemente, re- calcaron que su familia era "normal". En cierto senti- do este énfasis en la normalidad nos invita a reflexionar sobre la posibilidad de que exista deseabilidad social en sus respuestas. Enfatizar cons- tantemente en la normalidad familiar parece ser una estrategia para presentar el ideal de familia que ellos/ as entendían que era el esperado por nosotras como investigadoras. Por otra parte, una de las participan- tes explicó que consideraba que su familia era nor- mal porque en ella no sucedían situaciones como las que se describían en los medios de comunicación. Esto revela, que en su opinión, en Puerto Rico se ha trans- mitido una idea general de que la familia reconstituida se distingue por situaciones desagradables entre los padrastros y madrastras con sus hijastros/as. Los medios de comunicación y diferentes grupos en la sociedad han perpetuado el modelo tradicional de familia nuclear como el único en que se puede ge- nerar estabilidad emocional y/o se pueden cubrir las necesidades básicas de todo ser humano (Albite 1998; Quiles, 1992). Nuestros hallazgos evidencian que las personas participantes de nuestra investigación no se excluyen del grupo que asume la familia nuclear como la norma. Vimos que, a pesar de aludir a sus caracte- rísticas particulares, otorgaban mucha importancia a resaltar su composición familiar como una nuclear y normal; lo que demuestra la perpetuación del ideal de familia que existe en Puerto Rico. Sin embargo, evidentemente existen diversos tipos de familia a nivel mundial. Nuestra esperanza es que el lector o la lectora hayan logrado obtener una visión más certera de las particularidades de la familia reconstituida en el contexto puertorriqueño. Deseamos haber contribuido a una nueva concepción de familia reconstituida generada desde las voces de sus integran- tes, lo que le permitirá a profesionales de la salud de- sarrollar intervenciones o investigaciones acordes con las transformaciones que han ocurrido en esta institu- ción y que respondan a las verdaderas necesidades de quienes hoy integran una familia en Puerto Rico.

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Kattia Z. Walters Pacheco, Francheska N. Cintrón Bou e Irma Serrano-García

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padres

un

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Psicología Iberoamericana (2006)

Vol. 14

No. 2,

pp. 28-35

Alteraciones Psicológicas en la Mujer Embarazada Psychological Disturbances in Pregnant Women

Ma. Eugenia Gómez López,* Evangelina Aldana Calva, Jorge Carreño Meléndez, Claudia Sánchez Bravo **

Resumen

La atención psicológica de la mujer embarazada en instituciones médicas es importante para evitar cualquier alteración emocional que afecte el desarrollo y resolución del mismo, así como sus consecuencias sobre el producto. Se realizó un estudio exploratorio para conocer las alteraciones psicológicas de las mujeres embarazadas, pacientes del INPER, atendidas por Psicología durante 2004. Basados en la primera entrevista clínica y los diagnósticos del DSM-IV, se analizó su frecuencia, para decidir el trata- miento pertinente. Las alteraciones psicológicas encontradas fueron: trastornos adaptativos, del estado de ánimo, duelo, abuso de drogas y problemas conyugales, entre otros. Conocer las alteraciones psicológicas de la mujer embarazada facilita al psicólogo establecer un modelo de interven- ción acorde a sus necesidades. Palabras clave: embarazo, depresión, ansiedad, psicoterapia.

Abstract

The psychological treatment of pregnant women in health facilities is of the utmost importance in order to avoid any emotional disturbance that may affect the development and outcome of the pregnancy, as well as negative consequences on the offspring. An exploratory study was carried out to assess the psychological disturbances of pregnant women. The sample was made up by patients of INPER, treated by the Psychology Department during 2004. Based on their first clinical assessment and on the diagnosis determined throughout the DSM-IV, the frequency of disturbances was analyzed in order to decide what would be the most appropriate treatment. Amongst others, the main psychological disturbances found were: adaptive disorders, mood disorders, bereavement, substance abuse, and marital problems. Assessing the principal psychological disturbances affecting pregnant women can aid the psychologist in establishing an adequate intervention model to fit their needs. Key words: pregnancy, depression, anxiety, psychotherapy.

Introducción

El embarazo representa un cambio en la vida de la mujer y de su pareja, y además se le considera un periodo crítico del desarrollo psicológico, porque pone a prueba el nivel de madurez emocional de la mujer, su identidad y la relación con su madre; así mismo,

representa una oportunidad de crecimiento psicoló- gico para ella. En este sentido, la salud emocional de la mujer embarazada podrá evaluarse principalmente a partir de su capacidad o no para enfrentar este evento y de su posibilidad o no de adaptarse a los cambios que éste conlleve. Es decir, no sólo se ponen a prueba di-

*megl97@yahoo.com.mx

** Todos adscritos del Departamento de Psicología. Instituto Nacional de Perinatología “Isidro Espinosa de los Reyes”.

Alteraciones Psicológicas en la Mujer Embarazada

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chas capacidades, sino que habrá de establecerse cómo se estructuraron desde la infancia. Una evaluación más precisa del estado emocional de la mujer durante el embarazo permite establecer el tipo de intervención psicológica más conveniente. En el caso del embarazo, dadas sus características propias, podría considerarse que produce una altera-

ción psicológica transitoria en la mujer, ya que requie- re de adaptarse a la nueva situación y esto puede provocar alguna manifestación aguda, con disminución de las funciones yoicas, con restricción temporal de la conciencia, reactiva y funcional, que actúe sobre el yo

y sea egodistónica, sin impacto en la estructura de per-

sonalidad, por lo que se considera entonces una inhibi- ción o malestar psicológico. Éste último se entiende como un conjunto de cambios emocionales estrecha- mente relacionados con un evento, circunstancia o suceso, y que no puede agruparse en una condición sintomática por no reunir los criterios propuestos, donde se experimenta incomodidad subjetiva (Mora- les-Carmona, Díaz-Franco, Espíndola-Hernández, Henales-Almaraz, Meza-Rodríguez, Mota-González

y Pimentel-Nieto, 2004). Sin embargo, cuando el embarazo es el que reactiva conflictos anteriores no resueltos, los cuales se han cronificado, causan angustia, son persistentes y re- currentes, y otorgan ganancias secundarias, entonces se habla de síntomas. Dada la trascendencia que tiene la maternidad para la mujer, su respuesta afectiva es más contundente y, por tanto, requiere de un proceso de adaptación fren- te al mismo, ya que se modifican en ella su estructura

y su proyecto de vida a partir del evento. Durante el embarazo entran en juego aspectos in- ternos y externos a la mujer, por lo que es posible que los conflictos psicológicos que se presentan en esta etapa pueden ser la combinación de ambos o el pre- dominio de uno sobre otro. Para la mujer, la maternidad representa uno de los eventos más importantes en su vida. Dado que la so- ciedad y la cultura le han dado un valor especial, es- tableciendo lo que se espera de ella en esta etapa, cómo debe ser y comportarse para ser una “buena madre”, además de que se le considera una función exclusiva de ella. Por otra parte, influyen aspectos sociales como la presión que ejerce el que su embarazo no se dé en circunstancias socialmente deseables, es decir, con una pareja estable y en una situación económica apropia- da, lo cual se agrava cuando no cuenta con apoyo familiar por la misma situación. Esto no favorece la adaptación de la mujer a su nuevo estado y le causa

un conflicto por no cumplir con las exigencias del exterior, lo que a su vez impacta en su estado emo- cional, generando por lo regular manifestaciones an- siosas o depresivas. Sin embargo, estudios anteriores han podido esta- blecer que existen manifestaciones emocionales pro- pias de la mujer embarazada, las cuales ayudan al especialista a comprender mejor su expresión como parte del evento reproductivo, y a distinguir aquellos casos que no corresponden a esto y que podrían con- siderarse manifestaciones patológicas (Morales– Carmona, González, y Valderrama, 1988; Attie, y Morales-Carmona, 1992). Entre estas manifestaciones emocionales se encuen- tran las de tipo depresivo como reacciones de ajuste a la situación transitoria a través de fluctuaciones en el estado de ánimo, mayor labilidad e hipersensibili- dad emocional, pesimismo, preocupación e interés sig- nificativo por su salud, traducido en varias quejas somáticas. Así mismo, existen sentimientos de triste- za por la pérdida del estado anterior, así como un re- sentimiento por la pérdida de independencia y atractivo personal. Paradójicamente, también tiende a elevarse la autoestima de la mujer que vive el embarazo como un logro. Además puede presentarse ansiedad transitoria como adaptación a su estado, la cual puede incrementarse más en casos de presión social que por el propio embarazo, así como por temor a la pérdida y miedo a lo desconocido, y al propio papel de madre y a la situación económica. De igual modo, pueden surgir sentimientos de inseguridad, dependencia e introversión. Respecto al deseo sexual, éste puede ser variable. Como se observa, estas características son de tipo transitorio y están supeditadas al desarrollo y resolu- ción del embarazo, de ahí su carácter inhibitorio o malestar psicológico; sin embargo, en ocasiones se requiere la intervención terapéutica de apoyo para su mejor resolución, dado que su manifestación dificul- ta la adaptación de la mujer frente al evento y le ori- gina conflictos internos, externos o ambos.

Alteraciones psicológicas durante en el embarazo

Algunos estudios señalan que la depresión afecta a las mujeres dos veces más que a los hombres. Tiene muchas causas, entre ellas: desequilibrios químicos en el cerebro, estrés importante, tristeza, anteceden- tes familiares, conflictos psicológicos o cualquier combinación de factores (Berman y Berman, 2001).

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Ma. Eugenia Gómez López, Evangelina Aldana Calva, Jorge Carreño Meléndez, Claudia Sánchez Bravo

El embarazo y el puerperio pueden traer muchos cambios emocionales, físicos y sociales para la ma- dre, su pareja y el resto de la familia. Mientras que muchas madres disfrutan en gran medida estos cam- bios –como la experiencia del embarazo o el agregar un nuevo miembro a la familia– algunas no compar- ten estos sentimientos y con frecuencia padecen al- gún trastorno psicológico que resulta en una grave angustia reactiva a problemas psicológicos, físicos o sociales. Este periodo de angustia no es sólo asunto de la madre y su familia, la que incrementa el riesgo de una crisis psicológica, de enfermedad mental y de trastornos del desarrollo, pero además, si no se trata, podrían presentarse intentos de atentar contra su pro- pia vida o la del producto (Currid, 2004). La morbilidad psicológica y en especial la depre- sión y ansiedad que surgen en el periodo prenatal, son más comunes que en el periodo posnatal. La va- loración psicosocial de todas las mujeres embaraza- das es una parte integral del cuidado prenatal adecuado, ya que con frecuencia la depresión experi- mentada por éstas permanece sin identificarse. La falta de un manejo apropiado de la depresión puede resul- tar en una sustancial carga física, social y económica para la paciente, su familia y el sistema de salud. Muchas mujeres embarazadas que padecen depre- sión dejarán los medicamentos antidepresivos, de esta manera, con frecuencia las intervenciones psicoló- gicas serán el tratamiento de primera línea. Cuando se requiere medicación, estudios prospectivos con- trolados sugieren que los antidepresivos son relati- vamente seguros. El manejo de los casos graves o complejos necesitan estar en contacto con un psi- quiatra y un equipo experto en adicciones y quizás se requiera una notificación prenatal de un niño “de riesgo” (Austin, 2003; Bennett, Einarson, Taddio, Koren y Einarson, 2004). En estudios anteriores (Ross, Sellers, Gilbert, Evans y Romach, 2004), se planteó un modelo prena- tal donde se analizaba la influencia de las variables biológicas y psicosociales en el desarrollo de depre- sión y ansiedad en mujeres embarazadas, concluyen- do que durante el embarazo las variables biológicas no tenían ningún efecto directo sobre los síntomas de- presivos. Sin embargo, actuaban indirectamente a lo largo de sus efectos significativos sobre los estresores psicosociales y los síntomas de ansiedad. El mismo modelo no se adaptó a los datos posparto, sugiriendo que podrían estar implicadas diversas variables causales en el estado de ánimo posparto.

Los hallazgos sugieren que los trastornos depresi- vos y ansiosos antenatales se asocian con la amplifi- cación de los síntomas físicos del embarazo (Kelly, Russo y Katon, 2001). Además, otros resultados su- gieren que el estrés crónico durante la gestación pue- de ser el reflejo de disposiciones subyacentes que contribuyen a resultados adversos durante el nacimien- to (Lobel, DeVincent, Kaminer y Meyer, 2000). Los antecedentes de depresión, salud general defi- ciente, consecuencias por el uso excesivo de alcohol, fumar, ser soltera, desempleada y con nivel educati- vo bajo, fueron factores que se asociaron significati- vamente con síntomas de depresión durante el embarazo (Marcus, Flynn y Blow, 2003). Estos datos muestran que un número sustancial de mujeres embarazadas evaluadas en ambientes obsté- tricos tienen síntomas significativos de depresión, y la mayoría de ellas no fueron supervisadas en trata- miento durante este periodo vulnerable. Esta infor- mación puede utilizarse para justificar y modernizar el rastreo sistemático de la depresión en ambientes clínicos con mujeres embarazadas, como un primer paso para determinar quiénes pueden requerir mayor tratamiento para sus síntomas del estado de ánimo. Los índices de depresión durante el embarazo in- cluso son más altos de lo que se creía. Algunos auto- res estiman que la prevalencia de depresión en mujeres embarazadas es de 7.4% durante el primer trimestre de gestación; de 12.8%, en el segundo; y de 12%, en el tercero (Bennett, Einarson, Taddio, Koren y Einarson, 2004). Sin embargo, otros estudios propo- nen que los trastornos psiquiátricos se presentaron en 14.1% de las mujeres embarazadas. La prevalencia de trastorno depresivo mayor fue en 3.3% de las pa- cientes, y para depresión menor en 6.9% de ellas. Los trastornos de ansiedad se presentaron en 6.6% de las pacientes. Mujeres con trastornos psiquiátricos mos- traron significativamente más síntomas somáticos y un temor pronunciado al parto. Entre las pacientes diagnosticadas, sólo 5.5% tuvieron alguna forma de tratamiento (Andersson, Sundstrom-Poromaa, Bixo, Wulff, Bondestam y Astrom, 2003). Sin embargo, en otro estudio realizado con pacien- tes obstétricas se encontró que la ansiedad y las reac- ciones de crisis previas causadas por el embarazo, el temor a complicaciones durante el parto, problemas familiares y preocupaciones por el feto, fueron los motivos predominantes para derivar a las pacientes a atención psicológica. Asimismo, después de realizar un análisis retrospectivo de las pacientes embaraza- das atendidas en el servicio de psicología de un hos-

Alteraciones Psicológicas en la Mujer Embarazada

31

pital público de Dinamarca, se encontró que 87% de

ellas presentaban trastornos adaptativos (de acuerdo con la clasificación del ICD-10), mientras que los tras- tornos psicóticos no eran frecuentes en esta pobla- ción (Knop y Osterberg-Larsen, 2001). Por otra parte, en un estudio realizado en Méxi- co con pacientes obstétricas y ginecológicas se en- contró que las pacientes obstétricas referían mayor sintomatología, pero no de suficiente intensidad como para generar un diagnóstico; y que las pacientes ginecológicas, aun cuando mostraron menos sínto- mas, éstos fueron de mayor severidad (Gómez- Espinoza, Morales-Carmona, Aretia-Pulgar, y Gutiérrez, 1990). En otro estudio más reciente (Morales-Carmona, 2005), también realizado en México, se detectó que los principales factores de riesgo para presentar alte- ración en el estado emocional de la mujer atendida en una institución médica para salud reproductiva, son los siguientes: 1) ser paciente obstétrica; 2) tener un hijo vivo o más; 3) no tener pareja; 4) dedicarse al hogar, ser comerciante o desempleada; 5) ser mayor de 35 años, y 6) con escolaridad de 0 a 9 años. Esto confirma que la mujer embarazada es más vulnerable

a presentar alguna alteración emocional que requiera

atención y tratamiento psicológicos. En el Instituto Nacional de Perinatología (INPER) de la ciudad de México, institución médica de tercer nivel especializada en la atención de la salud repro- ductiva, basada en un modelo interdisciplinario, se da particular importancia al estado emocional de la mujer durante la gestación para el adecuado desarro- llo y resolución de su embarazo. Dado que en esta institución principalmente se atienden los embarazos de alto riesgo, esto incremen- ta la posibilidad de que las mujeres presenten alguna alteración psicológica asociada a la evolución del mis- mo. Algunas de éstas responden más a experiencias previas relacionadas con problemas reproductivos como pérdidas recurrentes o esterilidad, o al padeci- miento de enfermedades físicas o mentales que ponen en riesgo el desarrollo del embarazo, como en el caso de la hipertensión, diabetes, cardiopatías, lupus, epi- lepsia, entre otras, o de depresión, ansiedad, trastor- nos de la alimentación y esquizofrenia, en el caso de los trastornos psiquiátricos (Gómez-L., Sánchez-B.

y Carreño-M., en preparación.) Es en este sentido que el profesional de la salud mental se inserta para apoyar al médico en los casos en que las alteraciones psicológicas constituyen una barrera para el tratamiento eficaz del paciente; así

como para investigar los principales aspectos y pro- blemas psicológicos que afectan a la población consultante en un momento determinado, de tal for- ma que puedan ofrecerse medidas normativas para su detección y prevención (Gómez-Espinoza, Morales- Carmona, Aretia-Pulgar y Gutiérrez, 1990). En el Departamento de Psicología del INPER exis- ten 14 programas de atención dirigidos a los diversos problemas reproductivos atendidos por la institución:

embarazo de riesgo, infertilidad, esterilidad, climate- rio, entre otros. A través de ellos, y con base en un modelo de intervención psicológica institucional de tipo breve, los psicólogos clínicos adscritos buscan brindar atención especializada para cada problema, fundamentada en los datos obtenidos a través de la investigación. El modelo terapéutico es la psicotera- pia de grupo en instituciones. Uno de estos programas es el de Embarazo y ansie- dad, cuyo objetivo principal es atender a aquellas pa- cientes que por su embarazo de riesgo, presentan alteraciones psicológicas, principalmente depresión y ansiedad, que pudieran afectar tanto el desarrollo y re- solución del mismo, como su atención médica y su adherencia al tratamiento; así como aquellas con an- tecedentes del algún trastorno psiquiátrico previo que por el embarazo ameriten seguimiento. En algunas ocasiones es la propia paciente quien solicita el apoyo psicológico por estar viviendo situaciones de vida conflictivas (ya sea con la pareja, la familia, econó- micas, u otras) que le afectan más durante su emba- razo y que alteran su estado emocional. Estas pacientes son canalizadas al Departamento de Psicología por su médico tratante, a partir de las alteraciones emocionales que observa en la paciente, casi siempre manifestadas por ésta durante la consul- ta médica de rutina. Todavía no existe en el INPER un procedimiento sistematizado para que los médicos deriven a Psicología a aquellas pacientes que en ver- dad lo requieran, aunque hay proyectos para utilizar instrumentos de tamizaje confiables y validados con esta población, que detecten específicamente a quie- nes necesitan la atención. Por tanto, hasta el momen- to, los psicólogos adscritos al Departamento de Psicología son los encargados de evaluar la necesi- dad de tratamiento psicológico para la paciente. En primera instancia, se realiza una entrevista clí- nica, semiestructurada, con preguntas abiertas, a tra- vés de la cual se recaban los datos sociodemográficos de la paciente, la historia de vida, la relación con la familia de origen, la relación de pareja, la dinámica fa- miliar actual, inicio de lo que en ese momento se con-

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Ma. Eugenia Gómez López, Evangelina Aldana Calva, Jorge Carreño Meléndez, Claudia Sánchez Bravo

sidera el motivo de consulta, su evolución, duración, persistencia y recurrencia, atención y tratamiento pre- vios, así como la sintomatología psicológica básica y complementaria asociada y, por último, el diagnósti- co propuesto con base en las categorías y ejes del

DSM-IV.

Con base en lo anterior y con la intención de cono- cer los principales problemas psicológicos presenta- dos por las pacientes durante su embarazo, se realizó un estudio exploratorio con el objetivo de describir las principales características sociodemográficas y psico- lógicas de todas las pacientes atendidas por el Depar- tamento de Psicología del INPER, a través del Programa de embarazo y ansiedad, durante el 2004, obtenidas a través de la entrevista clínica de primera vez. Con base en esta entrevista, realizada por primera vez a las pacientes, y a través de los diagnósticos es- tablecidos por el DSM-IV, se analizó la frecuencia de los mismos, con el fin de conocer cuáles eran los más comunes, y decidir el tratamiento más adecuado para cada uno (psicológico, psiquiátrico o ambos).

Material y método

El estudio se realizó en el Instituto Nacional de Perinatología (INPER) de la ciudad de México, con las pacientes que acudieron al Departamento de Psicolo- gía remitidas por su médico tratante, dado que por su condición de embarazo de alto riesgo presentaban al- guna alteración psicológica, o que tuvieran antece- dentes de algún trastorno psiquiátrico previo al embarazo; las cuales participaron en el Programa de embarazo y ansiedad, durante el 2004. Se hizo un estudio poblacional, no experimental y descriptivo, de una sola muestra de 127 pacientes embarazadas, la selección fue por un lapso de 12 meses. Se incluyó a todas las pacientes canalizadas al servicio para evaluación psicológica durante el 2004, que cursaran por un embarazo de riesgo y tuvieran 18 años o más, y se excluyó a aquellas que padecie- ran diabetes (gestacional o mellitus) o que el pro- ducto presentara malformaciones, ya que éstas fueron atendidas por otros programas del Departa- mento de Psicología. A partir de la entrevista clínica realizada, la cual es semiestructurada y comprende datos sociodemográficos de la paciente, historia de vida, relación con la familia de origen, relación de pareja, dinámica familiar actual, inicio de lo que en ese momento se considera el motivo

de consulta, evolución, duración, persistencia y recurrencia del mismo, atención y tratamiento pre- vios, así como sintomatología psicológica asociada y, por último, diagnóstico propuesto con base en las categorías del DSM-IV; se estableció dicho diagnósti- co, y se dio el tratamiento necesario (psicológico, psiquiátrico o ambos). Se utilizó estadística descriptiva para analizar los resultados y describir a la población evaluada.

Resultados

Todas las pacientes atendidas fueron entrevistadas para realizar su historia clínica y establecer su diag- nóstico a partir de la clasificación diagnóstica pro- puesta por el DSM-IV.

Tabla 1. Datos sociodemográficos

n=127 Variable Frec % X DE Estado civil Casada 46 36.2 Soltera 48 37.8 Unión
n=127
Variable
Frec
%
X
DE
Estado civil
Casada
46
36.2
Soltera
48
37.8
Unión libre
24
18.9
Separada
5
3.9
Divorciada
2
1.6
Viuda
2
1.6
Escolaridad
11.4
2.9
0-6
13
10.2
7-9
25
19.7
10-12
64
50.3
13-16
22
17.4
16+
3
2.4
Edad
28.2
7.5
18-24
47
37
25-34
49
38.5
35+
31
24.4

Las principales características sociodemográficas de la muestra se presentan en la tabla 1. Las pacientes atendidas cursaban entre la semana 7 y 38 de gestación, con un promedio de 22.7 SDG. Para 53.5% de las pacientes ésta era su primera gesta, para 24.4% la segunda, para 15.7% la tercera, para 3.9% la cuarta, para 0.8% la quinta y para 1.6% la sexta gesta.

Alteraciones Psicológicas en la Mujer Embarazada

33

Tabla 2. Principales trastornos psicológicos de la mujer embarazada

Trastorno

Clasificación

%

f

Trastornos adaptativos

con ansiedad.

23.6

30

con edo. de ánimo depresivo.

6.3

8

Mixto.

12.6

17

Trastornos del edo. de ánimo

Depresión mayor recidivante leve. Depresión mayor recidivante moderada. Depresión mayor recidivante grave. Depresión mayor episodio único leve. Depresión mayor episodio único moderado. Trastorno distímico. Trastorno bipolar tipo I

7.2

9

7.9

10

1.6

2

1.6

2

1.6

2

2.4

3

0.8

1

Duelo

 

7.2

9

Abuso, dependencia y/o abstienencia de diversas sustancias

Abuso de alucinógenos. Dependencia del alcohol Abstinencia de cocaína, sedantes.

1.6

2

1.6

2

0.8

1

Dependencia de nicotina. Dependencia de cocaína. Abuso varias sustancias.

0.8

1

0.8

1

0.8

1

Trastornos por angustia

     

sin agorafobia.

2.4

3

con agorafobia.

3.2

4

Problemas conyugales

5.5

7

Trastorno de

personalidad

límite

1.6

2

por dependencia.

2.4

3

Otros

Trastorno depresivo secundario a epilepsia. Retraso mental leve

0.8

1

1.6

2

 

Esquizofrenia paranoide. Trastorno por estrés postraumático. Anorexia nerviosa.

0.8

1

0.8

1

0.8

1

Sin diagnóstico

 

0.8

1

TOTAL

100

127

Respecto a los trastornos psicológicos presentados de manera más común por las pacientes, en la tabla 2 pueden apreciarse los más frecuentes. Se muestra tanto la clasificación general de cada trastorno como las subclasificaciones encontradas en cada uno. Como puede observarse, los trastornos adaptati- vos fueron los más frecuentes entre las pacientes, sien- do más común el de ansiedad (23.6%), los cuales se

manifestaron en reacción al embarazo y a los cam- bios físicos y emocionales que éste conlleva.

En cuanto a los trastornos del estado de ánimo, los más frecuentes fueron los trastornos depresivos

mayores recidivantes leves y moderados (15.1%), de manifestación sintomática previa al embarazo, pero exacerbados por éste. Respecto al duelo, éste generalmente se presentó en pacientes con pérdidas recurrentes previas, cuya experiencia había alterado su estado emocional y les dificultaba enfrentar un nuevo embarazo. El abuso, dependencia o abstinencia de diversas sustancias como alcohol, nicotina, cocaína, cannabis, sedantes y alucinógenos también ocupó un lugar des-

tacado dentro de los motivos de consulta psicológica (6.4%), dada la repercusión que esto puede tener so- bre el feto.

Los trastornos de angustia con y sin agorafobia se presentaron en 5.6% de las pacientes, lo mismo que los problemas conyugales manifestados a raíz del em- barazo, o incluso de inicio previo, pero que estaban afectando su estado emocional durante la gestación. Tanto los trastornos de personalidad como de otro tipo (retraso mental, esquizofrenia paranoide, tras- torno por estrés postraumático), se encontraron de manera poco común entre las pacientes. Así mismo, en un caso no se estableció ningún diagnóstico de índole psicológico, dada la imposibi-

lidad de la paciente para proporcionar la informa-

ción necesaria por problemas de hipoacusia. Respecto a la modalidad de atención psicológica, más de la mitad de las pacientes requerían únicamen-

te de psicoterapia de grupo, aunque algunas se bene- ficiaron tanto de la psicoterapia como del tratamiento

34

Ma. Eugenia Gómez López, Evangelina Aldana Calva, Jorge Carreño Meléndez, Claudia Sánchez Bravo

Tabla 3. Atención

propuesta

Modalidad

%

Grupo psicoterapéutico Psiquiatría Grupo y psiquiatría Seguimiento Psiquiatría y seguimiento Total

53.5

3.1

23.6

16.5

3.1

100

psiquiátrico (23.6%), dado el trastorno que padecían

y la necesidad de recibir tratamiento farmacológico

paralelo para el mismo, esto con la intención de que

el estado emocional de las mujeres se mantuviera es-

table a lo largo del embarazo. Aquellas a quienes úni- camente se les dio seguimiento individual, fue por la dificultad que tenían para asistir regularmente a psi- coterapia, ya fuera por vivir lejos, incluso fuera de la ciudad, por dificultades económicas para pagar las consultas semanales, o porque dada su condición de salud requerían permanecer en reposo absoluto. En estos casos, se programaban citas de acuerdo con su necesidad de acudir a otros servicios y se vigilaba la evolución de su estado emocional con apoyo psicoló- gico individual. Finalmente, 44.8% de las pacientes atendidas en el servicio recibieron psicoterapia de grupo, quienes asistieron en promedio a 5.4 sesiones, dentro de un rango de 1 a 18 sesiones como máximo.

Discusión

Los resultados obtenidos en este estudio permiten co- nocer las principales alteraciones psicológicas pre- sentadas por la mujer embarazada, lo cual facilita al especialista en salud mental establecer un modelo de intervención acorde a sus necesidades. Por otra parte, a partir de la información obtenida es posible distinguir dos áreas principales que origi- nan alteraciones psicológicas en la mujer embaraza- da: 1) aquella asociada al evento mismo como reacción de ajuste a la situación transitoria a través de fluctuaciones en el estado de ánimo o malestar psicológico y 2) aquella en la que el embarazo reactiva conflictos anteriores no resueltos, a través de sínto- mas, los cuales se han cronificado, causan angustia, son inconscientes, persistentes y recurrentes. En este sentido, se diría que los trastornos adapta- tivos (con estado de ánimo depresivo, ansiedad y mix- tos) corresponden a la primera área, ya que se

presentan como una reacción de ajuste al embarazo

y que remiten con la resolución del mismo. En esta

misma se encuentran el duelo y algunos problemas conyugales. En la segunda área se ubicarían los trastornos del estado de ánimo, el abuso, dependencia o abstinencia de sustancias, así como los trastornos de angustia y de personalidad. Cabe señalar, que dado que la población estudia- da cursaba por un embarazo de riesgo, esto incidía

obviamente en su estado emocional y tendía a alterar-

lo de manera más frecuente. Aunque la literatura exis-

tente sobre el tema presenta distintos resultados en

cuanto a la frecuencia de alteraciones psicológicas durante el embarazo, sí se coincide en que éste vuelve

a la mujer más vulnerable psicológicamente, lo que

favorece la manifestación de alteraciones en su esta- do de ánimo, siendo las más estudiadas la ansiedad y la depresión perinatal. Por otra parte, es importante destacar que 37.8% de la población estudiada era soltera, porcentaje lige- ramente mayor que las que estaban casadas (36.2%),

y además para 53.5% de estas mujeres era por su pri-

mer embarazo, ambos datos podrían reflejar la influen- cia de estos aspectos para que la mujer embarazada

desarrolle malestar psicológico, lo cual se explica por

la dificultad de ésta para adaptarse a los cambios que

el embarazo mismo conlleva y que se ven obstaculi- zados por la presión social y familiar hacia las condi- ciones socioeconómicas en las que se da el embarazo. Dentro de la atención psicológica que se ofrece a las pacientes del INPER la principal es la Psicoterapia psicoanalítica des grupo de tipo breve, cuyo objetivo es atender a un número mayor de pacientes al mismo tiempo, y favorecer, a partir de la interacción de és- tas, un proceso terapéutico que les permita, con base en las diferentes experiencias planteadas, alcanzar una conciencia acerca de lo que las origina y, finalmente, encontrar maneras más adaptativas para solucionar- las, con la intención de que las mujeres cursen su embarazo sin alteraciones importantes en su estado de ánimo y asuman su maternidad de forma adecua- da. Las sesiones de psicoterapia son semanales, con una duración de 90 minutos, se maneja un grupo abier- to, cuya duración varía dependiendo las semanas de gestación que tenga la paciente y que finaliza con la resolución del embarazo. Retomando las áreas que originan alteraciones psi- cológicas en la mujer embarazada mencionadas an- tes, podría decirse que, en la población estudiada, aquellas con problemas adaptativos se beneficiaron

Alteraciones Psicológicas en la Mujer Embarazada

35

tanto de la información, la orientación como de la psicoterapia breve de grupo, para la solución de sus conflictos. Por otro lado, aquellas mujeres con con- flictos correspondientes a la segunda área recibieron tanto psicoterapia de grupo como apoyo psiquiátrico para aquellas que por su trastorno necesitaban medi- cación, y que, en conjunto, constituyeron una alter- nativa para la atención de aquellos problemas que implicaban mayor patología. Asimismo, es fundamental que dentro de las institu- ciones de salud se establezcan sistemas eficientes de

detección del estado emocional como parte integral del cuidado prenatal adecuado que permitan identifi- car a tiempo alteraciones psicológicas como la de- presión y la ansiedad en mujeres embarazadas, como un primer paso para determinar quiénes pueden re- querir un tratamiento combinado para sus síntomas del estado de ánimo. Además es muy importante con- tinuar investigando el impacto de estas alteraciones psicológicas sobre la mujer y el producto, que gene- ren modelos de intervención más específicos y efica- ces para su atención.

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Psicología Iberoamericana (2006)

Vol. 14

No. 2,

pp. 36-45

El Apoyo Social como Amortiguador de la Desesperanza en Padres de Niños Hospitalizados

Social Support Used to Damper Parents' Helplessness as they Have Hospitalized Children

Jaime Castañeda Gussinyé

UNIVERSIDAD IBEROAMERICANA

Resumen

La presente investigación trata de correlacionar el apoyo social y la desesperanza en padres de niños hospitalizados. La muestra fue de 16 padres y 56 madres, de nivel socioeconómico medio bajo y bajo, entre 17 y 45 años, cuyos hijos estaban internados en el Hospital Pediátrico de Legaria.

Se desarrolló y validó un instrumento (DASH 2) con 24 reactivos tipo Likert que exploraban el nivel de apoyo social y 24 reactivos de tipo verdadero falso, dirigidos a la medición de la desesperanza, para después correlacionarlos por medio de un análisis estadístico y psicométrico que dio como resultado una correlación de Pearson de -.363, la cual confirma

la hipótesis de la investigación. La primera sección obtuvo un alpha de Cronbach de .8998 y la segunda obtuvo una

puntuación de .7436 en la prueba KR-20. Descriptores: apoyo social, desesperanza, hospitalización, mecanismos de afrontamiento, redes de apoyo.

Abstract

The present study aims to correlate social support and helplessness in parents who have hospitalized children. The sample was made up by 16 fathers and 56 mothers of medium-low and low socioeconomic statuses, ranging from 17 to 45 years old, which children were interned at the Legaria Pediatric Hospital.

A valid scale was developed (DASH 2) with 24 Likert type items, exploring the level of social support and 24 true/false

items, meant to measure helplessness, in order to consequently correlate throughout statistic and psychometric analysis which resulted in a Pearson correlation of.363, confirming the research hypothesis. The first section obtained was a Cronbach alpha of .8998, and the second one obtained was .7436 in the KR-20 test. Key words: social support, helplessness, hospitalization, coping mechanism and support networks.

Introducción

Es imposible estar preparado para enfrentar todo tipo de situaciones en cualquier momento. Sin importar qué tanto se traten de prevenir accidentes y enferme- dades, muchas veces el control de estos está total- mente fuera de nuestro alcance. Eso provoca que se den situaciones de crisis, las cuáles llegan de manera inesperada y pueden tener efectos devastadores. La hospitalización de un hijo es una de estas si- tuaciones que no se pueden prevenir, además de que sus efectos nunca podrán ser conocidos del todo si no se experimenta directamente. Por lo anterior, pueden desarrollarse cuadros de desesperanza tanto en los

padres como en los hijos en el ámbito hospitalario, ya que se experimentan tres factores fundamentales de la misma: una falta de control de la situación, que se combina con un futuro incierto y con pensamientos fatalistas y pesimistas. No hay duda de la relación entre una mente sana y un cuerpo sano, tampoco cabe duda de la relación entre el estado de salud de los padres y el de los hijos, por lo tanto, en la medida en que se pueda combatir la desesperanza en los padres, el estado de salud de los hijos podrá mejorar significativamente. Una de las maneras más efectivas para combatir esta desesperanza es el recurrir al apoyo social, tal y como las investigaciones de Hughes, en 1994, lo

El Apoyo Social como Amortiguador de la Desesperanza en Padres de Niños Hospitalizados

37

comprobaron. Este investigador encontró que los pa- dres de niños internados en una unidad neonatal de cuidados intensivos recurrían a estrategias de enfren- tamiento en común, siendo la más eficaz la búsqueda de apoyo social, es decir, el buscar soporte y consejo en personas cercanas (sean familiares, médicos, co- nocidos o amistades desarrolladas en el hospital). Con base en estos estudios se eligió el tema de esta investigación, ya que esta es un área de la psicología a la que no se le ha dado la importancia necesaria. El propósito de esta investigación es conocer cuál es la relación entre el apoyo social y la desesperanza, así como también determinar quiénes son los principales proveedores de apoyo social y qué tipo de apoyo brin- dan, por medio de la aplicación y validación de un instrumento psicométrico. Para realizar esta investigación se realizaron una serie de análisis psicométricos a los resultados de la aplicación del instrumento DASH 2, en una población de padres y madres de niños hospitalizados. Dichas mediciones consistieron en un análisis de heteroge- neidad, análisis de los índices de discriminación y los porcentajes de respuesta. Se evaluaron también la validez, la confiabilidad del instrumento y la validez de constructo a través de un análisis factorial que arrojó cinco factores. Debido a las características del DASH 2, el análisis psicométrico se dividió en tres partes, la primera co- rrespondió a los reactivos que miden el apoyo social, la segunda a los de desesperanza y la tercera tuvo como objetivo conocer la relación entre ambas variables. La desesperanza es la vivencia de que todo está perdido, por lo cuál cualquier esfuerzo por cambiar la situación es considerado inútil (Wollman, 1984). A partir de estas definiciones se pueden identifi- car algunos puntos clave de la desesperanza:

• La desesperanza tiene que ver con el futuro, el cual se ve como algo fuera del control propio y por lo tanto se le percibe como algo desagrada- ble o adverso. Percibir el control como externo se traduce en percibir y sentir el futuro como no programable y no predecible, por lo que se le ve como funesto.

• También se relaciona con el presente, ya que la percepción del futuro se basa en las situacio- nes actuales, las cuáles, debido a que son des- favorables, provocan que el individuo pierda cualquier esperanza en el futuro.

• Las experiencias de falta de control en el pasa- do también se relacionan con la desesperanza

en el futuro. Este tipo de experiencias condi- cionan al individuo y lo convierten en una víc- tima de la desesperanza aprendida.

Con lo anterior se puede concluir que la desespe-

ranza es un fenómeno que se relaciona con la expecta- tiva del futuro, con base en las situaciones presentes, partiendo de las experiencias pasadas (Beck, Weissman

y Texler, 1974). Además se produce un déficit motivacional, emo- cional y cognitivo, que lleva a reaccionar menos de lo que realmente es posible. Se alteran así factores mo- tivacionales y también factores cognitivos, por lo que diminuye la capacidad de distinguir opciones y se da lo que Lewis (en Fary, 2001) definió como inmersión en el presente, fenómeno que provoca que la espe- ranza en el futuro se bloquee, por lo que los sujetos desesperan del futuro, ya que tienen una orientación temporal dirigida primordialmente hacia el presente

y una capacidad relativamente reducida de aplazar la

realización de deseos o de planear para el futuro, por lo que experimentan resignación y fatalismo. La definición anterior de la desesperanza no indi- ca cómo puede ser medida y cuantificada, por lo cual Beck (1974) y algunos colaboradores realizaron un instrumento encaminado a medir la desesperanza a través de 20 afirmaciones pesimistas respecto al fu- turo en las cuales se debe contestar si se consideran verdaderas o falsas. La “Escala de la desesperanza de Beck” (Beck Hopelessness Scale) fue concluida en 1974 y considera, a la desesperanza, como un siste- ma de figuras cognitivas que tienen como denomina- dor común la expectativa negativa acerca del futuro, tanto lejano como cercano (Escobedo, Hernández y Picazo, 2002) . Los estudios de Beck (1972) lo llevaron a concluir que la desesperanza está íntimamente relacionada con la depresión, considerándola un componente funda-

mental de dos de los tres factores que constituyen la triada negativa de su modelo cognitivo de la depre- sión. Esta triada negativa consiste en visiones negati- vas en cuanto al self, al funcionamiento del presente

y al futuro. La desesperanza se relaciona con la vi-

sión negativa del presente y del futuro. Beck conclu- yó que los individuos desesperanzados sienten que, sin importar lo que hagan nada les saldrá bien, por lo que nunca tendrán éxito en lo que intenten hacer y nunca podrán alcanzar sus metas debido a que sus problemas jamás podrán ser resueltos. Con base en las conclusiones de Beck (1972), Abramson, Alloy y Metalsky (1989) propusieron la

38

Jaime Castañeda Gussinyé

teoría de la desesperanza, tras continuar con las in- vestigaciones sobre la desesperanza aprendida de Selligman (1975), autor que creía que repetidos fra- casos en el pasado condicionan a los sujetos a espe- rar más fracasos en el futuro, por lo cual se pierde cualquier motivación y se desarrolla la desesperanza. La teoría de la desesperanza (Abramson et al., 1989) postula que antes de que una persona sienta desespe-

ranza sufre de un estilo cognitivo o atributivo negativo

y experiencias infortunadas y estresantes, este estilo

cognitivo negativo lo lleva a sentir que no tiene control

sobre su vida, ya que siente que éste proviene del exte- rior y es generalizable a todas las circunstancias de su vida. Debido a que los dos factores mencionados en la teoría de la desesperanza están relacionados, algunas personas con pensamientos que tienden a la depresión no se deprimen, ya que evaden la situación y otros que

sí la afrontan tampoco se deprimen, ya que evitan los

pensamientos negativos. La persona desesperanzada espera que le sucedan cosas malas en áreas importan- tes de su vida (pesimismo) y cree que las cosas buenas no sucederán, además de que no cree que algo pueda cambiar la situación.

La teoría de la desesperanza explica entonces la depresión con base en los pensamientos pesimistas sobre el futuro, algo contrario a las teorías anteriores que la veían como algo relacionado con las pérdidas en el pasado. La muerte de un familiar es un pensamiento pesi- mista sobre el futuro, el cuál del contexto hospitala- rio adquiere un significado particular, ya que los hospitales son para muchas personas "el lugar donde

la gente va a morir", en las salas de urgencias y en la

unidad de cuidados intensivos este valor simbólico de

la muerte adquiere aún más significado (Lane, 1993).

Por esto el acontecimiento de ir a un hospital es importante y en ocasiones traumatizante, tomar la decisión de que un enfermo ingrese implica un pade- cimiento grave y por lo tanto la posibilidad de la muerte, la enfermedad no es sólo una alteración bio- lógica, sino también tiene un carácter psicosocial muy grande (Lane, 1993). La enfermedad de un hijo que termine en una hos- pitalización es una circunstancia ideal para el surgi- miento de la desesperanza, ya que implica que todos los intentos que se hicieron en el pasado por contro- lar o curar la enfermedad del hijo no funcionaron, por lo cual se debe depositar la responsabilidad de cuidar al hijo en perfectos extraños (Lane, 1993). Éste es un mecanismo muy parecido al de la desesperanza aprendida tal y como la definió Selligman (1975), sólo

que a corto plazo (ya que se desarrolla en el curso de la enfermedad del hijo) y con efectos mucho más devastadores (debido a que repercute tanto en los pa- dres como en el hijo, y confronta a los primeros con

la posibilidad de experimentar el duelo más grande

de todos: la muerte de un hijo). Cuando un hijo es hospitalizado, convergen en el presente tanto el pasado como el futuro, provocando la inmersión en el presente. El pasado trae consigo todos los intentos fallidos de control de la enferme- dad y el futuro se pone en manos de extraños, per- diendo así la posibilidad de ejercer un control interno. Es aquí cuando puede surgir la desesperanza en los padres, debido a que sienten que todo lo que hi- cieron en el pasado fue inútil y por ello ya no hay nada que ellos puedan hacer en este momento para mejorar la situación. No queda ninguna duda sobre el motivo de la des- esperanza en los hospitales pediátricos, éste es un pro- blema que se presenta con mucha frecuencia y sólo puede ser tratado con psicólogos o consejeros traba- jando directamente con los padres, dentro de las salas de los hospitales, sin embargo en la actualidad, en muy

pocas instituciones se cuentan con servicios de este tipo, ya sea por motivos económicos o de políticas del hos- pital, sin embargo, los médicos reconocen que el bien- estar físico está íntimamente ligado con el psicológico

y que ellos no están preparados para tratar la parte

emocional de las reacciones postraumáticas en los pa- cientes, por lo cuál lo padres quedan totalmente solos, sin ningún apoyo emocional o psicológico en este esta- do de crisis (Rubin, 1998). Para hacer frente a la angustia que esta crisis les provoca, recurren a las llamadas estrategias de afron- tamiento. A este conjunto de estrategias se les llama coping. Estas son las respuestas cognitivas, emocio- nales y conductuales ante una crisis, que sirven para manejar, reducir o tolerar las demandas generadas por la situación (Lazarus, 1997 en Noyes, 1999). Por lo tanto, las estrategias de afrontamiento van a depen- der de cada padre y del padecimiento que sufra su hijo. Hay una gran cantidad de estrategias (y mecanis- mos) de afrontamiento (coping), cada individuo las usa según sus necesidades, situación, experiencias previas y capacidades específicas. Sin embargo, el estudio con padres de niños internados en una unidad neonatal de cuidados intensivos de Hughes, McCollu, Sheftel y Sánchez (1994), encontraron ciertas estra- tegias comunes, como: comparaciones con casos peo- res, apoyo informal, darle significado a la experiencia,

El Apoyo Social como Amortiguador de la Desesperanza en Padres de Niños Hospitalizados

39

minimizar el asunto, confrontar, tomar distancia, autocontrol, buscar apoyo social, aceptar responsa- bilidad, escape y evitación. Estas estrategias se pueden dividir en dos catego- rías, las estrategias individuales y las estrategias grupales. Las estrategias grupales son la búsqueda de apoyo social y el apoyo informal, el cual es un tipo de apoyo social basado en redes de apoyo impro- visadas, espontáneas y situacionales. Según Chak (1996), para la psicología clínica, el apoyo social es concebido como un "amortiguador" del estrés, del agotamiento psicológico, de la soledad y de las demás instancias de enfermedad que pudie- ran limitar el bienestar físico y psicológico. En el ámbito clínico y hospitalario, los estudios que se han realizado sobre apoyo social se enfocan en los aspectos cuantitativos (número de personas, tipo de relación, tipo de cuidado, densidad de la red, etc.) en relación con los componentes cualitativos (cerca- nía, intensidad de afecto, importancia, satisfacción, etc.) (Fary, 2001). El apoyo social tiene dos componentes básicos, la red de apoyo social y el apoyo social percibido. Al hablar de una red de apoyo social, se está haciendo referencia a un constructo cuantitativo y objetivo, definido por la cantidad de personas, el tipo de rela- ción, etc., mientras que el apoyo social percibido es cualitativo y subjetivo, ya que se basa en las percep- ciones de la persona sobre la red de apoyo social. Estos dos conceptos son complementarios, no se puede de- finir uno sin el otro, por lo tanto los investigadores han concluido en agrupar estos dos conceptos dife- rentes bajo el nombre de apoyo social (Norbeck, Lindsey y Carrieri, 1981). Las redes de apoyo social se pueden definir como los aspectos observables y objetivos, externos, con- ductuales y/o fisiológicos. Entre estos aspectos se encuentran, según Fary (2001):

• El tamaño de la red y número de personas de apoyo. El número no es importante como tal, lo importante es su relación con el apoyo, obje- tivamente recibido o subjetivamente percibido (Norbeck, J.S., Lindsey, A.M. y Carrieri V.L.

1981).

• Frecuencia de comunicación entre las personas, o frecuencia de otros comportamientos especí- ficos de apoyo.

• Densidad, la cual se refiere a la interrelación de los sujetos en un grupo, es decir, las perso- nas se relacionan con otros que a sus vez están relacionados entre sí.

• Cohesión, la cual se relaciona con la densidad de la red social, entre más denso sea un grupo, más cohesivo será. Una red densa implica ma- yor cohesión y por lo tanto mayor cantidad de apoyo mutuo entre los miembros.

• Tiempo de duración de una relación. Éste se puede medir ya sea por diadas, grupos o co- munidades.

• Reciprocidad, es decir, qué tanto un vínculo emi- tido es correspondido por un vínculo recibido.

• Balance entre apoyo dado y apoyo recibido.

• Dimensionalidad de las relaciones. Una rela- ción unidimensional es aquella en la que las personas realizan uno solo tipo de actividad, una relación multidimensional es aquella en la que las personas realizan juntas diferentes cla- ses de actividades o comportamientos sociales importantes (Hirsch, 1979).

• Centralidad, prestigio y centralización. La centralidad se define por el número de vínculos que el sujeto emite, directa o indirectamente, a los miembros de la red. El prestigio se refiere al sujeto que recibe gran cantidad de vínculos de los demás. La centralización es la disper- sión entre la centralidad y el prestigio de un individuo de una red.

Los aspectos cuantitativos son importantes para conocer la estructura de la red de apoyo social, sin embargo, no dicen lo más importante: cómo las per- sonas afectan y son afectadas en las relaciones, a tra- vés de los componentes objetivos, con base en el punto de vista del individuo. El apoyo social percibido se basa en la calidad de la relación que da apoyo, a partir de la percepción subjetiva del individuo sobre la satisfacción, la cer- canía, la intimidad, la satisfacción deseada, el afecto, la importancia, la disponibilidad, la adecuación, etc. (Chak, 1996). Stokes (1989) afirma que las mediciones objetivas y subjetivas del apoyo social están poco relacionadas unas con las otras, los factores cuantitativos de las re- des de apoyo social no presentan una relación directa con las percepciones subjetivas sobre la calidad del apoyo que dicha red provee. Así, a una mayor red de apoyo social no siempre corresponderá una percepción más satisfactoria del apoyo social y viceversa. Es posible estimar la calidad de las relaciones a través de las expresiones verbales, no verbales y con- ductuales, pero es imposible medir los defectos de las relaciones en la subjetividad, ya que no podemos sa-

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Jaime Castañeda Gussinyé

ber cómo una relación afecta en la experiencia del sujeto y su percepción. Por lo tanto es necesario re- currir al autorreporte y a la autoevaluación para co- nocer el apoyo social percibido. Lo importante no es medir el apoyo recibido, sino conocer el apoyo perci- bido (Chak, 1996). Según Davo (1999), el utilizar el apoyo social como una estrategia de enfrentamiento tiene grandes venta- jas, siempre y cuando uno de los miembros de la red no esté deprimido, entre ellas podemos mencionar:

• En el caso del apoyo informal, la reciprocidad es fundamental, ya que se comparten las expe- riencias y los sentimientos con personas que están pasando por lo mismo, por lo cual es más probable la comprensión.

• Las redes de apoyo sirven para combatir la so- ledad y el aburrimiento dentro de las salas de los hospitales.

• El apoyo proveído, sobre todo por familiares, puede ser también de tipo económico.

• También en el caso de familiares o amistades cercanas, el apoyo se puede prolongar hasta afuera de la sala del hospital y se pueden hacer cargo de los bienes del padre que está cuidando a su hijo.

• Si se establece una red de apoyo situacional con algún miembro del personal médico, estos pue- den proveer información más clara y fomentar la toma de decisiones del padre en relación a su hijo.

• Finalmente, el recurrir al apoyo social como una estrategia de afrontamiento sirve también para desarrollar otras estrategias adaptativas, que to- marán el lugar de algunas estrategias desadap- tativas que se presentan más frecuentemente.

En la medida en que los padres perciban un apoyo social satisfactorio, cercano y afectivo, estarán en po- sibilidades de proveer este mismo apoyo a sus hijos, cooperando así a su recuperación física. Es muy im- portante que los hospitales se den cuenta de esta reali- dad, la fomenten y se integren a ella, convirtiéndose en parte de las redes de apoyo social situacionales, ya que así proveerán de los cuidados emocionales que creen que no son capaces de dar y mejorarán el ambiente de las salas de los hospitales, lo cual también hará más sencillo su trabajo y menos estresante el tiempo que los niños y sus padres pasen en el hospital.

Método

La presente investigación trata de determinar si las redes de apoyo y el apoyo social tienen algún efecto en el nivel de desesperanza de los padres y madres de niños hospitalizados, así como cuál es la influencia de las redes de apoyo sobre el nivel de desesperanza, quiénes son los principales proveedores de apoyo so- cial y cuáles son los tipos de apoyo que se proveen. Partiendo de estos objetivos se plantea la hipótesis de trabajo, la cuál plantea que si existe una relación en- tre el nivel de apoyo social y la desesperanza, en la cuál a mayor nivel de apoyo social, menor será la desesperanza que se presente en la población. Por lo tanto, las hipótesis estadísticas de esta in- vestigación son:

H 0 : No existe una relación estadísticamente signi- ficativa entre el nivel de apoyo social y la desespe- ranza que se presente en la población estudiada. H i : Existe una relación estadísticamente significa- tiva entre el nivel de apoyo social y la desesperanza que se presente en la población estudiada.

La variable independiente de la investigación, el apoyo social, se define como la combinación e inte- racción de las redes de apoyo social y el apoyo social percibido de un sujeto. Red de apoyo social se refiere a los aspectos observables y objetivos, externos, con- ductuales y/o fisiológicos (tamaño de la red, densi- dad, frecuencia de contacto, etc.) (Fary, 2001). Apoyo social percibido es la calidad de la relación que da apoyo, a partir de la percepción subjetiva del indivi- duo sobre la satisfacción, la cercanía, la intimidad, la satisfacción deseada, el afecto, la importancia, la dis- ponibilidad, la adecuación, etc. (Chak, 1996). El apo- yo social se operacionalizará como la puntuación obtenida en la sección 1 del instrumento DASH 2 (reactivos del 1 al 24 ). La variable dependiente, la desesperanza, se defi- ne como la vivencia de que todo está perdido, por lo cual cualquier esfuerzo por cambiar la situación ac- tual es considerado inútil (Wollman, 1984), ya que el control es percibido como externo, debido a la exis- tencia de un estilo cognitivo negativo y un déficit motivacional (Abramson, 1989). La puntuación ob- tenida en la sección 3 del instrumento DASH 2 (reactivos del 25 al 48 ) constituye la operacionalización de esta variable.

El Apoyo Social como Amortiguador de la Desesperanza en Padres de Niños Hospitalizados

41

Sujetos

Para el presente estudio se empleó un muestreo no probabilístico por cuotas, por medio del cuál se obtu- vieron 72 sujetos, 56 mujeres y 16 hombres, de entre 17 y 45 años de edad. Todos los sujetos eran padres o madres de niños internados en el Hospital Pediátrico de Legaria, el padecimiento y el tiempo de interna- ción oscilaba entre menos de una semana a más de dos meses.

Instrumentos

El instrumento con el que se llevó acabo el estudio lleva por nombre Desesperanza y Apoyo Social en Hospitales (DASH 2) (véase instrumento anexo). Consta de tres secciones, la primera tiene como objetivo me- dir el apoyo social percibido, para formarla se retomaron 12 reactivos de la Escala de provisiones y apoyo social de D. Russell y C. Cutrona (1998, en Fary, 2001), los cuáles fueron adaptados para el con- texto y población del estudio y se generaron dos nue- vos reactivos. La segunda parte fue realizada específicamente para este estudio y cuenta con ocho reactivos que tienen como objetivo identificar quie- nes son los principales proveedores de apoyo social y el tipo de apoyo que prestan. La tercera sección cuen- ta con 22 reactivos de tipo verdadero/falso, 20 fueron tomados y adaptados de la Escala de la desesperanza (Hopelessness Scale) de A. Beck (1974) y dos fueron

redactados para el instrumento. Esta sección tiene como objetivo conocer que tanto sufre de desesperanza el sujeto.

Procedimiento

Para realizar la investigación se siguió el siguiente procedimiento: se desarrolló el instrumento antes mencionado y luego se abordó a los sujetos (siempre y cuando fueran padre o madre del niño internado) en

la sala de espera del hospital, principalmente en las

horas en las que está prohibida la visita a los pacien- tes. Se les pidió que contestaran el instrumento de manera individual y en el caso de que no se compren- diera un reactivo, se aclaró el mismo. Una vez aplicados los cuestionarios, se realizó el análisis psicométrico y estadístico de los datos, obte- niendo así las tablas de frecuencia, índices de confiabi- lidad y validez, análisis factorial y rangos percentilares.

Resultados

Debido a las características del instrumento, para la realización del análisis psicométrico y estadístico se

dividió al instrumento en dos secciones, la primera consta de los reactivos del 1 a 24 (reactivos tipo APO)

y la segunda consta de los reactivos del 25 al 48 (reactivos tipo DESR).

Tabla 1. Discriminación de reactivos

IND. DISCR. 1 IND. DISCR. 2

 

IND. DISCR. 1 IND. DISCR. 2

APO1

0.5942

0.7242

DESR1

0.0111

0.5046

APO2

0.6048

0.6853

DESR2

0.1319

0.5195

APO3

0.5723

0.6757

DESR3

0.1136

0.4336

APO4

0.5503

0.5599

DESR4

0.1135

0.2812

APO5

0.3305

0.5097

DESR5

-0.2754

0.2313

APO6

0.5913

0.6258

DESR6

0.1099

0.0659

APO7

0.4673

0.5724

DESR7

-0.0773

0.2350

APO8

0.3933

0.4919

DESR8

-0.3595

0.2845

42

Jaime Castañeda Gussinyé

APO9

0.6066

0.7226

DESR9

-0.0124

0.3288

APO10

0.4406

0.4644

DESR10

-0.1588

0.1903

APO11

0.4506

0.5156

DESR11

0.1746

0.3490

APO12

0.4199

0.5960

DESR12

-0.2199

0.3305

APO13

0.5122

0.5394

DESR13

-0.2026

0.2503

APO14

0.5355

0.5838

DESR14

0.0984

0.0484

 

DESR15

0.2351

-0.2324

DESR16

-0.3133

0.0969

DESR17

0.0849

0.3450

DESR18

0.1135

0.4425

DESR19

-0.0345

0.3511

DESR20

0.1011

0.4978

DESR21

-0.0691

0.2569

DESR22

0.1422

0.3530

IND. DISCR.1 -> Este índice de discriminación se refiere a la correlación item-total de los de apoyo social y los de desesperanza. IND. DISCR.2 -> Este índice de discriminación se refiere a la correlación item-total de los reactivos de apoyo social o los de desesperanza, según sea el caso de la sección que se analice.

Confiabilidad del instrumento

Los reactivos tipo APO obtuvieron los siguientes resultados:

Alpha de Cronbach= .8998 Correlación entre las formas = .7791 Corregido con la fórmula de Guttman = .8733 Corregido con la fórmula de Spearman-Brown= .8758

Lo anterior indica que los reactivos tipo APO tie- nen una confiabilidad interna y externa adecuadas, ya que son superiores a .80.

Los reactivos tipo DESR obtuvieron los siguientes resultados:

Alpha equivalente a coeficiente Kuder-Richardson (KR20)= .7436 Correlación entre las formas= .6674 Corregido con la fórmula de Guttman = .7999 Corregido con la fórmula de Spearman-Brown= .8005

Estos resultados también indican que los reactivos tipo DESR tienen una confiabilidad externa adecuada, debido al valor obtenido con la fórmula de Spearman- Brown. La confiabilidad interna no es del todo acep- table, aunque se encuentra cerca de .80.

Validez del instrumento

Para obtener la validez de constructo del DASH 2 se llevó acabo un análisis factorial de los reactivos APO

y DESR. El método utilizado fue el de componentes principales, con rotación Varimax, buscando el 40 % de la varianza acumulada, sin incluir los reactivos con una carga factorial menor a .30. Se concluyó que el modelo de cinco factores, con un 47.62% de la varianza acumulada, es el que apor- ta una base conceptual teóricamente más sólida. De los cinco factores se eliminó un factor, el factor 4, debido a contar solamente con dos reactivos, ade- más de una confiabilidad interna de .1574 y externa de .035, debido a su poco sustento teórico.

Factor 1: Apoyo social percibido

Alpha de Cronbach= .8998 Correlación entre las formas= .7791 Corregido con las fórmulas de Spearman-Brown=

.8758

Corregido con las fórmulas de Guttman= .8733

Factor 2: Desesperanza aprendida

Alpha de Cronbach= .6945 Correlación entre las formas= .5532 Corregido con las fórmulas de Spearman-Brown=

.7124

Corregido con las fórmulas de Guttman= .7108

Factor 3: Percepción del futuro con base en el presente

Alpha de Cronbach= .6217 Correlación entre las formas= .5898 Corregido con las fórmulas de Spearman-Brown=

.7412

El Apoyo Social como Amortiguador de la Desesperanza en Padres de Niños Hospitalizados

43

Corregido con las fórmulas de Guttman= .7412

Factor 5: Inmersión en el presente

Alpha de Cronbach= .5924 Correlación entre las formas= .4160 Corregido con las fórmulas de Spearman-Brown=

.5876

Corregido con las fórmulas de Guttman= .5787

Se obtuvo una correlación de Pearson entre el to- tal de las puntuaciones de los reactivos tipo APO y el total de las puntuaciones de los reactivos tipo DESR. La correlación fue de -.363, la cuál es significativa al nivel .01. Esto indica que hay una correlación negativa de nivel significativo medio entre el apoyo social y la desesperanza, es decir, a mayor apoyo social, me- nor desesperanza, por lo que se acepta la hipótesis de la investigación Para comprobar estos resultados se llevó acabo otra correlación, esta vez entre el total de las puntua- ciones de los reactivos tipo APO, tipo DESR y tipo PERR (que corresponden a la segunda parte del instrumen- to), la cuál se muestra a continuación:

 

Proveedor de apoyo

Desesperanza

Apoyo social

Proveedor

de apoyo

1

-.285*

.782**

Desesperanza

-.285*

1

-.363**

Apoyo Social

.782**

-.363**

1

*Correlación significativa al nivel .05 **Correlación significativa al nivel .01

Estos resultados son consistentes con los obteni- dos con la primera correlación, ya que la cantidad de apoyo (PERR) presenta una correlación positiva de ni- vel significativo alto con el apoyo social percibido (APO). Además se observan correlaciones negativas medias-bajas entre estos dos factores y la desespe- ranza (DESR).

Discusión

Los resultados obtenidos del trabajo, indican que si existe una correlación entre la desesperanza y el apo- yo social, que aunque no sea tan elevada, indica que existen factores desencadentantes de la desesperan-

za, que a su vez sirven para combatirla una vez que se ha presentado, es decir: las personas que cuenten con un sostén de redes sociales amplio, podrán en- frentar mejor las situaciones de crisis de este tipo y en el caso de las personas que no cuentan con este sostén social, el desarrollo de una estructura de redes sociales puede tener efectos reductivos en el nivel de desesperanza. Existen patrones definidos en el tipo y la cantidad de apoyo social que cada individuo, dependiendo de su relación con el sujeto de investigación, provee, sobretodo en el caso de lazos familiares. En el caso de amistades o personas ajenas a la estructura fami- liar del sujeto, la cantidad de apoyo social varía con- siderablemente, yendo desde casi nula a muy amplia, mientras el tipo de apoyo no muestra tal variabilidad. Retomando las investigaciones previamente men- cionadas de Hughes (1994), se puede considerar que los resultados obtenidos apoyan las conclusiones de este autor, ya que el recurrir al apoyo social es un método de afrontamiento bastante eficaz en este tipo de situaciones de crisis circunstanciales. Sin embar- go, no se investigó qué otros métodos de afrontamiento pueden desarrollar los padres de niños hospitaliza- dos, ya que en sí éste no era el objetivo del trabajo. El presente estudio tuvo varias limitaciones que hacen que los resultados obtenidos no sean aplicables a poblaciones más extensas. El instrumento sólo se aplicó en un hospital, por lo que las características demográficas de los sujetos no fueron muy variables, además de existieron dificultades para la compren- sión de los reactivos. No se pudo hacer una comparación con poblacio- nes de otros hospitales que arrojara datos más espe- cíficos sobre las características de la población. Tampoco se pudo tener contacto con algunos de los familiares para comparar las percepciones sobre el apoyo recibido y brindando. Además, la obtención de la muestra fue bastante complicada, ya que los sujetos se encuentran someti- dos a un estrés muy grande, además de que el poco tiempo libre que tienen prefieren utilizarlo para otras actividades y no para la resolución de un cuestiona- rio. El hecho de que sea un cuestionario basado en las percepciones y opiniones de las personas también limita el alcance de la investigación y además hace que no sea posible. Es importante señalar que el ins- trumento no permite conocer cuál es la causa de la desesperanza, sino que se dirige sólo a determinar su existencia y magnitud, por lo que cabe la posibilidad de que en algunos casos la desesperanza no sea causa

44

Jaime Castañeda Gussinyé

del internamiento del hijo, y éste funcione sólo como un catalizador. Finalmente, el cuestionario es muy largo, esto pro- voca que la gente se canse de contestarlo, una situa- ción que no estaba prevista. Esto puede tener como

consecuencia que las respuestas que se dan no sean del todo ciertas. Otras variables extrañas que pudie- ron interferir en el estudio fueron: el tiempo de hospi- talización del hijo, el padecimiento del paciente, el lugar de residencian de los padres, la calidad del ser- vicio de enfermeras, el nivel educativo de los padres,

el número de hijos además del paciente y el historial

de enfermedades. Para futuras investigaciones se sugeriría que se re-

curriera a una población más grande, con característi- cas menos homogéneas, también se sugeriría comparar los resultados entre diferentes hospitales, así como en- tre diferentes grupos de edad, género y enfermedad. Debido a la correlación negativa existente entre la desesperanza y apoyo social, es necesario proveer un adecuado sostén emocional dentro de las salas hospi- talarias, esto puede ser realizado por el personal de

la institución, además, sería muy recomendable fo-

mentar la unión familiar en este tipo de situaciones traumáticas, para así elevar la cantidad de apoyo so- cial percibido, disminuyendo así la desesperanza. Esto puede ser realizado mediante campañas en los me- dios de comunicación, o bien, proveyendo atención psicológica a los padres de niños hospitalizados, en la que se analicen las diversas alternativas con las que cuentan para que así se pueda fomentar la acción dirigida al cumplimiento de estas alternativas. En el ámbito teórico, una repercusión grande de este trabajo, es que muestra la necesidad de continuar con investigaciones de este tipo en un nivel mucho más general y amplio, que permitan el desarrollo de biblio- grafía adecuada sobre el tema en base a la cuál se pue- da desarrollar un modelo de intervención práctica.

Conclusiones

A partir de los resultados obtenidos después del aná-

lisis psicométrico de la aplicación del DASH 2:

1. Existe una relación entre la desesperanza y el

apoyo social, siendo ésta de tipo negativo, por lo que

se observa que cuando se cuenta con mayor apoyo social se presentará menor desesperanza.

2. La disminución de la desesperanza cuando se

cuenta con una cantidad de apoyo social significativa

es leve, por lo que deben existir otros factores que estén relacionados. 3. El tamaño de la red de apoyo social, determina- do por la cantidad de personas que forman parte de ella (reactivos PERR), influye de manera positiva en la cantidad de apoyo social total que se percibe, por lo tanto, a más personas que apoyen, mayor será el apo- yo social total percibido. A partir del análisis de la segunda parte del instru- mento, la cuál no se consideró en el análisis psicométrico, pero sí para un análisis breve en el que se identificó el principal proveedor de apoyo y el tipo de apoyo que provee, se obtuvieron las siguientes conclusiones:

1. El principal proveedor de apoyo a los padres o

madres en situaciones de hospitalización de un hijo es el cónyuge, seguido por el padre y la madre.

2. El cónyuge provee apoyo tanto económico como

emocional, el padre provee apoyo económico princi- palmente y la madre apoyo emocional básicamente.

3. Los hijos y las personas conocidas en el hospi-

tal son los que dan menos cantidad de apoyo.

4. Una tercera parte de los hijos no provee ningún

tipo de apoyo. En el caso de los que si lo brindan, principalmente es de tipo emocional, al igual que las personas conocidas en el hospital.

Considerando todo el desarrollo de la investiga- ción y su aplicación en el campo de la psicología se puede concluir que:

1. La labor del personal médico es fundamental,

ya que ellos se pueden convertir en los principales proveedores de apoyo social en situaciones de hospi- talización, debido a que tienen un contacto directo con los pacientes y con sus padres. Sin embargo, el personal médico no está entrenado para cumplir esta labor, por lo que se podría fomentar el desarrollo de técnicas de comunicación eficaces y afectivas en los médicos y enfermeras, para que así establecieran un vínculo con los padres de los pacientes y con los ni-

ños, lo cual tendrían un efecto bastante notorio en el nivel de desesperanza de la población.

2. Es necesaria la incursión de psicólogos y tra-

bajadores sociales en este campo, las necesidades psicológicas de la población son muchas y no hay prácticamente nadie que se encargue de ellas. El de-

sarrollo de un modelo de intervención conjunto entre médicos y psicólogos sería una herramienta muy útil para cumplir este propósito.

El Apoyo Social como Amortiguador de la Desesperanza en Padres de Niños Hospitalizados

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3. Las salas de hospitales no favorecen los con- tactos sociales, ya que el espacio y las visitas están restringidas. Adecuar las salas, los horarios y los cri-

terios de visita sería bastante recomendable para fa- vorecer el desarrollo de la esperanza en el futuro en los padres de niños hospitalizados.

Referencias

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Psicología Iberoamericana (2006)

Vol. 14

No. 2,

pp. 46-52

Cambios Neurovegetativos Inducidos por Imágenes de Desnudos Femeninos y Masculinos en Hombres Heterosexuales

Neurovegetative Changes Induced by Female and Male Nude Images in Heterosexual Men

María De Iturbe Verea, Óscar Galicia Castillo

LABORATORIO DE NEUROCIENCIAS, DEPARTAMENTO DE PSICOLOGÍA UNIVERSIDAD IBEROAMERICANA

Resumen

Las emociones pueden ser estudiadas a través de la experiencia subjetiva y recientemente, de manera más objetiva, a través de la expresión de los cambios neurovegetativos. El objetivo de este estudio es conocer la expresión emocional del sistema nervioso ante imágenes de desnudo femenino y masculino presentadas a 20 hombres heterosexuales. Los resultados muestran que la temperatura y la conductancia de la piel tuvieron un mayor incremento en la presentación de imágenes de desnudo femenino; el registro del electromiograma tuvo un mayor incremento en las imágenes de desnudo masculino. Estos resultados sugieren que las imágenes de desnudo femenino se comportan como un estimulo apetitivo y las imágenes de desnudo masculino como estimulo aversivo en una población de hombres heterosexuales. Descriptores: expresión emocional, cambios neurovegetativos, sistema nervioso autónomo.

Abstract

Emotions can be studied by means of the subjective experience and most recently throughout the most objective way, by the expression of neurovegetitive changes. The object of this study is to know the nervous system´ emotional expression in the presence of female and male nude images, shown to 20 heterosexual men. Results indicate that body temperature and skin conductance had an increment in the presence of female nude images; the electromiogram registered a major increase when shown male nude images. These results suggest that female nude images act as appetizing stimulus and male nude pictures act as aversive stimulus in male heterosexual population. Key words: emotional expression, neurovegetative changes, autonomous nervous system.

Introducción

A lo largo de la historia, ha existido un gran interés por definir y conceptualizar el término de emoción. El estudio de las emociones ha sido difícil, sobretodo cuando se trata de delimitarlas. Los conceptos esta- blecidos por las diferentes corrientes psicológicas han profundizado en diferentes aspectos de las emociones logrando desarrollar un entendimiento más complejo del funcionamiento de estas mismas. Las emociones desde su conceptualización más básica y general funcionan como mecanismos psico- lógicos. Los mecanismos psicológicos son procesos internos de un organismo que responden a informa- ción externa o interna del individuo y la transforman para manejar variadas opciones como regular la acti-

vidad fisiológica, proveer esta información a otros mecanismos psicológicos o producir un comporta- miento determinado ( Hass y cols., 2000). Las emociones pueden ser identificadas en todos los niveles filogenéticos en la mayoría de las espe- cies. Todos los organismos necesitan obtener energía del medio ambiente, al igual que se deben enfrentar a problemáticas derivadas de la reproducción, la predacion, la eliminación de deshechos y el estatus social. La presión del medio ambiente sobre los indi- viduos genera necesidades funcionales similares crean- do circunstancias particulares donde el individuo necesita sobrevivir. Estas circunstancias cuando son adversas, gene- ran reacciones de huida o acercamiento, de pelea o de escape y reacciones de vinculación o de aislamiento.

Cambios Neurovegetativos Inducidos por Imágenes de Desnudos Femeninos y Masculinos en Hombres Heterosexuales

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Estas reacciones constituyen la base de emociones más complejas en los seres humanos; generando los prototipos para emociones como son el miedo, el enojo, la tristeza y la alegría (Plutchik, 2003). De acuerdo al modelo propuesto por Kemper (1987), las emociones por su aparición y función pue- den dividirse en emociones básicas y secundarias. Las

emociones básicas son las que tienen una base fisio- lógica como el miedo, el enojo, la tristeza y la satis- facción. Se han denominado básicas debido a que su aparición es observable en todos los animales y se encuentran universalmente en todas las culturas (Plutchik, 2003). Las emociones secundarias por su parte son la mez- cla de las emociones primarias. Por ejemplo, el odio según Kemper puede consolidarse como una mezcla de miedo y enojo; mientras que la venganza podría ser resultado de una mezcla de enojo y alegría. Al tener una amplia gama de representaciones o expresiones, las emociones pueden ser consideradas como positivas o negativas. Las emociones positivas, están asociadas con situaciones que presentan opor- tunidades que generan una reacción de acercamiento,

al igual que un amplio repertorio de pensamientos y

de acciones en el individuo; por otra parte, las emo- ciones negativas están asociadas con situaciones amenazantes que generan una reacción de huida, dis- minuyendo diferentes variedades de acción y pensa- miento (Frederickson, 2004, en Huppert, 2004). Lang (1998) sugiere que los conceptos utilizados para medir emociones como la valencia emocional (pla- centero vs. displacentero) y el alertamiento emocional (relajado vs. alertado), se relacionan con dos sistemas motivacionales. El primero de ellos es un sistema

apetitivo, cuya expresión conductual se caracteriza por un acercamiento o repetición del estímulo para recrear

la experiencia. Mientras que el segundo es el sistema

aversivo, cuya expresión conductual se caracteriza por

la evitación o el escape del estímulo.

Lang y cols., (1998) sugieren que las emociones tam- bién pueden ser estudiadas a partir de la expresión emo- cional y la experiencia emocional. La experiencia emocional hace referencia a la experiencia subjetiva e

introspectiva de cada individuo. Mientras que la expre- sión emocional, es la respuesta corporal que se expresa a través de los cambios fisiológicos que son regulados por el sistema nervioso autónomo. Como ya es ampliamente conocido, el sistema ner- vioso autónomo se divide en componente simpático

y el componente parasimpático. La actividad sim-

pática prepara al organismo para realizar una ac-

ción física intensa en situaciones de urgencia, su ac- tividad provoca entre otras reacciones el aumento de la frecuencia cardiaca, constricción de los vasos san- guíneos y estimulación de las glándulas sudoríparas. Por el contrario, la función del sistema parasimpático consiste generalmente en normalizar estas funciones disminuyendo la frecuencia cardiaca, dilatando los vasos sanguíneos, etc. (Fox, 2003 ). El alertamiento (arousal) emocional puede ser evi- denciado a través del registro de la actividad eléctrica, de diferentes sistemas bajo el control del sistema ner- vioso simpático. Tres de las actividades que mayor in- formación nos proporcionan sobre el alertamiento simpático son:

La actividad electrodermica (conductancia de la piel): la carga eléctrica de la piel refleja directamente la respuesta del sistema nervioso simpático en rela- ción con una respuesta de tipo emocional. En un re- gistro típico, dos electrodos son conectados sobre la piel, mismos que mantienen un flujo de corriente eléc- trica entre ambos. Al presentarse la excitabilidad del sistema nervioso autónomo, las glándulas sudoríparas son estimuladas aumentando la conductibilidad eléc- trica, dando como resultado una mayor carga eléctri- ca en la superficie de la piel (Criswell, 1995). Otro de los registros clásicos es el del electromiograma, a través del cual se mide la actividad eléctrica muscular mediante la utilización de dos electrodos sobre la superfi- cie de la piel, esto permite detectar el potencial eléctrico que se produce como resultado de la contracción muscu- lar. La medición de dicha contracción se encuentra estre- chamente vinculada a respuestas emocionales, específicamente a aquellas relacionadas con la ansiedad (Criswell, 1995). Finalmente, la temperatura de la piel se registra a través de un termómetro unido a la superficie de la mano. La temperatura externa de la piel se encuentra influenciada por la constricción o dilatación de los vasos sanguíneos controlados por el sistema nervioso simpático. La constricción de los vasos sanguíneos produce una reducción de la temperatura de la piel, factores emocionales como la ansiedad, el miedo y el estrés, producen vasoconstricción y tienen una influen- cia importante en la temperatura de la piel (Criswell,

1995).

Las investigaciones recientes se han centrado en el entendimiento de la modulación de las emociones por parte del cerebro. Actualmente se sugiere que es- tructuras como la corteza orbitofrontal medial podrían estar especializadas para el procesamiento emocio- nal, mientras que la corteza orbitofrontal lateral po-

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María de Iturbide Verea y Óscar Galicia Castillo

dría estar relacionada con una función general al aso- ciar la emoción con la cognición ( Baker, 1997 en Drevets y Raichle,1998). A su vez, se ha logrado de- terminar las diferencias del funcionamiento de las es- tructuras del cerebro en la autorregulación emocional. En una investigación realizada por Beauregard (2001), en donde buscaba medir la activación del ce- rebro ante la estimulación mediante la presentación de películas de contenido erótico, encontró que des- pués de la presentación de la película, se observaba activación de la amígdala derecha y al hipotálamo en un grupo de sujetos que se les solicitó que respondie- ran de la manera que usualmente harían ante esta con- dición de alertamiento sexual; mientras que a otro grupo de individuos se les solicito inhibieran su alertamiento sexual, tras lo cual se observó una acti- vación en el giro frontal derecho y el giro anterior derecho por lo que la respuesta cerebral ante estas situaciones es claramente diferente (Beauregard y cols., 2001). Estos resultados muestran que de igual forma que existe la apreciación subjetiva del placer y el displacer, las emociones placenteras y las displacenteras no son resultado de la misma actividad cerebral. Por ejemplo, Paradiso y cols., (1999), encontra- ron que las imágenes que contienen una carga emo- cional displacentera generan una mayor actividad neuronal en la amígdala, la corteza visual y el cere- belo, mientras que las imágenes que contienen una carga emocional placentera estimulan las áreas orbital, medial y dorsolateral de la corteza frontal. Resultados similares han sido reportados utilizan- do la técnica de magneto encefalograma, donde se en- contraron diferencias en el procesamiento de emociones positivas y negativas. El procesamiento emocional negativo presenta una fuerte y temprana activación en la corteza medial orbito frontal a dife- rencia del procesamiento emocional positivo que tiene una activación débil y tardía en la corteza lateral orbito frontal (Northoff y cols., 2000). El estudio fisiológico de las emociones no sólo se ha limitado al conocimiento de las áreas del cerebro encargadas de procesar emociones, sino que se ha am- pliado a investigar la relación existente entre las emo- ciones y la actividad del sistema nervioso autónomo. Por ejemplo, en un estudio de Lang y cols., 1998, se presentaron imágenes placenteras, neutras y displacenteras y se observó una mayor aceleración del ritmo cardiaco ante la presencia de imágenes placente- ras, por lo contrario de las imágenes displacenteras que generaron una desaceleración del ritmo cardiaco.

En otros estudios, se ha investigado la relación de la tensión muscular facial con las emociones por me- dio del electromiograma. Estos estudios han revelado que las imágenes no placenteras generan un aumento en la respuesta electromiográfica en los músculos fa- ciales, específicamente en el músculo corrugado en- cargado de fruncir el ceño. Asimismo, las imágenes placentearas generan un aumento en la actividad del músculo zigomático in- dispensable en la expresión de la sonrisa (Lang y cols.,1998), estos estudios muestran la sensibilidad de la respuesta muscular a los estados emocionales, especialmente los de la musculatura facial. Algunos investigadores como Miller (2002), eva- luando la conductancia de la piel, han mostrado que las imágenes mentales displacenteras generan mayo- res niveles de cambio en la conductancia de la piel que las imágenes mentales placenteras. En otros estudios Mitchell y cols. (1998) han en- contrado que existe una mayor respuesta sexual al presentarse estímulos que generan estados afectivos positivos comparado con estímulos neutros en hom- bres sexualmente funcionales. En contraste, encon- traron que existe un menor alertamiento sexual en la presentación de estímulos que generan un estado afec- tivo negativo comparado con la presentación de estí- mulos neutros. La relación entre el estado emocional y la respuesta sexual ha sido invocado hasta a nivel anecdótico, no obstante también ha sido investigada, de tal forma existe evidencia que muestra que el enojo disminuye el deseo sexual en hombres (Bozman, 1991 en Mitchell, 1998), mientras que la ansiedad moderada incrementa el alertamiento sexual en hombres sexualmente funcionales (Barlow, 1983 en Mitchell,

1998).

El estudio de la respuesta sexual humana ha estable- cido importantes diferencias en cuanto al alertamiento sexual femenino y masculino. En una revisión metaanalítica de 46 estudios realizada por Murnen y Stockton (1997), encontraron que los hombres presen- tan un mayor alertamiento sexual que las mujeres a lo largo de todos los estudios que presentaban imágenes con estímulos sexuales de hombres y mujeres. En otros estudios se ha mostrado que la presen- tación de películas eróticas tiene una alta efectivi- dad para elicitar el alertamiento sexual. En un estudio de Janssen y cols. (2003), el cual buscaba explorar las diferencias de género en la respuesta sexual ante películas eróticas. Mostró que los hombres presen- tan un mayor alertamiento sexual que las mujeres y

Cambios Neurovegetativos Inducidos por Imágenes de Desnudos Femeninos y Masculinos en Hombres Heterosexuales

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que el alertamiento tanto de hombres como de muje- res es mayor cuando las películas usadas como estí- mulos eran seleccionadas por personas de su mismo sexo. Esto es, existen coincidencias conductuales so- bre lo que cada sexo considera excitante. Asimismo, también se reportó, que el alertamiento sexual mas- culino dependía de la belleza de la actriz en la pelí- cula, así como en el proceso de imaginarse a ellos mismos dentro de la escena como participantes o como observadores. Para las mujeres el imaginarse presenciando la escena no constituye un elemento de alertamiento sexual, mientras que por otra parte imaginarse ellas mismas como participantes dentro de la escena contribuye significativamente al alertamiento sexual. Algunos psicólogos evolutivos como Bailey y Gaulin (Luckman, 2005) argumentan que los hom- bres están biológicamente predispuestos a tener una mayor apreciación de un estimulo visual sexual. De esta manera, las imágenes de desnudos femeninos tienen una mayor apreciación por parte de los hom- bres heterosexuales que la observación de imágenes de desnudo masculino por parte de mujeres heterosexuales. De manera complementaria, Barcan (Luckman, 2005) desde una perspectiva cultural, de- fine que en la sociedad occidental patriarcal existe una mayor exhibición del desnudo femenino, debido a que el cuerpo femenino genera una expectativa de placer manteniendo una conexión lógica a la natu- raleza y a la desnudez, por otra parte, el cuerpo mas- culino es aparentemente menos placentero estéticamente produciendo una mayor amenaza físi- ca e ideológica. En todo caso, el alertamiento sexual es clara- mente diferente entre hombres y mujeres, dicho alertamiento debería impactar de manera diferen- cial en la expresión emocional a nivel de los cam- bios del sistema nervioso autónomo (conductancia de la piel, electromiograma y temperatura). La ex- presión del alertamiento sexual masculino a través del registro del sistema nervioso autónomo podría indicarnos si la respuesta emocional de los hom- bres ante imágenes de desnudos femeninos o mas- culinos producen una respuesta vegetativa semejante entre ambos estímulos o existen cambios en la respuesta emocional vegetativa asociada a estos estímulos, de tal forma que pudiéramos ob- servar si esta respuesta emocional es semejante a la experiencia de un estímulo placentero o es más semejante a la experiencia de un estímulo aversivo.

Sujetos y método

Sujetos

Para llevar a cabo la presente investigación, partici- paron 20 sujetos de sexo masculino heterosexuales, de entre 18 y 24 años de edad, todos ellos estudiantes que se encontraban cursando de los primeros semes- tres de múltiples carreras de la Universidad Ibero- americana.

Materiales

Los registros de temperatura, conductancia de la piel

y electromiograma fueron realizados por un amplifi-

cador modelo I-330C2 de JJ Engeneering. El banco de imágenes consistió de 20 imágenes de desnudos masculinos y 20 imágenes de desnudos fe- meninos que median 15cm. de ancho y 22cm. de lar- go cada una. Las fotografías fueron obtenidas de distintos sitios de internet. Las imágenes se presentaron a través de Power Point, utilizando una computadora portátil ubicada a un metro de distancia del sujeto. La presentación se inició con la exposición de una imagen gris de un minuto de duración para evaluar la actividad de línea base, una vez terminada esta exposición se presentó

la primera imagen de desnudo, cada imagen tenía una

duración de 10 segundos, seguida por la aparición de una imagen gris durante 10 segundos. Tanto las imá-

genes de desnudo como las imágenes grises se inter- calaron hasta que se presentaron la totalidad de los estímulos.

Procedimiento

Los sujetos fueron elegidos al azar dentro de las insta- laciones de la Universidad Iberoamericana. Se obtuvo el consentimiento de cada uno de ellos para participar en el estudio. Se realizó una instalación estándar de registro, la cual consistió en conectar un electrodo en la frente para medir respuesta electromiográmica y otros dos electrodos en los dedos de la mano dominan- te para medir temperatura y conductancia de la piel. Una vez conectados, se les presentaron las 20 imáge- nes de desnudo (femenino) en una primera presenta- ción con duración de ocho minutos. Posteriormente, se les entrego un texto acerca de los descubrimientos del siglo XIX y al terminar la lectura se realizaron tres

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María de Iturbide Verea y Óscar Galicia Castillo

preguntas, en relación al texto. Enseguida, se les mos- tró la segunda presentación de estímulos, constituida por 20 imágenes de desnudo (masculino) con una du- ración de ocho minutos. Este procedimiento se repi- tió exactamente igual con los 20 sujetos participantes; los primeros diez iniciaron con imá- genes femeninas y los subsecuentes 10 iniciaron con imágenes masculinas. Antes de iniciar la presenta- ción de las imágenes, se les preciso a cada uno de los sujetos el no moverse durante el registro para hacerlo

das por el sistema nervioso autónomo, cambiaron se- gún el estimulo presentado. Por lo que no fueron las mismas ante los estímulos de imágenes de desnudo femenino y masculino. Se encontró que la temperatura se elevó más durante la presentación de desnudos feme- ninos (media=31 41 C) que durante las imágenes de desnudo masculinos (media=30 95 C). Algo similar ocurrió con el registro de la conductancia de la piel, en donde, se registró una impedancia más alta en los estí- mulos de imágenes de mujeres (media=20 26 Kohms)

lo

más exacto posible. Los registros de cada sujeto se

que en las imágenes de hombres (media=19 31 Kohms).

realizaron en un cuarto aislado y equipado con el apa- rato de biofeedback, un lugar silencioso con el fin de no distraer al sujeto durante la presentación.

En el registro del electromiograma se obtuvieron voltajes mas elevados en la presentación de desnudos masculi- nos (media=3 507 mv) que en la presentación de desnu-

Resultados

dos femeninos (media=3 488 mv). La temperatura corporal se encuentra regulada por medio del sistema nervioso autónomo, ésta pue-

Realizamos una comparación de los valores de la conductancia de la piel (CP), el electromiograma (EMG)

de disminuir o aumentar según la información reci- bida por medio del sistema simpático. En este estudio se observó que la temperatura incrementó de manera

y

la temperatura (TEMP) entre las presentaciones de los estímulos de desnudos femeninos y masculinos. En los registros del electromiograma, la media ob- tenida en la presentación de imágenes de desnudos masculinos fue de 3 507 1877 mv; mientras que la media para las imágenes de desnudos femeninos fue de 3 488 1995 mv. Al realizar un análisis estadístico se observó que estas diferencias son significativas (t = - 2.173; gl = 916; = 0.030) (véase gráfica 1). Por otra parte la comparación de la conductancia de la piel entre presentaciones mostró que con estí- mulos de imágenes de desnudos masculinos, se ob- tuvo una media de 19.31 1.568 Kohms. Mientras que

significativa durante la presentación de imágenes de desnudo femenino que durante la presentación de imá- genes de desnudo masculino. La elevación de tempe- ratura indica que disminuyó la actividad simpática del sistema nervioso autónomo causando dilatación y relajación de los vasos sanguíneos. Durante la pre- sentación de imágenes de desnudo masculino, la tem- peratura tuvo un incremento menor, causando una mayor actividad simpática y dando una mayor opor- tunidad a la irrigación sanguínea en los músculos, para preparar al sujeto para huir. La piel contiene cargas eléctricas, la actividad electrodérmica puede conducir o resistir al flujo de

la

presentación de imágenes de desnudos femeninos,

cargas eléctricas. En este estudio, la conductancia

la

media observada fue de 20.26 2.086 Kohms. Las

de la piel obtuvo un mayor incremento con imáge-

diferencias entre la respuesta de la piel a estos estí- mulos es estadísticamente significativa (t = -29.88; gl = 916; = 0.0001) (véase gráfica 2). Finalmente, en el registro de la temperatura en los estímulos de imágenes de desnudo masculino se ob- servó una media de 30 95 8323 C. A su vez, en la presentación de estímulos de imágenes de desnudo femenino observamos una media de 31 41 6811 C. Estas diferencias son estadísticamente significativas (t = -67.68; gl = 916; = 0.0001) (véase gráfica 3).

nes de desnudo femenino que con imágenes de des- nudo masculino. El aumento en la conductancia de la piel se puede deber a un posible incremento en el deseo sexual que, como se había señalado anterior- mente, eleva la acción simpática del sistema nervio- so autónomo causando secreción de las glándulas sudoríparas y por consiguiente una elevación en la conductibilidad de la piel. El electromiograma mide la actividad eléctrica de los músculos. Este registro tuvo un mayor incre-

Discusión

mento en la presentación de imágenes de desnudo masculino que de femenino. Esto se debe a que la contracción muscular facial fue mayor en imágenes

La respuesta de las variables como temperatura, conductancia de la piel y electromiograma, controla-

de desnudo masculino presentando una mayor carga eléctrica, indicando posiblemente una tensión mus- cular asociada al estrés.

Cambios Neurovegetativos Inducidos por Imágenes de Desnudos Femeninos y Masculinos en Hombres Heterosexuales

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Los resultados de esta investigación son congruen- tes con los resultados presentados por otros estudios. En lo que respecta a la medición del electromiograma, Lang y cols. (1998), encontraron que la respuesta electromiográmica aumenta en el músculo corrugador al presenciarse imágenes de tipo negativa. En el pre- sente estudio, la respuesta electromiogramica fue más alta durante la presentación de imágenes de desnudo masculino. De tal manera que las imágenes de desnu- do masculino se pueden comportar como un estimulo emocional de tipo negativo. Los resultados presenta- dos por Mitchell y cols. (1998), demuestran que los estímulos que generan un estado afectivo positivo generan una mayor respuesta sexual. De una manera indirecta, el presente estudio, demuestra que las imá- genes de desnudos femeninos generan un mayor alertamiento en la temperatura y conductancia de la piel, presentando signos de un alertamiento sexual. Por otra parte, Miller (2002) reportó que las imá- genes displacenteras generan mayores niveles de cam- bio en la conductancia de la piel. Estos resultados se ven reflejados en la presente investigación, ya que el mayor nivel de cambio en la conductancia de la piel, comparado con la línea base, se obtuvo ante la pre- sentación de imágenes de desnudo masculino. Estos

resultados sugieren nuevamente que las imágenes de desnudos masculinos se comportan como un estímulo aversivo, mientras que los desnudos femeninos se comportan como un estimulo apetitivo.

Esta investigación tuvo un especial interés en medir la expresión emocional a través de los cam- bios fisiológicos del sistema nervioso autónomo. En conclusión puede establecer que la presentación

de imágenes de desnudos masculinos se comporta-

ron como un estimulo aversivo y los desnudos fe-

meninos como un estimulo apetitivo. En un estudio posterior estamos interesados en in- vestigar los cambios en la temperatura, la conductancia

de la piel y el electromiograma que producen las imá-

genes de desnudo femenino y masculino en mujeres heterosexuales y en hombres y mujeres homosexuales.

A su vez, seria importante complementar los regis-

tros del sistema nervioso autónomo con estudios topográficos como el electroencefalograma.

Por último, consideramos que las técnicas utiliza- das resultan de mayor utilidad y exactitud para medir

la carga emocional de un estímulo de manera más

precisa que otras escalas como la de Liker, que se utilizan tradicionalmente, ya que estas mediciones difícilmente pueden ser manipuladas por los sujetos.

Referencias

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María de Iturbide Verea y Óscar Galicia Castillo

Anexo

Gráfica 1. Electromiograma
Gráfica 1. Electromiograma

En esta gráfica se muestra la respuesta electromiográmica de los sujetos ante la presentación de imágenes de desnudo femenino y masculino. El gris más claro muestra el promedio de las respuestas de los 20 sujetos ante imágenes masculinas; el gris más fuerte muestra el promedio de las respuestas ante imá- genes femeninas. En el eje de las Y se representa la intensidad en mV.

Gráfica 2. Conductancia de la piel
Gráfica 2. Conductancia de la piel

En esta gráfica se muestra la conductancia de la piel de los 20 sujetos ante la presentación de las imá- genes de desnudo masculino y femenino. El gris más claro muestra el promedio de las respuestas de los sujetos ante la presentación de imágenes masculinas; el gris más fuerte el promedio de respuestas ante imá- genes femeninas. En el eje de las Y se representa la intensidad en Kohms.

Gráfica 3. Temperatura
Gráfica 3. Temperatura

En esta gráfica se muestra la temperatura de los sujetos ante la presentación de imágenes de desnudo masculino y femenino. El gris más claro el promedio de las respuestas de los sujetos ante imágenes mascu- linas; el el gris más fuerte nos enseña el promedio de respuestas ante imágenes de desnudo femenino. En el eje de las Y se representa la intensidad en grados cen- tígrados.

Psicología Iberoamericana (2006)

Vol. 14

No. 2,

pp. 53-56

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Familias Mexicanas Migrantes:

Mujeres que Esperan

Mexican Migrant Families:Women Who Wait…

Graciela Polanco Hernández y Nayeli Jiménez Caracoza

UNIVERSIDAD IBEROAMERICANA, CIUDAD DE MÉXICO

Resumen

Los cambios históricos, económicos y políticos que han tenido las sociedades, han derivado en importantes modifica- ciones del comportamiento humano en búsqueda de una mejor calidad de vida o de supervivencia. Las familias que viven el fenómeno migratorio han experimentado grandes costos sociales tanto para los que migran como para los que se queda en el lugar de origen. Por esta razón, el objetivo de este trabajo fue conocer el grado de autoadjudicación de los roles de género de las mujeres que viven el fenómeno de la migración. La muestra quedó conformada por 55 mujeres habitantes del estado de Michoacán. Estas mujeres durante la ausencia masculina desempeñan roles tanto tradicionales femeninos como masculinos teniendo bajo su responsabilidad el cuidado de los hijos y del hogar; sin embargo, esto es temporal, debido a que al regreso de los hombres, ellas desempeñan principalmente roles femeninos. Descriptores: familias migrantes, roles de género, migración, cultura.

Abstract

Mexican Migrant Families: Women Who Wait… Societies’ historical, economical and political changes have resulted in important behavior changes, as humans search for a better quality of life and ways of survival. Families who undergo the migration phenomena have had great social costs; this is so for the family members who migrate as for the ones who stay at their places of origin. Given this reason the object of this study was to know the level of self-adjudication of women who live the migration phenomenon. The sample was made up by 55 women living in the state of Michoacan. These women during the absence of men portray both traditional female and male gender roles, as they are responsible of their children and of the household, however, this is just temporary as when men come back, women basically perform female gender roles. Key Words: migrant families, gender roles, migration and culture.

Introducción

México está ubicado en los primeros lugares de los países que viven el movimiento migratorio internacio- nal. La migración mexicana hacia los Estados Unidos es un fenómeno complejo debido a que está conforma- do por diversos factores, como sería lo político, lo eco- nómico y lo social en el caso de cada nación. En la mayoría de los trabajos relacionados con la migración mexicana hacia los EE.UU. se han realiza- do con una visión política, económica y sociológica, dejando de lado la repercusión y los costos psicosociales que este fenómeno tiene directamente en la gente que lo vive, tanto en la cultura de origen como en la cultura receptora. Los cambios históricos, económicos y políticos que han tenido las sociedades, han propiciado importan-

tes modificaciones en el comportamiento humano en búsqueda de una mejor calidad de vida o de supervi- vencia. Por lo tanto en la familia, al ser un producto social, han repercutido en ella estas situaciones pro- vocando cambios radicales en su estructura y en su dinámica tradicional. Los teóricos (Olson y DeFrain, 2000; Burin y Meler, 2001; Rage, 1997) definen como familia nuclear a un “grupo de personas vinculadas afectivamente, que viven bajo el mismo techo y que comparten responsabilidades y recursos económicos; conformada por el padre, la madre y los hijos”. Los miembros desempeñan expectativas de conducta que la sociedad tiene asignada para cada uno de ellos en función de su sexo. Lopata y Thorne (1999) conside- ran que la selección de los roles apropiados para hom- bres y mujeres se basa en la imagen cultural que cada grupo social tiene como ideal o normal.

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Graciela Polanco Hernández y Nayeli Jiménez Caracoza

Las familias mexicanas que viven este fenómeno

migratorio han desarrollado un tipo de familia diferen- te al tradicional definido en el párrafo anterior. Ellos se consideran familia nuclear a pesar de que no viven todos los miembros de la familia bajo el mismo techo y están separados por kilómetros de distancia. Sin em- bargo, ellos siguen estando unidos emocionalmente y en frecuente contacto a través de la tecnología. Estas familias presentan una estructura-dinámica, esto es,

si la pareja está junta físicamente o se encuentra sepa-

rada debido a la migración temporal del marido. Como consecuencia, los roles de género son reasignados a cada uno de los miembros de la familia. Las esposas que se quedan en las comunidades de origen, durante la ausencia masculina desempeñan roles andróginos, es decir, tanto femeninos como masculinos; sin em- bargo, al regreso de sus parejas vuelven a desempe- ñar roles tradicionales femeninos y los niños desde temprana edad participan en las labores del hogar. Durante la ausencia del marido, las mujeres per- manecen es sus hogares como cabeza de familia,

en donde ellas tienen el deber de administrar el di- nero de la remesa destinándolo al cuidado y la edu- cación de los hijos, la alimentación, la vestimenta

y reservando un porcentaje para la construcción de

su casa en México. De Keijzer (1998) menciona que la migración masculina a los EE.UU. ha hecho que cambie la dinámica tradicional de la familia mexicana de estas comunidades, esto debido a la semipresencia del padre que sólo participa por periodos cortos de tiem- po en la crianza de los hijos. Las mujeres que viven el fenómeno migratorio des- de sus lugares de origen son piezas claves, ya que son el sostén emocional familiar y las administradoras de las remesas, situaciones que se ven reflejados en el desarrollo económico y social de México. Por lo ante- riormente planteado, consideramos importante cono- cer el grado de adjudicación de los roles de género que

las esposas y las madres de migrantes se atribuyen.

Método

Participantes

El estudio estuvo conformado por una muestra de 55 mujeres, de las cuales 30 son esposas de migrantes en los Estados Unidos, con una media de edad de 30 años

y también por 25 madres de migrantes con una media

de 57 años de edad. Todas ellas habitantes de pobla- ciones del estado de Michoacán (Cotija y Galeana). La selección de las participantes se realizó a tra- vés de un muestreo no probabilístico, recolectando la

muestra a través de la técnica de Bola de nieve, debi- do a que es una población muy específica y cerrada para brindar información en caso de no conocer al investigador por la posible situación indocumentada de sus familiares. Como criterios de inclusión se con- sideraron que fueran esposas o madres de migrantes en los EE.UU. y tuvieran contacto telefónico frecuente con sus esposos o hijos y que reciban al menos cada mes la remesa.

Técnicas y procedimiento

Primero, se realizó una fase cualitativa que nos per- mitió explorar y conocer el fenómeno a estudiar a tra- vés de entrevistas a profundidad en las casas de las participantes. Posteriormente, se les aplicó la escala de autoatribución de roles de género (Polanco, 2004) tipo likert pictórica de cinco opciones adaptándola para la población migrante. Quedó conformada por 33 características divididas en expresivas (amable, cariñosa, comprensiva, hogareña, compartida, fami- liar, celosa, dejada, resignada, alegre y sufrida) ins- trumentales (comformista, honesta, independiente, inteligente, obediente, respetuosa, sincera, capaz, cumplida, educada, fiel, honrada, segura, decidida, responsable, trabajadora, luchona, malinchista, soli- daria y racista) y descriptivas (floja, buena madre). Al encontrarnos con poco acceso a la población estudiada tuvimos que buscar personas que nos intro- dujeran, presentaran y recomendaran con mujeres que cubrían los criterios de inclusión de la muestra. Los datos fueron obtenidos directamente por los investiga- dores de manera individual en las casas de las partici- pantes. Todas ellas aceptaron participar de manera voluntaria y de que sus respuestas serían anónimas.

Resultados

Primero se realizaron análisis de tendencia central por característica y posteriormente una Prueba T de Student con muestras independientes para evaluar si los dos grupos difieren entre sí de manera significati- va respecto a sus medias. De las 33 características de la Escala de autoatribución de roles de género, se encontraron sólo en ocho de ellas diferencias estadísticamente sig- nificativas al p<.05. El grupo de las madres obtuvo en siete características puntajes significativos supe- riores al de las esposas: amable (t=-2.74, gl=53),

Familias Mexicanas Migrantes: Mujeres que Esperan

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honesta (t=-2.96, gl=53), inteligente (t=-2.74, gl=53), resignada (t=-2.64, gl=53), hogareña (t=- 2.22, gl=53), honrada (t=-1.98, gl=53), sufrida (t=3.99, gl=53). Y por otro lado, en la característica floja (t=2.21, gl=53) puntuaron más alto las esposas.

Análisis de resultados

El fenómeno migratorio tiene grandes costos sociales tanto para los que migran como para la familia que se queda en el lugar de origen. Lo que ha propiciado que la dinámica y la estructura de la familia cambien para una mejor adaptación y supervivencia. Situa- ción que ha repercutido en las expectativas y el des- empeño de las actividades de cada uno de los miembros de la familia. En el presente estudio las madres de los migrantes reportaron ser más amables, honestas, inteligentes, resignadas, sufridas, hogareñas, honradas y buenas madres que las esposas; donde podemos observar que las madres tienen una actitud mayor de aceptación al estilo de vida que han llevado; sin embargo, las espo- sas se consideran ser alegres pero enojonas. Mencio- nan que sienten una gran responsabilidad sobre la educación, manutención y los cuidados de sus hijos, por tal razón tienen que desarrollar estrategias para sacar adelante a su familia en todos los ámbitos sin la presencia física del marido. Es importante tener pre- sente que las contestaciones de las participantes pue- den estar muy relacionadas con el estilo de vida que han tenido, su edad y la cultura en la que se desen- vuelven. Se pudo ver a lo largo de la revisión bibliográfica, que para varios autores como Aramoni (1965), Castañeda (2002) y Polanco (2004) entre otros, defi- nen a la mujer típica mexicana con características de una persona pasiva, dependiente, receptiva, carente de intereses y mantenida por el hombre. A lo largo de las entrevistas se detectan estas mismas características reportadas en la literatura; además de que también con- cuerdan con los resultados cuantitativos del estudio, puntuando arriba de la media las características de personalidad como: conformista, obediente, resignada, comprensiva, cumplida, fiel, hogareña y familiar. La escolaridad de estas mujeres es baja, las espo- sas en promedio cursaron hasta sexto de primaria y las madres sólo hasta el tercer grado. Varios autores como Corder y Stephan (1984); Booth y Amato (1994) y Ex y Janssens (1998), mencionan la relación del desempeño de roles no tradicionales por parte de las

hijas con el nivel educativo y la situación laboral de las madres. Al respecto, Greenberg y Goldberg (1989) consideran que los hijos de mujeres que trabajan fue- ra de su hogar, principalmente las hijas, tienden a te- ner actitudes más igualitarias y realizar roles no tradicionales. Si retomamos lo mencionado por estos autores, podemos observar que en la población estu- diada, al no tener altos estudios y no trabajar fuera de su casa, no se presentan cambios importantes en los roles tradicionalmente adjudicados por su socie- dad, ni en el interés de su superación personal. Las esposas comentan que su principal meta en la vida es construir una casa con la remesa económica que sus maridos les envían y dejando en un segundo plano y con menor prioridad el continuar con sus estudios o el interés de trabajar fuera de casa. El que estas mu- jeres no tengan un trabajo remunerado, hace que la remesa enviada por sus esposos sea en la mayoría de los casos el único ingreso económico para la familia. El 60.6% de las esposas entrevistadas comentaron que les gustaría irse a los Estados Unidos para estar con sus maridos, sólo el 5% de ellas reportan haber cruzado la frontera, pero como no les gustó el estilo de vida allá se regresaron. El 51.7% de las madres comentaron que sí les gustaría ir a visitar a sus hijos y conocer los EE.UU., pero meses después regresarse. Progresa (2000) reporta que generalmente el tipo de migración femenina es definitiva, es decir, que hay poca migración de retorno. Mendoza (2005) explica que mientras el 37% de los hombres que migran a los EE.UU. regresan a México, sólo el 26% de las muje- res realiza una migración de retorno. Por otro lado, es interesante analizar que la mayo- ría de estas mujeres perciben y describen a sus hom- bres con características positivas como trabajadores, responsables buenas personas, buena gente, alegres, valientes, que sufren y dan la vida por enviarles dine- ro a sus hijos, a ellas y al pueblo. Mostrando ellas siempre una actitud de entrega total al cuidado y edu- cación de sus hijos, así como de fidelidad hacia su pareja, no importando la distancia física y el tiempo de la ausencia. Expresaron sentir dolor, tristeza, so- ledad y falta de apoyo cuando los maridos o hijos no están en México. Las redes de apoyo con las que cuentan son sus hermanas o sus padres que se encuentran en sus co- munidades, a los que recurren en caso muy necesario para apoyo económico, emocional o de salud. Castañeda (2002) comenta que todos los roles mas- culinos asociados al machismo tienen su contraparte femenina. Plantea el ejemplo de la mujer insegura cuya identidad depende del marido, que duda de sí misma,

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Graciela Polanco Hernández y Nayeli Jiménez Caracoza

busca constantemente la atención y la aprobación de su esposo, padre o hermano, le tiene miedo y acepta sus reglas del juego sin cuestionarlas. Esta autora con- sidera que uno de los pilares centrales del machismo por parte de la contraparte es la mujer sumisa y depen- diente en términos económicos y emocionales. Castañeda (op. cit) cree que seguirá existiendo el machismo mientras que toda la sociedad participe en él y que para que desaparezca es necesario que toda la sociedad cambie de actitud, por lo consiguiente la autora dice que los individuos machistas no hacen una sociedad machista, sino que la sociedad machista crea individuos machistas. Para esta autora el machismo es un conjunto de creencias, actitudes y conductas que descansan sobre dos ideas: la polarización de los sexos, es decir, una contraposición de los masculino y lo femenino; y por otro la superioridad de lo masculino en las áreas con- sideradas importantes por los hombres. Además consi- dera que como toda relación de poder crea roles y personajes que parecen naturales. Con esto, ella se re- fiere a que los hombres y las mujeres aprenden los ro- les necesarios para que este funcione y permanezca.

Podemos concluir diciendo que estas mujeres du-

rante la ausencia masculina desempeñan roles tanto tradicionales femeninos como masculinos llevando el control y la administración en su totalidad del cuida- do de los hijos y del hogar; sin embargo esto es tem- poral, debido a que al regreso del hombre de la casa, ellas desempeñan sólo sus roles femeninos. Este esti- lo de vida familiar es observado, aprendido y ejecu- tado desde niñas, fenómeno migratorio que en estas comunidades es ya una tradición sociocultural. El hombre continúa con gran peso de decisión y presencia a pesar de no estarlo físicamente.

el marido les mande

dinero, que les llame, que les comente sobre qué ha- cer de la vida, de la educación de los hijos y también esperan a que algún día él regrese

Estas mujeres esperan que

Agradecimientos

La presente investigación se realizó con el financia- miento otorgado por la Dirección de Investigación (DINV), Universidad Iberoamericana, ciudad de México durante 2005.

Referencias

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Psicología Iberoamericana (2006)

Vol. 14

No. 2,

pp. 57-62

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Migrantes Potenciales Mexicanos: sus Motivaciones y Actitudes hacia la Aculturación

Potential Mexican Migrants: their Motivations and Attitudes Toward Acculturation

Alejandra Domínguez Espinosa y Alma Polo Velásquez

UNIVERSIDAD IBEROAMERICANA

Resumen

El hecho de que en algunas regiones de México la situación socioeconómica es precaria, con expectativas ocupacionales o laborales limitadas pocas oportunidades de tener un nivel socioeconómico confortable, además de la proximidad que tiene México con Estados Unidos, influencía la decisión de migrar hacia este último país. La manera en que las personas probablemente acepten o rechacen algunos aspectos de la nueva cultura puede influenciar esta decisión. Con base en lo anterior, el objetivo principal del presente trabajo es explorar qué tipo de motivaciones y actitudes hacia la aculturación están presentes en migrantes potenciales mexicanos. Utilizando una muestra no probabilística de 580 adolescentes de dos estados de la República Mexicana (de áreas con altos niveles de migración) se evaluaron las cuatro actitudes de aculturación propuestas por Berry (1992) en un formato de viñetas. Los resultados indican que la actitud más frecuente es la integración; sin embargo, el hecho de que el resto de las actitudes no sigan la orientación esperada resulta interesante.